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viernes, 19 de septiembre de 2025

MAMMA MIA! LA PELÍCULA

Dir.: Phyllida Lloyd
2008
108 min.

Se le nota todo el rato lo teatral. Hay momentos en los que las coristas hacen unas réplicas que nos podemos imaginar completamente en un escenario de un musical. Del mismo modo ocurre con algunas transiciones. Pienso en particular en la despedida de soltera, cuando las tres amigas maduras empiezan su actuación. Es fácil imaginar el diseño del escenario para que aparezcan de entre bambalinas. Esta huida de la naturalidad permite que acompañemos una historia cogida por los pelos y donde las acciones de los personajes tantas veces son muy arbitrarias.

La película la dirige una mujer y lo cierto es que la película supura feminidad. Los tres hombres que se aparecen como posibles padres también tienen personalidades diseñadas para que no quiebren el idilio femenino de esa isla griega. Las amigas tienen un disfrute arrollador. Ese “Dancing queen” en el que las amigas siempre se apoyan entre sí. Esa forma de asumir la promiscuidad sin dejar el menor resquicio a que pueda ser moralmente censurable. Consigue emocionarme “Slipping through my fingers”.

Los bailes en general son coreografías bastante sencillas. No se percibe un cuerpo de baile profesional. Por ejemplo “Voulez-Vous” sí podemos percibir que hay un gran número montado en el escenario, pero no se permite que la coreografía sea la protagonista de la escena. De hecho creo que la cámara tiende a ser torpe al grabar estas cosas. No vemos un objetivo bailando con el resto de personajes.

Mi escena favorita desde hace muchos años es la increíble “The winner takes it all”. Me encanta la terrible iluminación, ese sol tan molesto en el Mediterráneo. Me encanta Pierce Brosnan tan perdido. Esos gestos torpes mientras le cae un chaparrón. Me gusta ese viento que le da dramatismo a todo. Esa forma de jugar como una desquiciada con el pañuelo rojo. Me gusta cómo la letra pega por los pelos. En general esto es algo que elogiar muy sinceramente al guionista. Cómo se consiguen forzar tanto las cosas para que cuadren tantas y tantas letras de canciones que no tienen nada que ver entre sí. Me gusta que a pesar de lo desastrosa de esta escena la localización es idílica. Es decir, es ineludible pensar que ese desastre ha contado con un estudio enorme y un pastizal.

Me alucina el recurso de la cámara lenta. Las canciones del musical son todas buenísimas. Da la sensación de que la película en su aspecto visual corre desesperadamente por seguirle el ritmo a su propia banda sonora.


viernes, 9 de mayo de 2025

LA VIDA DE BRIAN

Dir.: Terry Jones
1979
93 min.

Celebérrima comedia de los Monty Python. También considerada de las más graciosas. Por otro lado la que tiene más gags recordados. Lo cierto es que la película parece más grande con los chistes fuera de contexto que vistos dentro de la peli. Todo está hecho con mucho ingenio pero, por algún motivo, hay muchos chistes que se quedan sólo en el texto, en la idea. Hay muchos fallos en la ejecución. Tradicionalmente se ha culpado al doblaje de que los chistes no funcionen. Esta es la primera vez que veo la película con las voces originales. Es cierto que se disfruta mucho más sin las tediosas voces en español tan desagradables, pero ello no salva por completo los chistes.

Hay algunos remates de los chistes que funcionan mejor en castellano. Son pocos por supuesto. Y nadie quiere ver la traducción de Pijus Magníficus, pero la gracia de la película no aparece por arte de magia al quitar el doblaje.

Volviendo a ver la película y después de haber oído hablar tanto de las polémicas que suscitó nos damos cuenta de cuál es el objeto de la parodia. Realmente a Jesucristo no se le ridiculiza. Quien es machacado con crudeza es una sociedad angustiada y con auténticas ansias de recibir un mesías. Por supuesto todo ello queda concretado en el Frente Popular de Judea. No es una sátira religiosa (en esencia) es una sátira política. Por supuesto, además hay una crítica al relato evangélico por su enorme parcialidad hacia su personaje protagonista.

Hay un gag enormemente sorprendente y largo que no es tan recordado como probablemente merece. Estoy hablando de la nava extraterrestre que se lleva a Brian más allá de la atmósfera. Es algo que ocurre como un Deus ex Machina, algo de lo que no se vuelve a hablar.


viernes, 14 de marzo de 2025

BLOW-UP (DESEO DE UNA MAÑANA DE VERANO)

Dir.: Michelangelo Antonioni
1966
108 min.

La parte obsesiva me ha gustado mucho. Tampoco es la que consume la mayor parte del metraje. No seré original aquí: recuerda a “La conversación (1974)” y a “Tren de sombras (1997)”. Me gusta mucho cómo descubre cosas de la absoluta nada. La fotografía que él mira obsesivamente está inequívocamente vacía. No es tras muchísimo tiempo que logra adivinar las figuras que él necesita para construir una historia en su cabeza. Se hace explícito el paralelismo con la pintura abstracta. Aunque no tenga ningún referente, tras mucho mirar la cabeza humana completa para darle un sentido.

El momento en el que descubre el cadáver es muy onírico. No sabría especificar en qué sentido, pero me ha recordado a “Terciopelo azul (1986)”. La escena es oscurísima. La noche es cerrada. Pero el césped tiene un verde brillante que llama mucho la atención. En cierta manera me ha recordado al jardín de “Men (2022)”.

La escena extrañísima del concierto de rock me recuerda en cierto sentido a “¡Jo, qué noche!”. Llega a un lugar que resulta muy ajeno. En el escenario la música es salvaje, pero tampoco tienen una actitud destructiva… hasta que uno de los bafles deja de sonar como debe y un guitarrista arremete a golpes. El público hasta entonces estaba impasible. Nadie baila. Miran inmóviles, como esperando algo que les resulte estimulante. Entonces se abalanzan hacia el escenario para conseguir trozos de la guitarra que se acaba de romper. Es como si la acción dentro del concierto siguiera sus propias reglas y el protagonista aparece ahí, como un extraño en ese mundo.

El personaje protagonista en su presentación es insoportable y, además, tampoco ocurre nada que me interese demasiado en estos momentos. Más adelante tendrá otra escena en la que se olvide de su investigación y deje de ser introspectivo y revele de nuevo esa personalidad prepotente, despótica y dominante. Me refiero a la extraña escena con las dos chicas frívolas que quieren que él las fotografíe. En esta escena vemos poco menos una agresión sexual. Las dos chicas retozan sobre el papel que utiliza como fondo de fotografía. Juegan a quitarse la ropa… Antes de esto ya habíamos visto a la mujer protagonista de las fotos en cuestión desnudarse porque asume que es el precio para conseguir algo de un hombre poderoso.

La escena de las dos chicas termina de una forma bastante ridícula y creo que la película busca mostrar esta escena con intensidad. Tras presumiblemente haberse acostado con ellas le llega la claridad tras la eyaculación y su mente se pone a fabular asesinatos donde sólo hay una relación extramatrimonial. Pero esta manera tan masculina de abandonar el lecho para sumirse en sus propios delirios es irrisoria.

Con respecto a la imagen icónica en la primera sesión de fotografía… Personalmente soy incapaz de prestarle atención a la delgadez extrema de la modelo. Por lo tanto, todo ese erotismo que pretende crear, no me apela demasiado. Aquí de nuevo tenemos otra conducta agresiva por parte del fotógrafo que se permite tocarla, besarla… La composición celebérrima de ambas personas en el suelo entiendo que muestra esa dominancia de él hacia su modelo a la vez que él mira a través de la cámara con avidez.

Me gusta también la última propuesta, la última escena en la que un grupo de mimos fingen un partido de tenis y él se queda fascinado. Es un momento muy poderoso precisamente porque a la cámara no le tiembla el pulso. Se mantiene mirando lo que ocurre y ellos no parecen tener mucha prisa. A la vez es una forma bastante pretenciosa de terminar la película.


viernes, 28 de febrero de 2025

CONTRATIEMPO

Dir.: Nicolas Roeg
1980
117 min.

Antes de que nos ubiquemos en la película la no linealidad narrativa, la novia loca, el novio anodino, el salto de tono entre secuencias consecutivas me hacen acordarme de “¡Olvídate de mí!”. Cuando ya entran en harina las dos líneas narrativas reconocemos que la estructura de la película es bastante corriente. Hasta que la cosa no se complica me aburro un poco. Aún ella no es lo suficientemente desquiciada y él me resulta demasiado poco atractivo como para que la historia de amor me la crea.

