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viernes, 25 de marzo de 2022

CANCIÓN SIN NOMBRE

Dir.: Melina León
2019
97 min.

Creo que lo más memorable que tiene son las actuaciones musicales. Las dos escenas con actuaciones de música ayacuchana. Comprometen la capacidad del micrófono con sonidos estridentísimos. La música tiene un sonido constante de crótalos muchas veces a destiempo. Un violín agudísimo. Uniformando toda esta amalgama, un arpa gigante, de sonidos graves, con una gran caja de resonancia. Vocalmente un coro femenino grita unos sonidos imposibles. Son unas escenas que llaman poderosísimamente la atención. No aparecen mis amados bombines… Sin que se parezcan musicalmente, me parece una propuesta igual de agresiva que los narradores de “Línea no regular”.

Con respecto a la trama, hay demasiadas cosas que nos vemos venir antes de que sucedan. No es algo que sea por fuerza malo, pero hace que cuando por fin se consuman, pierden potencia. Así el rapto del bebé más o menos nos lo vemos venir desde el primer momento que anuncian la clínica en la radio. Se nos ha mostrado un país absolutamente caótico. ¿Quién podría creerse que hay médicos prestando atención caritativa? El caso es que cuando ella empieza a olerse el rapto lógicamente cae en una desesperación. Pero claro, nosotros llevamos un rato en el que ya hemos asimilado el varapalo que ella recibe. Por eso hay un mundo de distancia entre la contemplación del espectador y el drama de ella. La escena en resumen se vuelve absolutamente melodramática.

A esta escena sucede una serie de acontecimientos de lucha contra la burocracia y por fin una encarcelación arbitraria por el toque de queda. Nada nuevo bajo el sol. La película lo narra con más pesadez de la que somos capaces de asimilar en este punto, pero no es demasiado larga.

Con respecto al periodista, desde el primer momento se le construye una imagen muy atractiva. Con la estética propia de la juventud japonesa. Pelo laceo y negrísimo, una delgadez que casi desafía su raza, esas camisas que le estilizan tremendamente. A este aire asiático colabora un plano de la lluvia a cámara lenta. Algo que nunca puede faltar en el arte japonés.

La trama de investigación de la organización que secuestra bebés es absolutamente típica y tópica. No aporta nada. Quizás la nota más interesante sea la reflexión que realiza el senador al final. Plantea que los niños robados vivirán mejor en el extranjero que en Perú. No conozco la situación de la zona en el 88, pero cabe decir que hasta donde sabemos, el destino de esos niños es Centroamérica.

Toda la película tiene una intención pictórica muy fuerte. Tiene unos juegos de lentes y de foco interesantes. Muchas veces dejan toda la parte superior del plano vacía mientras abajo está la cabeza del personaje. Efecto que se acentúa por el formato de 4:3. Los planos más llamativos son en los que se muestra la desolada ladera andina donde vive la familia. En particular cuando fracasan en su intento de denunciar el robo. La pantalla queda partida por una recta. Arriba el cielo del anochecer, abajo en negro la montaña. En medio las figuras de ambos que se mueven con pasos torpes. En cierto momento deja de ser imagen continua y se mueven como a saltos acercándose más y más a cámara. Un momento casi terrorífico.


viernes, 16 de octubre de 2020

PLAY

Dir.: Anthony Marciano
2019
105 min.

La magia del cine. Todos sabemos que el cine es mentira, que las personas que vemos no son reales: son personajes. Las acciones que vemos no son reales: son un guión… Esta película nos hace dudarlo con demasiada frecuencia. Está presentada con tanto mimo, con tanto amor a sus personajes, tanta naturalidad que creemos todo lo que vemos.

Un niño recibe una cámara de vídeo por su cumpleaños. A partir de ese día graba cuanto le ocurre. El guión es enormemente sabio. Vemos lo que creemos que realmente le resultará de interés a alguien de la edad que representa en cada momento. A ratos nos sorprendemos de que estén grabados algunos momentos dramáticos, pero la película se mantiene en un nivel de verosimilitud que nos impide sentenciar que aquello sea un guión. Por ejemplo vemos al amigo pelirrojo tener un ataque por haber consumido drogas. Dado que es francés, probablemente cocaína. La escena que está grabada en el hospital es posible sólo porque el chico sobrevive, tan sólo pasa una noche hospitalizado. Si hubiera tenido un desenlace trágico, se habría alejado del tono creíble.

El truco se mantiene por el aspecto de película de presupuesto nimio. Al ver según que recreaciones no nos podemos creer que esto haya ocurrido en una película que se base en algo más que videoteca antigua. Según se penetra en el Siglo XXI la calidad de la imagen aumenta cada vez más. Por otro lado la narración adquiere más intensidad e interesan menos los desperfectos de la grabación analógica que pueda restarle potencia a lo que se nos cuenta.

El argumento es muy simple. Pero la película está tan llena de anécdota que hasta el final estamos encandilados con cualquier cosa que se nos cuente. Se atisba bastante pronto que habrá un romance entre dos personajes que están enamorados pero que por acciones de las que no están muy convencidos no terminan de estar juntos. La amistad entre ambos es preciosa. Desde siempre es un enamoramiento. El momento de la nochevieja del año 2000 es demoledor. La abnegación de ella ante el desprecio de su compañero es natural, la ambientación no cambia ni un ápice a su favor. La película simplemente entrega toda su naturalidad.

El personaje derrotado de padre divorciado también tiene una habilidad brutal. Es cierto que la fiesta del cuarto cumpleaños de su hija borracho y rompiendo la tarta es demasiado lamentable para creérnoslo. De todas formas aquí ya estamos cerca del final, ya la película se cuida cada vez menos de guardar el truco. Es graciosísimo cuando pide a su hija que haga un resumen de la película que acaban de ver y cuenta el argumento de “Terminator”.

