- Dir.: Vera Chytilová
- 1966
- 76 min.
Como idea se entiende y se podría decir que es exitosa. El mundo está sumido en la guerra y la destrucción, qué otra cosa se puede hacer que el divertimento. De hecho la película cierra con un letrero en pantalla que demuestra que el escándalo aún tiene un hueco. Espera que el público reaccione con indignación ante la película y entonces le reprocha que una obra cultural le mueva más que las injusticias en el mundo. Creo que está bien, un abrazo a la filosofía dadaísta.
En cuanto a ellas como pareja puedo entender que generen mucha simpatía en cierta visión femenina que reivindica una falta de compromiso por todo. Algo parecido al discurso de las creadoras de “Autodefensa (2022)”. De hecho estas dos protagonistas tienen un gran componente de egoísmo. No percibimos que entre ellas haya un juego libre, una especie de entregarse a su propia locura como por ejemplo veíamos en “L’amour fou (1969)”. En el cabaret, por ejemplo, claramente hay un gusto por molestar a la sociedad biempensante. En el episodio de la sucesión de novios de una sola tarde también se busca extraer todo lo que esta moral masculina complaciente sea capaz de dar.
En algunas escenas de locura hemos tenido algún momento estimulante en el que a través de unas sábanas blancas se llega a unas telas floreadas. Por ejemplo una le arroja a otra un tejido muy liviano que al caer se transforma en manzanas. Este último ejercicio tiene un ligero aire surrealista difícil de concretar. Pero toda su expresividad corporal por ejemplo no me interesa nada. Toda la destrucción de la lujosa mesa me da bastante igual.
Hay algunos recursos formales que me resultan interesantes. El cambio de tintado en los fotogramas es divertido. Se realiza con bastante arbitrariedad. Hay un momento en el tintado en el que las sombras se convierten en azules y las luces en amarillo. El resultado se parece a los dibujos con los que se presentan los ganadores de los Premios Nobel. Sin duda lo que me resulta más novedoso estéticamente es esa grabación desde la parte posterior del tren. Entiendo que son fotogramas con mucha exposición. Lo que se consigue es que los raíles del tren dejen un rastro en el plano, una forma de visualizar el movimiento, es curioso.
En ocasiones la película introduce ruido jugando fotograma a fotograma. Por ejemplo, una sucesión de virutas metálicas preludian la escena en la que ellas se visten con unos hierros oxidados. Este ruido visual me recordaba mucho a los cortos de animación de Jan Švankmajer. También hay este juego en el final de la escena de las tijeras. Las tijeras nos pueden hacer pensar en “Pierrot el loco (1965)”. En principio simplemente porque este elemento se repite en ambas obras. Lo curioso de esta escena es cuando se introducen trucos de postproducción bastante pobres y vemos partes de su cuerpo flotando por la estancia. En este caso el recuerdo es para “Hausu (1977)”.
La fotografía de la película con esos colores brillantes y algo apastelados me recordaba a “Valerie y su Semana de las Maravillas (1970)”.