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viernes, 2 de octubre de 2026

LA BOLA NEGRA

Dir.: Los Javis
2026
158 min.

Masculina; como sería de esperar de Lorca o de los Javis. Épicamente masculina en ocasiones. El cuerpo desnudo del republicano homosexual ex-mimebro de La Barraca me recuerda al desnudo que le provocó la stendhalía a Almodóvar, reflejado en “Dolor y gloria”. Esa escena abrumadora en la que Sebastián trepa a San Sebastián, imponente, de piedra, caído y coronando una montaña de escombros. Armado con solo una trompeta.

Hay una labor de dirección de actores muy sutil diseñando el personaje de Sebastián como apocado. Permitiendo que las dotes interpretativas de Guitarricadelafuente nunca queden en evidencia. La interpretación resultante tiene muchísima fuerza. Queda explicitado alguna vez: su altura y sus pestañas hacen mucho del trabajo que se puede evitar hacer él. Un poco de caída de mirada, un poco de iluminación para marcar sus facciones y se consigue ese rostro rellenando la pantalla con tanta potencia.

Creo que con un resultado bastante peor se ha intentado algo parecido con la timidez de Carlos, el homosexual que quiere entrar al casino. En todas sus escenas es donde la película se permite abrazar con más fuerza lo etéreo, la poesía. De esa forma él es más un guía a través de lo que ocurre más que un personaje realmente. Casi un espectador su propia historia. Lo cual es muy llamativo, porque tiene una familia de actorazos a su alrededor. Antonio de la Torre con un papel potente pero breve. Quizás ni siquiera muy interesante. Más estereotípico que otra cosa. Pero un rostro, una voz y una potencia que nada tiene que ver con el apocamiento de su hijo. Su hermana, su madre… Todos en esa casa granadina tienen una fuerza en sus voluntades que chocan mucho con lo poca cosa que es ese chico.

En este plano de realidad tenemos también una escena que, aunque con recursos fáciles, me ha encantado. Como queriendo gritar al jurado de los premios Oscar que se encuentran ante una película española. Me refiero a ese canto gitano flamenco en un bar. En el que Carlos hace un baile muy etílico, fumando, bailando con la cámara y el humo. Algo que recuerda a las sonoridades y el baile que tenía “La guitarra flamenca de Yerai Cortés (2024)”. Alejado de la fuerza recia del flamenco que Antonio Gades encarna en “Bodas de Sangre (1981)”. No nos extraña ver a Raül Refree firmando la música de la película.

Lamentablemente Carlos tendrá también esta escena de la nieve. La más poética de la película. Está bien; creo que hay mucha belleza en esos esquiadores que aparecen de entre la niebla. Pero no es una escena que se sostenga con tanta fuerza como para alargarla durante tantos minutos. Sobre todo para que el montaje nos saque de ahí y vuelva a apelar a ella machaconamente. La ejecución es endeble, no se está construyendo nada particularmente poderoso y no vemos más que cómo vuelve a aparecer ese ámbito místico en el que se dicen tópicos de la reivindicación identitaria.

Cuanto tiene que ver con la Guerra Civil la verdad es que me apela mucho. Me emociona la voz delicada que empieza cantando “Soldadito español” y que después se convertirá en ese estruendoroso coro masculino. Esa forma en la que a Sebastián le da igual en qué bando estar. Cómo se bombardea un pueblo del bando fascista por error. Cómo grita un Arriba España para demostrar a qué bando pertenece. La manera en la que tratar de salvar una obra de Lorca en realidad solo consiguió que se perdiera durante muchos años. Me parece incluso emocionante ver a Albert Pla, ese ser caótico actuar con seriedad. Haciendo un personaje que podría ser anodino. No tiene nada caracterísitico. Pero ver a su actor comportándose así le da muchísima fuerza.

El retrato que se hace de Lorca es muy emocionante. Es imposible ver a ese retrato de candidez absoluta, sencillez en la palabra, dulzura absoluta, y no acordarse de los textos de sus contemporáneos, particularmente Buñuel, que hablaban de la luz que Federico desprendía. Es una delicia la primera vez que le vemos. Con un blanco y negro de alto contraste. De espaldas a la cámara. Con una mano diestra ligera como una pluma. Atrayendo las miradas de su audiencia. Su forma de hablar no deja de recordarme a las entrevistas de Antonio Gala, pero sin darse la rimbombancia que él hacía.

¡Y qué emoción ver a Penélope Cruz en ese papel! ¡Qué fuerza! ¡Qué pecho! ¡Qué forma de seducir al público! Cómo hace a dos militares fascistas interpretar una escena homosexual. Qué atención hasta el último de los detalles de lo que ocurre en escena. Qué belleza cómo identifica la homosexualidad de Sebastián. La dulzura con la que se lo lleva a su habitación. Con qué nostalgia habla de un Madrid de una libertad suma. Qué emoción oír la lista de coristas de aquellos años. Esa fuerza reivindicadora de libertad. Espetándole a nuestras democracias actuales que las libertades que ellas abanderan ya se reclamaban desde hace tantas décadas. En Madrid vivíamos en pecado mortal.

En cuanto a la historia más actual en general me causa algo de pereza. Lola Dueñas hace un papel maravilloso. Pero su personaje y la relación que tiene con su hijo me da mucha pereza. Me parece que es la típica familia desestructurada que ya hemos visto innumerables veces en el cine actual. Para más inri perpetuando la imagen de persona queer que nace de un entorno complicado y que es incapaz de llevar una relación sana con su pareja actual. También me harta un poco ver aparecer a ese último hombre homosexual que adquiere la casa de Sebastián. Por argumento es lógico que aparezca ese personaje para dar cierre a la vida y a la historia. Pero no puedo más que incrementar mentalmente el contador de personas homosexuales en la película.


viernes, 24 de julio de 2026

LA HORA INCÓGNITA

Dir.: Mariano Ozores
1964
100 min.

Una muy buena ejecución de la películas de terror nuclear. Con esa atmósfera de las películas de serie B estadounidenses en las que la humanidad está por desaparecer. Cómo los humanos se comportan en sus últimos momentos de vida, cuando la sociedad ya no importa. Recordemos esos coches volcados en llamas mientras la ciudad está totalmente militarizada, con camiones que la abandonan. La ejecución es muy buena, como digo, pero además plantea algunas reflexiones interesantes.

Se nos muestra un grupo de personas que a costa de una muerte segura, se quedan en una ciudad que va a ser arrasada por un misil nuclear en un par de horas. Lo primero interesante que se nos enseña es que quien tiene intereses en estar solo, escondido de todos los demás, solo lo puede hacer por motivos innobles. Así los personajes seleccionados son un borracho, un fugitivo de la justicia, un ratero, un policía obsesionado con atraparlo, una pareja de adúlteros, unas cotillas deseosas de violar la privacidad ajena, un hombre cojo y huraño, un suicida pusilánime…

Visto con los ojos de hoy es muy llamativo que entre toda esa gente aparezcan los dos amantes. Hasta tal punto llega su vergüenza por lo que van a hacer que ella le pide al meterse en la cama que apague la luz. Uno se pregunta qué repercusión tendrá su acción dado que los dos van a morir dejando a sus respectivos matrimonios viudos. Pero en la época el sentido de la moral y de la culpa está tan desarrollado que no es posible plantearse este tipo de relatividades.

Esto se resume en la frase que dice el cura, un joven Fernando Rey. En un mundo donde las personas han perdido el miedo a Dios deben temer a otras personas. Ninguno de los que están ahí deciden encomendarse a Dios. Nadie quiere una última confesión. Sí hay una especie de momento religioso en el que todos quedan callados oyendo cómo cae el misil, pero no hay un discurso católico esperable de una película en época franquista. Ya no es Dios quien nos juzga, son nuestros vecinos. Y no es Dios quien nos traerá el Apocalipsis, sino las armas de destrucción masiva.

Todos los actores son muy buenos. La pareja de los hermanos Ozores es una gozada en pantalla. Qué simpático me cae Antonio Ozores, qué elegancia con su chaqueta, guantes y pañuelo blanco. Qué buen dúo forma con el recién conocido alcohólico José Luis Ozores. Una borrachera que, a pesar de no ser nada discreta no provoca hartazgo. Algo meritorio porque acumula muchos minutos en pantalla. Qué bien actúa y qué guapo, qué carisma el asesino fugitivo Carlos Estrada.

Cómo me ha gustado el anciano Enrique Vilches. Sin hacer un personaje senil. Es cierto que su problemática hoy no nos genera mucha empatía: es un hombre que se siente despreciado en su casa. Se pone a sí y a otros como excusa que no abandonará la ciudad sin su gato. Aquí la cámara hace un juego muy bonito en el que le seguimos por las calles vacías mientras gatos cruzan en plano por un tejado o un rincón. Es un momento muy bonito porque aún no sabemos bien qué está ocurriendo. Es una aparición casi mágica, con su andar lento y corto.

