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viernes, 3 de octubre de 2025

LE LLAMABAN TRINIDAD

Dir.: Enzo Barboni
1970
109 min.

Comete el error que hace fracasar a las películas de explotación: no abraza con fuerza el elemento de reclamo. A esta película hemos venido a ver los golpes. Queremos la violencia inverosímil. Me produce una pereza horrible cada vez que arranca a hablar el barbudo representante de los mormones. Puedo entender la intención del retrato de esta gente humilde, de gente que rechaza la violencia, para tener esa escena final en la que han de usar los puños. No me parece un chiste que merezca la pena de habernos tragado tantos minutos de las miserias de esta gente.

Igual pasa con los agravios que sufren. Estas gentes podrán tener nuestra simpatía, pero son retrógrados y fanáticos, no llegaremos nunca a empatizar con ellos. No queremos verles una y otra vez quedarse como pasmarotes ante los abusos de los vándalos mexicanos. Tampoco nos gusta el rico gobernador que quiere echarlos del valle. Entiendo que todo esto son elementos para mayor gloria de los hermanos Trinidad. Al fin y al cabo son los héroes. Pero en general son soberbios y es difícil que les lleguemos a admirar. Se han mostrado tan omnisapienciales, sabemos que la película va tan a favor de ellos, que les percibimos casi como tramposos. Todas las escenas están montadas para que ellos sean los más listos. Ven lo que el espectador puede ver pero ellos no están mirando. Y, si hace falta, seducen a una chica que les mira por primera vez.

Esas dos ninfas que se bañan en el agua y que convenientemente rechazan la monogamia, sí son lo suficientemente gratuitas y desvergonzadas como para que me resulten divertidas. Le dan una antigüedad a la película que me permite mirarla con benevolencia.

La imagen de Terrence Hill es muy llamativa. Su piel tiznada, oscura contrasta con unos ojos y dientes claros. Un contraste muy conveniente para que resalte su sonrisa burlona. Hay que decir que no siempre se conseguirá el alivio cómico que se pretende. En una pelea en un bar él salta detrás de la barra y despacha puñetazos a sus adversarios como si él fuera un camarero. Todo ello ocurre con una falta de ritmo que nos hace mirar esa actitud de Bugs Bunny con cierta lástima.

Me ha gustado ese medio de transporte chulesco. Tumbado sobre una lona detrás de un caballo. Una idea que sobre el papel puede resultar icónica. Abandonamos la película con esta imagen en la memoria pero la olvidamos durante la mayor parte del metraje. En cierto sentido es como el ataúd de “Django (1966)”. Pero ahí sí tenía sentido para la sorpresa final del guión. Casi igual de grabada se nos queda una imagen totalmente accidental. En la primera escena entrará a una taberna sobre cuyo tejado parece estar una vaca.

Igual de gratuito es el título. Verdaderamente él se presenta como Trinidad. Se dice al inicio y, yo diría, nadie se llega a referir a él por ese nombre. Por supuesto que existen muchas películas cuyo título es el nombre de su protagonista, pero aquí se complejiza el título para darle un misterio, un aire de leyenda que nunca se recoge.

Los golpes ni son tan exagerados como típicamente se piensa de estas películas ni son tantos ni demasiado imaginativos. La primera vez que Bud Spencer hace gala de su fuerza es llevando en volandas a un pobre diablillo chiquitujo que está apresado. Le coloca sobre una cama como si fuera un pelele. Pero lo vemos más como quien reconoce el rasgo característico de esta pareja de actores que como quien se maravilla por una imagen imposible.

Quizás la primera vez que funciona su fuerza sobrehumana es en la escena en la que el capataz de los mexicanos pone a los mormones en fila para ir tumbándolos de una bofetada uno por uno. Le llega el turno a Bud Spencer. Aventuramos el chiste. Por eso es de vergüenza ajena el exordio del mexicano con su a ti no recuerdo haberte pegado antes.


viernes, 10 de enero de 2025

PARTHENOPE

Dir.: Paolo Sorrentino
2024
136 min.

Arranca con la belleza típica de las películas de Sorrentino. El primer plano de hecho es una imagen que me encanta: de la niebla acerćandose a la costa, una enorme y barroca carroza emerge flotando en una nave acompañada de un magnate gordo y presuntuoso. Lo cierto es que rápidamente la película se convierte en una pura adoración a su actriz principal: Celeste Dalla Porta. Es guapísima, es cierto. Las escenas en las que rebosa juventud luce un rostro, unos labios que generan un tipo de sensualidad como el de Sue en “La sustancia (2024)”. Por supuesto con una elegancia que aquella película no tenía.

Puedo entender que esta primera parte trate de mostrarnos lo bellísima que ella es en su juventud. Pero toda la mirada busca exprimir tanto la belleza y con tan poca sutilidad que la estética resultante es casi de anuncio. El uso de la cámara lenta a veces me resulta hasta bochornoso. Tampoco es lo más bonito que ella emerja de las aguas mediterráneas con el maquillaje impecable. Creo que en la parte final, cuando se debería recoger todo esto, tampoco se llega a sitios interesantes. De hecho me parece que la película se descalabra un poco. Me suena a un señor mayor diciendo a los jóvenes que aprovechen mientras puedan, que ya tendrán tiempo de convertirse en gente seria más adelante.

Todo lo que tiene que ver con la subtrama de convertirse en una actriz no me interesa demasiado. En particular el discurso que esa vieja gloria decadente ofrece delante de los habitantes de Nápoles. Puedo entender que para alguien de esa región escuchar esas palabras pueda servirle para generar una identidad, pero a mí es algo que narrativamente me da igual y en contenido me resulta demasiado ajeno. Además este negociado de convertirse en una diva tiene la rara escena de la ducha. Un momento en el que se genera un erotismo cuyo grado de ironía es difícil de calibrar: las siluetas de dos mujeres se dan un beso lésbico que tampoco entendemos del todo. Por el vapor de la ducha, por la belleza de la joven y por la promesa de la fealdad de la mayor podemos pensar de nuevo en el dúo de protagonistas de “La sustancia”.

Las fiestas sí me gustan bastante. Más la primera, que desencadenará el suicidio de su hermano, que la segunda, con el extraño encuentro con el cura. Me gusta mucho cómo ella se pasea por esos jardines llenos de gente rica, un jardín de las vanidades como el que se evocaba en “La gran belleza (2013)”, por transitividad la referencia es “La dolce vita (1960)”. Me encanta cómo las parejas de gente vestida con alta costura están casi tiradas por las esquinas. Esos abrazos que deambulan por esos mármoles. Hay algún momento hasta onírico casi: ese hombre joven trajeado, repeinado moviéndose por las estancias repitiendo: mamá, mamá, mamá… Hay un letargo en estas escenas que me recuerda a los pesados paseos de “El año pasado en Merienbad (1961)”.

