viernes, 15 de mayo de 2026

¿DÓNDE ESTÁ LA CASA DE MI AMIGO?

Dir.: Abbas Kiarostami
1987
83 min.

Se enfrenta el mundo adulto con el de la niñez con una pureza, una dulzura en la mirada, una falta de nostalgia… Las órdenes que reciben los niños para los adultos son nimiedades. Piden y piden sin darle importancia a lo que piden. Sin pensar en el trabajo que le conlleva al niño. Porque al fin y al cabo todo lo que se le ordena a un niño no es tan urgente. Si se le pide al niño que compre pan, él tratará de cumplir la orden con un fuerte sentido del deber. Sintiendo cómo el tiempo apremia y él aún no ha completado su tarea. Al final llega a casa a cenar sin haber comprado pan. Lo cual no tendrá consecuencias. La cena se desarrolla sin que nadie eche de menos el pan.

La mirada del niño protagonista es de las mejores interpretaciones infantiles que he visto nunca. Unos ojos grandes que observan el mundo adulto. Sin esa clase de juicios tan falsos que leemos en “El principito”. Ese tono de: los adultos son tan raros… Esa es una reflexión genuinamente adulta. Un niño no ve a los adultos más ajenos de lo que ve al resto de su mundo. Qué grande es el mundo para un niño. Esa forma de depender enteramente de sus pies. De emprender su misión él solo, y él solo será quien a cada contraindicación de la gente que le rodea deba asumir un varapalo inabarcable.

Otra interpretación que nos hará comprender al protagonista son las lágrimas de su compañero de pupitre. Ese niño que si falla al día siguiente al entregar su tarea será expulsado del colegio. La cámara no se obsesiona con ellas, pero el primer plano que nos da de las gotas que caen de sus ojos nos hace comprender que nuestro protagonista se ha compadecido enormemente de él.

La estética de la película es una gozada. Me encantan las calles angostas de esos pueblos. Nunca tendremos planos generales que nos permitan llegar a tener un concepto amplio de cómo es el urbanismo de ese lugar. Vemos las calles de tierra, los adoquines por los que discurren regueros de agua. Un suelo para el que nadie parece tener el calzado adecuado. Nunca son agobiantes esas calles, aunque las veamos estrechas y oscuras siempre las percibimos como un paisaje orgánico. Las paredes no son rectas, los marcos de las ventanas no son verticales, los suelos no son lisos, las maderas son irregulares… No hay rastro de la violencia que generan nuestras ciudades modernas con suelos duros y edificios fríos.

Me gusta el último paseo que se dan el niño y el anciano, con ese destino tan desolador al ver que no le resuelve nada. Esa frustración del personaje desde la butaca no nos genera rabia. Nos compadecemos de él, pero el visionado nunca es incómodo. Es una belleza las luces blandas que iluminan la ciudad. Me encanta cómo se usan las paredes lisas para proyectar esos patrones de las vidrieras. Unos colores suaves, casi mágicos. Me encanta, por supuesto, cómo el niño apremia al anciano. Cómo le pide ir más rápido, el señor mayor hace un esfuerzo cuyo resultado es insignificante para el niño.

Qué bonito es ver que mismos escenarios están rodados desde siempre los mismos puntos de vista. Recrea la sensación de quien ha pasado por el mismo sitio dos veces. Hasta la gente que está trabajando permanece ahí de un plano al siguiente, que puede distar hasta algunas horas. El cebérrimo plano de la colina con el camino zigzageante nos permite comprender el esfuerzo que le supone al niño recorrer esa distancia. Una distancia que el él recorre varias veces en una tarde y que a su madre le sorprende que haya niños que la recorran todos los días para ir al colegio.

