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viernes, 7 de marzo de 2025

NOCHE Y NIEBLA

Dir.: Alain Resnais
1956
32 min.

Es impactante. Una narración muy cruda. De poca poesía, como acostumbran las voces en off de la Nouvelle Vague. El texto no se recrea en el terror. Quizás hacia el final, cuando se trata de cómo se aprovechan los restos humanos como materia prima el texto se vuelve más terrorífico. Pero la tónica general no subraya lo que vemos en la pantalla. Esas imágenes ya son suficientemente terribles.

Quizás lo que resulta más indeleble sean las montañas de cadáveres. Tanto esos sacos de huesos que caen a las fosas comunes empujadas por un bulldozer como los planos detalle en los que vemos los rostros de los cadáveres. Rostros de piel tensa, huesudos, algunos incluso a los que les podemos ver las cuencas vacías. Estas imágenes se acompañan con una música clásica y pacífica. Así descrito uno podría pensar en la clase de crueldad típica de Lars von Trier, pero el efecto dista mucho de ese cine.

Creo que lo que resulta más insólito en el metraje de esta película es la claridad de las imágenes. Nunca se entrevén las cosas. O se ven con claridad en imágenes, fijas o no, de la época o bien se sugieran con imágenes en color de los campos abandonados. Por ejemplo las famosas duchas aparecen solo en color en la actualidad. Los prisioneros a punto de morir no aparecen, pero las imágenes que se intercalan tienen tanta fuerza que hay que hacer una reflexión consciente acerca de qué hemos visto y qué se nos ha sugerido.

Hay datos que conocemos del holocausto y que estamos hartos de oír. Pero aún así aquí se describe la vida en el campo de una manera tan desoladora que nos hunde. Ello a pesar de que no oímos nada particularmente novedoso. La psicopatía de los nazis es lo de menos. Ellos no son el gran terror del campo. Lo terrible son las penosas condiciones en las que nadie querría sobrevivir.

Entiendo que por la cercanía de los hechos puede ser muy poderoso que se señale que en los Juicios nadie se considerara responsable. Hoy en día nos resulta el comentario típico que se hace de todo aquello.


viernes, 29 de noviembre de 2024

EL SÉPTIMO SELLO

Dir.: Ingmar Bergman
1957
96 min.

Es muy llamativo que las dos imágenes más famosas de la película, las que se desarrollan a la orilla del mar ocurran al principio de la película: en la primera escena. Lo cierto es que la imagen de la muerte es muy poderosa. Y eso que el truco es bien sencillo: basta con que no se le vea un solo pelo en el cuerpo para que darle un aspecto óseo. Aunque sean personajes claramente distintos, es una muerte con un aire sobrenatural al mismo nivel que el hombre misterioso de “Carretera perdida (1997)”.

Aunque el caballero que vuelve de las cruzadas sea el que tiene una prosodia más noble, el personaje que tiene un estar en el mundo con más aplomo y que se come las escenas siempre que aparece es su escudero. Este hombre tiene un semblante de enorme pesadez. Y da uno de los diálogos más potentes interpretativamente. Lo digo porque todos los diálogos tienen una cierta solemnidad por los temas tan trascendentales que se tratan todo el rato. Pero hay una escena donde la comedia se abre paso y prácticamente se construye un tono único, que no volveremos a ver en toda la película.

Es la escena en la que el herrero, un hombre bastante simple, discute con el tampoco muy inteligente, pero hábil con las palabras, comediante. De perfil, detrás del rudo herrero, el escudero va dictándole palabras que decir para que el otro no lo ridiculice. Es una escena magnífica. Cuando el mismo herrero acierta a juntas un pellizco de labras ingeniosas, las caras de sorpresa y conformidad que va poniendo el escudero son buenísimas. Cuando termina esta escena, con una pequeña gracieta en la que el comediante finge suicidarse para asegurarse de no volver a cruzarse con las iras del herrero, la muerte tala el árbol en el que se sube. Tan sesudos que son los diálogos de la película para terminar una escena con una caída que casi podría ser de Monty Python.

En general la película se ríe de las supersticiones de la época. Por ejemplo cuando queman a la bruja, ella profetiza con bastante solemnidad que el caballero podrá ver el diablo en sus ojos y él lo que encuentra es miedo, porque está a punto de morir y nada más. Esto en pantalla tiene un reflejo muy drástico cuando él habla con la prisionera, de manera casi clandestina, y ella dice que mire al diablo que está detrás de él. Él se gira rápido, deseoso de conocer. Y en esa postura se queda. Sin ver nada. Pero la película no nos da el contraplano con el bosque. Simplemente nos deja su mirada, sin ver nada. Es un momento muy potente.

La forma en la que se disponen los rostros en muchos planos es muy fuerte. Son unos planos bastante cerrados, donde están varias figuras humanas a foco. Se parece en ocasiones a los planos de Dreyer. Los rostros en diferentes términos están pendientes las unas de las otras, pero muchas veces sin mirarse.

Quizás lo más apabullante de la película sea la procesión de apestados. Vagan por las tierras haciendo gala de su castigo. La música apocalíptica en latín truena. Satura el sonido. Es estridente. Todo lo que un pintor, del pueblo llano, había dibujado en las paredes de un monasterio como algo terrorífico aquí se dos plantea como farsa. Van fustigándose, llevando cruces, casi gozando de su condena. Además la película los hace aparecer en un momento muy preciso: justo cuando el pueblo está entreteniéndose con los comediantes. Estos cuentos del apocalipsis (Yo he oído que una mujer dio a luz una cabeza de vaca) son poco más que entretenimiento para el pueblo. La grandeza de la película (aquí no descubro nada) está en que a pesar de que los acontecimientos estén totalmente desacreditados, las experiencias y reflexiones de los personajes sigan siendo interesantes y válidas. Pero también es cierto que es tanta la prosopopeya de algunas frases, que en ocasiones se me desmonta todo lo interesante que tengan que decir.

Quizás por lo muy idealizada, homenajeada y repetida, pero me ha resultado un poco decepcionante la danza de siluetas que bailan con la muerte sobre una colina. Ni siquiera parece que estén bien perfiladas. Supongo que la imagen que todos recordamos procede de elegir el mejor fotograma de ese plano.


viernes, 11 de octubre de 2024

EL FERROVIARIO

Dir.: Pietro Germi
1956
118 min.

No es la tónica general, pero hay algunos planos en los que el escenario queda en penumbra y los elementos iluminados hacen un juego de claroscuros muy impactante.

Me gustan mucho los primeros momentos de la película en los que vemos cómo se prepara el atropello que desencadenará la decadencia del protagonista. El tren avanza a gran velocidad. El montaje es rápido. El cigarro del maquinista echa humo. Es frenético. Es un poco llamativo que el atropello se mantenga como punto de partida de la trama, cuando realmente la muerte de su nieto es el punto donde arranca la película. Además, dado que se termina en un día de Navidad, un año justo después de que desatienda el parto de su hija, tendría sentido que fuera este el punto sobre el que pivota todo.

Quizás lo que más chirría es la redención. Creo que la única excusa que tiene es el espíritu navideño. Como que todos los conocidos de este hombre conmovidos por el calendario decidan hacer las paces con él el mismo día. Lo cierto es que, salvo la humildad de ir a visitarles al bar de la cooperativa no hace nada para reconstruir su vida. Él no pide perdón a nadie, no hace el esfuerzo por hablar con sus hijos…

Nada permitía presagiarlo, pero el niño no me ha caído mal. Creo que la voz en off con la que narra algunos fragmentos de la historia le aportan una cierta madurez que me hace simpatizar con él. Quizás en los momentos en los que las desgracias se acumulan, se tira de su visión inocente para apelar al tópico de que los mayores se meten en conflictos que los niños no entienden. En este caso se sostiene muy poco. Están muy claras las irresponsabilidades del padre, sus pretensiones de controlar todo lo que sucede en la familia.

A pesar de todo, el padre me ha caído muy simpático.


viernes, 2 de agosto de 2024

ARAYA

Dir.: Margot Benacerraf
1959
90 min.