La música. Usada de manera inteligentísima. El odio natural a “Wonderwall”. Él volviendo de la boda de su amor vital. La conversación de ambos en la pista de baile es maravillosa. Está en su coche y se pone a sí mismo “Where is my mind?”. Referencia imprescindible para un amante de “El club de la lucha”. La música es efectista, es efectiva y es perfectamente coherente por la consciencia del tipo de estar grabándose día y noche. A esto se hace referencia más adelante cuando él sentencia Tengo nostalgia del presente. Este plano resume este concepto: vivir por el recuerdo. Querer hacer el momento lo más intenso posible para tenerlo grabado. Las buenas y malas decisiones del protagonista apenas sufren juicio. Él es el director de su propia película y por tanto están mostradas con la mirada de quien lo está viviendo en ese momento. Nunca nadie considera que esté actuando mal en el presente. Con esa limpieza se muestra todo.

La nostalgia que le da a la casa vacía donde él pasó su infancia. Pretendiendo de forma quimérica tener los recuerdos que tuvo ahí. Repite el plano donde él simplemente se pone delante de la cámara y con un chasquido de dedos desaparece dejando una habitación vacía.

La libertad con la que se muestra la adolescencia. Los chicos llenos de testosterona que quieren entrar a una discoteca y se ponen a reírse del portero a una distancia prudencial. La fiesta donde una pareja de policías canta Slipknot. El cambio radical en sus caras cuando un porro hace acro de presencia. Cuando un amigo trabaja de portero de discoteca y echa a unos pijos de la fila sin motivo para dejar entrar a cuatro matados. Cuando abandona una clase cogiendo el micrófono del profesor… Su recuerdo de adolescencia es una maravilla. No paramos de sonreír en toda esta parte.

Es graciosísimo el gag del tipo soplando el didyeridú ante Notre Dame. La voz narradora dice Podría haber elegido el piano, la guitarra… Es un chiste que aparece con una habilidad extrema. El plano anterior era una reflexión acerca de la eternidad de la fachada de Notre Dame. Nada pretenciosa, sólo lo que cualquier persona siente ante un monumento de tal calado. El plano del músico. Parece algo meramente observacional. Dada la construcción del momento parece que la película quiere que veamos belleza ahí. De repente cae el telón y vemos la realidad que todos pensaríamos con sinceridad.


viernes, 21 de agosto de 2020

QUIEN A HIERRO MATA

Dir.: Paco Plaza
2019
107 min.

Película efectista, con muchos recursos fáciles pero efectiva. El guión es bastante sencillo, esto provoca que cualquier cosa que ocurra en la trama sea alrededor de muy pocos elementos. En este sentido, aunque ocurran algunas cosas inesperadas son poco sorprendentes. Hay algunos puntos del guión que son directamente agujeros. Por ejemplo es bastante increíble que nadie en la autopsia viera unas curiosas marcas en los dedos de los pies del narcotraficante. Sí hay que alabar la decisión del guionista de dejar la herencia al enfermero. Desencadena un final muy llamativo.

Tenemos a un Luis Tosar en un campo de juego parecido al de “Mientras duermes”. Luis Tosar, además de llenar la pantalla, es muy bueno. No significa que la interpretación sea memorable pero cuanto hace le queda como un guante. El resto de las interpretaciones también están bastante bien. No hay nadie que falle en lo suyo. Es llamativa la interpretación de ambos hijos del narcotraficante. Cada uno en un personaje muy distinto.

El tono general de la película es muy parecido al de “El Reino”. Es un poco el tono al que nos tiene acostumbrados Movistar. En particular hay una escena de persecución con coches nocturna que nos recuerda mucho a aquella película.

El tratamiento del tema de las drogas tiene clarísima inspiración de “Réquiem por un sueño” y hay momentos de la ansiedad del adicto parecidos a “Pi, fe en el caos”. Ocurre que al ser referencias tan claras pierden parte de la fuerza propia de la novedad de aquellas obras. Sin embargo en el trabajo de Aronofsky eran recursos muy efectivos y siguen provocando esa misma incomodidad.

El título de la película ya nos avisa acerca de que se va a repartir justicia. Supongo que la película juega a que pensemos que la justicia sólo caerá sobre el narcotraficante pero hemos visto suficientes películas como para saber que es imposible que Luis Tosar salga impune de su venganza. Era algo que sabíamos desde el principio pero aun así empatizamos tanto con él que nos da un poco de rabia que no se salga con la suya.

Bien el trabajo de luces. Rojo con los cadáveres. Morado en el pub. Amarillo al preparar la droga y al recordar las analepsis de su hermano. Estas luces contrastan con la luz general de la película que es blanca y muy blanda. Es un poco sencillo pero potente la imagen de Luis Tosar tocando un bombo fúnebre él solo en su casa.


viernes, 31 de enero de 2020

1917

Dir.: Sam Mendes
2019
119 min.

Película grabada en plano secuencia. Vamos a hablar de esto rápido para que no parezca lo más importante de la película. Y vamos a hablar de “Birdman”. Se ha dicho mucho que en esta película el plano secuencia está mucho más justificado que en aquella. No sé cuánto se puede justificar un plano secuencia de dos horas. Personalmente creo que poco. La naturaleza de un plano secuencia así no puede ser otra que la de lucimiento. Y, desde luego “Birdman” era una película por y para el lucimiento. No así esta. Esta película trabaja mucho la ambientación y el clima. El plano secuencia a veces ayuda y otras molesta enormemente. Por supuesto el camino de la primera escena por las trincheras no necesita que venga yo a darle la altura que se ha ganado por méritos propios. Necesita el plano secuencia. Es casi magia verlo funcionar como funciona. Es estupendo. Ni una pega. Sin embargo hay situaciones mucho más pausadas, por ejemplo la escena con la mujer francesa, donde no hacía ninguna falta y, de hecho se ve bastante forzado.