Hay muchas cosas que se introducen sin saber muy bien a dónde vamos con ellas. Mi favorita es el tema del incesto. Me gusta que se sugiera una especie de amor platónico, que no va a ningún sitio. Se explica con poca profundidad. Se roza con la suficiente cercanía como para que no quepa lugar a dudas. Y encima se resuelve de forma trágica por lo que es ineludible.

En la segunda mitad se entretiene con el desagradable cura, deseoso por recibir las miradas de la gente cuando le piden un milagro a San Genaro en una escena que nos hace pensar en la iglesia de “Las noches de Cabiria (1957)”. Creo que lo peor de este juego sexual es que parece que Parthenope nunca actúa por deseo propio. Parece que los hombres se rinden a sus pies y que ella es casi una deidad que arbitrariamente decide a quién le concede su favor y a quién no. Un retrato totalmente despersonalizador. El escalabre total de la película llegará cuando aparezca el bebé amorfo. Aquí podemos ponernos a enumerar una ristra de monstruos con los que A24 acostumbra a cerrar sus películas.

El problema no solo es que la película se vaya de madre. Es que además las frases están todas escritas de una manera muy cargante. Se dice alguna vez que a Parthenope le gusta mucho tener siempre la respuesta precisa; como en las películas antiguas. Y es cierto que muchos diálogos parecen sacados de películas de los años 50. Lo entiendo como decisión estilística y me parece bien. Pero si la historia me la estás contando a través de ellos y no tiene un fuste propio, se me desmonta todo. Casi peor que el bebé me parece la despedida de ese novio de juventud. Es una despedida que se toma en serio a sí misma. Se da mucha importancia sin que todo sea lo suficientemente rimbombante como para poder verla con ojos irónicos.

Me gusta mucho la secuencia de la mafia. Es cierto que no soporto mucho el arranque porque nace de una conversación con un desconocido, al que ningún humano le dedicaría la más mínima atención. Es todo muy artificial. Pero cuando llegamos vemos unos bajos fondos con una serie de estampas que me encanta. Un paseo por esas calles sin apenas diálogos. Viendo las condiciones de vida de esas familias… Eso me gusta mucho. Me gusta incluso la sordidez con la que se graba la violación consentida necesaria para que dos familias de la mafia napolitana se unan. Hay un contacto visual entre las dos mujeres que, en cualquier otra película que tuviera una mirada menos masculina, resultaría reivindicativa; un canto a la sororidad. Tiene el mismo tono que ese roce de dedos en “Nunca, casi nunca, a veces, siempre (2020)”.

Musicalmente tampoco creo que esté particularmente acertada. Se usan mucho unas trompetas de notas sostenidas que parecen querer darle un ambiente etéreo a unas escenas cuyos textos no las permiten volar de ninguna de las maneras. Sí me gusta cuando suena ida de madre la canción italiana mientras Parthenope se enreda con su hermano y su amante. Pero cuando vuelva a aparecer esta canción casi al final de la película la banda sonora hace un fundido que parece salido del peor telefilme.


viernes, 11 de octubre de 2024

EL FERROVIARIO

Dir.: Pietro Germi
1956
118 min.

No es la tónica general, pero hay algunos planos en los que el escenario queda en penumbra y los elementos iluminados hacen un juego de claroscuros muy impactante.

Me gustan mucho los primeros momentos de la película en los que vemos cómo se prepara el atropello que desencadenará la decadencia del protagonista. El tren avanza a gran velocidad. El montaje es rápido. El cigarro del maquinista echa humo. Es frenético. Es un poco llamativo que el atropello se mantenga como punto de partida de la trama, cuando realmente la muerte de su nieto es el punto donde arranca la película. Además, dado que se termina en un día de Navidad, un año justo después de que desatienda el parto de su hija, tendría sentido que fuera este el punto sobre el que pivota todo.

Quizás lo que más chirría es la redención. Creo que la única excusa que tiene es el espíritu navideño. Como que todos los conocidos de este hombre conmovidos por el calendario decidan hacer las paces con él el mismo día. Lo cierto es que, salvo la humildad de ir a visitarles al bar de la cooperativa no hace nada para reconstruir su vida. Él no pide perdón a nadie, no hace el esfuerzo por hablar con sus hijos…

Nada permitía presagiarlo, pero el niño no me ha caído mal. Creo que la voz en off con la que narra algunos fragmentos de la historia le aportan una cierta madurez que me hace simpatizar con él. Quizás en los momentos en los que las desgracias se acumulan, se tira de su visión inocente para apelar al tópico de que los mayores se meten en conflictos que los niños no entienden. En este caso se sostiene muy poco. Están muy claras las irresponsabilidades del padre, sus pretensiones de controlar todo lo que sucede en la familia.

A pesar de todo, el padre me ha caído muy simpático.


viernes, 20 de octubre de 2023

ALEMANIA, AÑO CERO

Dir.: Roberto Rossellini
1948
74 min.

Unas interpretaciones demasiado teatralizadas para nuestros estándares actuales nos hacen mirar con escepticismo el apelativo de realismo italiano. Pero lo que tiene una dosis de realidad arramblante es ver una ciudad en ruinas. Todo el escenario es desolador y eso no hay forma de fingirlo. Esa ciudad desprende la miseria que se pretende plasmar en la película.

La copia que he visto tenía serias necesidades de una restauración. Como la cámara pasa tanto tiempo en la calle la película se expone a la luz natural que muchas veces evita que los negros lleguen a ser tan negros como debieran. Yo me sigo sorprendiendo al ver cinematografías más dignas que la estadounidense hacer absolutas peripecias con la cámara en esta década. Me gusta mucho que la cámara entre en cualquier rincón de esa ciudad.

La historia que cuenta es una auténtica penuria. Se muestra a los seguidores de Hitler tras su derrota. La frase más memorable al respecto es cuando un hombre está quitando escombros y dice Éramos nacional socialistas y ahora somos nazis. Lo cierto es que se ve un gran desconcierto en estas personas. Todo ello sintetiza en el niño protagonista. Tras hacer tropelías para ganarse el pan obedece una idea que tiene su origen en los discursos de Hitler. Los débiles deben dejar paso a los fuertes. Entonces lo que hace es envenenar a su padre.

