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viernes, 3 de julio de 2026

HANNA

Dir.: Joe Wright
2011
111 min.

No deja de ser una trama del típico pasado que viene a descalabrar la vida que el protagonista ha conseguido granjearse. Pero la película tiene una construcción estética que la hacen muy atrayente. Para empezar nos cuentan relativamente poco del origen real de Hanna. Sí que hay una escena concreta en la que se relata la explicación básica. Pero tampoco se ahonda en ello. El padre de Hanna y la antagonista sabemos que tienen una relación de años. Tampoco se nos describirá. El hecho de que se emita esta clase de explicaciones permite que nos quedemos siempre con nuestra protagonista, sin marcharnos a escuchar digresiones que poco nos importan.

Diría que sólo hay una escena analéptica en toda la película, la de la muerte de la madre de Hanna. Esto nos permitirá ver en acción a Cate Blanchett. No es que tenga ningún momento de actuación estelar. Para empezar tiene una cara que difícilmente puede mostrar expresividad. Esto ayuda a componer un personaje gélido. El caso es que aunque la actriz no sea lo determinante para el poderío de su personaje sí que me gusta ver la escena de ella acercándose a ese coche en llamas y ya sin víctimas dentro.

En fin, que la película no se despega de Hanna y da lugar a multitud de imágenes sorprendentes que realmente son lo que hace que esta película tenga algún valor. Hay un cuidado especial en las localizaciones, en la iluminación, en la banda sonora. No hay grandísimas peleas. Se prefiere más bien permitir a Hanna realizar acrobacias imposibles. Dejar que crezca su imagen de persona sobrenatural antes que dedicar largos minutos a acrobacias medidas. Que suba a un bloque de pisos por la fachada sabe Dios cómo. Que sea capaz de aparecer sobre unos contenedores portuarios segundos después de verle abajo.

Los planos en los que alguien se mueve de un lado a otro, por lo general anodinos en otras películas del género, quizás enfocados en el rostro del héroe de acción de turno, aquí siempre tendrán detalles interesantes. Aunque sean simplemente edificios residenciales berlineses totalmente machacados. Me acuerdo también de ese hombre, probablemente sintecho, en silla de ruedas que canta. La cabeza de Hanna saliendo directamente del suelo del desierto la primera vez que roza la libertad… Hay muchas imágenes que necesitan una contemplación nada habitual en el género. El ritmo del montaje no es que sea poético, tampoco nos encandilemos con cuatro imágenes que han quedado en nuestro cerebro. Pero me gusta por ejemplo ese duelo entre las dos mujeres ante las enormes fauces de un lobo. Más onírico será ese ciervo que se aparece antes del último asalto.

El parque de atracciones abandonado la verdad es que está utilizado con bastante detalle. No se recrea nunca en un ambiente tétrico que es el tópico de estos lugares. Se buscan las imágenes concretas que puedan resultar estimulantes. Desde ese primer paneo lateral en el que vemos dinosaurios, elefantes y otros animales ya desmembrados. Qué bonito el plano de los patines en forma de cisne, ordenadamente elegantes. Tampoco se cae en el tópico de usar maquinaria antigua para crear trampas mortales.

¡Qué bonita esa primera entrada a la casa de los cuentos que tanto le ha leído su padre! Ese juego de luces. Ese personaje que le enseña su casa. Un acento alemán forzadísimo. Casi nos recuerda al personaje pelirrojo de “Holy Motors (2012)”. Más totalizante serán las luces de colores bajo un fondo rojo que nos mostrarán la muerte mussoliniana de este afable personaje. Muy interesante también ese juego de luces parpadeantes por unos conductos, quizás de ventilación, de estética casi brutalista. Luces blanquísimas para un escenario de color gris como el hormigón.

Cuando entramos en el nudo de la historia tenemos un par de momentos en los que se presenta la divertida paradoja según la cual Hanna sabe de todo porque su padre la ha instruido, pero sin embargo es la primera vez que ve casi todo. Alguna vez será cómico, pero desde luego no es por lo que más brilla la película. Así que me gusta la ligereza con la que se despacharán estas escenas. El momento del beso con el chico. Es gracioso, no mucho y por si la escena no funciona, no se la aguanta más de lo necesario.


viernes, 22 de mayo de 2026

EL ILUSIONISTA

Dir.: Sylvain Chomet
2010
76 min.

Amarga a unos niveles incomprensibles. El guión lo firma Jacques Tati. La historia cumple el tópico del comediante que al final de su carrera quiere dar un vuelco hacia el drama y escribe historias llenas de desazón. Se nos habla del mundo del espectáculo de variedades, en declive. Cómo los artistas que fueron exitosos y aplaudidos en escenarios de todo el mundo tienen que reinventarse ante la indiferencia del público. Aunque esta sea la historia que se nos quiere contar, tampoco vemos que nuestro protagonista sea un gran mago que ahora, y solo ahora, pasa penurias para vivir de su arte. Por lo que a nosotros respecta siempre roza el fracaso a pesar de que sus trucos sean buenos.

En cualquier caso, para que Tatischeff pueda erigirse como el último en dejar de creer en la magia se nos muestra cómo hace un esfuerzo titánico para que una niña de un pueblo escocés crea en la magia. Lo que es terrible y nos lo hace pasar mal, es que Tatischeff se involucra en un único truco de magia: conseguir todos los caprichos materiales que tiene la niña. Cuesta mucho ver la película mientras hacemos el esfuerzo por no pensar que estamos ante una crítica al materialismo y la frivolidad femeninos. La edad imprecisa con la que esta niña termina la película hace muy improbable tanta ingenuidad. Sólo vemos a nuestro simpático protagonista pasarlo mal por una cruzada en la que se ha metido él solo.

La frase con la que cierra la trama, esa confesión extraña: Los magos no existen. Rezuma una desesperanza completamente absurda.

La caricatura de Tati está en general muy bien conseguida. Pero no se nos escapa que los elementos con los que cuenta fidedignamente para que la representación funcione son su rostro, sus posturas y su altura, en particular esos larguísimos pantalones. Es decir, el personaje claramente no es el señor Hulot. La comedia de la película no es la de Tati. No aparece por ninguna parte ese arte de mimo, ese juego con el entorno.

Sí me gusta ver alguno de los guiños a películas de Tati. Me gusta que se haga referencia al gag de la puerta de “Playtime (1967)”. El golpe con la manguera en el garaje de coches suena idéntico al de la fábrica de “Mi tío (1958)”. Sí es bonito, aunque tampoco se construye nada con eso, ver en pantalla el patio de “Mi tío (1958)”. Este guiño poco trabajado tiene el detalle, que sí me gusta, de estar proyectado en un cine llamado “Cameo”. Momento que se aprovecha para mostrar un póster de “Bienvenidos a Belleville (2003)”. Hay de hecho un chiste bastante gracioso cuando un taquillero rompetechesco pica la etiqueta de un abrigo creyendo que es la entrada. ¡Si es que la película tiene bastantes gags muy ocurrentes! Pero esta todo sumido en una desolación tal, hay una falta de amor por los personajes tan acusada, que nos cuesta involucrarnos en la comedia.

El estilo de todo el dibujo es lo que esperamos de este autor. Caras que miramos siempre con la sospecha de que pudieran ser un cameo. Caricaturas grotescas. Detalles en el entorno. Por algún motivo a veces la línea se vuelve sucia. Más exagerado que en el típico ejemplo de “Los aristogatos”. De hecho diría que hay figuras humanas que incluso se desenfocan. Hay algunos planos al final de la película en los que la cámara vuela. Estos planos están hechos claramente con ordenador, nos choca mucho el salto de estilo, no entendemos para qué se añaden. Hay de hecho uno en el que la rotura es total. El protagonista abandona a su conejo en un prado. El conejo sigue siendo de animación bidimensional y todo el paisaje es digital. Paisaje y animal se mueven en dimensiones absurdamente distintas cuando la cámara alza el vuelo.


viernes, 20 de marzo de 2026

YOUR NAME.

Dir.: Makoto Shinkai
2016
106 min.

Me gusta su ligereza en muchos puntos. Del mismo modo que “Paprika, detective de los sueños (2006)” lucía por su imaginación, su creatividad, su luz frente a la oscura y la pretendidamente abstrusa “Origen (2010)”, esta película viene a dar luminosidad al género de películas de paradojas temporales al rebufo de “El efecto mariposa (2004)”. Crea un drama muy bonito, con un desarrollo muy emocionante. Con una cierto desdén hacia la dinámica de intercambio de cuerpos. Alejado del tono de rompecabezas oscuro, que la década de los 2000 tenía en cierto cine estadounidense. Muy del estilo de “Donnie Darko (2001)”.

