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viernes, 21 de julio de 2023

ASTEROID CITY

Dir.: Wes Anderson
2023
104 min.

Lo que más llama la atención es la elección del formato del cuadro. Wes Anderson es un director que llena la imagen de detalles. Esto es muy fácil de hacer cuando tu cuadro no es tan apaisado como en este caso. Quizás me senté muy atrás en el cine, pero en los planos generales yo veía muchas veces cosas moverse por la pantalla sin llegar a distinguirlas bien. Cuando está en otro plano de realidad en el que el cuadro se vuelve cuadrado se nota que sabe mucho mejor qué hacer con el espacio de que dispone. Pero tampoco rellena la pantalla porque para obtener el formato cuadrado se ponen bandas negras verticales, por lo tanto nunca se despliega el terreno de Wes Anderson al completo. En una escena en blanco y negro, en la que un hombre habla con Scarlett Johanson, ella está en primer plano y él está reflejado en un espejo diminuto en una esquina. Esta es la clase de composiciones que reconocemos como propias del director y que no le terminan de funcionar del todo bien. De hecho en algunas ocasiones los personajes se hablan de una ventana a otra. Es decir: los enmarca en un formato cuadrado.

Con respecto a la inmensidad de caras reconocibles que tiene el reparto hay una que llama poderosamente la atención. Quizás simplemente sea que al resto ya los hemos visto con esos rostros desprovistos de toda emotividad, pero ver a Steve Carell encarnando a un personaje de suma amabilidad y cuya toda comicidad está en su estoicismo casi parece un desperdicio de elección de reparto.

Hay un chiste que me gustó mucho. Entiendo que es por mi filia personal por el cine que abraza su propia artificiosidad. Me refiero al momento en el que, en mitad de una escena bastante normal, Bryan Cranston aparece de la manera en la que aparecen sus personajes, simplemente a hacer la broma de que él no pertenece a ese nivel de realidad.

Como se nos muestra una serie de personajes que se supone que están haciendo el montaje teatral que es la propia “Asteroid City” se habla de ese texto. Por supuesto se tiene que decir que la obra es mala. Quizás lo sea. Lo más llamativo es que se habla de cosas que aún no hemos visto. Se discuten líneas de texto que aún no han hecho los personajes… Esto me gusta. También me gusta mucho que la historia que nos plantean sea imposible que pertenezca a un montaje teatral. Me gusta mucho que se hable de una mujer difunta en cuya foto aparece Margot Robbie. Conociendo a Anderson me habría creído que ella no sale en toda la película. Aun así en el nivel de realidad en blanco y negro la vemos como actriz, trabajando en el teatro de al lado y repitiendo la puesta en escena que tienen los diálogos de este hombre con Scarlett Johanson.

Me gusta mucho el momento del alienígena. Me gusta su diseño. Me gusta su comicidad y me gusta le mezcla entre la naturalidad de sus movimientos comparado con el hieratismo de los personajes de Wes Anderson a la vez que no se busca una animación realista de este personaje.


viernes, 18 de marzo de 2022

LA CRÓNICA FRANCESA

Dir.: Wes Anderson
2021
108 min.

Bill Murray encontró en Anderson la forma de poder actuar cada vez menos. En esta película su hieratismo es absoluto. No sé si mueve un solo músculo facial en toda su interpretación.

Anderson se radicaliza. A decir verdad no hay nada que no viniera explotando desde antes. Pero en esta película hace todo más insistente, todo más artificial. Quizás lo único que se aleje un poco de las propuestas anteriores sea el blanco y negro. Puede que incluso sea un recurso para no cansarnos de sus exigentes propuestas. A cambio tenemos los cambios incomprensibles del color al blanco y negro. Más comprensible es la alternancia entre el formato panorámico y cuadrado.

Otra característica suya que aquí se hace con desvergüenza es la combinación de platós adyacentes. Vemos cómo la cámara se mueve en trávelin pasando por cientos de estancias y sin cortar nunca el plano. Pienso en particular el recorrido que hace el periodista negro por las estancias de la comisaria en la que visita a un comisario; también cuando se expresa el éxito del pintor interpretado por Benicio del Toro. En esta última secuencia hay muchas escenas de fiestas de alta sociedad. Cada una de estas escenas es un plató con los actores quietos, formando la estampa y los objetos flotando en el aire.

Resulta muy provocador que Anderson quiera tener en su película a todos sus grandes actores pero reservando a algunos de ellos papeles diminutos. Nos sorprende por primera vez el indio coprotagonista de “Hotel Budapest”, hace de Benicio del Toro de joven, completamente ido de la cabeza. Es brevísimo. Pero lo más grave es cuando aparece Willem Dafoe. Su aparición en el gallinero, una jaula diminuta, es estelar; pero su papel consiste en aparecer. Algo parecido ocurre con Christoph Waltz haciendo de pretendiente de Frances Macdormand.

Todo el mundo sabe que a las películas no les sientan bien las estructuras episódicas. En este caso no se nota muchísimo. La principal aportación de Anderson es la estética y estéticamente la película es continua. La última historia, quizás la más narrativa, se me hace algo dura. Ya llevamos dos historias a las que hay que sumar la presentación de Owen Wilson, que nos deja el efectivo gag del ciclista cayéndose por las escaleras del metro.

La apelación a Francia se reduce prácticamente al escenario. Así vemos al camarero que trabaja en la redacción recorriendo las estancias del edificio en una copia casi exacta del mítico plano de “Mi tío” de Tati. No solo. También tenemos a una periodista americana que se acuesta con el universitario Timothée Chalamet influida por los constructivistas de ese marzo que remeda mayo del 68. Creo que es la historia que tiene más fuerza.

Todo el estilo de Anderson marca una distancia con lo mostrado en pantalla. Quizás el momento más radical es cuando se mata a un niño con una pistola para poder secuestrar al hijo del comisario. En la desenfrenada persecución en coche por las calles francesas no se atrevió a atropellar a un gato que estuvo cerca. Si Anderson tiene de forma natural un gusto por la violencia, en este caso que puede hacer lo que quiera con la animación se divierte como un enano. Así tenemos ese maravilloso plano del forzudo agarrado a un capó de un coche que sale despedido contra el escaparate de una tienda. En esta misma escena le vemos arrancar el capó. ¿Por qué? Sospecho que por el gusto de Anderson por los mecanismos: solo para poder mostrarnos el motor del coche.