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viernes, 6 de junio de 2025

LA MIRADA DEL SILENCIO

Dir.: Joshua Oppenheimer
2014
103 min.

La estética llega a sitios sorprendentes. La fotografía está muy cuidada. Podemos reconocer brillos incomodísimos en la tez de muchas de las personas que se ponen ante la cámara. La iluminación obviamente no es la idónea y aun así, consigue que las escenas sean agradables de ver. Igualmente tiene una gran habilidad para encontrar planos estáticos sorprendentes muy estilizados. Podemos distinguir el trabajo cromático al que se someten algunos de sus cielos. El plano que sirve de exordio para la conversación más tensa es muy potente visualmente. Primero hemos visto un cielo morado con pájaros de silueta muy definida cruzando el cuadro. El siguiente y último plano de situación tiene una división horizontal: en la parte superior se mantiene este cielo y se mantienen estas figuras voladoras. En la parte inferior una negrura permite que se adivine una casa con la luz que sale por las rendijas de sus tablones, haces de luz de visible aura.

Durante las conversaciones se aprecia una habilidad para el ritmo. El montaje y los silencios cargan de dignidad a Adi Rukun, quien conduce el diálogo. Realmente la película parece un regalo para él. Tiene interés cómo reacciona una persona que unos pocos años antes ha contado un relato con orgullo y sangre fría los actos más sádicos posibles. Tiene un componente morboso que se le permita hablar al verdugo, que se le deje el tiempo para que hinche su pecho y que después su entrevistador le arrincone para que no pueda evitar los juicios morales de lo que está contando. Eso es algo muy fuerte de ver, pero no deja de haber un tono revanchista.

Es admirable cómo mantiene la calma, pero podemos ver en sus palabras que las preguntas se formulan con rencor. Cómo no. Pero ello provoca que el asesino se ponga a la defensiva y el resultado es que escuchamos las mismas respuestas más o menos en todos ellos. Todos justifican sus acciones, lógicamente cuando se les dice que están ante el hermano de una de las víctimas ya no hay ese regocijo, pero o bien se evita la responsabilidad o bien se cambia el nivel de la conversación: se eleva a una visión política en vez de moral.

Los puntos de vista de las dos partes son irreconciliables en una conversación rápida y a traición. Los asesinos no han sido cuestionados nunca. Tienen su visión tan arraigada que sería un acto de humildad inesperado que le dieran la razón a quien viene a su casa a violentarlos. Sí, lógicamente da gusto ver a seres tan atroces sentirse incómodos, pero no tengo tan claro que eso sea constructivo para nada.

No recuerdo si en “The act of killing (2012)” se relataba el hecho de beber sangre. Muchas veces en esta película no sentimos todo el impacto que los recuerdos deberían producirnos porque son historias demasiado parecidas a las que oímos en el primer documental. Pero que alguien que obviamente tiene la cabeza ida por los brutales actos que realizó se jacte de no haber perdido la cabeza por haber bebido la sangre del cuello de sus víctimas es algo insólito.

Es también llamativo cómo evidentemente Joshua Oppenheimer labró una relación con los asesinos durante el primer rodaje. Ellos ven en él un rostro amigo. Así cuando empiezan a sentirse incómodos podemos ver cómo sus ojos buscan a Joshua, cómo le piden explicaciones. Cómo buscan un diálogo amable como fue el de su primera visita.

La imagen que se erige en su póster de las gafas de óptico tiene un momento muy concreto en el que se gana ser el icono de la película. Un verdugo de rostro chupado y orejas grandes las lleva durante mucho rato de su conversación. Se convierten en ese momento casi en el uniforme de los asesinos. De alguna manera nos aliena de ese rostro. Es imposible no sentir que la película pierde el respeto a estas personas. Por eso digo que toda la película parece un regalo para quien busca que alguien le pida perdón. No sólo el rodaje es una ocasión única para él; el producto final es irreverente con esas personas cuando nadie más en su entorno lo es.