Me gusta que el hecho sobrenatural se despache rápido. A lo primero que asistimos es a la resaca de un intercambio de cuerpos. Es decir, el entorno de la protagonista femenina no se mostrará sin entender nada de lo que nosotros ya vamos barruntando. Cuando por fin se trata de narrar un día en que se da este intercambio vemos los chistes, las partes con gracia. Y se nos mostrará una jornada en cada una de las ubicaciones. No se abundará en situaciones que den lugar a confusiones predecibles. Me gusta la firmeza con la que se abraza el chiste recurrente en el que el chico al verse en el cuerpo de la chica no pueda dejar de tocarse los pechos. Incluso cuando la trama se acerque al punto dramático este chiste se mantiene. Para mi gusto los protagonistas tardan más de lo que el espectador necesita ver en entender una dinámica que para nosotros está clara.

Lo curioso es que el intercambio de cuerpos se volverá algo mucho más complejo de lo que era en un primer momento. Con viajes en el tiempo difíciles de entender. Realidades imposibles y que, como tales, se vuelven frágiles. Se genera el momento mágico. Se les permite a los personajes rozar lo inalcanzable para después arrebatárselo cruelmente. Es uno de los momentos más bonitos de la película. Me gusta la forma en la que se resuelve la paradoja temporal: la desmemoria. Las pruebas del pasado se ven delante de nuestros ojos como la fotografía de “Regreso al futuro”. Pero todo queda en un recuerdo perdido en el tiempo, algo con la poesía de “¡Olvídate de mí! (2004)”. No se le dará demasiada importancia a seguir explicando este asunto. El paralelismo con la película de Michel Gondry está también en el elemento ferroviario. Los trenes y sus estaciones como lugares de paso. Donde cualquier contacto es por su naturaleza efímero.

El peligro de convertirse en la tópica diatriba entre vida urbana y vida rural. El lío amoroso que supone que sea la chica la que le consiga al chico una cita con su compañera de trabajo. La poco más que chistosa guerra de sexos… Son todas derivas que desde mi butaca temo que la película pueda adoptar. Sin embargo tenía algo más interesante, profundo e inesperado reservado. Me gusta incluso que la conexión entre ambos sea algo más que romántica. No es amor, es obsesión. Es una necesidad de encontrarse. ¡Qué frágil ese plano en el que se cruzan en un silencioso puente vacío mientras nieva lentamente!

La trama final, la tensión en la que debe decidirse si el pueblo se salva o no, tiene genuino poder de intriga. Me refiero a que la trama parece abocada a algo que no puede ocurrir. Sin embargo todo este desarrollo del pequeño individuo con la maldición de Casandra me da bastante pereza. Por suerte esta parte está intercalada con el encuentro místico que el otro chico está teniendo en la cima del otro cráter.

Resulta interesante lo presente que se tiene en Japón la posibilidad de la destrucción de toda una población. Sin darse a esa espectacularidad, recordamos aquí el terremoto de “El viento se levanta (2013)”.

Aunque sí hay algunos momento de peripecia en la animación. En particular me refiero a los momentos en los que el color se convierte el protagonista absoluto. En las primeras escenas de la película ya hemos visto las luces que el cometa y sus meteoritos provocan en el cielo de Japón. Sin embargo cuando se nos narra por primera vez la reacción de la joven deslumbrada por ese cielo lleno de colores rojos, azules y violetas es un plano absolutamente espectacular. El otro gran momento de animación es en el del contacto de los dioses. Con esa cuerda que une ineludiblemente las dos vidas de los protagonistas. Un dibujo abstracto, de lápiz de colores. Es precioso.

Musicalmente hay varios momentos llamativos. Por empezar por lo más evidente ¡qué antigua me suena esa banda sonora cantada! Ese pop rock tan propio de escenas de transición en el cine adolescente estadounidense. Cuando oímos por primera vez la canción no es con el inicio de la película a modo de prólogo. Hay un pequeño exordio abstracto antes de que escuchemos la banda sonora. Pero también me gusta cómo a veces la banda sonora renuncia a darle más intensidad a lo que estamos viendo. En particular cuando se acerca el momento del crepúsculo, la chica está corriendo apresuradamente al limen del cráter. El piano suena jugueteando tranquilo entre dos notas. Hay un momento en el que ella está a punto de caer por un terraplén. Pero la escena no cambia ni un ápice su temperamento. No hay sobresalto. Me gusta mucho.


domingo, 21 de diciembre de 2025

ANTES DEL ANOCHECER

Dir.: Richard Linklater
2013
104 min.

Al pensar en la trilogía el adjetivo que más fácilmente se nos viene a la boca es realidad. En esta tercera entrega vemos cómo el enamoramiento, que en las dos anteriores películas nos había emocionado tantísimo, no puede durar siempre. No se renuncia al amor, pero se nos muestra una situación muy amarga.

Como siempre en esta saga, lo principal que tenemos son conversaciones. La que pervive en nuestra memoria es la que mantienen en la habitación del hotel. Una conversación larguísima en la que las emociones fluctúan. Podemos percibir mucho esfuerzo por que la situación llegue a buen puerto. Hay una brechas de género absolutamente insalvables. Esa racionalidad siempre reivindicada por los hombres cuando una cierta misoginia no permite escuchar lo que la mujer quiere decir. Vista esta escena con mis ojos es fácil percibirla a ella como una desquiciada. Pero, a falta de una perspectiva femenina que lo corrobore, sospecho que esta escena está escrita poniendo mucho cuidado en no hacer esa valoración.

Muy bien retratado ese desprecio masculino hacia los sentimientos de ella cuando prácticamente la obliga a firmar los ejemplares de las novelas que narran su historia de amor. Del segundo libro no habíamos tenido noticias antes, pero en “Antes del atardecer” parecía que a ella le gustó que se narrara el romance de “Antes del amanecer”. Claro, entiendo que en aquel momento nadie la identificaba con esa historia.

La primera conversación entre ambos, en el coche tras volver de dejar en el aeropuerto al hijo de Jesee no pinta un panorama mucho menos emocionante que lo que esta trilogía había acostumbrado a ofrecer. Hay algún trozo hasta aburrido en esta conversación. Pero casi prefiero esa charla rutinaria que no la reacción que ella tiene, que será el conflicto principal entre los dos. Quizás puedo proyectar demasiado de mis discusiones de pareja al escuchar cómo ella toma un comentario en un acto comunicativo que él hace, planteando una idea, como si él quisiera sabotear su carrera profesional.

Puedo entender que el momento en el que él comenta la idea de mudarse a EEUU la dice en un momento que le impide a ella disfrutar de la recién recibida noticia del puesto de trabajo de sus sueños. Pero no dejo de empatizar con él cuando le expone los sacrificios que hace. Cómo su vida orbita entorno a esa familia. Por otro lado se expone también la problemática de las profesiones vocacionales, asociadas con la genialidad. En virtud de la cual el debe poder permitirse trabajar horas y horas en sus libros mientras ella tiene que cargar con un trabajo de oficia a tiempo completo y además invertir esfuerzo en ordenar la casa.

Me resulta absolutamente devastadora la idea de que el único periodo en el que realmente uno es libre es el que pasa entre que se independiza de sus padres y tiene hijos. Me resultan poco interesantes, porque no entiendo el rumbo que llevan, las charlas que tienen con las otras personas en la casa del escritor mayor. Ahí se ponen en diálogo la visión que tienen de la pareja personas en distintos momentos vitales. Pero es gente cuya historia no me interesa demasiado. Además a nuestros protagonistas ya se les ha prendido un incendio que se irá de madre en la habitación del hotel; tengo todo el rato la urgencia de abandonar esa mesa…

Aunque el final de la película nos permite abandonar la sala con una media sonrisa, lo cierto es que se han dicho cosas muy graves unos minutos antes. También hay una mirada que reconozco como masculina en tratar de quitar hierro al asunto con un juego divertido. Entiendo perfectamente que él quiera pasar una noche agradable con la mujer que ama. Pero tengo la sensación de que no deja de ser el retrato de un hombre que consigue apaciguar a una mujer desquiciada.

Como la naturalidad es algo que siempre elogiamos de esta trilogía no quiero dejar de señalar cómo se trata la desnudez del pecho de ella. Los encuadres se mantienen impertérritos ante sus senos. Algo que, cuando en otras películas no ocurre, llama poderosamente la atención. Pero es que además la película se desprende de las manidas actitudes de los desnudos de Hollywood. Acciones como taparse con una sábana o extraños pudores para estar en compañía de gente con la que se supone que hay confianza. Aquí se permite discutir con el pecho al aire, hablar por teléfono con naturalidad. Hacerlo además en momentos del todo descargados de erotismo.


viernes, 6 de junio de 2025

LA MIRADA DEL SILENCIO

Dir.: Joshua Oppenheimer
2014
103 min.