El final es sorprendentemente definitivo. Pero percibir que estaba ante una película que ha pasado por las manos censoras, no me permitían sentir que cualquier escenario fuera posible. Me parecía inconcebible que se nos expusiera a algo realmente valiente. Esos minutos anteriores al impacto me resultan un poco inaguantables porque daba por hecho que alguna salida hallarían y que probablemente me resultaría decepcionante. Supongo que este final se consigue simplemente diseñando a personajes que merecieran la muerte.


domingo, 15 de febrero de 2026

DOMINGO DE CARNAVAL

Dir.: Edgar Neville
1945
83 min.

Es una película policiaca en la que con frecuencia se abandona la trama de intriga. Me ha hecho pensar en este sentido las palabras elogiosas que Albert Serra le dedicaba a “El sueño eterno”: la modernidad de una película que muestra casi desprecio por su hilo conductor.

Fernando Fernán Gómez debería ser el protagonista de la película: es el detective que investiga el asesinato. Sin embargo Conchita Montes en su noble tarea de liberar a su padre de una injusta prisión preventiva, es la que acapara más minutos. Hasta tal punto que Fernán Gómez pasa varios minutos sin aparecer en cámara mientras Nieves, el personaje de Conchita, hace sus propias averiguaciones en un abarrotado baile de máscaras.

Lo mejor que tiene la película es su imaginería, de eso no hay duda. Aunque los elementos de cine negro se ejecutan aquí sin sonrojo. Los diálogos siguen esta rapidez y mordacidad de sus homólogos estadounidenses. La primera vez que el detective entra a la escena del crimen va acompañado de un hombre gordísimo al que le gusta jugar a resolver crímenes. Ahí se dice:

— ¿Quiere que le deje solo? Lo decía como soy vecino, a lo mejor quiere incluirme entre los sospechosos.

— Puedo incluirlo aunque se quede. ¿Es usted el autor del crimen?

— No. Creo que no.

— Haga usted memoria.

Nieves como femme fatale resulta muy sorprendente. La manera en la que se deja seducir por el detective y que ella seduce a un hombre en el baile de máscaras… Una chulería al hablar, un dejar caer la cabeza, una barbilla perfiladísima, un dejar la boca abierta al final de cada frase, un ingenio en sus diálogos. Es una maravilla. Resulta extrañísimo que una película de la época franquista un personaje protagonista positivo sea tan libertina. Una escena en la que además se estiliza, en cierto sentido, la ebriedad. Resulta curioso que nunca digan que están borrachas sino mareadas.

Se permite incluso dar un susto al espectador. En un momento en el que ella denota gran inciativa y valor, entra a la casa de la víctima. En ese momento ella se ilumina con una vela. Es muy bonito ver que en vez de meter una lámpara en la mano de ella, como Hitchcock, un iluminador se dedica a seguirla con un foco; en ocasiones quedando éste rezagado. Esta escena termina con la visión de un muñeco tan tétrico como se pueda imaginar moviendo por sí mismo la cabeza para dirigir su mirada hacia ella.

Hablemos de las máscaras. Aunque el baile de máscaras en el teatro es una escena espectacular (me encantan las voces chillonas que repiten: ¡que no me conoces!), hay un momento en el que el que el juego de espías está llegando a su fin y todo el mundo se mueve con menos cautela. Tenemos a los dos malhechores con unas máscaras de cerdo y de muerte que generan dos villanos maravillosos. Es una gozada cómo la cámara dedica planos a las máscaras de todo el mundo que está bailando en el cerro de San Isidro. Dada la importancia actual del folk horror, lo que aquí vemos de repente resulta premonitorio.

Es muy divertido que a Nieves la transporten en una cama, seguida por una comparsa. La llevan con una máscara aprovechando en entierro de la sardina. Pero la imagen de toda esa gente caminando por los terraplenes de Madrid, música, los disfraces… Una gozada.


viernes, 2 de enero de 2026

DEPRISA, DEPRISA

Dir.: Carlos Saura
1981
98 min.

No siempre ocurre en el cine quinqui, pero aquí se trata a los protagonistas con muchísimo cariño. Eloy de la Iglesia trata a sus delincuentes con algo de compasión a la vez que trata de convertirlos en anti-héroes. Pero Saura creará una historia de amor bonita, creíble y sin tratar de crear una épica a su alrededor. Sin darnos un contexto social que nos permita buscar traumas a estos chicos que justifiquen sus acciones. De hecho no se oculta el malestar que causa la oleada de delincuencia de aquellos años. Oímos cómo la gente expresa sus protestas en ese telediario presentado por Matías Prats. Sí, tenemos las barriadas del Sur de Madrid. Pero ni se nos explica la pobreza de sus familias, ni siquiera la droga es una adicción trágica. Han elegido esa vida. Y si algo se nos dice para que entendamos sus motivaciones es la declaración que el protagonista le hará a su novia: Estaremos juntos siempre. Lo juro por mi libertad.

Hacen una pareja estupenda. Ese diálogo en el que él la invita a salir tan pronto como ella termine de trabajar, esas miradas, esa chulería él, esa frialdad ella. Me encantan esos ojos. Es guapísima ella y tan feo él… Resulta alucinante que Berta Socuéllamos sólo hiciera esta película. Me gusta mucho ese papel de hombre proveedor que adquiere él. Con una sola palabra de su novia, que tras la euforia de un atraco que ha salido bien dice que quiere ir al mar, él se lo toma como una misión y en una noche completa por carreteras nacionales que alargan un viaje que hoy se haría en unas pocas horas por autopista y cuando ella se despierta con el clarear de la mañana, lo tiene a sus pies.

En relación a ella también hay algo no del todo usual en este género. Y es que se la reconoce su parte de heroísmo, o por lo menos individualidad. Es muy habitual que se establezca el delincuente que va a ser el cabecilla de todo. Esta película no es la excepción. Pero su muerte no será la muerte de un héroe y que con eso quede la película cerrada. Aquí vemos que Ángela dejará en los últimos estertores a su novio, ya de labios céreos, y la veremos alejarse entre la gente que juega en los descampados de la barriada en la que viven. Qué bien iluminada está esta escena, qué colores casi de neón, qué verde su rostro y qué ígneo el cielo.

Ella, por supuesto, es el personaje que concentra las miradas en todos los atracos. Con un aspecto muy curioso. Una barba pintada y un bigote postizo, que entendemos que logran engañar a todas víctimas del atraco, pero siempre se dejará la oscurísima ralla del ojo pintada.

El último atraco que realizan eleva esta película a superproducción si la comparamos con los ajustados presupuestos del género quinqui. Los tiroteos con metralletas, las balas en la chapa del coche, la persecución de la policía… ¡el helicóptero! Es una escena que me gusta mucho, quizás sea un atraco totalmente convencional cinematográficamente.

Me veo venir desde muy al principio que el miembro de la banda obsesionado con quemar coches haga su principal característica su perdición. En este sentido no me interesa mucho la escena en la que lo atrapan. Pero sí me gusta la forma en la que Saura retrata su cara. Cómo queda absorto. Y, por qué no decirlo, ver arder el coche también me gusta. Me gusta incluso su componente rutinario. Cómo arroja el bidón de gasolina, cómo avanza el hilo de fuego, cuando por fin prende cómo explota el depósito de gasolina en la parte de atrás, cómo explota el motor. Estas dos explosiones son muy violentas. Ya el coche está destrozado y solo queda que las llamas lo terminen de consumir. Es fuego está estabilizado y entonces escuchamos 4 silbidos: los neumáticos reventando.

Musicalmente se elige a Los Chunguitos, Los Marismeños… Lo esperado para el género y me gusta que así sea. Para mi gusto me parece que al ser canciones tan sumamente reconocibles no terminan de generar la ambientación deseada. Es decir, “Me quedo contigo” se usará para los momentos en que la pareja tengan algo que les una fuertemente. Cuando él le presente a su familia, cuando la lleve a ver el mar… Pero desde la butaca en vez de sentirlo como un tema evocador lo sentimos como una repetición. En ese sentido me parece que sí funciona el recurso de regañar al conductor por poner siempre la misma cinta de casete. Cuando esto ocurre extradiegéticamente, nos parece menos perdonable.

Como la película es decididamente madrileña nos resulta inevitable tener siempre la mirada puesta en reconocer las zonas que transitan. Es increíble cómo es imposible reconocer la zona hoy brutalmente transformada con el Cerro del Tío Pío. Alucinante pensar que esos pisos en los que viven, rodeados de tierra y pocos adoquines, están en Madrid. Y por supuesto muy chocante esa conducción temeraria en la M-30 que nos permite ver varios metros entre la carretera y la edificación más cercana. ¡Qué vacíos parecen los letreros indicativos! Echamos en falta muchas salidas, nombres de calles y de autopistas.

