viernes, 2 de enero de 2026

DEPRISA, DEPRISA

Dir.: Carlos Saura
1981
98 min.

No siempre ocurre en el cine quinqui, pero aquí se trata a los protagonistas con muchísimo cariño. Eloy de la Iglesia trata a sus delincuentes con algo de compasión a la vez que trata de convertirlos en anti-héroes. Pero Saura creará una historia de amor bonita, creíble y sin tratar de crear una épica a su alrededor. Sin darnos un contexto social que nos permita buscar traumas a estos chicos que justifiquen sus acciones. De hecho no se oculta el malestar que causa la oleada de delincuencia de aquellos años. Oímos cómo la gente expresa sus protestas en ese telediario presentado por Matías Prats. Sí, tenemos las barriadas del Sur de Madrid. Pero ni se nos explica la pobreza de sus familias, ni siquiera la droga es una adicción trágica. Han elegido esa vida. Y si algo se nos dice para que entendamos sus motivaciones es la declaración que el protagonista le hará a su novia: Estaremos juntos siempre. Lo juro por mi libertad.

Hacen una pareja estupenda. Ese diálogo en el que él la invita a salir tan pronto como ella termine de trabajar, esas miradas, esa chulería él, esa frialdad ella. Me encantan esos ojos. Es guapísima ella y tan feo él… Resulta alucinante que Berta Socuéllamos sólo hiciera esta película. Me gusta mucho ese papel de hombre proveedor que adquiere él. Con una sola palabra de su novia, que tras la euforia de un atraco que ha salido bien dice que quiere ir al mar, él se lo toma como una misión y en una noche completa por carreteras nacionales que alargan un viaje que hoy se haría en unas pocas horas por autopista y cuando ella se despierta con el clarear de la mañana, lo tiene a sus pies.

En relación a ella también hay algo no del todo usual en este género. Y es que se la reconoce su parte de heroísmo, o por lo menos individualidad. Es muy habitual que se establezca el delincuente que va a ser el cabecilla de todo. Esta película no es la excepción. Pero su muerte no será la muerte de un héroe y que con eso quede la película cerrada. Aquí vemos que Ángela dejará en los últimos estertores a su novio, ya de labios céreos, y la veremos alejarse entre la gente que juega en los descampados de la barriada en la que viven. Qué bien iluminada está esta escena, qué colores casi de neón, qué verde su rostro y qué ígneo el cielo.

Ella, por supuesto, es el personaje que concentra las miradas en todos los atracos. Con un aspecto muy curioso. Una barba pintada y un bigote postizo, que entendemos que logran engañar a todas víctimas del atraco, pero siempre se dejará la oscurísima ralla del ojo pintada.

El último atraco que realizan eleva esta película a superproducción si la comparamos con los ajustados presupuestos del género quinqui. Los tiroteos con metralletas, las balas en la chapa del coche, la persecución de la policía… ¡el helicóptero! Es una escena que me gusta mucho, quizás sea un atraco totalmente convencional cinematográficamente.

Me veo venir desde muy al principio que el miembro de la banda obsesionado con quemar coches haga su principal característica su perdición. En este sentido no me interesa mucho la escena en la que lo atrapan. Pero sí me gusta la forma en la que Saura retrata su cara. Cómo queda absorto. Y, por qué no decirlo, ver arder el coche también me gusta. Me gusta incluso su componente rutinario. Cómo arroja el bidón de gasolina, cómo avanza el hilo de fuego, cuando por fin prende cómo explota el depósito de gasolina en la parte de atrás, cómo explota el motor. Estas dos explosiones son muy violentas. Ya el coche está destrozado y solo queda que las llamas lo terminen de consumir. Es fuego está estabilizado y entonces escuchamos 4 silbidos: los neumáticos reventando.

Musicalmente se elige a Los Chunguitos, Los Marismeños… Lo esperado para el género y me gusta que así sea. Para mi gusto me parece que al ser canciones tan sumamente reconocibles no terminan de generar la ambientación deseada. Es decir, “Me quedo contigo” se usará para los momentos en que la pareja tengan algo que les una fuertemente. Cuando él le presente a su familia, cuando la lleve a ver el mar… Pero desde la butaca en vez de sentirlo como un tema evocador lo sentimos como una repetición. En ese sentido me parece que sí funciona el recurso de regañar al conductor por poner siempre la misma cinta de casete. Cuando esto ocurre extradiegéticamente, nos parece menos perdonable.