La indiferencia con la que los mayores tratan al niño está retratada sin emitir juicios. Como si el niño asumiera que la atención es algo que se recibe pero que poco se puede hacer para conseguirla. Al hablar con su madre tiene algo que destila una verdad pasmosa. Cómo el niño repite el mensaje que quiere transmitir una y otra vez. Pero en cada una de esas repeticiones no deposita ni medio gramo de esperanza de que vaya a ser la repetición exitosa. A veces deja su frase a medias. No exige la atención… Es precioso. El momento en el que esto se exacerba es cuando le pregunta al fabricante de puertas por su nombre. Lo repite muchas veces, está a su lado pero nunca le llega ni a mirar. Ni él le atiende ni nadie de los que están dejando pasar el tiempo en la plaza le llama la atención ni nada parecido. Si ven salir corriendo al niño en una carrera imposible le dejarán hacer. Él sabrá.

El final de la película, a pesar de lo cruel que es para el niño, está mirado con muchísima ternura. Se nos hace creer en el éxito del protagonista sin que se permita ni un segundo de regocijo. En cuanto se consigue la meta, con ese plano cenital que podría salir de Agnès Varda, una flor aplastada y se corta a negro.


viernes, 20 de marzo de 2026

YOUR NAME.

Dir.: Makoto Shinkai
2016
106 min.

Me gusta su ligereza en muchos puntos. Del mismo modo que “Paprika, detective de los sueños (2006)” lucía por su imaginación, su creatividad, su luz frente a la oscura y la pretendidamente abstrusa “Origen (2010)”, esta película viene a dar luminosidad al género de películas de paradojas temporales al rebufo de “El efecto mariposa (2004)”. Crea un drama muy bonito, con un desarrollo muy emocionante. Con una cierto desdén hacia la dinámica de intercambio de cuerpos. Alejado del tono de rompecabezas oscuro, que la década de los 2000 tenía en cierto cine estadounidense. Muy del estilo de “Donnie Darko (2001)”.

Me gusta que el hecho sobrenatural se despache rápido. A lo primero que asistimos es a la resaca de un intercambio de cuerpos. Es decir, el entorno de la protagonista femenina no se mostrará sin entender nada de lo que nosotros ya vamos barruntando. Cuando por fin se trata de narrar un día en que se da este intercambio vemos los chistes, las partes con gracia. Y se nos mostrará una jornada en cada una de las ubicaciones. No se abundará en situaciones que den lugar a confusiones predecibles. Me gusta la firmeza con la que se abraza el chiste recurrente en el que el chico al verse en el cuerpo de la chica no pueda dejar de tocarse los pechos. Incluso cuando la trama se acerque al punto dramático este chiste se mantiene. Para mi gusto los protagonistas tardan más de lo que el espectador necesita ver en entender una dinámica que para nosotros está clara.

Lo curioso es que el intercambio de cuerpos se volverá algo mucho más complejo de lo que era en un primer momento. Con viajes en el tiempo difíciles de entender. Realidades imposibles y que, como tales, se vuelven frágiles. Se genera el momento mágico. Se les permite a los personajes rozar lo inalcanzable para después arrebatárselo cruelmente. Es uno de los momentos más bonitos de la película. Me gusta la forma en la que se resuelve la paradoja temporal: la desmemoria. Las pruebas del pasado se ven delante de nuestros ojos como la fotografía de “Regreso al futuro”. Pero todo queda en un recuerdo perdido en el tiempo, algo con la poesía de “¡Olvídate de mí! (2004)”. No se le dará demasiada importancia a seguir explicando este asunto. El paralelismo con la película de Michel Gondry está también en el elemento ferroviario. Los trenes y sus estaciones como lugares de paso. Donde cualquier contacto es por su naturaleza efímero.

El peligro de convertirse en la tópica diatriba entre vida urbana y vida rural. El lío amoroso que supone que sea la chica la que le consiga al chico una cita con su compañera de trabajo. La poco más que chistosa guerra de sexos… Son todas derivas que desde mi butaca temo que la película pueda adoptar. Sin embargo tenía algo más interesante, profundo e inesperado reservado. Me gusta incluso que la conexión entre ambos sea algo más que romántica. No es amor, es obsesión. Es una necesidad de encontrarse. ¡Qué frágil ese plano en el que se cruzan en un silencioso puente vacío mientras nieva lentamente!

La trama final, la tensión en la que debe decidirse si el pueblo se salva o no, tiene genuino poder de intriga. Me refiero a que la trama parece abocada a algo que no puede ocurrir. Sin embargo todo este desarrollo del pequeño individuo con la maldición de Casandra me da bastante pereza. Por suerte esta parte está intercalada con el encuentro místico que el otro chico está teniendo en la cima del otro cráter.

