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viernes, 5 de junio de 2026

METRÓPOLIS

Dir.: Fritz Lang
1927
153 min.

Son muchas sus imágenes icónicas que quedan estupendas como un gif. Pero cuando ves la película sobretodo llama la atención la fuerza de todas sus imágenes. Por ejemplo es una maravilla el mítico plano de las avionetas cruzándose por delante de la Torre de Babel, pero la secuencia que culmina con ese plano ha ido poco a poco mostrándonos imágenes de Metrópolis. Hay una construcción que va preparando al espectador para que la imagen sea lo más efectiva posible. Soy consciente que parte de la efectividad reside en la maravillosa banda sonora que hoy se ha extendido como canónica. Es una delicia poder ver una película muda con una banda sonora que no trate de sonorizar lo que vemos, sino que acompañe el montaje.

Las imágenes de los obreros como los pelotones dirigiéndose a los ascensores a la manera de “Pink Floyd: El muro (1982)”, el reloj inverosímil de La Máquina, que esclaviza al obrero, las palancas que han de moverse al unísono… Me gustan los zapatones del uniforme obrero. Todo eso son las imágenes que reconocemos como propias de esta película. Pero también son para quedarse boquiabierto aquellas de una libertad inusitada como ese fundido en el que de repente la máquina se transforma en la boca de una especie de dios mesoamericano.

El robot, el cinetífico loco lo reconocemos como muy propio de esta época de vanguardias. Con ese futurismo galopante que tanto gustará a los fascistas. Pero la fuerza desquiciada de la interpretación de la María malvada es arrebatadora. Esos brazos descoyuntados. Esos ojos fuera de sí. La forma en la que recorre el plano. Esas esplanadas vacías de la Ciudad de los Obreros. Es una interpretación alucinante. Sobre todo cuando la comparamos con la cara de la cándida y casi pánfila María activista. La danza lujuriosa funciona a la perfección. El motivo por el que a día de hoy sigue siendo efectiva es que no se utilizan imágenes sexualmente escandalosas: se buscan movimientos que sean inusitados, que transgredan. De nuevo aquí hay un ejercicio de montaje alucinante. La escena de la danza, con los famosos planos de ojos lujuriosos llenando todo el cuadro, culmina con la imagen bíblica de ella alzándose sobre un monstruo.

Hay que reconocer que todo esto se utiliza para transmitir un mensaje un poco naíf. Una especie de equidistancia o de templanza en la lucha social. Una especie de alegato contra la lucha obrera y en favor de los sindicatos representativos.


viernes, 9 de agosto de 2024

LOS ESPÍAS

Dir.: Fritz Lang
1928
144 min.

Es una película de espías. Tiene imágenes muy propias del expresionismo alemán, una puesta en escena que da el protagonismo a las figuras humanas y un final descacharrante.

Muy al principio tenemos varios planos que a mí ya me enamoran. Uno de los primeros es una moto avanzando a gran velocidad. En realidad está quieta en el estudio y todo el dinamismo se construye con polvo y traqueteo. Es muy bonito ver de qué forma tan habilidosa se construye la acción propia del género de espías con unos medios humildes. Por ejemplo en un momento dado un hombre se despierta en el vagón de su tren y descubre que está detenido. Típicamente esto se haría destacando el silencio por la ausencia del ruido de las ruedas. Lo que hacen aquí es dejar de hacer que tiemble el escenario: precioso.

En la escena del tren la mujer se tortura porque sabe que el vagón de su amado va a terminar siniestrado. Se le aparece entonces el número de vagón en todas partes. Imposible no acordarse de los momentos finales de “El gabinete del doctor Caligari (1920)”.

Otro plano que me ha encantado, muy propio de la época, es el del cuartel de los villanos. Hay un plano en el que se cruzan unas escaleras, con resonancias a “Metropolis (1927)”. Se ocupa todo el cuadro. Vemos a personas desfilando por todas partes. En general esto está hecho de maravilla a lo largo de toda la película: la composición del cuadro. Cuando las figuras son lo importante, el fondo es desnudo. Cuando se quiere mostrar la reacción de un personaje, lo que ve aparece insinuado como sombras proyectadas en una pared.

