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sábado, 20 de junio de 2026

THE BACKROOMS (FOUND FOOTAGE)

Dir.: Kane Parsons
2022
9 min.

Funciona genial. El propio inicio arranca con esa careta de mono mirando a cámara que es suficiente para generar una primera imagen inquietante. No se explica cómo se entra a la sala amarilla, no sabemos nada del monstruo, los espacios cumplen genial su función: una ranura para mirar, un pasillo amplio en el que poder sentirnos desangelados, un hueco estrecho para gatear.

Los cortes de cámara siempre están muy bien hechos. La velocidad a la que camina y, por tanto el ritmo de la cámara es muy preciso. ¡Qué bien esos momentos en los que nosotros detectamos que el protagonista ha sentido una presencia sólo por cómo se detiene la cámara! Por cómo se queda mirando una pared vacía.

Me parece que lo menos coherente con la ambientación general de la película es ese muro con unos dibujos que parecen sacados de la peor creepypasta. El corto es de 2022 y yo asocio ese tipo de estética al internet que pudo alumbrar a Slenderman y compañía. Que aparezcan signos de una mano humana en esas paredes remite a una lógica de videojuego más que a los famosos no espacios de Marc Augé.

El sonido del monstruo funciona genial. Al prescindir de banda sonora sólo puede usar las interferencias sobre la banda magnética de la cámara. Lo que emite ese ser es muy etéreo. No lo identificamos ni como monstruo animal ni como máquina. Me ha recordado mucho a las sonoridades del inicio abstracto de “El hombre elefante (1980)” de Lynch.

Hay que poner en valor que nos adentremos en una zona en la que podemos percibir claramente que el espacio que vemos está renderizado por ordenador. Sólo viendo las imágenes con apariencia analógica de las salas amarillas yo nunca habría dicho que lo que ahí se veía proviene de Blender.

Comparado con la película “Backrooms (2026)” el final que nos brinda esta nos deja boquiabiertos. Se nos permite un vistazo fugaz, que recuerda al paso del alienígena en “Señales (2002)”. Prepara al espectador en un momento de silencio para asumir que el monstruo es ineludible. Caemos por una rampa y volamos. Un plano liberador, concluyente, misterioso. Mucho más poético que los planos estilizadores con los que se remata el largometraje.


viernes, 19 de junio de 2026

BACKROOMS

Dir.: Kane Parsons
2026
110 min.

La primera secuencia en plan found footage funciona con mucha maestría. No sé cuánto durará, poco. El corto original “The Backrooms (Found Footage) (2022)” no llega a los 10 minutos. Uno de los puntos fuertes del espacio de oficinas abandonado es la cantidad de tabiques tras los cuales podemos encontrar cosas. De hecho siempre encontramos cosas, lo que pasa es que en la mayoría de casos son cosas anodinas. Una silla, una puerta, una ventana… En cada giro de cámara hay un potencial susto. Sin embargo en el mismo momento que la backroom se convierte en un lugar en el que los personajes se sienten cómodos, lo pueden explorar, ¡dibujan un mapa! Se pierde esa sensación.

Entonces se trata de explotar la otra característica de estos espacios: que hay una diferencia notoria, inexplicable con el mundo real. Nadie ha creado eso. Puertas demasiado escoradas, interruptores que no deberían estar, cables que se cuelan por debajo de la pared. El referente que me viene para esta extrañeza es la célebre y mucho más imaginativa “Los mundos de Coraline (2009)”. La extrañeza de dos sillas apiladas que resultan estar pegadas entre sí me genera algo de rechazo. No parece onírico, sino demasiado planeado. Por el contrario me gusta una cabeza, entiendo que de un maniquí, que vemos en un montón de ropa sucia. La cámara no se posa sobre ella, es discreta. Pone al espectador que la percibe en alerta pero no tiene ninguna implicación.

Rápidamente la película se queda sin ideas para seguir diseñando espacios que generen esa sensación. Se convierte casi en una casa del terror en la que está la sala del árbol de navidad (menos sugerente que el parque de atracciones abandonado de “Hanna (2001)”), la piscina, la ropa maloliente… Me parece que hay muy poca coherencia entre las salas que están hechas para que sucedan persecuciones y las otras en las que percibimos la estética hiperrefinada de A24. Esa sala por ejemplo, con cierta belleza, entiendo que casi buscando lo surrealista, en la que el mismo poste telefónico está repetido, cada vez más inclinado y hundido en el suelo.

La conversación entre el protagonista y su psicóloga atada a una silla acontece en una sala que podría recordarnos a las logias de “Twin Peaks”. Aquí se abraza mucho más la estética refinada más que generar una escena propiamente dicha. Los múltiples ojos en la cara de los personajes nos pueden recordar al gran despropósito de A24: “Todo a la vez en todas partes (2022)”. La conversación puede ser más o menos interesante. Obviamos la violencia que también gusta mucho al estudio, mencionemos “Men (2022)” como ejemplo. Como análisis psicológico del personaje no tengo queja, pero tampoco aprendemos nada de ahí porque nos lo ventilamos rápidamente. Es cierto que hablar de cómo el cerebro transmuta los recuerdos en un mundo en el que existe “Carretera perdida (1997)” siempre te deja en evidencia. Sí logra hacer este momento de terror en el que los personajes que considerábamos inertes empiezan a moverse de forma desquiciada.

El careo entre el protagonista y el monstruo la verdad es que me interesa poco. Sí tiene la reminiscencia a “Saturno devorando a su hijo” de Goya. Pero me parece que ese enfrentamiento en el que el autor no consigue que sus propios traumas se atemperen lo hemos visto demasiadas veces: “Babadook (2014)”, “Un monstruo viene a verme (2016)”… y otros monstruos propios de los finales de A24.

La película en general es exigente porque la tensión se mantiene siempre que estemos rodeados de esas paredes amarillas. Decir siempre es exagerar, porque también se pone en plan película de aventuras y esa última persecución en la que por fin se deja atrás al monstruo tiene más de película de aventuras o de terror canónica. En cualquier caso, abraza sin fisuras las convenciones del cine de terror más asustador y palomitero que conozcamos. “Inland Empire (2006)” no te relaja nunca. No existe la zona segura y la zona de sustos. Resulta casi infantil cómo en esta película se cambia el sonido, se abandona el zumbido de los neones cuando se quiere cambiar el tono de la escena. Este zumbido nos tiene que llevar a pensar en David Lynch y su gusto por la electricidad.

Reconoceré con cierta rabia, porque es asumir que la fórmula de A24 funciona, que el plano del protagonista al final de un pasillo absurdamente estrecho, con unas paredes en un ángulo incomprensible, con unas sillas que incomodan un paso sin sentido es una imagen muy potente para el espíritu de la película. Espíritu que, insisto, tiene poco que ver con el corto original.

Una palabra sobre el final. Me produce rechazo esa mitología de Estado paranoico estadounidense. Es un final fácil en tanto que no tiene por qué dar un cierre a nada. Queda todo ambiguo. Con la sensación desoladora del final de “Bugonia (2025)”. Definitivo para los personajes, pero evitando un susto final que les haga perder estilización.


viernes, 29 de mayo de 2026

UNA BATALLA TRAS OTRA

Dir.: Paul Thomas Anderson
2025
161 min.

Busca recursos más bien fáciles para funcionar, pero ¡vaya si funciona! Nos busca unos malos a los que es muy fácil odiar. Los buenos luchan por causas nobles, pero son lo suficientemente problemáticos como para que veamos a la protagonista femenina como justificadamente desdeñosa con ellos.

Es increíble lo bien que se le da generar tensión en secuencias larguísimas. Esa música rítmica, más bien seca, de patrones irregulares. Sentimos la presión. Uno sale de la sala con la sensación de no haber tenido ni un minuto de descanso aunque también tenemos el recuerdo claro de los momentos que hábilmente se colocan para bajar el ritmo. Es curioso notar que uno no está viendo planos secuencia. De hecho la película tiene muchos cortes. Pero las escenas de persecución siguen tan de cerca a los personajes que uno tiene la sensación de que no hemos apartado la mirada ni para cambiar de plano.

¡Qué bien están todos los actores! Sean Penn es una locura. Esos labios inquietos. Esa forma de ser despreciable a la vez que tiene un gran control de sus impulsos. Toda la dignidad de la que el personaje cree que goza unida al ridículo que hace por entrar a un club de nazis. Me encanta que el diseño de caracterización recuerde al sargento en “La batalla de Argel”. Película que, de hecho, se muestra en la televisión de Di Caprio, como para asegurarse de que nuestro izquierdismo se inflama. Me ha gustado mucho ver a Benicio del Toro actuando de verdad. Después de haberle visto tantas veces en películas de Wes Anderson es una gozada. Es un tipo inteligente, sacrificado y no se le da ni un momento de heroísmo.