Resulta interesante lo presente que se tiene en Japón la posibilidad de la destrucción de toda una población. Sin darse a esa espectacularidad, recordamos aquí el terremoto de “El viento se levanta (2013)”.

Aunque sí hay algunos momento de peripecia en la animación. En particular me refiero a los momentos en los que el color se convierte el protagonista absoluto. En las primeras escenas de la película ya hemos visto las luces que el cometa y sus meteoritos provocan en el cielo de Japón. Sin embargo cuando se nos narra por primera vez la reacción de la joven deslumbrada por ese cielo lleno de colores rojos, azules y violetas es un plano absolutamente espectacular. El otro gran momento de animación es en el del contacto de los dioses. Con esa cuerda que une ineludiblemente las dos vidas de los protagonistas. Un dibujo abstracto, de lápiz de colores. Es precioso.

Musicalmente hay varios momentos llamativos. Por empezar por lo más evidente ¡qué antigua me suena esa banda sonora cantada! Ese pop rock tan propio de escenas de transición en el cine adolescente estadounidense. Cuando oímos por primera vez la canción no es con el inicio de la película a modo de prólogo. Hay un pequeño exordio abstracto antes de que escuchemos la banda sonora. Pero también me gusta cómo a veces la banda sonora renuncia a darle más intensidad a lo que estamos viendo. En particular cuando se acerca el momento del crepúsculo, la chica está corriendo apresuradamente al limen del cráter. El piano suena jugueteando tranquilo entre dos notas. Hay un momento en el que ella está a punto de caer por un terraplén. Pero la escena no cambia ni un ápice su temperamento. No hay sobresalto. Me gusta mucho.


domingo, 15 de febrero de 2026

DOMINGO DE CARNAVAL

Dir.: Edgar Neville
1945
83 min.

Es una película policiaca en la que con frecuencia se abandona la trama de intriga. Me ha hecho pensar en este sentido las palabras elogiosas que Albert Serra le dedicaba a “El sueño eterno”: la modernidad de una película que muestra casi desprecio por su hilo conductor.

Fernando Fernán Gómez debería ser el protagonista de la película: es el detective que investiga el asesinato. Sin embargo Conchita Montes en su noble tarea de liberar a su padre de una injusta prisión preventiva, es la que acapara más minutos. Hasta tal punto que Fernán Gómez pasa varios minutos sin aparecer en cámara mientras Nieves, el personaje de Conchita, hace sus propias averiguaciones en un abarrotado baile de máscaras.

Lo mejor que tiene la película es su imaginería, de eso no hay duda. Aunque los elementos de cine negro se ejecutan aquí sin sonrojo. Los diálogos siguen esta rapidez y mordacidad de sus homólogos estadounidenses. La primera vez que el detective entra a la escena del crimen va acompañado de un hombre gordísimo al que le gusta jugar a resolver crímenes. Ahí se dice:

— ¿Quiere que le deje solo? Lo decía como soy vecino, a lo mejor quiere incluirme entre los sospechosos.

— Puedo incluirlo aunque se quede. ¿Es usted el autor del crimen?

— No. Creo que no.

— Haga usted memoria.

Nieves como femme fatale resulta muy sorprendente. La manera en la que se deja seducir por el detective y que ella seduce a un hombre en el baile de máscaras… Una chulería al hablar, un dejar caer la cabeza, una barbilla perfiladísima, un dejar la boca abierta al final de cada frase, un ingenio en sus diálogos. Es una maravilla. Resulta extrañísimo que una película de la época franquista un personaje protagonista positivo sea tan libertina. Una escena en la que además se estiliza, en cierto sentido, la ebriedad. Resulta curioso que nunca digan que están borrachas sino mareadas.