Como la película es decididamente madrileña nos resulta inevitable tener siempre la mirada puesta en reconocer las zonas que transitan. Es increíble cómo es imposible reconocer la zona hoy brutalmente transformada con el Cerro del Tío Pío. Alucinante pensar que esos pisos en los que viven, rodeados de tierra y pocos adoquines, están en Madrid. Y por supuesto muy chocante esa conducción temeraria en la M-30 que nos permite ver varios metros entre la carretera y la edificación más cercana. ¡Qué vacíos parecen los letreros indicativos! Echamos en falta muchas salidas, nombres de calles y de autopistas.

No tienen muchas escenas de diálogos distendidos, pero es un espectáculo oír en esa escena en El Cerro de los Ángeles la cantidad de veces por minuto que dice demasiao. Otro momento en el que disfruto de su forma de hablar es en el primer robo. Un coche. Mientras todo el barrio se vuelca para tratar de que no se lo lleven, ellos permanecen tranquilísiamente a lo suyo. El coche se agita, ellos mirando impunemente a todo el vecindario. Apunta con la pistola, pero sin ponerse nervioso. Una actitud coherente para quien llama a preparar un atraco ir a trabajar y traspasar la garita de seguridad entrar a la oficina.


domingo, 28 de diciembre de 2025

LOS SANTOS INOCENTES

Dir.: Mario Camus
1984
103 min.

Desoladora. El sonido sucio de su banda sonora y la niebla que cubre el encinar casi nos hace pensar en la misma vida miserable que se refleja en “El caballo de Turín (2011)”. Las condiciones pésimas en las que viven podrían ser suficiente castigo. Pero lo que nos lleva los demonios, y desde luego es lo que mantiene nuestra conexión con la película, es el trato altivo y déspota de sus señoritos.

Son indelebles las escenas más humillantes. En particular aquella en la que Alfredo Landa se comporta como un perro arrastrándose por la tierra para satisfacer a su amo. Para recibir la aprobación de ese hombre que le somete. El desdén se magnifica al darnos cuenta de que la explotación de ese hombre, lo que le provoca una lesión en la pierna de por vida, no está enfocado a su explotación para el enriquecimiento de sus amos. Es todo tan frívolo que la obsesión del señorito Iván es la caza. No son sus negocios, es un simple pavoneo delante de los otros ricos.

Muy afilado es el momento en el que, tras haber visto la España más tradicionalista, con nobleza acompañada de su propio clérigo (gordo, por supuesto), tontear con un ministro que por ahí pasaba (imposible no recordar la película de tono radicalmente distinto “La escopeta nacional (1978)”), aún se atreve de mostrar a un burócrata francés lo muy avanzado que está el país. Para ello llama a tres sirvientes debidamente amaestrados y les hace escribir en un cuaderno sus nombres. Con este espectáculo degradante el señorito cree mostrar un imagen limpia de la servidumbre en el campo español.

La película busca ser hiriente con sus villanos y lo será continuamente. Pero nunca será algo soez. Quizás a quien peor trate la película será la señora marquesa. Ella que tiene esa altanería al saludar en el balcón, que al dirigirse a Régula (su queridísima sirvienta) pregunta con más interés por sus cerdos que por su familia. Me gusta mucho el contraste entre la alegría del servicio comiendo y cantando juntos celebrando la primera comunión del menor de la familia noble al contraponerla con el letargo que se vive dentro de la casa.

La cámara tiene muchos momentos de grandísima habilidad. Por ejemplo en la escena que acabo de mencionar, la silenciosa comida de los ricos, tiene una forma muy elegante de recorrer sus torsos. Su mayor esplendor es el famoso vuelo del cuervo desde el campanario hasta el hombro de Francisco Rabal. Hay que reconocer que ese plano es mágico. Su hubiéramos leído ese fenómeno sobre el papel difícilmente se habría conseguido el efecto que produce ver en un único plano al animal obedecer de esa manera tan elegante a su amo. Entiendo que lo que ocurre ante la cámara no es milagroso, que simplemente se necesita un pájaro, un hombro y paciencia; pero el resultado es poderosísimo.

