viernes, 2 de octubre de 2026

LA BOLA NEGRA

Dir.: Los Javis
2026
158 min.

Masculina; como sería de esperar de Lorca o de los Javis. Épicamente masculina en ocasiones. El cuerpo desnudo del republicano homosexual ex-mimebro de La Barraca me recuerda al desnudo que le provocó la stendhalía a Almodóvar, reflejado en “Dolor y gloria”. Esa escena abrumadora en la que Sebastián trepa a San Sebastián, imponente, de piedra, caído y coronando una montaña de escombros. Armado con solo una trompeta.

Hay una labor de dirección de actores muy sutil diseñando el personaje de Sebastián como apocado. Permitiendo que las dotes interpretativas de Guitarricadelafuente nunca queden ene evidencia. La interpretación final tiene muchísima fuerza. Queda explicitado alguna vez: su altura y sus pestañas hacen mucho del trabajo que se puede evitar hacer él. Un poco de caída de mirada, un poco de iluminación para marcar sus facciones y se consigue ese rostro rellenando la pantalla con tanta potencia.

Creo que con un resultado bastante peor se ha intentado algo parecido con la timidez de Carlos, el homosexual que quiere entrar al casino. En todas sus escenas es donde la película se permite abrazar con más fuerza lo etéreo, la poesía. De esa forma él es más un guía a través de lo que ocurre más que un personaje realmente. Casi un espectador su propia historia. Lo cual es muy llamativo, porque tiene una familia de actorazos a su alrededor. Antonio de la Torre con un papel potente pero breve. Quizás ni siquiera muy interesante. Más esterotípico que otra cosa. Pero un rostro una voz y una potencia que nada tiene que ver con el apocamiento de su hijo. Su, hermana, su madre… Todos en esa casa granadina tienen una fuerza en sus voluntades que chocan mucho con lo poca cosa que es ese chico.

En este plano de realidad tenemos también una escena que, aunque con recursos fáciles, me ha encantado. Como queriendo gritar al jurado de los premios Oscar que se encuentran ante una película española. Me refiero a ese canto gitano flamenco en un bar. En el que Carlos hace un baile muy etílico, fumando, bailando con la cámara y el humo. Algo que recuerda alas sonoridades y el baile que tenía “La guitarra flamenca de Yerai Cortés (2024)”. Alejado de la fuerza recia del flamenco que Antonio Gades encarna en “Bodas de Sangre (1981)”.

Lamentablemente Carlos tendrá también esta escena de la nieve. La más poética de la película. Está bien, creo que hay mucha belleza en esos esquiadores que aparecen de entre la niebla. Pero no es una escena que se sostenga con tanta fuerza como para alargarla durante tantos minutos. Sobre todo para que el montaje nos saque de ahí y vuelva a apelar a ella machaconamente. La ejecución es endeble, no se está construyendo nada particularmente poderoso y no vemos más que cómo vuelve a aparecer ese ámbito místico en el que se dicen tópicos de la reivindicación identitaria.

Cuanto tiene que ver con la Guerra Civil la verdad es que apela mucho. Me emociona la voz delicada que empieza cantando “Soldadito español” y que después se convertirá en ese estruendoroso coro masculino. Esa forma en la que a Sebastián le da igual en qué bando estar. Cómo se bombardea un pueblo del bando fascista por error. Cómo grita un Arriba España para demostrar a qué bando pertenece. La manera en la que tratar de salvar una obra de Lorca en realidad solo consiguió que se perdiera durante muchos años. Me parece incluso emocionante ver a Albert Pla, ese ser caótico actuar con seriedad. Haciendo un personaje que podría ser anodino. No tiene nada caracterísitico. Pero ver a su actor comportándose así le da muchísima fuerza.

El retrato que se hace de Lorca es muy emocionante. Es imposible ver a ese retrato de candidez absoluta. Sencillez en la palabra. Dulzura absoluta y no acordarse de los textos de sus contemporáneo que hablaban de la luz que Federico desprendía. Es una delicia la primera vez que le vemos. Con un blanco y negro de alto contraste. De espaldas a la cámara. Con una mano diestra ligera como una pluma. Atrayendo las miradas de su audiencia. Su forma de hablar no deja de recordarme a las entrevistas de Antonio Gala, pero sin darse la rimbombancia que él hacía.

Y qué emoción ver a Penélope Cruz en ese papel. Qué fuerza. Qué pecho. Qué forma de seducir al público. Cómo hace a dos militares fascistas interpretar una escena homosexual. Qué atención hasta el último de los detalles de lo que ocurre en escena. Qué belleza cómo identifica la homosexualidad de Sebastián. La dulzura con la que se lo lleva a su habitación. Con qué nostalgia habla de un Madrid de una libertad suma. Qué emoción oír ese la lista de coristas de aquellos años. Esa fuerza reivindicadora de libertad. Espetándole a nuestras democracias actuales que las libertades que ellas abanderan ya se reclamaban desde hace tantas décadas. En Madrid vivíamos en pecado mortal.

En cuanto a la historia más actual en general me causa algo de pereza. Lola Dueñas hace un papel maravilloso. Pero su personaje y la relación que tiene con su hijo me da mucha pereza. Me parece que es la típica familia desestructurada que ya hemos visto innumerables veces en el cine actual. Para más inri perpetuando la imagen de persona queer que nace de un entorno complicado y que es incapaz de llevar una relación sana con su pareja actual. También me harta un poco ver aparecer a ese último hombre homosexual que adquiere la casa de Sebastián. Por algumento es lógico que aparezca ese personaje para dar cierre a la vida y a la historia. Pero no puedo más que incrementar el contador de personas homosexuales en la película.