Lo complejo del asunto es que la persona que le transmite esta idea se horripila al descubrir que el niño ha cometido parricidio. Es como si los nazis simplemente hubieran comprado el ideario sin haber llegado a reflexionar nunca en las consecuencias de esas ideas llevadas a la práctica. Ante tal abandono, lo único que le queda al niño es suicidarse. He de decir que esta escena del suicidio me resulta bastante poco interesante. Le quedan pocas salidas a este muchacho y el suicidio se barrunta algunos minutos antes de que acabe la película. Le vemos vagabundear por Berlín hasta que por fin se arroja al suelo. Pero son varios minutos sin apenas suspense. Para más inri tenemos que soportar a un niño hacer gestos de persona adulta atormentada. Ese primer plano del niño sentado en una escalera llevándose las manos a la cara abrumado por la situación es lamentable. Dejando esto a un lado, en ocasiones el deambular de este chico me ha recordado a Jean-Pierre Léaud en “Los cuatrocientos golpes”.

Hay un personaje muy turbio con un par de apariciones muy breves. Me refiero a un hombre de bata blanca que vive en un edificio burgués en el que se esconden muchos otros. La manera en la que acoge a los niños que se acercan a esa casa nos hace pensar que no les depara nada bueno. Mientras que este hombre aparece sólo a llevarse a los niños, el antiguo profesor del protagonista también tiene unas manos suficientemente atrevidas como para que oscurezca a este personaje.

Me gusta el momento en el que los estadounidenses realizan turismo en los lugares en los que ardieron los cuerpos de Eva Braun y Adolf Hitler. En cualquier otra narrativa habríamos acompañado sus carcajadas de manera sádica.


viernes, 14 de abril de 2023

FELLINI, OCHO Y MEDIO

Dir.: Federico Fellini
1963
140 min.

Todo el mundo de la cultura no tiene sino buenas palabras para esta película. La verdad es que tiene sentido que cualquier creador se sienta reflejado en ella y más aún cualquier director de cine. Pero he de decir que sus temas principales me resultan bastante lejanos.

Como premisa hay un Marcelo Mastroianni haciendo las veces de un Fellini con un grave bloqueo creativo. Se considera “Dolor y gloria” la versión española de esta película y con bastante razón. Sus fantasmas vitales se ven mezclados con su trabajo de director. Obtenemos por tanto un collage de realidad y ficción. Sus problemas como creador se exponen en paralelo a sus problemas como marido. Algunos de ellos nos interesan más que otros.

Su mujer se muere de celos a su lado. Cuando ve en pantalla que pide a sus actrices ser un trasunto de su mujer para remedar sus problemas matrimoniales hierve de rabia. En general él actúa de forma muy patosa. Pero conocemos realmente poco de su historia. Nos cuesta mucho decantarnos por alguno de los dos miembros de la pareja. Hay un muy buen momento en una habitación de hotel. Ambos se van a la cama y discuten. La escena termina abriendo el plano y vemos que están durmiendo en camas separadas: están mucho más separado de lo que podríamos esperar.

Los fantasmas que le rodean mientras él plantea su película son varios. Se oyen voces acerca de las ideologías políticas. Palabras muy propias de los años 60. Esta clase de temas se habían tratado en “La dolce vita”. De igual forma ocurre con la religión. Se pone en constante contacto con clérigos para que le den el visto bueno a sus guiones cuando su intención es criticar a la Iglesia. Es muy onírica esa reunión con un alto cargo en un balneario. Esa pequeña ventana que se abre como una puerta infranqueable y lo único que le dice es que fuera de la Iglesia no hay salvación posible y que no venimos a la tierra a ser felices.

Por otro lado están las mujeres. Un gran punto en toda la obra de Fellini. Se muestran sus primeros amores con una prostituta que admira en una playa junto a sus amigos. Él está vestido con uniforme y capa. Todo el clero responsable de su educación le reprocha enormemente que pierda el tiempo con esto. Pero las mujeres le acompañan toda su vida. Otro de sus amores son las mujeres que le cuidaban de niño mientras se baña en un enorme barril de vino.

Este escenario le servirá para ensoñarse como un director tiránico que debe mantener a raya a todo su equipo y en este caso particular a todo su harem. Hay algo que se muestra con mucho remordimiento y es su forma de relegar a sus amantes cuando llegan a cierta edad. Ocurre que no se necesita que la mujer real llegue a la edad, sino la imagen que tiene de ella.

Hay planos muy muy llamativos como este primero en el que un tipo sale volando de su coche flotando en un atasco. Después cae al agua a plomo. Esta idea es censurada por el crítico por pretenciosa y poco clara. Como director le vemos tomar muy pocas decisiones. Para su película decide conseguir a un marinero que baile claqué al que desprecia enormemente. Manda construir un decorado de varios pisos de altura para un guión que no existe. Contrata a actrices que le seducen sin tener ni una sola línea de su papel. Desea meterse debajo de la mesa cuando los periodistas le acosan a preguntas…

Está muy bien la sensación de ser alguien a quien todo el mundo le exige respuestas. Cómo va de persona en persona en el hall del hotel. Sin embargo nunca le vemos hacer nada competente. Da cierta rabia el victimismo de la película justamente por eso, efectivamente parece que le esté tomando el pelo a sus productores.

La película termina con un maestro de ceremonias muy en la línea circense que le gusta a Fellini, unos payasos tocando una charanga y Marcelo Mastroianni organizando en un corro a todo su entorno incluyendo a su mujer. La película nunca se hace y el crítico sentencia Los productores están para perder dinero.


viernes, 31 de marzo de 2023

EL PORTERO DE NOCHE

Dir.: Liliana Cavani
1974
115 min.

De ritmo muy pesado. La mayoría de las escenas son enormemente desnudas. Casi nunca hay música. La sensación es parecida a la de “El crack”. Por algún motivo difícil de concretar le falta fuerza a todo lo que se cuenta. Tanto es así que yo tardé varios minutos en saber cuál era la historia que se nos estaba contando. Parecía tener la misma relevancia unos planos en los que se habla con figurantes que la presentación de la chica y que las analepsis en la que el portero con el uniforme nazi graba intimidatoriamente a sus prisioneros judíos.

Quizás esta frialdad hace que las dos escenas de baile, al comparar, tengan ese peso en la película. La primera de ellas es mucho más enérgica. Un bailarín clásico con la cara palidísima, pelo muy pegado a la cabeza salta entre soldados nazis. Es un personaje muy amanerado. Resulta llamativo ver a alguien así entre las filas del Tercer Reich. Esta característica no le impedirá ser igual de implacable que los otros nazis que aparecen.