Cuando empiezan a hacer preguntas al tipo acerca del intento de suicidio, tardo en creerme que ahí haya una trama de verdad. Uno le ve tan poquita cosa que no se espera que haya sido capaz de hacer nada. Entiendo que es la sorpresa con la que juega la película. El único elemento que nos permite observar que hay algo raro en las declaraciones de este hombre son las evasivas al situar temporalmente los sucesos. Quizás esto sea el significado del título, sobre todo del título original: “Bad Timing”.

De hecho es tan panoli que a veces nos cuesta creer. En lo que dura la película nosotros asumimos la promiscuidad de ella. La escena en la que utiliza su cuerpo para obtener un favor de unos desconocidos en Marruecos nos deja un tipo que sospecha que ella pueda hacer algo indecoroso con ellos. Este momento es de vergüenza ajena. Todos sabemos lo que ahí está ocurriendo y a él parece que le pilla todo de nuevas.

También es cierto que ella tiene tela. También en Marruecos él le pide matrimonio y ella ignora la pregunta. Cuando él le reclama que le haga caso contesta que no porque hay que disfrutar del momento presente.

El momento más desquiciado de la relación la verdad es que me gusta mucho. Ella gritando por la escalera del edificio ¡Quiéreme!. Ese polvo en mitad de la escalera con la eyaculación precoz de él… La breve discusión en el apartamento mostrando que hay algo súper enfermizo en esa relación… Cuando ella estalla me hace pensar en la pérdida de control en “La posesión (1981)”. El delirio de ella tiene como base un tema de fondo: que él es psiquiatra. De alguna manera él la está investigando más que teniendo una relación con ella. Esto me interesa bastante poco y de hecho sería un recurso demasiado fácil como para que captara mi interés. Pero creo que nunca tiene el suficiente peso como para que lastre la película.

La fotografía a veces cambia a contraplano. Otras veces la música es la que cambia bruscamente. Mismamente el foco… Todo ello busca que no nos comprometamos mucho con las narraciones. El montaje se permite saltar de escena a la que sea menester rápidamente.

Mientras que la actuación de ella en general es memorable, la de Garfunkel es algo difícil de valorar. Nunca consigue el atractivo con el que ella y la cámara le miran. Pero quizás sea parte de la gracia. Por su rostro atemorizado cuando estamos en la línea temporal de la investigación policial, me recuerda a José Luis Gómez Manzano.


viernes, 7 de febrero de 2025

HOMBRES DE ARÁN

Dir.: Robert J. Flaherty
1934
75 min.

Distinto a lo que concebimos como documental. No es cine mudo, pero renuncia a sincronizar la voz con la imagen. La mayoría de frases que se oyen son muy difíciles de entender. Las intervenciones se oyen casi de fondo. Me ha recordado a las partes habladas de “Yellow submarine”. Lo cierto es que nunca es necesario el texto para la película. Las voces no son sonido directo. Vemos cómo las personas hablan entre sí sin que oigamos nada. El sonido de la barca con la que salen a faenar estallando contra las rocas está añadido en la sala de montaje. Aunque la puesta en escena sea muy reconocible del cine mudo la música que escuchamos es mucho más comprometida con la acción de las imágenes que las tibias melodías que escuchamos con frecuencia acompañando al cine silente.

Muchas de las imágenes del mar son impresionantes. Están grabadas tan dentro de las olas que la película nos convence de que domina ese terreno. No muestra el agua de manera típica. Una de las primeras veces en las que el mar inunda el cuadro lo hace totalmente blanco. La espuma de las olas al romper cubre por completo las oscuras rocas de la costa. La familia avanza entre esos flujos de agua. De forma despreocupada pero con el debido respeto al mar.

Cuando salen los marineros a cazar el gran tiburón la mar está en calma. Es una gozada ver la tranquilidad que transmite la superficie de este agua a pesar de que evidentemente sigue siendo agua marina. Cuando la mar se revuelve no son olas a punto de volcar la barca lo que vemos. Esa es la imagen típica que tenemos de la mar revuelta. Aquí el cuadro se llena por completo de olas que vienen de todos los ángulos posibles. El montaje es rápido. La imagen en la que el mar está más soberbio es aquella en la que las olas golpean contra los acantilados. El aire hace subir el agua en suspensión. Realmente pareciera que el agua quisiera salirse del mar, ello sin que las olas sean exageradamente monstruosas. Transmite la idea de que para la gente que vive en esa tierra, el mar es ineludible.

La película no se recrea en lo lastimero de la situación, pero lo cierto es que la imposibilidad de cultivar en ese pedregal es una tragedia. Vemos a ese hombre que cuando no está en el mar está picando piedra a ver si encuentra tierra que le sirva para cultivar patatas. Esta problemática de no tener tierra fértil nos deja una de las imágenes más pintorescas de la película: la madre de familia llevando el capazo de mimbre absolutamente lleno de algas. Algas que caen y que la confieren una silueta muy folclórica. Es de señalar la importancia que esta mujer tiene en la película. Con lo acostumbrados que estamos hoy en día a que las películas que tratan escenarios mayoritariamente masculinos se permitan la desfachatez de ignorar a las mujeres por completo… Este mujer no sólo hace un trabajo vital para la familia, es que tememos por su vida tanto como por la del padre de familia.

La cámara es algo inquieta. A veces realizando movimientos algo extraños. Me hace sospechar que fuera una exhibición de la ligereza con la que está rodada la película. Cuando el cuadro es fijo consigue unos encuadres maravillosos. Me encanta cómo hace que las figuras humanas sean diminutas ante esa naturaleza hostil e indomable. Hay unos planos al inicio de la película en los que se ve el pueblo, las escasas edificaciones y la mujer es apenas una mancha pequeñísima. Se permite mostrar unos cielos inmensos. Este recurso funcionaba también estupendamente en “Orgullo (1955)”. Es sorprendente que el paisaje consiga tanta presencia en un formato cuadrado.

Hay algunos planos en los que algún rostro no entra por completo en el cuadro. Cuando la mujer mira el mar desde los acantilados no es extraño que su frente quede fuera de la imagen.

La escena en la que cazan al tiburón se me hace algo larga. Según las cartelas esta cacería dura días así que supongo que efecto conseguido. Hay que decir que es fascinante ver la cola del animal golpear la barca. No hay forma de imaginar que eso no esté sucediendo realmente ante nosotros. El animal es grandioso.


domingo, 13 de octubre de 2024

LA SUSTANCIA

Dir.: Coralie Fargeat
2024
140 min.

Digámoslo desde el principio: lynchiana. No en el sentido onírico habitual. El tema del doppelganger con mujeres en un mundo de fama, brillos, luces cámaras y palmeras remite inevitablemente a “Mulholland Drive (2001)”. Teniendo a Lynch como referente es difícil ver el monstruo deforme final, con esa boca torcida y esa cabeza abultada sin pensar en “El hombre elefante (1980)”. Aquel personaje nos generaba una compasión infinita. El ser que aquí vemos, a pesar de pecar de vanidad, no deja de percibirse como algo sintiente y, por tanto, doliente. Que reciba ese escarnio, no solo del público que le llama monstruo, sino también y principalmente, de la película resulta incómodo. No se puede perpetrar ese derroche de sangre y vísceras sin una mirada enormemente sádica a lo Ari Aster o Lanthimos.

El desnudo en esta película es una apuesta muy radical. Se permite mostrar dos cuerpos de un atractivo deslumbrante en escenas totalmente desagradables. Antes de que veamos a Demi Moore degradarse hemos podido ver su cuerpo llamativo ante una cámara que mira despacio, explícitamente. Mostrando cómo los detalles que ella considera que la afean no desmerecen ese cuerpo cuidado por cirujanos. En ese baño tan iluminado es difícil realzar las marcas en su piel. Será mucho más sencillo lograrlo en los pasillos oscuros y llenos de sombras.

Por narrativa cuando veamos el cuerpo de Margaret Qualley el deslumbramiento será total. Se muestran unos pechos esplendorosos, unos labios y dentadura perfectos, un culo de forma cincelada (ciertamente se perciben las poses forzadas de la actriz para realzar esta parte de su cuerpo). Es decir: antes de que nos adentremos en escenas sórdidas se nos convence de que estamos ante un cuerpo de diosa. Hay algo un poco tramposo aquí porque de alguna manera se nos trata de convencer de que recorremos su cuerpo entero. Sin embargo se evita mostrar lo que pueda llegar a evocar tejido cavernoso. Es decir: nunca se mostrarán explícitamente los genitales. Por la postura de una mujer de pie podría pasar relativamente desapercibido este truco, pero donde resulta bastante evidente es cuando ella se está retorciendo de dolor en el suelo. La cámara se pone a su altura, el punto de vista se arrastra. Sin embargo cámara y actriz tendrán mucho cuidado de colocarse para que nunca se llegue a ver su entrepierna.