Me gusta que aunque se dibuje a un personaje tierno, no se haga la clase de construcción mágica al estilo de Víctor Erice. A Azarías le gusta cuidar de quien es más desfavorecido que él. Pero nunca se dota a la niña chica de conexiones trascendentes. Más que una conexión con los elementos más puros del alma se acerca más a una endemoniada con esos atronadores gritos con los que rompe la noche. Recordemos esa primera escena en la que ella se desgañita impidiendo cualquier tipo de intimidad a sus padres.

El rostro pesado de Terele Pávez interpretando a Régula es expresivo a más no poder. Trasmite una desidia total por la vida que les ha tocado vivir. Con sueños de una vida mejor para sus hijos. Qué terrible es ese momento en el que escucha todo lo que su señorito le manda y responde: para eso estamos. Esa es su repuesta para todo lo que le manden a ella, pero cuando se entera de que su hija no podrá ir a la escuela, adivina que no podrá salir de la miseria que ellos han vivido… Eso es terrible.

La inmoralidad de la alta clase quizás no provoca el escándalo que podría. Entiendo el contraste que se pretende señalar entre su compromiso con la imagen pública y a su vez tener toda clase de traiciones y de indecencias. Este lío de faldas ayuda a construir un personaje resentido que se dirige al servicio siempre con la fusta en mano. Por otro lado nos permite odiar con más fuerza al niño consentido, al señorito Iván. Pero tras haber visto “El desencanto (1976)” el pedestal de la nobleza ya está demasiado minado como para que lo de aquí tenga efecto.

Por reconocer el cortijo como una administración de la tierra tan netamente española uno se siente muy apelado por las imágenes que aquí vemos. Me resulta doloroso ver el país que éramos. Igualmente uno se pregunta por qué esta imaginería la tenemos tan asociada a lo rural de otra época. El mismo tipo de miseria absolutamente atrasada que veíamos en “Las Hurdes (Tierra sin pan) (1933)”. Es inevitable pensar qué clase de explotaciones no se darán hoy con los temporeros que tienen que convivir unos pocos meses con sus patrones.


viernes, 26 de diciembre de 2025

ÉXTASIS

Dir.: Gustav Machatý
1933
90 min.

El argumento no vale nada. Creo que la película más o menos es consciente de ello. Creo que se asume a sí misma como una película erótica. Salvo excepciones sus momentos más tórridos no tienen gran efecto desde la óptica actual. Pero sí que hay decisiones estilísticas bastante interesantes.

La famosa escena del orgasmo femenino de ella supongo que funciona particularmente por la forma en la que se elude mostrar nada. Ni siquiera está claro qué tipo de acto se realiza. Ella se mantiene vestido y él parece quedarse recostado a su lado. Entendemos que es una masturbación, pero no queda claro. El acto tiene un montaje algo acelerado. Este ritmo de cortes lo hemos visto unos momentos antes. Cuando ella está sofocada, deseosa. Se nos muestran los planos de las esculturas pequeñas que decoran la estancia en la que ella se va calentando. Caballos, un hombre soplando un cuerno y una mano que acaricia con la punta de los dedos su propio pecho. Los planos que anteceden al encuentro también me gustan. Ella camina sola por el campo de noche. Vestida de blanco. Me recuerda a los planos finales de “Los ojos sin rostro” o a ese plano terrorífico de Laura Dern acercándose a cámara en “Inland Empire”.

Cuando por fin los dos amantes se unen en un beso aparece un momento muy sorprendente. No porque el recurso no se haya visto antes, sino porque la película escasea de esta clase de recursos. Ella se acerca a su cara. Es un primer plano. Con la misma inercia con que ella se ha acercado a él, el perfil de su cara sigue avanzando hasta atravesar la cabeza de él. Creo que es una de las mejores representaciones del deseo en esta película. El otro gran momento es cuando ella llega ardiente de deseo a su noche de bodas. Cuando ha asumido el rechazo de su marido ella se recuesta con un camisón que dibuja perfectamente el perfil de sus dos piernas y ella juega con el anillo de desposada.