La estética llega a sitios sorprendentes. La fotografía está muy cuidada. Podemos reconocer brillos incomodísimos en la tez de muchas de las personas que se ponen ante la cámara. La iluminación obviamente no es la idónea y aun así, consigue que las escenas sean agradables de ver. Igualmente tiene una gran habilidad para encontrar planos estáticos sorprendentes muy estilizados. Podemos distinguir el trabajo cromático al que se someten algunos de sus cielos. El plano que sirve de exordio para la conversación más tensa es muy potente visualmente. Primero hemos visto un cielo morado con pájaros de silueta muy definida cruzando el cuadro. El siguiente y último plano de situación tiene una división horizontal: en la parte superior se mantiene este cielo y se mantienen estas figuras voladoras. En la parte inferior una negrura permite que se adivine una casa con la luz que sale por las rendijas de sus tablones, haces de luz de visible aura.

Durante las conversaciones se aprecia una habilidad para el ritmo. El montaje y los silencios cargan de dignidad a Adi Rukun, quien conduce el diálogo. Realmente la película parece un regalo para él. Tiene interés cómo reacciona una persona que unos pocos años antes ha contado un relato con orgullo y sangre fría los actos más sádicos posibles. Tiene un componente morboso que se le permita hablar al verdugo, que se le deje el tiempo para que hinche su pecho y que después su entrevistador le arrincone para que no pueda evitar los juicios morales de lo que está contando. Eso es algo muy fuerte de ver, pero no deja de haber un tono revanchista.

Es admirable cómo mantiene la calma, pero podemos ver en sus palabras que las preguntas se formulan con rencor. Cómo no. Pero ello provoca que el asesino se ponga a la defensiva y el resultado es que escuchamos las mismas respuestas más o menos en todos ellos. Todos justifican sus acciones, lógicamente cuando se les dice que están ante el hermano de una de las víctimas ya no hay ese regocijo, pero o bien se evita la responsabilidad o bien se cambia el nivel de la conversación: se eleva a una visión política en vez de moral.

Los puntos de vista de las dos partes son irreconciliables en una conversación rápida y a traición. Los asesinos no han sido cuestionados nunca. Tienen su visión tan arraigada que sería un acto de humildad inesperado que le dieran la razón a quien viene a su casa a violentarlos. Sí, lógicamente da gusto ver a seres tan atroces sentirse incómodos, pero no tengo tan claro que eso sea constructivo para nada.

No recuerdo si en “The act of killing (2012)” se relataba el hecho de beber sangre. Muchas veces en esta película no sentimos todo el impacto que los recuerdos deberían producirnos porque son historias demasiado parecidas a las que oímos en el primer documental. Pero que alguien que obviamente tiene la cabeza ida por los brutales actos que realizó se jacte de no haber perdido la cabeza por haber bebido la sangre del cuello de sus víctimas es algo insólito.

Es también llamativo cómo evidentemente Joshua Oppenheimer labró una relación con los asesinos durante el primer rodaje. Ellos ven en él un rostro amigo. Así cuando empiezan a sentirse incómodos podemos ver cómo sus ojos buscan a Joshua, cómo le piden explicaciones. Cómo buscan un diálogo amable como fue el de su primera visita.

La imagen que se erige en su póster de las gafas de óptico tiene un momento muy concreto en el que se gana ser el icono de la película. Un verdugo de rostro chupado y orejas grandes las lleva durante mucho rato de su conversación. Se convierten en ese momento casi en el uniforme de los asesinos. De alguna manera nos aliena de ese rostro. Es imposible no sentir que la película pierde el respeto a estas personas. Por eso digo que toda la película parece un regalo para quien busca que alguien le pida perdón. No sólo el rodaje es una ocasión única para él; el producto final es irreverente con esas personas cuando nadie más en su entorno lo es.

Una frase que se repite varias veces es que todo aquello ya está cerrado. Que esto solo viene a reabrir heridas. Esta frase en España la tenemos muy oída. Se nos incendia un poco la sangre al oír cómo se exige que no se hable de lo que ocurrió por ser pasado y acto seguido, con toda la arrogancia de quien se sabe impune, se amenaza a Adi Rukun. El militar está deseoso de conocer cualquier mínimo dato de su identidad que le permita exterminar con el mismo salvajismo cualquier remanente que quede de comunismo. Es como si la limpieza no fuera política, sino de pureza de sangre.

Algo que se decía en el anterior documental y que aquí los asesinos repiten es que los comunistas no tenían religión. No es descabellado pensar que esto es cierto. Aquí Adi decide catalogar esta frase de propaganda. No me parece muy inteligente argumentativamente porque frente tal aseveración quien estuvo presente en los años 60 tiene las papeletas de ganar. Pero el tema de la propaganda nos deja una rase maravillosa. Uno de los mayores asesinos habla a cámara y dice que el exterminio comunista fue una cuestión internacional: deberían llevarnos a Estados Unidos. No digo en avión, pero nos conformamos con un crucero. Al fin y al cabo fueron ellos los que nos enseñaron a odiar a los comunistas.


viernes, 22 de noviembre de 2024

RUBBER

Dir.: Quentin Dupieux
2010
78 min.

Le encanta mostrar el artificio una y otra vez. En ese sentido me recordaba a Leos Carax. Casi pide permiso para arrancar la trama como se hace en el número inicial de “Annette (2021)”. Es cierto que el discurso inaugural es más valioso por la ruptura de la cuarta pared más que por el alegato que tenga que hacer. Se niega a darnos explicaciones de lo que vamos a ver en los siguientes minutos. Lo cierto es que el resultado de la trama es suficientemente solvente como para que pudiera haber tirado sin más red de seguridad. No creo que la propuesta de la trama sea tan radical como para que nosotros nos sintamos perdidos. Es conocido que George A. Romero entra en la acción de “La noche de los muertos vivientes (1968)” sin pararse a dar explicaciones a nadie. Si aquella película la gente la ve hoy en día sin necesidad de que nadie nos la explique, creo que la trama de “Rubber” también se puede seguir sin que nos lleven de la mano.

Pero supongo que es tal la parafernalia que monta para permitirse tener comentadores de la película, que podemos elogiar que esté bien escondido el truco. Es decir: no hacía ninguna falta que alguien dijera en voz alta que la rueda asesina a sus víctimas por medio de telequinesis; pero, ya que se dice, es tan enrevesada la manera de procurarse una voz extradiegética, que resulta loable.

La historia de la rueda es sólida sí, pero juega con la ventaja de que la película es breve. Si además descontamos el tiempo que se dedica a trastear con los distintos niveles de realidad, la cantidad de minutos que hay que dedicar a la trama de la rueda, es mucho inferior. De nuevo, otro truco del director para ponérselo más fácil a la trama principal que queda escondido detrás del juego metanarrativo.

La primera vez que siento genuina admiración con la película es cuando veo los planos de la rueda moviéndose. El efecto es una maravilla. Al principio se cae cada pocos metros. Después tenemos una serie de planos, no muy largos, que nos muestran que ha aprendido a moverse de forma continua. Como no es capaz de sostener esa imagen mucho tiempo me genera un poco de escepticismo: sólo han sido capaces de hacerla rodar lo que rodaría de forma natural y el resto de la magia se produce en el montaje. Pero nada más lejos de la realidad. Esa rueda se detendrá, girará. Beberá de un charco (aquí, sí, probablemente manipulada por un titiritero fuera de cuadro).

Entre los personajes humanos hay un tipo particularmente curioso. Es algo así como el mayordomo de un ser todopoderoso que manipula la situación a su antojo. Lo curioso es que en los títulos de crédito aparece como contable. Este hombre tiene aspecto de Joaquín Reyes con un maquillaje absurdo. En general mantiene una actitud sosa. Pero cuando debe transformarse por unos segundos en alguien histriónico, al descubrir que ha comido alimentos envenenados, el resultado es bastante acorde con su personaje.

El sheriff que nos desafía como espectadores al inicio de la película tendrá una decadencia. De ser alguien por encima del bien y del mal por ser consciente de que pertenece a una ficción pasa a comportarse como un pelele perdido porque se han acabado las páginas del guión que debe seguir.

En este impasse tenemos que presenciar al típico adulto que no cree el testimonio de un niño que es el primer testigo del hecho sobrenatural. Este es mi tropo más odiado. Por suerte se ve interrumpido por el juego meta. Hablemos por cierto de este niño. Tiene un gesto siempre torcido por el sol. Un peinado salido de sabe Dios qué época y mismamente sus movimientos corporales son peculiares. Me recuerda al niño protagonista de “Monster House (2006)”.