Los hombres de abrigo, gorro y gafas son iconos reconocibles de esta película. Sin embargo aparecen menos de lo que habría gustado, o menos estilizados. Por ejemplo el plano famoso del hombre con los brazos en cruz, aparece brevísimamente y sin una puesta en escena que le permita brillar como sí lo hace el rostro del jefe de la organización, muchas veces envuelto en el humo de su tabaco que de tan extraña manera fuma. Se fuma mucho y de forma muy expresiva en esta película.

Creo que el final que se le diseña busca por un lado una sorpresa inimaginable. Quizás lo sea, aunque sus consecuencias también son tremendamente anodinas. Creo que otro objetivo de vestir a este falso paralítico de payaso es explotar la imagen paradójica del payaso malo, demente. Lo digo sobre todo porque su muerte es de una autoimportancia tremenda. El payaso se suicida usando la pistola que en escena le sirve para ejecutar sus gags. Se dispara en la sien. Tiene ahí un tiempo extra totalmente inverosímil que aprovecha para pedir la caída del telón. Es un delirio absurdo y bastante disruptivo con el tono del resto de la película.

Aunque hay que decir que este pastiche particularmente mal ejecutado no es único. Se añaden elementos que evidentemente aparecen como compendio más que como unidad. Me refiero al accidente de tren, muy disfrutable; y a la trama japonesa que culmina con un harakiri. Esto es muy divertido. Me ha encantado las alucinaciones que sufre el hombre japonés deshonrado por haber sucumbido a los encantos de una mujer y haber descuidado el importantísimo documento que debía custodiar. Hay un plano maravilloso en el que se superpone la bandera de Japón hondeando fervorosamente y los tres hombres que han muerto por proteger ese documento. No deja de ser divertido que, pese a tener los ojos rasgados, es imposible de creer que Lupu Pick sea japonés.


viernes, 9 de abril de 2021

EL GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI

Dir.: Robert Wiene
1920
77 min.

La película es perfecta. Toma el cine y lo explota hasta el límite de sus posibilidades. Todos los recursos que utiliza están usados con maestría. La historia funciona. La trama es sólida. Los personajes son los justos. Hay saltos de tiempo. Hay cambios de narradores. No puedo sino aplaudir los cambios del color de la fotografía para indicar los cambios de luz. Cuando se está inspeccionando el despacho del doctor pasan de tantear a oscuras a encender una luz. De un fotograma a otro pasamos de unos colores azules a colores amarillos. El recurso es perfecto.

El decorado es una determinación férrea. Dialoga con los personajes, con las acciones. La cámara acepta con naturalidad la ruptura de cualquier línea coherente. Los maquillajes exagerados de los protagonistas están en perfecta sintonía con su fondo. Son una maravilla los barrotes de las ventanas. Sin ningún sentido ninguno. Es una maravilla el propio pueblo: esa montaña con casas apretadísimas, con tejados que se alzan como llamas. Las sombras: muy al principio un hombre enciende una farola. El suelo tiene pintada una especie de estrella que representa los destellos de la farola. Un recurso muy hábil. Más aún cuando vemos que esa estrella estaba ahí antes de que se encendiera la luz.

Los decorados se repiten con absoluta desvergüenza. Me maravillan las telas que giran a a un ritmo vertiginoso para hacer las veces de tiovivo. La escena de la feria reúne a una cantidad de personajes curiosos. Los sombreros en la película adoptan geometrías como los tejados de las casas. Chisteras como las de Caligari y sombreros de pico como los de Chico Marx. En la feria aparece un enano con un sombrero dando una limosna al tipo que toca el organillo con su mono.

Cuando se produce el rapto de la chica hay dos hombres que se despiertan en la habitación contigua. De esta habitación sólo vemos unas paredes negrísimas y unas camas blanquísimas. Llenando el plano, en un ángulo imposible. Juntas en el cabecero y separadas en el piecero.

El decorado juega con los efectos especiales. Cuando Cesare entra a casa de la chica a raptarla rompe una ventana. ¿Cómo consiguen eso? A corte de cámara. No hay ni que cambiar de plano, la imagen salta y los barrotes oblicuos están en manos del monstruo. Es una maravilla cómo se despierta el monstruo. La película se toma su tiempo. Un plano de cerca, cerquísima con esos ojos pintados que se abren poco a poco. Ojos negrísimos para una piel clarísima. Hay que tener en cuenta que toda esta tensión la película la sostiene ella sola. No puede confiar en la música que vaya a venir. Ella se sabe lo suficientemente potente como para poder sostener esta imagen.