Es valiente también que cuando el monstruo se presenta ante el público, haya mujeres hermosas a su alrededor con potencial erótico, mostrando los pechos. Sin embargo cuando la película se vuelve enormemente desagradable, con ese despertar casi de crustáceo, ahí se evita la desnudez. Siempre que ambos cuerpos se han intercambiado, estaban desnudas. Cuando la película busca escandalizar la apuesta se vuelca enteramente en lo gore, la sangre y la sordidez. Un desmadre así nos puede remitir a “Sangre en los labios (2024)”. Evidentemente los estándares de belleza que se manejaban en aquella están en las antípodas de esta. Pero es que la monstruosidad de aquella giganta buscaba aumentar su gloria. Aquí la arbitrariedad persigue ahondar en su degeneración.

La degeneración de Demi Moore al inicio es muy desagradable más que por la deformidad corporal, por la forma en la que debe arrastrarse. Una vez que se nos ha convencido de que ha perdido el cuerpo funcional, cuando la narrativa lo necesita, se podrá mover con ademanes de criaturilla, pero con una muestra de fuerza del todo inesperada para alguien de esa edad. He de decir que yo me alegro. Es decir: se plantea esa corporalidad para mostrar lo degradada que está y después pasa a convertirse casi en un abuelito entrañable. En el momento que la vemos calva y vestida, en vez de parecer una mujer totalmente demacrada, parece casi un hombre anciano casi diríamos hasta de buen ver.

No deja de ser interesante que la persona que busca una versión mejorada de sí misma realmente lo único que puede odiar de sí misma sea la edad. Ella sigue siendo bella. A la vez gracias y a pesar de las operaciones estéticas. Hay un componente edadista evidente en esta decisión. De hecho cuando la matriz se empieza a corromper a lo “El retrato de Dorian Gray” realmente lo que le ocurre, por lo menos al inicio, es que envejece.

Desde el primer momento que se explica la dinámica del juego ya nos vemos venir que se van a romper las reglas. Esto por un lado me da pereza, pero también agradezco que se haga rápidamente para entrar en el conflicto. En este juego de Doctor Jekyll y Mr. Hyde es un poco inverosímil que la joven, por muy encantada de sí misma que esté, desprecie a quien le permite mantenerse con vida.

La adicción que adquiere la chica joven por las agujas, la podredumbre y purulencia que aparece en la espalda de la matriz no puede sino recordarnos al brazo que veíamos en “Requiem por un sueño (2000)”. Película que ya habíamos evocado cuando vimos a la señora mayor, que espera 7 días para tener su dosis de juventud, pasarlos sentada delante del sofá. Esto nos resulta lamentable porque desperdicia su vida. Se ve expulsada de la vida pública. Su fama la henchía de orgullo. Al arrebatarle esto vemos que su vida es totalmente vacía. A la chica joven esto le escandaliza por los mismos motivos que le escandaliza todo: por vanidad. Se plantea la idea, que nunca se confirma, que el dejarse ir de la sexagenaria tendrá repercusiones en el físico de la joven. Esto tan solo ocurre en un desagradable sueño de la joven, pero, hasta donde sabemos, no es cierto. Entiendo que la chica joven puede sufrir los remordimientos de la mayor, pero por la información que recibimos, no debería tener mayores consecuencias. No puedo evitar sorprenderme de que una mujer estadounidense considere particularmente insana la cocina francesa.

En cuestión de género la película tiene una mirada misándrica. El personaje del productor es repulsivo. Esa forma de comer gambas es grotesca. No se trata solo de que la película sea explícita: es que la mirada de la cámara es muy directa. Mismamente la forma de morder el cigarro, cómo se consume el tabaco a lo “Carretera perdida (1997)” con el sonido muy intensificado, incluso cuando por fin lo apaga contra el cenicero de cristal. No es que cada una de estas acciones sea desagradable: es que la cámara lo mira directamente, con total claridad. Aunque no hay hombres estrictamente positivos, la relación de Sue con ellos será de objeto deseado. Ella está espectacular con su traje de cuero negro, se siente atractiva ante el motero que sube a su casa. Pero incluso ante el repulsivo vecino de enfrente ella disfruta su cara de atontado. Diría que el único momento en el que ella muestra algún tipo de reparo a un par de ojos masculinos que la devoren será cuando esté perdiendo los dientes y tema por su vida.

Es mirada imperturbable de la cámara la tenemos también en la escena en la que Sue cose la espalda de la matriz. No es algo particularmente desagradable. Antes de esta operación hemos visto agujas mucho más grandes. Lo que resulta desafiante es la claridad diáfana con la que se ve. El plano se alarga, se muestra cómo la carne se abulta al albergar la aguja. Eso se puede ver muy claramente en las primeras películas de Cronenberg como “Vinieron de dentro de… (1975)”. Ahí es claro que no hay cuerpos abiertos, que nada está bajo la piel. Según va perfeccionándose técnicamente y vemos más aberraciones se consiguen efectos más parecidos a los de esta película o “Titane (2021)”.

Hay un guiño a “El resplandor (1980)”, en la moqueta del estudio de grabación, que tiene algo de arbitraria. Tampoco es el único caso. Las luces y las llamas cuando se produce la activación son discordantes con la estética del resto de la película sin que obedezcan a nada.

Me gusta sin embargo cómo se permite crear ese espacio etéreo tras la pared del baño. Un rincón oscuro que me remite al lugar lleno de negrura que aparecía en “Under the skin (2013)”. Me gusta también cómo se permite deformar la ducha cuando la mujer mayor está asimilando su desgracia. Ahí la cámara asciende y asciende mostrando cuatro paredes de azulejo prescindiendo de la mampara de cristal para formar un profundo pozo.


viernes, 31 de mayo de 2024

SANGRE EN LOS LABIOS

Dir.: Rose Glass
2024
104 min.

Urge ilegalizar A24. Repite fórmula de violencia, humor negro y referencias. Todo bien mezclado, sin construir nunca nada. La sensación que me provoca es de gran distanciamiento. No sólo es que la película no se tome en serio a sí misma, lo cual es legítimo, es que todo parece un cúmulo de decisiones arbitrarias. La escena en la que la culturista termina convirtiéndose en un gigante a modo de deus ex machina choca con la idea que se había explotado en la que la ira era el desencadenante de sus problemas.

Por lo tanto la venganza contra los hombres nos remite a “Una joven prometedora (2020)”. La escena en la que regurgita a su interés romántico nos hace pensar en “Men (2022)”. Esa complicada relación padre hija y el tono en el que se trata la violencia se emparenta con “Beau tiene miedo (2023)”. Incluso las escenas hiperestetizadas que dejan de lado la gravísima trama principal nos hacen pensar a ratos en “Spring Breakers (2012)”. La desvergüenza con la que nos muestran las deformidades del cuerpo maltratado es algo que estamos hartos de ver en los últimos años. Por poner un ejemplo reciente: “Cuando acecha la maldad (2023)”. Los planos rojísimos en los que Kristen Stewart rememora los crímenes de su padre me han hecho pensar en “Mandy (2018)”.

Cuando abraza todos los clichés del cine escandalizador contemporáneo por lo menos nos libramos de los diálogos poco ocurrentes y las escenas torpes. Que las dos protagonistas resultan atractivas es innegable. La película se ha montado un escenario de maravilla poniendo a todos los demás personajes como seres despreciables. Bien porque se quedan inexplicablemente en una relación de maltrato, bien porque son maltratadores, por su mismo aspecto físico o por el desagradable aspecto de drogadicta que presenta la casi acosadora de Kristen Stewart.

Ambas actrices protagonistas deben celebrar su carisma, porque ninguna tiene una actuación estelar. La imperturbabilidad de Stewart no ha resultado sorpresiva. Más luce la interpretación de Ed Harris. Me gusta mucho cuando está toda la familia en el hospital y él descubre la relación entre su hija y su empleada.

