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viernes, 5 de junio de 2026

METRÓPOLIS

Dir.: Fritz Lang
1927
153 min.

Son muchas sus imágenes icónicas que quedan estupendas como un gif. Pero cuando ves la película sobretodo llama la atención la fuerza de todas sus imágenes. Por ejemplo es una maravilla el mítico plano de las avionetas cruzándose por delante de la Torre de Babel, pero la secuencia que culmina con ese plano ha ido poco a poco mostrándonos imágenes de Metrópolis. Hay una construcción que va preparando al espectador para que la imagen sea lo más efectiva posible. Soy consciente que parte de la efectividad reside en la maravillosa banda sonora que hoy se ha extendido como canónica. Es una delicia poder ver una película muda con una banda sonora que no trate de sonorizar lo que vemos, sino que acompañe el montaje.

Las imágenes de los obreros como los pelotones dirigiéndose a los ascensores a la manera de “Pink Floyd: El muro (1982)”, el reloj inverosímil de La Máquina, que esclaviza al obrero, las palancas que han de moverse al unísono… Me gustan los zapatones del uniforme obrero. Todo eso son las imágenes que reconocemos como propias de esta película. Pero también son para quedarse boquiabierto aquellas de una libertad inusitada como ese fundido en el que de repente la máquina se transforma en la boca de una especie de dios mesoamericano.

El robot, el cinetífico loco lo reconocemos como muy propio de esta época de vanguardias. Con ese futurismo galopante que tanto gustará a los fascistas. Pero la fuerza desquiciada de la interpretación de la María malvada es arrebatadora. Esos brazos descoyuntados. Esos ojos fuera de sí. La forma en la que recorre el plano. Esas esplanadas vacías de la Ciudad de los Obreros. Es una interpretación alucinante. Sobre todo cuando la comparamos con la cara de la cándida y casi pánfila María activista. La danza lujuriosa funciona a la perfección. El motivo por el que a día de hoy sigue siendo efectiva es que no se utilizan imágenes sexualmente escandalosas: se buscan movimientos que sean inusitados, que transgredan. De nuevo aquí hay un ejercicio de montaje alucinante. La escena de la danza, con los famosos planos de ojos lujuriosos llenando todo el cuadro, culmina con la imagen bíblica de ella alzándose sobre un monstruo.

Hay que reconocer que todo esto se utiliza para transmitir un mensaje un poco naíf. Una especie de equidistancia o de templanza en la lucha social. Una especie de alegato contra la lucha obrera y en favor de los sindicatos representativos.


viernes, 27 de diciembre de 2024

LA CAÍDA DE LA CASA USHER

Dir.: Jean Epstein
1928
63 min.

Está plagada de recursos. El montaje es endiablado. Tiene un nervio que recuerda al de Eisenstein. Pero a la vez nos presenta escenarios con una gran carga onírica. La cámara se pasea por esas estancias de forma fantasmal. Me recuerda al inicio de “El año pasado en Marienbad (1961)”. Esa cadencia pesada, conseguida con ayuda de una elegante cámara lenta. También las cortinas que cubren los muros del castillo evocan esa manera de pasar el tiempo que tanto le gusta retratar a Tarkovsky.

Es sorprendente lo poderosa que es la combinación de dos imágenes muy sencillas. En un plano las cortinas que he mencionado se mueven por un viento absurdo para una estancia interior. En el siguiente plano vemos cómo caen los libros de las estanterías. Si es por la caída que aparece en el título o por el viento, poco importa. Me recuerda a esa forma de caer que tienen los objetos a cámara lenta en “El espejo (1975)”.

Cuando retrata la obsesión del enloquecido pintor lo hace con muy pocos recursos. Por un lado su mujer que está perdiendo la vida a medida que su retrato se perfecciona. Por otro lado la cámara y su rostro se acercan. Su pincel se mueve más allá del objetivo. Es un mirar penetrante como el de el más famoso de los rostros de “El carnaval de las almas (1962)”. Sus rostros de delirio son maravillosos. Además de este, en el arrebato de la creación, tenemos otro mucho más contenido cuando está esperando que su esposa llegue de vuelta de la tumba. Se permite en otro momento vaciar por completo el cuadro. Él está en el centro en un plano medio. Todo lo demás es negrura. Como su piel no resalta lo suficiente se le hace vestir de blanco bajo la chaqueta para que contraste bien.

