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domingo, 15 de febrero de 2026

DOMINGO DE CARNAVAL

Dir.: Edgar Neville
1945
83 min.

Es una película policiaca en la que con frecuencia se abandona la trama de intriga. Me ha hecho pensar en este sentido las palabras elogiosas que Albert Serra le dedicaba a “El sueño eterno”: la modernidad de una película que muestra casi desprecio por su hilo conductor.

Fernando Fernán Gómez debería ser el protagonista de la película: es el detective que investiga el asesinato. Sin embargo Conchita Montes en su noble tarea de liberar a su padre de una injusta prisión preventiva, es la que acapara más minutos. Hasta tal punto que Fernán Gómez pasa varios minutos sin aparecer en cámara mientras Nieves, el personaje de Conchita, hace sus propias averiguaciones en un abarrotado baile de máscaras.

Lo mejor que tiene la película es su imaginería, de eso no hay duda. Aunque los elementos de cine negro se ejecutan aquí sin sonrojo. Los diálogos siguen esta rapidez y mordacidad de sus homólogos estadounidenses. La primera vez que el detective entra a la escena del crimen va acompañado de un hombre gordísimo al que le gusta jugar a resolver crímenes. Ahí se dice:

— ¿Quiere que le deje solo? Lo decía como soy vecino, a lo mejor quiere incluirme entre los sospechosos.

— Puedo incluirlo aunque se quede. ¿Es usted el autor del crimen?

— No. Creo que no.

— Haga usted memoria.

Nieves como femme fatale resulta muy sorprendente. La manera en la que se deja seducir por el detective y que ella seduce a un hombre en el baile de máscaras… Una chulería al hablar, un dejar caer la cabeza, una barbilla perfiladísima, un dejar la boca abierta al final de cada frase, un ingenio en sus diálogos. Es una maravilla. Resulta extrañísimo que una película de la época franquista un personaje protagonista positivo sea tan libertina. Una escena en la que además se estiliza, en cierto sentido, la ebriedad. Resulta curioso que nunca digan que están borrachas sino mareadas.

Se permite incluso dar un susto al espectador. En un momento en el que ella denota gran inciativa y valor, entra a la casa de la víctima. En ese momento ella se ilumina con una vela. Es muy bonito ver que en vez de meter una lámpara en la mano de ella, como Hitchcock, un iluminador se dedica a seguirla con un foco; en ocasiones quedando éste rezagado. Esta escena termina con la visión de un muñeco tan tétrico como se pueda imaginar moviendo por sí mismo la cabeza para dirigir su mirada hacia ella.

Hablemos de las máscaras. Aunque el baile de máscaras en el teatro es una escena espectacular (me encantan las voces chillonas que repiten: ¡que no me conoces!), hay un momento en el que el que el juego de espías está llegando a su fin y todo el mundo se mueve con menos cautela. Tenemos a los dos malhechores con unas máscaras de cerdo y de muerte que generan dos villanos maravillosos. Es una gozada cómo la cámara dedica planos a las máscaras de todo el mundo que está bailando en el cerro de San Isidro. Dada la importancia actual del folk horror, lo que aquí vemos de repente resulta premonitorio.

Es muy divertido que a Nieves la transporten en una cama, seguida por una comparsa. La llevan con una máscara aprovechando en entierro de la sardina. Pero la imagen de toda esa gente caminando por los terraplenes de Madrid, música, los disfraces… Una gozada.


viernes, 9 de mayo de 2025

EL HALCÓN MALTÉS

Dir.: John Huston
1941
100 min.

Es sorprendente que ocurran tan pocas cosas en esta peli. Con esto no quiero decir que carezca de trama, todo lo contrario. Sin embargo, la trama no pasa: nos la cuentan. Los personajes están continuamente contando versiones de su pasado y de sus intenciones diferentes. Cada vez que alguien empieza a decir algo así como Deje que le explique… sé que me esperan 3 minutos de diálogo que no me conviene escuchar muy atentamente porque 10 minutos después va a venir otro personaje (o el mismo) a decir que todo eso es mentira.

El principio de la peli es un contexto histórico (muy breve) absolutamente innecesario porque toda la información que nos aportan esas letras en la pantalla se repetirá en un diálogo bastante bien interpretado por Sydney Greenstreet. Este diálogo tiene la maestría de dado que el gordo es quien domina la situación está grabado desde abajo en un encuadre ocupado principalmente por su enorme barriga dando imagen de poder. Su interlocutor es Bogart, lo suyo habría sido grabarle como alguien pequeño por estar en desventaja. Pero claro, es Bogart, y simplemente se permite poner la cámara a la misma altura que él.

Las primeras imágenes que vemos en la peli son de San Francisco: puentes y edificios. Esto nos transporta a un ambiente urbano y creemos que seremos testigos de tiroteos en callejones oscuros, personajes sórdidos de la ciudad… Pero nada de esto ocurre. Solo despachos y gente hablando mucho y actuando poco.

Bogart es grande cuando tiene el control de la situación. Pero el guionista no tenía el control sobre su guión así que no es posible que Bogart domine ninguna escena salvo la final. Hay un romance que no sale de ningún sitio pero que dado que estamos en el Hollywood clásico nos daba la sensación de que estaba tardando en llegar. Pero llega en un momento donde ha habido tantos giros argumentales que ya todo nos da igual.