El hecho de que la película se llame “Éxtasis” revela que es consciente de la importancia de esta escena. Aunque el erotismo no cesa, es la única escena que recoge el significado del título. Por lo demás habrá una escena lúdica que cierra con el encuentro entre los dos amantes. Ella se baña desnuda en un río y ha dejado su ropa encima de la yegua que la ha llevado hasta esa orilla. La yegua excitada al oír el relincho de un caballo sale corriendo. Tenemos entonces a un grupo de obreros que la ven pasar desnuda persiguiendo a su montura. Yo creo que esta escena deja muy claras las intenciones y el tono de la película.

Cuando se presente el enredo amoroso también se hará de una forma muy superficial. Aunque nos permite ver una escena de conducción temeraria muy intensa. La acción que surge genuinamente del montaje es muy limitada. La velocidad de consigue por el viento en los sombreros de los dos hombres que viajan y por los árboles que pasan velozmente por la pantalla. El cierre de esta escena vuelve a revelar una idea muy efectiva. Para mostrar la respiración agitada del recién divorciado se compara su respiración con los vapores del tren que ha estado cerca de atropellarles. Hay que decir que la amenaza de este atropello nunca se percibe.

Me ha divertido mucho el momento en el que ella entra a la habitación nupcial en brazos de él. Señalemos que hay algún mueble que parece sacado de Le Corbusier. Muy sorprendente encontrar este diseño en una película de los años 30. Cuando él se descalza solo usando sus pies ella sigue en sus brazos. La cámara hace un primer plano de sus pies. Obviamente la persona a la que pertenecen esos zapatos no está sujetando a nadie en volandas. Tenemos entonces la sensación casi de estar viendo unos títeres. Me ha gustado mucho.

Y señalaré también la coda obrerista. Extrañísima. Vemos cómo él llega a su puesto de trabajo. Los hombres pican piedra. El montaje es rápido. Nada que no hayamos visto en “El hombre de la cámara (1929)”. Pero se consiguen algunas imágenes muy sorprendentes. La cámara subirá y bajará atada al pico que trabaja la tierra. Se rueda el agua que cae un grifo desde el fondo del barril que la recoge… Los cuerpos de esos obreros se presentan bien musculados. Entiendo que aquí hay un trabajo de iluminación importante para que las sombras realcen brazos y espaldas.

El aspecto que él tiene en este momento, su admiración por la tierra y su riqueza, su peinado bien nos podría recordar a los ideales del hombre alemán.


domingo, 21 de diciembre de 2025

ANTES DEL ANOCHECER

Dir.: Richard Linklater
2013
104 min.

Al pensar en la trilogía el adjetivo que más fácilmente se nos viene a la boca es realidad. En esta tercera entrega vemos cómo el enamoramiento, que en las dos anteriores películas nos había emocionado tantísimo, no puede durar siempre. No se renuncia al amor, pero se nos muestra una situación muy amarga.

Como siempre en esta saga, lo principal que tenemos son conversaciones. La que pervive en nuestra memoria es la que mantienen en la habitación del hotel. Una conversación larguísima en la que las emociones fluctúan. Podemos percibir mucho esfuerzo por que la situación llegue a buen puerto. Hay una brechas de género absolutamente insalvables. Esa racionalidad siempre reivindicada por los hombres cuando una cierta misoginia no permite escuchar lo que la mujer quiere decir. Vista esta escena con mis ojos es fácil percibirla a ella como una desquiciada. Pero, a falta de una perspectiva femenina que lo corrobore, sospecho que esta escena está escrita poniendo mucho cuidado en no hacer esa valoración.

Muy bien retratado ese desprecio masculino hacia los sentimientos de ella cuando prácticamente la obliga a firmar los ejemplares de las novelas que narran su historia de amor. Del segundo libro no habíamos tenido noticias antes, pero en “Antes del atardecer” parecía que a ella le gustó que se narrara el romance de “Antes del amanecer”. Claro, entiendo que en aquel momento nadie la identificaba con esa historia.