Una frase que se repite varias veces es que todo aquello ya está cerrado. Que esto solo viene a reabrir heridas. Esta frase en España la tenemos muy oída. Se nos incendia un poco la sangre al oír cómo se exige que no se hable de lo que ocurrió por ser pasado y acto seguido, con toda la arrogancia de quien se sabe impune, se amenaza a Adi Rukun. El militar está deseoso de conocer cualquier mínimo dato de su identidad que le permita exterminar con el mismo salvajismo cualquier remanente que quede de comunismo. Es como si la limpieza no fuera política, sino de pureza de sangre.

Algo que se decía en el anterior documental y que aquí los asesinos repiten es que los comunistas no tenían religión. No es descabellado pensar que esto es cierto. Aquí Adi decide catalogar esta frase de propaganda. No me parece muy inteligente argumentativamente porque frente tal aseveración quien estuvo presente en los años 60 tiene las papeletas de ganar. Pero el tema de la propaganda nos deja una rase maravillosa. Uno de los mayores asesinos habla a cámara y dice que el exterminio comunista fue una cuestión internacional: deberían llevarnos a Estados Unidos. No digo en avión, pero nos conformamos con un crucero. Al fin y al cabo fueron ellos los que nos enseñaron a odiar a los comunistas.


viernes, 29 de marzo de 2024

THE ACT OF KILLING

Dir.: Joshua Oppenheimer
2012
117 min.

Es arrolladora. Un retrato de la maldad único. Alejado de cualquier otro problema moral antes planteado. La impunidad del mal la hemos visto por ejemplo en “El experimento (2001)”. Hemos visto múltiples historias sobre nazis en las que los verdugos deshumanizan por completo a sus víctimas. Pero la situación en esta película es de una complejidad increíble: mientras que ellos tienen remordimientos por sus acciones, la sociedad en la que viven glorifica su masacre.

La misma película tiene elementos que nos hacen incomodarnos. Quizás uno de los momentos más potentes sea aquel en el que el protagonista y verdugo: Anwar Congo interpreta a una de sus víctimas. Es tremendo porque el actor sufre realmente al hacer esta escena. Hemos oído muchas veces a lo largo de la película que los fantasmas de sus víctimas le atormentan por las noches. Sabemos que tiene remordimientos. Pero en este momento se derrumba y no puede completar la grabación. Sabemos que cada quien lleva sus traumas como puede y nos generamos en la cabeza las justificaciones necesarias para sobrellevar nuestras acciones.

A pesar de ello es de no dar crédito sus comentarios a esta escena. Explica al director que la humillación a la que se ve sometido le aterroriza. Hasta tal punto retuerce la realidad que dice: Me he sentido como se sentían mis víctimas. Esta frase tan desubicada revela hasta qué punto él se distanciaba de las personas que torturaba. Pensaba tan poco en lo que implicaban sus acciones, que considera comparable un rodaje y una ejecución real. El disparate es tal, que el propio director interviene para señalarle el sinsentido.

El sufrimiento de este hombre nos sitúa en un lugar muy incómodo. Al fin y al cabo estamos viendo a un hombre destruido. Pero es un hombre con un pasado tan terrible que nos resulta imposible empatizar con él. Vemos una dosis de realidad abrumadora, lo que hay delante de la cámara es sólo una muestra de un padecimiento que ya dura décadas. Pero es un padecimiento que él mismo se ha buscado. No se trata de una sociedad como la nazi en la que se deba cumplir un ideario, es una revolución que se ha impuesto en ese país y con la que él ha decidido colaborar.

Pero no es la única persona que sufre en la película. Hay una recreación de una matanza en la que se utiliza a una serie de extras. Cuando la cámara corta vemos a mujeres y niños realmente conmocionados por lo que acaba de ocurrir. Hay una niña que llora mientras uno de los asesinos le felicita por la toma que acaba de realizar. Ya antes de esto hemos visto llorar a niños cuando un hombre mayor interpreta a una víctima. Los asesinos, buscando la violencia que ellos han aprendido del cine de gánsteres, no escatiman en gritos y maltratos. Los nietos de este hombre se tiran al suelo a intentar ayudarle sensiblemente afectados.