No tienen muchas escenas de diálogos distendidos, pero es un espectáculo oír en esa escena en El Cerro de los Ángeles la cantidad de veces por minuto que dice demasiao. Otro momento en el que disfruto de su forma de hablar es en el primer robo. Un coche. Mientras todo el barrio se vuelca para tratar de que no se lo lleven, ellos permanecen tranquilísiamente a lo suyo. El coche se agita, ellos mirando impunemente a todo el vecindario. Apunta con la pistola, pero sin ponerse nervioso. Una actitud coherente para quien llama a preparar un atraco ir a trabajar y traspasar la garita de seguridad entrar a la oficina.


domingo, 28 de diciembre de 2025

LOS SANTOS INOCENTES

Dir.: Mario Camus
1984
103 min.

Desoladora. El sonido sucio de su banda sonora y la niebla que cubre el encinar casi nos hace pensar en la misma vida miserable que se refleja en “El caballo de Turín (2011)”. Las condiciones pésimas en las que viven podrían ser suficiente castigo. Pero lo que nos lleva los demonios, y desde luego es lo que mantiene nuestra conexión con la película, es el trato altivo y déspota de sus señoritos.

Son indelebles las escenas más humillantes. En particular aquella en la que Alfredo Landa se comporta como un perro arrastrándose por la tierra para satisfacer a su amo. Para recibir la aprobación de ese hombre que le somete. El desdén se magnifica al darnos cuenta de que la explotación de ese hombre, lo que le provoca una lesión en la pierna de por vida, no está enfocado a su explotación para el enriquecimiento de sus amos. Es todo tan frívolo que la obsesión del señorito Iván es la caza. No son sus negocios, es un simple pavoneo delante de los otros ricos.

Muy afilado es el momento en el que, tras haber visto la España más tradicionalista, con nobleza acompañada de su propio clérigo (gordo, por supuesto), tontear con un ministro que por ahí pasaba (imposible no recordar la película de tono radicalmente distinto “La escopeta nacional (1978)”), aún se atreve de mostrar a un burócrata francés lo muy avanzado que está el país. Para ello llama a tres sirvientes debidamente amaestrados y les hace escribir en un cuaderno sus nombres. Con este espectáculo degradante el señorito cree mostrar un imagen limpia de la servidumbre en el campo español.

La película busca ser hiriente con sus villanos y lo será continuamente. Pero nunca será algo soez. Quizás a quien peor trate la película será la señora marquesa. Ella que tiene esa altanería al saludar en el balcón, que al dirigirse a Régula (su queridísima sirvienta) pregunta con más interés por sus cerdos que por su familia. Me gusta mucho el contraste entre la alegría del servicio comiendo y cantando juntos celebrando la primera comunión del menor de la familia noble al contraponerla con el letargo que se vive dentro de la casa.

La cámara tiene muchos momentos de grandísima habilidad. Por ejemplo en la escena que acabo de mencionar, la silenciosa comida de los ricos, tiene una forma muy elegante de recorrer sus torsos. Su mayor esplendor es el famoso vuelo del cuervo desde el campanario hasta el hombro de Francisco Rabal. Hay que reconocer que ese plano es mágico. Su hubiéramos leído ese fenómeno sobre el papel difícilmente se habría conseguido el efecto que produce ver en un único plano al animal obedecer de esa manera tan elegante a su amo. Entiendo que lo que ocurre ante la cámara no es milagroso, que simplemente se necesita un pájaro, un hombro y paciencia; pero el resultado es poderosísimo.

Me gusta que aunque se dibuje a un personaje tierno, no se haga la clase de construcción mágica al estilo de Víctor Erice. A Azarías le gusta cuidar de quien es más desfavorecido que él. Pero nunca se dota a la niña chica de conexiones trascendentes. Más que una conexión con los elementos más puros del alma se acerca más a una endemoniada con esos atronadores gritos con los que rompe la noche. Recordemos esa primera escena en la que ella se desgañita impidiendo cualquier tipo de intimidad a sus padres.

El rostro pesado de Terele Pávez interpretando a Régula es expresivo a más no poder. Trasmite una desidia total por la vida que les ha tocado vivir. Con sueños de una vida mejor para sus hijos. Qué terrible es ese momento en el que escucha todo lo que su señorito le manda y responde: para eso estamos. Esa es su repuesta para todo lo que le manden a ella, pero cuando se entera de que su hija no podrá ir a la escuela, adivina que no podrá salir de la miseria que ellos han vivido… Eso es terrible.

La inmoralidad de la alta clase quizás no provoca el escándalo que podría. Entiendo el contraste que se pretende señalar entre su compromiso con la imagen pública y a su vez tener toda clase de traiciones y de indecencias. Este lío de faldas ayuda a construir un personaje resentido que se dirige al servicio siempre con la fusta en mano. Por otro lado nos permite odiar con más fuerza al niño consentido, al señorito Iván. Pero tras haber visto “El desencanto (1976)” el pedestal de la nobleza ya está demasiado minado como para que lo de aquí tenga efecto.

Por reconocer el cortijo como una administración de la tierra tan netamente española uno se siente muy apelado por las imágenes que aquí vemos. Me resulta doloroso ver el país que éramos. Igualmente uno se pregunta por qué esta imaginería la tenemos tan asociada a lo rural de otra época. El mismo tipo de miseria absolutamente atrasada que veíamos en “Las Hurdes (Tierra sin pan) (1933)”. Es inevitable pensar qué clase de explotaciones no se darán hoy con los temporeros que tienen que convivir unos pocos meses con sus patrones.


viernes, 12 de diciembre de 2025

LOS DOMINGOS

Dir.: Alauda Ruiz de Azúa
2025
110 min.

No me gusta percibir la fotografía de colores apagados y luces blandas que asocio a las producciones de Movistar. Tampoco me gustan los encuadres reducidos de los que gusta el cine español cuando de hablar de dramas familiares se trata. Me parece que el fotograma se llena de paredes y me resulta incómodo seguir la acción a través de los huecos verticales que dejan los marcos de las puertas.

El planteamiento del conflicto es interesante. Es decir: están diseñadas las posturas de los personajes para ser complejas. Es verdad que en el diálogo sentimos que hay una cierta simpleza. Parece que todos los personajes tienen muy claro cuál es el papel que tienen que representar en el conflicto. En particular pienso que no tiene la habilidad de “Creatura”. Cuando vemos al padre tremendamente enfadado por enterarse de que su hija había yacido con un chico en su casa el discurso no diré estereotipado, pero no tiene una redacción particularmente habilidosa.

Quizás lo que está escrito con más precisión de la película, y aún así el texto creo que palidece ante la interpretación de la actriz protagonista, es la conversación en la que Ainara le explica a su tía lo que siente por Dios. Me gusta que desde el primer momento se adopte este lenguaje que se reconoce tan fuertemente de la experiencia religiosa católica. Que se apele a la felicidad, a la plenitud… Esta clase de valores que la sociedad seglar no sólo es que no adopte, sino que tiende a rechazar. Me parece también muy ajustado cómo la tía llama a lo que Aitana siente enamoramiento. Por cómo la película trata a este personaje, entiendo que es la primera de tantas muestra de incompresión. Pero me parece un término bastante quirúrgico como para usarlo tan pronto como se escucha estas dudas por primera vez.

Hay un movimiento muy sibilino para el público católico. No creo que la película esté hecha para atraer particularmente a este sector de la población, pero comercialmente es el público que va a apelar con fuerza por su continua demanda de la falta de estas temáticas en el cine en general y en el cine español en particular. Me refiero al hecho de que la persona que se opone a que entre a la orden sea su tía. Es decir, su padre nunca se opondrá a ello. No se pone a un padre ejemplar, esto es claro. Pero la hija nunca tendrá que enfrentar a su padre, lo que creo que habría sido problemático.

La figura del padre la verdad es perversa. No se opone a que ella entre al convento, pero tampoco la apoya particularmente. No se duda de su amor, lo que haría saltar las alarmas del público católico. De hecho ese último abrazo que le da a su hija, ya con el hábito puesto es el que desde la butaca nos exprime las fibras sensibles para que rompamos en llanto. Pero él es, en general egoísta. Si acepta que su hija se meta en el convento es porque le quita problemas a los que no se quiere enfrentar, como una hija de 17 años que tiene relaciones sexuales con otros chicos, o, el problema de fondo, tener que mantenerla.