La otra escena de baile es la archiconocida. Es una escena rarísima. Para empezar porque tiene música. Esto ya hace que sea radicalmente distinta al resto. Pero es que el público sentado en mesas pequeñas, en una especie de fiesta de carnaval o año nuevo provoca un ambiente onírico. Mismamente lo primero que vemos de esta escena es un músico que lleva una máscara. De un único color. Da una ambientación etérea. La música es lenta. La letra es en alemán, en el caso de la versión que yo vi además era alemán sin subtitular por lo que el extrañamiento era mayor. Hay incluso un alemán que lleva una gorguera fácilmente identificable como disfraz. La escena termina con sus dos brazos perfectamente perfilados por los guantes negros. Codos hacia el exterior de su cuerpo. Mirada sentida. Sus manos cubriendo sus pechos. Son unos movimientos no del todo habituales en un baile erótico. Movimientos mucho más sentimentales y menos explícitos de lo que uno pudiera esperar. La imagen es altamente erótica, pero su expresión corporal parece más profunda.

Entiendo el elemento de pastiche que tiene un baile erótico con motivos nazis. Si hubiera que seleccionar un fotograma para representar lo rompedor de la película sería aquel en el que ella con el pecho desnudo hace un erótico saludo romano. Por supuesto está toda la reflexión acerca de decidir hablar del nazismo sin un asomo de conciencia política. Lo único que interesa es que ella haya tenido que someterse a él. Hasta donde sé de racismo un nazi debería evitar en lo posible todo acercamiento a una mujer judía. Pero yo diría que todo esto se obvia, no se reflexiona al respecto y se acepta el nazismo como cliché de autoritarismo férreo. Igual cuando ella se muda a casa del portero y abre el armario ahí está la esvástica en su antiguo uniforme. Esta imagen es meramente evocadora de su relación pasada.

No sé si hay esta intención en la directora, pero desde luego es muy chocante para el espectador que acude a esta película atraído por la imagen del torso desnudo con los tirantes el hecho de que esa misma mujer que uno espera ver erotizada aparezca antes con una durísima humillación del nazismo. A los muy pocos minutos de película aparece la maquinaria nazi haciendo censos de judíos, en una habitación friísima con todos ellos desnudos. Es un golpe a la libido del que difícilmente nos recuperaremos antes de que acabe la película.

Las últimas escenas de desesperación en las que ya no queda comida en casa y no pueden salir a comprar son muy llamativas. Pero ocurre lo que criticaba antes. Que no tienen mucha fuerza. Las actuaciones no son particularmente memorables y lo que más nos convence de su desesperación es la palidez de ambos rostros y su delgadez, sobre todo la de él. Pero me gusta el clima de violencia que se establece entre ambos. Es brutal. Quiero decir, ya que se nos hace aceptar que una judía se enamora de un nazi, me gusta que la relación que se muestra es cruda, es dura, es violenta, es enferma. En definitiva: inexplicable.

Me gusta mucho que todos los nazis que viven en las sombras, matando a quien pueda dar un testimonio que les haga enfrentarse a un juzgado de la Europa posbélica, sean unos convencidos del nazismo. Se sienten orgullosos de haber servido al Tercer Reich. Es de un pastiche absoluto, y creo que por eso me gusta, el tipo delgado con un eterno monóculo y cicatriz en la boca. Es alucinante la naturalidad con la que aparece ese hombre. Como si el espectador tuviera que aceptar esta estética tan fuera de lugar.

El final tiene una cosa maravillosa. Salen del hotel en el que viven recluidos. Si saben lo infalibles y sanguinarios que son sus compañeros no creo que albergaran ninguna esperanza de sobrevivir. Mi sospecha es que se produce esa persecución en coche para que la acción pueda situarse en mitad de la nada. El caso es que acaba más o menos como sospechábamos: disparos los dos muertos. Drama. Bien. Pues los créditos entran sin ninguna solución de continuidad. Con un color de fondo mucho más luminoso que el final de la película. Con una música ligera. Casi un desprecio a la misma historia que se nos narraba. Sería lo típico que Albert Serra alabaría.


viernes, 1 de julio de 2022

DJANGO

Dir.: Sergio Corbucci
1966
91 min.

En la frontera sur de Estados Unidos hay un tipo que va vagando por ahí tirando de un ataúd. Este hombre es temido por todos y se ha ganado el odio de los confederados del Sur, a los que la película llama simplemente racistas, y también de los mexicanos revolucionarios.

La trama se desarrolla en un pueblo cuya carta de presentación es muy buena. Tenemos un pueblo con el suelo embarrado y esquema tópico de pueblo de western. Cuando llegan Django y Marina, la prostituta protagonista vemos una fotografía que no nos esperamos en una película de estas características. La imagen se vuelve muy gris para representar la desolación del pueblo. No es nada impresionante pero sí sorprendente por contraste con los colores típicos del género.

Toda gira entorno al burdel. Esto es un aburrimiento. Se reparten las mujeres, deciden quién trae el barullo al pueblo… ¿Qué pueblo? ¡Si los únicos que viven en ese sitio son el regente del burdel y las prostitutas! La película llega a deleitarnos con una pelea de tres prostitutas en el barro. Un soldado confederado pone cara de repugnancia ante lo que ve. Nosotros un poco también.

La estética de los confederados es curiosa. La banda la conforman un malo malísimo que tiene como deporte disparar a mexicanos corriendo. A su alrededor sus secuaces son unos incels impresionantes. Pero lo mejor son el resto de la banda. Es gente con capuchas rojas en la cabeza; con dos agujeros para los ojos. De alguna manera se quiere apelar al Ku Klux Klan pero sin que sea muy explícito. Se introduce también el símbolo de la cruz ardiendo. Según se nos explica, las capuchas son para que no se pongan morenos, porque son así de racistas. Yo sospecho que es una estrategia de la película para poder repetir los extras.

Quizás lo más potente de la película sea el ataúd de Django. Al principio contiene una ametralladora. La matanza de los confederados es espectacular. También hay que decir que las muertes a lo largo de la película se hacen un poco repetitivas. No lo digo por su exceso, sino por lo poco originales. Ver esta película después de 2012 inevitablemente nos remite a Tarantino. Él, que es el rey de las muertes, nos presenta muchas más sin que nos cansemos nunca. Toda la idea del ataúd es que dentro siempre contiene lo que acerca Django a la muerte. Así primero es la violencia y después es el oro. Hay otro juego con el ataúd: él siempre cuenta a todo el mundo que ese ataúd es para él. Pero al final pierde el ataúd y él no muere…

Como elementos de cine más clásico tenemos arenas movedizas. El tópico de que el que perpetra una matanza ordene a otro que limpie los cadáveres. Se produce entonces el diálogo en el que el camarero dice Hay que abrir otro cementerio y Django contesta: No sería mal negocio si consigues que te paguen por adelantado. El villano que tiene asolado a un pueblo con métodos de la mafia: pidiendo dinero a cambio de protección de sí mismo. En esta película los mexicanos cortan con una navaja la oreja a un confederado, sirviendo de inspiración para “Reservoir Dogs”.