La estética de la película a veces se acerca mucho a lo amateur. Lo digo sobre todo por la iluminación de las escenas a plena luz del día. Mientras que la fotografía poco saturada consigue unas imágenes que aprovechan muy bien los colores crepusculares del cielo del desierto, cuando por el contrario, los policías discuten a plena luz del día todo está quemado y parece que se salvan los muebles en posproducción tocando la fotografía.


viernes, 13 de septiembre de 2024

LA CASA LOBO

Dir.: Joaquín Cociña
2018
75 min.

La premisa es sugerente, sobre todo por el juego meta de convertir a los productores de la película en los restauradores de un ficticio metraje. Pero la técnica de la película es arrolladora. Se percibe una gran cantidad de trabajo y después un gran cuidado en el montaje. Hay un cuidado muy llamativo para los imperceptibles efectos que se consiguen. Por ejemplo a medida que las velas se consumen, crecen. No se sustituyen de un fotograma a otro, sino que, de la misma manera que se anima de manera natural su disminución de tamaño, su recuperación también está animada. Sólo que este proceso de regeneración entiendo que lleva infinitamente más trabajo.

La propia técnica adquiere protagonismo con el diseño de sonido. A veces escuchamos el papel del que están hechos los personajes. En otra ocasión en la que la diégesis es silenciosa, tan sólo se escucha ruido ambiente, escuchamos por encima un sonido líquido. Este sonido pretende acompañar a la pintura que se mueve por las paredes. En otra ocasión la cámara avanza a medida que aparece un camino de velas. Cada vez que aparece una de estas velas (y son muchas) un pequeño sonido la acompaña.

El hecho de que los seres animados estén hechos de papel maché los convierte en delicados: los muñecos se rompen. Podemos ver cómo su propia carne se regenera. La carne colabora entonces a generar la sordidez de la película. De nuevo no se trata simplemente de disimular los defectos de la técnica. Las roturas de los muñecos no se arreglan de un fotograma al siguiente, esta regeneración también está animada.

Cuando la animación se trata de pintura, no de stop motion, recuerda en cierto sentido a “Loving Vincent (2017)”. Aquella era mucho más pulcra en el estilo. Pero igualmente tenía un rasgo muy único de esta técnica: lo que está dibujado deja rastro al moverse. En esta ocasión además podemos percibir cómo pintar las paredes del estudio deja un reguero de churretones de pintura por el suelo. Cómo los ojos dejan caer gotas de pintura que colaboran en un aspecto tétrico. Quizás el momento en el que la pintura revela del todo su virtuosismo es aquel en el que la estancia está a oscuras: toda está pintada de negro menos un círculo que se desplaza emulando el haz de luz de una linterna. Esto es una maravilla porque este área iluminada va y viene. Es decir, la misma región del escenario se pinta de negro y de vuelta al color varias veces.

El trabajo con el papel maché nos deja la constatación de que las figuras se sujetan con celo mostrándolo sin pudor. La vibración de todo le da una vivacidad que nos hace pensar en los elogios que recibió la animación de “King Kong (1933)”. Me gusta que percibimos cómo el suelo ha sido pisado y recolocado. Esta técnica se permite las libertades de perder por completo las proporciones, hasta llegar a una imagen bastante poderosa en la que el personaje pierde su cuerpo y se convierte una cabeza, como tirada en el escenario. Algunas manos circunstanciales completan su corporeidad.

La voz narradora es extraña. La mayor parte de las veces no me interesa demasiado. Se repiten algunas frases con voz tenue, a veces a esta vos amable la dobla por encima alguna más inquietante. Entiendo el desasosiego que trata de transmitir la conjunción del acento alemán, chileno y los textos propios de las fábulas, pero creo que no llega a conseguir cosas interesantes.


viernes, 6 de septiembre de 2024

PRIMOS

Dir.: Daniel Sánchez Arévalo
2011
97 min.

Naíf, es cierto. Pero con unos diálogos muy bien escritos. La mayoría de personajes muy bien interpretados. Un guión con el típico punto de inflexión vital al reencontrarse con los recuerdos de cuando eran jóvenes. Pero se evitan los conflictos. No hay nada problematizado. Si el tipo aparece después de años sin dar señales de vida ella accede sin problema a retomar una relación carnal. Todo fluye. Ellos no tienen planes ingenuos que por su propia torpeza queden desbaratados.

Los tres primos parecen nacidos para esos papeles. Cuando vemos a Adrián Lastra, el tuerto con traumas de la Guerra de Irak no podemos evitar acordarnos de la persona drogadísima en “Un funeral de muerte (2007)”. Aunque solo sea por ese correr maníaco vestido con una chaqueta de frac. Pero lo cierto es que tanto la construcción del personaje como la interpretación son una maravilla. No nos reímos de él por estar desequilibrado. Es una persona que lo está pasando mal y este sufrimiento no es el motivo de burla. Sí hay escarnio hacia las frases que dice, pero creo que se le trata con mucho cariño. Me resulta muy emocionante cuando ese personaje apocado se ve en un video de hace diez años en el que se mueve con total desparpajo en un escenario en las fiestas del pueblo (—¡Pareces otro! —Es que era otro.)

Me gustan mucho también las frases cortadas y los derrumbes instantáneos de Quim Gutierrez. Creo que es un rasgo del personaje que no está exagerado, que no se abuse de ello, interpretado soberbiamente. Cómico pero sin que sea una tontería. Sí: el punto de presentación del personaje da un poco de rabia porque por culpa de su inmadurez hace que toda su familia, invitada a su truncada boda, tenga que tragarse un discurso quejicoso. Pero no es la tónica general de este personaje. Es responsable dentro de su indecisión.

La pareja que hacen Antonio de la Torre y Clara Lago es quizás lo que peor funciona de la película. Es una situación que me parece recrudecida artificialmente. Aparte de eso quizás sean los actores donde se percibe mayor diferencia a nivel interpretativo. No sé exactamente por qué, pero el alcohólico me funciona cada vez menos conforme avanza la película. El rasgo suyo de responder correcto cada vez me lo creo menos. Me parece que si bien cuando le vemos tirarse por primera vez al mar es muy cómico (—¿Dónde vives? —En el mar.), cada vez se usa este recurso de manera más gratuita. Casi como si se confiara en su repetición para hacer todo el trabajo.

Adherido a estos personajes está Raúl Arévalo. Quizás sea de los pocos personajes que puede caernos mal. De los primos, es el único que tiene intenciones dudosas. Claro, no puede nunca ser el blanco de los juicios morales de los espectadores porque está la terribilísimamente malvada Toña, quien tortura psicológicamente a su paciente. En cualquier caso aunque Raúl Arévalo nos resulte simpático durante casi toda la película la escena en el prostíbulo se convierte en alguien extremadamente casposo.

Inma Cuesta es una gozada verla en la pantalla. Está siempre guapísima. Se la ilumina para que así la veamos. Es un personaje de infinito cariño. Su rostro siempre recibe luces cálidas, luz blanda. Insisto, realiza muchas acciones gracias a que no se problematiza nada de lo que ocurre. Pero es de una finura la frase con la que se despide de su pretendiente: Las cosas que dije que no sentía no las sentía de verdad porque no me ha dado tiempo a sentirlas.


viernes, 29 de marzo de 2024

THE ACT OF KILLING

Dir.: Joshua Oppenheimer
2012
117 min.

Es arrolladora. Un retrato de la maldad único. Alejado de cualquier otro problema moral antes planteado. La impunidad del mal la hemos visto por ejemplo en “El experimento (2001)”. Hemos visto múltiples historias sobre nazis en las que los verdugos deshumanizan por completo a sus víctimas. Pero la situación en esta película es de una complejidad increíble: mientras que ellos tienen remordimientos por sus acciones, la sociedad en la que viven glorifica su masacre.

La misma película tiene elementos que nos hacen incomodarnos. Quizás uno de los momentos más potentes sea aquel en el que el protagonista y verdugo: Anwar Congo interpreta a una de sus víctimas. Es tremendo porque el actor sufre realmente al hacer esta escena. Hemos oído muchas veces a lo largo de la película que los fantasmas de sus víctimas le atormentan por las noches. Sabemos que tiene remordimientos. Pero en este momento se derrumba y no puede completar la grabación. Sabemos que cada quien lleva sus traumas como puede y nos generamos en la cabeza las justificaciones necesarias para sobrellevar nuestras acciones.

A pesar de ello es de no dar crédito sus comentarios a esta escena. Explica al director que la humillación a la que se ve sometido le aterroriza. Hasta tal punto retuerce la realidad que dice: Me he sentido como se sentían mis víctimas. Esta frase tan desubicada revela hasta qué punto él se distanciaba de las personas que torturaba. Pensaba tan poco en lo que implicaban sus acciones, que considera comparable un rodaje y una ejecución real. El disparate es tal, que el propio director interviene para señalarle el sinsentido.