El aspecto político es enormemente único. Saben que lo que hicieron está mal. Pero no existen leyes que les vayan a condenar. Las convenciones de derechos humanos las rechazan. Hay quien opina que es mejor no desvelar la Historia no por mantener pulcra su imagen, sino para que eso no provoque inestabilidad social. Desde una perspectiva española es imposible no pensar que esas opiniones se vierten tan solo tras haber transcurrido 40 años de los crímenes y aquí seguimos sin querer desvelar los muertos de hace 80. Como muestra de lo próximo que está el asunto, un miembro del equipo de rodaje relata cómo teniendo él 11 años tuvo que recoger con la ayuda de su madre el cuerpo de su padre la mañana siguiente de que lo obligaran a abandonar de su casa. Hubieron de enterrarlo sin que nadie les ayudara para no ser asociados con comunistas.

Un miembro del gobierno visita el rodaje y el tipo también mantiene una posición delicadísima. Por un lado quieren mostrarse fieros para evitar revueltas de tipo vengativo. Se llega a explicitar que no hay levantamientos comunistas porque les temen. Pero por otro lado no le gusta el resultado de la escena porque le parece que les muestra como gente cruel. La palabra cruel se repite muchas veces. Buscan hacer ver que son capaces de cometer los actos que niegan haber cometido.

El líder de las juventudes es un tremendamente despreciable. Aficionado al golf. Baboso con las mujeres que le rodean… Las juventudes se declaran colaborativas en todo tipo de actividades ilegales. En sus discursos asegura que los comunistas son una amenaza para la patria. No deja de ser llamativo que un ideario como ese no tenga ningún problema en abrazar las formas de ocio estadounidenses: bolos, golf o el letrero de McDonalds con el que abre la película. El cine estadounidense, de hecho, es algo casi personal para nuestros protagonistas. Aparte de que su violencia es la que asimilan como estética propia, la venta de entradas a estas películas era parte importante de su sustento. Así la represión comunista a este tipo de cine les afectaba directísimamente.

Son los protagonistas de la película los que deciden cómo ha de ser. Esto provoca un par de escenas de una estética terrible. La icónica imagen de unas mujeres bailando saliendo de la boca de un pez incluye a un hombre gordo travestido. Casi al estilo de Divine en las películas de John Waters. La idea de estos zumbados es que interprete a un personaje femenino, grotesco y cómico. Cómico porque protagoniza escenas en las que sufre violaciones por comunista. Esta fealdad no se limita a la película que planean. Uno de ellos muestra a cámara una colección de figuras de cristal que va comprando por sus viajes a lo largo del mundo. Unas figuras terriblemente horteras, brillantes… Feísimo.

Por tratarse de un régimen cimentado en el odio a los comunistas, tienen la libertad como concepto clave. Enarbolan la etiqueta de gánster porque etimológicamente en su idioma significa hombre libre. Por supuesto resulta muy grotesco escuchar este valor en la boca de un régimen represor. El punto más llamativo a este respecto es un plano en el que unos coches esperan en un paso a nivel mientras lo atraviesa un tren. Por megafonía escuchamos por qué los ciudadanos deben obedecer las leyes de tráfico.


viernes, 13 de octubre de 2023

ARAÑA SAGRADA

Dir.: Ali Abbasi
2022
117 min.

Es bastante pornográfica. Con explicitud se nos obliga a despreciar al protagonista y con explicitud se da muerte al villano. Así todo el odio que hemos acumulado hacia él será visceralmente satisfecho al hacerle colgar de la horca. Incluso se fomenta el disfrute de la venganza al hacer creer al protagonista que se va a salvar. Cree que Dios está de su parte y que no permitirá que nada malo le suceda.

La primera prostituta a la que vemos asesinada yace en el suelo con los ojos inyectados en sangre tras haber muerto de asfixia. Y esto se superará con el asesinato y reasesinato de una mujer más fuerte de lo que este hombre se esperaba. Una mujer que ríe en el suelo con la cara ensangrentada y la mandíbula destrozada.

