- Dir.: Jacques Tati
- 1967
- 123 min.
Segunda película que veo Jacques Tati. La anterior había sido “Mon Oncle”. Con respecto a esa, la mayor diferencia evidente es que no hay ese culto al personaje de Mr. Hullot. En esta ocasión todo es más un desarrollo de su estética y arte visual. La coreografía parece muy medida en toda la película.
Pero lo más evidente es la crítica a la sociedad moderna. Hay un detalle realmente triste y es que los únicos edificios que se ven en la película aparecen reflejados en vidrios. Nunca se les enfoca directamente. En esta ocasión no se hace tan cómico como en “Mon Oncle”. Solo hay que recordar el plano de la oficina, los cubículos son vistos con terror más que comedia. Aun así, siempre se puede hacer el chiste y se introduce al ejecutivo con sus zapatos de claqué.
La primera parte es la más relacionada con la modernidad. Y donde Mr. Hullot tiene más protagonismo. Pero aun así el personaje no está tan caracterizado. Pero se preserva su mirada inocente a un mundo que no comprende.
En la segunda parte tenemos una fiesta. He de decir que es una de las secuencias menos prudentes que he visto. Normalmente el cine suele ser comedido y la cámara te indica dónde está la acción. Aquí de repente tenemos muchos asuntos, con muchos personajes y muchas acciones a medias. Todo en un escenario reducido y con mucha gente en escena. Lo cierto es que normalmente el cine me suele parecer demasiado escaso en cuanto a descontrol, pero esta escena ha cumplido de sobra las expectativas. Los gags parecen completamente improvisados. Como meter a un borracho en una silla como si fuera una papelera, no creo que un guionista haya escrito eso, parece la genialidad de alguien que ya está en el set de rodaje.
Hay dos ausencias muy notables en esta película: los planos de puro recreo de “Mon Oncle” (como la mítica escena de las escaleras) y una música que acompañe al personaje. Igualmente, muy buena película.
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