Todo Cesare es una maravilla. Por supuesto sus apariciones como sonámbulo, despertándose de su ataúd. Pero no sólo. Es una maravilla cómo se arrastra con pasos felinos. Rozando con su mano larguísima el muro de la casa de la chica. Se deja siluetear por el escenario. El sumun de todo esto es la famosísima imagen de él subiendo por unos tejados imposibles. Tejados que suben y bajan, chimeneas evidentemente bidimensionales. Es una escena genuinamente frenética que culmina con maestría. Emociona asistir a algo con tanta fuerza. Tan irreal y tan poderoso.

No puedo dejar de hablar de ningún protagonista. La chica tiene una mirada casi siempre perdida, pero un rostro muy potente. Ella protagoniza un plano donde la cámara se mueve. Hace un ascenso siguiéndola a ella. Estamos hablando de los años 20. Algo único. Es otra maravilla la parranda que se pegan los tres jóvenes antes del primer asesinato. La complicidad de los dos chicos, cómo le gusta saberse querida a ella. Su último momento estelar es cuando está en el patio el manicomio. Se cree una reina y tiene unos labios pintados finísimos.

El primer asesinado tiene una actuación magnífica cuando se enfrenta a Cesare vaticinando su muerte. A pesar de que las separan muy pocos minutos, vuelve a ser icónica su cara de terror cuan Cesare llega a matarle a su casa. La cara de angustia de su compañero de nuevo es brutal. Cuando descubren el cuerpo muerto él y la casera del finado es una maravilla de plano. La ventana de su habitación está rota. Pero de nuevo la cámara lo obvia por completo. El decorado es tan potente que no necesita que nada ni nadie lo señale. En este momento de angustia, que el amigo es el centro absoluto del plano, la casera de él está en una esquina. Oscurísima, llorando.

En cuanto a Caligari sus sombras en la cara son una maravilla. Es otra maravilla la mutación que hace su personaje el relato del narrador a su forma final, mejor peinado, sin marcas oscurísimas en la cara. Muy buena también la forma en la que su figura es oronda. Cuando le vemos trabajando en el manicomio descubrimos que es más estilizado de lo que lleva aparentando toda la película. Tiene el honor de compartir plano con una de las imágenes más radicalmente expresionistas de la película. Hablo de la conversación con el funcionario, quien debe autorizarle el puesto en la feria. Cuando esta escena acaba, Caligari se dirige hacia un pasillo que se nos quiere hacer creer interminable pero que apenas serán dos metros antes de encontrarse con el telón de fondo. Con este taburete altísimo del funcionario riman las mesas de los policías. Unos policías que rotan y que nos dan un desfile de distintos bigotes. Esos policías trabajan en sillas altas siempre con la espalda en posiciones antiergonómicas.


viernes, 13 de noviembre de 2020

EX

Dir.: George Markakis
2020
85 min.

Película homenaje a la noche berlinesa. Queriendo huir de estéticas de pistas de baile decide centrarse en los baños de las discotecas. De esta manera, la película hace gala de una intimidad con el tema que trata y así evita hacer esfuerzos con su guión para ganarla.

Las personas que vemos pasan la treintena sobradamente y su vida es la noche berlinesa. Quieren creer lo contrario: que su vida los ha llevado a refugiarse en la noche. Cada cual elabora un discurso absurdo y pretencioso acerca de por qué son especiales y por qué la sociedad biempensante les juzga duramente. Lo cierto es que no encontramos ningún relato que nos haga pensar que son juzgados. Por lo contrario, un tipo cuenta que viajó de Beirut a Berlín, donde encuentra una sociedad enormemente abierta y tolerante.

No sé las intenciones del autor. Pero una película que se promulga como un homenaje a estos clubes nocturnos se convierte en una ridiculización de la generación tecno. Recuerda en este sentido a películas de la aristocracia como “La gran belleza”. Esta gente no es lo que uno pensaría como alta sociedad, pero para pagar las ingentes cantidades de drogas que consumen hay que tener un nivel adquisitivo importante. Tenemos por tanto a una generación absolutamente improductiva y que se convencen a sí mismos con discursos rimbombantes de que si ellos dudan de la vida que llevan, es por la sociedad.