Tenemos a nuestro protagonista que es capaz de derrotar a la banda de villanos con las manos pisoteadas por un desfile de caballos. Esta imagen podría resultar estimulante. Quita la protección al gatillo y logra disparar con ayuda de la cruz de su difunta esposa. A todo punto increíble. Sin embargo la película contrarresta nuestra incredulidad con el atronador tema principal que después sonaría en “Django, desencadenado”.

A pesar de la sonoridad general del spagheti western esta película apuesta bastante por el silencio. Esto hace que muchas escenas carezcan de fuerza. El carisma del protagonista no es suficiente para levantarlas. Casi es más potente su sombrero negro y sus botas embarradas que él.


viernes, 19 de marzo de 2021

ROJO OSCURO

Dir.: Dario Argento
1975
100 min.

Una película policiaca de Dario Argento. No es exactamente policiaca porque el protagonista no es un policía pero se lleva a cabo una investigación propia del género. Si la película fuera americana diríamos que es cine negro, pero el amarillo del cine italiano es tan intenso que no me siento cómodo con este calificativo.

Mencionaré una única vez que la versión italiana de la película es un doblaje. Aunque la película se desarrolle en Roma y se lean cosas en italiano los actores hablan en inglés. Para el doblaje la mayoría de los actores se doblan a sí mismos. Es particularmente llamativo el caso de un detective que sospecha que el protagonista pudo ser el autor del asesinato y le interroga mientras come un sándwich. Es hipnótico cómo salen las palabras de una boca llena de pan.

La música juega un papel fundamental. No me refiero sólo a la melodía infantil que aparece cuando el asesino va a matar. Me recuerda un poco a “Arriba l’alba a Sant Petersburg”. Me refiero al riff de bajo que se repite con un obstinato implacable. La tensión la crea con la repetición ya que no es una melodía especialmente tétrica. Parece que en cualquier momento vamos a escuchar la voz de Mike Oldfield anunciando: Grand piano. Pero esta no es la única música. De hecho la más arrolladora es un tema que empieza con un sintetizador afiladísimo, agudizándose por momentos y con glissandos sin ningún tipo de mesura. Un tema con tintes de rock progresivos. El tema va creciendo hasta que se agrega el Hammond que convierte el tema en un muro de sonido que da gran importancia a todo lo que ocurra en la escena. Ambas músicas se combinan a la perfección para crear la escena en la que el protagonista descalcifica la pared para desvelar un dibujo de un niño delante de su padre apuñalado.

La película tiene todos los elementos sangrientos de Argento pero no multitud de ellos. El primer asesinato donde una mujer muere al clavarse los trocitos de cristal de su ventana rota es suficiente para que recibamos nuestra ración de sanguinolencia. Tenemos también el degüello de la asesina con su propio collar que perpetra la maquinaria de un ascensor. Es precioso el asesinato de una mujer a la cuál matan por abrasarle la cara en una bañera de agua muy caliente. Las quemaduras aparecen como pegotes de silicona sin ningún tipo de tapujos.

Nos gusta mucho el ojo del asesino como una de las pocas pistas que tenemos para identificarlo. Hay muchos personajes con el ojo con rímel que se postulan como sospechosos. En especial, en el exordio del asesinato de la bañera, aparece el ojo blanquísimo de dentro de un armario negrísimo en un truco muy evidente pero tremendamente poderoso. Es de los pocos sustos que tiene la película y ¡vaya si funciona! Hay también una decisión maravillosa cuando el asesino va a un baño deprimente, con un espejo opaco donde nada se refleja. La cámara se mueve de una manera muy original. El asesino se queda a las puertas de unos baños. Si hubiera entrado, sabríamos su es hombre o mujer. Pero Argento planta la cámara sin pasarla a ninguna de las puertas y se ríe en nuestra cara por su habilidad para ocultar información.

La película es capaz de narrar con muchos elementos. Con un simple movimiento de cámara muy suave somos capaces de detectar que el asesino está en la casa todavía y, aunque nunca se nos cuente explícitamente, sabemos que ese personaje iba a morir. Del mismo modo en un asesinato ejecutado sin ninguna lógica se nos hace creer que el asesino va a entrar por una puerta. Lo que ocurre en realidad es que un muñeco mecánico aparece del armario de al lado, convenientemente falto de iluminación, y se acerca velozmente hacia la cámara consiguiendo un susto prolongado por varios segundos. Nos gusta mucho también el sonido de la goma del chubasquero para advertir que el asesino se acerca.

Nos gusta la inocencia con la que se introduce el elemento del niño ahorcado como late motiv. En este sentido señalar también la multitud de cortes que el asesino es capaz de asestar en muy poco tiempo y el precioso rojo que Argento quiere que pensemos que es sangre. Como a Dario Argento le debemos tanto le concedemos esa minucia.

Nos gusta mucho, mucho la reconstrucción del bar de Hopper al lado de la monumental fuente romana donde se perpetra el asesinato. No es tan impresionante como el asesinato de la escultura del grifo en “Suspiria”, pero riman ambas escenas. Es una maravilla ese pianista alcohólico exageradísimo de por sí y completamente inverosímil por su doblaje. Hay que decir que hay una construcción de este personaje un poco homófoba. Él es alcohólico y después descubrimos que es porque ha tenido una infancia traumática. Sabemos más adelante que le gustan las relaciones homosexuales. La película presenta ambos hechos como igual de graves. De hecho insinúa que la homosexualidad la provoca una infancia traumática.

Es muy llamativa la protagonista femenina. Empoderada, libre sexualmente y con mucho poder de decisión. Es cierto que la película la sitúa como un poco alocada. Aun así es un personaje poderoso. No me resulta fácil interpretar la imagen en la que el hombre viaja en el Fiat viejo varios palmos por debajo de la mujer. Sobre todo teniendo en cuenta que la mujer, por atreverse a investigar, recibe una puñalada.


viernes, 8 de enero de 2021

ROMA, CIUDAD ABIERTA

Dir.: Roberto Rossellini
1945
100 min.

La película está borracha de cine estadounidense. La narración lleva la marca de agua de Hollywood. Sin embargo se permite muchas más libertades que el cine americano. Por ejemplo se utiliza una cámara en lugares poco canónicos como entre los barrotes de una escalera. Se graba desde una camioneta a una mujer corriendo. No se busca una limpieza en la escena como sí hacen los americanos. Por otro lado está más que excusado el tono extranjero. Hacía poco tiempo que el modo de hacer estadounidense había mostrado sus posibilidades en “Casablanca”. Esta clase de grandeza es la que necesita el pueblo Italiano en una Europa aún en guerra.