La obsesión de la culturista debería resultarme estimulante. Sin embargo todo el asunto de la violencia era tan grave que creo que impedía prestarle atención a este otro aspecto. En vez de tratar con cuidado ese tema parece una excusa para justificar una dependencia de las sustancias que darán lugar al desquiciado final.

En varios momentos he visto elementos del cine de Lynch. Ocurre que ninguno de ellos era lo suficientemente explícito para convencerme de que la referencia fuera buscada. Pero haber visto varios de ellos me ha llevado al punto de irlos buscando. Hay una escena en la que las dos enamoradas hablan susurrando en la cama con luz azul. Cuando en “Mulholland Drive” se decía I’m in love with you aquí se dice I love you. La pistola se guarda en una caja azul que puede recordar a esta misma película. El concurso de culturismo tiene como telón de fondo una tela que me recuerda a “Terciopelo azul”. También me recuerda a esta película el momento voyeur en el que Kristen Stewart observa a su padre metida en un armario.


viernes, 24 de mayo de 2024

LA ZONA DE INTERÉS

Dir.: Jonathan Glazer
2023
106 min.

Se ironiza con el reproche típico a “Lo que el viento se llevó”. El foco de la película se mantiene en los cotidianos dramas de la clase dominante mientras los perores crímenes contra la dignidad humana se perpetran al otro lado de un muro. La parte superior del cuadro está reservada para estas inevitables evidencias de la industria de la muerte. Vemos el humo de las chimeneas, los tejados de los bloques, las reconocibles torres de vigilancia, el humo del tren que llega al campo… Oímos, además, constantemente gritos y disparos en la lejanía.

Desplazando el interés de la narración a los nazis y obviando lo que ocurre dentro del campo se consigue pervertir su moralidad. Como el trabajo de Rudolf nunca se ve explícitamente, para la historia no realiza nada inmoral. Simplemente es un hombre que realiza su trabajo y es exitoso. Mientras, la mujer es caprichosa y prefiere quedarse la casa en el campo que Alemania les ha proporcionado antes que acompañar a su marido en su traslado de empleo. Esto obviando el holocausto, en el momento que cambiamos la perspectiva y pensamos en la masacre que permite a esa familia disfrutar de esa casa, la situación se vuelve perversa. Cuando la esposa enseña todo el reciento donde ellos viven dice la terrible frase: Auschwitz es el paraíso.

Peor todavía será cuando ella, amargada en casa se dedique a maltratar su criada judía. Cuando trabaje de manera insatisfactoria su ama la amenazará recordándole que su esposo puede decidir acabar con su vida y con la de toda su familia. Otro momento gravísimo es cuando llega la visita a esa casa y habla del campo de concentración con curiosidad. Menciona que una antigua amiga suya probablemente estará ahí dentro. ¿Quién sabe lo que estaría tramando? A pesar de que haya compartido tanto tiempo con ella, la propaganda antisemita la ha convencido de que seguramente tuviera algún contubernio que la hiciera merecedora de exterminio.

Toma la actitud de directores como Haneke de evitar que se condene explícitamente la atrocidad. En lugar se prefiere maltratar a los verdugos. Se les enfrenta por ejemplo a un infierno de fuego rojo cada noche cuando las chimeneas de los crematorios iluminan las ventanas. El otro momento en el que el holocausto se vuelve contra ellos es cuando está el padre con sus hijos en un río y el agua comienza a bajar turbia, llena de cenizas y de huesos humanos. Para cuando llegan a casa después de haber atravesado la lluvia sucia deben limpiarse ojos y nariz para terminar de expulsar la ceniza.

La película confía mucho en un espectador que quizás no necesita tener conocimientos de Historia, pero sí tiene que tener asimilada la imaginería de las películas del holocausto. Por ejemplo confía en que reconozcamos rápidamente las torres del campo, las casetas, los trenes… No sólo eso. Hay una escena en la que dos de los niños alemanes juegan con nieve del suelo. Es imposible no acordarse del perverso juego de “La lista de Schindler” en el que la nieva se revela como ceniza.

Un elemento importante para conseguir que el espectador no sienta rechazo por el padre de familia es no permitir darle más solemnidad de la que las insignias le puedan dar: cuando está con sus hijos en el río él aparece algo chepudo y en general con un porte nada admirable. Nos muestra el típico gusto nazi por la naturaleza. Tiene como momento cumbre el afecto que le manifiesta a su caballo: nunca le hemos visto expresar cariño a una persona.

La película tiene unas secuencias extrañas. Antes de que arrancara la película, tras el título, hemos tenido la pantalla en negro unos pocos minutos. La música es ominosa, etérea. Esta misma música la oiremos en estas secuencias también. La fotografía se vuelve un blanco y negro casi como si fuera el negativo. Al ser tan artificial se puede permitir resaltar las figuras humanas. De alguna manera nos demuestra que, aunque la trama se desarrolle en la casa de la clase dominante, hay individuos de la clase dominada que también tienen historias que contar y muchas veces más interesantes o trepidantes que los protagonistas del relato.


viernes, 1 de marzo de 2024

EL OJO DE LA AGUJA

Dir.: Richard Marquand
1981
112 min.

El carisma de Donald Sutherland es tal, que nos resistimos a creernos que la película vaya a decantarse por los aliados en la Guerra Mundial. Su aspecto alargado, sus ojos clarísimos, su cara finísima, su acento inglés… Todo el personaje está diseñado para seducir ¡y vaya si lo hace! Los nazis no pueden llegar a saber que los aliados desembarcarán en Normandía. El malo no puede ganar en una película. Pero lo deseamos con todas nuestras fuerzas.

Siempre está despierto. Ha de cometer algunos fallos para alargar la trama, pero aún así cuanto hace es admirable. Es curioso que su caballerosidad sea lo que dé la derrota a Alemania. En su entrenamiento supongo que aprendió que la violencia no debe ejercerse contra mujeres y niños. Efectivamente no tiene ningún problema en matar a absolutamente nadie salvo a los dos únicos supervivientes de Storm Island. La otra lectura que puede darse es que la derrota de Alemania se deba a la debilidad carnal del protagonista. Uno podría pensar que no mata a todo el mundo en esa isla por poder acostarse con la mujer de la isla.

La película es británica y ha heredado gran parte de la sofisticación de las películas del Hollywood clásico. Hay que agradecer todo el estilo que tiene. Es muy agradable de ver. Nos cuelan la historia romántica casi sin darnos cuenta. Es una maravilla la constatación de que el destino de la política mundial queda en manos de dos personas. Contactar con el submarino es lo único que cambiará el curso de la historia y ese contacto depende sólo de dos personas en el mundo.

Resulta bonito que el protagonista tenga como nombre en clave la Aguja. Cualquier persona que se le ponga en su camino tendrá que enfrentarse muy probablemente al puñal con forma de aguja que clava con tantísima facilidad. En general actúa esquivando las consecuencias de cuanto hace. La manera de deshacerse de una moto, de robar un barco…

La lucha final a la desesperada es impresionante también. Correr varios kilómetros bajo la lluvia, a un paso militar. Seguir peleando pese a haber perdido los dedos de una mano. Montarse en una barca con un tiro en la pierna. En última instancia tratar de remar teniendo en el tronco un disparo de bala con orificio de entrada y de salida.


viernes, 16 de febrero de 2024

NÚMERO 17

Dir.: Alfred Hitchcock
1932
62 min.

La película es muy sencilla. En Hitchcock estamos acostumbrados a asesinatos con intereses cruzados. Personajes con dobles intenciones y demás giros en la trama. En esta película tenemos todo esto pero aparece de una manera muy naíf. Cada nuevo elemento aparece como una sorpresa para nosotros y para los personajes. Pero nada de lo que se añade cambia realmente todo el asunto. Podemos ver el juego donde Hitchcock va sumando las piezas. Conocemos muy poco de lo que allí ocurre por ello podemos ver la escena sin tener que estar atentos a no perdernos nada.

Poco a poco se van sumando los personajes. Comienza con un tipo entrando a una casa, el número 17. De dentro vemos salir la luz de una vela. Desde este momento las sombras tomarán un protagonismo mayúsculo. No sólo por lo tétrico que las acompaña. Principalmente se debe a que la casa es un lugar oscuro, por lo tanto ver es una ventaja táctica con respecto a los otros individuos.

Evidentemente las velas no iluminan tanto como debieran. Por ello siempre hay unos juegos con iluminación artificial tratando a la desesperada de comportarse lo más parecido a como la vela tendría que iluminar. No siempre se consigue. Así tenemos al hombre que duerme en esa casa abandonada jugar con su propia sombra que obviamente no está emitiendo él. Pero lo cierto es que ni siquiera nos habría sorprendido particularmente esta disonancia entre el cuerpo y la sombra si no hubiera sido por este juego.