La primera conversación entre ambos, en el coche tras volver de dejar en el aeropuerto al hijo de Jesee no pinta un panorama mucho menos emocionante que lo que esta trilogía había acostumbrado a ofrecer. Hay algún trozo hasta aburrido en esta conversación. Pero casi prefiero esa charla rutinaria que no la reacción que ella tiene, que será el conflicto principal entre los dos. Quizás puedo proyectar demasiado de mis discusiones de pareja al escuchar cómo ella toma un comentario en un acto comunicativo que él hace, planteando una idea, como si él quisiera sabotear su carrera profesional.

Puedo entender que el momento en el que él comenta la idea de mudarse a EEUU la dice en un momento que le impide a ella disfrutar de la recién recibida noticia del puesto de trabajo de sus sueños. Pero no dejo de empatizar con él cuando le expone los sacrificios que hace. Cómo su vida orbita entorno a esa familia. Por otro lado se expone también la problemática de las profesiones vocacionales, asociadas con la genialidad. En virtud de la cual el debe poder permitirse trabajar horas y horas en sus libros mientras ella tiene que cargar con un trabajo de oficia a tiempo completo y además invertir esfuerzo en ordenar la casa.

Me resulta absolutamente devastadora la idea de que el único periodo en el que realmente uno es libre es el que pasa entre que se independiza de sus padres y tiene hijos. Me resultan poco interesantes, porque no entiendo el rumbo que llevan, las charlas que tienen con las otras personas en la casa del escritor mayor. Ahí se ponen en diálogo la visión que tienen de la pareja personas en distintos momentos vitales. Pero es gente cuya historia no me interesa demasiado. Además a nuestros protagonistas ya se les ha prendido un incendio que se irá de madre en la habitación del hotel; tengo todo el rato la urgencia de abandonar esa mesa…

Aunque el final de la película nos permite abandonar la sala con una media sonrisa, lo cierto es que se han dicho cosas muy graves unos minutos antes. También hay una mirada que reconozco como masculina en tratar de quitar hierro al asunto con un juego divertido. Entiendo perfectamente que él quiera pasar una noche agradable con la mujer que ama. Pero tengo la sensación de que no deja de ser el retrato de un hombre que consigue apaciguar a una mujer desquiciada.

Como la naturalidad es algo que siempre elogiamos de esta trilogía no quiero dejar de señalar cómo se trata la desnudez del pecho de ella. Los encuadres se mantienen impertérritos ante sus senos. Algo que, cuando en otras películas no ocurre, llama poderosamente la atención. Pero es que además la película se desprende de las manidas actitudes de los desnudos de Hollywood. Acciones como taparse con una sábana o extraños pudores para estar en compañía de gente con la que se supone que hay confianza. Aquí se permite discutir con el pecho al aire, hablar por teléfono con naturalidad. Hacerlo además en momentos del todo descargados de erotismo.


sábado, 20 de diciembre de 2025

ANTES DEL ATARDECER

Dir.: Richard Linklater
2004
77 min.

Vuelve a ser una maravilla. En esta segunda ocasión se da más peso a los sueños románticos que en la primera película cumplían un papel meramente lúdico. Aquí el desencanto de los años hace que ambos tengan dentro una esperanza de que aquel encuentro que tuvieron en Viena pudiera convertirse en el inicio de su gran amor vital.

Hay algunos momentos en los que eso me genera un poco de disgusto. Aquí sobre todo el que es más ingenuo es él. Él es quien parece llevar una década obsesionado con ella. Por su parte Celine, por lo que se nos cuenta, está con este cóctel emocional porque acaba de leer el libro.

Pero olvidemos todo esto. Admiremos cómo la cámara sigue sus largos paseos por las calles de París. Cómo tenemos la sensación de haber visto un largo plano secuencia. A veces sí que se sostiene el plano una cantidad asombrosa de tiempo. Con la cámara a pocos centímetros por delante de ellos. Qué buenos actores son los dos. Qué naturalidad en las frases. Cómo me encanta ver la decepción en la cara de Jesse cuando ella dice no recordar la relación sexual que tuvieron sobre el césped de Viena. Es una gozada. Permitiendo que la comicidad tenga lugar, pero sin buscarla. Qué bonito cómo él tontea acerca de que podrían acostarse en ese mismo momento… Ya no tiene el juego que tenían los diálogos de la primera. Esa especie de hablar para divertirse que les hace disfrutar tanto.