El texto pretende vendernos la idea de una tierra en la que se hubiera detenido el tiempo. Como si el modo de vida que se implantó en la región de Araya con la llegada de los conquistadores españoles se mantuviera idéntico desde hace siglos. La voz narradora repite fórmulas que transmiten esa idea de lo eterno. Se apela una y otra vez al Sol, el polvo, la sal. Se repite mucho la expresión: toda vida proviene del mar. Rara vez hay verdadera poesía en estas palabras. Más bien resultan tópicos.

Las gentes que se retratan en esta película nunca tienen voz propia. Aparecen apartados de toda sociedad. Una forma de vida autárquica. Se nos repite la dureza de sus oficios y apenas se nos permite sospechar que su vida pueda contener algo distinto al trabajo. Asume su rutina, sin esbozar nunca una crítica al sistema de producción. Casi con admiración hacia sus cuerpos y que aguanten estos trabajos. En algunas escenas oímos de fondo cantos que reconocemos caribeños. Por su forma de sonar en la lejanía me recordaba a la cantinela típica del almuédano.

Sonoramente hay un momento muy peculiar. Cuando una mujer está machacando sal en un mortero empezamos a escuchar un canto que podemos reconocer como folclórico. Sin embargo el sonido no parece reproducirse con normalidad. Parece un sample de los que usaría Rodrigo Cuevas.

Las imágenes cinematográficas que tenemos asociadas al trabajo obrero suelen tener un componente mecánico. Como si todas las manos estuvieran esforzándose al unísono. Esto es así tanto en las cadenas de montaje de las fábricas como al trabajar las herramientas durante las cosechas. Aquí en los salares nos alejamos de esa uniformidad. Sólo retomaremos esta imagen, y será muy potente, cuando 4 hombres apalean la sal. Las varas vuelan encima de sus cabezas y se acompasan con una ligera danza de pies.

Al sol se le menta con frecuencia. De hecho la película narra un día entero, como ocurriera en “Misa en Compostela (1954)”, cuyo texto es igual de solemne. Es el motor de la narración. El ascenso al cenit implica que el sol golpea con cada vez más fuerza. Lo cierto es que aquí el texto se muestra limitado en sus recursos. El recurso al que finalmente se echa mano para expresar todo el calor que ahí hace es la música. Las imágenes que en este punto vemos no son todo lo expresivas que se necesitaría. Creo que sólo hay un par de planos con animales muertos que sí pueden dar cuenta de las duras condiciones que el sol impone.

Lo cierto es que el flujo de trabajo ha quedado expuesto regular. Me quedo con la idea de que hay parte del trabajo que sólo se puede hacer a la luz del día, pero cuando la película está a punto de terminar veo que empiezan a trabajar cuando aún es de noche. Veo que los pescadores trabajan de noche… Por lo que a mí respecta el trabajo de esta gente consiste en transportar sal de un lado a otro y además haciéndolo en varias fases, mojándola y secándola varias veces a lo largo del proceso. Es sorprendente que se alabe la calidad de la sal que producen y que el proceso resulte tan rudimentario.

Los hombres que aparecen sin camisa bajo el sol son de carne tersa y fuerte. Las mujeres mayores son de piel oscurísima y arrugada. Muchas de ellas mientras trabajan van fumando grandes puros. No sé si realmente lo tienen como costumbre o si, por el contrario, han elegido el mejor tabaco para el día que estarían ante las cámaras. Tanto hombres como mujeres transportan carga sobre sus cabezas.


viernes, 26 de julio de 2024

ORFEO NEGRO

Dir.: Marcel Camus
1959
103 min.

Las escenas del baile de carnaval tienen una fuerza increíble. Las mujeres bailando expresan un disfrute contagioso. Léa García, la prima de Eurídice, es una persona totalmente llena de alegría. Sonríe con una boca enorme. Se lo pasa bien bailando, se divierte con su novio medio bobo. Es una maravilla verla. La otra gran bailarina, cuyo cuerpo devora la cámara es Mira, interpretado por Lourdes de Oliveira. Mientras la samba suena incansable ella agita todo su cuerpo. Su momento más espectacular se da cuando se enfunda su disfraz de carnaval, con el que luce un escote típico de la época victoriana.

Las escenas nocturnas tienen una puesta en escena maravillosa. Las figuras están iluminadas con una luz potentísima y el fondo queda totalmente a oscuras. Los personajes corren mientras se gritan los respectivos nombres. Es toda una sorpresa ver la acción con tantísima claridad a la vez que podemos percibir claramente que es de noche. Por supuesto esto se da con las figuras humanas, pero también con las guirnaldas o el incesante confeti que cae sobre los personajes. Por supuesto en las escenas ultramundanas, cuando Orfeo se adentra en el infierno este recurso resulta muy útil. Me gusta cómo cada vez que se necesita que algo represente el infierno, se coloca una luz roja, indiferentemente de si está ascendiendo o descendiendo las escaleras.

La muerte de Eurídice se hace de forma desnudísima. La muerte que la anda rondando tiene unos movimientos gráciles como nadie más los tiene en la película. Una teatralidad extraña. Pero todo este personaje es extraño, ¡que su expresividad vaya acorde con él! Cuando están frente a frente la película se calla, veníamos del estruendo percusivo del desfile de carnaval. Es un contraste muy potente.

Desde que ella muere hasta que la película termina yo pierdo el interés. No recordaba la hazaña de Orfeo de descenso a los infiernos y la famosa prohibición de mirar atrás. Como no estaba esperando estos acontecimientos yo me sentía un poco perdido. Más aún cuando, de repente se abandona el ambiente onírico en el que nos habíamos sumergido en ese edificio burocrático lleno de los papeles de las personas desaparecidas. De repente nos adentramos en un rito con santos cristianos, plantas que se fuman… Si esto hubiera aparecido en otro momento de la película, habría sido muy interesante. En este punto a mí ya me habían perdido un poco. Veía a Orfeo contemplar el rito con una concentración obsesiva y yo no terminaba de entender qué estaba buscando.

Los protagonistas viven en una colina de Sao Paulo. Es muy bonito ver cómo cuando la acción se desplaza a la zona urbana vemos mezcla racial. En particular los cargos funcionariales los ejercen blancos. Cuando la fiesta está en la colina la multitud es unánimemente negra. Desde lo alto tenemos planos muy llamativos como aquel en el que la cámara está por encima de un avión que despega. Me gusta también cuando la cámara graba en picado. Orfeo lleva a Eurídice en brazos y el mar, con los barcos, parece casi una pared vertical tras ellos.


viernes, 2 de febrero de 2024

EL GRAN CARNAVAL

Dir.: Billy Wilder
1951
111 min.

Las críticas de estos americanazos como Wilder o Capra siempre ponen el foco en la ética personal. Presentan dramas sociales que explican con los egoísmos personales sin hacer nunca una crítica política de fondo al asunto.

Por ejemplo nunca se habla de la gravísima situación de que toda la autoridad del lugar se concentre en un sheriff. Un sheriff que se debe presentar a unas elecciones. Se explica que una corrupción así la permite la lentitud de la justicia. Pero tampoco esto se presenta como una crítica. Los más perjudicados del complot entre el periodista y el sheriff son los otros periodistas, que quieren hacer los mismos actos de moral asquerosa que realiza el protagonista. Por tanto la película tampoco se puede poner de parte de ellos.

Otra pregunta interesante sería quién paga todo el rescate. Dado que el gordísimo minero obedece órdenes del sheriff, podemos deducir que depende de él. La siguiente pregunta que se nos viene a la cabeza es cómo un pueblo tan diminuto puede pagar una obra de ingeniería como la que se monta. Todos estos problemas nunca le interesan a este autor porque siempre hay que hablar de la corrupción personal.

Muy en la línea de nuestro director está la frase que aparece en el pequeño periódico local que vemos al principio de la película. Tell the truth. Una frase completamente naíf. Directamente no me creo que alguien con una mentalidad así haya sido capaz de mantener en su empresa a un hombre como el protagonista. ¿Cómo ha sido capaz de mantener la compostura tanto personal como laboral durante un año sin que haya habido malentendidos entre ambos?