Con respecto a esta imagen, una dama de blanco que viene de noche evoca mucho el vestido de una novia. Ello a pesar de que no lo sea. Las telas blancas se alzan altísimas en la noche. Habrá que mencionar el plano en el fondo del río de “La noche del cazador (1955)”. Es tan evidente que no parece ni interesante acordarse de “La novia cadáver (2005)”. Pero gracias a la cámara lenta y sin abandonar a las novias también me ha recordado al icónico plano de “Melancolía (2011)”.

Es muy romántica en el sentido que exige Edgan Allan Poe. Reúne todos los elementos que podríamos esperar de este tipo de terror. Incluso cuando ya nos acercamos al final parece acordarse de que conviene incluir un gato. Tenemos un búho, una noche de tormenta, con todo lo que le gusta la electricidad y los rayos a esta estética. Ese cúmulo de velas al lado del cual muere la chica. Quizás no sea un elemento particularmente interesante, pero es algo con suficiente fuerza para llenar el plano mientras ella se desploma.

El haber introducido las velas en el momento de la muerte, sirve de excusa para generar esas imágenes tan curiosas con superposiciones cuando están transportando el féretro. Escena que me ha recordado al entierro de “Vampyr, la bruja vampiro (1932)”. Todo el transporte del cuerpo de ella es tremendamente fantasmal. Ya desde los primeros momentos, cuando él toma su cuerpo entre sus brazos. Deambula por la estancia. La cámara se mantiene fija en él. Salvando las distancias, el efecto es como el de los primerísimos planos de “Inland Empire (2006)”.

Por lo general me gusta cuando podemos ver el artificio de alguna modesta maqueta. En este caso el castillo me resulta imposible de comprender. Las primeras veces que lo vemos el castillo aparece de la forma tópica en la que podría aparecer cualquier castillo de Drácula. Aparece tras una niebla. Pero entiendo que la maqueta es tan pequeña, que no se distingue nada entre la bruma. Lo que es delirante son los planos finales, en la noche estrellada. Las luces que, entiendo, representan los astros parecen disponerse cubriendo el tronco de un árbol. Genuinamente no entiendo qué se quiere representar. Además de eso lo que funciona terriblemente mal es cada vez que caiga un cascote en llamas del castillo. Insisto en que la maqueta es diminuta por lo que la caída de cada trozo es a una velocidad que rompe cualquier verosimilitud del plano.

Existe un plano también muy complicado de entender. No sé si es culpa del blanco y negro, de la iluminación o de la pobreza de la imagen. Cuando entran a la cripta en la que depositarán el ataúd ésta está ubicada en un bosque. Bajan una escalera como corresponde al género del terror romántico (y, siendo justos, también es habitual en las criptas). La estancia a la que llegan, lejos de tener grandes muros de piedra desnudos y telarañas, es un plano que no alcanzo a comprender. Casi parece un escenario típico de viajes al centro de la tierra. Como con motivos vegetales…


viernes, 9 de agosto de 2024

LOS ESPÍAS

Dir.: Fritz Lang
1928
144 min.

Es una película de espías. Tiene imágenes muy propias del expresionismo alemán, una puesta en escena que da el protagonismo a las figuras humanas y un final descacharrante.

Muy al principio tenemos varios planos que a mí ya me enamoran. Uno de los primeros es una moto avanzando a gran velocidad. En realidad está quieta en el estudio y todo el dinamismo se construye con polvo y traqueteo. Es muy bonito ver de qué forma tan habilidosa se construye la acción propia del género de espías con unos medios humildes. Por ejemplo en un momento dado un hombre se despierta en el vagón de su tren y descubre que está detenido. Típicamente esto se haría destacando el silencio por la ausencia del ruido de las ruedas. Lo que hacen aquí es dejar de hacer que tiemble el escenario: precioso.

En la escena del tren la mujer se tortura porque sabe que el vagón de su amado va a terminar siniestrado. Se le aparece entonces el número de vagón en todas partes. Imposible no acordarse de los momentos finales de “El gabinete del doctor Caligari (1920)”.