He de decir que los diálogos que tienen en los que se explican mutuamente su vida me interesan bastante poco. Creo que los puedo excusar porque gracias a contarse las generalidades de su vida llegamos a saber que ambos convivieron en la misma ciudad, Nueva York, sin saberlo. Esto deja un momento que me parece desolador en el que Jesse nos narra que yendo en el coche de camino a su boda cree haber visto a Celine. Adoro que se permita este instante de magia.

La conversación en el coche quizás es la que tiene más carga. Ella por supuesto dice cosas que son un poco pueriles acerca de no creer en el amor. Que la lleva a plantearse si aquel romance de juventud estaba destinado a ser algo más. Esta idea a priori me genera rechazo. La puedo excusar por lo que mencionaba, que ella acaba de leer ese libro y le remueve viejas sensaciones. Pero la verdad es que es un texto que se dice con tan poco melodrama. ¡Qué suerte tenemos de que la película busque ser europea en vez de estadounidense!

Él aquí dirá que lo único que le hace feliz de su vida es su hijo. Percibo aquí un diseño de personaje pensado para generar candor en el corazón del público femenino. De igual modo que la cara, fenomenalmente interpretada, no digo que no, que nos ofrece cuando descubrimos que él sí asistió a la cita en el andén de Viena. Es una caída de ojos como la que acostumbra a hacer Ryan Gosling. Mientras él está penando en el coche tenemos un momento magnífico. Mientras él mira por su ventanilla, ella hace un amago de tocarle como el que él hace en la parte de atrás del tranvía en “Antes del amanecer”.

El final tan poco conclusivo… Esa sensación de que no hay nada predestinado, que la vida es larga y fluye. Ese plano en contrapicado en el que Celine nos encandila mientras imita a Nina Simone. Esos movimeintos, esa chulería, esa diversión. La cara que él le pone seguro de que va a perder su vuelo, pero convencido de que quiere quedarse en ese apartamento parisino… En ese cuarto se genera por fin una intimidad como la que habíamos visto en la primera película.

Antes de que la cámara entre a este último escenario hemos tenido un momento para dejar claro el ambiente que ahí se respira. Para ello hemos seguido a la pareja subir las escaleras de ese edificio. Entre ambos no hay cruce de palabras. Parece que cada cual está asumiendo la infidelidad que está ya muy cerca. Se consigue generar una tensión con una escena desnudísima y que nunca trata de ser incómoda. Casi podemos escuchar los pensamientos de ambos rumiando. Sin culpabilidades.


viernes, 19 de diciembre de 2025

ANTES DE AMANECER

Dir.: Richard Linklater
1995
101 min.

¡Qué cosa más bonita! ¡Qué oda al enamoramiento! Qué forma de no convertir esos sentimientos exaltados en promesas de nada romántico. No se nos quiere convencer de que esa pareja vaya a tener un feliz porvenir. De hecho constantemente se remarca que lo más probable es que eso no ocurra. Aun así se presenta ese torrente de sensaciones, esa aventura con toda su intrascendencia, y se permite disfrutar con todo lo que esos dos bellísimos personajes sienten. La fragilidad de ese momento les hace disfrutar de todo rabiosamente.

Qué cosa tan bonita ese primer beso en la noria. Qué actuación soberbia la de ella. Cómo le vemos a él paralizado ante esa chica. Casi se nos olvida toda la energía estadounidense con la que ha ido conduciendo la trama. De repente le vemos totalmente entregado a ese momento romántico… Es una absoluta gozada. La fotografía de la película no es particularmente bella. No presenta Viena más bonita de lo que es. No utiliza el entorno como en las últimas películas de Woody Allen. Sí, nuestros protagonistas pasarán por algunos edificios monumentales. Pero nunca permite que sea la arquitectura la que engrandezca la escena. Cuando por fin llega el alba y la cámara recorre los lugares que les han visto amuñuñarse estos son unas escaleras, un césped, unos palets… ¡Qué delicia!