La hija, Chase Infinity, tiene un rostro de hielo. Qué gran actuación nos regala junto a la mujer que la rescata, Regina Hall, en ese coche oscuro por la noche del desierto estadounidense. Los rostros de las dos mujeres negras con luz blanda, la cámara hace ángulos extraños… Ellas solo miran hacia delante. Me encanta. Me encanta también la breve de absolutamente arrebatadora interpretación de Shayna McHayle en el atraco al banco. Altanera, con ese plano contrapicado, locuaz, paseándose por el escritorio…

Se abraza el final feliz tan firmemente, con tanta rotundidad, en una atmósfera tan emotiva que no nos atrevemos a cuestionar los claros hilos sueltos que quedan. Por ejemplo no hay razón para creer que los protagonistas están a salvo. Tienen delitos a sus espaldas y, por lo que parece, el FBI tiene pistas que apuntan a ellos. Además hay un punto de frivolidad en introducir el tema de las agrupaciones neonazis, que sigan a pleno rendimiento y considerar que la película puede terminar bien. Sí, es muy satisfactorio ver que al militar lo matan gaseándolo y metiéndolo en un horno crematorio. Pero a fin de cuentas estamos viendo que gente con ideas peligrosísimas tienen una maquinaria de ejecución lista para funcionar en cualquier momento.

Me ha parecido divertida la caricaturización de las nuevas generaciones izquierdistas, que apelan a psicologismos ante cualquier repunte de violencia. Uno no puede dejar de pensar que evidentemente la policía necesita infiltrar matones en las manifestaciones porque la organización para la violencia de los grupos actuales es paupérrima. Cuando Di Caprio, luchador desde hace 15 años escucha las sensibilidades heridas de los miembros de “75 francés” exclama maldito progre. Entiendo que es un lugar común, pero no deja de sorprender que la forma en la que Di Caprio consigue sortear su falla de memoria sea gracias a su estatus en la organización; que sea la verticalidad de ese comando lo que le salve.

Varias veces en el montaje se nos hace el truco de “El silencio de los corderos”, lo de confundir un coche, una casa… Lo que haga falta.

La cámara siempre será muy elegante, no hace grandes virguerías. Sí vemos cosas un poco extrañas a nivel de foco. También llama la atención cómo a contraplano cambia tan radicalmente la fotografía, sin cambiar de escenario. Donde sí brillará la cámara es en la última persecución. Esas ondas en la carretera que nos recuerda las enseñanzas de Del Toro, que hay que sortear las olas. Se plantea muy claramente las dificultades de visión, se deja claro que el perseguidor va más rápido que los otros dos coches. Muy elegante y muy satisfactorio el accidente.


viernes, 12 de diciembre de 2025

LOS DOMINGOS

Dir.: Alauda Ruiz de Azúa
2025
110 min.

No me gusta percibir la fotografía de colores apagados y luces blandas que asocio a las producciones de Movistar. Tampoco me gustan los encuadres reducidos de los que gusta el cine español cuando de hablar de dramas familiares se trata. Me parece que el fotograma se llena de paredes y me resulta incómodo seguir la acción a través de los huecos verticales que dejan los marcos de las puertas.

El planteamiento del conflicto es interesante. Es decir: están diseñadas las posturas de los personajes para ser complejas. Es verdad que en el diálogo sentimos que hay una cierta simpleza. Parece que todos los personajes tienen muy claro cuál es el papel que tienen que representar en el conflicto. En particular pienso que no tiene la habilidad de “Creatura”. Cuando vemos al padre tremendamente enfadado por enterarse de que su hija había yacido con un chico en su casa el discurso no diré estereotipado, pero no tiene una redacción particularmente habilidosa.

Quizás lo que está escrito con más precisión de la película, y aún así el texto creo que palidece ante la interpretación de la actriz protagonista, es la conversación en la que Ainara le explica a su tía lo que siente por Dios. Me gusta que desde el primer momento se adopte este lenguaje que se reconoce tan fuertemente de la experiencia religiosa católica. Que se apele a la felicidad, a la plenitud… Esta clase de valores que la sociedad seglar no sólo es que no adopte, sino que tiende a rechazar. Me parece también muy ajustado cómo la tía llama a lo que Aitana siente enamoramiento. Por cómo la película trata a este personaje, entiendo que es la primera de tantas muestra de incompresión. Pero me parece un término bastante quirúrgico como para usarlo tan pronto como se escucha estas dudas por primera vez.

Hay un movimiento muy sibilino para el público católico. No creo que la película esté hecha para atraer particularmente a este sector de la población, pero comercialmente es el público que va a apelar con fuerza por su continua demanda de la falta de estas temáticas en el cine en general y en el cine español en particular. Me refiero al hecho de que la persona que se opone a que entre a la orden sea su tía. Es decir, su padre nunca se opondrá a ello. No se pone a un padre ejemplar, esto es claro. Pero la hija nunca tendrá que enfrentar a su padre, lo que creo que habría sido problemático.

La figura del padre la verdad es perversa. No se opone a que ella entre al convento, pero tampoco la apoya particularmente. No se duda de su amor, lo que haría saltar las alarmas del público católico. De hecho ese último abrazo que le da a su hija, ya con el hábito puesto es el que desde la butaca nos exprime las fibras sensibles para que rompamos en llanto. Pero él es, en general egoísta. Si acepta que su hija se meta en el convento es porque le quita problemas a los que no se quiere enfrentar, como una hija de 17 años que tiene relaciones sexuales con otros chicos, o, el problema de fondo, tener que mantenerla.

Enfrentada frontalmente tenemos un personaje que, desde un espectador escéptico con el catolicismo, resulta muy incómodo. Es la única que defiende que es mejor que Ainara no vaya al convento. Y también lo defenderá por motivos ciertamente egoístas. Los argumentos que expone son los razonables y estamos en general de acuerdo con lo que oímos. Pero percibimos que es un personaje tan perverso, tan desengañado, tan desconfiado… Da rabia que el personaje con el que uno, en principio, debería identificarse sea tan oscuro. Nos genera además rechazo extra por cómo trata su pobre marido. Ese argentino de mente abierta, simpático, cumplidor… Escucha a Ainara. No es particularmente abnegado, cae muy bien. Y tiene que aguantar a alguien siempre tan al borde del desquicie…

Me parece interesante la postura de la tía porque es muy fácil sentir la identificación con el discurso de quienes dicen aceptar identidades sexuales diversas. Desde el primer momento que ella dice Yo respeto entendemos que su relación con lo eclesial es irreconciliable. Asume la pederastia como inherente a los curas…

Y hablemos ahora del enfrentamiento más tenso de la película. Aquel que mantiene la tía con la madre superiora. Este personaje la verdad es que es alucinante. Parece increíble que no sea una monja de verdad. Esa sonrisa perversa de los religiosos contemplativos. Esa alegría tan poco identificable como humana. Esos perdones tan dados desde zonas que parecen obviar cualquier traza de psicología. Esa frase tan desagradable de oír cuando Ainara dice que quiere contarle que se ha besado con un chico, entonces ella dice: me alegra mucho. Con un tono de voz que nadie identificaría como alegría humana.

Qué bien el detalle de que cuando Ainara por fin encuentra a esta persona que la entiende plenamente, su guía espiritual, un personaje con quien podría empatizar el espectador, al que casi podría admirar, que antes de dejarnos embelesar ella no desaproveche la oportunidad de recordar el autoexamen de pureza casta que deben llevar los religiosos. Que si se quiere asumir eso como positivo, que esté en manos del espectador, pero que no se olvide que aquí el catolicismo viene con una carga muy importante de cosas nada fáciles de asumir.

Tampoco se esconderá la fealdad de las celdas del convento. ¡Qué terrible esa imagen de cristo al final del pasillo! ¡Qué desolación el voto de pobreza hasta el punto de pasarse semanas sin pasta de dientes! A la vez qué sensación de vacío con esa frase de rogar a Dios por los inspectores de hacienda. Casi como si desde dentro del convento los acontecimientos del mundo a los que se ven expuestas sean tan limitados que solo puedan acordarse casi de un inventario de las cosas que hay fuera de los muros.


viernes, 5 de diciembre de 2025

BUGONIA

Dir.: Yorgos Lanthimos
2025
118 min.

Sádica como Lanthimos. Parece mostrar con soberbia cómo es capaz de hacer que una actriz de la altura de Emma Stone se rape el pelo y aparezca cubierta de ungüento por razones arbitrarias. Por otro lado, se ríe de una forma cruel de una pareja de white trash, una versión actualizada de la caterva que veíamos en “Gummo (1997)”. Estos dos hermanos son lo peor. El trato que reciben de la película me parece despreciable. Siento todo el rato que se están riendo de personas con serios problemas. Pero en el otro lado tenemos una multimillonaria que trabaja en la industria farmacéutica. No hay con quién empatizar. Todo el mundo es miserable. Lo único a lo que nos podemos agarrar es al policía pederasta.