Las conversaciones recuerdan mucho a la primera mitad de “Climax”. En esos baños que hacen de confesionarios nadie se escucha. Cada cual lleva su discurso y sí interactúan entre ellos, tienen diálogos, pero no conversaciones. No hay nunca debate, frases vacías. Nunca se juzga a nadie pero porque nadie dice nada en contra de nada. Sólo se habla de sexo, drogas y algún comentario acerca de ser libre. En ese lugar todo el mundo es bisexual, no hay un conflicto ahí. Los baños que se nos muestran están plagados de drogas, nadie se posiciona en contra… Sólo vemos a personajes con mucha más autoestima que las gentes sin vidas que hacen la pantomima.

El único momento de colisión en la película es con el personaje que dice sentir las visitas de su abuela muerta. Aquí la protagonista lo mira con cara casi de miedo. No sólo no comprende lo que dice sino que el tono de su discurso es demasiado deprimente para su generación.

La puesta en escena es maravillosa por lo insistente e insistente por lo limitada. La mayor parte de la acción se desarrolla entre dos espacios dentro de los baños. Uno luminoso, claro y azul donde están los lavabos y espejos y otro oscuro y rojo donde están las cabinas. Aunque lo ronda, no llega a forzarse el sobadísimo contraste entre azul y naranja del cine actual. Me gusta mucho lo saturante que es el bit de la música que suena afuera. Nunca escuchamos música, tan solo el taladrante pulso. Los baños son un refugio pero la fiesta sigue fuera. Me gusta mucho también que las cabinas sean estrechísimas y aun así funcione bien el formato panorámico.

La protagonista se dedica a vender drogas en los baños. Va vestida con un sujetador de arneses, dejando sus pechos al aire toda la película. El desnudo se muestra sin mucha dificultad, pero el de esta chica es el que más aparece.

Algunas cabinas nos interesan más que otras. Por ejemplo odio con mucha intensidad al pseudoartista asiático, histriónico, abusando a todas luces de la paciencia de la protagonista. Pero sobre todo con muchas palabras que no significan absolutamente nada. Como personaje, me recuerda a la artista que aparece corriendo contra un muro al comienzo de “La gran belleza”. Me gusta mucho la cabina donde hay tres tipos alemanes hasta la médula. Uno de ellos con una voz poderosísima recita poesía y canta ópera. Me encanta este lugar. En la zona de los lavabos hay una pareja de transformistas. Una operada de ego infinito y un tipo alto con maquillaje oscuro con una feminidad y erotismo a raudales.

En cuanto a la explicitud de según qué cosas me parece muy poco interesante. Las felaciones quizás resuenen en las personas que conozcan estos locales. Por lo demás no es una imagen muy interesante la que da el sexo en un lugar tan pequeño. Sí es algo más fuerte la imagen de la protagonista con las medias absolutamente rotas por los dedos del tipo que la está penetrando. También se consigue una buena imagen con la asiática que tiene un orgasmo con un cuerpo abalanzado sobre la cámara justo en un momento de cese del bit.


sábado, 8 de agosto de 2020

EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD

Dir.: Leni Riefenstahl
1935
110 min.

El título nos lleva la cabeza directamente a Nietzsche. Los discursos que escuchamos plantean la ideología nazi pero también su mitología. Hablemos primero de la exaltación del nacismo y después de sus aspectos más cinematográficos.

Hay una curiosa mezcla entre Nietzsche, el imperio romano y la Iglesia. Digo curiosa porque no casan muy bien entre sí. El soldado muerto sigue vivo en Alemania. Esta frase parece una variación sobre el tema de la Legión española: “La muerte no es el final”. En España, por nuestro ínclito catolicismo, no podemos buscar una trascendencia que no sea la divina. En Alemania hacen responsable a la entelequia de la nación de la inmortalidad de la entelequia del alma. Todo cuanto hagas pasará, pero Alemania sobrevivirá. Esto es cristianismo absoluto. Me pregunto cómo ha podido haber alguna vez un cristiano nazi. El propio Hitler en algún discurso menciona a Dios; es cierto que nunca le da gran peso en sus discursos.

El culto a Hitler es absoluto. Evidentemente por parte de sus “fieles” pero también por parte de los otros miembros del partido. Resulta asombroso esa muestra de unidad. Evidentemente no esperaba encontrar ninguna crítica al dictador, pero todos cuantos hablan se deshacen en halagos. Nuestro mayor líder es nuestro mayor juez. El deísmo es impresionante. Cabe señalar que, si bien Hitler la mayor parte del tiempo habla de fidelidad a Alemania y al Nacional Socialismo tampoco le cuesta nada halar de fidelidad a él mismo. No esconde en absoluto su personalismo. Se dice explícitamente Un Reich, un líder.