Otro plano que me ha encantado, muy propio de la época, es el del cuartel de los villanos. Hay un plano en el que se cruzan unas escaleras, con resonancias a “Metropolis (1927)”. Se ocupa todo el cuadro. Vemos a personas desfilando por todas partes. En general esto está hecho de maravilla a lo largo de toda la película: la composición del cuadro. Cuando las figuras son lo importante, el fondo es desnudo. Cuando se quiere mostrar la reacción de un personaje, lo que ve aparece insinuado como sombras proyectadas en una pared.

Los hombres de abrigo, gorro y gafas son iconos reconocibles de esta película. Sin embargo aparecen menos de lo que habría gustado, o menos estilizados. Por ejemplo el plano famoso del hombre con los brazos en cruz, aparece brevísimamente y sin una puesta en escena que le permita brillar como sí lo hace el rostro del jefe de la organización, muchas veces envuelto en el humo de su tabaco que de tan extraña manera fuma. Se fuma mucho y de forma muy expresiva en esta película.

Creo que el final que se le diseña busca por un lado una sorpresa inimaginable. Quizás lo sea, aunque sus consecuencias también son tremendamente anodinas. Creo que otro objetivo de vestir a este falso paralítico de payaso es explotar la imagen paradójica del payaso malo, demente. Lo digo sobre todo porque su muerte es de una autoimportancia tremenda. El payaso se suicida usando la pistola que en escena le sirve para ejecutar sus gags. Se dispara en la sien. Tiene ahí un tiempo extra totalmente inverosímil que aprovecha para pedir la caída del telón. Es un delirio absurdo y bastante disruptivo con el tono del resto de la película.

Aunque hay que decir que este pastiche particularmente mal ejecutado no es único. Se añaden elementos que evidentemente aparecen como compendio más que como unidad. Me refiero al accidente de tren, muy disfrutable; y a la trama japonesa que culmina con un harakiri. Esto es muy divertido. Me ha encantado las alucinaciones que sufre el hombre japonés deshonrado por haber sucumbido a los encantos de una mujer y haber descuidado el importantísimo documento que debía custodiar. Hay un plano maravilloso en el que se superpone la bandera de Japón hondeando fervorosamente y los tres hombres que han muerto por proteger ese documento. No deja de ser divertido que, pese a tener los ojos rasgados, es imposible de creer que Lupu Pick sea japonés.


viernes, 17 de mayo de 2024

LA CIUDAD SIN JUDÍOS

Dir.: H.K. Breslauer
1924
80 min.

La primera parte, en la que los antisemitas traman su plan y se consuma la expulsión es casi terrorífica. Como siempre en el cine mudo, la atmósfera depende enormemente de la música. En este caso yo he visto una versión con sonidos muy abstractos, con voces humanas deformadas… Era una ambientación muy abstracta, en la que los antisemitas hablan con unos ecos furibundos, pero todo como si se oyera a lo lejos.

Más adelante se nos muestra el resultado de la ciudad tras la expulsión de los judíos. Esto es muy interesante. No me refiero al contenido de la película, sino al hecho de que las consecuencias de la expulsión las refleja en la población aria, que se queda en la ciudad. Contrasta mucho con las películas sobre el holocausto que vendrían después. Las consecuencias para la ciudad es que se pierde la elegancia. Tienen que cerrar las tiendas de alta costura y las pastelerías se reconvierten en cervecerías.

Tras esto viene un romance de uno de los judíos expulsados que vuelve de incógnito disfrazado de francés. Esta trama me interesa muy poco. Incluso la parte más trepidante en la que emborracha a un congresista que votará en contra de la revocación de la ley de expulsión. Hay un momento curiosísimo en el que un judío (bautizado hace dos generaciones y que, por tanto, pudo quedarse en la República de Utopía) al conocer la artimaña mediante la cual el francés logra que los judíos vuelvan, le dice: No se ofenda, pero parece una jugada propia de nosotros.

El montaje de la película es una maravilla. Es rápido. Muchas veces con cambios a otros escenarios rapidísimos. Mucho primer plano para mostrarnos mucho rostro peculiar. Los bigotes largos y despeinados son un espectáculo. Me gusta también el maquillaje en los ojos propio del cine mudo. El gobernador tiene un maquillaje que recuerda al muerto principal de “El carnaval de las almas”.