Al cine actual se le critica muchas veces que no es capaz de sostener un plano más allá de tres o cuatro segundos. ¿Seré capaz yo de repetir esta crítica en una película con un plano de dos horas? Sí. Evidentemente no hay los cortes rapidísimos, pero esencialmente hay la misma fobia a mantener el foco de atención. No dejan de aparecer unidades de información. No se puede permitir que veamos simplemente cómo nuestros dos protagonistas cruzan un lago. Tenemos que además cruzarnos con un cuervo sobre un cadáver, con moscas. En “Birdman” la cámara estaba enormemente presente. Aquí hay un ambiente muy bien construido que, por detalles como este, se rompe. Del mismo modo que la mano desgarrada por una alambrada. No voy a decir que sobre. Pero desde luego es un truco efectista, a su favor diré que es enormemente efectivo.

A esta peli le faltan un par de millones más. En concreto podrían haber metido más dinero al CGI. No hay quien se trague las ratas en las trincheras alemanas. Son enormemente falsas. Y no se puede pasar por alto porque son cruciales para la historia. Tienen un aspecto absurdo y unos movimientos absurdos. En la escena de las trincheras alemanas pasan muchas cosas. Para empezar una iluminación que no podemos pasar por alto. No sé aún si me gusta. Da el aspecto de un videojuego. No podemos evitar pensar cómo está funcionando el truco de magia. Las literas están llenas de detalles. De nuevo lo que decía: la película no puede pasar ni tres segundos sin aportar información nueva.

Hablemos ahora de la muerte del compañero. Es impresionante ver el cambio de color del moribundo. Aunque para disfrutarla tenemos que olvidarnos del fuego en segundo término por ordenador que no terminamos de creernos. La forma en la que hemos llegado a ese punto tampoco nos la creemos mucho. Y tenemos que soportar una elipsis temporal dentro del plano secuencia. Algo que se entiende muy mal. No está nada claro cuánto tiempo pasa nuestro protagonista con el cadáver de su amigo entre sus brazos hasta que la escena se llena de soldados ingleses. Después nos metemos en una camioneta que, como no puede haber elipsis temporales en un plano secuencia sólo le ayuda a avanzar un par de kilómetros como mucho.

Me ha gustado mucho la aparición de Benedict Cumberbatch. Me ha gustado la aparición de Wayfaring Stranger. Me han gustado las referencias a “Senderos de gloria”. No me han gustado tanto las resonancias a “Salvar al Soldado Ryan”.


viernes, 29 de noviembre de 2019

RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS

Dir.: Céline Sciamma
2019
120 min.

La película se vende como una historia de amor lésbico. Eso nos dice toda la crítica. Sin embargo me habría gustado entrar a verla sin saber esto. Habría sido un descubrimiento muy bonito. Empieza con una relación entre dos chicas que chocan bastante. Uno podría pensar que es solo la historia de una amistad y con el avance de la trama sorprenderse con la evolución de su amistad en amor. Pero nunca sabremos cómo es ver la peli con esta mirada.

La pintura está en toda la película. No diré cada plano, pero sí la gran mayoría desprenden estética, limpieza en la imagen y extremo cuidado en su composición. Los planos que abren cada escena suelen presentar una figura humana muy bien perfilada, con fondo austero para no distraer la atención, con una iluminación muy cálida (muchas veces con velas) y muy blanda. Puede parecer a ratos algo impostado, pero la belleza es muy homogénea en toda la película y, sobre todo siempre evoca cuadros muy deciochescos.

La pintora es preciosa. La cara es finísima y su nariz delicada. Perfila siempre estupenda en cámara. Y la directora le regala montones de primeros planos, delicados. Su cara apenas se desfigura. Cuando miramos a la chica prometida siempre es analizándola porque va a ser dibujada, sin embargo mirar a la pintora es ver su cara de concentración y recreo en su modelo.

Se agradece que a pesar de ser un cine marcadamente de autora, renuncie a los fueras de foco. En general todo el espíritu poco ortodoxo del cine de autor no se divisa en esta obra. El sonido ambiente sí está muy presenta pero está tremendamente cuidado. Los planos no tiemblan, el foco es perfecto. Se renuncia a la crudeza que predomina en la actualidad a cambio de elegancia suma.

Aunque la insatisfacción que le producen sus primeros cuadros es un motor principal de la trama, resulta enormemente frustrante ver cómo destroza sus primeros intentos. Cuando vemos arder el cuadro a medio terminar el fuego nace justo en el corazón de la modelo, es una imagen muy potente.

Una de las escenas más llamativas es una especie de aquelarre. La música juega un papel muy importante en la película. La clave es que hay muy poca. Son por eso momentos muy llamativos cuando aparece. Acostumbrados a ver a cuatro personajes de repente nos topamos con quizás 10, pero perece una multitud. Un coro celestial envuelve el momento en el que la musa arde. No entendemos muy bien lo que se quiere transmitir, pero la sensación de trance es perfecta. Antes de que empiece el aquelarre, vemos a las tres chicas andar por una montaña con una silueta en sombra con un negro muy negro pero con un perfil definidísimo. La luz del cielo está perfectamente tratada.

Personalmente, toda la intensidad con la que sienten su relación y ese juego de culpas y de impotencia ante lo que la sociedad impone no me interesa demasiado. Sus diálogos apelan a sentimientos que suenan a veces vacíos. En esos momentos transmiten mucho más sus caras que sus palabras.