Por supuesto que repele ver al hombre rubio trastornado. Pero su primo inseguro, acomplejado, timorato. Cada vez que la película le lleva al ridículo me invade la depresión. Me resulta también un poco arbitrario que alguien con tan pocas convicciones sea quien realmente se suicida por una causa en la que ni siquiera cree. Cuando veo ese disparo no puedo evitar pensar que es simplemente la excusa argumentativa para cubrir a Emma Stone de sangre.

Para poder incomodar al público Lanthimos utiliza sus recursos habituales: ángulos de cámara forzados, espacios muy vacíos con esa música tremendista, lentes deformantes, sonidos amplificados, cámara fría ante los hechos traumáticos que viven los personajes o la bajísima profundidad de campo.

No durante mucho tiempo, pero la película termina con varios giros bastante arbitrarios. El más evidente es el último, el que revela que ella es realmente una alienígena. Realmente esto me parece que tiene poca importancia narrativa. Es una simple coda que no cambia nada. Por la irreverencia con la que se dibuja esa nave nodriza me hace pensar en las arañas terriblemente renderizadas de “Mamántula (2023)”. Más relevante que esta escena me parece el descubrimiento de la sala del horror donde guarda todas sus paranoias.

Hay algunas imágenes poderosas. Esa primera conversación de Emma Stone con su secuestrador ella pringada de blanco, con su abrigo de marcadas hombreras, su soberbia y sus labios rojos me hacen recordar al Joker de “El caballero oscuro (2008)”. Cuando se descubra la nave nodriza, la alienígena emerge de un fluido que, aunque endometrial, me hace pensar en el magma negro de “Under the skin (2013)”. Cuando vemos a la madre alzarse en los planos de analepsis, llena de agujas de la empresa farmacéutica, pensamos en otras ascensiones similares: “El exorcista (1973)” o “El espejo (1975)”. Por último esos planos de la protagonista caminando cojeando con ese abrigo rojo me remiten a la misma cojera y al abrigo amarillo de “La sustancia (2024)”.

Cuando por fin muere toda la humanidad hay una secuencia de planos. Seleccionaré el que me interesa: podemos ver una planta de distribución de paquetes. No hay nadie, no hay operarios. Las cintas transportadoras siguen realizando el trabajo con las cajas de cartón. Me parece todo un reflejo de la desgarradora frase de Žižek: “Es más fácil imaginar el fin de la humanidad que del capitalismo”.


lunes, 27 de octubre de 2025

FRANKENSTEIN

Dir.: Guillermo del Toro
2025
149 min.

Telefilme durillo. Diseñada para verse mientras se mira el móvil en el sofá de casa. Los personajes narran verbalmente todo lo que acontece. Sin ideas visuales interesantes. Con una ambientación que parece sacada del Tim Burton de hace 20 años. La música, de Alexandre Desplat, tiene incluso un aire de Dany Elfman.

Hay unos efectos digitales en la escena del incendio que son terribles. Son las llamas más de mentira que te puedas echar a la cara. Diría que incluso en el bosque hay árboles de mentira. Los cuervos son lamentables. El ángel que atormenta al doctor es feísimo. Parece que todo el presupuesto en ambientar la película se hubiera gastado en las secuencias que nos relatan la infancia de Víctor. Ahí sí vemos unas salas de palacio que derrochan dinero. Incluso el diseño de los dos padres de este niño puede ser visualmente interesante. Es memorable el féretro de ambos difuntos. Qué rojo el velo al viento de su madre. Una tela ascendente como el célebre plano de “Cantando bajo la lluvia”.

Cuando uno compara “El doctor Frankenstein (1931)” con la novela de Mary Shelley puede echar de menos esos monólogos torturados de la criatura. Sí, aquí están esos monólogos. Pero es que ni tienen la prosa de la novela ni resulta interesante escucharlos recitar. Estamos hartos de oír hablar a gente. Todo el rato que alguien quiera algo, lo dirá expresamente.

Me parece tan cliché en tantas ocasiones… Si se atreve a contar una historia archiconocida, entiendo que en la trama no estará el atractivo de la película. En su escritura obviamente tampoco estará porque no creo que Guillermo del Toro tenga la soberbia de querer superar la novela. Lo único que puede aportar quizás es que remarca los aspectos más trascendentes de la novela. El hecho de haber creado un ser que lo único que puede hacer es sufrir pero no tiene acceso a la muerte. Pero todo es tan explícito y superficial…

En cuanto al diseño del monstruo… Parece que nos movemos en la liga de “Nosferatu (2024)” de Robert Eggers. No se arriesga nada. Desde el inicio el rostro del ser es relativamente proporcionado, no diré atractivo, pero desde luego no tiene nada de monstruoso.


sábado, 27 de septiembre de 2025

SEIS DÍAS CORRIENTES

Dir.: Neus Ballús
2021
85 min.

El título de la película y la estructura episódica que plantea limitan fuertemente la duración de la narración. No se nos va a contar nada que vaya más allá de una semana. Por eso resto importancia a todo lo que aparezca en la película y que prometa ser duradero. La relación entre Valero y Mohamed sólo puede tener un resultado que yo considere definitivo: con uno de los dos fuera de la empresa. Cualquier otra información será totalmente anecdótica.

Por ejemplo cuando Valero decide ponerse a dieta. Si va a ser suficientemente tenaz, si va a ser efectiva… Es imposible que esto me importe. Por lo tanto entiendo que este elemento está ahí para sumar al patetismo que caracteriza a este hombre. Débil de espíritu y acomplejado ante cualquier superioridad. No me resulta muy cómico. Es ver a un ser infantil, cerril.

Creo que la naturalidad que busca la película no siempre se consigue. En alguna ocasión, como la conversación entre ambos compañeros en la terraza, más que realismo, pareciera que ambos actores están ahí, soltados, perdidos. Podría tener un pase si el tono de la película fuera otro. En el caso del cine de Albert Serra los actores no están más perdidos que nosotros. Aquí les vemos envueltos en una historia narrativa, que de repente les abandona.

La actuación que me parece más interesante es la de Pep. No hay que despreciar el factor de que él no habla en mi lengua natal. Esto me impide hacer un juicio tan duro como el de los otros dos personajes. Me gusta mucho la escena en la que entra en cólera porque unos azulejos están mal colocados.

Hay algún momento de la película de cierta vergüenza. Me refiero a aquel trabajo que tienen que hacer en casa de un psicoanalista argentino. La casa tiene automatizadas las persianas, el riego, la aspiradora… Nos muestran aquello como si fuera un futurismo al nivel de “Mi tío (1958)”. Pero son cosas que ya hemos visto todos en 2021, más aún si los protagonistas se dedican a este oficio. Si no fuera por esta visión arcaica de la película, me podría haber hecho gracia el final de esta escena en la que la aspiradora robotizada se escapa de la casa.

Aunque no tiene mayor repercusión, me da mucha rabia que el protagonista en la situación más precaria se vea envuelto en acontecimientos que manchan su imagen. Primero un anciano le cuenta cómo mantenerse joven y después una fotógrafa le saca unas fotos a torso desnudo. Son excusas perfectas para que su compañero prejuicioso aumente sus recelos y son acontecimientos que, inexplicablemente no le provocan un despido.

Formalmente hace los típicos juegos de enmarcar a los personajes en la arquitectura de los interiores. Lo he visto mucho, no lo explota de manera original. No me interesa.

Es elogiable y valiente que se incluyan diálogos en árabe.


viernes, 12 de septiembre de 2025

THE BRUTALIST

Dir.: Brady Corbet
2024
215 min.

Hay bastante rato en el que la película me interesa poco. Me refiero a todo el tiempo en el que se trata de la vida de un hombre que tiene que rehacer su vida en Estados Unidos. No me interesa mucho la relación con su primo y tampoco me interesará mucho lo que le ocurra a su mujer cuando consiga salir de Europa. Es cierto que se percibe una preocupación de la película por incluir al personaje femenino; por esquivar la crítica típica de que solo se muestra al genio y se deja de lado a las mujer que le rodean en su vida.

Creo que los puntos en los que la película más brilla son todos ellos estéticos, sensoriales. Por ejemplo adoro todo el rato el fortísimo acento de Adrien Brody. Me encantan esas consonantes arrastradas. ¡Qué rabia dará cuando su mecenas diga que habla como un limpiabotas! Una secuencia que la película sabe lucirse muy bien es la del viaje a Carrara. Es una maravilla la música central de la película, con esas trompas apabullantes, resonando contra esos bloques lisos de mármol. Me encantan esos planos de colores desaturados (muy propios de A24, todo hay que decirlo) mostrando la trabajada ladera de la montaña blanca. El hombre desarrapado italiano camina por esas piedras como en una escena onírica. Me gusta cómo el eco permite disociar el sonido de las palabras de este hombre y la imagen. Me ha recordado a la escena de las catacumbas en “Te querré siempre”. Me encanta cuando las tres figuras se adentran en la cantera, como siluetas diminutas negras frente a ese fondo blanco veteado.

