Mostrando entradas con la etiqueta 1974. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1974. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de julio de 2025

LA CONVERSACIÓN

Dir.: Francis Ford Coppola
1974
113 min.

Maravillosa. El clima constate gracias al jazz. Los tiempos muertos. Acompañar a una persona con una vida muy poco interesante y que se dedica a escuchar la vida de otras personas. Un personaje protagonista magnífico. Ese vestuario constante, idéntico siempre, con aires de decadencia. ¡Qué aspecto lastimero da ese chubasquero! Ni siquiera tiene el buen gusto de quitárselo antes de ponerse a mirar la habitación de hotel en la que se aloja. Todo en una ciudad grande que siempre ayuda a construir un personaje solitario.

Me encanta lo cinematográfico que se vuelve el espacio diáfano que precede a la jaula de su estudio. Es un lugar con columnas finas. Entre las que puede correr una moto. Entre el jazz que se oye y la pareja bailando es una atmósfera onírica. Me vuelve loco el plano en el que está a punto de ligar con una mujer. A su cristianismo no parece importarle ni siquiera que ella no esté divorciada. Él está apoyado solo contra una de esas columnas. Es un personaje que ni siquiera su aura misteriosa le puede convertir en atractivo. Pero el plano revela gran soledad. Con un neón azul tras de sí… Me encanta.

La escena en la que mezcla las grabaciones es maravillosa. No tiene miedo a insistir en una frase, repetir todo lo que sea necesario. Quiere que conozcamos la conversación tan bien como el protagonista. Exprimir hasta obtener la última frase. Incluso la escena de la grabación, ese gran plano (en cuanto a duración y amplitud de la imagen) que se va acercando a los individuos que nos interesan.

Aunque el trato con sus clientes es también muy interesante, lo que más me ha gustado es su obsesión. Sus dilemas. Y su locura al escuchar lo que ocurre en la habitación de al lado del hotel. Me encanta cómo culmina esta escena. Esta forma de mostrarnos hechos desde la perspectiva de alguien que obviamente no se aleja de la paranoia. Se nos cuenta el asesinato que ocurre en la habitación de al lado con una indefinición que no descarta que todo sea una construcción de su mente. Me gusta mucho el diseño sonoro del momento en el que finalmente ve la sangre en la mampara de cristal que separa ambos balcones. Un sonido estridente, punzante. Una materialización sonora sorprendentemente precisa de lo que es la ansiedad sobrevenida.

Por supuesto, la máxima expresión de su personalidad: la última escena. Resulta casi desgarrador ver cómo alguien transgrede todo lo que le conforma por su obsesión. Hemos tenido varios planos muy caóticos, de destrucción absoluta de su apartamento. Cuando por fin lo único que le queda por romper es la figura de una virgen el plano se sostiene y tenemos unos segundos de silencio antes de golpear la figura con violencia.

Tremendo el momento que una mujer está dispuesta a pasar la noche con él. Pero él se enfrasca en su trabajo, negando al resto del mundo. Despreciando a esa mujer que se le acerca casi doliente por verle así.


viernes, 23 de agosto de 2024

LA PATAGONIA REBELDE

Dir.: Héctor Olivera
1974
107 min.

Los militares son malos, los obreros buenos. Yo me posiciono a favor de la película. Entonces durante mucho rato se vuelve muy narrativa. Ahí me pierde un poco. Su forma no destaca casi nunca. La camarilla de burgueses que utiliza su influencia para aplacar las huelgas me resulta muy plana y muy poco interesante. Me aburre a ratos. Incluso cuando el ejército del teniente coronel, interpretado con gran carisma por Héctor Alterio, desata todo su sadismo contra los huelguistas me resulta repetitiva.