Me da un poco de pena que Peter Lorre haga de malo. Sólo con aparecer en pantalla ya se sabe que debe ser un perdedor. Aquí sin embargo es un malo inmediatamente inferior al malo malísimo. No puede ser que durante gran parte de la peli dependa de él el destino de los otros personajes.


viernes, 1 de noviembre de 2024

YO ANDUVE CON UN ZOMBIE

Dir.: Jacques Tourneur
1943
69 min.

De igual forma que tiene características del cine de serie B, tiene algunas imágenes muy potentes. Con sensibilidad artística. De lo primero tenemos el esquema clásico de la chica de cierta inocencia que llega a un lugar donde suceden hechos paranormales. Hay un cierto encorsetamiento en las escenas. No pueden disimular que están rodadas en un plató. Así por ejemplo es bastante fascinante el primer encuentro con Carrefour (nombre que hoy en día quizás no atemoriza como quisiera). Mientras que esa cabeza funciona a la perfección, incluso el montaje de ver los pies y después su cara es efectivo, no podemos dejar de percibir esas cañas altas como tremendamente artificiales. Nada que ver con lo conseguido que estaba el campo denso en “Onibaba (1964)”.

El monstruo de nuestra película funciona bien siempre. Su silueta es potente. Estilizada, de hombros anchos. Aunque tenga una expresividad corporal muy distinta, me hace pensar en Cesare en “El gabinete del doctor Caligari (1920)”. Sus andares son elegantes a pesar de que se nos muestre cómo arrastra los pies por la arena. Percibimos una fuerza sobrehumana a pesar de que nunca se ejerza. Los ojos pintados sobre los párpados generan un efecto maravilloso. Me gusta mucho el allanamiento de morada. Se acerca a nuestra protagonista inexorable. Esto está rodado sin apenas ningún sonido. No hay gritos de terror. La cámara aguanta fría este rostro acercándose más y más. Saliendo de foco. No es el único momento en el que la acción no está perfectamente a foco, pero en esta ocasión es así buscando un efecto.

Hay una especie de resolución de la trama que nunca me interesa demasiado. Ni termino de enterarme bien por qué la policía investiga nada, ni entiendo qué tiene que confesar la madre… Es la típica explicación que un personaje debe decir de palabra para resolver todo. Pero en este caso yo diría que tampoco hay un misterio como tal que nos haya mantenido en vilo. Nos ha interesado mucho todo el juego del vudú, que no necesita resolución ninguna.

Las imágenes de esta fiesta tradicional esotérica también parece muy alejada de las largas parrafadas que se dicen en la casa de los aristócratas para hacer avanzar la trama. El sonido te atrapa, el baile te convence del trace en el que se encuentran los participantes. Hay un hombre que baila con espadas, de ropa ceñida y negra, que hace unos movimientos muy misteriosos. Hay otras mujeres que sacuden su cuerpo con movimientos eléctricos casi como los que veíamos en “Orfeo negro (1959)”.

En cuanto a la luz hay un poco de todo. Hay momentos en los que las sombras se usan muy bien. Pienso en la primera interacción con la mujer zombi. En esta escena no le veremos el rostro con claridad pero su aspecto resulta muy cadavérico. Su delgadez, cuando ya la veamos bien iluminada, no es nada escandalosa. No tiene unas facciones que por sí solas puedan provocar el efecto de esa primera vez.

Hay sombras en el exterior proyectadas por las plantas del jardín que dificultan la iluminación de alguna escena, pero son las menos. Lo que sí será una constante en las estancias de esa casa son las sombras horizontales de las cortinas venecianas, como la oscura escena de “Casablanca (1942)”. En algún momento las sombras se vuelven duras, nunca tanto como la famosa carrera en “El proceso (1962)”. Hay una conversación entre la enfermera y ese trasunto de Vincent Price. Vemos las figuras humanas a contraluz y cuando la cámara nos muestra sus rostros de frente tienen una luz muy blanda que les proyecta finas líneas.


viernes, 20 de octubre de 2023

ALEMANIA, AÑO CERO

Dir.: Roberto Rossellini
1948
74 min.

Unas interpretaciones demasiado teatralizadas para nuestros estándares actuales nos hacen mirar con escepticismo el apelativo de realismo italiano. Pero lo que tiene una dosis de realidad arramblante es ver una ciudad en ruinas. Todo el escenario es desolador y eso no hay forma de fingirlo. Esa ciudad desprende la miseria que se pretende plasmar en la película.

La copia que he visto tenía serias necesidades de una restauración. Como la cámara pasa tanto tiempo en la calle la película se expone a la luz natural que muchas veces evita que los negros lleguen a ser tan negros como debieran. Yo me sigo sorprendiendo al ver cinematografías más dignas que la estadounidense hacer absolutas peripecias con la cámara en esta década. Me gusta mucho que la cámara entre en cualquier rincón de esa ciudad.