Hay una cosa que da un poco de lástima y es que percibamos que las creaciones del protagonista nunca se vean en su esplendor. Se dará más espacio a las máquinas de construcción pesada en las que deberá trabajar cuando sea expulsado por su primero. Por ejemplo la biblioteca con la que arranca todo, lo máximo que vemos de ella será cuando ambos primos cierren las puertas de la librería. Unas puertas que transforman de golpe la estancia completa ya que cubren todas las paredes. Ocurre parecido con el edificio que ocupará toda la película. Se nos llega a mostrar que hay bloques gigantes de hormigón que giran con gran ligereza. Pero parece que nunca se consigue que la imagen transmita esa potencia que la música busca. Me gustan algunos planos que me resultan abstractos. Casi me gusta más esa escena en la que se pelea con el otro aquitecto en los cimientos de la obra. Ahí sí se da una sensación de que hay recovecos. Por supuesto me gusta la sala que almacena agua, con esas columnas sorprendentemente livianas. Con respecto al punto central de la obra, la cruz que se ilumina en el altar creo que es mucho menos impactante de lo que se busca. Se nos ha anunciado que el arquitecto busca que haya un corazón de belleza en sus edificios. Es cierto que nunca lo habíamos visto hasta el cierre de esa escena. Pero lo cierto es que nos lo habíamos más o menos configurado en la cabeza. No tengo la percepción de ver por fin lo que tanto se nos había prometido. Sí está bien que lo siguiente que vemos sea la cruz cristiana invertida en el techo.

Por supuesto me gusta que lo primero que vemos de Estados Unidos sea la imagen de la Estatua de la Libertad dada la vuelta. Una imagen quizás facilona, pero no por ello menos gustosa. A estos extranjeros se les promete la libertad, pero tendrán que enfrentarse a muchísima xenofobia. En este punto la música de la película truena. En general música con todo lo apabullante que es nunca sonará del todo limpia. Nunca se la permite brillar del todo. Esto me gusta. Siempre tendrá algún ruido por ahí al fondo.

Cuando el mecenas saque a sus invitados al frío para mostrarles el descampado donde construirá su edificio me recuerda, mucho menos onírico, a ese paseo noctámbulo en “La dolce vita”. Me resulta inevitable cuando veo andamios a las órdenes de un megalómano no acordarme de las escenas finales de “Ocho y medio”.


SIRAT. TRANCE EN EL DESIERTO

Dir.: Oliver Laxe
2025
114 min.

No creo ser original si señalo la fusión entre “Climax (2018)” y “Mad Max: Furia en la carretera (2015)”. El segundo paralelismo es inmediato porque la cabeza rapada de Jade Oukid a bordo de esas máquinas motorizadas nos recuerda forzosamente a Charlize Theron.

Visualmente es una gozada. Los cielos que logra son una delicia. A veces consigue que cielos azules resplandecientes tengan tonos casi amarillentos. Un color del cielo que recuerda al de “Asteroid City (2023)”. Aquí con unas arenas de tonos mucho más desaturados. Podemos señalar algún plano aéreo en el que se ve el escarpado camino que han de recorrer los vehículos en la ladera de una montaña. El cielo tiene colores magentas, grises azules… Todo con una luz suave, la ladera oscura. Las luces de los coches algo fuera de foco pero sin efecto astigmático. Esas luces que avanzan en la noche recibiendo de cara el viento polvoriento del desierto pueden recordar a los planos más abstractos de “Mandy (2018)”.

La cámara consigue encontrar patrones rítmicos en los estratos de las montañas o en las vías pulidas de un tren. El zumbido de la música es una maravilla. Su diseño sonoro exige rabiosamente que la película se vea en cine. Un sistema de sonido que permita a nuestras caja torácicas reverberar como reverbera ese desierto.

Aunque vemos que la película tontea con lo abstracto en varias ocasiones, por algún motivo difícil de definir la seguimos percibiendo como lastradamente narrativa. Por ello nos sorprende que muera su hijo. Ni siquiera la transición a la siguiente escena me permite liberarme del miedo a que todo se revierta por algún motivo. Casi más sorprendente que la muerte del hijo es que muera un perro que le acompaña. Animal con el que se nos ha forzado a empatizar llevándole a un estado crítico por haber consumido LSD.

Este miedo de la dependencia de la diégesis me impide disfrutar plenamente del final. Por un lado me parece evidente que se sostiene demasiado un estado en el espectador que trata de mantenerse solo por la música obsesiva. Lo cierto es que las imágenes rompen con esta intensidad creciente. Evidentemente los personajes que están en escena han mirado a la muerte muy de cerca. Este es el estado de trance poderoso. Después se nos lleva a un tren que no se sabe a dónde va. Puedo entender el aspecto nihilista de esto e incluso es elogiable que se apele una vez más a las vías brillantes y rítmicas. Pero desde luego no ayuda a mantener la carga de la escena que acabamos de abandonar. Me parece mucho más autocontenido y poderoso el plano que acerca más y más a los altavoces que quedan sonando solos en el desierto. Sin fuente de energía conocida. Casi como monolitos de “2001: Una odisea en el espacio (1968)”.

La escena que culmina con la explosión de Jade funciona increíblemente bien. Ver a todos ellos bailar es una maravilla. Se le da una muerte muy cruel. Sin atisbo de épica. El plano en el que la camioneta cae al vacío tiene este punto casi ridículo. Arbitrario. Hay un punto de indiferencia hacia la víctima como ocurriría con Lars von Trier y compañía. Me encanta que la víctima de la primera explosión sea el personaje con más carisma de ese grupo. Hay que decir que ninguno de ellos actúa particularmente bien, pero siempre quedan muy bien en cámara. Los planos más crueles para sus artes interpretativas son los que tienen que llorar una pérdida. Son bastante poco favorecedores.

Por supuesto nunca se llega a un punto con esa densidad. Pero el hecho de que lleguen noticias aisladas, confusas, el viento, el sonido difícil… Me ha recordado al nihilismo que se mostraba en “El caballo de Turín (2011)”. Más por la forma que por el fondo, ya que aquí sí se confía mucho en la generosidad. Hay claramente una enseñanza en el protagonista: ¿qué sentido tiene ser conservador o precavido cuando ya se ha perdido todo? Adoro, por supuesto, que llegado un momento la premisa de la película deje de mencionarse de forma tan descarada y desafiante.


viernes, 13 de junio de 2025

CUANDO ACECHA LA MALDAD

Dir.: Demián Rugna
2023
99 min.

Me ha dado mucho miedo. Esto en su último tramo. En la primera parte de la película teníamos un despliegue de falta de humanidad, de ultraviolencia, vísceras. Los niños son plenamente partícipes de hechos desagradables. La violencia familiar aparece para reforzar lo terrible de lo que vemos. El típico recurso de Von Trier o Lanthimos. Era una violencia tan explícita y salvaje que en cierto sentido era previsible.

Hay muertes que parecen sacadas de lo peor de una spoof movie como la salpicadura de sangre tras la muerte de la madre atropellada. La muerte más memorable, y así se ha ganado su puesto en el cartel, es aquella en la que una mujer (por supuesto embarazada para aumentar la tragedia) se golpea la cara repetidamente con un hacha.

Esta fuerte carta de presentación hacía que los momentos en los que se vaticina la catástrofe pero en los que aún no se ha consumado, me resultaran muy tediosos. Si una película me demuestra que aquello de lo que es capaz es estimulante, entonces tiene toda mi expectación. Pero aquí, aunque el festival de sangre no se vuelve a repetir como en estas primeras escenas, es esta visceralidad lo que a mí me cabe esperar.

Normalmente habría agradecido el descuido a la hora de explicar la dinámica de los hechos sobrenaturales. Pero como la parte más lúdica era tan poco disfrutable, buscaba en las explicaciones debilísimas el interés que no tienen. Se muestran elementos como de navegación que no van a ningún lado. Se plantean normas para tratar a los demonios que tampoco tienen grandes implicaciones más allá de la prohibición de usar luz eléctrica. Se menciona que el demonio se aprovecha de los miedos de cada persona como ocurriera en “Babadook”.

Por algún motivo el personaje de Jaime, interpretado por Demián Salomón, me ha resultado muy entrañable. Su mirada seria, su bondad, su falta de protagonismo. El personaje de la exmujer me ha resultado odioso. Una mujer desquiciada. Ambos protagonizan uno de los momentos más terroríficos en el que ella camina por el arcén de la carretera, ensangrentada, mientras devora el cuerpo de su hijo. La cámara se mueve lentísima al pasar por su lado.