La reunión de ladrones se debe a que desde esa casa se puede acceder a las vías del tren que los llevará al continente. La primera vez que se introduce el elemento del tren aún no se ha dicho ninguna palabra. Ilumina la estancia y el protagonista y el pobre ven el cadáver en el suelo. Pues la película lo narra de forma muy litera. Hay un plano brevísimo para cada unidad de información: tren, detective, pobre, cadáver. Una maravilla.

Hay un plano que aparece sin darse mucha importancia pero que tiene mucha fuerza. Para ir desde la casa a las vías hay que bajar unas escaleras de ladrillo pegadas a la pared. El plano cuadrado con las escaleras cruzándolo, los individuos bajando con cuidado. Un plano muy liso. Me gusta mucho. Se repite idéntico cuando bajan los ladrones y cuando bajan los perseguidores.

La película concluye con una persecución de un autobús a un tren. El destino inevitable de algo así es que el tren embista al autobús. La película lo sabe y se recrea con ese juego. Así se preocupa de mostrarnos que los ladrones no sabes detener el tren. Nos muestran sus caras de velocidad. Ponen el autobús en paralelo al tren. El plano donde se hace este juego con más descaro es una maravilla: el tren y el autobús van en paralelo y rectos hacia la cámara. El tren gira repentinamente ocultando el autobús. El autobús va velocísimo, es imposible que tenga tiempo de detenerse. Pero el plano baja un poco más y vemos que el autobús pasa por debajo de un puente.

El choque final está hecho con una maqueta (como toda la persecución) pero es muy eficaz. Es un tren estrellándose contra un barco. Hay explosiones y los vagones caen poco a poco al agua apenas uniendo el barco con el muelle.

Me ha gustado mucho el aspecto de los ladrones. Rostro seco, bigote pequeño. Vestido de negro. Es un tópico y es justo lo que esperaba de una película así. Tenemos también esta palea que realmente es muy violenta y muy seca entre el policía y el ladrón. Son puñetazos, agarres de rostro, choques contra paredes… Pero no tiene nada de música y apenas hay efectos sonoros en los golpes. Esto hace toda la escena extrañamente incómoda y violenta.


sábado, 3 de febrero de 2024

CHICKEN RUN: AMANECER DE LOS NUGGETS

Dir.: Sam Fell
2023
101 min.

Tremendamente predecible, llena de clichés y, por si fuera poco, referencias calcadas a la primera entrega, “Chicken Run: Evasión en la granja”. Las escenas se suceden con chistes de manual, con conflictos típicos. Se repite incluso la escena nada trepidante de un corredor que termina en un abismo de fuego. Es imposible no acordarse de “Toy Story 3”. Pero esta película ha demostrado ser tan poco osada, que no le damos crédito a nada de lo que pueda salirse de las convenciones.

No recuerdo si en la anterior película se da, o si yo era demasiado pequeño para verlo o si las cámaras no tenían suficiente resolución, pero he disfrutado mucho viendo cómo las huellas dactilares de los animadores se imprimían en la plastilina de los personajes.

Para mi gusto la película se iba demasiado de madre. Me refiero sobre todo al diseño de la fábrica de nuggets que tienen que asaltar (con su consiguiente plan que nos muestran y que después fracasa estrepitosamente). Me parece que todo está demasiado preparado para que la película tenga elementos con los que jugar. Me resulta muy difícil ver las ocurrencias de manera lúdica, porque todo lo que se hace, después se recupera como pequeños deux ex machina.

Es un desastre el paralelismo con “Dawn of the Dead”. Lo tenemos en mente porque aparece en el título. Pero todo se reduce a una escena tonta, con nulo poder visual y que requiere una reducción drástica de la verosimilitud. Hay un pequeño guiño que resulta sorprendente con una cita a “Tiburón (1975)”.


viernes, 10 de marzo de 2023

EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO

Dir.: Alfred Hitchcock
1934
84 min.

Empieza con un planteamiento de trama muy rutinario. Ya aparecen algunos planos llamativos como la muchedumbre a los pies de una gran ladera de montaña por la que se hacen saltos de esquí. Es un plano inmenso que además aprovecha la verticalidad del formato cuadrado. Sin saltar todavía a otra escena vemos una conversación de unos personajes que charlan con la clásica cháchara aburridísima para ponernos en situación. En ocasiones dan ganas de esconderles el cine sonoro a los directores de los años 30 en la balda de arriba donde no lo alcancen. Esta conversación ocurre en un plató con un fondo falso como corresponde a la época y para dar verosimilitud al escenario se cruza mucha gente por delante de la cámara. Llama mucho la atención.

Veremos en la siguiente escena una muerte que desencadena la trama. Morirá por un tiro en el pecho. Un disparo que se ha realizado a través de una ventana que da a la cordillera. Es importante esta información para que lleguemos a ser conscientes de lo virtuoso que es el francotirador. Me parece muy valiente arrancar la secuencia con la cámara apuntando al exterior de la estancia. Ello supone dejar en una evidencia tremenda los, aunque bien ejecutados, evidentes decorados. Siendo una escena que culmina con la muerte más importante de la película llama mucho la atención que empiece con un divertido juego en el que una pareja de bailarines va arrastrando un hilo y enredando a todos los que bailan en la sala. Y lo que acontece justo después del disparo es otra maravilla. El tirador no sólo sabe pasar desapercibido, también consigue que el tiro mortal no se note en sí mismo. Sólo parece descubrir que ha sido herido cuando ve la mancha en su camisa.

La mitad de la película transcurre de forma bastante rutinaria. Llamadas a la policía, interrogatorios. Bien. Todo correcto. Me aburre. Pero en Londres presenciamos una escena violentísima. Absurdamente violenta para la época y extrañamente violenta para ser Hitchcock. Cuando Peter Lorre se descubre como el cerebro malvado (con unos picados a su mirada plomiza y rechoncha, que podría ser de Orson Welles) se desata una pelea de sillas totalmente descacharrante. Se rompe una cantidad brutal de ellas. Los malos caen al suelo aturdidos. Le arrojan a un tipo que está hipnotizado una silla para despertarle del trance. Es una escena tremenda de ver.

Una violencia de igual calibre es la que veremos en el tiroteo final. Eso es alucinante. ¡Qué cantidad de tiros! ¡Qué manera la de Peter Lorre de mantener una pachorra mientras sus secuaces van cayendo heridos al suelo! Hay una imagen potentísima en la que él está sentado en el suelo. Sacando armas de sus cajas. Mientras, la habitación se ilumina por las ventanas. En cada una de ellas tiene a un tipo disparando contra la policía. Una forma de no dejar que la violencia le afecte lo más mínimo… No podemos decir que haya muchísimas muertes. Pero las hay. Muerte de policías que incluso están todavía preparando sus parapetos. Nada de ir regalando muertes heroicas.

Lo que sí resulta heroico es el disparo con el que la madre mata al hombre que está persiguiendo a su hija. En este punto se tiene bien aprendida la lección en la que todos los elementos de la narración tienen que servir para algo. Si la primera vez que hubo dos disparos por parte de ambos personajes (en una competición de tiro al plano) él acertó y ella falló por culpa de un grito de su hija; en la segunda ocasión él fallará porque ella gritó en el teatro y ella acertará por un silencio sepulcral en esa calle de Londres.

La escena del teatro creo que, aunque es una gran idea y tiene mucho potencial, no está magistralmente ejecutada. Para empezar el gran estruendo que tendría que haber servido para que el tirador ejecutara a su víctima no es tal. Cuando lo oímos por primera vez en el disco de vinilo que pone Peter Lorre no nos resulta particularmente reconocible. Tenemos la suerte de que Hitchcock sabe cómo anticiparse a los grandes acontecimientos y vemos a todos los percusionistas de la orquesta prepararse para el golpe.

En el teatro sí hay una transición de planos muy sorprendente. La mujer totalmente envuelta en lágrimas ante la tensión de la situación empieza a desenfocar el escenario del Albert Hall hasta tal punto que casi todo el plano se vuelve blanco. Entonces salta a un plano realmente blanco sobre el que se deslizará el cañón de la pistola magnicida. Un recurso parecido lo vemos cuando ella se entera de que su hija ha sido secuestrada. La vemos amagar un mareo típico de la época pero se salta a un plano que gira en torno a la estancia antes de que pierda totalmente el conocimiento. Viendo esta clase de recursos sólo podemos pensar lo terriblemente mal que nos acostumbró el cine estadounidense de los años 40 con sus más que rutinarias narraciones.


viernes, 6 de enero de 2023

REPULSIÓN

Dir.: Roman Polanski
1965
105 min.