Son muchas las escenas en las que Hitler pasa revista o saluda personalmente a los militares que están al frente. Hay un momento en particular que pareciera un rito religioso. Como quien va a comulgar Hitler toca los estandartes con la esvástica procedentes de distintas partes de Alemania. Lo que hace es tomar la bandera Nazi y rozar con ella cada estandarte.

El su último discurso Hitler habla de cuánto ha costado al partido llegar hasta ese punto. Hay que decir que esta clase de reflexiones les encantan a políticos de todos los tonos. Cuenta los primeros tiempos del Nacional Socialismo Cuando sólo éramos 7 personas. Cuenta con fervor que sus dos únicos objetivos desde la creación fueron la fidelidad a Alemania y ser el poder único de Alemania. Quitar el poder a la mayoría y dárselo a la minoría. Puedo ver a Ortega y Gasset tomando buena nota de estas ideas.

En la línea de Rousseau o Marx reivindica que el Estado no ordena a los hombres sino los hombres al Estado. Por otro lado, para conseguir la unidad nacional promete una Alemania sin clases sociales. Si bien el discurso comunista va en la línea de liberarse del trabajo, Hitler le da una dignidad que estamos hartos de escuchar en la política de hoy en día. De hecho hay un escudo de un casco Nazi y dos espigas reivindicando el trabajo en el campo. Los hombres de esta sección llevan palas en lugar de armas.

La violencia no se reivindica mucho. Aunque sí la fuerza. Lo segundo es una forma encubierta de conseguir lo primero. Así se pide a la gente que sean Amantes de la paz y fuertes. Perpetuando así la tradición de considerar violentos a quienes luchan contra un régimen injusto y además teniéndoles listos para combatir las adversidades.

Hablemos ahora de los numerosísimos elementos que aparecen para agrandar la imagen del partido. Los escenarios son todos impresionantes. Los desfiles son abrumadores. No tanto los desfiles militares, a los cuales estamos acostumbrados, sino los desfiles de militantes. Esa tierra llenísima de alemanes al sol. Banderas moviéndose en caminos trazados. Es impresionante en todos los sentidos. Estas tres banderas verticales. Además los planos se toman desde todas las partes imaginables. Arriba, abajo, entre las filas… Los jóvenes alemanes siempre aparecen felices, jugando a carreras, peinándose con la raya bien definida. Hay un muchacho que escribe una carta apoyado en el parche de un tambor. Los soldados llevan una esvástica en el casco a la altura de la sien. Ese plano es muy simbólico de lo único que ocupa su pensamiento.

Los discursos de Hitler se oyen a un volumen altísimo, ello a pesar de habla a gran distancia de los micrófonos. El efecto del primitivo sonido es maravilloso. El saludo nazi que hace a los soldados que pasan ante él es muy llamativo. El brazo se estira con mucha energía, pero se recoge con sorprendente dejadez. También sorprende el amaneramiento de Hitler cuando Rudolf Hess está adulándolo y él le contesta con un ligerísimo saludo y una cara con ligera sonrisa pudorosa.

Los desfiles resultan muy repetitivos. De hecho la cámara se aburre de los soldados y se recrea en Nuremberg. No es para menos. Los tejados afiladísimos parece que imitaran el cine alemán. Los arcos de la ciudad, las iglesias pinchudas, los canales. Probablemente con color habría sido una imagen bastante más hortera. En los desfiles vemos de vez en cuando soldados haciendo el famoso paso de oca, pero muchos menos de los que nos esperaríamos. Hay un tipo que toca los timbales a caballo. Hay tanquetas de mercedes; elegancia y beligerancia. Hay un mar de banderas, descrito con ese nombre de manera explícita.

La cámara tiene una calidad muy impresionante para la época. La nuca de Hitler y su mano saludando se ven con sorprendente estabilidad para estar en un coche. Cuando se enfoca a la masa muchas veces se aberra lo que no está en foco. Intencionadamente o no, la militancia nazi se vuelve informe. Hay decisiones de montaje como los fuegos artificiales, la recurrencia de la cara de Hitler una y otra vez, una transición usando una bandera de transición…


viernes, 7 de agosto de 2020

FAUSTO

Dir.: F.W. Murnau
1926
100 min.