El movimiento se llama neorrealismo. Uno podría esperar aquí naturalismo, pero el nombre no dice eso y, de hecho, no es lo que nos encontramos en la película. Vemos realidad. Sobre todo en los escenarios. Los exteriores son palpables y más aún los interiores. Vemos una curiosa cafetera, antigua, con uso. Los edificios medio derruidos por la artillería son reales.

El retrato que se hace del nazismo es de absoluta barbarie. De hecho uno de los militares de alto rango en una noche en estado de embriaguez sentencia que lo único que saben hacer los alemanes es matar. Han llenado Europa de cadáveres sin conseguir nada. Esto se muestra también con una pareja de alemanes que llegan a un restaurante con dos corderos y quieres que se los cocinen. Al responder el mesonero que él no es carnicero y que así no le valen de nada, los soldados se llevan los animales detrás de la casa y los matan de un tiro asegurando con orgullo que esa tarea se les da bien.

El argumento es la supervivencia de los opositores al nazismo. No es un relato sólo de activistas políticos. Todo el pueblo de Roma sufre la ocupación. Es tremenda la imagen de los nazis vaciando un edificio entero porque buscan a una persona. Es algo mucho más trágico que las clases de inspecciones que podemos ver en otras películas como “El pianista”. Esta escena termina con una mujer embarazada corriendo detrás el camión en el que se llevan a su prometido. Los alemanes abren fuego. Cae al suelo y el cura y su hijo recogen su cuerpo. La actuación de Anna Magnani es una maravilla.

Hay ciertas imágenes muy crudas. Quizás por la tragedia general que se vive, no se perciben como tales. Durante la inspección del edificio el cura sube a la azotea. Allí encuentra a un niño que tiene una bomba. Una bomba que los niños del edificio guardan de forma habitual para sus pequeños atentados. El propósito del niño es detonar la bomba matándose él y a todo el edificio pero también a unos pocos nazis. Se muestra la impactante imagen de un cura peleando con un niño por conseguir una bomba. Más cruda es incluso la imagen de la mujer que es seducida por los nazis a cambio de morfina. Esa mujer nazi recibiendo en su regazo a la italiana completamente drogada. Ahí hay una maldad genuina que no se muestra siempre con tanta explicitud.

Una de las grandes escenas de la película es el silencio de los prisioneros. El general alemán, de largas pestañas y entallado uniforme, no da crédito a su silencio. Él estaba convencido de que hablaría. Hablaría a pesar de usar golpes y sopletes. Hablaría porque no hablar sería estar a la altura de un alemán y eso no es tolerable en un no ario. El discurso que da el cura en ese momento acerca de que él sólo ha ayudado a gente es muy efectivo. Para este efecto se basa en el modo de hacer americano.

El final de la película es la muerte en un fusilamiento del cura. Aquí hay una gran provocación al hacer que dos filocomunistas mueran como mártires y, más aún, con referencias a Jesucristo. Tras esta muerte los niños entran de nuevo a Roma. A Roma entran los romanos, no los fascistas.


viernes, 9 de octubre de 2020

CINEMA PARADISO

Dir.: Giuseppe Tornatore
1988
155 min.

El primer plano de la película, quizás por pura simplicidad, es inolvidable. Un mar sobre el que sobreimpresionan unos letreros de neón flagrantes que dicen “Nuevo Cinema Paradiso”. La cámara se mueve hacia atrás y vemos en una barandilla un bol vacío, el plano termina en una mesa con un bol lleno de frutas donde está la madre de nuestro protagonista intentando contactar con él por teléfono. Las interpretaciones que se le da a la rima de los dos cuencos son variadas pero lo que es claro es que este plano nos está hablando de un viaje de vuelta.

La película trata de la nostalgia y la memoria. La vuelta de Salvatore a Giancaldo es la realidad aplastando los recuerdos. Ni siquiera se culpa al progreso de que muera el Cinema Paradiso, simplemente se muestra que nada de lo que recordemos lo encontraremos con la pureza con la que lo conservamos en nuestra memoria. De hecho tampoco se condena la nostalgia: la pone en su sitio. No se juzga a Salvatore por pasar toda una noche soñando con un mundo que ya no existe. Es algo natural, pero cuando vuelvas a por aquello que recuerdas, prepárate para la decepción. Esto solo es posible por el imperativo de Alfredo de no volver nunca al pueblo: todo queda conservado purísimo. De hecho lo único en Giancaldo que conserva la esencia de lo que Salvatore recuerda es su habitación debidamente conservada por su madre, el único lugar donde no ha pasado el tiempo.

De la vida actual de Salvatore conocemos muy poco. Aquí la película peca de simplista. Se refleja el tópico de hombre de éxito que no consigue ser feliz. No tenemos esto último tan claro, pero su madre está convencida de ello y él solo la mira confirmando sus sospechas. Parece que aquí Salvatore desobedece el otro imperativo de Alfredo: hagas lo que hagas ámalo como amabas de niño la cabina de proyección del Cinema Paradiso.

Con respecto a la analepsis: está hecho con una suavidad infinita. Como recuerdo que es todo ocurre sin apenas obstáculos. Morricone consigue unificar todo el relato a pesar de los muchísimos saltos que da. Todo cuanto hay es anécdota.

Desde ese primer momento en misa, el niño recibe una regañina por dormirse en misa mientras hace de monaguillo. El cura dice ¿no te das cuenta de que sin la campanilla no sé seguir? Lo siguiente que vemos es la escena preciosa en la que al cura se lo llevan los demonios mientras hace de censor de la película. Es una maravilla. El niño mirando la pantalla encandilado a través de las cortinas, el gran bigote de Alfredo asomándose por la mirilla de la cabina de proyección, el haz de luz que sale de la boca de aquel león, los papeles señalando el punto exacto donde se debe cortar la cinta… La película está rebosante de detalles preciosos. Aquí se siembra el final efectista y efectivo cuando Alfredo le promete a Salvatore que todos los besos de películas son suyos.

