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domingo, 15 de febrero de 2026

DOMINGO DE CARNAVAL

Dir.: Edgar Neville
1945
83 min.

Es una película policiaca en la que con frecuencia se abandona la trama de intriga. Me ha hecho pensar en este sentido las palabras elogiosas que Albert Serra le dedicaba a “El sueño eterno”: la modernidad de una película que muestra casi desprecio por su hilo conductor.

Fernando Fernán Gómez debería ser el protagonista de la película: es el detective que investiga el asesinato. Sin embargo Conchita Montes en su noble tarea de liberar a su padre de una injusta prisión preventiva, es la que acapara más minutos. Hasta tal punto que Fernán Gómez pasa varios minutos sin aparecer en cámara mientras Nieves, el personaje de Conchita, hace sus propias averiguaciones en un abarrotado baile de máscaras.

Lo mejor que tiene la película es su imaginería, de eso no hay duda. Aunque los elementos de cine negro se ejecutan aquí sin sonrojo. Los diálogos siguen esta rapidez y mordacidad de sus homólogos estadounidenses. La primera vez que el detective entra a la escena del crimen va acompañado de un hombre gordísimo al que le gusta jugar a resolver crímenes. Ahí se dice:

— ¿Quiere que le deje solo? Lo decía como soy vecino, a lo mejor quiere incluirme entre los sospechosos.

— Puedo incluirlo aunque se quede. ¿Es usted el autor del crimen?

— No. Creo que no.

— Haga usted memoria.

Nieves como femme fatale resulta muy sorprendente. La manera en la que se deja seducir por el detective y que ella seduce a un hombre en el baile de máscaras… Una chulería al hablar, un dejar caer la cabeza, una barbilla perfiladísima, un dejar la boca abierta al final de cada frase, un ingenio en sus diálogos. Es una maravilla. Resulta extrañísimo que una película de la época franquista un personaje protagonista positivo sea tan libertina. Una escena en la que además se estiliza, en cierto sentido, la ebriedad. Resulta curioso que nunca digan que están borrachas sino mareadas.

Se permite incluso dar un susto al espectador. En un momento en el que ella denota gran inciativa y valor, entra a la casa de la víctima. En ese momento ella se ilumina con una vela. Es muy bonito ver que en vez de meter una lámpara en la mano de ella, como Hitchcock, un iluminador se dedica a seguirla con un foco; en ocasiones quedando éste rezagado. Esta escena termina con la visión de un muñeco tan tétrico como se pueda imaginar moviendo por sí mismo la cabeza para dirigir su mirada hacia ella.

Hablemos de las máscaras. Aunque el baile de máscaras en el teatro es una escena espectacular (me encantan las voces chillonas que repiten: ¡que no me conoces!), hay un momento en el que el que el juego de espías está llegando a su fin y todo el mundo se mueve con menos cautela. Tenemos a los dos malhechores con unas máscaras de cerdo y de muerte que generan dos villanos maravillosos. Es una gozada cómo la cámara dedica planos a las máscaras de todo el mundo que está bailando en el cerro de San Isidro. Dada la importancia actual del folk horror, lo que aquí vemos de repente resulta premonitorio.

Es muy divertido que a Nieves la transporten en una cama, seguida por una comparsa. La llevan con una máscara aprovechando en entierro de la sardina. Pero la imagen de toda esa gente caminando por los terraplenes de Madrid, música, los disfraces… Una gozada.


viernes, 10 de junio de 2022

LA TORRE DE LOS SIETE JOROBADOS

Dir.: Edgar Neville
1944
81 min.

Un título absolutamente propio de la literatura gótica. Pero hay un problema: está ambientado en Madrid. ¿Qué torre inescrutable hay en Madrid que pueda albergar todos los misterios que requiere la trama? Ninguna. Solución: hacer la torre subterránea. Me parece bien; ya que asumimos el género de esa manera, hagámoslo bien. Tampoco tengo pegas con que diga siete jorobados. ¡Son muchos más! Pero el haberle puesto un número sugiere un misterio o una organización secreta… Como digo, todo concuerda con el género.

Con respecto al argumento sorprende que se aleje de la crudeza de las historias a las que nos tiene acostumbrados el cine español de la época. Tenemos un tipo que sufre por no ser capaz de invitar a cenar a la chica que le gusta y a su madre con el único duro que le queda. Por la aparición de un ser de ultratumba que ve el futuro, consigue enriquecerse apostando en la ruleta. ¡Esto es algo inaudito! Consigue el dinero con moralidad dudosa, haciendo trampas en juegos de azar, y la película no le castiga. Conserva el dinero, no peca de avaricia, es buen hombre… Yo esperaba que toda la película consistiera en condenarle porque no se puede conseguir nada en esta vida que no se merezca.

La parte propiamente de misterio está bien, pero sin nada particularmente interesante. Es divertido que el tipo se cruce continuamente con jorobados (de actuaciones más que correctas, todo hay que decirlo). Hay una escena en la que se traduce un jeroglífico… elementos tópicos que no aportan nada. Hay incluso una escena de hipnotismo.

Lo que es impresionante es cuando por fin se rebela la sociedad secreta de falsificadores de billetes jorobados que viven en una antigua ciudad judía subterránea. Las escaleras de acceso son impresionantes. El efecto es maravilloso. Por lo poco espectacular de todo lo anterior esta imagen es potentísima. Habíamos tenido escenarios convencionales y de repente ese pozo gigante. Pero eso no es todo porque tras el pozo está la ciudad. Es cierto que todo luce bastante de cartón, pero es impresionante. Por otro lado, lo que se construye es gigante. No sabría decir cuántos decorados distintos conforman la ciudad.

En esta ciudad encontramos al personaje más maravilloso de la película y que he visto en mucho tiempo en el cine. Se trata del tópico de un sabio que vive en su mundo si enterarse de nada. Es un arqueólogo que canta, que le gusta recibir visitas, que no despega la vista de su trabajo. Un tipo mayor, delgado, de barba y bigote graciosos… Cua, cua, cua. Principios del XIV finales del XIII. Cua, cua, cua. O sea que esto ya lo tenían los judíos, en Madrid. Todo él es caricaturesco, pero la interpretación de Antonio Riquelme es perfecta.

El final llega de forma bastante abrupta, desde dentro de la ciudad secreta dinamitan todos los túneles y se entiende que muere el jorobado parece que mandaba en ese lugar. La explosión es otro despliegue de medios. En el mismo pozo cuyo tamaño nos había impresionado antes empiezan a caer vigas, tuberías, agua y varios estropicios cuya escala con respecto a la escena entendemos mal, pero ello no hace sino aumentar la fascinación por lo que estamos viendo.

Con respecto a la aparición fantasmal del hombre con monóculo opaco, capa, cicatriz en el cuello y chistera. El efecto en el espejo no es particularmente llamativo, pero está bien hecho y entiendo que se quiera hacer gala de esta capacidad. Me gusta que no se desarrolle mucho la parte en la que el protagonista no termina de aceptar el hecho sobrenatural. Me parece inesperado y ocurrente que se aparezca Napoleón porque alguien está haciendo una suerte de güija y no sabe dónde tiene que aparecerse.

La interpretación del actor protagonista, Antonio Casal, sin ser sobresaliente, es bastante mejor que la que vimos en el endeble papel de “El hombre que se quiso matar (1942)”.