El sufrimiento de este hombre nos sitúa en un lugar muy incómodo. Al fin y al cabo estamos viendo a un hombre destruido. Pero es un hombre con un pasado tan terrible que nos resulta imposible empatizar con él. Vemos una dosis de realidad abrumadora, lo que hay delante de la cámara es sólo una muestra de un padecimiento que ya dura décadas. Pero es un padecimiento que él mismo se ha buscado. No se trata de una sociedad como la nazi en la que se deba cumplir un ideario, es una revolución que se ha impuesto en ese país y con la que él ha decidido colaborar.

Pero no es la única persona que sufre en la película. Hay una recreación de una matanza en la que se utiliza a una serie de extras. Cuando la cámara corta vemos a mujeres y niños realmente conmocionados por lo que acaba de ocurrir. Hay una niña que llora mientras uno de los asesinos le felicita por la toma que acaba de realizar. Ya antes de esto hemos visto llorar a niños cuando un hombre mayor interpreta a una víctima. Los asesinos, buscando la violencia que ellos han aprendido del cine de gánsteres, no escatiman en gritos y maltratos. Los nietos de este hombre se tiran al suelo a intentar ayudarle sensiblemente afectados.

El aspecto político es enormemente único. Saben que lo que hicieron está mal. Pero no existen leyes que les vayan a condenar. Las convenciones de derechos humanos las rechazan. Hay quien opina que es mejor no desvelar la Historia no por mantener pulcra su imagen, sino para que eso no provoque inestabilidad social. Desde una perspectiva española es imposible no pensar que esas opiniones se vierten tan solo tras haber transcurrido 40 años de los crímenes y aquí seguimos sin querer desvelar los muertos de hace 80. Como muestra de lo próximo que está el asunto, un miembro del equipo de rodaje relata cómo teniendo él 11 años tuvo que recoger con la ayuda de su madre el cuerpo de su padre la mañana siguiente de que lo obligaran a abandonar de su casa. Hubieron de enterrarlo sin que nadie les ayudara para no ser asociados con comunistas.

Un miembro del gobierno visita el rodaje y el tipo también mantiene una posición delicadísima. Por un lado quieren mostrarse fieros para evitar revueltas de tipo vengativo. Se llega a explicitar que no hay levantamientos comunistas porque les temen. Pero por otro lado no le gusta el resultado de la escena porque le parece que les muestra como gente cruel. La palabra cruel se repite muchas veces. Buscan hacer ver que son capaces de cometer los actos que niegan haber cometido.

El líder de las juventudes es un tremendamente despreciable. Aficionado al golf. Baboso con las mujeres que le rodean… Las juventudes se declaran colaborativas en todo tipo de actividades ilegales. En sus discursos asegura que los comunistas son una amenaza para la patria. No deja de ser llamativo que un ideario como ese no tenga ningún problema en abrazar las formas de ocio estadounidenses: bolos, golf o el letrero de McDonalds con el que abre la película. El cine estadounidense, de hecho, es algo casi personal para nuestros protagonistas. Aparte de que su violencia es la que asimilan como estética propia, la venta de entradas a estas películas era parte importante de su sustento. Así la represión comunista a este tipo de cine les afectaba directísimamente.

Son los protagonistas de la película los que deciden cómo ha de ser. Esto provoca un par de escenas de una estética terrible. La icónica imagen de unas mujeres bailando saliendo de la boca de un pez incluye a un hombre gordo travestido. Casi al estilo de Divine en las películas de John Waters. La idea de estos zumbados es que interprete a un personaje femenino, grotesco y cómico. Cómico porque protagoniza escenas en las que sufre violaciones por comunista. Esta fealdad no se limita a la película que planean. Uno de ellos muestra a cámara una colección de figuras de cristal que va comprando por sus viajes a lo largo del mundo. Unas figuras terriblemente horteras, brillantes… Feísimo.

Por tratarse de un régimen cimentado en el odio a los comunistas, tienen la libertad como concepto clave. Enarbolan la etiqueta de gánster porque etimológicamente en su idioma significa hombre libre. Por supuesto resulta muy grotesco escuchar este valor en la boca de un régimen represor. El punto más llamativo a este respecto es un plano en el que unos coches esperan en un paso a nivel mientras lo atraviesa un tren. Por megafonía escuchamos por qué los ciudadanos deben obedecer las leyes de tráfico.


viernes, 22 de marzo de 2024

LUCKY

Dir.: John Carroll Lynch
2017
88 min.

Última película de Harry Dean Stanton. Va de un tipo que tiene que aceptar con realismo que va a morir. La emotividad de la película es mayor cuando piensas que realmente murió al poco de terminarla. La película está en gran medida dedicada al anciano actor. La primera vez que vemos su rostro es bajo un cielo azulísimo. Un azul muy plano que llena todo el cuadro. Un anciano andando por el desierto, la apelación a “Paris, Texas” es inevitable.

He de decir que creo que esta es la sutilidad y claridad que una película necesita. El protagonista literalmente descubre lo que es el realismo. Y él mismo explica que su concepción de la vida es que cada quién tiene su realidad. Relata que se marcha del cielo porque no le dejan vivir libremente. Pero la realidad es otra.

David Lynch también tiene una historia en un papel secundario muy sencilla. Una segunda visión de la historia de Lucky. Con una seriedad absoluta y muy devastado. Diciendo que un galápago es mucho más grande que una persona. Lo dice en el sentido de que vivirán más. El papel de Lynch es el de las fantasías. Prefiere creer que su galápago ha ido a buscar aventuras antes que asumir que se ha escapado y que no la volverá a ver. Esencialmente: que ha muerto.

Las historias que cuenta Lynch son maravillosas. La ternura con las que las cuenta te ponen en una dicotomía como espectador. No sabes si dejarte embaucar por su cuento o si reírte de sus relatos acerca de cómo la tortuga hacía planes elaborados para escapar del jardín de Lynch.

La escena final repite los planos de su rutina diaria; ahora vacíos. Asumimos que ha muerto. Uno de ellos se detiene un poco más que los demás y le vemos aparecer con sus andares de anciano, cuidando de sus rodillas. Entonces se detiene delante de un cactus enorme. Toda la película los cactus y los galápagos han simbolizado la eternidad, por ancianos. Básicamente Lucky se está enfrentando a la eternidad, a la muerte, donde se encuentra con la tortuga de Lynch. Mirada a cámara y sonríe.

En esta escena, aunque preciosa, quizás están dos de las mayores debilidades de la película. Por un lado una propia de la juventud de Estados Unidos. Es difícil ver a un ser vivo como algo eterno desde una Europa que tiene construcciones milenarias. Por otro lado el realismo de Lucky a lo único que le lleva es a la resignación. El enfrentarse a la muerte lo único que le enseña es a sonreír. Es una enseñanza simple, efectiva a nivel emotivo pero realmente pobre.

Es maravillosa la escena en la que se asoma al infierno. Con una música atronadora y él fumando. El único lugar donde se le permite. También se le ve acostarse en unas sábanas que marcan sus huesos como si fuera ya un cadáver mientras suena “I see a darkness” Johnny Cash siendo ya anciano.

Hay un tema que no se explicita nunca pero siempre está sobrevolando la película. Que la muerte es algo indeseable en sí misma. Hay personajes como Lynch que al descubrir que van a morir empiezan a pensar qué hacer con sus bienes materiales, o cómo pagar su entierro. Se preocupan por la burocracia de la muerte. Sin embargo Lucky no tiene ese problema. Su muerte no será una carga para nadie: no tiene familia. Sólo conocidos. Aún así la muerte es problemática. Sea como sea la vida que vaya a segar. Lucky no tiene planes de futuro. Tiene unas rutinas que le gustan, pero ninguna le apasiona. ¿Cómo habrían de hacerlo? Se basan en crucigramas, tabaco, concursos de la tele y Blody Marys. A pesar de todo, no quiere morir, tiene miedo a morir.

Es inolvidable la ternura del hombre cantando “Volver, volver” en una fiesta mexicana junto a unos mariachis.


viernes, 22 de diciembre de 2023

TÍO BOONMEE RECUERDA SUS VIDAS PASADAS

Dir.: Apichatpong Weerasethakul
2010
113 min.

Es un tipo de cine al que le sienta muy mal salir de las salas de exhibición. Esa experiencia inmersiva, radical, que propone es imposible de conseguir en un sofá. Reconozco en esta película elementos que tenían gran efecto en una butaca cuando vi “Memoria (2021)”. Ese fondo de pájaros, casi de ruido blanco. Las conversaciones distendidas. Aunque la descripción pueda cuadrar con los diálogos de Albert Serra, aquí el texto tiene una densidad que él no permite. Los diálogos de Weerasethakul nos convencen de que algo interesante está por decir.