Con todo, quizás su punto más débil sea la desmedida maldad de Douglas. Atenta contra todo. Contra el matrimonio al seducir a la esposa del hombre del pozo. Contra la familia al mentir al padre del tipo. También echa a ambos de la habitación donde duermen. Ya hemos mencionado la ofensa a la autoridad. Atenta contra la religión al negarle en repetidas ocasiones el cura que le confiese. Esta actitud de todo lo sagrado se profana tiene su expresión más evidente cuando teniendo visita en su habitación ofrece los vasos que contienen las velas de un pequeño altar para beber.

Como decía, es un personaje tan malo que las acciones aumentan de gravedad de manera algo forzada. ¿Por qué decide desatar toda su violencia cuando le tiene que dar la horrible pieza de peletería a la mujer? Ella, que en general actúa de manera muy reflexiva, es perfectamente capaz de fingir lo que haga falta cuando él salga del pozo. ¿Por qué decide intentar ahorcarla en vez de explicarle la situación?

Esta escena desencadena un final agónico demasiado largo como para que nos lo podamos creer. Él, que es tan amigo del médico, prefiere dejarse abierta una herida en el costado durante horas. Claro, así Wilder consigue un final más enfermizo; pero no hay por dónde cogerlo. Un recurso parecido e igual de largo se usó en “Perdición”. En aquella película había un apremio muy real.


viernes, 10 de noviembre de 2023

CRISTO

Dir.: Margarita Alexandre
1954
73 min.

Sorprendentemente cinematográfica. Es muy particular. La única película que puedo pensar que se le asemeje es “El muelle”. Pero esta película tiene mucho más de story board. Aquí los planos son los que uno esperaría si la película fuera convencional. Pero todos son cuadros. De alguna manera sirve para darse cuenta de que muchas veces el cine no tiene una idea de cuadro muy distinta a la de la pintura.

Se permite hacer paneos, primeros planos. En los momentos más dinámicos es casi animación. Un mismo personaje aparece en posturas distintas reaccionando a lo que se narra. Por ejemplo, Caifás cambia su expresión cuando Jesucristo confiesa su naturaleza divina.

La narración es bastante rutinaria aunque realizada con destreza. Mantiene un buen ritmo. De toda la prédica de Jesucristo elige contarnos la parábola del hijo pródigo, probablemente la que sea más narrativa.

El momento de estética más llamativa es en el que la turba manda a Jesús a la cruz. Ahí la película se centra en las pinturas negras de Goya para hacer más grotesca la muchedumbre judía. Muchas de estas obras no son religiosas, lo cual pone de relieve la magia del montaje. Aquí la música también juega un papel muy importante.

Antes de que comience la película un rótulo nos avisa que la mayoría de las pinturas que vamos a ver están realizadas por pintores españoles. Excusa los autores extranjeros diciendo que sus cuadros son patrimonio de España. Más le valiera a la reputación de la pintura española no haberse visto involucrada con algunas de las terribles pinturas que se muestran, sobre todo en lo que a Jesús de niño se refiere.

El ritmo se usa con sorprendente habilidad. No es que sea muy novedoso en términos cinematográficos; lo sorprendente es que con imagen fija se consiga ese dinamismo. La película se pausa cuando Jesús muere en la cruz. Aquí es evidente qué permite a la película detenerse: la voz narradora se calla. La música se detiene. Por lo general cada vez que veo una película que me cuenta la vida de Cristo el epílogo de la resurrección es lo que más pesado se me hace. Pero en este caso todavía se habla de lo que hicieron los apóstoles y consigue mantener mi interés.


viernes, 15 de septiembre de 2023

ORDET

Dir.: Carl Theodor Dreyer
1955
125 min.

Es muy teatralizada en el sentido de que las acciones ocurren siempre en escenarios muy reducidos y casi toda la fuerza está en el texto. Por supuesto Dreyer es un maestro generando ambientación y todo se sostiene. En particular todos los personajes se creen tanto las situaciones que esa pesadez nos llega a nosotros. Me gusta cómo los personajes siempre parecen arrebatados: por la pesadumbre, la alegría, desolación, ira… Cada vez que un personaje experimenta un sentimiento deja un rostro expresivo y apenas lo mueve.

Aunque cueste creerlo las escenas cómicas funcionan muy bien. No digo que transmitan gran hilaridad, pero resulta divertido ver al padre de la granja indignarse porque el sastre no aprueba la unión de los hijos de ambas familias. Un matrimonio que instantes antes él estaba condenando también.

Los escenarios en general son bastante vacíos dejando a las figuras humanas respirar y separando claramente los bloques aunque estén en la misma estancia. El vacío que más rememoramos es el de la habitación con la difunta. Es una habitación blanquísima en la que las paredes siempre parecen muy alejadas de la cámara.

El contraste entre ambas religiones es curioso. Aquellos que creen que en la tierra puede haber milagros, son los que abrazan la muerte con más énfasis. Los que consideran que la muerte es un regalo porque te permite habitar con Dios. Sin embargo los otros niegan la posibilidad de los milagros bajo el clásico argumento de que Dios no contravendría sus propias leyes físicas. El hijo de la granja Johannes se dice Jesucristo (jesucristus en el idioma original, una palabra que se dice mil veces) y por ello tiene poderes para resucitar a la nuera.

Este personaje es el que habitualmente vemos cuando se ven imágenes de esta película. No es para menos. Vaga con un tono de voz lastimero. Con un palo. Habla con los niños como si estuviera en otro plano astral, pero nunca es tonto. Llama poderosamente la atención. Lo que es aún más curioso es que justo antes de obrar el milagro de la resurrección se constata que ha recuperado la razón. Es divertido que el cambio más significativo que vemos es que ya no lleva su túnica.

Hay una escena totalmente cruda que es aquella en la que la nuera que fallece da a luz a su hijo. Un médico totalmente engominado, de modales secos, en traje está trabajando para que madre o hijo sobrevivan. Cuando tiene que tomar la determinación de sacrificar al niño no se dice explícitamente, sólo muestra unas tenazas que no presagian nada bueno. Pero el momento en el que se nos revela el dramático final es con el padre del hijo acercándose al anciano que espera feliz a su primer nieto varón. Le dice: ya ha nacido. Está cortado en 4 partes dentro de un barreño.


viernes, 30 de junio de 2023

ORGULLO

Dir.: Manuel Mur Oti
1955
106 min.

Los créditos iniciales, su música, su tipografía estilizada, el ganado llenando las praderas… todo ello nos sorprende verlo en el cine español y nos hace temer que vamos a ver una réplica del western de aquellos años. Del más académico, tradicionalista y encumbrador de mitos interpretativos. Aunque el género resuene, destile su estilo y coja algunos de sus paisajes, la traducción es maravillosa. Nunca estamos viendo un pastiche. Las tradicionales historias de enfrentamiento de familias adquieren suficiente complejidad para que no sintamos que estamos ante la enésima constatación del cainismo español.

Aunque el odio entre ambas familias está, no hay un cierre a cualquier idea que traigan las nuevas generaciones. Si los hijos quieren quererse, los padres lo comprenden. No digo que lo toleren, digo que les parece lo más natural del mundo. De hecho ante la falta de pretendientes por esas tierras ven con buenos ojos la prosperidad económica que la unión de ambas fincas traerá.

De hecho el enfrentamiento está articulado de una forma muy curiosa. Ambas familias tenían amistad y de hecho la generación anterior a nuestra pareja protagonista (término que es muy generoso con su miembro masculino) estuvo a punto de casarse. Lo que enemista a la casa de los Mendoza y los Alzaga es una guerra entre sus sirvientes. Como si los gobernantes supieran que sin apoyo de su pueblo no pueden disponer a su gusto.

La batalla es una delicia. Una cosa casi onírica por el polvo que levantan los alborotados rebaños. Una sensación que solo es posible gracias al infinito gradiente de la película analógica. Ese humo tan blando sería imposible con la falta de sutilidad digital. Por encima de esas nubes de polvo se blanden las garrotas de los campesinos. Ineludible la sempiterna estampa goyesca.