El protagonista vende su alma al diablo por la eterna juventud. Este es el argumento. Es poco interesante. De la trama no podemos esperar demasiado. Todo el peso debe estar en las formas del expresionismo alemán. Hay que decir que la temática le viene bien, pero no está tan bien explotada como podría.

La película tiene un buen arranque. Es bastante imponente. En la versión que yo he visto la música era sólo de piano. Para mi gusto la cultura alemana es capaz de hacer algo mucho más sinfónico y espectacular que un piano. Tenemos un ángel y un demonio con alas enormes. El diablo negro negrísimo y el ángel blanquísimo. Los movimientos del ángel son algo desagradables porque es completamente ortopédico. Se mueve lento y con trayectorias rectísimas. La silueta del diablo es una clara influencia para el monstruo en “Fantasía” de Disney. Fausto viejo también recuerda al brujo de “El aprendiz de brujo”.

Fausto es un hombre que tras haber dedicado toda su vida al conocimiento ve que no ha servido de nada cuando el diablo manda una plaga de peste que no puede remediar. Fausto pacta con el diablo para tener poderes y sanar a la gente. El mensaje es muy perverso. Curar la peste es algo que va contra los designios del señor y, por tanto, es satánico. Espíritu alemán puro. El pacto que hace con el diablo, por tanto, tiene un fin muy positivo. Sin embargo Fausto considera que ha perdido su vida y que debe recuperar su juventud y revivirla con vicio.

Como si se tratara del genio de “Aladín” el diablo le permite fingir ser un gran príncipe y hace la corte a una princesa el día de su boda. A esa escena llega en dos elefantes. Nunca se llega a ver a los animales de cuerpo entero. Están hechos de papel y la verdad es que funcionan increíblemente bien.

A partir de aquí la trama se vuelve muy rutinaria y muy poco interesante. Hay un juego de honras donde se ataca al patriarcado, hay un duelo y toda la culpa la paga la chica a la que ha seducido Fausto. De nuevo la película resulta perversa al juzgar muy blandamente a aquellas personas que niegan el auxilio a la chica en mitad de una noche de invierno. Sí es algo más interesante el descenso a la locura de ella en su celda. Pierde sus larguísimas trenzas y pasa a estar delgadísima y despeinada. Arde junto a Fausto en la hoguera y el amor es más poderoso que el diablo. La cuestión es que ambos mueren. Hay que ser muy pío para que este final resulte satisfactorio.

La imagen expresionista alemana está presente pero no muy explotada. Tenemos las calles de pueblos con líneas que se curvan, tejados altísimos… Pero no son muy abundantes. Hay una escalera con los ángulos muy forzados en la casa de ella que sí nos gustan… pero poco más.

Sí resulta más interesante el diseño del diablo. Un gorro, sin cuernos y con una larguísima y finísima pluma, que recuerda al de Maléfica en “La bella durmiente” de Disney. Cejas puntadas rectísimas y enfadadísimas. Una espada que levanta su capa siempre a modo de rabo. Un cuello altísimo en el que hunde toda su cara. La imaginería diabólica general suele presentarle más estilizado que a este ser.


viernes, 24 de abril de 2020

CORRE, LOLA, CORRE

Dir.: Tom Tykwer
1998
75 min.

Una película sobre contar una misma historia de varias formas. ¿Cómo cambia el futuro con unas pocas decisiones? La película de 1998 tiene una estética muy estridente, como era habitual en la época. Es destacable que la forma en muchas ocasiones incomprensible. La música de “hay que darse prisa” parece prácticamente de Chimo Bayo. Eso no te da sensación de urgencia, sí de movimiento. Yo opino que es producto de un director con intención de crear escuela. Lamentablemente con un resultado un poco regular.

No entiendo qué sentido tienen los relatos de vida momentáneos. Eso sí, contados con fotografías. Planos muy cortos como era frecuente a finales de los 90 o principios de siglo.

Hay una secuencia en concreto que está grabada con planos sin estabilizar y con una imagen muy poco tratada. No estoy muy seguro de cuál es su intención. La escena de animación desentona con la estética general de la película. Personalmente creo que el director se quedó sin recursos formales y decidió hacer algo que se hace poco en el cine y así destacar esa secuencia sobre las demás.

