viernes, 11 de abril de 2025

LA HORA DEL LOBO

Dir.: Ingmar Bergman
1968
88 min.

Relato de un esquizofrénico. Está narrado por su esposa lo que la posiciona a ella en un lugar mucho más protagonista que el que suelen tener los acompañantes de las personas dementes en la ficción. Todas las obsesiones de él las conocemos a través de ella. Así si él pasa las noches en vela, ella permanece a su lado.

Este insomnio es el punto más fuerte de patología de este hombre. Ello a pesar del despliegue de alucinaciones que tendremos cerca del final. Por la noche, viendo cómo se consumen las cerillas, cómo enseña a su mujer los cuadros de los seres que él imagina; es aquí donde vemos que su enfermedad es grave para quienes le rodean. En este caso, por la soledad de la isla, sólo ella. La mayor preocupación de ella es este dicho de que las personas que viven juntas tienden a parecerse. Ello significaría que ella terminaría viendo las personas que él le describe. Le menciona este tema, pero él no entiende a qué se refiere.

Su ritmo pausado, particularmente en la primera mitad me aburre. Los personajes de la isla podemos deducir que son alucinaciones, pero aún no es evidente. Tiene conversaciones con ellos que no me suscitan mucho interés. Hay un momento en el que se reúne toda la aristocracia de la isla en el castillo para tener una fiesta. Parece una escena casi de Buñuel. Este momento termina con una representación de guiñoles. Esto es lo que se nos dice, pero en realidad vemos a un hombre cantar “La flauta mágica”. En primer término unas velas cuya llama en el cuadro son del mismo tamaño que el tenor. Sobre el supuesto escenario, uno de los actores de mayor presencia. Mayor, delgadísimo, con peinado draculesco y, en general, parecido a Antonio Gala. Aquí creo que podemos reconocer el teatro de “Cabeza borradora”. Hay muchos elementos que podríamos buscar reinterpretados en la filmografía de Lynch, pero creo que es “Cabeza borradora” la heredera más evidente.

La escena del asesinato de un niño es muy intrigante. Hay un terror difícil de concretar. Hay algo extraño en el niño, el hombre parece que tiene clarísimo sus intenciones diabólicas. Por lo menos la música de la escena así nos lo transmite. En esta escena todo está quemadísimo por el sol. Esto contrasta con el resto de las escenas de luz mucho más blanda. Hay un plano en concreto en el que tenemos en primer término al hombre y a su espalda, más cerca de la cámara, al niño. Por el ángulo de la cámara todo el fondo del cuadro es el agua del mar. Un agua que refleja el sol haciendo un patrón casi hipnótico. Los personajes parecen totalmente separados del fondo y éste parece indicarnos la cabeza embotada del hombre.

Con respecto a los otros elementos oníricos, creo que lo más potente es el hombre que con muy alterado, pero muy despacio se sube por las paredes hasta llegar a colocarse de pie en el techo porque tiene celos de la exmujer del hombre. Este tipo cumple el papel de los personajes de Lynch que suelen acompañar a sus protagonistas al mundo onírico.


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