Me fascina la relación entre los amos y los campesinos. Éstos dicen: Se nos paga por obedecer. No se cuestiona la autoridad. Pero a la vez se muestra una fuerza obrera capaz de determinar en las decisiones empresariales de los amos. Si ambos grupos están enfrentados, ambas casas se enfrentan…

El colmo de la sorpresa llega cuando Laura conduce a toda su mano de obra hasta las cumbres de las montañas. La acompañan familias de sirvientes y cientos de cabezas de ganado. La imagen es espectacular. Alejado de los formatos panorámicos del western estadounidense el formato cuadrado abre unos cielos inmensos en las tierras bajas y unas cumbres imponentes subiendo a los Picos de Europa. Las filas de ganado avanzan por la parte más baja del cuadro mientras la banda sonora desarrolla de manera orquestal la misma melodía que los campesinos, deseoso del reencuentro entre las dos casas, llevan canturreando toda la película. En definitiva toda esta secuencia es de un poder inaudito en el cine español.

La consecuencia de esa emocionante hazaña es que la ama de la hacienda queda sola. Sin nadie a quien administrar. Habiendo liberado a toda su masa obrera a una especie de utopía autogestionada. Vemos entonces cómo la dueña de la tierra debe trabajarla para comer de sus frutos. Apenas dura unos planos, pero es palmario en qué quedan los amos sin sus trabajadores.

La heroína es una mujer, que ha estado despeinada en los momentos más cruentos de batalla, que lleva un cinturón apretado que realza su figura. Unos contrapicados que perfilan su cuerpo frente a los enormes cielos. Una mujer, no ya respetada, ¡reverenciada! por su pueblo. Qué emocionante la arenga con la que arranca a su gente en una travesía arriesgada. Cuando ha apelado a su honor para movilizarlos, con voz dura, fuerte y arrasadora se gira para retirarse y, con toda la dulzura del mundo dice un gracias que aún me emociona recordar.

La canción siempre que aparece es hermosa. Tiene unos versos deliciosamente optimistas: que ya no hay tuyo ni hay mío. Y las frases que la preludian son igualmente hermosas. Aquella conversación en la que Laura dice a uno de sus sirvientes:

—Hace unos días se la oí cantar a unos mozos. No sé si eran de esta casa o de la de al lado.

—De cualquiera de las dos, porque todos la cantamos. ¡Ganas tenemos de que haya un puente sobre el río!

Además, que tiene unos planos con una fuerza increíble. Ese momento en el que se cierra el puente con dos estacas cruzadas. Los dos enamorados se plantan justo en la frontera y les vemos a ambos rodeados por las escopetas de los mozos de cada lado… Son planos muy agresivos, punzantes. Me recuerdan a “Cuando pasan las cigüeñas (1957)”. Me gustan esos pies acercándose al centro del puente. Descalza ella, zapatos de gala él, botas de montar o de campo los mozos. Todos embarrados.

Los contrapicados gustan mucho. Hay una búsqueda de figuras humanas en diagonal. Muchos planos tomados desde el suelo. Es muy sorprendente ver cómo se atreve un carro tirado por bueyes a pasar por encima de la cámara. Igualmente de nivel de superproducción es la riada que derriba el puente al final de la película. El coro retumba y la última imagen que tenemos de los enamorados es un plano a contraluz. Tan solo los vemos siluetados.

Los cuatro actores protagonistas están enormes. ¡Cómo se miran los dos padres! Con un cariño infinito; pero con la madurez total de saber que ya no es su turno. Pero es que no hay ni un solo secundario malo. Y eso que muchos de ellos tienen papeles minúsculos. Todos tienen un desparpajo ante la cámara, una fuerza en sus convicciones… Es una maravilla.


viernes, 28 de abril de 2023

VIVIR

Dir.: Akira Kurosawa
1952
143 min.

Su segunda mitad dialoga fuertemente con “¡Qué bello es vivir!”. Es su segunda mitad la que tiene un mensaje más definido por lo que resulta fácil que la atención se desvíe a este segmento. Sin embargo creo que la primera mitad tiene mucha más carga emocional y más poder visual.

En el optimismo de su segunda parte parece que las buenas acciones se consiguen con buenas intenciones. Que se puede sobrepasar la burocracia y la corrupción política sólo poniendo buena cara e insistiendo hasta que la humanidad de tus superiores les haga ceder a tus peticiones. El protagonista no traza un gran plan. No moviliza a masas de personas que creen un escándalo político para que la alcaldía oiga sus ruegos. Lo único que hace es conocer la estructura funcionarial. Y digo la estructura, porque no es que se aproveche de recovecos burocráticos. Él solo sabe a quién tiene que acudir y acude una y otra vez hasta que le aprueban el modesto proyecto que mejorará la vida de la gente.

Lo que sí hay que concederle a la película es que nos muestra la escasez de la voluntad de hacer las cosas bien. Es muy potente el contraste entre sus compañeros de trabajo llorando borrachos en el velatorio, jurando que van a convertirse en mejores personas y en la siguiente escena la oficina del ayuntamiento delega todo a otras oficinas para nunca conseguir nada.

El retrato del héroe que construía Capra tenía una especie de dignidad del hombre americano que no deja cabida a la sumisión y la actitud reverencial de mártir que tiene este personaje. Entiendo que traten de conmovernos, pero, sinceramente, la cara de pánfilo con la que mira al alcalde mientras éste le da la espalda para reunirse con sus colegas que hablan de geishas es ridícula. La imagen quijotesca en la que un simple hombre se enfrenta a los grandes poderes (como en “Caballero sin espada”) ya estaba más que construida por su avanzada edad y por su pronta defunción. Hay que señalar cómo estos elementos lacrimógenos que en una película estadounidense habrían sido mucho más burdos aquí se utilizan bastante mejor.

El montaje en el que se nos muestra cómo Watanabe se ha desvivido por su hijo y ahora recibe su desprecio me gusta mucho. Es cierto que no me gusta nada el trato que recibe del hijo al respecto de la joven amante que se echa. Si el conservadurismo inculcado por los mayores ya me cuesta de asumir, al revés es insoportable. En este conflicto familiar me gusta la idea que plantea la amante de Watanabe: no puede culpar a su hijo de no agradecerle un trato que él no ha pedido.

La secuencia que más impacta a todos los niveles es en la que sale de fiesta con un hombre que conoce en un bar. Está en un momento vital en el que quiere fundirse todo su dinero para disfrutar de la vida con un hedonismo que hasta ahora no había conocido. El diálogo que tienen ambos hombres en la taberna es una maravilla. Me encanta cómo rara vez se están mirando el uno al otro. Cómo tienen esa conversación de un existencialismo pesado casi hasta el ridículo. Los rostros de ambos personajes adquieren en el cuadro todas las posiciones imaginables.

Me encanta cómo se mueven por la noche llena de gente. Hasta acabar en una sala de baile. No cabe nadie. El único trozo de suelo que vemos es el escenario ajedrezado alrededor del pianista. Espacio que se cubrirá también por la banda de vientos metales. El personaje que acompaña al protagonista lo interpreta Yūnosuke Itō. Es una maravilla ese rostro fantasmal (con razón se atribuye el papel de Mefisto). Ambos rostros, con todo su patetismo, crean una gran estampa cuando Watanabe empieza a cantar con voz grave y temblorosa “La vida es corta”. Creo que en este punto de la película viene mucho más a cuento esta letra de tempus fugit que cuando se repite más buscando la lágrima en el famoso columpio bajo la nieve. En su primera aparición el tipo realmente está descubriendo los placeres de la vida que se había perdido. Por eso exhorta a una doncella a que se enamore.


viernes, 30 de septiembre de 2022

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

Dir.: Fred Zinnemann
1953
113 min.

De las películas más masculinas que existen. Siendo una película bélica esta frase se puede malinterpretar. No es una película testosterónica. Es que simplemente todo está narrado desde el punto de vista masculino y los personajes se mueven por intereses muy típicamente masculino.