El final es algo magnífico. Esperamos un epílogo muy poco interesante, sin embargo después de que un par de secuencia refuercen esta creencia, aparece la escena del concierto sinfónico. Después de mucho raro sin escuchar nada de música entra una orquesta con el Verano de Vivaldi. La interpretación de Adèle Haenel es soberbia, real, con iluminación tenue. Puede que efectista, pero funciona de maravilla.


domingo, 17 de noviembre de 2019

PARÁSITOS

Dir.: Bong Joon-ho
2019
132 min.

Mientras vemos la película nos preguntamos muchas veces qué historia nos quiere contar. A veces se aproxima mucho a la comedia negra francesa. La miseria con la que se muestra la vida de la familia pobre es brutal. Ese momento en el que dejan las ventanas abiertas para llenar su salón de los gases tóxicos con los que se está fumigando la calle es una declaración de intenciones del tono de la película.

Al principio la relación entre la familia pobre y la rica es de servidumbre. Pero rápidamente se coloca a los pobres como unos seres egoístas, falsos y estafadores. El primer miembro que entra a trabajar en esa casa es el hijo de la familia, que entra como profesor de inglés. Es un chico que, aunque tiene que fingir tener títulos que no tiene, es bueno en su trabajo. Al entrar la hermana ya empieza con engaños y se inventa que es terapeuta artística. La moral empieza a caer. Aunque los padres consiguen sus puestos de maneras ilegítimas, hacen bien su trabajo. Realmente, de los cuatro miembros de la familia, la única que está haciendo un timo es la hija. No están en una posición de parásitos.

Tenemos una escena que podríamos esperar de una película mediocre. La familia pobre asalta la despensa de los ricos. Montan una fiesta destrozando la casa. Esto es muy poco creíble. Si tanta necesidad pasan, no tiene sentido que se arriesguen tan rápidamente a perder su trabajo. Por supuesto el universo conspira para que la familia rica vuelva a su casa antes de tiempo y estén a punto de ser cazados con todo el estropicio.

Aquí es cuando la crudeza de la peli no deja de aumentar, de cambiar de lugar y nos confunde durante mucho rato sin dejarnos claro cuál es el mensaje. Vemos a un hombre desquiciado que vive en el sótano de esa casa. Aquí el matrimonio y la familia se pelean como animales en el barro. Esto realmente es algo lamentable. Casi parece que al director le gustara ver desde un cómodo sillón cómo la gente con necesidad se pelea. Hay que elogiar de este hombre el momento que aparece como un fantasma para el niño pequeño de la familia rica. Hemos visto muchas veces a lo largo de la peli una estantería impoluta, brillante con un hueco negro en medio que da a las escaleras que bajan al sótano. Sin decirlo nunca, siempre ha sido un elemento desasosegante de la peli. Cuando vemos a ese hombre con sonrisa y ojos blancos grandes (a pesar de sus rasgos asiáticos) el terror del niño es justificado y casi insuficiente.

Tras mucha tragedia llegamos a la escena de ultra violencia que tanto le gusta al cine actual. En un acto de provocación muy pobre son los pobres los que atacan a los ricos. Cuando vemos películas como esta o “La casa de Jack” parece mentira que haya gente que dice que sería difícil que hoy en día se pudiera hacer una película como “La naranja mecánica”. Esta parte es muy poco interesante y con una cámara lenta que dota a toda la escena de una pesadez que no tiene ni merece. A este contraste de elegancia formal con las imágenes ayuda la fotografía limpia y los movimientos de cámara lentos y precisos.


viernes, 11 de octubre de 2019

JOKER

Dir.: Todd Phillips
2019
121 min.

La película está resultando polémica. No oculta que ese es su objetivo. Todo cuanto está marcado como corrección política en Estados Unidos está roto de forma casi sistemática en esta película. Si estamos en un tiempo en el que el tabaco se mira con recelo como respuesta a la elegancia de Bogart siempre envuelta en humo, nuestro Joker se pasa gran parte de la película fumando. Si la violencia se muestra con cierto pudor en el cine, nuestros asesinatos serán lo más sangrientos posibles. El propio personaje del Joker es un ataque a la filosofía optimista impresa en taza de desayuno.

El humor a costa de taras físicas está denostado. Ahí tenemos una escena sangrienta en la que gratuitamente se hace humor con un enano. El resultado de esta escena es hipnótico. Al verlo desconfiamos de nuestros propios ojos. Ver esa escena en una película estrenada este año es asombroso. Está ahí sólo para mostrar al director como un soldado valiente contra los límites del humor. La escena consigue ser cómica. Pero comete el fallo que los “límites del humor” pretenden evitar: el personaje del enano es solo eso, un enano. No tiene desarrollo de personaje, no hay nada que vaya más allá de su condición física. De hecho, una vez que la película ha terminado de reírse de él, no vuelve a salir en pantalla.

Y el punto clave de la película y de su mensaje: si la protesta se reivindica constantemente como modo de acción política, que prepare escudos, que corra a esconderse porque la película va a machacarla. La turba de protestantes está mostrada como seres fanáticos, violentos, sin ideales. Lo que les ha movido a salir a las calles es el asesinato de gente rica, algo populista a más no poder. Para terminar de caricaturizar al activismo político se introduce la palabra fascista de la forma más arbitraria posible.

Por supuesto también recibe leña la posverdad. El primer gran ataque lo tenemos cuando visita a su supuesto padre en un baño de un cine, precioso a decir verdad. Cuando el hombre le explica que está equivocado, él dice que le da igual. Ha llegado con un discurso y cree que le da derecho a su atención. En un culmen tenemos el accidente de coche que tiene contra una ambulancia. Lo que hacen los manifestantes es ponerlo en el capó del coche policial. Hay que construir un relato de que lo atropella el orden público y sobre él se vuelve a levantar.