La idea de repetir una historia con variaciones no es única. La película “Efecto mariposa” ya lo ha hecho. Es cierto que lo hizo después. La gran ventaja de ésta respecto a “Efecto mariposa” es que no necesita justificaciones absurdas de su trama.

Aun así, tiene como beneficio su duración. No lo digo en broma. La película se sabe apreciar a sí misma correctamente. No necesita extenderse más para contar más historias. No es explicativa y tiene un desenlace muy satisfactorio después de varias frustraciones. Me parece muy acertada la actitud de Lola mientras corre. El actor que hace del novio me parece un papel muy frío para la importancia que tiene en la película.


viernes, 14 de febrero de 2020

PARIS, TEXAS

Dir.: Wim Wenders
1984
144 min.

Una película volcada entera para unas pocas escenas. En concreto las dos conversaciones de Travis con la madre de su hijo. Son dos escenas bastante arriesgadas porque son muy largas, sin música llamativa (de hecho, la guitarra entra sin que apenas nos demos cuenta) y aun así se mantienen muy bien. El cambio de expresiones de ambos actores de una conversación normal a una historia desgarradora es magnífico. Las escenas en la cabina tienen unos planos de Travis bastante desgarradores ya que vemos una elegante cabina, pero cuando sabemos qué ve la chica sólo ve una falsa pared: un mundo hostil.

La última escena cuando conocemos el pasado terrible de Travis es muy interesante para el espectador. Lleva dos horas encariñándose con ese hombre perdido en la vida que quiere recuperar a la mujer a la que ama. Cuando descubrimos que es un maltratador la película lo cuenta crudamente, sin hacerle ninguna redención absurda. Por otro lado él es muy consciente de su posición. No pide en ningún momento volver con su amada, ni siquiera le da la oportunidad. Sabe que ha sido malo y que debe pagar la pena. Todo ello pese a que ahora es una buena persona y nos ha demostrado durante toda la peli que es bueno.

Muy buen detalle que el hijo representa al propio Travis de niño. Su madre francesa y su abuela que su abuelo siempre dijo que era de París (haciendo un juego de palabras geográfico). A pesar de que es una película larga es tan fuerte la historia que cuenta que no puede dejar indiferente ninguna escena.

Los primeros planos son magníficos, ese hombre deambulando en traje por el desierto, muriendo de sed, comiendo hielos… La última vez que le vez que le vemos en el desierto lanza una mirada a los cables de tensión eléctrica depositando en ellos todas sus esperanzas de llegar a una civilización.

La película habla de depositar sueños en esa parcela, que nunca ha visto. Recuperar su familia, que solo es eso: un lugar al que pertenecer. Pero después de 4 años no queda nada en ese lugar. Bastante triste. Se agradece que no haya un epílogo absurdo después del prodigio de la conversación.

Hay algo mágico en esta película. Es algo archiconocido: su música. De hecho tiene a la música como carta de presentación. Lo primero que vemos es a Harry Dean Stanton sin nada vagando por el desierto y así es la música. Muy vacía. Desértica y cruda. La magia es que ese mismo abandono que expresa al principio poco a poco se transforma en la música acogedora que evoca los años en los que existía una familia feliz. El momento culminante es la canción que hace Harry Dean Stanton con un español terrible. Y esta es la magia. Es muy fácil imaginar esta canción en la película cuando la oímos, sin embargo nunca cantan en la película. Sólo oímos una versión instrumental, pero nos enamoramos tan fuerte de Travis que le concedemos lo que sea.


domingo, 1 de diciembre de 2019

EL HOMBRE QUE RÍE

Dir.: Paul Leni
1928
110 min.

Esta película tiene todo lo que yo podría esperar del cine expresionista. De hecho es que el expresionismo está encarnado en su protagonista. Todo cuanto tiene es enormemente llamativo. La cara es una única entidad blanca. Ese pelo inmóvil que coloreamos de verde de forma inconsciente. Esos labios oscuros. Esas arrugas de su frente. Todo cuanto hay en esa cara produce una tensión muy propia de este cine. Para rematar al personaje tenemos las manos como garras que se tapan la boca de forma obsesiva. Casi es peor ver el miedo con el que descubre su boca que después ver la sonrisa.