Así por ejemplo tenemos algunos momentos que les resultan muy traumáticos a los personajes. Sólo es así porque esperan del mundo (en particular de las mujeres) una actitud que no es realista. El protagonista se enamora de una prostituta y se sorprende de que le resulte un cliente más. Mueve cielo y tierra para verla, ella nunca se lo ha pedido pero él se indigna porque ella no agradece su gran sacrificio. Burt Lancaster no entiende que la mujer adúltera con la que se acuesta también pueda tener otros amantes. Lo grave es que la película sitúa este descubrimiento como una verdad vergonzosa para ella. Sólo tiene derecho a ser infiel si es por un amor apasionado, no porque quiera encuentros sexuales furtivos.

Además de eso se dice una frase totalmente machista. El sargento llega a casa de esta mujer cuando su marido está con otras mujeres. Lo que le dice es que se está desperdiciando. Es decir, el deber de un cuerpo femenino atractivo es ser aprovechado como objeto sexual. No se plantea que la mujer pueda tener otras aspiraciones. La posición que ella mantiene es que su vida no se está aprovechando porque no tiene hijos. Es un momento muy complaciente para el hombre porque ella continuamente se refiere a él como sargento.

La película está llena de escenas mucho más solemnes que su contenido. Hoy el mítico beso en la playa sigue siendo llamativo, pero hay muchos otros momentos que están presentados con la misma carga y que aportan muchísimo menos. Como un ejemplo de este ridículo cuando el sargento habla con la mujer que permanece sola en su casa se despide de ella diciendo Nadie miente cuando habla de su soledad. Bastante vergüenza ajena.

Sí es alabable lo bien fotografiada que está. Si saco esto a colación, es porque hay una escena que es la excepción y que llama poderosamente la atención. Me refiero al primer encuentro en la playa. Los personajes de repente están oscurísimos.

Me cuesta ver en la película nada que no sea una crítica al ejército estadounidense. Lo digo porque el protagonista muere tontamente. Y su sargento sentencia: Nadie amaba más el ejército que él. Cuando las dos desgraciadas esposas se alejan en barco de Hawái la mujer del protagonista cuenta una historia de su muerte que nada tiene que ver con la penosa muerte real. Y creo que aquí se entra en diálogo con el título. Pearl Harbor convierte a unos hombres que pertenecen al ejército y que no protagonizan ninguna hazaña bélica en héroes.

Hacia el final de la película me despierto de repente. Los japoneses atacan el campamento. La tibieza de todas las imágenes de la película no nos hace sospechar que unas secuencias tan violentas son posibles. Es espectacular el incendio que se produce cuando se derriba un avión. Cómo los soldados correr aterrorizados sin el uniforme por el patio. Y lo que no esperaba ver es el tiroteo desde el avión que mata a un hombre cerquísima de la cámara.

Y es que los protagonistas no son malos hombres. Tienen principios, pero no son capaces de hacer nada decentemente. Uno quiere evitar pelear porque dejó en el pasado ciego a un hombre, sin embargo matará a un hombre violento a navajazos en un callejón. Otro muere sólo por rebeldía adolescente. El oficial es un marido infiel que no quiere tener soldados sino boxeadores… Son todos personajes lamentables que la historia llevará a la eternidad.


viernes, 29 de abril de 2022

UN CONDENADO A MUERTE SE HA ESCAPADO

Dir.: Robert Bresson
1956
99 min.

No sé cómo nadie se ha atrevido a hacer otra película de evasiones carcelarias después de esto. ¡Qué maravilla! ¡Qué genio del suspense! ¡Qué forma de ganarse todo! ¡Qué paciencia! ¡Qué cuidadoso y qué listo!

Tiene todo de lo que carece el cine americano. Hay conflictos reales. El personaje protagonista hace todo cuanto está en su mano. Vemos que siempre avanza. No hay tropiezos por su estupidez o por ser ambicioso o demasiado precipitado. Desconfía de quien tiene que hacerlo. Le vemos tomar todas las precauciones que necesita. Sólo ejecuta sus planes después de haberlo estudiado todo. No tenemos una acción heroica e inexplicable como el agujero ridículo de “Cadena perpetua”.

Todas las escenas son soberbias. Consigue que todo lo que nos cuenta sea atrapante, a pesar de que en la mayor parte de la película realmente no está ocurriendo nada frenético. Primero estudia cómo es la puerta de su celda, luego debe crear una herramienta para trabajar la madera. Debe esconder las astillas. Cuando se parte su herramienta necesita obtener otra más. Con una única brizna de una escoba debe recoger todo el estropicio que arma cada vez que trabaja. La implicación con esa puerta es total. Uno pensaría que este es el único obstáculo que debe salvar antes de salir de la cárcel. Pero no. Es sólo el primero. Es decir, todo el tiempo que ha dedicado la película a ese elemento después quedará olvidado porque tiene que salvar muchas más adversidades.

La mirada de la cámara siempre es tranquilísima. Debe ser él quien nos cuente sus pensamientos en una voz en off, muy propia del cine francés. Es por ejemplo una maravilla la primera vez que tiene acceso al patio donde ve a tres hombres que tienen el privilegio de pasear sin vigilancia. Esos tres hombres que andan sincronizadamente son algo casi kafkiano. Es una delicia.

Otra maravilla es el asunto del lápiz. Cuando los nazis deciden hacer una cruzada en contra de que los presos escriban cartas él tiene muchísimo que esconder en su habitación. Tiene cuerdas, un somier desmontado, unos ganchos… Cualquiera habría entregado el lápiz para poder tener la máxima confianza de los carceleros. En su lugar él se guarda el suyo. Si estuviéramos en cine americano, esto habría sido su ruina. Pero aquí hace un agujero en la pared para poder esconder el lápiz. Todo, todo está hecho con gran inteligencia.

La alegría de ambos cuando por fin consiguen escapar la compartes absolutamente. Has vivido todas las adversidades con ellos. Se había construido una atmósfera de tensión desde unas perspectivas desde las que nunca antes habíamos observado la cárcel. Sonidos que vamos descubriendo. Desde la grava en el tejado, la bicicleta de un soldado, los trenes a lo lejos: su motor y sus aullidos. Has compartido sus 4 horas pensando cómo esquivar a cada soldado alemán. Has vivido tan de primera mano todo el proceso que te emocionas enormemente. Para potenciar el efecto, el chico que acompaña al protagonista en esta hazaña dice: Mi madre estaría orgullosa. Los pelos como escarpias mientras truena Mozart.

Las actuaciones son otra maravilla. Hay poco espacio para interpretar ya que todo se debe limitar a las filas para ir al aseo o al propio pilón donde se frotan constantemente con toallas. Aquí hay un cura interpretado por un tal Roland Monod. Gesto serio, muy esperanzado. Rostro delgadísimo. Se come la pantalla. Es su máximo apoyo ahí dentro.


viernes, 15 de abril de 2022

GODZILLA. JAPÓN BAJO EL TERROR DEL MONSTRUO

Dir.: Ishirô Honda
1954
98 min.

Los créditos iniciales abren con una banda sonora bastante buena. Con mucha potencia y que intercala rugidos de Godzilla.

Se nos cuenta bastante poco del monstruo. Sabemos que ha despertado por ensayos con la bomba de hidrógeno y que por ello está lleno de radiación. De hecho el típico científico que no quiere matarlo busca conservarlo con vida para entender cómo sobrevivió a la radiación. Por otro lado está el científico de un parche en el ojo que quiere matarlo con una nueva arma que mata toda la vida del agua. Sorprende que no se responsabilicen a las bombas atómicas del nacimiento del monstruo sino a las nuevas explosiones: no al ataque estadounidense sino a la propia actividad japonesa.

Hay una idea que me parece interesante. El tipo que inventa el arma con el que matan a Godzilla (muerte que primero lo deja reducido a huesos y después desvanece el esqueleto) plantea que no quiere que nadie conozca su invento. La chica protagonista le propone que destruya toda su investigación. Pero él replica que mientras esté vivo, habrá políticos que quieran que desvele su descubrimiento. Por lo tanto, él debe morir.

La otra propuesta de la película es mostrar la ciudad en llamas mientras avanza Godzilla. Todo son maquetas. Uno de los efectos que esto provoca es que las llamas parecen enormes. En general todo está muy bien ejecutado. La destrucción es absoluta. Los accidentes de vehículos son exagerados. Sólo hay una escena de destrucción. Es bastante larga. En ella Godzilla expulsa ese aliento radioactivo que mata todo. Pero nunca se nos explica nada al respecto. Por algún motivo, cuando escupe el fuego sus apéndices de la espalda brillan. Lo más terrorífico son sus planos mirando directamente a cámara. Su cara es tan fea que impresiona.