Supongo que hay cosas que saber acerca de la historia de Tailandia para entender las referencias, del mismo modo que en “Memoria” se hablaba de no recuerdo qué hecho traumático de Colombia. Aquí en cierto momento un hombre que está cerca de su muerte se plantea si la enfermedad que le aqueja es el pago que el karma le envía por haber matado comunistas. Quienes se le aparecen son su mujer y su hijo. No sé si hay un largo historial de desaparecidos y que la película fabula como ese icónico hombre simio de ojos rojos.

Es un tópico cinematográfico que es mejor insinuar que mostrar, pero lo cierto es que me parece un momento muy potente aquel en el que por primera vez nos convencemos de que vamos a ver a plena luz al hombre simio. Le hemos visto silueteado, en una sombra negrísima, con esos ojos sin forma de ojo, solo puntos rojos. Cuando camina hacia el porche vemos con incredulidad cómo avanza hacia la luz. Cómo se nos va a revelar el truco. No llego a entender los contraplanos que finalizan muchas de las escenas de varios individuos simio observando.

La escena que queda en el recuerdo, también, es aquella en la que una princesa conversa con un pez en un lago. Un pez que es el que diseña el reflejo con el que ella se ve preciosa y del que se enamora su esclavo porteador. Esta escena es larga y tiene muchos minutos en los que lo único que oímos son los ruidos del monte. Como digo, en casa esto genera dispersión de la atención. En el cine, seguro que habría sido más poderoso. El caso es que todo esto culmina con una relación sexual entre el pez y la mujer. ¿Lo consideramos pretencioso? Pues después de tantos minutos de vacío narrativo es de agradecer.

El final de la película, que parece que se hace menos poético porque el escenario se traslada a un entorno más urbano, tiene una última jugarreta en la que un personaje se desdobla. ¿Cómo se explica? Ni idea. Hay un detalle minúsculo en esta escena que me parece un destello de realidad abrumar. Un monje se ducha y se viste con ropa de calle. En el momento que se está vistiendo se sienta unos segundos a ver la tele en la que se muestran imágenes de procesiones militares por la selva. La manera en la que olvida lo que está haciendo y se queda absorto por la televisión es de un naturalismo tremendo.


viernes, 7 de abril de 2023

IT’S SUCH A BEAUTIFUL DAY

Dir.: Don Hertzfeldt
2012
62 min.

El primer temor que me entra al ver la película nace cuando leo que son capítulos. Las películas por episodios funcionan tirando a mal y la película ya había generado en mí una simpatía que no quería ver traicionada por su estructura. Pero no hay motivo para alarmarse: son episodios pero la historia es única.

Es soberbia. Utiliza los recursos del cuadro con una libertad absoluta. La imagen es totalmente expresiva. El dibujo, los flashazos de luz, los sonidos abstractos. El negro puro que rodea las viñetas. El collage de los planos. La repetición de segmentos breves de imagen y de audio. Imágenes nuevas, repetidas y otras imposibles de reconocer consiguen que se difumine el presente y pasado. Esa manera en la que se adelanta la muerte del personaje varios minutos antes de que acabe la película y aún así todavía le vemos en su rutina en varias escenas.

Un dibujo naíf que al principio uno pensaría que se usa para que la película se pueda posicionar en un nivel un poco arrogante, como insensible con lo que narra, termina revelándose una descripción de una manera de ver el mundo. Un mundo distorsionado por una enfermedad mental que le impide fijarse en los detalles de la realidad. Como digo, nunca pensaríamos que el propio medio fuera a ser parte de la narrativa. Cuando por fin el personaje asume que va a morir y entonces siente una fuerza, un amor por el mundo que le hace prestar atención a cada detalle pasamos a tener imagen real. Contemplamos el mundo con la infinita información que cada cosa contiene sin reducirla a trazos.

Resulta crudísima la segunda parte. En ella se nos cuenta toda una estirpe de familiares con problemas mentales tremendos. Me da un poco de rabia que siempre que se habla de la animación adulta se apele tarde o temprano a “Mary and Max”. Pero lo cierto es que el desfile de gente desquiciada que vemos en este árbol familiar recuerda a ciertos secundarios de aquella película. Si bien en aquella parecía que se culpaba a la soledad que generan las sociedades contemporáneas, aquí la crítica parece bastante dirigido a un tradicionalismo religioso. Así por ejemplo la abuela del protagonista cuando llega a la ciudad se dedica a perseguir a judíos.

Hay un chiste recurrente en esta secuencia. A pesar de la fragilísima salud de todos los personajes que muestran de todas las formas posibles su desequilibrio muchos mueren por el atropello de un tren. Es cierto que esta es la parte más cómica de la película, pero igualmente es muy extraño que de forma tan clara se haga una apuesta por un chiste en vez de plantarnos la mitad sonrisa mitad tristeza que tienen el resto de las situaciones.

La parte de las alucinaciones es muy imaginativa. Con una línea narrativa muy firme, que no se va de madre. No se deja llevar nunca por la posibilidad de introducir toda clase de locuras. Esta imaginación brillante parece que es lo que le faltó ver a al artífice de lo grotesco que resulta todo en “Todo a la vez en todas partes”. Como el dibujo es tan agradable de ver, nos quedamos fascinados por el pez que vive en su cabeza, el hombre mosca que espera el autobús con él. Estas imágenes son bastante surrealistas, pero también hay otras imágenes, que se evocan casi siempre en la línea narrada, de corte psicodélico. Haciendo uso de la sinestesia con frases no muy originales, del tipo puedo oír el cielo.

Se nos rompe el corazón cuando se muestra la vida absolutamente derruida que lleva esta persona comparada con las ilusiones que tenía de pequeño. Aún con la enfermedad escondida, sin manifestarse se maravilla por las cosas de su alrededor, por el agua del mar, por la luz. Y tiene grandes ilusiones de lo que hará con su vida. Se concibe la vida como un don, como una oportunidad de hacer cosas maravillosas. Al contraponer esta imagen con, por ejemplo, la pirámide de grapadoras que hace en su oficina, vemos la crudeza de la rutina y lo anodino de la mayor parte de vidas.

Me gusta mucho que se explore lo que sería para alguien sin memoria redescubrir cosas. Quedarse absorto con cotidianidades como la luz que entra por la ventana y las motas de polvo que vuelan en ella. Imposible no acordarse de la bolsa de plástico que vuela en “American Beauty”. En esta película sí hay una clara justificación de por qué alguien se admiraría por algo así. Y creo que, como se ha mostrado lo terrible de su enfermedad mental, no hay riesgo de que la película romantice este hecho. Aprovecho para señalar una vez más la habilidad con la que se juega con el cuadro. Mientras que la escena es blanquísima, el haz de luz es completamente amarilla. Se superpone al resto del plano. Es maravilloso.

En toda la película subyace la idea de que a pesar de toda la crudeza de la realidad, el mundo es un lugar bello. Una belleza que solo se aparece en brevísimos destellos. Frágil. Extremadamente difícil de asir. Cada vez que se la roza un pensamiento cruza nuestra mente. O nuestra percepción está demasiado aletargada como para llegar a fascinarnos con ella. ¡Qué roto me deja ese relato de la madre! Siendo niño iba al colegio a diario con una nota que decía I’m so proud of you. Años más tarde, años después de la muerte de su madre encuentra un cuaderno en el que ella ha escrito miles de veces la misma frase. Para practicar caligrafía para que la nota que encuentra todos los días en su mochila tenga la escritura más bonita posible.


viernes, 9 de diciembre de 2022

120 PULSACIONES POR MINUTO

Dir.: Robin Campillo
2017
143 min.

Aunque la historia principal es un romance entre dos gais y la muerte por sida de uno de ellos creo que hay un protagonista aún mayor: la organización contra el sida. Es lo primero que se nos presenta y creo que es lo que tiene una historia interesante.

Las contradicciones en la lucha, la asunción de su papel no como una representación de los colectivos sino como una organización activista. Su papel no es ser interlocutor, es generar visibilidad. El momento de mayor claridad de este mensaje es cuando invitan a los portavoces de las farmacéuticas y no quieren dialogar: quieren escandalizarlos. Creo que es un retrato muy relista y muy consciente de lo que son los grupos de lucha y reivindicación.

No sé si los actores son gais pero su actitud es maravillosa. Sin tener la cadencia reconocible del típico homosexual los gestos son fácilmente identificados. En cualquier momento, no necesitan ser histriónicos. Los diálogos en la intimidad sin apenas gesticulación tienen la actuación muy medida y mantienen el acting siempre.