El argumento es bastante sencillo. Pero la situación que se nos muestra es tan indignante que vemos toda la historia sin pestañear. Hasta el momento de la detención la película apenas baja de intensidad. La luz de las calles es bastante artificial y abigarrada. Toda esta primera parte va como un tiro. Y el cénit es maravilloso. Rahimi, la protagonista interpretada por Zar Amir Ebrahimi es un personaje de gran decisión. Inteligente. No se deja llevar por una rebeldía estúpida ante un sistema tremendamente injusto pero que goza de gran apoyo popular. Me gusta su ligera irreverencia mostrando más cabello del que corresponde.

Resulta llamativa la confianza que tiene el hombre y su familia gracias al apoyo de las masas. Están convencidos de que en periodo electoral el poder no permitirá que una persona tan querida por la gente por limpiar las calles vaya a la cárcel. Creo que en general el equilibrio entre la repudia a las prostitutas y el cumplimiento de la ley por parte de las autoridades es bueno. Al poder judicial no le gusta que la prensa ande husmeando, pero no duda a la hora de imponerle varias penas de muerte. De igual modo el jefe de la policía repudia las actitudes de mujer moderna de Rahimi, pero acudirá a llevarse al sospechoso tras dar con su paradero. Y es que me temía que la película fuera una frustración constante en la que una burocracia excesivamente corrupta impusiera su moralidad a la pareja de protagonistas sin dejarles mucha más opción que observar y sufrir.

Me gusta que el detonante de su actividad delictiva sea lo decepcionante por su paso por la Guerra. Lamenta no ser un mártir y se decide a matar prostitutas por hacer un servicio a Dios. Me gusta que se muestre cómo el heroísmo bélico, cuando no se traduce en la gloriosa entrega que él esperaba, se convierte en frustración. También hay en juego una hombría. Cuando termina en la cárcel el hijo es el hombre de la casa. Se muestra orgulloso de la labor de su padre y, a pesar de ser inmaduro en todos los sentidos, parece henchido al relatar el modus operandi de su padre.


viernes, 15 de septiembre de 2023

ORDET

Dir.: Carl Theodor Dreyer
1955
125 min.

Es muy teatralizada en el sentido de que las acciones ocurren siempre en escenarios muy reducidos y casi toda la fuerza está en el texto. Por supuesto Dreyer es un maestro generando ambientación y todo se sostiene. En particular todos los personajes se creen tanto las situaciones que esa pesadez nos llega a nosotros. Me gusta cómo los personajes siempre parecen arrebatados: por la pesadumbre, la alegría, desolación, ira… Cada vez que un personaje experimenta un sentimiento deja un rostro expresivo y apenas lo mueve.

Aunque cueste creerlo las escenas cómicas funcionan muy bien. No digo que transmitan gran hilaridad, pero resulta divertido ver al padre de la granja indignarse porque el sastre no aprueba la unión de los hijos de ambas familias. Un matrimonio que instantes antes él estaba condenando también.

Los escenarios en general son bastante vacíos dejando a las figuras humanas respirar y separando claramente los bloques aunque estén en la misma estancia. El vacío que más rememoramos es el de la habitación con la difunta. Es una habitación blanquísima en la que las paredes siempre parecen muy alejadas de la cámara.

El contraste entre ambas religiones es curioso. Aquellos que creen que en la tierra puede haber milagros, son los que abrazan la muerte con más énfasis. Los que consideran que la muerte es un regalo porque te permite habitar con Dios. Sin embargo los otros niegan la posibilidad de los milagros bajo el clásico argumento de que Dios no contravendría sus propias leyes físicas. El hijo de la granja Johannes se dice Jesucristo (jesucristus en el idioma original, una palabra que se dice mil veces) y por ello tiene poderes para resucitar a la nuera.

Este personaje es el que habitualmente vemos cuando se ven imágenes de esta película. No es para menos. Vaga con un tono de voz lastimero. Con un palo. Habla con los niños como si estuviera en otro plano astral, pero nunca es tonto. Llama poderosamente la atención. Lo que es aún más curioso es que justo antes de obrar el milagro de la resurrección se constata que ha recuperado la razón. Es divertido que el cambio más significativo que vemos es que ya no lleva su túnica.