Antes de llegar a esta escena hemos tenido varios momentos de despachos, con gente tomando decisiones. Esto dura demasiado y no nos lleva a ningún lado.


viernes, 1 de abril de 2022

MUERTE DE UN CICLISTA

Dir.: Juan Antonio Bardem
1955
84 min.

Lo que la película combate con fuerza es el individualismo. Dos personas de clase acomodada atropellan por accidente a un ciclista de clase obrera. No avisan a nadie ni le prestan ayuda porque ella está casada. Es decir, ella teme que ayudar a una persona la condene a perder las comodidades que su rico marido le proporciona.

Aparte del juego casi policiaco, la película es muy reivindicativa. Es muy rebelde. Por ejemplo se posiciona claramente a favor de las protestas de estudiantes. Lo hace por considerarlas representativas de la generosidad de una generación frente al egoísmo que caracteriza al mundo acomodado al que Juan pertenece. El acto que adquiere protagonismo en este sentido es un vidrio roto en la ventana de su despacho. De esta escena es interesante la actitud del miembro del gobierno, que asiste a la Universidad a paliar las protestas. Le da igual por qué protesten, le da igual qué haya hecho mal la Universidad, no apela nunca a valores nacionales. Su misión es el orden público y acude a la Universidad a obligar a sus altos cargos a que palien la revuelta.

Hay un contraste entre baja y alta sociedad que no es tal. Un crítico de arte que recibe la simpatía de los ricos amenaza a los protagonistas con contar un gran secreto. Aquí hay un juego muy poco interesante acerca de que ellos (sobre todo ella) consideran más grave que se sepa la infidelidad que el asesinato. El caso es que él nos quiere convencer de que es un miembro de baja clase que está involucrado en ese mundo y disfruta olismeando en la miseria. Aceptamos que no sea rico, pero nos cuesta mucho empatizar con él. Téngase en cuenta que al principio de la película se ha dejado morir a un obrero. Por lo que sabemos de este personaje, apenas hace otra cosa que tocar el piano y hablar con todo el mundo.

A pesar de que el personaje por tanto no nos cause mucha simpatía sí nos deja una magnífica actuación. Sin ser igual de perturbador, sí hace las veces del hombre misterioso de “Carretera perdida”. Las grandes ojeras en la cara y su actuación ligeramente amanerada, aunque a ratos recuerde a personajes del cine negro americano, son muy hipnóticas. Su punto culminante es en un tablao flamenco. Las palmas, la guitarra y los gritos saturan el sonido mientras él revela al hombre rico todo lo que tiene que decir.

El último posicionamiento popular de la película es cuando un Manuel Alexandre en un brevísimo papel sí presta ayuda a la mujer cuando tiene un accidente en la carretera al cruzarse con él. De esta forma, aunque ella parece bastante muerta, se nos muestra la superioridad moral de las clases humildes. Bueno, este contraste es bastante injusto ya que él no ha sido el responsable del accidente mientras que ellos sí. Él, que sepamos, no tiene nada que perder al avisar a la policía.

Las dos actuaciones protagonistas son bastante buenas. En particular todos los personajes tienen una cadencia muy cómoda de escuchar y no siempre frecuente en el cine español. La mujer, interpretada por Lucía Bosé, está todo el rato guapísima.


viernes, 19 de noviembre de 2021

SURCOS

Dir.: José Antonio Nieves Conde
1951
99 min.

Ante la miseria que se vive siendo agricultor y la bonanza que piensan que les espera en Madrid, una familia completa se muda del campo a la ciudad. Sólo con este planteamiento ya nos imaginamos que los veremos pasar toda clase de penurias por su ingenuidad.

Hasta tal punto es así que en ocasiones causa hasta vergüenza ajena. Desde luego hemos visto tanto cine español que sabemos que ninguno de sus proyectos puede prosperar. Pero más aún cuando las situaciones a las que llegan no son nunca muy favorables.

Casi todos los males se los produce a la familia un único patrón. Quien contrata al hijo de contrabandista por saber conducir. Convence a la hija de que sabe cantar, contrata a unos chicos para sabotear su actuación de forma que ella pueda vivir como mantenida suya. Con todo lo que ello conlleva de estigma social.

Se muestra muy bien el papel de la familia. En el sentido de que las mujeres no buscan el marido que más les guste sino el que mejor sea capaz de mantenerlas. Así tenemos a Pili, la chica del contrabandista, que se va con El Mellado quien confiesa que lo primero que hará cuando se vayan a vivir juntos será darle 8 bofetadas. Sin embargo le asegura más dinero. Claro El Mellado es antagonista, por ello no puede ser de mejor calidad moral que el hijo de la familia. Por ello el oficio de El Mellado también es delictivo, dando chivatazos.

El padre de familia está completamente desubicado en la ciudad. Lo primero que le descabeza es la falta de trabajo. Se ríen de él porque siendo agricultor a lo único que puede aspirar es a segar el trigo de entre los adoquines. A la vez es quien debe preservar la honra de la familia. Así cuando la familia va a reclamar al patrón que debe casarse con la hija, el padre es quien sale con más convencimiento. Esa moral es mucho más laxa en la siguiente generación. En esa escena de rearme del padre le propina unas bofetadas a su mujer, a quien responsabiliza de la poca decencia de su hija. Cuando la madre está llorando en la cama, la mujer dueña de la casa en la que viven le dice que sea fuerte, que su marido una vez le propinó una que le tuvo 6 días en cama.

El padre protagoniza una escena muy obrerista. La película se plantea a sí misma como neorrealista. Así en una escena en la que el patrón y una querida suya van al cine, él de camino le va explicando lo que es. Su crítica social… El primer empleo que obtiene el padre es en una fábrica, en una fundición. Empleo que sólo es capaz de resistir un día. La forma en la que esto está mostrado recuerda al cine ruso, el industrialismo. Alrededor de las fábricas, resulta muy llamativo ver la chimenea de Legazpi humeante.

En particular hacia las mujeres, pero toda la película tiene mucha violencia. También los niños se muestran sin escrúpulos. Es cierto que no es tanto que se los represente como gente mala, sino que se representa a la familia del pueblo como inocentes.


lunes, 1 de noviembre de 2021

LA MUJER Y EL MONSTRUO

Dir.: Jack Arnold
1954
79 min.

El título en castellano sugiere una línea narrativa que no aparece y que el título original, “Creature from the Black Lagoon”, no insinúa. Hablo del tópico romance entre bella y bestia. Es cierto que la mujer y el monstruo tienen una dialéctica pero no es el punto central de la película. Quizás si se hubiera centrado en este, aunque tópico, habría resultado más interesante.

La película se recrea mucho en mostrar a la criatura. Algo no muy inteligente ya que es de diseño pobre. No hablo del efecto, el disfraz funciona bien. Pero es pobre el diseño de movimientos, el diseño de la cara incluso la repetitiva mano. Evidentemente la criatura influye en la odiosa “La forma del agua” pero la mano de esta criatura es un claro antecedente al guante con cuchillas de “Pesadilla en Elm Street”. La pobreza de la cabeza de la criatura le da cierto interés por lo inusual. Apenas puede mover nada. Por supuesto no hay gestualidad, pero incluso las mandíbulas tienen muy poco arco de movimiento. Sorprende que pese a la dejadez de este aspecto hayan dotado de movimiento a las branquias. En resumen, nos cuesta verlo como un monstruo y menos aún como un ser sobrenatural por lo muy humano de su apariencia.

La chica aparece muchos minutos en pantalla. Explotan su belleza cuanto puede. Lleva un sujetador cónico cuya figura realza todo el rato. El primer acercamiento al monstruo es en un baño en la laguna. Ella nada bocarriba para poder mostrar sus pechos emergiendo del agua. La criatura la mira muy asustada. No entendemos por qué esta mujer le da miedo si instantes antes ha matado a dos bolivianos sin ningún problema. Estos dos indígenas llevan un peinado estereotipado hasta el esperpento. Volviendo a la escena del baño, ella está a apenas 20 metros del barco y la tripulación le dice asustada que ha sido muy imprudente por alejarse tanto.