Enfrentada frontalmente tenemos un personaje que, desde un espectador escéptico con el catolicismo, resulta muy incómodo. Es la única que defiende que es mejor que Ainara no vaya al convento. Y también lo defenderá por motivos ciertamente egoístas. Los argumentos que expone son los razonables y estamos en general de acuerdo con lo que oímos. Pero percibimos que es un personaje tan perverso, tan desengañado, tan desconfiado… Da rabia que el personaje con el que uno, en principio, debería identificarse sea tan oscuro. Nos genera además rechazo extra por cómo trata su pobre marido. Ese argentino de mente abierta, simpático, cumplidor… Escucha a Ainara. No es particularmente abnegado, cae muy bien. Y tiene que aguantar a alguien siempre tan al borde del desquicie…

Me parece interesante la postura de la tía porque es muy fácil sentir la identificación con el discurso de quienes dicen aceptar identidades sexuales diversas. Desde el primer momento que ella dice Yo respeto entendemos que su relación con lo eclesial es irreconciliable. Asume la pederastia como inherente a los curas…

Y hablemos ahora del enfrentamiento más tenso de la película. Aquel que mantiene la tía con la madre superiora. Este personaje la verdad es que es alucinante. Parece increíble que no sea una monja de verdad. Esa sonrisa perversa de los religiosos contemplativos. Esa alegría tan poco identificable como humana. Esos perdones tan dados desde zonas que parecen obviar cualquier traza de psicología. Esa frase tan desagradable de oír cuando Ainara dice que quiere contarle que se ha besado con un chico, entonces ella dice: me alegra mucho. Con un tono de voz que nadie identificaría como alegría humana.

Qué bien el detalle de que cuando Ainara por fin encuentra a esta persona que la entiende plenamente, su guía espiritual, un personaje con quien podría empatizar el espectador, al que casi podría admirar, que antes de dejarnos embelesar ella no desaproveche la oportunidad de recordar el autoexamen de pureza casta que deben llevar los religiosos. Que si se quiere asumir eso como positivo, que esté en manos del espectador, pero que no se olvide que aquí el catolicismo viene con una carga muy importante de cosas nada fáciles de asumir.

Tampoco se esconderá la fealdad de las celdas del convento. ¡Qué terrible esa imagen de cristo al final del pasillo! ¡Qué desolación el voto de pobreza hasta el punto de pasarse semanas sin pasta de dientes! A la vez qué sensación de vacío con esa frase de rogar a Dios por los inspectores de hacienda. Casi como si desde dentro del convento los acontecimientos del mundo a los que se ven expuestas sean tan limitados que solo puedan acordarse casi de un inventario de las cosas que hay fuera de los muros.


viernes, 17 de octubre de 2025

LA ZARPA

Dir.: Narciso Ibáñez Serrador
1967
45 min.

La puesta en escena es muy teatral, pero tiene algunas secuencias con recursos propiamente cinematográficos. La más llamativa es, claramente, aquella en la que se descubre un hombre ahorcado en una habitación. La cámara adopta un picado muy distinto al resto de los valores de plano que habíamos visto antes. En el cambio de plano se revelan los pies del cuerpo colgando y descubrimos que la cámara estaba posicionada en los ojos del muerto.

De alguna manera da la sensación de que todo lo de esta película lo hemos visto ya en otra parte, pero no resulta sencillo pensar en los ejemplos concretos. El recurso añejo tantas veces elogiado de sugerir en vez de mostrar en este caso tiene una justificación por los medios. Es decir: la imagen horripilante que se nos obliga a imaginar es la de un cuerpo con autonomía motora y cuya mitad superior ha quedado destrozada por aplastamiento. Por la limitación de producción es evidente que no vamos a ver nunca tan grotesca imagen. Así que como espectador, me coloca en una posición muy cómoda, sin ponerme en tensión por lo que pueda aparecer en pantalla.

En cuanto a las interpretaciones en general están muy bien. Quizás sea por lo poco naturalista de toda la película. La mayoría de los personajes tienen un tono más profundo de la vitalidad de Manuel Galiana, que interpreta a Ricardo, el hijo del anciano matrimonio. Es una voz juvenil, supongo que haciendo más terrible su muerte. Parece una voz casi propia de un actor de doblaje.

De alguna manera el interior de la casa, que tan obviamente se identifica como un plató, me permite aceptar que estén en Inglaterra. A la vez consigue gran fuerza para los planos del exterior de la casa. En particular me refiero al barro que atraviesa el muerto viviente y sobre el que yace al final la zarpa de mono.


sábado, 27 de septiembre de 2025

SEIS DÍAS CORRIENTES

Dir.: Neus Ballús
2021
85 min.

El título de la película y la estructura episódica que plantea limitan fuertemente la duración de la narración. No se nos va a contar nada que vaya más allá de una semana. Por eso resto importancia a todo lo que aparezca en la película y que prometa ser duradero. La relación entre Valero y Mohamed sólo puede tener un resultado que yo considere definitivo: con uno de los dos fuera de la empresa. Cualquier otra información será totalmente anecdótica.

Por ejemplo cuando Valero decide ponerse a dieta. Si va a ser suficientemente tenaz, si va a ser efectiva… Es imposible que esto me importe. Por lo tanto entiendo que este elemento está ahí para sumar al patetismo que caracteriza a este hombre. Débil de espíritu y acomplejado ante cualquier superioridad. No me resulta muy cómico. Es ver a un ser infantil, cerril.

Creo que la naturalidad que busca la película no siempre se consigue. En alguna ocasión, como la conversación entre ambos compañeros en la terraza, más que realismo, pareciera que ambos actores están ahí, soltados, perdidos. Podría tener un pase si el tono de la película fuera otro. En el caso del cine de Albert Serra los actores no están más perdidos que nosotros. Aquí les vemos envueltos en una historia narrativa, que de repente les abandona.

La actuación que me parece más interesante es la de Pep. No hay que despreciar el factor de que él no habla en mi lengua natal. Esto me impide hacer un juicio tan duro como el de los otros dos personajes. Me gusta mucho la escena en la que entra en cólera porque unos azulejos están mal colocados.

Hay algún momento de la película de cierta vergüenza. Me refiero a aquel trabajo que tienen que hacer en casa de un psicoanalista argentino. La casa tiene automatizadas las persianas, el riego, la aspiradora… Nos muestran aquello como si fuera un futurismo al nivel de “Mi tío (1958)”. Pero son cosas que ya hemos visto todos en 2021, más aún si los protagonistas se dedican a este oficio. Si no fuera por esta visión arcaica de la película, me podría haber hecho gracia el final de esta escena en la que la aspiradora robotizada se escapa de la casa.

Aunque no tiene mayor repercusión, me da mucha rabia que el protagonista en la situación más precaria se vea envuelto en acontecimientos que manchan su imagen. Primero un anciano le cuenta cómo mantenerse joven y después una fotógrafa le saca unas fotos a torso desnudo. Son excusas perfectas para que su compañero prejuicioso aumente sus recelos y son acontecimientos que, inexplicablemente no le provocan un despido.

Formalmente hace los típicos juegos de enmarcar a los personajes en la arquitectura de los interiores. Lo he visto mucho, no lo explota de manera original. No me interesa.

Es elogiable y valiente que se incluyan diálogos en árabe.


viernes, 12 de septiembre de 2025

SIRAT. TRANCE EN EL DESIERTO

Dir.: Oliver Laxe
2025
114 min.

No creo ser original si señalo la fusión entre “Climax (2018)” y “Mad Max: Furia en la carretera (2015)”. El segundo paralelismo es inmediato porque la cabeza rapada de Jade Oukid a bordo de esas máquinas motorizadas nos recuerda forzosamente a Charlize Theron.

Visualmente es una gozada. Los cielos que logra son una delicia. A veces consigue que cielos azules resplandecientes tengan tonos casi amarillentos. Un color del cielo que recuerda al de “Asteroid City (2023)”. Aquí con unas arenas de tonos mucho más desaturados. Podemos señalar algún plano aéreo en el que se ve el escarpado camino que han de recorrer los vehículos en la ladera de una montaña. El cielo tiene colores magentas, grises azules… Todo con una luz suave, la ladera oscura. Las luces de los coches algo fuera de foco pero sin efecto astigmático. Esas luces que avanzan en la noche recibiendo de cara el viento polvoriento del desierto pueden recordar a los planos más abstractos de “Mandy (2018)”.

La cámara consigue encontrar patrones rítmicos en los estratos de las montañas o en las vías pulidas de un tren. El zumbido de la música es una maravilla. Su diseño sonoro exige rabiosamente que la película se vea en cine. Un sistema de sonido que permita a nuestras caja torácicas reverberar como reverbera ese desierto.

Aunque vemos que la película tontea con lo abstracto en varias ocasiones, por algún motivo difícil de definir la seguimos percibiendo como lastradamente narrativa. Por ello nos sorprende que muera su hijo. Ni siquiera la transición a la siguiente escena me permite liberarme del miedo a que todo se revierta por algún motivo. Casi más sorprendente que la muerte del hijo es que muera un perro que le acompaña. Animal con el que se nos ha forzado a empatizar llevándole a un estado crítico por haber consumido LSD.