La coda tampoco me ha gustado. Podría haber acabado minutos antes o minutos después. Para cuando aparecen los créditos llevábamos varias escenas en las que se dan vueltas a los mismos elementos. El último acto de canibalismo me habría dado igual si no se permitiera, además, un movimiento de ojos juguetón en la perpetua mirada perdida de su hijo autista. Una actitud parecida al último plano de “Funny Games (1997)”.


viernes, 25 de abril de 2025

MEMORIAS DE UN CARACOL

Dir.: Adam Elliot
2024
94 min.

Tristísima. Si se me describiera el argumento probablemente cogería manía a la chica protagonista y narradora. Una persona apocada, que se recluye en una colección de toda clase de objetos con forma de caracol para recluirse en un mundo que le da miedo. Sin embargo no la vemos sufrir por su impotencia. Por muy vacía que nos parezca la vida que ella pretende vivir en su constante lectura y dedicada a la animación stop-motion, es lo que ella quiere. No percibimos esos deseos de ser alguien completamente distinto que normalmente caracterizan a personajes frustrantes. Tampoco nuestros protagonistas están envueltos en tragedias absurdas contra las que no pueden luchar. La decisión burocrática de separar ambos gemelos, cada uno en una punta del país podría tener este carácter incómodo, pero se despacha esta situación con un efectismo que nos impide reflexionar sobre ella y la lágrima aflora por primera vez.

Aunque se juega con tragedias muy radicales creo que tiene la habilidad de no hartarnos. Cuando vemos la recurrencia del alcoholismo del padre de los protagonistas nos tememos que este tema aparezca recurrentemente a lo largo de la trama. Al fin y al cabo era un drama que ya se había explorado en “Mary and Max (2009)”. A este hombre además se le planta una ludopatía y una tetraplegia. Pero por suerte se le mantiene como un personaje entrañable y que tampoco dura mucho como para que nos cansemos de sus miserias. Al gemelo menos apocado es al que se le da una vida más dura. Por supuesto ella no es que tenga una vida feliz, pero quien debe lidiar con un maltrato psicológico muy severo es un chico que se nos ha mostrado capaz de tener respuestas violentas ante la injusticia.

Esto con respecto a lo trágico, pero lo violento creo que hay un momento que sí que llega a sitios un poco sádicos. Me refiero al momento de la terapia de conversión para curar al chico su homosexualidad. Entiendo que el motivo para reflejarlo así sea para proporcionar una escena catártica, una venganza contra los extremismos religiosos. Aun así, como se nos ha prometido la muerte de ese chico resulta un poco obsceno ver tan en detalle esa electrocución.

Los personajes positivos son muy reconfortantes de ver en pantalla. Tras escribir esta frase me doy cuenta que sólo puedo hablar de Pinky, la ancianísima de vida trepidante y única amiga de Grace. Me gusta muchísimo la bondad de este personaje. Me gusta que le deje una enseñanza póstuma a nuestra protagonista. A pesar de ver con claridad que ella está tomando decisiones lamentables en su vida, como es su amiga la deja que actúe a su criterio.

El final de esta película es también muy bonito. No termina en un gran triunfo. Ninguno de los dos tenía sueños particularmente grandiosos y ninguno de los dos consigue un éxito abrumador. Consiguen un reencuentro que, por lo que se nos ha prometido en la narración, es milagroso. Pero ella llega a realizar su primer proyecto como cineasta de animación. Un proyecto que es paupérrimo, pero que es lo que ella quería hacer al fin y al cabo. Nos acordamos de esa humildad y entusiasmo con el que se enfrenta delante de su padre a esa tediosa tarea de mover un muñeco por encima de una mesa para ir tomando cada fotograma.

Con respecto al humor negro que ya veíamos en la anterior película aquí funciona muy bien. Me gusta la explicitud con la que se habla de sexo. Quizás en la anterior siempre que se entraba en estos temas por la edad de una y por la discapacidad del otro siempre parecía un poco incómodo que se hicieran según qué referencias. Aquí por ejemplo me ha hecho mucha gracia el momento en el que juntan a los dos caracoles en un tarro y todo el cristal se mancha de un fluido blanco.

La película en general es oscura, pero con una iluminación que suele marcar la fuente de luz permitiendo que todo tenga mucha textura, que percibamos mucho las sombras sobre el material de los muñecos. Las extremidades tienen mucha más plasticidad, pero en general percibimos las pieles muy duras. Por ejemplo la anciana a la que vemos morir en la primera escena tiene una piel que casi parece de madera. El juez que le regala a la chica una suerte de justicia vital parece más bien de cemento.


viernes, 28 de marzo de 2025

EL AMOR EN SU LUGAR

Dir.: Rodrigo Cortés
2021
103 min.

Una visión académica de “Birdman”. A aquella se le alabó el uso del plano secuencia para representar el caos de las tramoyas de un teatro, pero se le criticaba que se utilizara durante toda la película. Aquí tenemos planos secuencias cuando se recorren los pasillos del teatro y desaparece cuando nos metemos en escena. Sin embargo la película explicita el plano secuencia en su inicio. Empieza con la cámara fuera del gueto. Atraviesa de forma imposible los cables del tranvía y salta el muro. Seguiremos a la protagonista hasta que logra entrar al teatro. Ya dentro del teatro cuando por fin han terminado los títulos de crédito desaparece el plano secuencia.

A pesar de ello, los movimientos de cámara se vuelven más artificiales en esta película. Especialmente al final, según aumenta la tensión (que no es tanta como el montaje pretende) la cámara empieza a hacer acrobacias que parecen sacadas de Gaspar Noé. En general hay muchos trozos de película donde el montaje es demasiado rápido para llegar a ver a los actores.

Y digo ver por compasión. Porque entre los pasillos del teatro no se ve nada. Es algo intencionado porque la idea es dejar dos únicos lugares con luz en el helador gueto: el camerino donde hay una niña cuyo trabajo es añadir melodrama a la trama y el escenario. La luz del escenario busca que nos creamos los rótulos iniciales de la película, que nos aseguran que esos actores podían hacer olvidar al público que estaban en el gueto. Malamente nos podemos creer esto cuando el teatro es asaltado por soldados alemanes.

El caso es que por si esta idea no había quedado clara a lo largo de la película, la mujer más veterana del grupo teatral echa un discurso al público. Grita de forma desmedida que la actuación es lo que ellos son. Es una actitud que no cuadra con el descreimiento de este personaje que habíamos visto hasta entonces. Si no fuera por el drama de la huida del gueto del novio de la protagonista y su hermana pequeña, esta escena sería directamente ridícula.

Con respecto al triángulo amoroso que está montado en la compañía está el hecho de que se refleje en la propia obra, no muy interesante. Con respecto a este cruce de realidad y ficción es mucho más estimulante que en los créditos aparezca como autor de las letras quien, en la película, es el escritor de la obra de teatro que interpretan. El mismo dilema de si dejar ir a la persona a quien amas a cambio de salvar su vida me parece muy poco interesante, por lo menos en la manera frenética en la que está presentado.


viernes, 31 de enero de 2025

LA GUITARRA FLAMENCA DE YERAI CORTÉS

Dir.: C. Tangana
2024
91 min.

Me ha gustado mucho. Me he reído con los diálogos de los gitanos. Me ha emocionado la historia de un personaje que conocemos por destellos. El flamenco está rodado con una fuerza arrolladora. Los elementos narrativos funcionan muy bien, pero las escenas musicales son soberbias.

La puesta en escena es imaginativa. Incluso cuando la escenografía corre más riesgo de desbarrar, como es el momento en el que Yerai le canta a su madre subida en un altar, el momento más simbólico, ahí la estética sigue siendo muy llamativa. Esos zapatos brillantes golpeando el suelo, arrastrando la arena, qué forma de llenar el espacio sonoro. Es cierto que la cámara en mano en esta escena se mueve un poco errática. En particular me refiero a ese paseo que hace desde el maravilloso órgano de tubos que tan bien amalgama la música hasta Yerai. Este plano busca posicionar la cámara frente a su madre para construir el clímax con el que concluye la escena. Un clímax en el que percibimos claramente la mano de Raül Refree. Como digo, en algunos de los paseos de la cámara sobre la arena roja, vemos que el objetivo, más que caótico, parece perdido. Quiere mostrar ese deambular de las mujeres cubiertas con tejidos blancos, pero el resultado es un mareo.