La historia que cuenta es una auténtica penuria. Se muestra a los seguidores de Hitler tras su derrota. La frase más memorable al respecto es cuando un hombre está quitando escombros y dice Éramos nacional socialistas y ahora somos nazis. Lo cierto es que se ve un gran desconcierto en estas personas. Todo ello sintetiza en el niño protagonista. Tras hacer tropelías para ganarse el pan obedece una idea que tiene su origen en los discursos de Hitler. Los débiles deben dejar paso a los fuertes. Entonces lo que hace es envenenar a su padre.

Lo complejo del asunto es que la persona que le transmite esta idea se horripila al descubrir que el niño ha cometido parricidio. Es como si los nazis simplemente hubieran comprado el ideario sin haber llegado a reflexionar nunca en las consecuencias de esas ideas llevadas a la práctica. Ante tal abandono, lo único que le queda al niño es suicidarse. He de decir que esta escena del suicidio me resulta bastante poco interesante. Le quedan pocas salidas a este muchacho y el suicidio se barrunta algunos minutos antes de que acabe la película. Le vemos vagabundear por Berlín hasta que por fin se arroja al suelo. Pero son varios minutos sin apenas suspense. Para más inri tenemos que soportar a un niño hacer gestos de persona adulta atormentada. Ese primer plano del niño sentado en una escalera llevándose las manos a la cara abrumado por la situación es lamentable. Dejando esto a un lado, en ocasiones el deambular de este chico me ha recordado a Jean-Pierre Léaud en “Los cuatrocientos golpes”.

Hay un personaje muy turbio con un par de apariciones muy breves. Me refiero a un hombre de bata blanca que vive en un edificio burgués en el que se esconden muchos otros. La manera en la que acoge a los niños que se acercan a esa casa nos hace pensar que no les depara nada bueno. Mientras que este hombre aparece sólo a llevarse a los niños, el antiguo profesor del protagonista también tiene unas manos suficientemente atrevidas como para que oscurezca a este personaje.

Me gusta el momento en el que los estadounidenses realizan turismo en los lugares en los que ardieron los cuerpos de Eva Braun y Adolf Hitler. En cualquier otra narrativa habríamos acompañado sus carcajadas de manera sádica.


viernes, 14 de julio de 2023

DIES IRAE

Dir.: Carl Theodor Dreyer
1943
105 min.

Aunque sólo sea por la condena en la hoguera es imposible no pensar en “La pasión de Juana de Arco (1928)”. Sin ser tan expresionista como aquella, esta mantiene algunos elementos como decorados sencillos realzando las figuras de los personajes. Los vestuarios que portan lo merecen. Las golas blancas alrededor del cuello, esa superficie indescriptible que Absalon lleva encima de los hombros, las capas, todo ello con la oscuridad de las ropas convierten a todas las figuras humanas en presencias con mucha fuerza.

Lo que más llama la atención es la seducción de Anne. La madre de Absalon está convencida de que en su mirada arden las llamas del infierno. Un no demasiado sutil juego de luces así nos lo hace sentir. Es muy habitual que ella esté manteniendo una conversación con uno de los dos hombres de la casa y que, cuando la malicia se cruza por su mente, haya un pequeño cambio en cómo están posicionados para que su compañero no proyecte sombra sobre su rostro y se pueda iluminar su mirada. Es un erotismo que funciona super bien. Es descarada, quizás demasiado evidente visto hoy en día, pero el morbo se mantiene. La manera en la que se sienta en la proa de la barca esperando a su amante podría escandalizar a cualquiera.

En la escena de la tortura a Marte, la bruja, vemos un tribunal tan inquisitivo como el de Juana de Arco. Disfruta y mira atentamente la situación. Me gusta cómo está iluminada la escena, de frente al tribunal, permitiendo que sus figuras proyecten sombras sobre las desnudas paredes. Cuando al fin arde en la hoguera tenemos una imagen con mucha menos violencia que la de Juana, pero mucho más icónica. Lo digo porque cae a la hoguera desde lo alto de la escalera en la que está atada. No tenemos una escena en la que vaya creciendo la tensión. Sólo jura vengarse a Absalon y un grito desgarrado y sucio por saturar el sonido acompaña su breve caída hasta las llamas. Unas llamas ya en su esplendor y sobre las que cae de frente.

Me gusta cómo la bruja que ha rechazado a Dios y se ha entregado al diablo lo que más desea es vivir. No le importa el cielo o el infierno del que tanto hablan los clérigos. Ella tiene una actitud tremendamente vitalista.

Me llama la atención que en España se haya traducido el título al latín mientras que en su versión original el título está en danés. En este día de ira, la próxima que va a sufrir la condena de Dios es Anne. Supongo que la película considera que sus motivos son suficientemente nobles y se evita mostrar su pena de muerte. Quien ha actuado mal es su esposo mucho mayor que ella, impotente, que ha robado su juventud. Ella para recuperar el tiempo perdido adopta fervorosamente a su hijastro, de su misma edad. El hecho es que su esposo es tan mayor, que me cuesta asumir que esa señora de gorro con ridículas orejeras sea su madre y no su hermana.