Se permite incluso dar un susto al espectador. En un momento en el que ella denota gran inciativa y valor, entra a la casa de la víctima. En ese momento ella se ilumina con una vela. Es muy bonito ver que en vez de meter una lámpara en la mano de ella, como Hitchcock, un iluminador se dedica a seguirla con un foco; en ocasiones quedando éste rezagado. Esta escena termina con la visión de un muñeco tan tétrico como se pueda imaginar moviendo por sí mismo la cabeza para dirigir su mirada hacia ella.

Hablemos de las máscaras. Aunque el baile de máscaras en el teatro es una escena espectacular (me encantan las voces chillonas que repiten: ¡que no me conoces!), hay un momento en el que el que el juego de espías está llegando a su fin y todo el mundo se mueve con menos cautela. Tenemos a los dos malhechores con unas máscaras de cerdo y de muerte que generan dos villanos maravillosos. Es una gozada cómo la cámara dedica planos a las máscaras de todo el mundo que está bailando en el cerro de San Isidro. Dada la importancia actual del folk horror, lo que aquí vemos de repente resulta premonitorio.

Es muy divertido que a Nieves la transporten en una cama, seguida por una comparsa. La llevan con una máscara aprovechando en entierro de la sardina. Pero la imagen de toda esa gente caminando por los terraplenes de Madrid, música, los disfraces… Una gozada.


viernes, 2 de enero de 2026

DEPRISA, DEPRISA

Dir.: Carlos Saura
1981
98 min.

No siempre ocurre en el cine quinqui, pero aquí se trata a los protagonistas con muchísimo cariño. Eloy de la Iglesia trata a sus delincuentes con algo de compasión a la vez que trata de convertirlos en anti-héroes. Pero Saura creará una historia de amor bonita, creíble y sin tratar de crear una épica a su alrededor. Sin darnos un contexto social que nos permita buscar traumas a estos chicos que justifiquen sus acciones. De hecho no se oculta el malestar que causa la oleada de delincuencia de aquellos años. Oímos cómo la gente expresa sus protestas en ese telediario presentado por Matías Prats. Sí, tenemos las barriadas del Sur de Madrid. Pero ni se nos explica la pobreza de sus familias, ni siquiera la droga es una adicción trágica. Han elegido esa vida. Y si algo se nos dice para que entendamos sus motivaciones es la declaración que el protagonista le hará a su novia: Estaremos juntos siempre. Lo juro por mi libertad.

Hacen una pareja estupenda. Ese diálogo en el que él la invita a salir tan pronto como ella termine de trabajar, esas miradas, esa chulería él, esa frialdad ella. Me encantan esos ojos. Es guapísima ella y tan feo él… Resulta alucinante que Berta Socuéllamos sólo hiciera esta película. Me gusta mucho ese papel de hombre proveedor que adquiere él. Con una sola palabra de su novia, que tras la euforia de un atraco que ha salido bien dice que quiere ir al mar, él se lo toma como una misión y en una noche completa por carreteras nacionales que alargan un viaje que hoy se haría en unas pocas horas por autopista y cuando ella se despierta con el clarear de la mañana, lo tiene a sus pies.

En relación a ella también hay algo no del todo usual en este género. Y es que se la reconoce su parte de heroísmo, o por lo menos individualidad. Es muy habitual que se establezca el delincuente que va a ser el cabecilla de todo. Esta película no es la excepción. Pero su muerte no será la muerte de un héroe y que con eso quede la película cerrada. Aquí vemos que Ángela dejará en los últimos estertores a su novio, ya de labios céreos, y la veremos alejarse entre la gente que juega en los descampados de la barriada en la que viven. Qué bien iluminada está esta escena, qué colores casi de neón, qué verde su rostro y qué ígneo el cielo.

Ella, por supuesto, es el personaje que concentra las miradas en todos los atracos. Con un aspecto muy curioso. Una barba pintada y un bigote postizo, que entendemos que logran engañar a todas víctimas del atraco, pero siempre se dejará la oscurísima ralla del ojo pintada.

El último atraco que realizan eleva esta película a superproducción si la comparamos con los ajustados presupuestos del género quinqui. Los tiroteos con metralletas, las balas en la chapa del coche, la persecución de la policía… ¡el helicóptero! Es una escena que me gusta mucho, quizás sea un atraco totalmente convencional cinematográficamente.