También me gusta que entre los dos no crece nada que no nos creamos. Por supuesto la película se permite que todo les salga bien. Y me alegro que así sea. Pero digamos que hasta ahí llega la pérdida de verosimilitud. No se produce un cambio en ellos. Él no se vuelve un romántico. No se cae nunca en esa cosa vergonzante que veíamos en “Cuando Harry encontró a Sally (1989)”. Sabiendo que esta película pertenece a una trilogía es fácil pensar en la película de Rob Reiner aunque solo sea por una relación intermitente de dos personas.

No hay ninguna duda de que el alma de esta película son sus diálogos. El texto siempre es maravilloso, pero además la naturalidad de sus interpretaciones es otra maravilla. Es una naturalidad que nunca es naturalista. De alguna manera hace que veamos una ficción que nos la creemos mucho. No hay una sensación de estar asistiendo a un fragmento de realidad. Hay un diálogo que es una maravilla en un tranvía, ya en Viena. Están sentados los dos en los últimos asientos mientras juegan a hacerse preguntas. Es lo primero que se cuentan de sí mismos. Esto es un plano secuencia. Es muy largo y sostienen esa conversación con una solidez pasmosa. Vemos cómo él se sonríe de lo que ella dice, cómo aguanta la risa. Esta conversación es deliciosa.

Otra conversación que es sorprendentemente efectiva es la de dos austriacos que les invitan a ver una obra de teatro. De nuevo el texto está hecho con una precisión difícil de describir. Es lúdico, a la vez que tampoco trata de ser ingenioso. Los actores secundarios son divertidos…

El ritmo que lleva la película también me encanta. No se trata de una noche en la que se vayan cruzando a personajes, como ocurre en muchas películas noctámbulas. Ellos son los protagonistas y timoneles de su noche. Me gusta cómo crece su relación. Cómo crecen sus sentimientos. Cómo se permite dedicar diálogos en los que hablan de su breve relación. No de promesas futuras, se permiten hablar de lo que les ha disgustado el uno del otro. Se confiesan lo que sintieron en los primeros momentos. ¡Por favor esta escena en la que juegan a hablar por teléfono fingiendo ser el conocido al que primero cuenten esa aventura!

Qué bien esa despedida en el andén. Cómo me gusta que no se nos haya dirigido inexorablemente a ese lugar. Qué bien expresadas están los deseos que se tienen. Quieren verse, no quieren casarse, no se prometen nada. Cuando él menciona el matrimonio la película se asegura que no se dé lugar a que nosotros pensemos que es una posibilidad real…


viernes, 12 de diciembre de 2025

LOS DOMINGOS

Dir.: Alauda Ruiz de Azúa
2025
110 min.

No me gusta percibir la fotografía de colores apagados y luces blandas que asocio a las producciones de Movistar. Tampoco me gustan los encuadres reducidos de los que gusta el cine español cuando de hablar de dramas familiares se trata. Me parece que el fotograma se llena de paredes y me resulta incómodo seguir la acción a través de los huecos verticales que dejan los marcos de las puertas.

El planteamiento del conflicto es interesante. Es decir: están diseñadas las posturas de los personajes para ser complejas. Es verdad que en el diálogo sentimos que hay una cierta simpleza. Parece que todos los personajes tienen muy claro cuál es el papel que tienen que representar en el conflicto. En particular pienso que no tiene la habilidad de “Creatura”. Cuando vemos al padre tremendamente enfadado por enterarse de que su hija había yacido con un chico en su casa el discurso no diré estereotipado, pero no tiene una redacción particularmente habilidosa.

Quizás lo que está escrito con más precisión de la película, y aún así el texto creo que palidece ante la interpretación de la actriz protagonista, es la conversación en la que Ainara le explica a su tía lo que siente por Dios. Me gusta que desde el primer momento se adopte este lenguaje que se reconoce tan fuertemente de la experiencia religiosa católica. Que se apele a la felicidad, a la plenitud… Esta clase de valores que la sociedad seglar no sólo es que no adopte, sino que tiende a rechazar. Me parece también muy ajustado cómo la tía llama a lo que Aitana siente enamoramiento. Por cómo la película trata a este personaje, entiendo que es la primera de tantas muestra de incompresión. Pero me parece un término bastante quirúrgico como para usarlo tan pronto como se escucha estas dudas por primera vez.