Pero la película tiene mucho más que mensaje. Tiene ante todo la actuación de Joaquin Phoenix. La mayor parte del tiempo es grandiosa. Nos aburre un poco cuando está muy serio preocupado porque no le gusta la sociedad. (por supuesto la sociedad de los 80, haciendo un paralelismo simple para conseguir que la gente salga de la película con la topiquísima reflexión de que no avanzamos) Esos planos en el autobús mirando no se sabe a dónde. Son planos de una pesadez que no corresponden al resto de la peli. Esta es la misma sensación que ocurre con la fotografía. Si tenemos un Joker que se lo pasa tan bien, no tiene sentido que esté tan atormentado.

Los bailes de Joaquin son de lo mejor que se ha visto en pantalla. Puedes ver que no son solo un juego de actor mediocre. Es una coreografía medida que repite con precisión cada vez que baila. El plano en el que solo se ve su barbilla y su brazo alzado después del primer asesinato es maravilloso. De hecho ha sido uno de los carteles promocionales y costaba creer que esa sonrisa fuera la de Joaquin Phoenix. En el mismo sentido verle correr por la ciudad, entre los coches o por los pasillos de un centro psiquiátrico es genial. Esas zancadas largas, rodillas altas, zapatos que parecen ser larguísimos aunque a lo mejor son de su talla.

Las carcajadas nerviosas son de un nivel interpretativo abrumador. Cada vez que se echa a reír no podemos despegar la vista de la pantalla. En cierta medida produce apuro por lo mal que lo pasa. Cada vez que le ocurre es genial, pero por su intensidad es especialmente memorable cuando lee la carta que ha escrito su madre. La cara empapada de lágrimas, mocos y saliva. Ojos dolientes y risa atronadora. Llegados a un punto casi al final, deja de reír. Y tenemos a un Joker mucho más líder de una rebelión y con discursos serios y vacíos en otro ataque al populismo.

No nos gusta sin embargo cuando da la imagen de loco. En particular me refiero a la conversación con el funcionario del hospital psiquiátrico. Empieza a hablar como un loco mediocre y muy poco interesante. En este sentido pero de forma menos grave tenemos el salto a la casa de su vecina con la cual ha imaginado una relación que no existe. Hay que decir que por sólo el diálogo que tienen deducimos que no se conocen, no era necesario que nos explicaran que todo ha sido una alucinación.

La interpretación de deNiro es genial. El personaje no es para tanto, pero estamos viendo al vivo retrato de un presentador de late night. Ese gusto por lo atrevido en su programa. Esa forma de tratar a desconocidos de forma impostada. Su momento de mayor lucimiento es en el discurso aburrido del Joker lo cual nos deja un recuerdo un poco amargo del personaje, pero está hecho de maravilla.

Breve referencia a la banda sonora. Es curiosa. Tiene el tono de música de superproducción del género de superhéroes, pero realmente el argumento de la película no tiene relación con el género. El resultado es curioso. Por supuesto el espectáculo que ella provoca nos permite imaginar cómo la mente de Joker está distorsionando la realidad.


viernes, 4 de octubre de 2019

MIENTRAS DURE LA GUERRA

Dir.: Alejandro Amenábar
2019
103 min.

Por hablar del alzamiento militar del 36 y por tener muchos personajes conocidos había un gran riesgo de convertir aquello en un desfile de cameos. Esto no ha ocurrido ni por asomo. Si a alguien hay que llamar caricaturizado es al propio Unamuno. No llega la sangre al río ya que Karra Elejalde hace un papelón. Pero dado que el parecido físico es muy escaso, la actuación, en ocasiones, se centra en darle el carácter que el imaginario colectivo tiene de Unamuno a través de sus fotos. Para apoyar esto se utilizan unos planos primerísimos que de alguna manera constriñen al actor. Esto no ocurre solo con Unamuno. Hay muchos personajes a los que les ocurre esto. El propio Franco por ejemplo. Lo principal de estos planos es que no son frontales. La cámara casi siempre está picada o contrapicada, distanciándonos un poco del personaje. A esto se le une que los diálogos son muy escasos. Estos dos factores hacen que la película sea poco agradecida con las actuaciones.

En general lo más memorable de la película son las actuaciones. El brevísimo papel que hace Luis Zahera es brutal. La naturalidad de la que goza ese personaje la he visto muy pocas veces. Interpretativamente es perfecta la discusión que tiene Atilano con Unamuno. Ese enfado que debe contener por su religiosidad… Aunque Salvador, el amigo de izquierdas de Unamuno, no sea una gran interpretación, tiene un personaje muy bonito.

En cuanto a los militares as interpretaciones de Franco y Millán-Astray son maravillosas. Franco está impresionante. Nos creemos absolutamente todo lo que hace. Su personalidad está creada acorde con las decisiones que toma y su mirada perdida es perenne. Incluso en los momentos de máximo fervor como cuando cuelga la bandera monárquica o cuando es nombrado el general del ejército esa alegría guarda una coherencia férrea con el reto de la interpretación. Con respecto a Millán-Astray está muy bien construido el personaje. Sin embargo las imágenes que nos llegan de él son de un militar absolutamente fanático, sádico y orgulloso. Por lo tanto parece que es una interpretación un poco contenida.

La viuda del alcalde de Salamanca hace también un papelón. Lo que ocurre es que en su escena más importante tenemos a la hija de Unamuno reticente a condenar el franquismo que nos cae bastante mal. No todas las viudas son buenas. De hecho la viuda del cura nos da una grima impresionante. Especialmente en aquella escena en la hace las veces de confesora para Unamuno.