Son preciosas las imágenes de niños asombrados por el cine, muy en la línea de la famosísima imagen de “El espíritu de la colmena”. Todo cuanto ocurre alrededor del cine es precioso. El momento en el que se proyecta la película en la plaza del pueblo como exordio al terrible incendio. El burgués en el palco que escupe al patio de butacas cada vez que aplauden algo con tintes sindicalistas en una película. El tipo que se enamora poco a poco de una mujer del palco, la vida le lleva a él al palco y poco después a los dos y a sus hijos de vuelta al patio de butacas. Los analfabetos del pueblo disfrutando de unas letras que no saben lo que dicen. El vaivén de los comunistas. El hombre que se queda dormido sistemáticamente. Una misma copia de una exitosísima película que debe proyectarse en dos pueblos sincronizando el trasporte de las bobinas. Una mujer que da el pecho durante la película. El despertar sexual adolescente con cualquier resquicio de erotismo que se colara en la pantalla, mostrado sin juicio alguno. La gente repitiendo las frases que conocen de memoria…

El lunático que repite cada vez que hay una pequeña aglomeración que la plaza es suya es muy divertido. Pero es demoledor cuando Salvatore regresa. Todos mirando con gran pena la ruina del Paradiso, reconvertido a cine porno, y alguien muy mayor, con bolsas de plástico murmura sin ningún tipo de emoción: la plaza es mía. Y desaparece entre los coches aparcados. Que hace años estaba loco es indudable, pero en ese momento comprendemos que hace años la plaza era suya… era de la gente.

La historia de amor no me interesa demasiado. La analepsis es un recuerdo. Entiendo que el primer amor es un recuerdo que debe tener un gran peso. Pero realmente es una historia muy típica, con el punto irreal de la espera de muchas y muchas noches, con el punto obsesivo de “Big Fish”.

La escena final de los besos con un montaje estupendo, con gran daño en la imagen, con los ojos de Salvatore empapados, la música que vuelve a coger fuerza a cada repetición… esa escena es la que más queda en la memoria y es lógico. Es muy efectiva a la vez que sencilla, por otro lado una declaración al cine. Sin embargo creo que uno de los momentos más demoledores se produce unos pocos minutos antes, Salvatore acaba de volver a Giancaldo y su madre le dice:

— Estarás cansado del viaje.

— No, es solo una hora de avión.

— No me digas eso… No después de tantos años.


viernes, 4 de septiembre de 2020

THE CLOWNS

Dir.: Federico Fellini
1970
92 min.

Reportaje televisivo de Fellini en el que se homenajea la figura del clown. El payaso como elemento casi vertebrador del circo. En momentos es bonita, en momentos estridente. Pero sobre todo es un desfile de personajes.

La película empieza con un niño que ve por su ventana que ha llegado el ciro a su ciudad. El circo en sí mismo no es un asunto que me atraiga bastante. Sí reconozco su poder romántico explotadísimo en “Balada triste de trompeta” pero en general no empatizo mucho con ese mundo. Sin embargo hay que reconocer el poder de la carpa alzándose. Una tela picuda que se levanta rítmicamente, a tempo. Aquí nos muestran un espectáculo de circo del cual sale el niño asustadísimo porque los payasos le dan miedo.

Una voz en off explica que esos payasos le recuerdan a tipos extraños que se podían ver en los pueblos. Aquí ocurre un momento magnífico. Empezamos a ver personajes enormemente tiernos por lo caricaturescos. Vemos un tipo que cree que está en guerra y sale vestido de soldado de su casa lanzando granadas invisibles. Mientras, todo el pueblo, grandes y pequeños, de ríen de él y le lanzan bolas de nieve. Pero su cara es tan sonriente por creer que vence al enemigo, que no podemos si no empatizar con él.

El otro gran personaje que vemos es el jefe de estación. Muy bajito y tomándose su trabajo demasiado en serio. Cuando llega el tren a la estación todos los niños de forma sistemática bajan las ventanillas del tren y le miran. Cuando arranca el tren y ya es demasiado tarde para subir todos los niños del tren le empiezan a hacer pedorretas. Pero un día llega un soldado fascista y con cara cadavérica mira serísimo a los niños del tren. Cuando arranca el tren se ve que de cada ventanilla del tren sale una mano haciendo el saludo fascista. Es un momento magnífico.

A partir de aquí empieza un trazo más documental en el que se estudian los dos grandes personajes que hacen los payasos: el payaso blanco y el payaso Augusto. El desfile de los payasos blancos mostrando sus trajes es precioso. Lo más llamativo del payaso blanco son sus gorros altos y sus trajes de picos pero no es nada despreciable su maquillaje sobrio pero muy variado. El payaso blanco más memorable es el que sale en la primera escena de circo: ese hombre altísimo vestido entero de negro. Con cara blanquísima sonriente pero inexpresiva. Se inclina hacia el público de forma casi aterradora y después explota su sombrero. Es precioso.

La música de vientos metales es una constante. Esos instrumentos de un cobre enclenque… Muchísimos sonando a la vez… Tubas de las que salen relojes, trombones que se usan como cañones… Uno de sus momentos estelares es cuando un tipo que adoraba el circo se escapa de su hospital evitando a una monja con unas vestiduras exageradas. Cuando llega ve a Monsieur Chocolat, un tipo con la cara pintada de marrón, tocando la Titina de Chaplin en un número convertido en poesía por el arreglo musical de Nino Rota.

Aparece un payaso español que habla de que en España los circos se montan en las plazas de toros. Presenta el traje con el que trabaja: un único vestido hasta el suelo rojo. Imposible no recordar a “Los payasos de la tele”.

Es bonito escuchar a payasos históricos decir que no quieren salir en el documental porque acusan a Fellini de querer defender que el oficio de payaso está acabado. Ellos dicen que no está acabado, que la gente ahora no sabe reír.

El final de la película es apoteósico. Muchísimos payasos hacen un número estridente, llenando el escenario por todas partes. La verdad es que no hay sentido de la estética en ningún sitio. Es absolutamente desmedido. Se representa un funeral para el payaso Augusto. El finado vuela por los aires, los payasos más mayores se sientan porque se cansan del número, los bomberos llegan a mojar todo. Es una lástima que haya muerto de esta forma en vez de justo después de que el médico dijera “ha sido un niño”.

Hay un asunto misterioso en la película. Es cierto que es un reportaje para televisión pero el equipo de rodaje se muestra en la película. La secretaria de Fellini evidentemente está interpretando un personaje de una persona torpe. Después cuando entrevistan a los viejos payasos no está nada claro si son interpretaciones o si realmente lloran de emoción al recordar sus tiempos en el circo.


sábado, 20 de julio de 2019

SUSPIRIA

Dir.: Dario Argento
1977
101 min.

Una de las películas con las que más miedo he pasado. Las películas que realmente me dan miedo son aquellas que te han demostrado que no puedes estar preparado para nada de lo que pueda ocurrir en ellas. Esta peli desde su primera escena de miedo ya deja muy claro que va a ir sin frenos.

Cualquiera que me dijera que va de una academia en la que hay una fuerza maligna y que una chica nueva llega y derrotará al mal que mata a los alumnos recibiría enormes dosis de indiferencia por mi parte. Sin embargo es sumamente sorprendente a cada escena. Aparte del enorme atractivo visual hay muchísimos detalles que nos permiten obviar la simpleza de la trama. No deja descanso. Cuando sientes que una escena está llegando a su fin no puedes relajarte porque el plano de la siguiente puede ser un exordio para cualquier locura que nos haga retirar los ojos de la pantalla.