Este miedo de la dependencia de la diégesis me impide disfrutar plenamente del final. Por un lado me parece evidente que se sostiene demasiado un estado en el espectador que trata de mantenerse solo por la música obsesiva. Lo cierto es que las imágenes rompen con esta intensidad creciente. Evidentemente los personajes que están en escena han mirado a la muerte muy de cerca. Este es el estado de trance poderoso. Después se nos lleva a un tren que no se sabe a dónde va. Puedo entender el aspecto nihilista de esto e incluso es elogiable que se apele una vez más a las vías brillantes y rítmicas. Pero desde luego no ayuda a mantener la carga de la escena que acabamos de abandonar. Me parece mucho más autocontenido y poderoso el plano que acerca más y más a los altavoces que quedan sonando solos en el desierto. Sin fuente de energía conocida. Casi como monolitos de “2001: Una odisea en el espacio (1968)”.

La escena que culmina con la explosión de Jade funciona increíblemente bien. Ver a todos ellos bailar es una maravilla. Se le da una muerte muy cruel. Sin atisbo de épica. El plano en el que la camioneta cae al vacío tiene este punto casi ridículo. Arbitrario. Hay un punto de indiferencia hacia la víctima como ocurriría con Lars von Trier y compañía. Me encanta que la víctima de la primera explosión sea el personaje con más carisma de ese grupo. Hay que decir que ninguno de ellos actúa particularmente bien, pero siempre quedan muy bien en cámara. Los planos más crueles para sus artes interpretativas son los que tienen que llorar una pérdida. Son bastante poco favorecedores.

Por supuesto nunca se llega a un punto con esa densidad. Pero el hecho de que lleguen noticias aisladas, confusas, el viento, el sonido difícil… Me ha recordado al nihilismo que se mostraba en “El caballo de Turín (2011)”. Más por la forma que por el fondo, ya que aquí sí se confía mucho en la generosidad. Hay claramente una enseñanza en el protagonista: ¿qué sentido tiene ser conservador o precavido cuando ya se ha perdido todo? Adoro, por supuesto, que llegado un momento la premisa de la película deje de mencionarse de forma tan descarada y desafiante.


viernes, 20 de junio de 2025

LOS LUNES AL SOL

Dir.: Fernando León de Aranoa
2002
113 min.

Todo el rato es magnífica. Todas las historias nos interesan. Las interpretaciones son estupendas. Incluso la del ruso, la más discreta. Nos fascina la situación de el hombre en un hogar al que no puede seguir llevando ingresos. De todos los personajes quien más representa este trauma es Luis Tosar. Ve a su mujer, la persona gracias a la cual vive como alguien a quien enfrentar. El caso paradigmático es la escena del banco. Él la acompaña por si tiene que firmar algo. Va por cumplir con la función tradicional del hombre. Cuando llega ahí se ve totalmente desbancado porque no recibe ingresos. Él no pinta nada en esa gestión de su mujer.

Por otro lado Javier Bardem representa el fracaso del sindicalismo. Enfrentado a su compañero el bizco, que ha conseguido trabajo porque le han recomendado en su empresa. Ahora se dedica a explicar a sus excompañeros que con esfuerzo se consigue un puesto de trabajo. Así llama a Javier Bardem cigarra y le dice que tome de ejemplo a Lino, que sí se esfuerza por conseguir un puesto de trabajo. El detalle que el propio bizco obvia es que el esfuerzo que él invierte de poco le sirve.

El concepto de la película está traído perfectamente. Es preciosa la conjunción del título, el cartel y las dos escenas donde Bardem hace esa pregunta de ¿Qué día es?. A todo ello le viene de perlas la música efectista y efectiva.

El dramatismo del alcoholismo de Amador culmina con la escena de su muerte. Pero creo que la escena de su casa es más poderosa. Todos ya sabíamos, como sabían en el bar, que su mujer le ha abandonado. Percibíamos claramente su alcoholismo. Pero la imagen de su casa es totalmente desoladora. Y la interpretación de Bardem, nuestro guía, es bastante comedida. El desencadenante de esa escena es el lavabo decadente. Se puede tener una casa deteriorada y sucia, toda la ciudad lo es, pero lo que es desolador y desgarrador es descubrir que Amador vive en una casa sin agua.

El papel que es más pequeño pero totalmente memorable es el del vigilante del astillero. Ya vacío. Hablo del tartamudo y con déficit mental que interpreta Fernando Tejero. Está escrito de maravilla. Está acostumbrado a la socarronería de Bardem. Por eso está todo lo despierto que puede cuando habla con él. Toda la escritura de todos los diálogos es una maravilla.


viernes, 18 de abril de 2025

FURTIVOS

Dir.: José Luis Borau
1975
99 min.

Áspera. Una España profunda, oscura. Violenta, sórdida, jerárquica. Al infantil gobernador se le trata con respeto por su cargo, sobre todo su madre, más que su séquito, que se resiste a cederle el capricho de matar al ciervo de gran cornamenta. Ella muestra cariño hacia ese hijo que desprecia. Al cazador furtivo le mostrará su desprecio sin complejos.

El personaje de Lola Gaos es de gran fiereza. La voz tomada. Seca. Ojos fríos. Se mueve por la ladera del valle con una agilidad sorprendente para su edad. Ella no es el motor de la trama, pero claramente es el personaje favorito de la película. Ella es la responsable de una de las imágenes más impactantes: todo el trato a la loba que cae en uno de los zeps de su hijo. Primero veremos gemir al animal mientras lo arrastran tirando de la cadena. Tras tenerlo varias horas debajo de la casa encadenado le dará muerte salvajemente con una azada. La escena es crudísima. El montaje es violento en oposición al gusto actual por el sadismo de las cámaras que miran la violencia impertérritas.

Tendremos más sufrimiento animal con las muertes de los ciervos. Ver caer a tan majestuoso animal delante de la cámara ya es impactante, pero verle cómo se le apaga la mirada mientras respira con dificultad sobre la tierra es duro. Toda la agonía sucia en la que Albert Serra descubría cómo se le va la vida al toro en “Tardes de soledad” es infinitamente menos poética que la mirada de este ciervo.

Esta violencia extrema nos hace pensar en “La familia de Pascual Duarte”. La arbitrariedad de la que se ejerce. La falta total de valores. Cómo Ángel deja escapar a quien le deshonra sin garantías de nada. Parece que busque acumular resentimiento para que pueda tener lugar el maltrato rencoroso a su madre. Primero nos escandaliza que quiera acostarse con su novia en el salón mientras su madre duerme en la habitación de al lado. Aquí al él le vemos como un animalillo. A ella, inesperadamente, le oímos decir la frase me estás poniendo cachonda. La escena culmina con el gravísimo momento en el que echa a su propia madre a rastras de su cama. Es una escena terrible, que la usurpadora mira desde el quicio de la puerta esperando pacientemente a que le liberan su hueco en esa cama. Para colmo la escena termina con la pareja poniéndose a lo que iban. Tal es la ceguera que la libido de él le causa.

El otro momento en el que le vemos darse a sus impulsos más bajos es cuando ella se saca los pechos divertida en mitad del bosque. La manera en la que él se arroja a ella es como si fuera un perro.

Hay muchos momentos que parecen imposibles bajo la censura. Por supuesto toda la falta de respeto a su madre. Pero también la parte erótica. Hay una alusión al vello púbico que se repetirá varias veces con los precintos de los paquetes de tabaco que ella colecciona en una lata metálica. La más grave la que introduce el componente del incesto. La madre está feliz por que se haya marchado la chica que su hijo ha traído a casa y ya puede tratar a su hijo como una madre que se asegura que la relación sea de dependencia. Hay una imagen indeleble en la que la cámara mira a través del hueco de la escalera hacia el piso de arriba donde la madre grita al hijo que sale de casa que esa chica no le quiere. Aquí ella está totalmente endiablada. Es espectacular.

Musicalmente tenemos a las Vainica Doble. Es cierto que en general no tenemos un recuerdo de la atmósfera de la película que podamos achacar particularmente a su banda sonora. Pero sí recuerdo haber percibido bastante modernidad en algunos momentos musicales. Esto viste algo las escenas. Porque el sonido es más bien frío. Pero no se da nunca el efecto de desnudez total que ocurría en algunas escenas de “Mi querida señorita (1972)”.

No llega nunca a nada particularmente grave, pero incomoda un poco vista hoy la manera en la que parece buscar excusas para colar imágenes de cuerpos desnudos femeninos perturbadoramente inmaduros. Sí, la chica en teoría es jovencísima, pero la actriz tiene 25 años en este momento. Lo podemos ver sin mayores problemas. Pero parece que no puede evitar meter la cámara brevemente en un vestuario femenino. Casi parece que la intención es dejar deslumbrada a la censura. No se recrea en ello, busca el hito de meter esos pechos pequeños en el metraje. El tropo del erotismo de chicas tan jóvenes diría que es común en el cine de la temprana transición. Permite pensar en “La prima Angélica (1974)”.


viernes, 28 de marzo de 2025

EL AMOR EN SU LUGAR

Dir.: Rodrigo Cortés
2021
103 min.