Me veo venir desde muy al principio que el miembro de la banda obsesionado con quemar coches haga su principal característica su perdición. En este sentido no me interesa mucho la escena en la que lo atrapan. Pero sí me gusta la forma en la que Saura retrata su cara. Cómo queda absorto. Y, por qué no decirlo, ver arder el coche también me gusta. Me gusta incluso su componente rutinario. Cómo arroja el bidón de gasolina, cómo avanza el hilo de fuego, cuando por fin prende cómo explota el depósito de gasolina en la parte de atrás, cómo explota el motor. Estas dos explosiones son muy violentas. Ya el coche está destrozado y solo queda que las llamas lo terminen de consumir. Es fuego está estabilizado y entonces escuchamos 4 silbidos: los neumáticos reventando.

Musicalmente se elige a Los Chunguitos, Los Marismeños… Lo esperado para el género y me gusta que así sea. Para mi gusto me parece que al ser canciones tan sumamente reconocibles no terminan de generar la ambientación deseada. Es decir, “Me quedo contigo” se usará para los momentos en que la pareja tengan algo que les una fuertemente. Cuando él le presente a su familia, cuando la lleve a ver el mar… Pero desde la butaca en vez de sentirlo como un tema evocador lo sentimos como una repetición. En ese sentido me parece que sí funciona el recurso de regañar al conductor por poner siempre la misma cinta de casete. Cuando esto ocurre extradiegéticamente, nos parece menos perdonable.

Como la película es decididamente madrileña nos resulta inevitable tener siempre la mirada puesta en reconocer las zonas que transitan. Es increíble cómo es imposible reconocer la zona hoy brutalmente transformada con el Cerro del Tío Pío. Alucinante pensar que esos pisos en los que viven, rodeados de tierra y pocos adoquines, están en Madrid. Y por supuesto muy chocante esa conducción temeraria en la M-30 que nos permite ver varios metros entre la carretera y la edificación más cercana. ¡Qué vacíos parecen los letreros indicativos! Echamos en falta muchas salidas, nombres de calles y de autopistas.

No tienen muchas escenas de diálogos distendidos, pero es un espectáculo oír en esa escena en El Cerro de los Ángeles la cantidad de veces por minuto que dice demasiao. Otro momento en el que disfruto de su forma de hablar es en el primer robo. Un coche. Mientras todo el barrio se vuelca para tratar de que no se lo lleven, ellos permanecen tranquilísiamente a lo suyo. El coche se agita, ellos mirando impunemente a todo el vecindario. Apunta con la pistola, pero sin ponerse nervioso. Una actitud coherente para quien llama a preparar un atraco ir a trabajar y traspasar la garita de seguridad entrar a la oficina.


domingo, 28 de diciembre de 2025

LOS SANTOS INOCENTES

Dir.: Mario Camus
1984
103 min.

Desoladora. El sonido sucio de su banda sonora y la niebla que cubre el encinar casi nos hace pensar en la misma vida miserable que se refleja en “El caballo de Turín (2011)”. Las condiciones pésimas en las que viven podrían ser suficiente castigo. Pero lo que nos lleva los demonios, y desde luego es lo que mantiene nuestra conexión con la película, es el trato altivo y déspota de sus señoritos.

Son indelebles las escenas más humillantes. En particular aquella en la que Alfredo Landa se comporta como un perro arrastrándose por la tierra para satisfacer a su amo. Para recibir la aprobación de ese hombre que le somete. El desdén se magnifica al darnos cuenta de que la explotación de ese hombre, lo que le provoca una lesión en la pierna de por vida, no está enfocado a su explotación para el enriquecimiento de sus amos. Es todo tan frívolo que la obsesión del señorito Iván es la caza. No son sus negocios, es un simple pavoneo delante de los otros ricos.

Muy afilado es el momento en el que, tras haber visto la España más tradicionalista, con nobleza acompañada de su propio clérigo (gordo, por supuesto), tontear con un ministro que por ahí pasaba (imposible no recordar la película de tono radicalmente distinto “La escopeta nacional (1978)”), aún se atreve de mostrar a un burócrata francés lo muy avanzado que está el país. Para ello llama a tres sirvientes debidamente amaestrados y les hace escribir en un cuaderno sus nombres. Con este espectáculo degradante el señorito cree mostrar un imagen limpia de la servidumbre en el campo español.