Me gustan las películas obsesivas. Es una película obsesiva. Me ha gustado.

Hay que admitir que en ocasiones la obsesión es un poco superficial. En concreto estoy pensando en la clase de cosas que hace la protagonista pasando días y días sola en casa. Las únicas actividades que realiza son planchar y coser. Como mucho se sienta a ver la tele. Parece que a Polanski no se le ocurre qué más puede hacer una mujer sola en casa aparte de los trabajos domésticos típicamente femeninos.

Creo que es muy interesante ver hoy en día el detonante de la trama. Un chico genuinamente interesado en la protagonista, con las mejores intenciones intenta besarla. De hecho le termina robando un beso en su coche. Ella sube despavorida a su casa donde está su hermana con el hombre que la mantiene a cambio de la relación extramatrimonial. Supongo que la lectura original es que ella es tan misándrica que hasta un inocente beso la hace desarrollar una espiral obsesiva. Pero actualmente es fácil fijarse en que incluso un hombre con sus mejores intenciones llega a perpetrar un contacto sexual no consentido. Para que este chico ideal quede aún mejor retratado se lo mostrará en un par de escenas en la barra del bar con dos amigos que se refieren a la mujer de la forma más impersonal posible.

Las primeras escenas de la película casi parecen cine francés. Esos planos en los que vemos a la gente sorprenderse por la cámara que sigue a la chica. Ruido de coches. Una música que me gusta mucho. La música rápidamente se alejará de las melodías y se centrará en la percusión. Hay una escena en la que la chica vuelve del trabajo hasta su casa. Anda por un puente, tocándose la nariz ya de manera enfermiza. La banda sonora son unos redobles intermitentes y un clarinete que suena por encima. Al poco rato el clarinete incluso se vuelve percusivo emulando los redobles.

Hay un gusto por el plano secuencia. No se hace de manera muy exagerada. Lo que más delata este recurso es en un cierto momento que un personaje ciega por completo la cámara para que sea viable el plano sin cortes. Me gusta mucho la escena con el casero. A ella ya la hemos visto fantasear cada noche con una violación. Quizás sean pesadillas, pero sus movimientos, la manera en la que agarra las sábanas, que se maquille para la ocasión y el hecho de que no oigamos nada, me hace pensar que se trata de una fantasía erótica. El caso es que a pesar de estas fantasías, cuando el casero se abalanza sobre ella, le rebana el cuello. Pues este momento está muy bien construido. La navaja lleva en el salón muchos días. La hemos visto multitud de veces. En un momento dado ella la coge. Desde este momento la escena se carga de suspense.

En los dos asesinatos tenemos un plano final desde la posición del cadáver. Cuando mata al chico con el candelabro nosotros recibimos el golpe y cuando se está desangrando el casero, veremos cómo nos cubre con el sofá.

Toda la decrepitud me gusta mucho. En cierta medida recuerda a la madre en “Babadook”. Personalmente me parece inverosímil que no adelgace enfermizamente. Es cierto que se mira con mucho morbo. Pero es que la actuación de Catherine Deneuve es una gozada. No es la primera vez que la vemos perder la cabeza, pero el momento en el que le mete un corte en el dedo a una clienta es una imagen difícil de olvidar. Ella está en una esquina. Mirando lo que ha tirado. Con los ojos abiertísimos. Es tremendo.

A esta actuación se le suma una fotografía muy expresiva. Sobre todo en los interiores la luz es muy dura. Hace que los personajes siempre estén muy perfilados. Ahí donde les da la luz se vuelven blanquísimos. En la escena con el casero la región del cuadro que ocupa ella es blanquísima y el traje negro del casero es negrísimo. Por supuesto el momento en el que más luce la iluminación de la película es en la mítica escena de las manos que salen de la pared del piso. Unas manos que es fácil reconocer en la avalancha de hombres lascivos de “Última noche en el Soho”.

Toda la deconstrucción de la casa es maravillosa. Cómo se abren las paredes de esa forma imposible. Cómo le parece ver caer el techo. No ya es que se acerque el techo al suelo. Parece incluso que se inclina. Y esta es la parte más alegórica. Pero incluso lo que ella perpetra. Rompiendo el cable del teléfono. Dejando el cadáver de un conejo sobre una pila de libros. Cómo arranca una balda de la cocina para clavarla en la puerta de entrada tirando latas de conserva tras de sí… Está emparentada con mi predilecta escena final de “La conversación”, posterior a esta.

Me gusta el asunto de la privacidad. Cómo los muros parecen hechos de papel y nos permiten oír cómo el vecino ensaya el piano y, sin embargo, permiten alojar un panorama desolador. Hay un plano habilísimo en el que el pretendiente está presentándole toda clase de excusas. Están discutiendo dentro de casa pero enfrente de la puerta principal abierta. En un momento dado se abre un espacio entre ambos que permite ver desde la otra puerta del rellano a una mujer que no entra a su casa por interesarse por la conversación. Pero es una mujer en la que nos podemos ver reflejados nosotros mismos. Igual que ella está invadiendo una privacidad, nosotros estamos viendo lo mismo. El momento en el que este tema alcanza su cumbre es cuando toda la escalera se entera de que algo ha ocurrido en ese piso. Se llena de gente y todo el mundo tiene un montón de opiniones no pedidas que ofrecer.


viernes, 4 de noviembre de 2022

MEN

Dir.: Alex Garland
2022
100 min.

En la línea de “Última noche en el Soho”, con toda la violencia de nuestro terror contemporáneo. Ese descaro con el que la película muestra el elemento terrorífico sin que ella se inmute. Y por supuesto tenemos esa manera de mostrar los actos violentísimos con todo lujo de detalles y con plano estático. Hablo del momento en el que un cuchillo abre por la mitad la mano de la amenaza. Tras este momento (al estilo de “Hereditary” o la nariz amputada del soldado en “El hombre del Norte”) se preocupará de que el personaje herido lleve su grotesca herida con naturalidad.

La condena al género masculino es total. Se apoya en la idea del patriarcado como sistema en el que todos los hombres permiten que se den las agresiones. Como no podía ser de otro modo, el hombre rural se llevará su condena por su poco empática naturalidad. Se preocupa la película de que ningún hombre nos pueda resultar ni por asomo atractivo. En particular nos muestra a un niño a quien veremos por primera vez con careta, como ocurriera en “El hombre de mimbre”. Para que este niño no nos pueda despertar ternura tiene una cara extrañísima de ver. Demasiado grande para las proporciones de un cuerpo adulto, pero con un afeitado inusual para un niño.

La mayoría de las respuestas que dan los personajes son tremendamente predecibles. La intención es condenar todas las actitudes como partícipes de la amenaza. Pero así tenemos a policías hombres que dicen que un hombre desnudo delante de una mujer no es acoso, un hombre que dice que las mujeres tengan cuidado con lo que tiran al váter, un cura que culpa a la mujer del suicidio de su abusador, un abusador que pretende convencer a la mujer de que él es la víctima tras el divorcio, un chiste acerca de que una mujer comiendo una manzana está tomando la fruta prohibida… El problema es que desde que se empieza cualquier conversación vemos venir estas frases.

Aunque manido, me gusta cómo está expresado el mensaje total de la película. Así los hombres engendran a otros hombres. En unos partos que bien podrían pertenecer a “Titane”. Actos poco peligrosos pueden derivar en hombres más peligrosos para la protagonista. Lo único que la puede salvar es su amiga. Es cierto que la protagonista se salva a ella misma, cualquier otra cosa la colocaría en el lugar de una damisela en apuros. Pero hasta que no llega su amiga, por supuesto embarazada, pues de ella puede nacer algo hermoso; no la vemos sonreír.

Me gusta la puesta en escena de la escena del maltrato. Esa luz rojísima procedente del Támesis. Me gusta mucho más que las otras escenas en las que se juega con la oscuridad del jardín. Hay algunos planos del manzano que parecen sacados de los primeros momentos de “Lo que arde”. Me gustan las paredes rojas de la casa.


viernes, 18 de febrero de 2022

EL TERCER HOMBRE

Dir.: Carol Reed
1949
104 min.