Una visión académica de “Birdman”. A aquella se le alabó el uso del plano secuencia para representar el caos de las tramoyas de un teatro, pero se le criticaba que se utilizara durante toda la película. Aquí tenemos planos secuencias cuando se recorren los pasillos del teatro y desaparece cuando nos metemos en escena. Sin embargo la película explicita el plano secuencia en su inicio. Empieza con la cámara fuera del gueto. Atraviesa de forma imposible los cables del tranvía y salta el muro. Seguiremos a la protagonista hasta que logra entrar al teatro. Ya dentro del teatro cuando por fin han terminado los títulos de crédito desaparece el plano secuencia.

A pesar de ello, los movimientos de cámara se vuelven más artificiales en esta película. Especialmente al final, según aumenta la tensión (que no es tanta como el montaje pretende) la cámara empieza a hacer acrobacias que parecen sacadas de Gaspar Noé. En general hay muchos trozos de película donde el montaje es demasiado rápido para llegar a ver a los actores.

Y digo ver por compasión. Porque entre los pasillos del teatro no se ve nada. Es algo intencionado porque la idea es dejar dos únicos lugares con luz en el helador gueto: el camerino donde hay una niña cuyo trabajo es añadir melodrama a la trama y el escenario. La luz del escenario busca que nos creamos los rótulos iniciales de la película, que nos aseguran que esos actores podían hacer olvidar al público que estaban en el gueto. Malamente nos podemos creer esto cuando el teatro es asaltado por soldados alemanes.

El caso es que por si esta idea no había quedado clara a lo largo de la película, la mujer más veterana del grupo teatral echa un discurso al público. Grita de forma desmedida que la actuación es lo que ellos son. Es una actitud que no cuadra con el descreimiento de este personaje que habíamos visto hasta entonces. Si no fuera por el drama de la huida del gueto del novio de la protagonista y su hermana pequeña, esta escena sería directamente ridícula.

Con respecto al triángulo amoroso que está montado en la compañía está el hecho de que se refleje en la propia obra, no muy interesante. Con respecto a este cruce de realidad y ficción es mucho más estimulante que en los créditos aparezca como autor de las letras quien, en la película, es el escritor de la obra de teatro que interpretan. El mismo dilema de si dejar ir a la persona a quien amas a cambio de salvar su vida me parece muy poco interesante, por lo menos en la manera frenética en la que está presentado.


viernes, 21 de febrero de 2025

LA ALDEA MALDITA

Dir.: Florián Rey
1930
58 min.

La ejecución es notable. Cuando rápidamente entra el honor como motor del argumento, me invade la pereza. Hay cosas que me gustan al respecto, como que el mayor defensor de este valor sea un hombre tan anciano y ciego. Me gusta en general la estética de este hombre. Tan oscuro; con capa y sombrero. Me resulta gracioso que los intertítulos justifiquen esta fijación por el honor con su espíritu castellano. De hecho el apellido que tanto busca conservar es: de Castilla.

El tratamiento del honor es patriarcal sin matices. Carmen Viance es la responsable de todo el honor familiar. De hecho cuando el abuelo desconfía de la clase de vida que su nuera pueda llevar en la gran ciudad (es divertido que esta metrópoli sea Segovia) lejos de su encarcelado esposo, rapta a su nieto para preservar su nombre. La película no explica cómo este hombre es capaz de cuidar al niño.

Resulta muy interesante el concepto de honra tan familiar. Cuando Pedro Larrañaga mete en su casa a la madre de su hijo, lo hace para que su padre piense que su honor ha sido conservado. A ella le prohíbe interactuar con su hijo. Ella carga con una pésima reputación en la ciudad. Su presencia en la casa se convierte en la comidilla. El único beneficiado de que ella esté ahí es su padre, que muere a gusto creyendo que el nombre de la familia está salvado.

Siempre me parece interesante ver en el cine los pueblos de esta época. En particular en la escena del éxodo por culpa de las tormentas que arruinan las cosechas hay mujeres rurales que parecen tener muchos más años de lo que la esperanza de vida nos haría esperar.

Aunque no hay nada particularmente nuevo creo que todo está grabado de manera muy correcta. Supongo que prescindiendo de la voz las actuaciones no nos parecen impostadas, o no más impostadas que lo que los códigos del cine mudo harían anticipar. Me ha gustado ver el plano de la sombra de la mano del marido oscureciendo la cara de su esposa. Casi tópico para estos años, pero nunca lo había visto en España.

El final es más amable de lo que la narrativa española acostumbra. Aunque no es emotivo. Ella, demente, canta nanas a una cuna vacía. Lo bonito del momento es que el padre tolera que su hijo vaya a abrazar a su madre. Pero este abrazo nunca se consuma.


viernes, 14 de febrero de 2025

CARMEN

Dir.: Carlos Saura
1983
102 min.

El guión a veces cae en algunos tópicos ejecutados sin ninguna inventiva y sin que construyan una trama demasiado emocionante. La idea de que en la academia de baile se repitan las dinámicas de la obra que van a representar no es muy original, pero tampoco se presenta como tal. Además, algunas enemistades se exageran desproporcionadamente. La primera vez que vemos dos personajes repetir su papel en la realidad y en la ficción es en la escena de la tabacalera. Ahí la profesora se enfrenta a Carmen (obviemos la pueril coincidencia en el nombre del personaje y de la bailarina). Lo único que atisbamos de tensión entre ambas es que la profesora le azuza en los ensayos y que la mira con resquemor porque ella quería protagonizar la obra.

Pero las escenas de baile tienen suficiente fuerza como para salvar estos defectos. El duelo entre ambas mujeres, con ambos bandos enfrentándose, arma tanto jaleo de tacones y palmas, que la puñalada, que a posteriori es evidente que sólo podía ser actuada, y el silencio repentino que al subraya cargan la escena de tal energía que yo me dejo llevar por la narración y por momentos compro esta muerte. Lo que ya no me gusta tanto, y me hace repudiar ligeramente lo que antes me había encandilado es la explicitud con la muestra cómo se levanta la actriz apuñalada, como queriendo aclarar una incertidumbre que ningún espectador tenía. Ya se había hecho evidente al ver que el ensayo acababa; pero es que aún antes, al ver que el resto de integrantes de la obra seguían actuando, esa información ya había sido transmitida.

En cualquier caso. ¡Qué escena! Aparte de la algarabía de mujeres que mencionaba antes, la manera en la que irrumpen los hombres en escena es apabullante. En una formación simétrica. Con paso equino avanzando frente a la cámara, una composición espacial imposible en un escenario real. Con todo el silencio que reina en ese momento tiene enorme fuerza que el ritmo de sus pasos suene cuando levantan la rodilla y no cuando pisan el suelo. Precioso.

Me gusta cuando Antonio Gades está enseñando a su Carmen a andar con fuerza hacia el espejo. La cámara está frente al escenario. Detrás del guitarrista. Está sobre un traveling. De esta manera puede seguir la caída de Carmen al mismo ritmo que su cuerpo va contando los innumerables tiempos. Esos gritos en el estudio… Claro, no me gusta tanto cuando parecen olvidar la técnica para preguntarse qué le pasa… que por qué no se cree el personaje… Esos diálogos ya los he visto y en películas más melodramáticas donde tienen mejor acogida.

El duelo a garrotazos es otro gran momento. En él un trasunto del esposo expresidiario de Carmen muere a manos de Antonio. Esto está rodado de forma maravillosa porque la cámara permanece en el suelo mucho tiempo. Ambos bailarines se acercan y se alejan de la cámara cambiando totalmente su tamaño en el cuadro. Esto se acentúa por las sombras que proyectan en la pared, que replican el juego óptico. Otro momento en el que la silueta de Antonio tiene gran importancia es aquel en el que Carmen va al estudio por la noche. Él está bailando solo. La noche ha caído y la luz del estudio está encendida. Los pasos de Antonio se proyectan sobre las cortinas. Tendrán ambos una escena que me interesa regular, pero cuando acaba él se queda bailando solo. Como lo hace frente a un gran espejo, la cámara en una grúa consigue que la estancia parezca enorme. Casi como la célebre estancia blanca de “El verdugo”.


viernes, 31 de enero de 2025

LA GUITARRA FLAMENCA DE YERAI CORTÉS

Dir.: C. Tangana
2024
91 min.

Me ha gustado mucho. Me he reído con los diálogos de los gitanos. Me ha emocionado la historia de un personaje que conocemos por destellos. El flamenco está rodado con una fuerza arrolladora. Los elementos narrativos funcionan muy bien, pero las escenas musicales son soberbias.

La puesta en escena es imaginativa. Incluso cuando la escenografía corre más riesgo de desbarrar, como es el momento en el que Yerai le canta a su madre subida en un altar, el momento más simbólico, ahí la estética sigue siendo muy llamativa. Esos zapatos brillantes golpeando el suelo, arrastrando la arena, qué forma de llenar el espacio sonoro. Es cierto que la cámara en mano en esta escena se mueve un poco errática. En particular me refiero a ese paseo que hace desde el maravilloso órgano de tubos que tan bien amalgama la música hasta Yerai. Este plano busca posicionar la cámara frente a su madre para construir el clímax con el que concluye la escena. Un clímax en el que percibimos claramente la mano de Raül Refree. Como digo, en algunos de los paseos de la cámara sobre la arena roja, vemos que el objetivo, más que caótico, parece perdido. Quiere mostrar ese deambular de las mujeres cubiertas con tejidos blancos, pero el resultado es un mareo.