Aunque evidentemente la película tiene relación con el expresionismo alemán no tenemos la estética deformante característica de este movimiento. A excepción de un manicomio en el que un antisemita empieza a ver símbolos judíos por todas partes y ve a sus psiquatras como judíos que se burlan de él. Esta escena aparece en un momento bastante anodino de la película y la disfruto mucho. Parece sacada de “El gabinete del doctor Caligari (1920)”. Las protestas por el paro también hacen pensar en Eisenstein.

Me gusta una vista de la ciudad enmarcada en un balcón. Se ve una maqueta de los edificios. Lo bonito es que este plano se usa para mostrar cómo el pueblo celebra la expulsión. Hay unas bengalas de un tamaño mucho mayor del que exige la escala del escenario. Para mostrar el júbilo el tintado de la película cambia dentro del mismo plano. La película termina representando el regreso de los judíos con una estrella de David que cae sobre esta maqueta.


viernes, 10 de mayo de 2024

LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO

Dir.: Carl Theodor Dreyer
1928
110 min.

Viendo el cine europeo iniciático uno se pregunta qué salió mal en el proceso para que Estados Unidos fuera la referencia en este arte durante tantas décadas. Es alucinante cómo explota un decorado sobrio de esa manera. Cómo los muros blanquísimos dan aire a las figuras humanas. Unos muros que no tienen ningún sentido en las estancias de una fortaleza del Siglo XV.

Entre la sobriedad de la celda de Juana gana protagonismo la reja de su ventana. Dos únicos barrotes que forman una cruz, símbolo de su fe. Se le acerca un clérigo. Uno particularmente malintencionado. Al entrar en la habitación su sombra tapa la luz que entra por la ventana y la cruz que se proyectaba sobre el suelo, desaparece. Este mismo hombre se aprovecha de que Juana no sepa leer. Inventa qué le ha escrito el rey. Esto está ejecutado de forma muy bonita. Él va recitando una carta inventada que nos muestran los intertítulos. Su mirada está dirigida a la cámara: no al papel.

Las líneas que trazan el entramado de las vidrieras son casi serpenteantes como en los mejores decorados del expresionismo alemán. Las escaleras blancas de estrechos escalones rechazan la horizontalidad. Otro momento en el que se evita las líneas equilibradas es en el que le ofrecen a Juana la posibilidad de retractarse. El hombre que le habla desde el estrado está vertical. Para añadir una línea oblicua al cuadro se recorta la esquina superior izquierda poniendo un toldo. Igualmente cuando Juana llama a todo el jurado a su celda los clérigos desfilan ascendiendo por el cuadro. Aunque estén simplemente atravesando una puerta, los vemos como si subieran a ver a Juana.

El cuadro se utiliza con una habilidad pasmosa. Cómo ahoga el rostro de Juana. Apenas se la permite torcer el cuello y alzar la vista para que adquiera brillos en sus ojos de mártir. El primer momento en el que somos conscientes de lo que se está haciendo ahí es cuando dice que es la enviada de Dios. Su cara siempre había ocupado todo el cuadro durante el interrogatorio. Pero el plano suyo tras el intertítulo tiene un desenfoque fuerte y además ella apenas aparece en la parte baja. No sólo los personajes que la escuchan se han escandalizado. Casi se diría que el camarógrafo no da crédito a lo que oye.

Aunque con razón la sala de torturas se ha llevado la gran fama de la película, el resto no se queda atrás. La escena con la famosísima rueda de pinchos es completamente atmosférica. El monje que hace girar de forma obsesiva esa rueda parece fuera de sí. No sólo el sadismo de su oficio. También es que lo ejerce obsesivamente. Las caras que pone detrás de los radios de esa gran rueda. Una rueda cuya efectividad me parece dudosa. No tengo claro de qué manera se puede ejercer una tortura con ella. Pero las caras del tribunal impaciente, el montaje velocísimo y la cara de Juana dan un momento magnífico.

Me ha parecido brutal la imagen del fuego. No sé cómo no la vemos por todas partes. Es un momento de violencia extrema. Violencia no sólo por lo que ocurre, (un enfrentamiento entre el pueblo y las fuerzas del orden) sino por lo explícito de las imágenes. Es conocida la cara en éxtasis de Juana. Moviendo el cuello lentamente con la mirada puesta en el cielo. Casi orgásmica. Pero lo que yo nunca había visto es el momento en el que su silueta se puede adivinar claramente entre las llamas. Casi la imaginamos sonriendo mientras el pueblo se revela contra sus asesinos.