La película busca ser hiriente con sus villanos y lo será continuamente. Pero nunca será algo soez. Quizás a quien peor trate la película será la señora marquesa. Ella que tiene esa altanería al saludar en el balcón, que al dirigirse a Régula (su queridísima sirvienta) pregunta con más interés por sus cerdos que por su familia. Me gusta mucho el contraste entre la alegría del servicio comiendo y cantando juntos celebrando la primera comunión del menor de la familia noble al contraponerla con el letargo que se vive dentro de la casa.

La cámara tiene muchos momentos de grandísima habilidad. Por ejemplo en la escena que acabo de mencionar, la silenciosa comida de los ricos, tiene una forma muy elegante de recorrer sus torsos. Su mayor esplendor es el famoso vuelo del cuervo desde el campanario hasta el hombro de Francisco Rabal. Hay que reconocer que ese plano es mágico. Su hubiéramos leído ese fenómeno sobre el papel difícilmente se habría conseguido el efecto que produce ver en un único plano al animal obedecer de esa manera tan elegante a su amo. Entiendo que lo que ocurre ante la cámara no es milagroso, que simplemente se necesita un pájaro, un hombro y paciencia; pero el resultado es poderosísimo.

Me gusta que aunque se dibuje a un personaje tierno, no se haga la clase de construcción mágica al estilo de Víctor Erice. A Azarías le gusta cuidar de quien es más desfavorecido que él. Pero nunca se dota a la niña chica de conexiones trascendentes. Más que una conexión con los elementos más puros del alma se acerca más a una endemoniada con esos atronadores gritos con los que rompe la noche. Recordemos esa primera escena en la que ella se desgañita impidiendo cualquier tipo de intimidad a sus padres.

El rostro pesado de Terele Pávez interpretando a Régula es expresivo a más no poder. Trasmite una desidia total por la vida que les ha tocado vivir. Con sueños de una vida mejor para sus hijos. Qué terrible es ese momento en el que escucha todo lo que su señorito le manda y responde: para eso estamos. Esa es su repuesta para todo lo que le manden a ella, pero cuando se entera de que su hija no podrá ir a la escuela, adivina que no podrá salir de la miseria que ellos han vivido… Eso es terrible.

La inmoralidad de la alta clase quizás no provoca el escándalo que podría. Entiendo el contraste que se pretende señalar entre su compromiso con la imagen pública y a su vez tener toda clase de traiciones y de indecencias. Este lío de faldas ayuda a construir un personaje resentido que se dirige al servicio siempre con la fusta en mano. Por otro lado nos permite odiar con más fuerza al niño consentido, al señorito Iván. Pero tras haber visto “El desencanto (1976)” el pedestal de la nobleza ya está demasiado minado como para que lo de aquí tenga efecto.

Por reconocer el cortijo como una administración de la tierra tan netamente española uno se siente muy apelado por las imágenes que aquí vemos. Me resulta doloroso ver el país que éramos. Igualmente uno se pregunta por qué esta imaginería la tenemos tan asociada a lo rural de otra época. El mismo tipo de miseria absolutamente atrasada que veíamos en “Las Hurdes (Tierra sin pan) (1933)”. Es inevitable pensar qué clase de explotaciones no se darán hoy con los temporeros que tienen que convivir unos pocos meses con sus patrones.


viernes, 26 de diciembre de 2025

ÉXTASIS

Dir.: Gustav Machatý
1933
90 min.

El argumento no vale nada. Creo que la película más o menos es consciente de ello. Creo que se asume a sí misma como una película erótica. Salvo excepciones sus momentos más tórridos no tienen gran efecto desde la óptica actual. Pero sí que hay decisiones estilísticas bastante interesantes.