Le película termina con el plano de una brumosa silueta de una cruz cristiana con un tejado encima, un símbolo que no he sido capaz de rastrear, y con el que se abre “Lux Æterna (2020)” de Gaspar Noé.


viernes, 23 de diciembre de 2022

QUÉ BELLO ES VIVIR

Dir.: Frank Capra
1946
130 min.

El mensaje central de la película es una sacralización de la vida. Todo lo demás es una apología del individualismo estadounidense. Por algún motivo el tono de la película es festivo cuando lo que muestra es absolutamente trágico. Es terrorífico que la voracidad del capitalismo tenga como único obstáculo el trabajo de una única persona.

Quizás el punto más bochornoso del individualismo sea cuando se habla del ejército. En el mundo real el hermano del protagonista ha realizado una hazaña heroica en la Segunda Guerra Mundial. Se le montará un recibimiento en el pueblo festivo. Cuando en el mundo simulado él no va a la Guerra, triunfa un ataque de la aviación enemiga causando la muerte de los pasajeros de varios barcos aliados. Pensar que es el soldado el responsable del éxito de la operación y no de los estrategas militares es de un idealismo atroz. Revela que se creen toda la parafernalia del heroísmo que le montan.

Por otro lado, el triunfo de la avaricia del señor Potter lo que provoca en la ciudad es la proliferación de bares y clubes nocturnos. Es decir: la caída de la moralidad biempensante americana. Se muestra una degradación moral. Es un sistema de valores tremendamente frágil. En época la película era simplemente inconsciente, hoy es casi recochineo.

Aunque la mayor cantidad de película es una biografía del protagonista, la última media hora se lleva todo el peso. Es la parte más potente argumentalmente, pero también la que está más llena de cosas que hemos visto, probablemente por emulación de esta obra. Lo que vemos todo el rato y odiamos es al tipo sin aceptar el hecho sobrenatural. Es insoportable. El juego es clarísimo desde el principio: el mundo si él no hubiera nacido. Tarda muchísimo en descubrirlo. Es legítimo que se nos quiera mostrar cómo ha acabado cada personaje, es terrible tener que tragarse cada vez cómo se sorprende de que los personajes no le reconozcan.

Sí me gusta la idea de que si nadie sabe que él existe, no puede tener identidad. Es apenas un comentario que le hace el ángel, pero es una idea interesante.

De la primera parte me gusta el ambiente festivo. Me gusta la noche en la que ligan los dos protagonistas. Esa alegría con la que caminan por las calles es gloriosa, sobre todo por sus maravillosas interpretaciones. No me gusta tanto de esa historia de amor la idea de que están enamorados desde niños. Es repelente. Hay que decir que no tan repelente como la camada de niños que tendrán. El uno escribiendo una obra de teatro para la que necesita saber deletrear las palabras ‘aleluya’ e ‘incienso’; la otra ensayando villancicos al piano, la otra niña dando de deber a una flor… Son una familia terrorífica.

Es muy interesante la fuerte propuesta de que los narradores sean nebulosas. Es más aburrido que representen ángeles. Pero ese plano inicial surcando el cielo estrellado por el que se cruza una bola grotesca que representa sabe Dios qué astro recuerda mucho al inicio de “Cabeza borradora”. También con este tono galáctico tenemos las escenas en las que se revela la situación misteriosa en la que nadie sabe que existe. Ahí la música es casi de película de ciencia ficción.


viernes, 10 de junio de 2022

LA TORRE DE LOS SIETE JOROBADOS

Dir.: Edgar Neville
1944
81 min.

Un título absolutamente propio de la literatura gótica. Pero hay un problema: está ambientado en Madrid. ¿Qué torre inescrutable hay en Madrid que pueda albergar todos los misterios que requiere la trama? Ninguna. Solución: hacer la torre subterránea. Me parece bien; ya que asumimos el género de esa manera, hagámoslo bien. Tampoco tengo pegas con que diga siete jorobados. ¡Son muchos más! Pero el haberle puesto un número sugiere un misterio o una organización secreta… Como digo, todo concuerda con el género.

Con respecto al argumento sorprende que se aleje de la crudeza de las historias a las que nos tiene acostumbrados el cine español de la época. Tenemos un tipo que sufre por no ser capaz de invitar a cenar a la chica que le gusta y a su madre con el único duro que le queda. Por la aparición de un ser de ultratumba que ve el futuro, consigue enriquecerse apostando en la ruleta. ¡Esto es algo inaudito! Consigue el dinero con moralidad dudosa, haciendo trampas en juegos de azar, y la película no le castiga. Conserva el dinero, no peca de avaricia, es buen hombre… Yo esperaba que toda la película consistiera en condenarle porque no se puede conseguir nada en esta vida que no se merezca.

La parte propiamente de misterio está bien, pero sin nada particularmente interesante. Es divertido que el tipo se cruce continuamente con jorobados (de actuaciones más que correctas, todo hay que decirlo). Hay una escena en la que se traduce un jeroglífico… elementos tópicos que no aportan nada. Hay incluso una escena de hipnotismo.