Los instantes antes de la revuelta también son tremendos. La tranquilidad con la que los soldados, con cascos que vistos desde arriba parecen las mismas piedras que empiedran las calles, se arman por lo que saben que ocurrirá. El máximo militar ve cómo el pueblo se ha puesto del lado de Juana. Con un gesto manda sacar las bolas de pinchos. Caen una a una de una torre mientras la cámara lo observa con un suave balanceo.

Y es que la cámara se mueve con una gracilidad tremenda. En particular estoy pensando en el primer juicio a Juana. A pesar de que la mayoría de los jueces está sentada mirando a la rea, la escena es de gran dinamismo. Alguien se levanta. Uno mueve su mirada. Cuchichea al oído del de al lado. Se escandaliza por lo que ha oído… Es una escena para ver mil veces. Siendo un momento tan estático se consigue que el jurado no pare quieto nunca. Es muy pictórico en el sentido de que las miradas marcan un ritmo y una coreografía a la escena.

Aunque la interpretación sea magistral y sus lágrimas remitan constantemente al arte de santos, puede llegar a cansar ver tanto dolor tanto rato.


viernes, 5 de abril de 2024

EL MODERNO SHERLOCK HOLMES

Dir.: Buster Keaton
1924
45 min.

Tiene unos primeros minutos, cuando se empieza a extender la trama, en los que me siento algo perdido. Se menciona lo del detective y lo del proyeccionista y ambas premisas se abandonan para presentar el interés romántico. Esta parte en general, aunque la disfruto, no me resulta particularmente interesante. Los conflictos se plantean mientras el protagonista apenas tiene poder de acción. Gracias a Dios no dura mucho, pero por momentos he temido tener que ver de nuevo el gag de los papeles y el pegamento de “Pamplinas y los fantasmas (1921)”.

Cuando adopta el personaje de Sherlock Jr sí me parece muy disfrutable. No solo por las peripecias asombrosas, que son un no parar desde que la acción da comienzo; sino también porque el personaje de Keaton genera mucha simpatía. Me resulta muy agradable verle que las cosas le salen bien, que es ingenioso. De alguna manera, saber que ese sujeto que vemos en pantalla es el artífice de sus películas nos hace tenerle en gran estima. Me ha gustado mucho verle aprovechar ese poder y esa astucia para su propio beneficio.

Aunque no me ha parecido particularmente divertido, sí es un ejercicio conceptual muy interesante el juego de exprimentación con el hecho sobrenatural. Me refiero a los primeros momentos en los que se permite jugar con entrar y salir de la pantalla de cine. Es bonito que el cine se base en el corte y en el trucaje. Es decir: muchos de sus gags son posibles gracias al salto de plano, por primera vez el propio salto de plano no es el medio para conseguir el gag, sino que es el mismo contenido del gag.

Como suele ocurrir, cuando más bonito es el juego entre realidad y pantalla es cuando el truco es evidente. Me refiero en concreto a cuando le echan de la escena. No se está superponiendo una película, es que la pantalla de cine es simplemente un hueco que muestra un escenario. Por eso es tan bonito cuando se entra en la diégesis y se abandona el marco negro: la cámara se acerca al escenario y bien lo vemos en la perspectiva del decorado.

De lo que sucede a continuación podría enumerar todos los gags porque son todos brillantes. Ocurre algo muy bonito: como se asume que lo que vemos es un sueño, una ficción, se permite jugar con elementos que sorprenderían como demasiado artificiales en la obra de Keaton. Me refiero a un veneno, trampas mortales, bombas… Aquí se juega con todo ello y me resulta muy divertido. Disfruto muchísimo la circense partida de billar, en la que se debe esquivar la bola 13 por ser explosiva. Es una maravilla, los malos miran el juego aterrados y él disfruta sabedor de que va a ganar la partida sin tocar nunca la bola.


viernes, 26 de enero de 2024

NAPOLEÓN

Dir.: Abel Gance
1927
330 min.