La trama es realmente intrincada. En cierto modo parece un poco Shakesperiana, con esos líos de palacios, reyes que quieren deshacerse de herederos… Es un avance de la trama lo que nos da una de las escenas más interesantes del protagonista. La escena en la cama de la promiscua condesa que quiere acostarse con Gwynplaine ella riendo por un mensaje que le dice que debe casarse con él. El payaso solo puede llorar de rabia pero no puede quitar la sonrisa. Es un momento bastante particular.

El momento de la muerte del hombre que ríe es tremendo. Deben hacer creer a Dea que no ha muerto. Para ello toda la compañía grita imitando a un público. Está muy apoyado esto por la sonorización de la versión que he visto. Además de la música ensordecedora se añaden unos gritos difusos y lastimeros. Se superponen montones de payasos en pantalla para conseguir engañar a la pobre ciega. Da mucho apuro verlos correr entre los bancos del público para parecer omnipresentes.

En general visualmente todo está muy bien. La interpretación del filósofo con ese rostro algo oscuro y esos ojos abiertos y siempre moviéndose es maravillosa. La imagen del antiguo bufón de la corte que ahora es un noble es genial. Él con toda la dignidad del mundo que le concede su estatus con el mismo aspecto de payaso que Gwynplaine. Además el pueblo inglés con casa de tejados apuntados, fachadas inclinadas y llenas de vigas de madera. Con esa carreta traqueteante donde nada es paralelo moviéndose por las calles llenas de gente.

Incluso el momento de la persecución funciona bien. Ver al payaso en una torre asomándose a la multitud con la cara desencajada, puro nervio y con traje de noble es maravillosa. Ahí viene el joker a nuestra mente de forma evidente. Hay un momento en el que parece que va a caer desde lo alto y la cámara se acerca sorprendentemente rápido al suelo. Además se repite mucho un plano tomado desde una esquina del pueblo en el que se ve diferentes muchedumbres que le persiguen y cada vez que se vuelve a él el plano está más tembloroso y más sucio. Maravilloso.


sábado, 28 de septiembre de 2019

LAS AVENTURAS DEL PRÍNCIPE ACHMED

Dir.: Lotte Reiniger
1926
65 min.

La idea de una película con siluetas suena muy bien. A la vez invoca muchos temores de cosas que puedan salir mal: figuras poco creíbles, movimientos ortopédicos, falta de claridad en las figuras por sobrecargar la imagen, descuido de la trama en virtud de la rareza de la película… Puedo decir con rotundidad que nada de esto ocurre. Los movimientos que son capaces de crear los vemos al principio cuando se nos presenta al hechicero de africano. Sus movimientos son preciosos, su esqueleto visible, y su diseño enormemente eficaz. Tiene una escena en exclusiva para exhibir el diseño del personaje y es de lo mejor que tiene la película. Por supuesto es algo posible gracias a la animación. Lo he vivido hoy con la misma fascinación con la que de niño veía a los hechiceros de “El príncipe de Egipto”.

La primera vez que vemos al protagonista vemos una silueta humana perfecta. Con la precisión en las formas de una sombra real pero con el perfilado de un recortable. Es una figura preciosa. Sin embargo el sumun de la representación de la anatomía la tenemos en la princesa Peri Banu. Da igual cuántas telas finas se ponga siempre se puede apreciar su finísima silueta. El padre del príncipe Achmed también tiene un diseño muy realista. En este caso llama bastante la atención porque no es uno de los personajes que más peso tiene en la historia.

Con respecto a la historia se desarrolla según lo esperado. No hay grandes sorpresas. Es un cuento en todos los sentidos. La mayor demostración de esto es el momento en el que los intertítulos dicen. La puerta sólo se abrirá con la lámpara de Aladino. Lo siguiente que vemos es al príncipe salvando a un muchacho de una suerte de elefante con plumas. Por supuesto, este muchacho era Aladino.

El final está estupendamente resuelto. El castillo flotante aparece casi como un cameo. Durante toda la película hemos visto referencias constantes a “Las mil y una noches”. El castillo acude al rescate de los protagonistas como el elemento que faltaba. Por otro lado uno de los capítulos más icónicos de la tradición narrativa oriental.

Viendo cine mudo muchas veces tengo la intriga de cuál sería realmente el tono que la obra pretende transmitir. La escena de harem en mi pase ha resultado una comedia. Pero pudiera ser que, sobre todo hace años, aquello fuera una escena trepidante. De igual modo, el hechicero podría haber sido un personaje mucho más terrorífico que en mi visionado.