Me gusta la relación que se dibuja entre los ideólogos de la huelga y la masa obrera. Al principio trabajan muy inteligentemente para conseguir el convenio agrario. Aunque es una secuencia que mueve mi espíritu izquierdista, no brilla casi nunca. Vemos más charlas que realmente movimiento de multitudes. Me hace mucha gracia el tipo de la chistera, delgadísimo, que siempre teoriza con manifiestos que a la masa obrera le suenan ajenos. A pesar de que este tipo sea el que aparece retratado como el gran teórico idealista, el Alemán tampoco se queda corto. Es tal su fe en la voluntad de la asamblea, que se queda esperando a las tropas militares a sabiendas de que serán todos fusilados.

La película nunca da lugar a la comedia, pero tras los experimentos asamblearios que hemos tenido en este país en la pasada década, resulta muy cómico que cada vez que se planta un militar a hablar con el movimiento obrero ellos respondan con solemnidad que se hará lo que dicte la asamblea. Realmente solo quedan ridiculizados cuando se creen representantes de algo importante y son recibidos con desgana por los militares que ya saben que tienen la guerra ganada.

El punto irreverente y fuerte de la película es el momento final. Toda la cámara de burgueses celebra la victoria militar agasajando con una cena al teniente coronel. Comienzan a cantar en inglés. Él permanece serio y descubriendo que los intereses nacionales por los que ha luchado convencido son una patraña: que estaba luchando por los intereses comerciales de potencias extrajeras. La película en ningún momento se muestra nacionalista. Juzga duramente al militar cuando monta en cólera al saber que los dirigentes del movimiento anarco-sindicalista son extranjeros. Lo que critica es que se haya dado una guerra por teóricos intereses nacionales (conseguir que Argentina no pierda la Patagonia) y que se revele que quien ha ganado ese territorio no es la nación: sino el capital.

La violencia se muestra en abundancia. Muere mucha gente y con bastante sangre rojísima. Gracias a que la forma en la que se desploman en el suelo es tan peliculera nunca nos repugna esta violencia, pero sí la crueldad del teniente coronel. Incluso su segundo le cuestiona si es necesaria tanta violencia. Él le responde simplemente comparando el bajo número de hombres de que dispone y la cantidad de campesinos que están afiliados a la falange anarco-sindicalista. Ello sumado a que tiene una misión que cumplir no le deja mucha alternativa.

La fotografía es bastante llamativa. Tiene muchísimos exteriores bajo un sol de justicia y los colores siempre aparecen bien definidos. Ello sin perjuicio de que a contraplano cambie sustancialmente la fotografía. En los interiores oscuros, como la cama en la que yace Zavala al inicio de la película, los colores se vuelven amarronados y más feos. Pero en otros momentos de plató, como las primeras asambleas, los colores sí se cuidan mucho.


viernes, 31 de marzo de 2023

EL PORTERO DE NOCHE

Dir.: Liliana Cavani
1974
115 min.

De ritmo muy pesado. La mayoría de las escenas son enormemente desnudas. Casi nunca hay música. La sensación es parecida a la de “El crack”. Por algún motivo difícil de concretar le falta fuerza a todo lo que se cuenta. Tanto es así que yo tardé varios minutos en saber cuál era la historia que se nos estaba contando. Parecía tener la misma relevancia unos planos en los que se habla con figurantes que la presentación de la chica y que las analepsis en la que el portero con el uniforme nazi graba intimidatoriamente a sus prisioneros judíos.

Quizás esta frialdad hace que las dos escenas de baile, al comparar, tengan ese peso en la película. La primera de ellas es mucho más enérgica. Un bailarín clásico con la cara palidísima, pelo muy pegado a la cabeza salta entre soldados nazis. Es un personaje muy amanerado. Resulta llamativo ver a alguien así entre las filas del Tercer Reich. Esta característica no le impedirá ser igual de implacable que los otros nazis que aparecen.