Todos los momentos musicales funcionan genial. Es bonito que Yerai, siendo el protagonista del documental, nunca despliegue un virtuosismo que se coma las actuaciones. Al contrario: solemos fijarnos mucho más en quien esté cantando o bailando. El baile y las palmas de “La Plaza Argel” es una absoluta gozada. A lo largo de la actuación la cámara cambia de altura, gira desde dentro del círculo que forman los gitanos palmeros. Es una sensación muy inmersiva. Es la primera escena en la que vemos a tantos gitanos juntos. La estética de muchos de ellos nos resulta muy ajena. Unas tripas, unas barbas, unos tatuajes… Esta es la puerta de entrada a esta sociedad y por el resto de la película nos quedamos encandilados de ellos. Creo que hay algo hábil en la película a la hora de elegir qué cosas del mundo gitano, no digo esconder, porque no creo que se esconda nada, pero sí se elige hacia dónde dirigir el foco. Por ejemplo hay una charla maravillosa en el patio de una casa en la que se habla de cómo reaccionó el mundo gitano al enterarse de que Yerai tenía una novia paya. Aquí se habla de lo tóxico que son los hombres gitanos. Por la gracia que tienen todos ellos al hablar, se puede sacar este turbio tema sin que perdamos el cariño por ellos. El esperpento máximo se alcanza en la canción “Los gitanos sonamos así”. Se recrea en un río seco una vida gitana antigua. Con un patriarca que parece salido del sketch más ofensivo de Juan Muñoz. Un mero figurante Israel Fernández. Un teclista berbenero a más no poder. Es una delicia.

Narrativamente se busca que la historia no esté en primer plano todo el rato. Vamos oyendo conversaciones acerca de Tania. Descubrimos que Tania es su novia paya. Después oímos algo de una infidelidad. De repente Tania cambia de color de pelo, lo que por un momento, nos puede confundir acerca de quién es esa persona. Pero a la vez se habla de Tania como alguien que ha muerto y cuya tumba va a visitar Yerai… Es todo muy confuso. Pero nunca es críptico. No se trata de ir recogiendo las piezas de un puzzle. Se nos desorienta con una conversación y en la siguiente escena se nos revela de qué se estaba hablando.

Hay que ser muy hábil para conseguir emocionarnos de esa manera simplemente poniendo la cámara delante del nicho de esa chica muerta con 24 años. Esto es un documental, no hay forma de que nos creamos las supersticiones que todo el mundo da por ciertas al rededor de la muerte de esta chica. Toda esa poesía de que murió por haber tenido que guardar un secreto… No podemos creernos todo eso y sin embargo cuando Yerai llora delante de la lápida, todo aquello de lo que habíamos renegado desde la butaca, surte efecto y la lágrima aflora.

Los testimonios de los dos padres son muy divertidos. Me gusta esa incontinencia verbal que tiene la madre. Lo efímero de sus eso no se puede decir, que se traicionan en cuanto Antón sostiene la mirada un segundo más. Me gusta esa narración del padre, la de la persecución policial en coche, que revela el final, a lo Shyamalan, que todo le ocurrió con 12 años. Me encanta cuando el padre le dice a su hijo: ¿tú de esto estás pillando algo? Me encanta ese hombre persiguiendo a C. Tangana, Poncho, para que grabe algo con su hijo. Me gustan sus subjuntivos imposibles.


viernes, 3 de enero de 2025

TARDES DE SOLEDAD

Dir.: Albert Serra
2024
125 min.

La actividad del torero queda retratada con cierta rutina. Las escenas dentro de la furgoneta que le trasladan entre la plaza y el hotel podrían ser la clase de momentos que muestren lo anodino de un oficio. Sin embargo son escenas con verdadera tensión. Podemos notar que, por lo menos en la cabeza de Andrés Roca Rey, hay una actividad importante. Por el contrario en la plaza, quizás por tener las corridas con poca diferencia de tiempo, porque los planos son limitados, porque los elementos que aparecen en cuadro se reducen al toro y al torero; el hecho es que le vemos repetir los mismos movimientos. Los alardes de valentía y virilidad son siempre reconocibles.

Escuchamos continuamente las mismas voces. Cómo a cada pase el torero repite: toro. Cómo la cuadrilla insulta y llama de todo al animal. Hay un momento dado en el que dos toreros están mareando al animal; colocándolo al gusto del señorito para que pueda matarlo. La cámara no nos muestra aquí sus rostros. Lo que sí oímos, sin embargo, son los ruidos rudos y animales que los dos toreros emiten para llamar su atención. El cuestionamiento moral de la película evidente es el de la tortura animal, es claro. Sin embargo hay algunos momentos en los que el retrato que recibe esta gente es casi el de un señorito del mundo de la alta cultura, que ha bajado a la arena a extraer todo lo estético que le interesa.

Lo cual agradezco. Aparece muy poco, pero hay algún plano en el que se cuela el público. Toda la solemnidad que la película haya podido generar lo cierto es que se diluye al ver a esas personas. Lo más desagradable de ver sin duda es la muerte del toro, pero lo que tiene de espectáculo de masas tampoco es que deje a uno con una sensación placentera.

Los planos de la muerte del toro son crudos, sí. Pero es que además no llegan a mostrar una sublimación de esa imagen. El torero cuando entra a matar tiene unos ojos blancos, pero que en cualquier ficción estarían inyectados en sangre. Son ojos asesinos, su boca es salvaje. Es un personaje totalmente terrorífico. Ello además se ve favorecido por la fotografía rojísima que tan bellamente le sienta al amarillo de la arena. El resultado de este espadazo ni siquiera es una muerte rotunda. El animal, que lleva varios minutos con la lengua fuera, aún da unos pasos hasta que cae al suelo. Los ojos, la manera en la que las patas siguen rígidas… Todo ello es muy desagradable de ver. Ni siquiera cuando le dan la puntilla tenemos una imagen que podamos ver con poesía: es un sufrimiento que parece no tener fin. Este horror tiene como conclusión un trato de total desprecio hacia el animal que yace en la arena; sin que su cuerpo se haya relajado por completo. Unos caballos entran a la plaza y, como un procedimiento industrial, sacan al animal arrastrándolo por la plaza. Es una imagen desoladora.

Ver estas imágenes tan despiadadas de alguna manera nos anestesian. Así para cuando vemos otras estampas cruentas como el flujo de sangre cayendo por el lomo del más claro de los toros podemos apreciar la potencia estética de ese plano macabro.

Cuando en el cuadro no se cuela nada que esté fuera de la arena se genera un efecto bastante abstracto. El plano final en el que la música se vuelve etérea y Roca Rey cruza la plaza entera casi parece uno de los planos finales de “Solaris (1972)”. Casi lamento que llegue a verse la puerta por la que abandona el ruedo. Que oigamos al público aplaudir, silbar o gritar puede acompañar a las imágenes que vemos. Aunque tengan el mismo efecto que las risas enlatadas, sirven para marcar un ritmo a lo que vemos. Lo que resulta muy disruptivo es lo terrenal de los pasodobles. Toda la tensión que se está generando en la escena pareciera que la rompe alguien porque percibe que el público pudiera estar aburriéndose.

Supongo que la imagen que más ensalza la hombría del torero es aquella en la que queda de frente, entre los dos cuernos del animal. Al tener la sucesión de corridas no podemos obviar que los pasos cortos que realiza para llegar a esta posición son siempre los mismos. No quiero decir que para él sea una acción trivial y que se limite a efectuarla como un profesional. Creo que la actitud del torero es siempre de gran entrega y de mucho peso escénico. Pero como espectador seguro que le resta algo de heroísmo.

Si algo se repite es el peloteo de su cuadrilla. Entiendo que por un lado tendrán justificación técnica, en el sentido de que ese hombre necesitará una confianza ciega para reunir el valor de hacer lo que hace. Creo que sin embargo hay un elogio genuino. Hay una especie de veneración a la persona. Mientras que Roca Rey tiene un gran porte, una mirada atractiva y todo él es bello, el resto de miembros parecen sacados de una viñeta de Pedro Vera. Insisto en que creo que este es el motivo principal para que estemos oyendo todo el rato Ole tus huevos y demás adulaciones. Pero tampoco se nos puede escapar que son sus empleados. En el mundo del toreo hay algún tufo rancio de respeto a las jerarquías.