La famosa escena del orgasmo femenino de ella supongo que funciona particularmente por la forma en la que se elude mostrar nada. Ni siquiera está claro qué tipo de acto se realiza. Ella se mantiene vestido y él parece quedarse recostado a su lado. Entendemos que es una masturbación, pero no queda claro. El acto tiene un montaje algo acelerado. Este ritmo de cortes lo hemos visto unos momentos antes. Cuando ella está sofocada, deseosa. Se nos muestran los planos de las esculturas pequeñas que decoran la estancia en la que ella se va calentando. Caballos, un hombre soplando un cuerno y una mano que acaricia con la punta de los dedos su propio pecho. Los planos que anteceden al encuentro también me gustan. Ella camina sola por el campo de noche. Vestida de blanco. Me recuerda a los planos finales de “Los ojos sin rostro” o a ese plano terrorífico de Laura Dern acercándose a cámara en “Inland Empire”.

Cuando por fin los dos amantes se unen en un beso aparece un momento muy sorprendente. No porque el recurso no se haya visto antes, sino porque la película escasea de esta clase de recursos. Ella se acerca a su cara. Es un primer plano. Con la misma inercia con que ella se ha acercado a él, el perfil de su cara sigue avanzando hasta atravesar la cabeza de él. Creo que es una de las mejores representaciones del deseo en esta película. El otro gran momento es cuando ella llega ardiente de deseo a su noche de bodas. Cuando ha asumido el rechazo de su marido ella se recuesta con un camisón que dibuja perfectamente el perfil de sus dos piernas y ella juega con el anillo de desposada.

El hecho de que la película se llame “Éxtasis” revela que es consciente de la importancia de esta escena. Aunque el erotismo no cesa, es la única escena que recoge el significado del título. Por lo demás habrá una escena lúdica que cierra con el encuentro entre los dos amantes. Ella se baña desnuda en un río y ha dejado su ropa encima de la yegua que la ha llevado hasta esa orilla. La yegua excitada al oír el relincho de un caballo sale corriendo. Tenemos entonces a un grupo de obreros que la ven pasar desnuda persiguiendo a su montura. Yo creo que esta escena deja muy claras las intenciones y el tono de la película.

Cuando se presente el enredo amoroso también se hará de una forma muy superficial. Aunque nos permite ver una escena de conducción temeraria muy intensa. La acción que surge genuinamente del montaje es muy limitada. La velocidad de consigue por el viento en los sombreros de los dos hombres que viajan y por los árboles que pasan velozmente por la pantalla. El cierre de esta escena vuelve a revelar una idea muy efectiva. Para mostrar la respiración agitada del recién divorciado se compara su respiración con los vapores del tren que ha estado cerca de atropellarles. Hay que decir que la amenaza de este atropello nunca se percibe.

Me ha divertido mucho el momento en el que ella entra a la habitación nupcial en brazos de él. Señalemos que hay algún mueble que parece sacado de Le Corbusier. Muy sorprendente encontrar este diseño en una película de los años 30. Cuando él se descalza solo usando sus pies ella sigue en sus brazos. La cámara hace un primer plano de sus pies. Obviamente la persona a la que pertenecen esos zapatos no está sujetando a nadie en volandas. Tenemos entonces la sensación casi de estar viendo unos títeres. Me ha gustado mucho.

Y señalaré también la coda obrerista. Extrañísima. Vemos cómo él llega a su puesto de trabajo. Los hombres pican piedra. El montaje es rápido. Nada que no hayamos visto en “El hombre de la cámara (1929)”. Pero se consiguen algunas imágenes muy sorprendentes. La cámara subirá y bajará atada al pico que trabaja la tierra. Se rueda el agua que cae un grifo desde el fondo del barril que la recoge… Los cuerpos de esos obreros se presentan bien musculados. Entiendo que aquí hay un trabajo de iluminación importante para que las sombras realcen brazos y espaldas.

El aspecto que él tiene en este momento, su admiración por la tierra y su riqueza, su peinado bien nos podría recordar a los ideales del hombre alemán.


domingo, 21 de diciembre de 2025

ANTES DEL ANOCHECER

Dir.: Richard Linklater
2013
104 min.