Ante todo es larga. Esto es crucial porque le permite detenerse en algunos pormenores que una película de una duración más comercial debería tratar someramente. La batalla de Tolón, que está hecha de maravilla, termina por agotarme por su excesivo detalle. Mismamente la escena con la que la película se abre tiene una duración sorprendente para ser una mera anécdota. Se dedica media hora a mostrarnos a Napoleón de niño. Se recrea como si fuera una escena bélica una pelea de bolas de nieve entre los niños del colegio de curas. En esta primera parte de la infancia ya vemos un rasgo de Napoleón: su exacerbado nacionalismo. Se nos muestran sus dotes de liderazgo como una premonición del personaje que llegará a ser. Pero aquí este muchacho tiene una disciplina casi enfermiza, impropia de su edad, y en las cartas a sus padres habla de liberar a su patria.

Podremos ver ya su nacionalismo operar con toda su potencia en la revuelta de Córcega. En la taberna del pueblo de su familia la gente discute acerca de si Córcega es española, italiana o inglesa. Por supuesto nadie da motivos. Es simplemente apuntarse a un bando. Esta discusión la resuelve Napoleón gritando que Córcega es francesa y que Francia nos une a todos. Supongo que la película no lo ve así, pero estos mismos diálogos podrían ocurrir en una parodia antinacionalista.

Ideológicamente hay un momento que tras el nacismo se trataría con mucho más cuidado. Este ideal kantiano de la paz perpetua en el que el espíritu europeo se ha impuesto sobre las diferencias nacionales. Cuando Napoleón abandona París para conquistar Italia lo hace pensando en llegar a conquistar toda Europa. Se lo promete al espíritu de los ideólogos de la Revolución Francesa.

Un tema que se desarrolla mucho, abandonando la biografía de Napoleón son los acontecimientos durante el Terror de la Revolución Francesa. Por ejemplo se nos muestra el asesinato de Marat. Vemos la persecución a los girondinos por parte de los jacobinos (estos últimos representados casi siempre con rostros feos y grotescos). Sí tenemos varios personajes que son llamativos. Robespierre lleva unas gafas redondas y negras muy características. El personaje que interpreta el propio Abel Gance, Saint-Just, tiene una pose soberbia siempre. Me gusta también Couthon con una silla de ruedas que mueve desquiciadamente por el gabinete. En general en estos momentos los intertítulos introducen muchos nombres de los cuales retengo muy pocos.

Tras la muerte de Robespierre llegan las secuencias que más me aburren. Supongo que no les ayuda la cantidad de horas que llevamos de película en este punto. Si las pienso ahora en todas ellas hay varios elementos destacables. Pero supongo que lo que me molestaba era la lentitud con la que avanzaban los acontecimientos. Por ejemplo la burguesía celebra una fiesta. Napoleón la contempla con gesto reprobatorio porque le parece una sociedad degenerada. Me ha sorprendido que de forma fugaz se muestren pechos femeninos de mujeres bailando.

Hay mucho virtuosismo en muchos momentos de la película. Por ejemplo en la huída por mar de Napoleón se graba un mar agitado por la noche. Para conseguir que el mar sea negro en pantalla esta imagen está al negativo. La cámara incluso llega a sumergirse en el agua. Vemos un paralelismo entre las olas del mar y cómo pendulea la cámara en el congreso parisino. Para centrar la atención en algún punto del cuadro se usa mucho un borde blanco. Este recurso ya lo había visto, aunque menos estilizado, en “El nacimiento de una nación”.

El famoso recurso de los tres planos es muy asombroso. Precisamente su imperfección pone de manifiesto lo prodigioso que es. Esa manera en la que los personajes pasan de un tercio a otro, con un ligero salto. Los personajes que están en primer término hacen patente el paralaje, porque ellos no casan, pero el fondo sí. El momento más prodigioso de este recurso es cuando están enfocando los Alpes y de repente las tres cámaras a la vez hacen un paneo vertical. Un movimiento totalmente innecesario pero cuya complicación podemos imaginar. Entiendo que para que el efecto de la gran panorámica funcione se necesitan las tres pantallas pretendidas. En una televisión creo que funciona mejor la panorámica en la que el ejército le persigue en Córcega, a pesar de que el formato es cuadrado.