Hay una escena totalmente cruda que es aquella en la que la nuera que fallece da a luz a su hijo. Un médico totalmente engominado, de modales secos, en traje está trabajando para que madre o hijo sobrevivan. Cuando tiene que tomar la determinación de sacrificar al niño no se dice explícitamente, sólo muestra unas tenazas que no presagian nada bueno. Pero el momento en el que se nos revela el dramático final es con el padre del hijo acercándose al anciano que espera feliz a su primer nieto varón. Le dice: ya ha nacido. Está cortado en 4 partes dentro de un barreño.


viernes, 14 de julio de 2023

DIES IRAE

Dir.: Carl Theodor Dreyer
1943
105 min.

Aunque sólo sea por la condena en la hoguera es imposible no pensar en “La pasión de Juana de Arco (1928)”. Sin ser tan expresionista como aquella, esta mantiene algunos elementos como decorados sencillos realzando las figuras de los personajes. Los vestuarios que portan lo merecen. Las golas blancas alrededor del cuello, esa superficie indescriptible que Absalon lleva encima de los hombros, las capas, todo ello con la oscuridad de las ropas convierten a todas las figuras humanas en presencias con mucha fuerza.

Lo que más llama la atención es la seducción de Anne. La madre de Absalon está convencida de que en su mirada arden las llamas del infierno. Un no demasiado sutil juego de luces así nos lo hace sentir. Es muy habitual que ella esté manteniendo una conversación con uno de los dos hombres de la casa y que, cuando la malicia se cruza por su mente, haya un pequeño cambio en cómo están posicionados para que su compañero no proyecte sombra sobre su rostro y se pueda iluminar su mirada. Es un erotismo que funciona super bien. Es descarada, quizás demasiado evidente visto hoy en día, pero el morbo se mantiene. La manera en la que se sienta en la proa de la barca esperando a su amante podría escandalizar a cualquiera.

En la escena de la tortura a Marte, la bruja, vemos un tribunal tan inquisitivo como el de Juana de Arco. Disfruta y mira atentamente la situación. Me gusta cómo está iluminada la escena, de frente al tribunal, permitiendo que sus figuras proyecten sombras sobre las desnudas paredes. Cuando al fin arde en la hoguera tenemos una imagen con mucha menos violencia que la de Juana, pero mucho más icónica. Lo digo porque cae a la hoguera desde lo alto de la escalera en la que está atada. No tenemos una escena en la que vaya creciendo la tensión. Sólo jura vengarse a Absalon y un grito desgarrado y sucio por saturar el sonido acompaña su breve caída hasta las llamas. Unas llamas ya en su esplendor y sobre las que cae de frente.

Me gusta cómo la bruja que ha rechazado a Dios y se ha entregado al diablo lo que más desea es vivir. No le importa el cielo o el infierno del que tanto hablan los clérigos. Ella tiene una actitud tremendamente vitalista.

Me llama la atención que en España se haya traducido el título al latín mientras que en su versión original el título está en danés. En este día de ira, la próxima que va a sufrir la condena de Dios es Anne. Supongo que la película considera que sus motivos son suficientemente nobles y se evita mostrar su pena de muerte. Quien ha actuado mal es su esposo mucho mayor que ella, impotente, que ha robado su juventud. Ella para recuperar el tiempo perdido adopta fervorosamente a su hijastro, de su misma edad. El hecho es que su esposo es tan mayor, que me cuesta asumir que esa señora de gorro con ridículas orejeras sea su madre y no su hermana.

Le película termina con el plano de una brumosa silueta de una cruz cristiana con un tejado encima, un símbolo que no he sido capaz de rastrear, y con el que se abre “Lux Æterna (2020)” de Gaspar Noé.


viernes, 16 de septiembre de 2022

OTRA RONDA

Dir.: Thomas Vinterberg
2020
116 min.