La interpretación que puede tirarse a la basura es la del nieto de Unamuno. Está todo mal. El niño es repelente. Pero dice frases de un niño varios años menor que él. Pero si hubieran elegido a un actor más joven nadie se habría creído que lee los artículos de su abuelo. Está todo mal. Además que ninguna de las escenas en las que aparece están bien. De hecho él aparece en una de las peores escenas de la película en la que Unamuno dice algo así como que él no es de piedra… Es lamentable. A la altura de la escena en la que Unamuno enferma y tiene delirios. Lo único bueno que nos deja esta enfermedad son las toses de Karra enormemente realistas.

El personaje de Cabanellas no es de vital importancia en la película pero Tito Valverde con esa gran barriga y esa gran barba llena la pantalla como pocos. Supongo que la idea es contraponer una figura llena de poderío a la escasez de persona que es Franco.

Al desengaño que sufre Unamuno a lo largo de la película no se le da importancia alguna. Dentro de la cultura española es normal, es algo que es sabido por todos. Unamuno tradicionalmente es reivindicado por la izquierda, a nadie le sorprende su posición final. Pero es cierto que esto es un defecto muy grande como narración: lo que se supone que es tu trama principal se da de lado por conocida. La conversación de Unamuno con Franco debiera ser un momento trascendente para Unamuno, sin embargo se trata con mucha normalidad.

El discurso de Unamuno en la facultad es un momento grandioso. Es archiconocido en España y se trata como tal. Millán-Astray gritando de fondo con violencia militar, valga la redundancia nos genera un nivel de repulsión que produce gran satisfacción a mis instintos más salvajes. De la universidad sale de la mano de la esposa de Franco. Una mujer que se nos ha presentado como profundamente católica y parcialmente responsable del lastre religioso que Franco ató a España. El mensaje de este momento tiene relación con el entendimiento y la no confrontación entre ideologías. Pero con verle la cara nos viene un eco de rosario tan fuerte que nos dan ganas de gritar a Unamuno que no la toque.

El gran momento que produce un dolor de España terrible es la conversación que tienen en un risco Unamuno con Salvador. Un intelectual que ha sido afín a todo, que aun así es considerado un grande de España, maestro de la contradicción, aferrado firmemente a las convicciones políticas que toquen en esa ocasión; hablando con un chico joven de izquierdas que le admira. Son grandes amigos y esa relación no impiden que a las cuatro frases de conversación estén discutiendo y tirándose en cara todo cuanto defiende el otro. La última frase que se oye antes de que se funda la escena es pero ¿qué tendrá que ver en esto Stalin?. Ese campo extenso de castilla, ese sol bajo, esas ruinas de un castillo… España está representada con tanta crudeza que uno se ve con una mezcla de ternura, desesperanza, arrepentimiento y resignación.

Está plasmada con asombrosa simplicidad la actitud eterna del nacionalismo: aunque haya discrepancias terribles, lo que hay que hacer es unirse bajo el símbolo que han abrazado como suyo. Da igual cómo se cante el himno, con qué letra, si es silbado o desafinado: un nacionalista se aferra al himno como elemento de unidad y con ello se saben invencibles. Del mismo modo ocurre en la jefatura militar. Muchos están en desacuerdo con Franco, pero lo principal es ganar la Guerra y dirán “sí” a todo lo que sea necesario.


domingo, 15 de septiembre de 2019

ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD

Dir.: Quentin Tarantino
2019
165 min.

Tarantino ha dicho que es su película más parecida a “Pulp Fiction”. Aquella me gustó muy poco. Esta me ha gustado, pero está hecha indudablemente para Tarantino. El festival de referencias es continuo. Todo el rato estamos oyendo nombres de actores, productores, viendo carteles de películas americanas, europeas… La sensación de incultura es inevitable. Cuando digo “incultura” no solo me refiero a la larga lista de películas que no he visto. Sino mismamente a la cultura estadounidense de la época.

El asesinato de Sharon Tate por la familia de Charles Manson sobrevuela toda la película. Pero la sobrevuela muy muy alto. Los americanos sintieron ese hecho como una gran conmoción y por ello no pueden dejar de pensar en él durante toda la peli. La peli ha tenido a Manson como un gran reclamo en su promoción. Sin embargo yo no tenía muy claro si sería un personaje principal, sería el villano, si saldría de fondo o ni siquiera si saldría el asesinato. Por otro lado creía recordar que la víctima había sido Sharon Tate, encarnada por Margot Robbie. Pero, como la película se olvida de ella con tanta frecuencia, me hacía dudar.

He oído decir que la deformación de los hechos ha sido una decisión ética de Tarantino. No lo creo. Tarantino ya machacó a nazis y trituró la cara de Hitler con una metralleta en “Malditos Bastardos”. El nazismo es un antagonista de casi toda la sociedad. Es lógico que se los palaste con rabia. Esta misma sensación es la que parece desprender la pelea contra los tres miembros de la familia de Manson. Sin embargo, al menos en España, no los tenemos como unos grandes criminales. De hecho se muestran como unos pobres enclenques que solo buscan obedecer a Charles. La escena final es de las violencias más macarras que ha hecho Tarantino. Busca desmitificar a los asesinos de Sharon. Si llega a una audiencia donde no son mitos, es muy poco efectiva.

Por suerte aún tenemos dos horas de muy buenas interpretaciones. Hay una relación un poco forzada entre DiCaprio y Brad Pitt. Son personajes que nunca tienen una gran escena compartido y sí muchos motivos para estar enfrentados. Por otro lado, su relación se sustenta en su parecido físico. ¿Cuál? No lo sabemos.