En los primeros momentos, antes de que seamos conscientes de la trama de la peli, se nos presentan varios planos visualmente muy interesantes. La chica parando un taxi bajo una lluvia de un caudal absurdo. El bosque de árboles azules por la luz nocturna con troncos verticalísimos y con un ojo de pez muy forzado. El rojo rojísimo en la pared la primera vez que vemos la academia iluminado con gran maestría porque cuando vemos la academia a la luz del día ya no es lo mismo. Los interiores muy desasosegantes, presentados de forma impresionista, casi como un plano de Jodorowsky. Especialmente en los interiores hay un aura de película anticuada bastante indescriptible así como ocurre al ver “Carrie”.

Hay algunos recursos que sí son identificables como elementos ahora anticuados como la sangre a todas luces excesiva, los zooms muy exagerados y no siempre tan efectivos como se quiere. La música… La música hoy en día sería impensable en una peli de miedo pero funciona tremendamente bien.

Las luces en general llaman bastante la atención, hay rayos de todos los colores. Los pasillos de un rojo muy machacante ya que son de paredes rojas iluminados por luces rojas. En las paredes de colores menos agresivos se hacen mezclas de colores muy interesantes, así como contraluces sorprendentemente bien ejecutados. Ante la actual hegemonía del contraste entre luz naranja y luz azul se agradece la creatividad de muchos de sus planos. El contraste predominante es el rojo y azul pero hay alguno mucho más trabajado de rojo, verde y celeste: precioso. Incluso está muy bien tratado el pasillo amarillo, un color bastante difícil.

Hay una escena maravillosa, bastante onírica de una chica que va a ser asesinada por una navaja sostenida por no importa muy bien quien. Cuando desesperadamente se encierra en una habitación vemos asomar la cuchilla, que con gran paciencia abre cuidadosamente el pestillo. Hay una conjunción perfecta de ritmo y actuación donde la chica acepta de una manera demoledora que no tiene escapatoria. Y realmente queremos que se salve, algo que infrecuente en el slasher.

Otra genial escena es la de un ciego en una plaza gigante con dos únicos edificios neoclásicos. Hay una presencia extraña que nadie es capaz de identificar pero que causa un terror mayúsculo. Está maravillosamente ejecutada. El desenlace de la escena muy propio de la época nos saca un poco de ella pero es genial todo lo que lo precede.

La amiga de la protagonista interpretada por Stefania Casini tiene la mejor interpretación de la peli. Es especialmente importante porque la peli recurre mucho a la verbalización. Esto es magnífico porque reduce drásticamente la duración de la peli y permite mantener la tensión. Hay una escena en la que cuenta sus sospechas acerca de la directora de la academia de una forma estupenda. El texto no es muy maravilloso pero la interpretación es magnífica.


viernes, 28 de junio de 2019

LA GRAN BELLEZA

Dir.: Paolo Sorrentino
2013
142 min.

El título hace honor a la película. Habla sobre la alta sociedad italiana. Un hombre de avanzada edad que se hizo famoso por una novela y desde entonces se ha dedicado a disfrutar de su fama y, sobre todo, de su dinero. En lo que él llama la vorágine de la mundanidad. No se avergüenza de ello. Simplemente le ha aburrido. Cuando le hace ver a una de sus amigas que ella no tiene una vida sacrificada, que nada de lo que hace es muy relevante ni siquiera lo dice para que se replantee su vida, solo que sepan que su único objetivo es la estética.

La presentación de su persona es genial. Me encantan sus paseos por Roma en los que cualquier cosa en un rincón le llama la atención. Él se ve como un buscador de la belleza. Se deleita mirando unas monjas que corren en el patio de un convento. Se entretiene con esas sutilezas reforzando su propia imagen de persona con una sensibilidad especial. Todo esto es muy crudo porque él tiene acceso a toda la belleza que quiera de Roma. Vive delante del Coliseo. La película con toda la chulería del mundo se harta de darnos planos desde su terraza a esa apabullante vista. Pero ahí nadie mencionará ese edificio. Lo dan por hecho.

Sus vidas son hedonistas. Si quieren recrearse con el cuadro que pinta una niña, no les importa que ella sufra, que haya un caso flagrante de explotación infantil. Se arman sus discursos snobs pero después en sus fiestas suena Rafela Carrá y todo es degradado. ¡Qué bella esa imagen de la enana viéndose sola en la mesa sobre la que se ha celebrado el cumpleaños del protagonista! Tras ella despunta el amanecer y como si fuera el Sol en el horizonte un anuncio de Martini.

En un funeral del hijo de una familia rica el cura dice que los amigos del muerto cojan el ataúd y lo saquen de la Iglesia. Nadie se levanta. Entonces 4 ricos, que apenas conocían al chico, se levantan y lo sacan. No lo hacen por él. Simplemente un funeral es un espectáculo que se tiene que llevar a cabo. De hecho, esa escena está prologada con una tienda de ropa en la que eligen qué se pondrán. Todo debe ser impecable.

La cara del protagonista siempre con una cara de comodidad. Cierta superioridad. Pero no se pavonea. Solamente, Roma es suya. Es algo bello de lo que él va a disfrutar. Donde juega un papel importante la luz. Todo lo que es bello tiene luz propia. Cuando ve a su primera novia, ella brilla. Están en mitad de la noche, cuando ve su cuerpo, se le ilumina la cara. Todo brilla. La iglesia es oscura, apagada. El cardenal, a quien le confía la salvación de su alma, es oscuro. No está ahí tampoco su belleza.

Me resulta muy emocionante esta visión de la vida humana con la que cierra la película. Se asume de forma radical la miseria humana. Desesperanzada en cierto sentido, pero a la vez luminosa. Este hombre que busca esa gran belleza, que ha disfrutado todo lo que ha podido, al final la clase de cosas que se le quedan grabadas son cosas como su primera vez. Podemos ver cómo imagina ese verano una y otra vez siempre que se acuesta en su cama. Cómo mira el techo y vuelve a ver el mar de su juventud. Se podrá criticar esta deificación de la figura femenina, pero creo que en esta película está hecho de forma infinitamente más sutil que en “Parthenope”.

Los simbolismos no son demasiado sutiles. El primer momento, cuando abre su corazón y cuenta a sus amigos la vida mundana que llevan está seguido de una piscina con corriente donde un rico nada hacia delante sin moverse. Más adelante dice que los trenes de sus fiestas (refiriéndose a sus congas) son los mejores trenes de Roma porque no van a ningún sitio.

Por cierto, sale el Costa Concordia.