Todos los momentos musicales funcionan genial. Es bonito que Yerai, siendo el protagonista del documental, nunca despliegue un virtuosismo que se coma las actuaciones. Al contrario: solemos fijarnos mucho más en quien esté cantando o bailando. El baile y las palmas de “La Plaza Argel” es una absoluta gozada. A lo largo de la actuación la cámara cambia de altura, gira desde dentro del círculo que forman los gitanos palmeros. Es una sensación muy inmersiva. Es la primera escena en la que vemos a tantos gitanos juntos. La estética de muchos de ellos nos resulta muy ajena. Unas tripas, unas barbas, unos tatuajes… Esta es la puerta de entrada a esta sociedad y por el resto de la película nos quedamos encandilados de ellos. Creo que hay algo hábil en la película a la hora de elegir qué cosas del mundo gitano, no digo esconder, porque no creo que se esconda nada, pero sí se elige hacia dónde dirigir el foco. Por ejemplo hay una charla maravillosa en el patio de una casa en la que se habla de cómo reaccionó el mundo gitano al enterarse de que Yerai tenía una novia paya. Aquí se habla de lo tóxico que son los hombres gitanos. Por la gracia que tienen todos ellos al hablar, se puede sacar este turbio tema sin que perdamos el cariño por ellos. El esperpento máximo se alcanza en la canción “Los gitanos sonamos así”. Se recrea en un río seco una vida gitana antigua. Con un patriarca que parece salido del sketch más ofensivo de Juan Muñoz. Un mero figurante Israel Fernández. Un teclista berbenero a más no poder. Es una delicia.

Narrativamente se busca que la historia no esté en primer plano todo el rato. Vamos oyendo conversaciones acerca de Tania. Descubrimos que Tania es su novia paya. Después oímos algo de una infidelidad. De repente Tania cambia de color de pelo, lo que por un momento, nos puede confundir acerca de quién es esa persona. Pero a la vez se habla de Tania como alguien que ha muerto y cuya tumba va a visitar Yerai… Es todo muy confuso. Pero nunca es críptico. No se trata de ir recogiendo las piezas de un puzzle. Se nos desorienta con una conversación y en la siguiente escena se nos revela de qué se estaba hablando.

Hay que ser muy hábil para conseguir emocionarnos de esa manera simplemente poniendo la cámara delante del nicho de esa chica muerta con 24 años. Esto es un documental, no hay forma de que nos creamos las supersticiones que todo el mundo da por ciertas al rededor de la muerte de esta chica. Toda esa poesía de que murió por haber tenido que guardar un secreto… No podemos creernos todo eso y sin embargo cuando Yerai llora delante de la lápida, todo aquello de lo que habíamos renegado desde la butaca, surte efecto y la lágrima aflora.

Los testimonios de los dos padres son muy divertidos. Me gusta esa incontinencia verbal que tiene la madre. Lo efímero de sus eso no se puede decir, que se traicionan en cuanto Antón sostiene la mirada un segundo más. Me gusta esa narración del padre, la de la persecución policial en coche, que revela el final, a lo Shyamalan, que todo le ocurrió con 12 años. Me encanta cuando el padre le dice a su hijo: ¿tú de esto estás pillando algo? Me encanta ese hombre persiguiendo a C. Tangana, Poncho, para que grabe algo con su hijo. Me gustan sus subjuntivos imposibles.


viernes, 24 de enero de 2025

NOSFERATU

Dir.: Robert Eggers
2024
132 min.

Me resulta un poco bochornoso que Nosferatu se presente como una alegoría del deseo sexual de la protagonista femenina. El diálogo que tienen ellos dos en la habitación me resulta un poco insoportable. Por un lado porque se le da al vampiro una explicación con la que uno entendería que es algo dentro de ella lo que ha traído la peste al pueblo. En general es imposible cogerle nada de cariño a este monstruo. La forma que tiene de hablar es hostil todo el rato. No hay rastro de esos modales exquisitos que veíamos en las anteriores películas. Entiendo que la idea es confrontarlo con el marido pusilánime, Thomas. Se intenta representar un juego a tres en el que la seducción, la entrega voluntaria de la chica, conlleva la pérdida total de la hombría de su esposo. Este personaje está muy maltratado en la película. Recordemos el juego perverso en el que Willem Dafoe incita a Thomas a hacerse el machote solo para que Ellen pueda pasar la noche sola en casa y recibir a su amante.

Una de las pocas cosas interesantes que se pueden rescatar del juego erótico es la reflexión de que si asumimos que chuparle la sangre a Ellen es una entrega carnal, chuparle la sangre a Thomas no tiene por qué ser distinto. Esto implica que cuando Nosferatu muerda a Thomas veremos un plano en el que evidentemente le está sometiendo sexualmente. A pesar de que esta lectura de la historia sea novedosa, lamento que esté ahí al servicio de unos valores tan toscos.

La historia de Nosferatu es más bien tonta. Se puede adornar dándole las lecturas que se quiera, pero al final es una historia de un monstruo. Si nos gusta “Nosferatu (1922)” y “Nosferatu, el vampiro de la noche (1979)” es porque ambas proponen estéticas muy fuertes. Aquí me cuesta simpatizar con la película porque todo tiene un aura de un gótico kitsch. Estéticamente vale muy poco. Pero además la historia me la están contando con unos aires de trascendencia que no puedo con ellos. La forma de hablar de Nosferatu es terrible, parece una parodia de quien intenta dar mucho, mucho miedo. Me resulta bochornoso el encuentro con la carroza embrujada. Casi a nivel de Tim Burton. Y es de una soberbia feroz que se apele a las sombras que hicieron mítica la obra de Murnau. No contento con tratar de remedar uno de los planos más famosos de la historia del cine, considera las sombras como algo a lo que se recurrirá siempre que más o menos cuadre. Lo tenemos nada más empezar, ese plano terrible de la mano acechante sobre la ciudad (más que a “Nosferatu (1922)” parece apelar a “Fausto (1926)”) y el plano que más explícitamente dialoga con la de Murnau, aquel en el que se suben las escaleras. Un plano que aparece sin potencia alguna, como un guiño travieso en el exordio del clímax de la película.

Si tenemos que reconocerle una invención estética a la película es el hecho de que Nosferatu luzca bigote. No solo bigote sino unos pelos mal puestos en la calva. Al contrario que Herzog y Murnau, que disfrutaban de mostrarnos a su lívido vampiro, aquí se trata de esconderlo el mayor tiempo posible. Esto permite a Robert Eggers crear hábilmente un susto muy efectivo. Cuando Nosferatu se acerca a morder por primera vez a Thomas, el vampiro se aparece desde las sombras y aproximándose al haz de luz nocturna que entra por la ventana: es la primera vez que vamos a ver el diseño de este personaje. Nuestra atención a la pantalla es máxima, entonces vemos la imagen de Hellen con la cara ensangrentada. El diseño de Nosferatu es prácticamente el punto fuerte del personaje frente a cualquier otro vampiro, que aproveche la revelación, la máxima concentración del espectador para aumentar la efectividad del susto me parece por lo menos sagaz.

La bodega del barco es, tanto en Nosferatu como en “Drácula (1931)”, un momento importante para entender el poder de este monstruo. Es decir: cuando se baja a la bodega es porque sabemos que Nosferatu va a salir de su caja. En ese sentido es también un buen momento para darnos un susto. Pero me parece que lo que se obtiene es bastante torpe.

El momento de la muerte de Nosferatu es otro de los momentos clave en la película. La transición en cortinilla horizontal es uno de los momentos estelares de “Nosferatu (1922)”. Su sucesora nos deja esa imagen tan ferozmente cómica de Klaus Kinski tirado en el suelo con los ojos en blanco, como si fuera una cucaracha muerta. Aquí el parguelas entra en la habitación a punto de descubrir a su amante. El contraplano de esa uva pasa, con las piernas de alambre es de un ridículo espantoso. No tengo pegas en que esto ocurra, insisto en que la historia de Nosferatu es una chorrada. Hace 100 años podemos entender que se la tomara en serio, hoy de ninguna de las maneras. Lo grave es que la película no parece darse cuenta del dislate que está narrando y no cede ni un segundo en la solemnidad que pretende insuflar a esa muerte.

También me parece un pastiche cuanto rodea a Willem Dafoe. Lo que en “Nosferatu (1922)” se resolvía con un librito que lee Thomas, aquí lo tiene que decir de viva voz este médico esotérico. Convencionalmente entendemos que no es elegante que se nos explique la trama por escrito. Pero es un recurso que está tan denostado que podría reivindicarse como algo estilístico. ¡Podría haber colado como un guiño a la obra original! Pero un personaje que viene a contarnos lo que pasa… Eso es terrible. Reconozco que quizás soy más duro con él de lo que se merece porque es el responsable de convertir la película de vampiros en una película de posesiones. Podemos ver a Hellen retorcerse en la cama con una corporalidad que dista muy poco de “El exorcista (1973)”.