La historia de DiCaprio como actor que se ve ya viejo y terminado en el mundo del cine me interesa regular. Nos deja cosas muy grandes como su interpretación de un villano de pacotilla en una película. Es una escena tremenda donde nos metemos por completo en la historia que están rodando. Por el amor que tiene Tarantino al cine antiguo nos parece un poco extraño que veamos el rodaje con el formato del resto de la peli en vez de cono el estilo de los 60. Pero es lógico viendo la capacidad de inmersión que tiene el estilo actual. Por resaltar un aspecto: el sonido precisísimo.

Por hablar del otro protagonista la escena donde más brilla es su pelea con Bruce Lee. Es algo magnífico. No solo porque sea capaz de derrotar al actor más grande de artes marciales, que es hasta previsible, sino por la misma actuación de Brad Pitt sin darse ninguna importancia.


sábado, 27 de julio de 2019

LOS MUERTOS NO MUEREN

Dir.: Jim Jarmusch
2019
103 min.

Película de zombis que se dedica a homenajear a la vez que parodiar el género. Hay referencias a George A. Romero explícitas ya que el modelo de un coche se dice que es muy del estilo de sus películas. Además se repite el icónico plano de las manos de zombis entrando entre unos tablones de madera.

La película tiene muy claro que los zombis ya no dan miedo. Por eso, cualquier trozo del argumento que no sea interesante desaparece. Por ejemplo cuando aparecen las dos primeras víctimas de los zombis uno de los policías expresa que cree que son víctimas de zombis. En una película al uso todos habrían creído que ha sido un ataque un poco extraño y sólo cuando descubrieran los zombis habría resultado una hipótesis factible. Esto nos gusta mucho verlo. Todo lo que sea una película cuidando del espectador, nos gusta.

Hay varios momentos de ruptura de la cuarta pared como la omnipresencia del tema central de la película. —¿De qué me suena esta canción? —Es el tema de la película. Se agradece también que se ridiculice la típica línea de guión en la que un personaje desde el primer momento asegura tener el presentimiento de que algo malo va a pasar. Nos encanta por supuesto cómo desaparece la mujer escocesa maestra de la catana. Nos gusta que se imponga una regla acerca de cómo muere un zombi y se respete. Nos gusta que un zombi sea Iggy Pop. El gag acerca del guión de la peli está muy bien como idea aunque su desarrollo es pobre. Hay una escena muy curiosa en la que mencionan que puede estar siendo improvisada.

Es muy bonito ver el paralelismo entre Bill Murray y Adam Driver. Bill Murray actúa como nos ha acostumbrado. Hierático, diciendo frases locas con total seriedad, casi con hastío. Dado que a los protagonistas no les asustan los zombis, la actuación de Adam Driver se acerca muchas veces a la de Murray. En la peli los personajes tienen una ligera posición de maestro y aprendiz. Es fácil hacer la traslación al mundo real con ambos actores.

Es habitual escuchar el paralelismo entre el mundo material (más recientemente las pantallas, internet…), su dependencia y los zombis. Las personas somos algo así como seres sin consciencia que sólo buscan consumir. No es tan habitual hacer esto explícito en una peli. Es bonito ver las hordas de zombis agruparse según aquello que les genera dependencia. Siempre que los vemos rodeando algún edificio es un establecimiento comercial. Por eso me molesta un poco que el final de la peli sea un vagabundo verbalizando el mensaje de la peli. Ya han comparado la sociedad consumista con zombis y con hormigas: no es necesario hablar más de ello. ¡Rompes el lenguaje cinematográfico!

En cuanto a la crítica política, parece que los directores estadounidenses hayan hecho una especie de alianza acerca de que hay que reírse de Donald Trump y de su electorado. Pero nunca se aporta nada. Simplemente vemos a un personaje con una gorra roja y una frase loca que mezcla las soflamas de Trump. Cuando este personaje muere la película se recrea un poco para celebrarlo. Pero es una crítica muy pobre, muy blanca y muy poco comprometida.


viernes, 5 de julio de 2019

TOY STORY 4

Dir.: Josh Cooley
2019
100 min.

Después de la pequeña decepción que fue “Toy Story 3”, tenía cierto miedo al ver esta. La primera escena de la peli ya nos deja absolutamente asombrados con la calidad excelsa de la animación. Ese plano de un bordillo de la calle, de noche, alumbrando el asfalto con una linterna es de un realismo impresionante.

Las historias de Pixar nos podrán gustar más o menos pero está claro que saben muy bien cómo hacer una peli. Conocen su público y conocen sus sagas. En apenas tres o cuatro planos se nos recuerda cómo los juguetes fueron regalados a una niña cuando Andy creció. Pero insisto en que esto ocurre rapidísimo mientras escuchamos “You’ve got a friend in me”. Quien no recordara la trama tiene la información necesaria para entender las referencias que se harán durante la peli. Quien sí la recuerde está muy ocupado escuchando la nostálgica banda sonora como para aburrirse.

La primera escena de juego de la peli sigue los esquemas de las anteriores películas en un claro ejercicio de coherencia interna. Si en la tercera película nos salíamos de los escenarios conocidos, en esta cuarta aún más. Es muy hábil esta escena para transmitir la sensación de que seguimos perteneciendo al mismo universo.

Al poco tiempo de empezar la peli, Woody va al colegio con su nueva niña, Bonnie, a pesar de que lo tiene prohibido. Es algo necesario para dar pistoletazo de salida a la trama. Pero, si no recuerdo mal, Woody era un personaje con un sentido del deber muy fuerte y que no hace muchas temeridades. No es demasiado típico de él.