En los últimos minutos, cuando se quiere representar el sentimiento de grandeza de este hombre, los planos combinan muchas imágenes distintas. Con un montaje rapidísimo, con planos superpuestos. El rostro de Napoleón. Las letras de sus pensamientos. La bola del mundo, la cual abraza haciéndonos pensar en “El gran dictador”. Aparece el rostro de su esposa Josephine. La propia imagen de Napoleón de niño… Claro, la película se permite terminar cuando da comienzo su heróica andanza militar. ¡Ahí claro que terminas un biopic en alto!

Napoleón no se quita el sombrero casi nunca. Lo lleva incluso de niño. Tanto mejor. Porque esas greñas que lleva le dibujan un aspecto algo ridículo. Lo podemos observar justo antes de su partida hacia Italia. Ahí se quita el sombrero y el flequillo se le queda totalmente pegado a la frente. La imagen es terrible… Por lo demás lo que constituye fundamentalmente su personalidad es su actitud impenetrable. Su rostro serio. Que ahí donde se planta impone sus condiciones. Esto es así excepto cuando se enamora. Estas escenas me gustan bastante poco. Sí me parece divertida la escena de la boda, para la cual tienen que ir a buscarlo a su cuarto en el que está preparando la campaña militar a Italia. Aunque sea un lugar común me gusta cómo está ejecutado el chiste en el que él le exige a quien está oficiando la boda que se salte el texto. En este momento la actitud de Josephine es devastadora.


viernes, 1 de septiembre de 2023

EL MAQUINISTA DE LA GENERAL

Dir.: Buster Keaton
1926
74 min.

Las secuencias acrobáticas son lo más impresionante que se puede ver en cine. ¡Qué fuerza le da saber que todo eso ocurre ahí delante! Por muy medido que esté todo, una locomotora tiene una barbaridad de caballos de potencia. La famosa imagen de Keaton sentado en el deflector de obstáculos es alucinante. Ello a pesar de la baja velocidad de la locomotora. Casi diría que, aunque hace que la escena sea menos trepidante, consigue que al espectador le llegue la sensación de peligro. Uno puede ver cómo la traviesa volando por los aires podría haber terminado mal con mucha facilidad.

Los momentos que no están sobre raíles en general son poco interesantes narrativamente; y cómicamente tampoco contienen nada memorable. En general la historia que se desarrolla no es muy fascinante. Cuestionamiento de la hombría de Buster Keaton por no ser admitido en el ejército confederado. La única escena que sí me pareció genuinamente divertida es aquella en la que está en la fila para alistarse.

Incluso diría que no es demasiado interesante la batalla que tienen ambos ejércitos una vez que la locomotora unionista ha caído al río. Es cómica por la comedia física de Keaton con su espada. Pero puede resultar casi repetitiva. Es cierto que cuando el soldado enemigo muere al perder Keaton su espada por enésima vez es divertido como colofón a esta serie de gags consecutivos.

Los rostros de Keaton son una maravilla, no descubro nada. El chiste en el que desvía un vagón, deja de mirar a la vía y se lo vuelve a encontrar delante de él está ejecutado a la perfección. Además vemos su rostro enmarcado en la ventana de la locomotora, como subrayando ese gesto.

No me gustan demasiado los chistes misóginos. Lo digo porque el personaje femenino que se dibuja es tan tonto, que resulta difícil de creer. Keaton es un bufón y a él le pega todo. Pero cada vez que ella se equivoca manejando la locomotora él la mira con condescendencia…


viernes, 25 de agosto de 2023

HÄXAN. LA BRUJERÍA A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS

Dir.: Benjamin Christensen
1922
105 min.

Maravillosa. Es imposible no pensar en esta película sin que las imágenes de los demonios eclipsen todas las demás. Son unas imágenes efectivas, imaginativas. Con una falta total de incontinencia. Todos los demonios son soeces con total osadía. Esa imagen del diablo con la típica lengua fuera y gesto masturbatorio es una perfecta traducción a la pantalla de la clase de imágenes luciferinas propias del medievo que todos tenemos en el imaginario.

Todas estas imágenes son todo lo que yo le puedo pedir al cine. Esas brujas volando sobre un pueblo… Ese plano es todo un prodigio. El pueblo es una maqueta y las brujas son siluetas que poco casan con la perspectiva que vemos del entorno. Pero es un plano tan maravilloso. Hay tantas siluetas moviéndose. La cámara parece realmente volar… Es maravilloso. Esta secuencia termina con las siluetas negras de una mujer de espaldas desnuda, un búho y un cuervo, las tres sobre la rama de un árbol. Es una imagen de las brujas que permite la mirada erotizante y la mirada empoderante.