La muerte de las dos niñas tiene el hoy en día típico momento de mirada de la violencia como algo anodino. Podemos reconocer en la forma en la que Nosferatu arroja al suelo con total falta de respeto a sus víctimas la misma posición soberbia que tenía la cámara ante el desagradable final de “Men (2022)”. Que muera su madre nos deja una escena de necrofilia muy innecesaria, aquí sí, sin ninguna solemnidad. Por lo gratuito y lo grave de la acción me ha parecido divertida. Antes de esto hemos visto los tres ataúdes bajar de la carroza fúnebre. Aquí creo que hay un golpe de efecto muy bueno: la cámara empieza mostrando la carroza; con un paneo horizontal recorremos todo lo largo que es el ataúd de la mujer adulta. Al terminar esta caja vemos los dos cofres mucho más cortos y, supongo que para hacerlo más evidente, absurdamente altos.


viernes, 10 de enero de 2025

PARTHENOPE

Dir.: Paolo Sorrentino
2024
136 min.

Arranca con la belleza típica de las películas de Sorrentino. El primer plano de hecho es una imagen que me encanta: de la niebla acerćandose a la costa, una enorme y barroca carroza emerge flotando en una nave acompañada de un magnate gordo y presuntuoso. Lo cierto es que rápidamente la película se convierte en una pura adoración a su actriz principal: Celeste Dalla Porta. Es guapísima, es cierto. Las escenas en las que rebosa juventud luce un rostro, unos labios que generan un tipo de sensualidad como el de Sue en “La sustancia (2024)”. Por supuesto con una elegancia que aquella película no tenía.

Puedo entender que esta primera parte trate de mostrarnos lo bellísima que ella es en su juventud. Pero toda la mirada busca exprimir tanto la belleza y con tan poca sutilidad que la estética resultante es casi de anuncio. El uso de la cámara lenta a veces me resulta hasta bochornoso. Tampoco es lo más bonito que ella emerja de las aguas mediterráneas con el maquillaje impecable. Creo que en la parte final, cuando se debería recoger todo esto, tampoco se llega a sitios interesantes. De hecho me parece que la película se descalabra un poco. Me suena a un señor mayor diciendo a los jóvenes que aprovechen mientras puedan, que ya tendrán tiempo de convertirse en gente seria más adelante.

Todo lo que tiene que ver con la subtrama de convertirse en una actriz no me interesa demasiado. En particular el discurso que esa vieja gloria decadente ofrece delante de los habitantes de Nápoles. Puedo entender que para alguien de esa región escuchar esas palabras pueda servirle para generar una identidad, pero a mí es algo que narrativamente me da igual y en contenido me resulta demasiado ajeno. Además este negociado de convertirse en una diva tiene la rara escena de la ducha. Un momento en el que se genera un erotismo cuyo grado de ironía es difícil de calibrar: las siluetas de dos mujeres se dan un beso lésbico que tampoco entendemos del todo. Por el vapor de la ducha, por la belleza de la joven y por la promesa de la fealdad de la mayor podemos pensar de nuevo en el dúo de protagonistas de “La sustancia”.

Las fiestas sí me gustan bastante. Más la primera, que desencadenará el suicidio de su hermano, que la segunda, con el extraño encuentro con el cura. Me gusta mucho cómo ella se pasea por esos jardines llenos de gente rica, un jardín de las vanidades como el que se evocaba en “La gran belleza (2013)”, por transitividad la referencia es “La dolce vita (1960)”. Me encanta cómo las parejas de gente vestida con alta costura están casi tiradas por las esquinas. Esos abrazos que deambulan por esos mármoles. Hay algún momento hasta onírico casi: ese hombre joven trajeado, repeinado moviéndose por las estancias repitiendo: mamá, mamá, mamá… Hay un letargo en estas escenas que me recuerda a los pesados paseos de “El año pasado en Merienbad (1961)”.

Hay muchas cosas que se introducen sin saber muy bien a dónde vamos con ellas. Mi favorita es el tema del incesto. Me gusta que se sugiera una especie de amor platónico, que no va a ningún sitio. Se explica con poca profundidad. Se roza con la suficiente cercanía como para que no quepa lugar a dudas. Y encima se resuelve de forma trágica por lo que es ineludible.

En la segunda mitad se entretiene con el desagradable cura, deseoso por recibir las miradas de la gente cuando le piden un milagro a San Genaro en una escena que nos hace pensar en la iglesia de “Las noches de Cabiria (1957)”. Creo que lo peor de este juego sexual es que parece que Parthenope nunca actúa por deseo propio. Parece que los hombres se rinden a sus pies y que ella es casi una deidad que arbitrariamente decide a quién le concede su favor y a quién no. Un retrato totalmente despersonalizador. El escalabre total de la película llegará cuando aparezca el bebé amorfo. Aquí podemos ponernos a enumerar una ristra de monstruos con los que A24 acostumbra a cerrar sus películas.

El problema no solo es que la película se vaya de madre. Es que además las frases están todas escritas de una manera muy cargante. Se dice alguna vez que a Parthenope le gusta mucho tener siempre la respuesta precisa; como en las películas antiguas. Y es cierto que muchos diálogos parecen sacados de películas de los años 50. Lo entiendo como decisión estilística y me parece bien. Pero si la historia me la estás contando a través de ellos y no tiene un fuste propio, se me desmonta todo. Casi peor que el bebé me parece la despedida de ese novio de juventud. Es una despedida que se toma en serio a sí misma. Se da mucha importancia sin que todo sea lo suficientemente rimbombante como para poder verla con ojos irónicos.

Me gusta mucho la secuencia de la mafia. Es cierto que no soporto mucho el arranque porque nace de una conversación con un desconocido, al que ningún humano le dedicaría la más mínima atención. Es todo muy artificial. Pero cuando llegamos vemos unos bajos fondos con una serie de estampas que me encanta. Un paseo por esas calles sin apenas diálogos. Viendo las condiciones de vida de esas familias… Eso me gusta mucho. Me gusta incluso la sordidez con la que se graba la violación consentida necesaria para que dos familias de la mafia napolitana se unan. Hay un contacto visual entre las dos mujeres que, en cualquier otra película que tuviera una mirada menos masculina, resultaría reivindicativa; un canto a la sororidad. Tiene el mismo tono que ese roce de dedos en “Nunca, casi nunca, a veces, siempre (2020)”.

Musicalmente tampoco creo que esté particularmente acertada. Se usan mucho unas trompetas de notas sostenidas que parecen querer darle un ambiente etéreo a unas escenas cuyos textos no las permiten volar de ninguna de las maneras. Sí me gusta cuando suena ida de madre la canción italiana mientras Parthenope se enreda con su hermano y su amante. Pero cuando vuelva a aparecer esta canción casi al final de la película la banda sonora hace un fundido que parece salido del peor telefilme.


viernes, 3 de enero de 2025

TARDES DE SOLEDAD

Dir.: Albert Serra
2024
125 min.

La actividad del torero queda retratada con cierta rutina. Las escenas dentro de la furgoneta que le trasladan entre la plaza y el hotel podrían ser la clase de momentos que muestren lo anodino de un oficio. Sin embargo son escenas con verdadera tensión. Podemos notar que, por lo menos en la cabeza de Andrés Roca Rey, hay una actividad importante. Por el contrario en la plaza, quizás por tener las corridas con poca diferencia de tiempo, porque los planos son limitados, porque los elementos que aparecen en cuadro se reducen al toro y al torero; el hecho es que le vemos repetir los mismos movimientos. Los alardes de valentía y virilidad son siempre reconocibles.

Escuchamos continuamente las mismas voces. Cómo a cada pase el torero repite: toro. Cómo la cuadrilla insulta y llama de todo al animal. Hay un momento dado en el que dos toreros están mareando al animal; colocándolo al gusto del señorito para que pueda matarlo. La cámara no nos muestra aquí sus rostros. Lo que sí oímos, sin embargo, son los ruidos rudos y animales que los dos toreros emiten para llamar su atención. El cuestionamiento moral de la película evidente es el de la tortura animal, es claro. Sin embargo hay algunos momentos en los que el retrato que recibe esta gente es casi el de un señorito del mundo de la alta cultura, que ha bajado a la arena a extraer todo lo estético que le interesa.

Lo cual agradezco. Aparece muy poco, pero hay algún plano en el que se cuela el público. Toda la solemnidad que la película haya podido generar lo cierto es que se diluye al ver a esas personas. Lo más desagradable de ver sin duda es la muerte del toro, pero lo que tiene de espectáculo de masas tampoco es que deje a uno con una sensación placentera.