Lo que es impresionante es cuando por fin se rebela la sociedad secreta de falsificadores de billetes jorobados que viven en una antigua ciudad judía subterránea. Las escaleras de acceso son impresionantes. El efecto es maravilloso. Por lo poco espectacular de todo lo anterior esta imagen es potentísima. Habíamos tenido escenarios convencionales y de repente ese pozo gigante. Pero eso no es todo porque tras el pozo está la ciudad. Es cierto que todo luce bastante de cartón, pero es impresionante. Por otro lado, lo que se construye es gigante. No sabría decir cuántos decorados distintos conforman la ciudad.

En esta ciudad encontramos al personaje más maravilloso de la película y que he visto en mucho tiempo en el cine. Se trata del tópico de un sabio que vive en su mundo si enterarse de nada. Es un arqueólogo que canta, que le gusta recibir visitas, que no despega la vista de su trabajo. Un tipo mayor, delgado, de barba y bigote graciosos… Cua, cua, cua. Principios del XIV finales del XIII. Cua, cua, cua. O sea que esto ya lo tenían los judíos, en Madrid. Todo él es caricaturesco, pero la interpretación de Antonio Riquelme es perfecta.

El final llega de forma bastante abrupta, desde dentro de la ciudad secreta dinamitan todos los túneles y se entiende que muere el jorobado parece que mandaba en ese lugar. La explosión es otro despliegue de medios. En el mismo pozo cuyo tamaño nos había impresionado antes empiezan a caer vigas, tuberías, agua y varios estropicios cuya escala con respecto a la escena entendemos mal, pero ello no hace sino aumentar la fascinación por lo que estamos viendo.

Con respecto a la aparición fantasmal del hombre con monóculo opaco, capa, cicatriz en el cuello y chistera. El efecto en el espejo no es particularmente llamativo, pero está bien hecho y entiendo que se quiera hacer gala de esta capacidad. Me gusta que no se desarrolle mucho la parte en la que el protagonista no termina de aceptar el hecho sobrenatural. Me parece inesperado y ocurrente que se aparezca Napoleón porque alguien está haciendo una suerte de güija y no sabe dónde tiene que aparecerse.

La interpretación del actor protagonista, Antonio Casal, sin ser sobresaliente, es bastante mejor que la que vimos en el endeble papel de “El hombre que se quiso matar (1942)”.


viernes, 18 de febrero de 2022

EL TERCER HOMBRE

Dir.: Carol Reed
1949
104 min.

La cara de Orson Welles iluminándose es el centro de esta película. Creo que es imposible llegar a ver la película sin conocer ese plano. La mirada juguetona, el ángulo imposible. Ves ese plano absolutamente descontextualizado y sabes que es un gran momento dentro de su obra. La provocación de meter el nombre de Welles en los títulos de crédito y no mostrarlo en pantalla hasta bien avanzada hace más poderoso este momento. Primero se nos informa de que Harry está vivo. Anna dice que el gato solo es cariñoso con Harry. Lo próximo que vemos del gato es acurrucarse a los pies de un extraño. Y por supuesto nos falta un personaje que hasta ahora no habíamos visto. Pero no sólo eso, además el título nos ha hecho pensar mucho tiempo que Welles, el misterioso personaje será este tercer tipo, quizás el asesino. Es un encuentro magnífico.

Aunque el pilla-pilla que viene a continuación es poderosísimo visualmente quizás resulta un poco naíf. Pero se lo podemos perdonar a la película ya que se ha declarado varias veces una historia de persecuciones propia de una novela barata. Nuestro protagonista es un escritor que dice estar haciendo su nueva obra, es decir, la historia que estamos contemplando. Eso es lo que nos prometen y nos dan mucho más.

Todas las actuaciones son magníficas. Hay que decir que hasta que está todo el mundo presentado, aquello es un desfile de sospechosos. Se nos presenta a muchísima gente. Repito que las buenas interpretaciones hacen que sea agradable. Lo primero que vemos del detective es esa imagen en un chubasquero, en negro brillante. Ese rostro enjuto y perfilado con un bigote. Maravilla el contrabandista vienés. Maravilla el doctor renuente, incapaz de darle un solo pedazo de información. Se nos deja ver que todo el mundo miente de alguna manera. Incluso aunque esto no nos lleve a ningún lado. Por ejemplo este doctor sabemos que está cenando en una mesa para dos. Mientras habla con el protagonista le pide que le excuse porque tiene invitados.

Otro personaje que es de una interpretación deliciosa es el británico que permite a Holly quedarse en Viena. Algún cargo de cultura. La cara estilizadísima. Aferrarse a un escritor del que nunca ha oído hablar. Modales exquisitísimos… Se agradece cada segundo que aparece en pantalla. Bueno, todos no. Nos sobra la conferencia fracasada. Entiendo lo cómico que es ver a un personaje así perder la compostura, pero justo por eso se hace menos interesante de ver.

Hay un momento que no pasa a mayores pero que me hace temer los derroteros que puede tomar la trama. Tras el asesinato del portero un niño acusa a Holly de haberlo asesinado. No hay motivo para ello. Sería una de estas desgracias que le caen al personaje sin justificación y que yo tanto odio.