Hay un movimiento muy sibilino para el público católico. No creo que la película esté hecha para atraer particularmente a este sector de la población, pero comercialmente es el público que va a apelar con fuerza por su continua demanda de la falta de estas temáticas en el cine en general y en el cine español en particular. Me refiero al hecho de que la persona que se opone a que entre a la orden sea su tía. Es decir, su padre nunca se opondrá a ello. No se pone a un padre ejemplar, esto es claro. Pero la hija nunca tendrá que enfrentar a su padre, lo que creo que habría sido problemático.

La figura del padre la verdad es perversa. No se opone a que ella entre al convento, pero tampoco la apoya particularmente. No se duda de su amor, lo que haría saltar las alarmas del público católico. De hecho ese último abrazo que le da a su hija, ya con el hábito puesto es el que desde la butaca nos exprime las fibras sensibles para que rompamos en llanto. Pero él es, en general egoísta. Si acepta que su hija se meta en el convento es porque le quita problemas a los que no se quiere enfrentar, como una hija de 17 años que tiene relaciones sexuales con otros chicos, o, el problema de fondo, tener que mantenerla.

Enfrentada frontalmente tenemos un personaje que, desde un espectador escéptico con el catolicismo, resulta muy incómodo. Es la única que defiende que es mejor que Ainara no vaya al convento. Y también lo defenderá por motivos ciertamente egoístas. Los argumentos que expone son los razonables y estamos en general de acuerdo con lo que oímos. Pero percibimos que es un personaje tan perverso, tan desengañado, tan desconfiado… Da rabia que el personaje con el que uno, en principio, debería identificarse sea tan oscuro. Nos genera además rechazo extra por cómo trata su pobre marido. Ese argentino de mente abierta, simpático, cumplidor… Escucha a Ainara. No es particularmente abnegado, cae muy bien. Y tiene que aguantar a alguien siempre tan al borde del desquicie…

Me parece interesante la postura de la tía porque es muy fácil sentir la identificación con el discurso de quienes dicen aceptar identidades sexuales diversas. Desde el primer momento que ella dice Yo respeto entendemos que su relación con lo eclesial es irreconciliable. Asume la pederastia como inherente a los curas…

Y hablemos ahora del enfrentamiento más tenso de la película. Aquel que mantiene la tía con la madre superiora. Este personaje la verdad es que es alucinante. Parece increíble que no sea una monja de verdad. Esa sonrisa perversa de los religiosos contemplativos. Esa alegría tan poco identificable como humana. Esos perdones tan dados desde zonas que parecen obviar cualquier traza de psicología. Esa frase tan desagradable de oír cuando Ainara dice que quiere contarle que se ha besado con un chico, entonces ella dice: me alegra mucho. Con un tono de voz que nadie identificaría como alegría humana.

Qué bien el detalle de que cuando Ainara por fin encuentra a esta persona que la entiende plenamente, su guía espiritual, un personaje con quien podría empatizar el espectador, al que casi podría admirar, que antes de dejarnos embelesar ella no desaproveche la oportunidad de recordar el autoexamen de pureza casta que deben llevar los religiosos. Que si se quiere asumir eso como positivo, que esté en manos del espectador, pero que no se olvide que aquí el catolicismo viene con una carga muy importante de cosas nada fáciles de asumir.

Tampoco se esconderá la fealdad de las celdas del convento. ¡Qué terrible esa imagen de cristo al final del pasillo! ¡Qué desolación el voto de pobreza hasta el punto de pasarse semanas sin pasta de dientes! A la vez qué sensación de vacío con esa frase de rogar a Dios por los inspectores de hacienda. Casi como si desde dentro del convento los acontecimientos del mundo a los que se ven expuestas sean tan limitados que solo puedan acordarse casi de un inventario de las cosas que hay fuera de los muros.