La película hace un esfuerzo muy evidente en sacar personajes femeninos. Es muy bonito ver que esto se realiza sin que nos parezca extraño. Por no mencionar que el personaje de la pastorcilla, Bo; que en la primera película era la compañera de Woody, está completamente desatada en esta. Ella es quien le hace cambiar de opinión a Woody y hay un momento tremendamente empoderador cuando se quita la falda. Por no mencionar el detalle de un niño jugando con un hada al fondo en un plano.

Los villanos en esta peli son un poco extraños. Para empezar dan bastante miedo. Se hace el camino contrario que en la tercera película. Aquí empiezan siendo malos y después hacen una especie de “el fin justifica los medios” y se convierten en personajes positivos sólo porque Woody siente afinidad por ellos. Hay un par de sustos bastante importantes protagonizados por los muñecos ventrílocuos. Disney sí tenía este espíritu de introducir en sus películas elementos oscuros, pero no tanto Pixar. Las escenas de acción me cansan un poco. Todos nos imaginamos quién va a salir ganando y ni siquiera son demasiado espectaculares.

El personaje de Forky es muy divertido. Me parece muy positivo que hayan aceptado que la función del personaje es cómico y no sentimental, que, conociendo los últimos trabajos de Pixar, era un pastel tentador. Esa obsesión que tiene al principio con la basura antes de aceptar su condición de juguete nos da unos momentos divertidísimos. El diálogo con Woody en el que le hace cambiar de opinión es completamente natural, no hay imposturas y comprendemos sin ninguna suspensión de la incredulidad (más allá de aceptar que un tenedor hable) el cambio de mentalidad de Forky.

Hay unos secundarios magníficos. Por ejemplo el motorista canadiense. El Madelman esquiador, con una aparición brevísima pero con uno de los momentos más graciosos de la peli. Hay un cameo del muñeco de hojalata procedente de aquel corto de Pixar que ojalá fuéramos capaces de olvidar. Cuando la muñeca mala se pinta las pecas es una clara alusión a la mítica escena del arreglo de Woody. No me parecen tan graciosos (salvo la escena evidente) los dos peluches de feria obsesionados con tener un niño. ¡Todos los juguetes quien tener un niño! ¡No necesitamos más personajes así!

Aunque el final es un poco sentimental para mi gusto, dado que teníamos el precedente de “Toy Story 3”, no está tan mal.


lunes, 20 de mayo de 2019

DOLOR Y GLORIA

Dir.: Pedro Almodóvar
2019
108 min.

Para quienes tengan un mayor seguimiento de Almodóvar que yo esta peli les resultará más cercana. La película habla de un director con depresión y múltiples dolencias físicas que no puede escribir desde hace tiempo. El personaje protagonista de Antonio Banderas es Almodóvar. Lo es por la forma de hablar (en particular es llamativa la imitación que hace en un coloquio con unos espectadores), por el amaneramiento y de forma más anecdótica por el pelo. Almodóvar se hace mismo protagonista absoluto de su película con ciertas referencias a su madre para callar el recuerdo de su muerte.

Lo cierto es que el bloqueo creativo no se vislumbra en ningún momento de su carrera. Puede que con resultados más deficientes, pero la distancia entre los años de estreno de sus películas se mantiene bastante independientemente de la muerte de su madre. Esto nos puede hacer pensar que la película es un poco exagerada y que Almodóvar es un llorón. Si evitamos conocer todo esto antes de ver la peli, la disfrutamos bastante.

Antes de caer en la cuenta de que Antonio banderas está imitando a Almodóvar acudimos a unos momentos de interpretación un poco inciertos ya que no vemos a Banderas en un tono habitual para él. No sé si es porque nos familiarizamos con el personaje o porque nos acostumbramos a Banderas, pero termina resultando muy convincente.

Todas las interpretaciones, salvo algún momento que chirría, son muy buenas. En particular es llamativo el talento del niño protagonista. Una de las primeras veces que le vemos es admirando a un chico varios años mayor que él quien se convierte en el primer objeto de deseo de su vida. Ayudado por un montaje muy preciso, consigue una gran carta de presentación. Supongo que Almodóvar guarda un muy buen recuerdo de aquel chico que conoció en el pueblo de su infancia pero ese amor queda un poco extraño ante la gran diferencia de edad.

El personaje que coprotagoniza durante la primera parte de la peli está interpretado por un desconocido para mí Asier Etxeandia. Su interpretación es muy buena pero en particular llama la atención una obra de teatro que interpreta con una preciosa escenografía y tremenda interpretación monologada. Es bonito que no se haya caído en el típico error de restar importancia a la metaficción. Si un personaje interpreta un texto, estamos acostumbrados a que éste sea sustancialmente peor que el guión de la peli. En este caso no es así, es un monólogo con un contenido interesante, que hace avanzar la trama, que está bien traído en la historia, y tremendamente interpretado en ese fondo mitad blanco mitad rojo con un gran tratamiento del color. Creo que este es el momento cumbre de la peli.

No puedo dejar de mencionar a Leonardo Sbaraglia. Hace un papel probablemente muy parecido a todo lo que hace. Pero en todo lo que hace tiene una cadencia al hablar que automáticamente convierte a sus personajes en seres sencillos de querer.

La trama de la peli está traída en casi episodios independientes a los que se da carpetazo y no se retoman. Podemos exceptuar quizás los recuerdos de su pasado que tiñen todo cuanto acontece en la peli. Esto hace que en ocasiones nos olvidemos de la trama principal pero a cambio la narración no se detiene en ningún momento a pesar de las dos horas de duración.

No creo que sea culpa suya, pero, al igual que hace Von Trier en “La casa de Jack”, se utiliza la voz en off para narrar con dibujos por ordenador ilustrativos. En este caso son muy estéticos y creo que están utilizados con bastante maestría. No es mi forma favorita de narración y sobre todo es poco académica pero tiene una ejecución satisfactoria.