La última persecución es grande por muchísimos motivos. El más literal, su duración. Pero además es que se desarrolla en dos escenarios, sobre tierra y bajo tierra. El primero de ellos es absolutamente privilegiado. Viena, una ciudad imperial destruida de esa manera. Con policías de todas partes, con toda clase de uniformes saliendo de detrás de cualquier montón de tierra. Por no hablar de ese exordio que es el vendedor de globos con ese baloon que resuena en la plaza vacía.

Después llegamos a la persecución en las alcantarillas. Todo un espectáculo de luces y sombras, en este punto no estoy descubriendo nada. Maravillosa la idea de mostrar a la vez a perseguidores y perseguido, los unos directamente, el otro en forma de sombra. De esta forma, Harry se aleja de ellos, pero su figura, su sombra, se hace cada vez más grande porque se acerca a la fuente de luz. Otra baza fuerte de esta escena es el sonido. La persecución con zapatos y el suelo mojado da un sonido muy especial amplificado por el eco de la alcantarilla. Los abrigos larguísimos permiten una estética muy especial. Por supuesto en esta escena tampoco falta un recurso que se ha estado explotando durante toda la película: los planos torcidísimos alejados de la verticalidad.


viernes, 28 de enero de 2022

EL PIRATA

Dir.: Vincente Minnelli
1948
102 min.

Ver un donjuán presuntamente español bailar de esa manera es insostenible. Más aún cuando el baile en “Niña” tiene fuerte inspiración flamenca. Toda la fuerza de las pisadas y de los movimientos flamencos no se vislumbran en las ligeras piruetas de Gene Kelly. Este mismo pecado le ocurre a la música. Se arranca un tambor de marcado ritmo de bolero que pronto se pierde entre las jazzísticas trompetas americanas. En resumen no nos creemos nunca la hispanidad de ningún personaje.

Más grave me parece la frase del protagonista en la que le explica a Judy Garland que en otras tierras la gente se casa por amor. Es de risa que haya tenido que salir de la tierra que inventó el personaje de donjuán para descubrir el romanticismo.

Digamos que en general la película funciona. La trama no tanto. Me gusta la sonoridad de los gritos de Macoco. No me gusta tanto que un pirata tan temido y tan fiero no sea capaz de luchar contra un grupo de actores de feria. Se asegura que el hombre con el que se va a casar Judy Garland fue pirata. Pero es algo que nunca vemos demostrado. Es difícil hacer algo así cuando se ha dedicado un número a estilizar la figura del pirata y quieres que Pedro Vargas sea un personaje malvado. Es aburrido cómo el cine americano no se permite ni un ápice de estética al pirata real.

El número en el que Judy Garland fantasea con Gene Kelly vestido de pirata funciona muy bien. Se asume totalmente teatral. El foco que ilumina al bailarín tiene forma de estrella y su propia sombra se proyecta en la lona que hace de cielo. Pero hay algunas apuestas fuertes por el cine. Me refiero al plano picado tomado desde lo alto de un mástil. Algo que rompe totalmente el punto de vista teatral y que, por otro lado, deja al descubierto momentáneamente el set de fuegos artificiales. Los momentos donde vemos las trampas la verdad es que son deliciosos. Así tenemos por ejemplo cuando vemos los alambres que sujetan a Gene Kelly mientras hace funambulismo o los maravillosos contraplanos de cartón pluma que responden al mar caribeño.

Una de las escenas más memorables es en la que Judy Garland le lanza absolutamente todo lo que encuentra por la habitación al descubrir que él la ha engañado y que realmente no es un pirata. Además de lo espectacular y lo insistente, es bastante graciosa por lo desbocada. Antes de esto hemos tenido otra escena maravillosa de ella acudiendo a su encuentro absolutamente encendida porque cree que la requiere el pirata. Y es que su actuación a lo largo de toda la película llama mucho la atención. Está varios niveles por encima de todos los demás. Todos los actores actúan con la ligereza y la pantomima propia del género mientras ella actúa de verdad.

Conviene señalar que los grandes errores de los hombres protagonistas que les impiden consumar sus planes son su orgullo. Por la forma en la que ejercen su oficio. En un caso el de actor y en el otro el de pirata.

Hay un personaje llamado Capucho que está siempre por en medio y que nunca aporta nada a nada.

El número con más baile es el de la canción “Be a clown”. Canción que después aparecería en “Cantando bajo la lluvia” con la forma de “Make ‘em laugh”. El número se repite dos veces. La primera vez es mucho más aguantable que la segunda. La segunda vez vemos a la pareja protagonista bailar vestidos de payasos. Es un número muy largo pero entiendo que era exigencia que los dos protagonistas bailaran juntos.


viernes, 8 de octubre de 2021

LA ÚLTIMA ETAPA

Dir.: Wanda Jakubowska
1948
106 min.

La trama se desarrolla casi exclusivamente en el hospital femenino de Auschwitz. Esto nos permite ver el trato directo entre nazis y prisioneras. La película se aleja por tanto del militarismo al que nos tiene acostumbrados el cine americano cuando trata este tema. De igual modo vemos que estos nazis no son las máquinas de matar que son los soldados del cine americano. Más bien son seres bastante pasionales y algo rastreros. Así los vemos cómo en el espolio a los judíos los funcionarios se llevan una parte de forma corrupta y completamente asumida.