En el cine de Serra son habituales los planos que de repente dedican algunos minutos a mirar a un actor que no es el protagonista de la escena. Son típicas sus miradas perdidas. Sin sabe muy bien si estamos viendo a un personaje mostrar indiferencia hacia la acción principal, o si el actor no se sabe enfocado y, por tanto, puede relajarse. Ha sido muy sorprendente reconocer ese mismo tropo en los miembros de la cuadrilla. Tras informarle de que la plaza le está midiendo, dos banderilleros se quedan cerca del burladero, la cámara no sigue a Roca Rey mientras camina al encuentro del toro. Estos dos individuos miran con interés pero relajados. Se puede discutir si esta imagen puede tener algún mérito, pero desde luego no es nada común en una película.

En el toreo hay una especie de igualdad fingida entre víctima y verdugo. Obviamente no para todos es un deseo, pero que exista la posibilidad de una cogida fatal es lo que hace a ese espectáculo único. Sabiendo que es un documental y sabiendo que Roca Rey no ha salido en las esquelas del periódico no podemos esperar grandes sorpresas de la película.

Hay una escena que es una maravilla: aquella en la que se viste. Se puede ver y oír una tensión en las telas que me recordaban a las de Antonio Gades en “Bodas de sangre (1981)”. Cómo levantan a ese tío del suelo un palmo sólo para que entre en sus pantalones, cómo se debe usar una aguja para abrochar un recóndito botón. Esa elegancia tan histriónica del traje de luces se contrasta con unos blancos, unos ámbares y unos dorados terribles del Hotel Ritz de Madrid.


viernes, 20 de diciembre de 2024

HONOR DE CAVALLERIA

Dir.: Albert Serra
2006
110 min.

Es indudable que la búsqueda de experiencias a la que aspira Albert Serra nos lleva por un desierto de aburrimiento en muchas ocasiones. La sensación de realismo que esto produce es muy genuina. Es mayúsculo el efecto si lo comparamos con las películas personalísimas que pueblan nuestro cine. Llenas de salones y conversaciones casuales.

Aunque durante la película no caemos en la cuenta de ello, queda como elemento totalmente icónico la figura de este Quijote, callado, andando, mirando y rompiendo la calma del monte para decir Sancho. Y es que estos momentos son la gran magia de la película: los discursos que Quijote le suela al pobre muchacho. Este eterno torrente que nunca transmite nada.

Es maravillosa la actitud paternal con la que le empieza a explicar a Sancho que mientras dormían ha llovido porque hay caracoles. Hay algo precioso en esta escena porque sabemos que obviamente en esa localización no ha llovido en los momentos anteriores al rodaje. Así Quijote señala unos caracoles que obviamente no están ahí. En la ficción de la película sí están, no hay motivo para dudar de ello. Pero es tal el realismo de la escena que verle señalar algo que no existe mientras le explica al pobre Sancho que está despistado y que está siempre dormido es muy bonito.

No quiero enumerar todos los diálogos pero lo mismo ocurre en la escena del río. Eso es una absoluta maravilla. Quijote hablando de lo cómodos que están, de lo buena que está el agua. Sancho ahí siguiéndolo. Si no tuviéramos la obra de Cervantes respaldándola, sería totalmente incomprensible qué hace ese hombre ahí. El caso es que en esta escena el delirio de Quijote es muy bonito de ver. Parece que tiene dos conceptos con los que jugar y los va soltando según decide juntarlos.

El tan admirado por Albert Serra cine digital está muy presente. Quizás el momento más heterodoxo sea cuando un zoom digital buscando sabe Dios qué movimiento entre las hiervas del monte. Ahí escuchamos el motor del objetivo al acercarse a lo que esté enfocando. El grano de las imágenes oscuras se lleva a unos límites absolutamente demenciales. Según cuánto rato lleve jugando con nuestra paciencia nos resultará más o menos interesantes. Por ejemplo cuando va una comitiva de hombres llevando a Quijote enjaulado nos interesa bastante poco. Porque aquí la película lleva mucho rato avanzada. Pero en el plano en el que las dos figuras están totalmente desdibujadas llega en un punto en el que nos sorprendemos de que se haya diseñado un plano para llegar a ver la luna moverse.

Cosas como la conversación con Albert Pla o la admiración de un roble sin ningún motivo pero con un aura de espiritualidad que no había tenido la película me sobran bastante.


viernes, 15 de noviembre de 2024

MARINA, UNPLUGGED

Dir.: Alfonso Amador
2023
94 min.

El texto es el protagonista de la película. Una líder política de extrema derecha decide montar una representación teatral en la que expone el discurso de la derecha. Lo fuerte de la película es que, aunque comete las mismas falacias que la extrema derecha real, el discurso está muy bien escrito, sin exceso. Tomando los argumentos del adversario. Se citan incluso tropos del discurso leninista: Libertad, ¿para qué? O incluso se permite decir que ellos son el nuevo fantasma que recorre Europa.

Hay un elemento que me resulta interesantísimo y fascinante. Nunca sabemos hasta qué punto la extrema derecha triunfa en esa Valencia que se nos presenta. No sabemos medir el alcance del fenómeno que esta mujer representa, como digo la película gira toda en torno al discurso de Marina. A su contenido, sí, pero sobre todo al texto. En cualquier caso la película nunca permitirá que podamos ver en ella una especie de mesías. Se le pone al lado a un personaje mucho más terrenal, al que es una maravilla ver en pantalla. Un vestuario sobrio, una figura calmada, altísima, con gran presencia en el escenario: se le pone al lado a Jorge Picó. Es el escritor del texto y es quien va guiando a Marina a la hora de interpretarlo. Hay momentos en los que están más distanciados, pero hay otros, juntos apoyados en el piano, en los que podemos ver la cara de Marina y vemos la espalda de Jorge. Lo delicioso de este momento es que vemos el titiritero. No es que Marina esté exactamente recibiendo clase de interpretación (no por lo menos en esta escena); es que podemos ver cómo ella es quien recita el texto, ella puede estar todo lo convencida de ese ideario, pero todo el efectismo del discurso lo lleva un profesional en la materia.

Jorge Picó tiene un momento muy fascinante en el que la cámara está fija enfocando el fondo negro del escenario. Como el formato de la película es 4:3, no podemos distinguir bien dónde termina el cuadro y empiezan las franjas negras de la pantalla. Por ello es muy divertido ver cómo aparece una figura como Jorge, tan opuesta estéticamente a Marina, por el mismo lado del cuadro por el que ella acaba de desaparecer y recitando la continuación del texto que ella está diciendo.

Con respecto a las ideas que se plantean la verdad es que no están expuestas con mucha profundidad o no en toda su complejidad. La premisa de la película no exige este tratamiento. Pero sí están expuestas sin grandes delirios, apelando a sentimientos pero nunca visceralmente. Se insiste mucho en que la derecha simplemente tiene una forma de ver el mundo basada en la naturaleza. Casi diría que el énfasis que Claudia Faci hace en la palabra natural me parece demasiado subrayado en ocasiones.

Principalmente se trata el tema de la inmigración, de la redistribución social y del feminismo. Hay otros temas típicos de la derecha y que aquí sólo están sugeridos. De esa manera se puede permitir que ella declare a su nosotros como pro vida sin necesidad de escribir el texto complicado alrededor de este asunto. Sí me gusta que use la palabra nosotros porque de esta manera se muestra que la famosa confrontación social que tanto se acusa a la izquierda de generar, tiene una causa identitaria al otro lado del espectro político. Ella se reclama como representante de la clase trabajadora. Nunca expresado así ¡por Dios! En su lugar apela más al discurso de la España que madruga. Después veremos un montaje de esos esforzados trabajadores a los que ella dice representar siendo totalmente ajenos a ese espectáculo político. Por ser justos con la verdad, la izquierda también tiende a presentarse como la solución a los problemas de la clase obrera mientras ésta se distancia más y más de esa clase política.

Quizás el momento en el que más nos cansamos de la película sea aquel de la fábula. El típico ejemplo de que la solidaridad es caridad obligada. Se apela a narrativas de cigarras y de hormigas. No lo he cronometrado, es posible que pase más tiempo hablando de inmigración que de este asunto. Pero el tema de la fábula es algo estanco. Somos conscientes de que estamos en una narración y sabemos más o menos cómo va a acabar. Además la luz y la dinámica sobre el escenario está muy diferenciado cuando cuenta el cuento del resto del discurso. Por último hay una breve interrupción en esta narración por lo que todo esto se alarga. Sí, tenemos algo muy distinto al resto de la película, que hay interpretación gestual, hay cambio de personajes…

La película termina con un apoteosis que revela el carácter fascista escondido detrás de la reacción que solo reivindica cosas naturales. Es divertido que el piano de repente evoque “El novio de la muerte”. También me gusta que se reivindique como un movimiento ofensivo. De igual modo que me gustó aquel plano en el que Marina va en coche, unos peatones la reconocen y la llaman fascista. Lo que hace el conductor es bajarse del coche para amenazar violentamente a los transeúntes. Es paradójico que se acabe gritando ese ¡Viva la muerte! cuando se ha incluido una soflama provida en el discurso previo.