Se plantea de pasada y sin aportar nada interesante el dilema entre la ciencia y la aventura. El tipo que quiere llevarse la criatura para conseguir fondos muere en un acto de justicia narrativa. No crea que sea tan despiadado como la película trata de mostrar. Sí es cierto que la película sufre un poco este debate entre el género de ciencia ficción y el género de aventuras. Las peleas subacuáticas tienen un lógico ralentizamiento y una no tan lógica suciedad por la tierra que se levanta.

La laguna y el entorno selvático está bien recreado pero tampoco dará nada para el recuerdo. Me ha decepcionado que el paraje se llame Laguna Negra. No es negra. Esto habría dado un toque más misterioso a todo. Es bonito ver cómo en las escenas de noche no son capaces de iluminar los fondos y deben usar fondos pintados.

El personaje más carismático es el capitán de barco sudamericano. Toca la bocina como en el famoso corto de Disney. Habla con mucho acento. Ríe todo el rato mientras muerde su puro.


viernes, 12 de febrero de 2021

CUANDO PASAN LAS CIGÜEÑAS

Dir.: Mikhail Kalatozov
1957
94 min.

Soberbia película propagandística. Película belicista alejada del heroísmo irritante estadounidense. La guerra con su crudeza y el soldado como un trabajador al servicio del Estado. No lucha por ideales, lucha por la URSS. Así cuando el protagonista muere no recibe glorificación. A la protagonista se le muere su prometido y la imagen que hay para ella es de cigüeñas cruzando Moscú: un futuro mejor.

Cuenta las penurias de la guerra enfocándose en quienes no han ido al frente. La protagonista es una chica que se acaba de prometer y cuyo marido va al frente. Su cuñado, enamorado de ella, no va a la guerra. Él es pianista y dice que a los que son brillantes no los llevan a la guerra. El hermano que sí ha ido a luchar es ingeniero en una fábrica. Más adelante descubrimos que el hermano pianista ha pedido a espaldas de su familia sucesivos permisos para no ir a luchar. Aquí se produce una dialéctica entre los dos hermanos, quien está al servicio del Estado y quien prefiere sentirse especial por ser música y con derecho a quedarse fuera del fuego.

El drama que se presenta es el de la chica, que no ha sido capaz de esperar a su prometido. Es bonito que cuando sueñan con el día de su boda mencionan el registro civil. Sin saber ella si está muerto o no, se casa con el pianista. Esta muerte es una maravilla. Giran los árboles entre los que muere, se escuchan gritos de socorro y se superponen imágenes de la boda de su prometida. Se trae a colación un plano virtuosísimo que hemos visto al principio de la película. En la secuencia que narra su enamoramiento él persigue a ella subiendo las escaleras de su casa. Es inexplicable cómo sube la cámara mientras gira. Es un plano perfecto.

Uno de los componentes que más protagonismo tiene son los bombardeos aéreos sobre las ciudades rusas. La gente se va corriendo al metro. Uno de esos bombardeos derruye la casa de ella. Mientras los bomberos salvan a tantas personas como pueden ella sube las escaleras del edificio en llamas. Apenas queda nada de la estructura del edificio. La escalera y la puerta de casa de sus padres, cuando la abre no queda nada, sólo un reloj de péndulo. La imagen del bombero persiguiéndola es una maravilla. La llama loca mientras la ve subir y cuando comprende todo su rostro cambia radicalmente.

El otro bombardeo magno es en el que el pianista se declara a ella. Él insiste en que vayan al metro a resguardarse, pero ella está demasiado deprimida por la posible muerte de su prometido. Las sirenas son atronadoras, él abre la tapa del piano para que se oigan los estridentes acordes rusos, vienen los motores de avión, sonido de artillería, gritos, niets, cristales rotos, luces que centellean, bofetadas que ella le propina, el rostro de él severísimo, golpes… Una maravilla.

El suegro de ella es médico; ella es enfermera. En el hospital, atiborrado de heridos de guerra, un hombre tiene un ataque de nervios al enterarse de que su mujer ha contraído matrimonio mientras él estaba en el frente. Entonces el médico, alentando el espíritu nacional y pacificando el hospital, suelta un discurso acerca de que una mujer que no ha sido capaz de esperar merece lo peor. Y que, de hecho, ya tiene lo peor porque está con un hombre que prefirió evitar la guerra antes que defender a su país. Este es un mensaje arrollador para ella. Se produce un juego interesante porque cuando se enrolla con el hermano ella desea que el prometido esté muerto para no cometer una infidelidad, pero cuando llega el tren después de terminada la guerra desea que milagrosamente aparezca su amado.

Hay elementos que resultan enormemente rusos como el pequeño busto de Lenin que tiene el ingeniero en su mesa. También cuando se enteran de que debe ir a luchar se ponen a brindar. Brindan con alcohol del botiquín diluido en agua.


sábado, 2 de enero de 2021

CALLE MAYOR

Dir.: Juan Antonio Bardem
1956
95 min.

Una mujer de 35 años ya es mayor para casarse. La Calle Mayor de una capital de provincias es su centro social. Ella, Isabel, pasea por ella como todo el mundo, pero un grupo de amigos consideran que ella debe estar o de monja o en la cocina. Pero ella es una señorita: no puede trabajar en la cocina ni con un empleo, como tal es una persona improductiva para la sociedad. La película condena esta situación tajantemente.

La crítica de la película es muy afinada ya que nos sitúa en una capital de provincias. Si hubiera sido en Madrid quizás habría tenido más oportunidades por ser una ciudad más abierta. Si hubiera sido en un pueblo no habría habido tiempo libre, ni de ella ni de los amigos que protagonizan la trama.

El protagonista es Juan, su grupo de amigos proponen que gaste una broma a Isabel. Él debe hacerla creer que la quiere, pero esa broma tiene como posible consecuencia un matrimonio. Ella sería feliz porque cumple las expectativas que la sociedad le ha marcado. Él estaría torturado no sólo por un matrimonio que no quiere sino también porque se vería obligado a mentir a diario. Un planteamiento de este estilo rápidamente nos hace pensar en un desenlace en el que él le confiesa a ella que está realmente enamorado. En lugar de ello él escapa de la ciudad y ella se ve obligada a ser un foco de murmullos de toda la ciudad.

La ciudad en cuestión se explicita en una voz en off al principio de la película que es una capital de provincia cualquiera. Cuenca y Palencia prestan sus calles para recrear esta ciudad desconocida. El pulso de la Calle Mayor de Palencia que se crea es frenético. Todo el mundo se cruza, es un saludo constante. La hoz del Huécar y el paseo del Júcar dan a la ciudad un perfil antiguo, recogido. Los seminaristas por la alameda son otro elemento fundamental para mantener viva la ciudad. La conquense Ronda de Julián Romero permite una persecución de Federico a Juan con un muy buen juego de sombras en las viejísimas piedras.

Federico, interpretado por la afilada cara de Yves Massard, es un tipo que vive en Madrid. Guarda una relación muy curiosa con la ciudad. Cuando llega la adora y echa pestes de Madrid. En cuanto se fija atentamente en las tradiciones cerradas sociales recibe una dosis de realismo y cae en la cuenta de que en Madrid idealiza la pequeña ciudad. Es quien se encara con los amigos de Juan mostrando la crueldad de su broma.

La película responsabiliza constantemente a la Iglesia de la situación en la que vive Isabel. Las campanas están constantemente sonando, los clérigos inundan las calles, todo pasa delante de la catedral. Es preciosa la escena en la que Juan pide formalmente a Isabel matrimonio. En una procesión de la virgen, ella de luto absoluto como otras mujeres de la congregación y todo lo que él tiene que decirle queda enmudecido por el ensordecedor sonido de trompetas.