Sí se refleja esta frialdad en los altos cargos, pero ninguno de ellos pisa nunca el campo. Quizás el momento más frío es cuando un ingeniero habla acerca de cómo mejorar los hornos crematorios para aumentar su productividad. En esta misma escena se debate la conveniencia de poner a trabajar a los prisioneros, ya que matarlos directamente es una gran pérdida de mano de obra.

La esperanza de las prisioneras se vuelca totalmente en el frente ruso. De los americanos nunca se habla como salvadores. Es cierto que a ellas les queda mucho más cerca el frente ruso que la costa francesa, pero igualmente es un enfoque que no parece muy frecuente en las películas americanas.

Se ve reflejada también la crueldad entre prisioneras. Aunque es un asunto que está edulcorado para hacer más heroicas a las protagonistas. Los personajes más crueles de la película son las prisioneras que tienen un cargo sobre el resto. Los alemanes designan a prisioneros como último eslabón en la cadena de mando. Son quienes más contacto tienen con ellas y por tanto quienes más oportunidad tienen de propasarse. El otro personaje que es altamente despreciable es una prisionera que viene de un alto estatus social y que asegura no ser judía. Es un ser incompetente, imbécil, a quien se la engatusa leyéndole las cartas utilizando para ello una baraja de póker.

La interpretación que más llama la atención es la del militar con traje oscuro y hablar tranquilísimo. Sus pantalones anchísimos y su vestir en general le dotan de gran elegancia que acompaña con su calma. Quizás este personaje justamente se parezca más a los nazis a los que nos acostumbra el cine americano. Además de él los soldados que simplemente vigilan el campo son los otros seres tremendamente deshumanizados. Más que soldados parecen elementos del paisaje.

La vez que la cámara más se esfuerza por realzar a un personaje es el suicidio de la mujer que trata de escapar. Mientras los nazis están a punto de ahorcarla, ella se corta las venas. En ese momento empieza un discurso para motivar a los prisioneros mientras el ejército rojo cruza el cielo disparando a los nazis. Ahí la cámara graba en contrapicado muy al estilo del cine soviético.


viernes, 8 de enero de 2021

ROMA, CIUDAD ABIERTA

Dir.: Roberto Rossellini
1945
100 min.

La película está borracha de cine estadounidense. La narración lleva la marca de agua de Hollywood. Sin embargo se permite muchas más libertades que el cine americano. Por ejemplo se utiliza una cámara en lugares poco canónicos como entre los barrotes de una escalera. Se graba desde una camioneta a una mujer corriendo. No se busca una limpieza en la escena como sí hacen los americanos. Por otro lado está más que excusado el tono extranjero. Hacía poco tiempo que el modo de hacer estadounidense había mostrado sus posibilidades en “Casablanca”. Esta clase de grandeza es la que necesita el pueblo Italiano en una Europa aún en guerra.

El movimiento se llama neorrealismo. Uno podría esperar aquí naturalismo, pero el nombre no dice eso y, de hecho, no es lo que nos encontramos en la película. Vemos realidad. Sobre todo en los escenarios. Los exteriores son palpables y más aún los interiores. Vemos una curiosa cafetera, antigua, con uso. Los edificios medio derruidos por la artillería son reales.

El retrato que se hace del nazismo es de absoluta barbarie. De hecho uno de los militares de alto rango en una noche en estado de embriaguez sentencia que lo único que saben hacer los alemanes es matar. Han llenado Europa de cadáveres sin conseguir nada. Esto se muestra también con una pareja de alemanes que llegan a un restaurante con dos corderos y quieres que se los cocinen. Al responder el mesonero que él no es carnicero y que así no le valen de nada, los soldados se llevan los animales detrás de la casa y los matan de un tiro asegurando con orgullo que esa tarea se les da bien.

El argumento es la supervivencia de los opositores al nazismo. No es un relato sólo de activistas políticos. Todo el pueblo de Roma sufre la ocupación. Es tremenda la imagen de los nazis vaciando un edificio entero porque buscan a una persona. Es algo mucho más trágico que las clases de inspecciones que podemos ver en otras películas como “El pianista”. Esta escena termina con una mujer embarazada corriendo detrás el camión en el que se llevan a su prometido. Los alemanes abren fuego. Cae al suelo y el cura y su hijo recogen su cuerpo. La actuación de Anna Magnani es una maravilla.

Hay ciertas imágenes muy crudas. Quizás por la tragedia general que se vive, no se perciben como tales. Durante la inspección del edificio el cura sube a la azotea. Allí encuentra a un niño que tiene una bomba. Una bomba que los niños del edificio guardan de forma habitual para sus pequeños atentados. El propósito del niño es detonar la bomba matándose él y a todo el edificio pero también a unos pocos nazis. Se muestra la impactante imagen de un cura peleando con un niño por conseguir una bomba. Más cruda es incluso la imagen de la mujer que es seducida por los nazis a cambio de morfina. Esa mujer nazi recibiendo en su regazo a la italiana completamente drogada. Ahí hay una maldad genuina que no se muestra siempre con tanta explicitud.

