- Dir.: Fernando León de Aranoa
- 2002
- 113 min.
Todo el rato es magnífica. Todas las historias nos interesan. Las interpretaciones son estupendas. Incluso la del ruso, la más discreta. Nos fascina la situación de el hombre en un hogar al que no puede seguir llevando ingresos. De todos los personajes quien más representa este trauma es Luis Tosar. Ve a su mujer, la persona gracias a la cual vive como alguien a quien enfrentar. El caso paradigmático es la escena del banco. Él la acompaña por si tiene que firmar algo. Va por cumplir con la función tradicional del hombre. Cuando llega ahí se ve totalmente desbancado porque no recibe ingresos. Él no pinta nada en esa gestión de su mujer.
Por otro lado Javier Bardem representa el fracaso del sindicalismo. Enfrentado a su compañero el bizco, que ha conseguido trabajo porque le han recomendado en su empresa. Ahora se dedica a explicar a sus excompañeros que con esfuerzo se consigue un puesto de trabajo. Así llama a Javier Bardem cigarra y le dice que tome de ejemplo a Lino, que sí se esfuerza por conseguir un puesto de trabajo. El detalle que el propio bizco obvia es que el esfuerzo que él invierte de poco le sirve.
El concepto de la película está traído perfectamente. Es preciosa la conjunción del título, el cartel y las dos escenas donde Bardem hace esa pregunta de ¿Qué día es?. A todo ello le viene de perlas la música efectista y efectiva.
El dramatismo del alcoholismo de Amador culmina con la escena de su muerte. Pero creo que la escena de su casa es más poderosa. Todos ya sabíamos, como sabían en el bar, que su mujer le ha abandonado. Percibíamos claramente su alcoholismo. Pero la imagen de su casa es totalmente desoladora. Y la interpretación de Bardem, nuestro guía, es bastante comedida. El desencadenante de esa escena es el lavabo decadente. Se puede tener una casa deteriorada y sucia, toda la ciudad lo es, pero lo que es desolador y desgarrador es descubrir que Amador vive en una casa sin agua.
El papel que es más pequeño pero totalmente memorable es el del vigilante del astillero. Ya vacío. Hablo del tartamudo y con déficit mental que interpreta Fernando Tejero. Está escrito de maravilla. Está acostumbrado a la socarronería de Bardem. Por eso está todo lo despierto que puede cuando habla con él. Toda la escritura de todos los diálogos es una maravilla.
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