La película plantea un experimento cuyo desenlace más lógico es desastroso. Por tanto no es sorprendente el desastre al que los protagonistas quedan abocados. Cuatro hombres profesores de instituto, que pasan los 40 años, deciden pasar todo el día ligeramente borrachos. Al principio se sienten más confiados y desinhibidos y terminan siendo alcohólicos y rompiendo sus familias, quien la tiene.

La película refleja en el alcohol los deseos de ser jóvenes. Los jóvenes se emborrachan como divertimento principal. Ellos echan de menos esta sensación de libertad y con su constante y pequeña dosis de alcohol esperan recuperar deseos de juventud.

El final parece posicionarse bastante a favor del alcohol, al menos como elemento de diversión. Pero en las primeras fases del experimento hemos visto que les funcionaba muy bien para recuperar su autoconfianza perdida. De hecho uno de los alumnos se emborracha antes de un examen para soltar su lengua. En conclusión, pareciera que el mensaje es del estilo el veneno está en la dosis.

Estilísticamente es limpísima y con la profundidad focal muy baja. Lo que el cine europeo lleva años haciendo. Las interpretaciones no están mal, pero el drama no funciona demasiado bien. Porque desde que se nos presentan los problemas nos vemos venir sus desenlaces. Sus mejores momentos son los puntos cómicos de la borrachera, pero claro, esto va en contra del mensaje de la película.

Si no fuera por el baile redentor final en el puerto, con resonancias al baile de las escaleras de “Joker”, uno pensaría que la película tiene un mensaje existencialista. Por algo se trae a colación a Kierkegaard varias veces. La vida matrimonial es monótona y cualquier intento de hacerla más interesante va a desestabilizarla.


viernes, 24 de diciembre de 2021

LA CASA DE JACK

Dir.: Lars von Trier
2018
150 min.

Las críticas de Cannes hicieron toda la promoción de esta peli y yo he ido a verla con la precaución de cerrar los ojos cuando aquello fuera un surtidor de sangre, tripas y una exposición de la pretenciosidad de Lars von Trier. Por contraste con mis expectativas, la película me ha gustado bastante.

La peli es sobre un asesino en serie sin ninguna de las cualidades habituales. No hay rastro de elegancia, inteligencia, caballerosidad, frialdad… Sí está muy presente la psicopatía en la construcción del personaje, pero nunca como algo atractivo. Jack es un ser enfermo, raro y no hay que empatizar con él. La trama avanza por un relato de Jack con su Virgilio en el descenso a los infiernos. En este diálogo se juzga duramente a Jack. No hay comprensión o compasión. Es un ser negativo en cualquier sentido. De hecho muchas veces se le humilla y se le critica que tenga TOC; ningún asesino en serie que se precie puede permitirse tener TOC.

Estilísticamente abunda la cámara al hombro poco estática, en ocasiones frisando el estilo televisivo. En contraposición, la fotografía es muy cuidada y los focos, precisos. Los incidentes que nos narra tienen saltos en mitad de los diálogos. Esto ayuda mucho al guion. Con frecuencia los diálogos se vuelven espesos y por culpa de la poca habilidad verbal de Jack entra en callejones de los que es difícil salir. Con el montaje se soluciona rápidamente.

A pesar de ello se mantiene mucho la tensión en los momentos previos a cada asesinato. Nadie quiere ver eso. Realmente la peli nos muestra el morbo del espectador ante la violencia. Estamos deseando que Jack mate y deje de hablar. En los dos primeros asesinatos aún estamos aprendiendo cómo es Jack y el director está mostrando cómo maneja el tempo de la película. En el tercero, nos sobra un poco. Es cierto que el desenlace es una muerte muy espectacular que no tendría esa importancia si su exordio no fuera tan largo como es.

Las muertes son lo esperable: espectaculares en el peor sentido y por ello muy divertidas. Cuando parece que vamos a ver una escena de conmoción por la muerte de un personaje al que acabamos de conocer pero al que hemos escuchado lo suficiente para haber empatizado, un plano ridículo rompe por completo el tono que se ha generado. Especial mención al atropello en mitad de la noche. Lo que me lleva a alabar el tratamiento de la oscuridad en general en toda la peli.