Me gusta mucho el uso de la música. Hay un montaje perfecto donde ella y él piensan en su relación. Ella está feliz, pasa toda la película feliz, en su habitación soñando con el hombre que la quiere para casarse. Él está absolutamente torturado, sentado en el borde de su cama en su pensión. El otro momento de perfección musical es cuando ella entra al salón donde espera que él anuncie su matrimonio. No hay nadie y se está preparando el baile, un tipo afina el piano. Federico le cuenta la verdad, la cámara adquiere ángulos complicados, ella entra en delirio y la música cada vez es más abstracta con sonidos desafinados y repetidos mecánicamente.

El final es sobrio y pesimista. Isabel mira por una ventana con la mirada perdida y con la lluvia golpeando: está condenada.


viernes, 1 de enero de 2021

MARTY

Dir.: Delbert Mann
1955
91 min.

Un año antes de que se hiciera en España “Calle Mayor” Betsy Blair hace de una soltera que ningún hombre quiere. En “Calle Mayor” no se atrevieron a llamarla adefesio como hacen en esta película. En España era una mujer demasiado mayor, ese era su defecto. Esta película parece estar convencida de que Betsy Blair es fea. Se repite hasta la saciedad y nosotros desde casa nos preguntaos cómo le sentará a ella haber sido elegida para ese papel. Además la película ni siquiera se esfuerza en hacerla parecer fea. Su contrapartida masculina es Marty, ella gana ese duelo. Pero es que las otras apariciones femeninas son la madre y tía de Marty, dos señoras mayores que tampoco son más guapas que Betsy Blair.

Tenemos a un tipo redondito, con una cabeza circular, dientes separados y manos monstruosas. Es alguien que no sabe seducir a nadie y que está harto de que todo el mundo, clientes de su carnicería incluidos, le digan que debe casarse. Su madre le recomienda una sala de baile donde conocerá a una chica de la que se enamorará. Hay que decir que el enamoramiento es bastante egoísta. Lo único que hace ella es escuchar cuanto dice Marty. Y quizás su paciencia se justifique sólo por encontrar a un hombre que quiera estar con ella.

La escena del baile es la más llamativa e la película. Marty y su amigo Angie han ido a una discoteca a conocer chicas. Miran muy cortados a su alrededor. Torpemente se mueven entre los hombres que miran a las chicas que esperan que las saquen a bailar. Aceptan a Angie y rechazan a Marty. Aparte de la humillación, debe hacer el camino lleno de gente hasta su columna favorita. Cuando habla por primera vez con la chica es porque un tipo que ha quedado con ella quiere dejarla plantada por fea. Esto hace que Marty quede bien sólo en su presentación. Pero es un recurso absolutamente simple. Ahí lo único que ha hecho Marty es no ser malo.

Cuando por fin está bailando con ella afloran todas las inseguridades de Marty. Tiene la fortuna de que está con una mujer con las mismas inseguridades ya que hace todo lo que podría conseguir que esa cita termine mal. En particular le dice que entiende que se sienta fea, que a él también le pasa… En esta escena queda esplendorosamente claro por qué no ha conseguido ligar nunca.

Los amigos de Marty son igual de gañanes que los amigos que protagonizan “Calle Mayor”. Esa cosificación de la mujer que la película muestra como falta de elegancia. Cuando la película nos muestra a un Marty pensando en campanas de boda todo el mundo se vuelve en contra de su casamiento. Su madre no quiere estar sola en casa, su primo no quiere que se vaya de la casa donde va a vivir su madre, sus amigos quieren que salga con ellos…

Al principio de la película hay varios golpes de humor y en general los diálogos son ingeniosos. También hay que agradecer mucho la iluminación y fotografía de interiores frente a lo complicados que se vuelven a veces los oscuros de los exteriores nocturnos.


viernes, 18 de septiembre de 2020

SED DE MAL

Dir.: Orson Welles
1958
108 min.

La primera secuencia es suficiente para elevar esta película por su virtuosismo. Está muy, muy medido todo cuanto ocurre y ocurren muchas cosas. Cerquísima de la cámara unas manos dan cuerda a una bomba que mete en un coche. Durante toda la película veremos coches descapotables y muy alargados; este diseño rima con el estilo pinup de la protagonista femenina. Hay muchas formas de encender una bomba, hacerlo con un temporizador con su sonido analógico les da una potencia inigualable a los siguientes minutos.

La cámara entonces vuela. Vuela por encima de un edificio y avanza dejando atrás y siendo adelantada por el coche que sabemos que va a explotar. Se cruzan carros, guardias de tráfico detienen el coche y manejan el flujo de peatones… Sin que sepamos muy bien de dónde han salido ni cuánto tiempo llevan ahí nos fijamos en dos personas que están constantemente al lado del coche. Estos serán nuestros protagonistas pero aún no lo sabemos. Aquí hay un momento mágico. La cámara es lo suficientemente tramposa para que no sepamos dónde mirar. Cruzan la frontera de México a Estados Unidos y… Explota.

La explosión es desmesurada. El coche bota ya en llamas. El resplandor, el humo, el fuego, una fuente que sin mucha explicación está en llamas… La escena se llena de policías. Los coches aparecen siempre con planos a la altura de las ruedas levantando polvo. La última persona en llegar a esa escena el imponente Hank Quinlan. No es sólo el enorme tamaño de Orwell sus planos siempre están en un contrapicado cuya perspectiva le ayuda muchísimo.

La cámara hace muchas peripecias. La cámara se hace notar después de la peripecia. Por ejemplo hay un ascensor muy pequeño con puerta de reja donde apenas caben 3 policías. El momento es ciertamente claustrofóbico. Cuando abandonan el habitáculo la cámara los sigue. Es algo completamente innecesario. Esa cámara sólo se mueve para que seamos conscientes que, pese a la estrechez, había un operario de cámara en el ascensor.

Técnicamente llama mucho la atención. La nitidez de la imagen es asombrosa. Además hay gran contraste entre blancos y negros. Recuerda al estilo de “Sin City” aunque en aquella película es mucho más exagerado. El momento donde más se juega con las luces es el asesinato de Grandi, este mafioso mexicano con ojos saltones, yo diría que pintados, peluquín, bajito y gran barriga. En esa escena hay una luz con un parpadeo muy lento que entra por la ventana. Esta escena culmina con la esposa de Vargas despertándose ante la mirada del cuerpo inerte e hinchado de Grandi.

El único escenario donde las luces no son tan agresivas es el local de Tanya, quien lee el no futuro de Hank. Ahí la cantidad de grises es mucho mayor. Aunque no me despierte mucho interés en este escenario se consigue construir un pasado para Hank perecido a lo que se intenta con desastrosos resultados en “Chinatown”. En el resto de los escenarios las luces son muy duras y los personajes proyectan unas sombras muy largas y perfiladas. Hay una discusión entre Quinlan y Vargas en un amplio hall. Cada vez están más lejos de la cámara pero sus sombras siguen enormes.

La última escena es soberbia. Se descubre a Hank como un tramposo por haberse dejado su bastón en la escena del crimen que él ha cometido. No es una gran mente que ha cometido un fallo. No seríamos capaces de creernos que alguien como él cometa ese error. Es un ser malvado, borracho, sabiéndose acabado. Entonces Vargas le persigue escuchando por una radio lo que el micrófono que lleva su compañero le permite oír de Hank.

El ruido se ha trabajado mucho a lo largo de la película hasta llegar aquí. Hemos tenido la habitación llena de la música que intenta hacer enloquecer a la mujer de Vargas, peleas con gran estruendo… Aquí la escena es muy silenciosa. Hank en un delirio brillante trata de oír a Vargas a su alrededor. Oye el eco de su voz en la radio de Vargas. Oímos los sonidos abstractos que emite esa radio. La imagen es una maravilla. Cuando por fin mata a su compañero Vargas aparece detrás de él. Pasa al lado de Hank y éste le ignora por completo.

En esta escena se ha andado desde un pozo petrolífero signo del poder y grandeza a un río lleno de basura. Es ahí donde muere este policía corrupto.

Si algo se puede criticar es al mozo de noche del motel donde se hospeda la esposa de Vargas. Ese tipo no hay nadie que se lo crea. A pesar de ello hay algo en su forma de moverse hipnótico. Está interpretado por el protagonista de “El diablo sobre ruedas”.