La cara de Orson Welles iluminándose es el centro de esta película. Creo que es imposible llegar a ver la película sin conocer ese plano. La mirada juguetona, el ángulo imposible. Ves ese plano absolutamente descontextualizado y sabes que es un gran momento dentro de su obra. La provocación de meter el nombre de Welles en los títulos de crédito y no mostrarlo en pantalla hasta bien avanzada hace más poderoso este momento. Primero se nos informa de que Harry está vivo. Anna dice que el gato solo es cariñoso con Harry. Lo próximo que vemos del gato es acurrucarse a los pies de un extraño. Y por supuesto nos falta un personaje que hasta ahora no habíamos visto. Pero no sólo eso, además el título nos ha hecho pensar mucho tiempo que Welles, el misterioso personaje será este tercer tipo, quizás el asesino. Es un encuentro magnífico.

Aunque el pilla-pilla que viene a continuación es poderosísimo visualmente quizás resulta un poco naíf. Pero se lo podemos perdonar a la película ya que se ha declarado varias veces una historia de persecuciones propia de una novela barata. Nuestro protagonista es un escritor que dice estar haciendo su nueva obra, es decir, la historia que estamos contemplando. Eso es lo que nos prometen y nos dan mucho más.

Todas las actuaciones son magníficas. Hay que decir que hasta que está todo el mundo presentado, aquello es un desfile de sospechosos. Se nos presenta a muchísima gente. Repito que las buenas interpretaciones hacen que sea agradable. Lo primero que vemos del detective es esa imagen en un chubasquero, en negro brillante. Ese rostro enjuto y perfilado con un bigote. Maravilla el contrabandista vienés. Maravilla el doctor renuente, incapaz de darle un solo pedazo de información. Se nos deja ver que todo el mundo miente de alguna manera. Incluso aunque esto no nos lleve a ningún lado. Por ejemplo este doctor sabemos que está cenando en una mesa para dos. Mientras habla con el protagonista le pide que le excuse porque tiene invitados.

Otro personaje que es de una interpretación deliciosa es el británico que permite a Holly quedarse en Viena. Algún cargo de cultura. La cara estilizadísima. Aferrarse a un escritor del que nunca ha oído hablar. Modales exquisitísimos… Se agradece cada segundo que aparece en pantalla. Bueno, todos no. Nos sobra la conferencia fracasada. Entiendo lo cómico que es ver a un personaje así perder la compostura, pero justo por eso se hace menos interesante de ver.

Hay un momento que no pasa a mayores pero que me hace temer los derroteros que puede tomar la trama. Tras el asesinato del portero un niño acusa a Holly de haberlo asesinado. No hay motivo para ello. Sería una de estas desgracias que le caen al personaje sin justificación y que yo tanto odio.

La última persecución es grande por muchísimos motivos. El más literal, su duración. Pero además es que se desarrolla en dos escenarios, sobre tierra y bajo tierra. El primero de ellos es absolutamente privilegiado. Viena, una ciudad imperial destruida de esa manera. Con policías de todas partes, con toda clase de uniformes saliendo de detrás de cualquier montón de tierra. Por no hablar de ese exordio que es el vendedor de globos con ese baloon que resuena en la plaza vacía.

Después llegamos a la persecución en las alcantarillas. Todo un espectáculo de luces y sombras, en este punto no estoy descubriendo nada. Maravillosa la idea de mostrar a la vez a perseguidores y perseguido, los unos directamente, el otro en forma de sombra. De esta forma, Harry se aleja de ellos, pero su figura, su sombra, se hace cada vez más grande porque se acerca a la fuente de luz. Otra baza fuerte de esta escena es el sonido. La persecución con zapatos y el suelo mojado da un sonido muy especial amplificado por el eco de la alcantarilla. Los abrigos larguísimos permiten una estética muy especial. Por supuesto en esta escena tampoco falta un recurso que se ha estado explotando durante toda la película: los planos torcidísimos alejados de la verticalidad.


lunes, 13 de diciembre de 2021

ÚLTIMA NOCHE EN EL SOHO

Dir.: Edgar Wright
2021
118 min.

Temáticamente es de rabiosa actualidad. La misandria que provocan los traumas sexuales. Pero en forma nos recuerda a esa pléyade de películas alrededor de enfermedades mentales y juegos con la realidad y ficción. Películas como “Una mente maravillosa” y que yo pensaba que no tendríamos que ver más después de “Joker”. Quizás esta fuera la nota femenina que le faltaba a ese subgénero. Pero ni siquiera, porque ya existía “Perfect blue”.

El argumento empieza con un drama en la facultad. La protagonista tiene una bienvenida que podría pertenecer a cualquier película para preadolescentes de Disney. Por suerte esto se olvida relativamente rápido. Tiene por supuesto a un amigo inseparable a quien acaba de conocer. No sé si me termino de creer que haya un estudiante de diseño no gay. El caso es que este chico le sirve a la película para las posibles protestas diciendo que no todos los hombres son violadores. Se añade un hombre positivo y ya se han guardado las espaldas.

Me gusta que la película ataque a la nostalgia. Mostrando la sordidez de un mundo que la protagonista ve idílico y muy brillante: el Londres de los 60. Yo habría disfrutado más que el blanco de las críticas hubieran sido los incansables 80. Lo que es cierto es que la chica de los años 60 que nos presentan llega a una situación de explotación sexual de una forma un poco inexplicable. Su sueño era actuar. Es una mujer con muchísima personalidad. Sólo con llegar a los locales seduce a todo el mundo. ¿Cómo se le va de madre tan rápido la situación? La vemos una vez comerse la escena, comerse la pantalla, bailar, la cámara la quiere, los personajes antes de mostrar su faceta sórdida la quieren… Y de repente está sumergida hasta las rodillas en los bajos fondos de Londres.

Creo que esto de hecho explica la mayúscula decepción que provoca esta actriz. Esos ojos enormes que hacen que toda la atención esté posada en ella no le sirven para nada. Toda la actuación que tiene, la desarrolla en la primera escena. Por lo demás se dedica a aparecerse. No vuelve a actuar nunca más. Ni la actriz ni el personaje. Me parece muy paradigmático que la cámara dedique el clímax de la película a grabar cómo su retrato se envuelve en llamas, un poco como si fuera Laura Palmer. Porque eso es justo lo que es ese personaje, una belleza cuya misión es estar ahí mientras su mundo arde. Belleza que, por otro lado y de manera totalmente personal, se ve eclipsada totalmente por la otra protagonista.

Los puteros zombis. Dan mucho miedo. Es cierto que es un recurso que se sobreexplota, que se hace de manera burda, pero funciona. Dan miedo y la cámara no vacila a la hora de enseñárnoslos más y más cerca. Por ejemplo cuando la chica ya ha amanecido ahí no tiene sentido que nos vuelvan a asustar, en principio ahí no toca que haya más apariciones. Las hay, y nos asustamos. Todo el delirio final viene intensificado por el maquillaje de la fiesta de Halloween que ella no ha sido capaz de quitarse y le ennegrece los ojos.

La película se explica muchísimo a sí misma. ¿Os dieron drogas anoche? Y nos repiten el plano de la bebida que le da su archienemiga… El juego del proxeneta y el policía… Hay cosas de las que ya nos hemos enterado… Quizás casi lo que más ofende es cuando la anciana explica que borró las caras de los clientes del club nocturno. Hemos visto eso explícitamente y quedaba mucho más poderoso cuando las distintas imágenes se fundían en un borrón. Hay un juego con las caras muy interesante. Casi se diría que está en la película para apaciguar a las masas feministas revolucionarias violentas. Cuando la protagonista ha visto las degradaciones que la chica de los 60 tuvo que sufrir está a punto de declararse a favor del asesinato de los puteros. En ese momento los zombis vuelven a tener cara y es lo que le hace a ella retractarse.


viernes, 10 de diciembre de 2021

EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO

Dir.: Yorgos Lanthimos
2017
121 min.

Revisita de “El cabo del miedo”. Hipervitaminada. Notas de “Funny games” de Haneke en la rectitud de la familia protagonista. Tenemos lo mismo en “La favorita”. Pornográfica en cuanto al drama y a la tragedia como “Oldboy” pero más limpia en la forma por el cambio de década. Sucia como Lars von Trier.