Al pensar en la trilogía el adjetivo que más fácilmente se nos viene a la boca es realidad. En esta tercera entrega vemos cómo el enamoramiento, que en las dos anteriores películas nos había emocionado tantísimo, no puede durar siempre. No se renuncia al amor, pero se nos muestra una situación muy amarga.

Como siempre en esta saga, lo principal que tenemos son conversaciones. La que pervive en nuestra memoria es la que mantienen en la habitación del hotel. Una conversación larguísima en la que las emociones fluctúan. Podemos percibir mucho esfuerzo por que la situación llegue a buen puerto. Hay una brechas de género absolutamente insalvables. Esa racionalidad siempre reivindicada por los hombres cuando una cierta misoginia no permite escuchar lo que la mujer quiere decir. Vista esta escena con mis ojos es fácil percibirla a ella como una desquiciada. Pero, a falta de una perspectiva femenina que lo corrobore, sospecho que esta escena está escrita poniendo mucho cuidado en no hacer esa valoración.

Muy bien retratado ese desprecio masculino hacia los sentimientos de ella cuando prácticamente la obliga a firmar los ejemplares de las novelas que narran su historia de amor. Del segundo libro no habíamos tenido noticias antes, pero en “Antes del atardecer” parecía que a ella le gustó que se narrara el romance de “Antes del amanecer”. Claro, entiendo que en aquel momento nadie la identificaba con esa historia.

La primera conversación entre ambos, en el coche tras volver de dejar en el aeropuerto al hijo de Jesee no pinta un panorama mucho menos emocionante que lo que esta trilogía había acostumbrado a ofrecer. Hay algún trozo hasta aburrido en esta conversación. Pero casi prefiero esa charla rutinaria que no la reacción que ella tiene, que será el conflicto principal entre los dos. Quizás puedo proyectar demasiado de mis discusiones de pareja al escuchar cómo ella toma un comentario en un acto comunicativo que él hace, planteando una idea, como si él quisiera sabotear su carrera profesional.

Puedo entender que el momento en el que él comenta la idea de mudarse a EEUU la dice en un momento que le impide a ella disfrutar de la recién recibida noticia del puesto de trabajo de sus sueños. Pero no dejo de empatizar con él cuando le expone los sacrificios que hace. Cómo su vida orbita entorno a esa familia. Por otro lado se expone también la problemática de las profesiones vocacionales, asociadas con la genialidad. En virtud de la cual el debe poder permitirse trabajar horas y horas en sus libros mientras ella tiene que cargar con un trabajo de oficia a tiempo completo y además invertir esfuerzo en ordenar la casa.

Me resulta absolutamente devastadora la idea de que el único periodo en el que realmente uno es libre es el que pasa entre que se independiza de sus padres y tiene hijos. Me resultan poco interesantes, porque no entiendo el rumbo que llevan, las charlas que tienen con las otras personas en la casa del escritor mayor. Ahí se ponen en diálogo la visión que tienen de la pareja personas en distintos momentos vitales. Pero es gente cuya historia no me interesa demasiado. Además a nuestros protagonistas ya se les ha prendido un incendio que se irá de madre en la habitación del hotel; tengo todo el rato la urgencia de abandonar esa mesa…

Aunque el final de la película nos permite abandonar la sala con una media sonrisa, lo cierto es que se han dicho cosas muy graves unos minutos antes. También hay una mirada que reconozco como masculina en tratar de quitar hierro al asunto con un juego divertido. Entiendo perfectamente que él quiera pasar una noche agradable con la mujer que ama. Pero tengo la sensación de que no deja de ser el retrato de un hombre que consigue apaciguar a una mujer desquiciada.

Como la naturalidad es algo que siempre elogiamos de esta trilogía no quiero dejar de señalar cómo se trata la desnudez del pecho de ella. Los encuadres se mantienen impertérritos ante sus senos. Algo que, cuando en otras películas no ocurre, llama poderosamente la atención. Pero es que además la película se desprende de las manidas actitudes de los desnudos de Hollywood. Acciones como taparse con una sábana o extraños pudores para estar en compañía de gente con la que se supone que hay confianza. Aquí se permite discutir con el pecho al aire, hablar por teléfono con naturalidad. Hacerlo además en momentos del todo descargados de erotismo.