En cuanto a los recursos formales hay un par de ocasiones en las que vemos a las células luchar contra el virus. Nadie sabe muy bien qué hacen ahí, pero tampoco molestan. Sí molestan a veces los planos tan contemporáneos de las caras absolutamente encuadradas. Desprecio absoluto a la frente del personaje.

No siempre sale bien contar la muerte de un personaje. Este caso tiene varios factores a su favor. El primero la aceptación con ilusión de su muerte y su condición de mártir. El segundo que hay una caída muy rápida. Al principio es alguien absolutamente lleno de vitalidad. Es muy drástica la caída hasta su muerte. Resaltar el plano del velatorio con todos los vivos consolándose en una habitación sin limitarse a las lágrimas y la habitación contigua con un único cuerpo tumbado en paz.

El final deja clarísimo el mensaje de la película: una muerte no es una derrota. Es un paso hacia adelante hacia su visibilidad y por tanto hacia la cura.


viernes, 7 de octubre de 2022

PREDESTINATION

Dir.: Michael Spierig
2014
97 min.

La película es mala y existe sólo siguiendo la estela de películas como “Efecto mariposa”, “Memento” u “Origen”. Sin embargo el nivel de complicación de la trama es extremo. Cae por todas partes y es inverosímil. Pero está creado con una ambición única.

Una niña es abandonada en un orfanato, crece sintiéndose rara, especial y otras cosas de niña que necesita dar pena. Es la mejor en matemáticas, una maestra con las artes marciales… El gobierno americano la quiere contratar para un programa espacial donde van mujeres para ser prostitutas de los astronautas. Idea loca, loquísima. Por algún motivo inexplicable las candidatas deben ser vírgenes. Por sus graves problemas de autoestima ella ha decidido voluntariamente mantenerse pura hasta el matrimonio.

En las enésimas pruebas médicas descubres que genitales de hombre sin desarrollar lo cual la excluye del proceso. Si es un lugar de tan alta tecnología, ¿cómo se tarda tantísimo en descubrir este sutil detalle? El caso es que decide aprender etiqueta y encuentra a un hombre que la seduce, deja embarazada y abandona. Durante el parto de su hija los médicos descubren que su aparato reproductor femenino está destrozado así qué le reconstruyen el masculino y debe aprender a ser un hombre. Quizás el personaje lo consiga pero la actriz ni por asomo. Habla en un susurro rarísimo y nada masculino.

Su hija es secuestrada, se queda muy triste y termina su transición. Lee unas revistas y novelas que le hacen tener un trabajo de consultor emocional en una revista bajo un pseudónimo femenino: madre soltera. Entonces llega al inicio de la película. Llega a un bar donde cuenta esta historia a un tipo. Este tipo trabaja para una organización que viaja en el tiempo para intentar impedir crímenes, en particular los de un tipo al que llaman Terrorista fallido. Nadie en esa redacción de guiones decidió que era un nombre de mierda.

La cuestión es que hace un viaje en el tiempo para intentar matar a la persona que la dejó embarazada. Sorpresa, es él mismo quien se encuentra a la chica. Y ¿cómo es que no se dan cuenta hasta ese momento? Pues porque dice haber olvidado por completo al hombre que la embarazó. Y ¿por qué él se queda encandilado de ella perdidamente? Porque de pequeña había tomado la determinación de no mirarse al espejo por lo que esa cara es nueva para él. ¿Quién se lo cree? Yo tampoco. Cuando el agente le da ropa para pasar de incógnito en esa época el protagonista le pregunta que cómo conocía que habría ropa en esa especia de almacén, el agente le da largas. Aquí se pretende crear una semilla de incertidumbre completamente fallida. El agente resulta que es él en el futuro por lo que sabe que ahí está la ropa porque tiempo atrás se la ha dado a sí mismo.

El agente viaja a un momento que nos da un poco igual para intentar matar a una persona que supuestamente es el terrorista fallido. En un incendio absurdo esta persona pierde la cara y debe ser reconstruida obteniendo la cara de este agente. ¿Quién es esta persona? Nuestro protagonista. ¿Cómo se origina este incendio? Por una bomba que quiere desactivar y que le explota por la distracción de un arma que le encañona.

El protagonista es reclutado por la misma empresa del agente por lo tanto debe dejar a la chica del pasado sola y con un bebé. El protagonista entonces es enviado a desactivar una bomba del Terrorista fallido donde perderá la cara. Mientras el agente debe robar a una recién nacida y llevar a un orfanato unos 20 años antes.

Cuando el agente va a retirarse su máquina del tiempo, que por cierto es un estuche de violín, no se desactiva correctamente y decide seguir la pista del terrorista fallido para matarlo. Cuando lo encuentra es él mismo de mayor. El terrorista explica en una escena lamentable que él atenta para evitar matanzas mayores. El agente lo mata y claro, se ve en la obligación de relevarle cerrando el ciclo.

El argumento es tan complicado que la película nos mantiene atentos todo el rato. Pero hay cosas enormemente ridículas. De lo que más, esta cosa de que con cada viaje en el tiempo tengas un poco de mareo. Es ridículo a niveles desorbitados. Caen como si tuvieran un tropiezo. En un caso particular llega a un lugar en el cual lo primero que hace es sujetar una lámpara de pie que estaba a punto de caer.


viernes, 24 de junio de 2022

LANGOSTA

Dir.: Yorgos Lanthimos
2015
118 min.

El cine de autor europeo ha encontrado su saco de boxeo: la institución familiar. Y ha encontrado un público lo suficientemente sensible como para que sus insulsos ataques generen consternación: el estadounidense. Desde Europa es ridículo el plano con los dos conejos ensangrentados que sirven de sustento en mitad de un bosque.

El mundo está dividido en dos clases: los emparejados y los solteros furtivos. Toda persona que viva en la ciudad y no esté emparejada debe ir a un hotel donde tiene 45 días para encontrar pareja. Si en este tiempo no se ha conseguido, se le convierte en un animal que elija. Este tiempo se puede ampliar cazando a los solteros furtivos del bosque. Es decir, un soltero puede o vivir fuera de la sociedad como un animal o serlo de forma efectiva.

En esta sociedad se convence a la gente de que debe estar emparejada, que estar soltero es peligroso ya que expone a ellos a una muerte por atragantamiento y a ellas a una violación. Esto se explicita en un montaje lamentable que no nos sorprende viniendo de Yorgos. Se hace una suerte de representación para los hospedados en el hotel. Con mostrar la versión sin pareja, está todo el mensaje transmitido. Pero alguien consideró que había que subrayar todo más. Se intercala un plano de otra escena y se vuelve a lo anterior.

En cualquier caso: la película propone emparejamientos por motivos pragmáticos. No es solo un discurso de la élite, la película lo suscribe ya que el protagonista sufre fuertes dolores de espalda por no alcanzar a esparcir la pomada él mismo. Sin embargo las parejas asumen que sus taras son su identidad y las asumen como responsables de su soltería. Por tanto buscan una pareja con la misma tara. Así un chico finge tener hemorragias nasales para salir con una chica con el mismo problema. ¿Qué sentido tiene esto en un mundo donde está asumida la conveniencia de estar casados? Yorgos no puede dejar pasar una situación de este estilo para hacer que él se produzca los sangrados con fuertes golpes contra alguna superficie. ¿Hay formas más inteligentes de conseguirlos? Por supuesto, pero quizás no encontró ninguna que fuera tan impactante (y tediosa).

Nuestro protagonista debe fingir ser un psicópata para seducir a una mujer con fama de no tener sentimientos. Una vez que se asume que dos personas sólo pueden estar juntos si tienen la misma tara, esto puede tener sentido. ¡Pero es mucho asumir! Lo único que me interesa de toda esta parte de la historia es cómo lo escruta ella para ver si, en efecto, no tiene alma alguna.

Los solteros tienen normas muy claras. Son considerados la resistencia y no quieres que ninguno de sus miembros se pase al bando opuesto. Los bailes se realizan de forma individual, cada uno con su discman. Como muchas otras cosas en la película este momento podría ser cómico pero hay tanta pesadez en todo lo que se nos muestra que no conseguimos el efecto. Para reafirmarse en el componente de individualidad que la sociedad les recrimina, cada uno debe cavarse su propia tumba y arrastrase hasta ella. Uno podría pensar que esto es una crítica al liberalismo. Pero esto no tiene ningún sentido precisamente porque los sectores liberales de la sociedad son los principales reivindicadores de la familia como institución.

La película tiene una narración muy innecesaria que subraya cosas que ya sabemos. De hecho parece que sólo existe para que la lideresa de los solteros se entere de que hay dos prófugos. Este estilo de narración recuerda al de “Dogville”.