Un chico con problemas mentales acosa desde el principio de la película a nuestro protagonista, un cardiólogo que mató al padre de éste por un error en una operación que realizó después de haber bebido. No sabemos si el protagonista es culpable de esta muerte. Mentira, él le regala cosas para paliar este sentimiento de culpa. Esto por otro lado hace que crezca en el antagonista la convicción de que tiene algo que reclamarle. Las primeras veces que vemos a la pareja protagonista-antagonista parecieran sugerir una relación homosexual. Esta idea viene reforzada por la voluntad del chico de convertir al protagonista en su padre.

Me gusta mucho la escena premonitoria del chico. Como una maldición describe con precisión síntomas que tendrán algunos miembros de su familia hasta la muerte. En las películas de la serie de directores que he mencionado con frecuencia nos encontramos muy perdidos. Aquí ocurre a veces, pero tenemos esta descripción de lo que nos cabe esperar.

Hay mucha simbología no solo cristiana sino de deidades en general. Hay una impactante escena alrededor del secuestro del chico en la que las tres posibles víctimas están a sus pies. Literalmente. Besan sus pies ensangrentados. Tenemos también los ojos ensangrentados del hijo, Bob. Una imagen muy cristiana. Hay un elemento muy protestante que son los hijos suplicando el amor de ambos padres. La condena o la salvación no depende de sus actos sino de la arbitrariedad de su juez. De hecho es justo así como termina la decisión.

Una constante a lo largo de la película son las manos del médico: limpias. ¡Puro cristianismo! Se lava las manos. No se mancha. No quiere sentenciarse culpable de la muerte de su paciente, no quiere ser quien rompa la relación con el chico, no toma la decisión de qué hacer con su familia hasta que no le queda más tiempo…

Lo que ocupa la segunda mitad de la película son las decisiones desesperadas de los protagonistas. Algo heredero de “Oldboy”. Así el bocado que se propina el antagonista en el brazo rima con la lengua cercenada de aquella película. El padre hablando de masturbación con su hijo. Los dos niños arrastrándose por el suelo de la casa y quedando por debajo del perro. La mujer siendo infiel. La mujer convenciendo al marido de que mate a alguno de los niños. Hay un momento en el que los dos niños están discutiendo entre ellos para convencer al otro de que va a morir.

Otro elemento que recuerda a “Oldboy” es el extraño atractivo de la persona que está arruinando la vida de esa familia. Me refiero a que no se ven capaces de matarlo, denunciarlo o en general resolver el problema. Hay algo que se menciona de forma fugaz: se le mantiene con vida, entre otras cosas, por la intriga que causa su poder. ¿Cómo consigue que la niña se levante de la cama cuando habla con él por teléfono? Nunca se explica.

Nicole Kidman roba la película. No nos sorprende en absoluto. Es magnífica. Esta fuerza convierte al marido en un padre de familia absolutamente incompetente. Mientras no hay adversidades, parece un tipo perfecto, como todo en esa familia. Además son una familia acomodada como acostumbran los directores centroeuropeos. Cuando la cosa se complica es un patán absoluto. No cura a los niños y luce sus capacidades superiores delante de su mujer. Al secuestrar a su acosador, la mujer debe limpiar el coche. Es Nicole Kidman quien cura a los niños durante la convalecencia. Toda la familia le rinde pleitesía al padre a cambio de sobrevivir. Hay una escena en la introducción de la película en la que se nos muestra que el tipo tiene un fetiche necrófilo. Nicole Kidman se convierte así en la candidata principal a morir.

Como he dicho antes, la película es muy pornográfica. La explicitud del drama es continua. El hecho de que muera el personaje con más pureza en sus actos ya es bastante. Pero hay más. Todo el rato vemos que las cosas empeoran. Todo ello apoyado en una música de tensión absoluta. Cuerdas frotadas frenéticas. Ruidos chirriantes en disonancia consigo mismos. El sonido de tensión en ocasiones comienza antes que la escena a la que acompaña. Cámara con movimientos muy suaves y con estabilizador de imagen. Diálogos mucho más calmados de lo que nos esperaríamos.

No me gusta nada el uso de la ópera de forma muy gratuita. Aparece al inicio, al final como gran protagonista. Al inicio lo que vemos es un corazón latir en un primerísimo plano que reta nuestra sensibilidad ya suficientemente curtida por otros creadores. Por supuesto algunos pertenecientes al mismo grupo que Yorgos, pero Buñuel había cortado una córnea muchos años antes. Al final vemos un niño sangrando y más ópera. Un subrayado con fosforito.


viernes, 15 de enero de 2021

EL HOMBRE DE MIMBRE

Dir.: Robin Hardy
1973
85 min.

¡Qué buena pareja de protagonistas! Son encarnaciones perfectas. El policía católico siempre de punta en blanco. Un pelo impecable. Rostro impenetrable. Por otro lado Christopher Lee, despreocupado. Con una voz seductora. Un pelo sin ningún sentido y unos modales propios de aristocracia inglesa. Un palacio ostentoso que incluye un órgano con sus tubos en su propio salón.

La película tiene una presentación muy tramposa. Tiene un planteamiento propio de un telefilme. Sin embargo antes de los títulos de créditos hemos visto un sol. Un icono pagano, con los trazos propios de una litografía, como el bosque de la introducción de “Pesadilla antes de Navidad”. Aun así una avioneta recorre unos paisajes preciosos, de rocas monumentales. Llega a un pueblo donde se le recibe con cierta desconfianza por los vecinos. De momento podemos vaticinar que será una historia donde vecinos y policía aprendan a vivir armoniosamente. Pero la película tiene muchas otras cosas que decir.

La isla es propiedad privada. Esto inmediatamente nos lleva a pensar en una sociedad feudal. Pero no lo es. El dueño es sólo sueño y líder espiritual. Su familia lleva tres generaciones inculcando rituales paganos. Ha convertido la isla en una secta. Un hombre que envidia el modo de vida de los caracoles por su simplicidad ha conseguido que la vida de todos en la isla sea sexo. Esto se nos muestra por primera vez cuando el mesonero da una comida horrenda pero aún así todo el pueblo va a ese local. ¿La razón? La hija del mesonero, de quien todos prueban y a quien todos ella busca. Cuando el policía protesta por la comida enlatada ella le dice: no todo es comida. A corte, unas imágenes del cementerio con gente retozando, bien entre ellos o bien a solas con los montículos de tierra.

La película es muy musical. Las canciones son preciosas en su mayoría. Con sonidos folk. Coros muy bien afinados, vientos de madera, violines, percusiones, arpas de boca… Por ejemplo se recrean los golpes de una cama contra la pared con un pandero a un ritmo sensual por lo lento. Cuando oímos música, entendemos que la película se pone ritual. Aparece una neblina; la imagen se aclara; los blancos se queman. Es muy reseñable la música alrededor de un árbol que versa sobre el poder de lo viril en la naturaleza. En la música que suena al principio y con la que se nos muestran los paisajes se oye un bordón perfectamente afinado con el motor de la avioneta.

La mezcla de vestidos modernos (no sólo contemporáneos) con las tradiciones paganas dan un resultado increíble. Estética de los 90 como la que enamora a la cantante Soko. Gentes con ropas contemporáneas y máscaras de animales. El desfile que lleva al protagonista a su sacrificio se hace con charangas. Muy suaves pero festivas. Es una imagen que resulta imposible de situar en la década de los 70. Nuestros ínclitos cineastas subversivos supongo que intentarán tapar esta película para que nadie sepa que ellos no han inventado nada.

En cuanto al sacrificio final, si lo hubieran grabado hoy en día; sería el centro de atención. Se habría hecho hincapié en el sufrimiento. Sin embargo la película se preocupa de que el protagonismo se lo lleve el pueblo cantando alrededor de la hoguera de sacrificios. Es un pueblo feliz. No es cruel, no buscan el sufrimiento del hombre que está en la hoguera. De hecho la persecución por la cueva tiene una música de guitarra eléctrica, no es música frenética, es festiva.

Resulta muy interesante eso sí cómo los gritos del sacrificado que dicen Dios se funden con los graznidos de patos y otros animales. Dios es la onomatopeya que emite el hombre al enfrentarse al sufrimiento.

En cuanto a la filosofía del dueño del lugar es la nada más absoluta. Se habla de conocer y temer a la naturaleza: contradicción en sí misma. No se teme lo que se conoce. En cuanto a la sublimación de lo sexual está llevado con una actitud de enfoque machista. Lo que se imparte en la escuela es que es el hombre la potencia sexual, es el hombre la fuerza generadora. Los ritos hacen que sean las mujeres las que deben estar desnudas. Todo inventado a la perfección para satisfacer los deseos del cacique.