Una de las grandes escenas de la película es el silencio de los prisioneros. El general alemán, de largas pestañas y entallado uniforme, no da crédito a su silencio. Él estaba convencido de que hablaría. Hablaría a pesar de usar golpes y sopletes. Hablaría porque no hablar sería estar a la altura de un alemán y eso no es tolerable en un no ario. El discurso que da el cura en ese momento acerca de que él sólo ha ayudado a gente es muy efectivo. Para este efecto se basa en el modo de hacer americano.

El final de la película es la muerte en un fusilamiento del cura. Aquí hay una gran provocación al hacer que dos filocomunistas mueran como mártires y, más aún, con referencias a Jesucristo. Tras esta muerte los niños entran de nuevo a Roma. A Roma entran los romanos, no los fascistas.


viernes, 24 de mayo de 2019

OCHO SENTENCIAS DE MUERTE

Dir.: Robert Hamer
1949
106 min.

He visto esta película porque tiene la peculiaridad de que un mismo actor interpreta a ocho personajes. Sin embargo algunos tienen un papel tan breve y otros están tan caricaturizados que es difícil ver al actor en ellos. Por tanto ¿bien ejecutado? Sí pero le quita el interés al asunto.

La película está constantemente narrada. Esto aunque es poco elegante como forma de narrativa soluciona bastantes conflictos de forma rápida. Apenas hay escenas. Todo cuanto se ve es para hacer avanzar la acción pero es raro que dos personajes interactúen en una localización. Casi todo lo que ocurre es narrado. Por supuesto hay diálogos importantes como la primera vez que habla con su futura esposa.

Aunque el protagonista es un asesino en serie los asesinatos y las muertes se muestran como algo sin importancia. No resulta muy divertido si es que este es el objetivo pero sí es humorístico ver al protagonista enormemente caballeresco en situaciones tan estrafalarias. Con esos trajes tan largos.

Hay bastantes errores de iluminación en las escenas de exteriores con blancos que hacen la pantalla algo incómodo de mirar. Alguna hay que está bien pero es especialmente desagradable ver los árboles de hojas reflejando el sol por todas partes.

Aparte de todo esto hay que reconocer que sabe mantener la atención del espectador. Podría devenir fácilmente en una serie de episodios con no mucha relación y con patrones repetitivos pero se evitan hábilmente.

Del mismo modo es muy inteligente el final. Tan solo un plano antes de que ponga The End parece que cualquier desenlace iba a ser decepcionante. Sin embargo el final es bastante bueno aunque insatisfactorio.


miércoles, 15 de mayo de 2019

LUZ QUE AGONIZA

Dir.: George Cukor
1944
114 min.

La narrativa en el cine clásico siempre deja una sensación extraña. Por un lado nos deja un poco insatisfechos por la simplicidad del relato. Por otro lado hacen las historias muy grandes.

Nos cuentan la historia da Paula una mujer cuyo marido quiere volver loca para poderle robar las joyas. Aunque esto no lo sabemos al principio de la peli (siempre que no hayamos leído la sinopsis que viene en la caja).

La película es una adaptación de una obra de teatro y lo cierto es que algunos actores son tremendamente teatrales. La primera vez que tenemos esta impresión es con el brevísimo papel de un profesor de canto italiano. No sé expresar muy bien qué ocurre con esa actuación pero nos convence muy poco. Ocurre de nuevo con la vecina cotilla que de alguna manera intenta introducir algunas líneas cómicas. No recuerdo todas, pero juraría que no funciona ninguna. En especial sus dos frases en el clímax de la peli.

El personaje de Paula es una gran víctima. Suelo odiar bastante a las víctimas pero en este caso ella no es débil. Realmente hay alguien que la machaca con gran astucia, sin piedad y maldad genuina. Odiamos al marido de forma muy visceral. El gesto continuo de las cejas ayuda mucho a fabricar este rechazo.

Es cierto que al final tiene que venir el policía de Scotland Yard a salvarla, pero no podemos esperar otra cosa de una película de los años 40. Ese papel está muy bien también. El actor tiene una forma de gesticular que recuerda a veces a Ewan McGregor. Está muy bien escrito este papel porque no acapara mucha atención durante la peli. Pero cuando va a convertirse en una pieza clave se presenta como alguien importante en la trama.

Del mismo modo muy buena construcción de la locura de ella. Ayuda mucho que sistemáticamente sea capaz de señalar todo lo que ocurre durante sus delirios. Y los primerísimos planos con unos juegos de luces muy interesantes. Es muy bonito ver en este tipo de cine cómo el actor avanza hasta justo el punto exacto donde va a tener su cara iluminada. La iluminación en general juega un papel bastante importante. El Londres nocturno está muy conseguido.

Un papel que podría ser algo discreto pero que está muy bien es el de la criada. Una chica borde pero que juega a seducir al marido. En este cine si una chica seduce a un personaje, también seduce al público. Esto no se puede permitir en este personaje porque es negativo. Es cierto que hay un trasfondo machista que juzga duramente que sea promiscua y es lo que le da ese punto negativo, pero no vamos a ponernos exigentes con una peli de 1944.