Yorgos parece que tiene una línea actoral clara. Una odiosa. Frases artificiosas. Inexpresivos pese a las tragedias que les rodean. Si la película tuviera otras pretensiones, podría haber comedia aquí. Pero tanta cámara lenta, tanto montaje extenuante, cuerda frotada e incomodidad en general generan un pastiche ridículo del que reírse más que con el que reírse. Existe una mujer obsesionada con las galletitas caseras que tiene una actitud idéntica al niño de “El sacrificio de un ciervo sagrado”.


viernes, 25 de marzo de 2022

CANCIÓN SIN NOMBRE

Dir.: Melina León
2019
97 min.

Creo que lo más memorable que tiene son las actuaciones musicales. Las dos escenas con actuaciones de música ayacuchana. Comprometen la capacidad del micrófono con sonidos estridentísimos. La música tiene un sonido constante de crótalos muchas veces a destiempo. Un violín agudísimo. Uniformando toda esta amalgama, un arpa gigante, de sonidos graves, con una gran caja de resonancia. Vocalmente un coro femenino grita unos sonidos imposibles. Son unas escenas que llaman poderosísimamente la atención. No aparecen mis amados bombines… Sin que se parezcan musicalmente, me parece una propuesta igual de agresiva que los narradores de “Línea no regular”.

Con respecto a la trama, hay demasiadas cosas que nos vemos venir antes de que sucedan. No es algo que sea por fuerza malo, pero hace que cuando por fin se consuman, pierden potencia. Así el rapto del bebé más o menos nos lo vemos venir desde el primer momento que anuncian la clínica en la radio. Se nos ha mostrado un país absolutamente caótico. ¿Quién podría creerse que hay médicos prestando atención caritativa? El caso es que cuando ella empieza a olerse el rapto lógicamente cae en una desesperación. Pero claro, nosotros llevamos un rato en el que ya hemos asimilado el varapalo que ella recibe. Por eso hay un mundo de distancia entre la contemplación del espectador y el drama de ella. La escena en resumen se vuelve absolutamente melodramática.

A esta escena sucede una serie de acontecimientos de lucha contra la burocracia y por fin una encarcelación arbitraria por el toque de queda. Nada nuevo bajo el sol. La película lo narra con más pesadez de la que somos capaces de asimilar en este punto, pero no es demasiado larga.

Con respecto al periodista, desde el primer momento se le construye una imagen muy atractiva. Con la estética propia de la juventud japonesa. Pelo laceo y negrísimo, una delgadez que casi desafía su raza, esas camisas que le estilizan tremendamente. A este aire asiático colabora un plano de la lluvia a cámara lenta. Algo que nunca puede faltar en el arte japonés.

La trama de investigación de la organización que secuestra bebés es absolutamente típica y tópica. No aporta nada. Quizás la nota más interesante sea la reflexión que realiza el senador al final. Plantea que los niños robados vivirán mejor en el extranjero que en Perú. No conozco la situación de la zona en el 88, pero cabe decir que hasta donde sabemos, el destino de esos niños es Centroamérica.

Toda la película tiene una intención pictórica muy fuerte. Tiene unos juegos de lentes y de foco interesantes. Muchas veces dejan toda la parte superior del plano vacía mientras abajo está la cabeza del personaje. Efecto que se acentúa por el formato de 4:3. Los planos más llamativos son en los que se muestra la desolada ladera andina donde vive la familia. En particular cuando fracasan en su intento de denunciar el robo. La pantalla queda partida por una recta. Arriba el cielo del anochecer, abajo en negro la montaña. En medio las figuras de ambos que se mueven con pasos torpes. En cierto momento deja de ser imagen continua y se mueven como a saltos acercándose más y más a cámara. Un momento casi terrorífico.


viernes, 4 de marzo de 2022

CARMEN Y LOLA

Dir.: Arantxa Echevarria
2018
103 min.

Los planos del principio anuncian que se han gastado poco dinero en estabilizadores de imagen. Yo me pongo un poco nervioso, pero rápidamente la película adquiere una intensidad enorme y no hay un instante para pensar en los planos moviéndose.

Lo principal de esta película son las actuaciones. Son muy reales. Lo que más transmite es credibilidad. A esto le acompaña un guion que cuenta una historia. Sería fácil tratar la temática de colectivos marginales sin contar nada concreto. Aquí no. No hace falta remarcar que un comportamiento es incorrecto. La postura de la película es evidente y no se nos ponen los hechos a denunciar delante de la cara mientras se señala insistentemente.

La sociedad gitana no aparece sólo retratada en la reacción al romance de las dos chicas. De esta forma podría quedar con una imagen muy mala. En vez de eso se nos muestran los ritos y que esa raza no implica sufrimiento. La conversación entre los dos patriarcas es maravillosa. Esa pedida en la que hacen un teatro maravilloso para guardar las formas me dibujó una sonrisa muy larga.

En el clímax parece que los personajes están muy contenidos. El cabreo que llevan todos es brutal. Un disgusto mayúsculo cuya actuación está por debajo de lo que el cuerpo pide. Esta crítica se puede hacer porque nos han regalado antes muchos minutos de actuación ejemplar. Además, momentos antes hemos visto una conversación maravillosa entre la madre de Lola y ella al descubrir que es lesbiana.

Me gusta que los focos de las cámaras sean más normales de lo que acostumbra el cine contemporáneo. Sin aberraciones omnipresentes y sin fueras de focos de todo el entorno. El tratamiento de la luz es muy bueno, a pesar de estar casi todo grabado al sol nunca está la imagen ni un poco quemada.


viernes, 24 de diciembre de 2021

LA CASA DE JACK

Dir.: Lars von Trier
2018
150 min.

Las críticas de Cannes hicieron toda la promoción de esta peli y yo he ido a verla con la precaución de cerrar los ojos cuando aquello fuera un surtidor de sangre, tripas y una exposición de la pretenciosidad de Lars von Trier. Por contraste con mis expectativas, la película me ha gustado bastante.

La peli es sobre un asesino en serie sin ninguna de las cualidades habituales. No hay rastro de elegancia, inteligencia, caballerosidad, frialdad… Sí está muy presente la psicopatía en la construcción del personaje, pero nunca como algo atractivo. Jack es un ser enfermo, raro y no hay que empatizar con él. La trama avanza por un relato de Jack con su Virgilio en el descenso a los infiernos. En este diálogo se juzga duramente a Jack. No hay comprensión o compasión. Es un ser negativo en cualquier sentido. De hecho muchas veces se le humilla y se le critica que tenga TOC; ningún asesino en serie que se precie puede permitirse tener TOC.

Estilísticamente abunda la cámara al hombro poco estática, en ocasiones frisando el estilo televisivo. En contraposición, la fotografía es muy cuidada y los focos, precisos. Los incidentes que nos narra tienen saltos en mitad de los diálogos. Esto ayuda mucho al guion. Con frecuencia los diálogos se vuelven espesos y por culpa de la poca habilidad verbal de Jack entra en callejones de los que es difícil salir. Con el montaje se soluciona rápidamente.

A pesar de ello se mantiene mucho la tensión en los momentos previos a cada asesinato. Nadie quiere ver eso. Realmente la peli nos muestra el morbo del espectador ante la violencia. Estamos deseando que Jack mate y deje de hablar. En los dos primeros asesinatos aún estamos aprendiendo cómo es Jack y el director está mostrando cómo maneja el tempo de la película. En el tercero, nos sobra un poco. Es cierto que el desenlace es una muerte muy espectacular que no tendría esa importancia si su exordio no fuera tan largo como es.

Las muertes son lo esperable: espectaculares en el peor sentido y por ello muy divertidas. Cuando parece que vamos a ver una escena de conmoción por la muerte de un personaje al que acabamos de conocer pero al que hemos escuchado lo suficiente para haber empatizado, un plano ridículo rompe por completo el tono que se ha generado. Especial mención al atropello en mitad de la noche. Lo que me lleva a alabar el tratamiento de la oscuridad en general en toda la peli.

Mientras Jack dialoga con Virgilio dedica algún rato a teorizar sobre la violencia en el arte. Es un diálogo más o menos interesante acompañado por imágenes de las propias películas de Lars von Trier. Un poco más adelante se refiere a las grandes catástrofes de la moral humana y utiliza imágenes de diversos genocidios en los que los cuerpos de los muertos se tratan como si fueran escombros. Efectista. No por ello negativo, pero aun así, negativo.

La parte final del descenso a los infiernos me parece que está representada con poca habilidad. Es cierto que los chillidos de los muertos dolientes es algo muy interesante, todo el croma y los rojos tradicionales cambian mucho el tono de la peli. Parece que, más que el séptimo círculo del infierno, se esté en alguna superproducción de aventuras.