La otra escena de baile es la archiconocida. Es una escena rarísima. Para empezar porque tiene música. Esto ya hace que sea radicalmente distinta al resto. Pero es que el público sentado en mesas pequeñas, en una especie de fiesta de carnaval o año nuevo provoca un ambiente onírico. Mismamente lo primero que vemos de esta escena es un músico que lleva una máscara. De un único color. Da una ambientación etérea. La música es lenta. La letra es en alemán, en el caso de la versión que yo vi además era alemán sin subtitular por lo que el extrañamiento era mayor. Hay incluso un alemán que lleva una gorguera fácilmente identificable como disfraz. La escena termina con sus dos brazos perfectamente perfilados por los guantes negros. Codos hacia el exterior de su cuerpo. Mirada sentida. Sus manos cubriendo sus pechos. Son unos movimientos no del todo habituales en un baile erótico. Movimientos mucho más sentimentales y menos explícitos de lo que uno pudiera esperar. La imagen es altamente erótica, pero su expresión corporal parece más profunda.

Entiendo el elemento de pastiche que tiene un baile erótico con motivos nazis. Si hubiera que seleccionar un fotograma para representar lo rompedor de la película sería aquel en el que ella con el pecho desnudo hace un erótico saludo romano. Por supuesto está toda la reflexión acerca de decidir hablar del nazismo sin un asomo de conciencia política. Lo único que interesa es que ella haya tenido que someterse a él. Hasta donde sé de racismo un nazi debería evitar en lo posible todo acercamiento a una mujer judía. Pero yo diría que todo esto se obvia, no se reflexiona al respecto y se acepta el nazismo como cliché de autoritarismo férreo. Igual cuando ella se muda a casa del portero y abre el armario ahí está la esvástica en su antiguo uniforme. Esta imagen es meramente evocadora de su relación pasada.

No sé si hay esta intención en la directora, pero desde luego es muy chocante para el espectador que acude a esta película atraído por la imagen del torso desnudo con los tirantes el hecho de que esa misma mujer que uno espera ver erotizada aparezca antes con una durísima humillación del nazismo. A los muy pocos minutos de película aparece la maquinaria nazi haciendo censos de judíos, en una habitación friísima con todos ellos desnudos. Es un golpe a la libido del que difícilmente nos recuperaremos antes de que acabe la película.

Las últimas escenas de desesperación en las que ya no queda comida en casa y no pueden salir a comprar son muy llamativas. Pero ocurre lo que criticaba antes. Que no tienen mucha fuerza. Las actuaciones no son particularmente memorables y lo que más nos convence de su desesperación es la palidez de ambos rostros y su delgadez, sobre todo la de él. Pero me gusta el clima de violencia que se establece entre ambos. Es brutal. Quiero decir, ya que se nos hace aceptar que una judía se enamora de un nazi, me gusta que la relación que se muestra es cruda, es dura, es violenta, es enferma. En definitiva: inexplicable.

Me gusta mucho que todos los nazis que viven en las sombras, matando a quien pueda dar un testimonio que les haga enfrentarse a un juzgado de la Europa posbélica, sean unos convencidos del nazismo. Se sienten orgullosos de haber servido al Tercer Reich. Es de un pastiche absoluto, y creo que por eso me gusta, el tipo delgado con un eterno monóculo y cicatriz en la boca. Es alucinante la naturalidad con la que aparece ese hombre. Como si el espectador tuviera que aceptar esta estética tan fuera de lugar.

El final tiene una cosa maravillosa. Salen del hotel en el que viven recluidos. Si saben lo infalibles y sanguinarios que son sus compañeros no creo que albergaran ninguna esperanza de sobrevivir. Mi sospecha es que se produce esa persecución en coche para que la acción pueda situarse en mitad de la nada. El caso es que acaba más o menos como sospechábamos: disparos los dos muertos. Drama. Bien. Pues los créditos entran sin ninguna solución de continuidad. Con un color de fondo mucho más luminoso que el final de la película. Con una música ligera. Casi un desprecio a la misma historia que se nos narraba. Sería lo típico que Albert Serra alabaría.