Mientras Jack dialoga con Virgilio dedica algún rato a teorizar sobre la violencia en el arte. Es un diálogo más o menos interesante acompañado por imágenes de las propias películas de Lars von Trier. Un poco más adelante se refiere a las grandes catástrofes de la moral humana y utiliza imágenes de diversos genocidios en los que los cuerpos de los muertos se tratan como si fueran escombros. Efectista. No por ello negativo, pero aun así, negativo.

La parte final del descenso a los infiernos me parece que está representada con poca habilidad. Es cierto que los chillidos de los muertos dolientes es algo muy interesante, todo el croma y los rojos tradicionales cambian mucho el tono de la peli. Parece que, más que el séptimo círculo del infierno, se esté en alguna superproducción de aventuras.


viernes, 10 de septiembre de 2021

LA CAZA

Dir.: Thomas Vinterberg
2012
111 min.

No tiene nada que ofrecer que no sea generar indignación e impotencia. Es una crítica hacia lo que la posmodernidad llama caza de brujas. Algo completamente ombliguista, porque implica olvidar los clásicos conflictos sociales por el derecho a la honra.

Todo está muy restringido al ámbito rural. El desprecio de toda la comunidad no ya a una sola persona, sino a toda su familia o a todo aquel que se atreva a juntarse con él. Estamos de acuerdo con que la situación es injusta, pero nunca se propone nada. Ni siquiera se la critica. Los únicos ataques mediamente articulados son en lo referido a lo rápido que crecen las amenazas contra él. Lo rápido que pasa de acusársele del abuso a una niña a acusarle del abuso a todo un parvulario. Tampoco el sentenciado parece tener planes muy claros al respecto. Quiero decir, no somos capaces de comprender hasta qué punto es difícil salir de esa situación porque nunca le hemos visto hacer gran cosa para librarse de ella.

El carisma del protagonista es enorme. El suyo y el del padre de la niña supuestamente violada. Son dos enormes interpretaciones. Resulta claro por qué se ha elegido el famoso fotograma para el poster de la película. Pero justamente por cargar de tanto poder esta imagen, la conclusión de la escena resulta tan lamentable. Está casi como un dios, absolutamente por encima de todo el tribunal. Tiene en una misma sala a todos sus acusadores y a todos los niños, sus supuestas víctimas. Además está en un lugar en el que nadie le puede echar, tiene todo el derecho a quedarse ahí y la religiosidad de la comunidad obliga a todo el mundo a quedarse en esa sala. Quizás es la decisión más importante que toma el protagonista en toda la película. Pero su exabrupto le quita toda la potencia que tenía su estancia.

La gran metáfora de la película hace aguas. Él es el cazado y todo el pueblo son los cazadores. Los niños se hacen hombres, lo que es una concepción muy arcaica, cuando reciben su rifle para ir de caza. Bueno, entonces el hombre por naturaleza emite juicios a sus semejantes, persigue a quien persigue el resto del grupo… En este punto la película parece olvidar que los primeros personajes que se encargan de perseguir a Lucas son mujeres, quienes no tienen ningún rito para recibir su rifle.

Sabemos que a esta generación de autores les gusta incluir violencia explícita. ¿Qué mayor explicitud que una muerte real? No humana, sino de un ciervo; pero igualmente si vemos cómo muere un ciervo de un disparo de rifle, es por el gusto por la violencia mostrada fríamente. En este sentido vemos la entrevista a la niña en la que se la pide que describa el supuesto encuentro sexual con Lucas. La violencia no está tanto en lo que cuenta, ya que realmente no le ha ocurrido nada. La incomodidad de la escena está en ver a una niña escuchar preguntas acerca de semen. Es algo que entra en contradicción con una de las ideas fundamentales de la película: que todo el conflicto en el que se ve envuelto está provocado por la gente adulta. Nunca se culpa a los niños de las acusaciones. Al fin y al cabo son acusaciones diseñadas por los padres para sustentar su condena.