Los planos de la muerte del toro son crudos, sí. Pero es que además no llegan a mostrar una sublimación de esa imagen. El torero cuando entra a matar tiene unos ojos blancos, pero que en cualquier ficción estarían inyectados en sangre. Son ojos asesinos, su boca es salvaje. Es un personaje totalmente terrorífico. Ello además se ve favorecido por la fotografía rojísima que tan bellamente le sienta al amarillo de la arena. El resultado de este espadazo ni siquiera es una muerte rotunda. El animal, que lleva varios minutos con la lengua fuera, aún da unos pasos hasta que cae al suelo. Los ojos, la manera en la que las patas siguen rígidas… Todo ello es muy desagradable de ver. Ni siquiera cuando le dan la puntilla tenemos una imagen que podamos ver con poesía: es un sufrimiento que parece no tener fin. Este horror tiene como conclusión un trato de total desprecio hacia el animal que yace en la arena; sin que su cuerpo se haya relajado por completo. Unos caballos entran a la plaza y, como un procedimiento industrial, sacan al animal arrastrándolo por la plaza. Es una imagen desoladora.

Ver estas imágenes tan despiadadas de alguna manera nos anestesian. Así para cuando vemos otras estampas cruentas como el flujo de sangre cayendo por el lomo del más claro de los toros podemos apreciar la potencia estética de ese plano macabro.

Cuando en el cuadro no se cuela nada que esté fuera de la arena se genera un efecto bastante abstracto. El plano final en el que la música se vuelve etérea y Roca Rey cruza la plaza entera casi parece uno de los planos finales de “Solaris (1972)”. Casi lamento que llegue a verse la puerta por la que abandona el ruedo. Que oigamos al público aplaudir, silbar o gritar puede acompañar a las imágenes que vemos. Aunque tengan el mismo efecto que las risas enlatadas, sirven para marcar un ritmo a lo que vemos. Lo que resulta muy disruptivo es lo terrenal de los pasodobles. Toda la tensión que se está generando en la escena pareciera que la rompe alguien porque percibe que el público pudiera estar aburriéndose.

Supongo que la imagen que más ensalza la hombría del torero es aquella en la que queda de frente, entre los dos cuernos del animal. Al tener la sucesión de corridas no podemos obviar que los pasos cortos que realiza para llegar a esta posición son siempre los mismos. No quiero decir que para él sea una acción trivial y que se limite a efectuarla como un profesional. Creo que la actitud del torero es siempre de gran entrega y de mucho peso escénico. Pero como espectador seguro que le resta algo de heroísmo.

Si algo se repite es el peloteo de su cuadrilla. Entiendo que por un lado tendrán justificación técnica, en el sentido de que ese hombre necesitará una confianza ciega para reunir el valor de hacer lo que hace. Creo que sin embargo hay un elogio genuino. Hay una especie de veneración a la persona. Mientras que Roca Rey tiene un gran porte, una mirada atractiva y todo él es bello, el resto de miembros parecen sacados de una viñeta de Pedro Vera. Insisto en que creo que este es el motivo principal para que estemos oyendo todo el rato Ole tus huevos y demás adulaciones. Pero tampoco se nos puede escapar que son sus empleados. En el mundo del toreo hay algún tufo rancio de respeto a las jerarquías.

En el cine de Serra son habituales los planos que de repente dedican algunos minutos a mirar a un actor que no es el protagonista de la escena. Son típicas sus miradas perdidas. Sin sabe muy bien si estamos viendo a un personaje mostrar indiferencia hacia la acción principal, o si el actor no se sabe enfocado y, por tanto, puede relajarse. Ha sido muy sorprendente reconocer ese mismo tropo en los miembros de la cuadrilla. Tras informarle de que la plaza le está midiendo, dos banderilleros se quedan cerca del burladero, la cámara no sigue a Roca Rey mientras camina al encuentro del toro. Estos dos individuos miran con interés pero relajados. Se puede discutir si esta imagen puede tener algún mérito, pero desde luego no es nada común en una película.

En el toreo hay una especie de igualdad fingida entre víctima y verdugo. Obviamente no para todos es un deseo, pero que exista la posibilidad de una cogida fatal es lo que hace a ese espectáculo único. Sabiendo que es un documental y sabiendo que Roca Rey no ha salido en las esquelas del periódico no podemos esperar grandes sorpresas de la película.

Hay una escena que es una maravilla: aquella en la que se viste. Se puede ver y oír una tensión en las telas que me recordaban a las de Antonio Gades en “Bodas de sangre (1981)”. Cómo levantan a ese tío del suelo un palmo sólo para que entre en sus pantalones, cómo se debe usar una aguja para abrochar un recóndito botón. Esa elegancia tan histriónica del traje de luces se contrasta con unos blancos, unos ámbares y unos dorados terribles del Hotel Ritz de Madrid.


viernes, 6 de diciembre de 2024

FLOW

Dir.: Gints Zilbalodis
2024
83 min.

A no ser que se empatice con nuestro protagonista la película es una gozada. En caso contrario es un conjunto de penurias que tanto detesto. El tratamiento de los personajes se mantiene en una personificación algo leve. Sin duda no dotarles de lenguaje nos ayuda mucho a mantener una cierta distancia. Gracias a ello podemos soportar las relaciones de abuso interespecie que enfrentan a las aves zancudas o a los perros contra el gato protagonista. Es admirable que se consiga esta distancia a la vez que muestran habilidades tales como el manejo del timón de un barco. Hábilmente el guion se ocupa de que nunca enfrenten problemas que quedarían resueltos si tuvieran la precisión motora de un humano.

En cuanto al argumento me gusta que se nos plantee como objetivo unas altísimas columnas; casi celestiales. Tenemos claro que ahí queremos llegar, no sabemos muy bien por qué, pero tampoco es relevante. Estamos en un mundo asolado por las aguas, vayamos ahí. Se vuelve incluso un objetivo imperativo si pensamos en la querencia de los gatos a subir a sitios altos. Una vez que hemos llegado ahí y el ave patilarga ha ascendido a una suerte de plano trascendental a través de las auroras boreales nos quedamos sin una dirección a la que ir. Los pocos minutos desde aquí hasta que acabe, me pierden bastante. Incluso tenemos un momento en el que los animales deben trabajar en equipo para salvar a los perros y al capibara. Un conflicto que me parece fuera de la tónica de la película y que se resuelve con el único objetivo de pintar a los perros como una especie egoísta. Un retrato que me parece algo difícil de compartir porque lo que les hace olvidarse de sus compañeros de viaje es la persecución de un conejo, es decir algo puramente instintivo. Entiendo que la película busca con este acto de abandono caracterizar a los perros porque ya muchas veces antes se los ha pintado como personajes negativos; pero, insisto, recurrir a un impulso que el espectador percibe como inapelablemente irracional me parece muy desconcertante.

Obviando estos detalles que, sin duda, un público infantil pasa por alto fascinado por el despliegue visual, la película es una gozada. La cámara nunca para: siempre se mueve con muchísima fluidez. Aunque sea un tópico decirlo, los larguísimos planos pasan desapercibidos. Los contraplanos siempre aparecen con un giro de cámara. Esta suavidad al moverse dota a todas las escenas de gran calma. Incluso los momentos más violentos, en los que el ave queda con un ala malherida, no permiten que se tense la escena. El animal protagonista puede sentir miedo, como se espera de un gato, pero ni la música ni la cinemática se esfuerza en que los espectadores humanos sintamos el miedo visceral de un animal.

Nunca se explica en qué tipo de mundo estamos. Entendemos que en una etapa de nuestra Tierra postantrópica. Esa falta de descripción le permite desplegar una serie de recursos como le dé la gana. No diré que una ciudad sumergida sea algo original, pero se permite jugar con ello de forma muy libre. La imagen que sí parece más inédita es la de un enorme cetáceo con apéndices de aspecto mesozoico saltando majestuoso entre las ruinas de una ciudad renacentista inundada. Esta libertad en el diseño de escenario le permite evocar un pasado majestuoso que desapareció; con colosales esculturas de gatos y de personas. Igualmente es indócil la premisa; y tan pronto se inunda el mundo como se disipan las aguas para devolvernos a la normalidad.

La imagen que se reproduce en el plano del gato flotando entre peces de colores es ciertamente bella. Su creador lo sabe y se apela a ella un par de veces. Claramente el valor estético es el motivo principal para mostrar estos bancos de peces. Pero a nivel de guión resuelve un asunto que, en otras historias, podría ser una complicación cuya resolución no suele ser estimulante de ver: el problema de la manutención. Aquí nuestros protagonistas nunca pasan hambre porque siempre tienen peces disponibles para comer. A los peces se los asume como totalmente inhumanos y así la cadena trófica no pone en jaque la positividad del protagonista.

El nivel de la animación es brutal. Hay algún momento en el que la lengua del golden retriever es más bidimensional de lo que debería. Pero la textura del agua es perfecta. La cinemática es perfecta. El movimiento de la vegetación al paso de los animales es perfecto. Se renuncia a la textura de pelo que tanto asombraba en “Monstruos, S.A. (2001)”. Así no hay que enfrentarse al desafío de cuán mojado está el pelaje a cada momento.