El demonio visitando a la casta esposa en mitad de la noche para inducirla a la lujuria es una escena directamente maravillosa. Ese cuerpo del diablo seboso, esa lengua inquieta. Esa forma de golpear la ventana de una forma artificial. Esa forma de aparecerse al lado de la cama. Las actuaciones de los diablos suelen ser tremendamente nerviosas. Marcando los tendones en sus movimientos. Uñas largas. Cuando los demonios dejan de ser actores con maquillaje y pasan a ser actores con disfraz, el efecto de extrañeza aumenta. Quizás cuando más raro se vuelve todo es cuando un diablo con un disfraz muy poco disimulado se dispone a que una fila de brujas le besen el trasero. Entre que no nos podemos creer la ficción que ahí hay montada y que la escena es obscenamente explícita el asombro es mayúsculo.

A nivel de lenguaje llama poderosamente la atención el primer capítulo, el más didáctico de ellos. Ahí se nos presentan una serie de grabados obviamente anacrónicos en los que se nos pretende explicar cómo se veían a las brujas en el medievo. Lo maravilloso es que, a medida que los intertítulos van narrando lo que vemos, un puntero señala lo que sea necesario. Me parece precioso. En este sentido es genial cómo la película toma distancia con los hechos ficcionados. María la Costurera es la bruja a la que más tiempo seguimos en pantalla. Algunos minutos después de que ya haya acabado su trama el documental se pone a hablar de esta actriz y de sus creencias supersticiosas.

Otro momento en el que el documental se mueve en un nivel superior a aquello que está narrando es cuando está relatando los testimonios de mujeres que dicen haber hecho pactos con el diablo. Una de ellas asegura que entra a una iglesia convertida en gato mientras otros dos animales hacen de centinelas en la puerta. El propio documental dice que no da crédito a esta historia. Por lo tanto las imágenes que vemos son ridículas. Son disfraces muy mal hechos, toda una astracanada. Esto es la primera vez que se hace; toda la imaginería satánica que habíamos visto estaba genialmente recreada.

En este sentido también me gusta mucho cuando están mostrando instrumentos de tortura con los que se buscaba la confesión de las brujas. Uno de ellos es un tornillo que aprieta los dedos. Durante esta exposición hemos visto a distintas personas ponerse los instrumentos de tortura y a un actor simulando lo que el verdugo debía ejecutar para infligir daño a la víctima. Cuando llegamos al tornillo del dedo los carteles dicen como descargo al director que la propia actriz insistió en probarlo. Vemos un breve plano de ella poniendo una ligera mueca de dolor y la siguiente cartela es un chiste en el que dice: no se imaginan las confesiones que saqué de ella. Pero hasta ese momento el capítulo llevaba un tono muy expositivo.

La actriz que hace de María la Costurera consigue una imagen única. Es cierto que está muy ayudada por un tipo de cine que hace mucho hincapié en los rostros. La actuación de ella cuando está confesando tras recibir la tortura es brutal. Asimismo la escena previa a su prendimiento en la que come una sopa oscura sin ningún tipo de modales, con esta tendencia que tiene el cine mudo de distorsionar el tiempo. Es una sopa que parece no acabarse nunca. Mientras se come ese cuenco da tiempo a que se reúna toda la familia, que una salga corriendo de casa, que llegue a un convento y pida a los monjes que la ayuden a capturarla. Es imposible que esa vieja pase tanto tiempo comiendo. Y, de hecho, la actriz no come nada. Solo se lleva a la boca el líquido una y otra vez para asegurarse de que su rostro no se limpie nunca.

Me gusta mucho en los primerísimos planos en los que se busca reflejar el más mínimo detalle de los rostros de los actores la cantidad de maquillaje que llevan. Es una delicia ver esos rostros preparados para que resalten las artificiales e inmóviles lágrimas.


viernes, 20 de mayo de 2022

EL FANTASMA DE LA ÓPERA

Dir.: Rupert Julian
1925
106 min.

Es fácil leerla como una metáfora de los promotores de artistas sin escrúpulos. Juran su amor mientras la artista en cuestión les sea fiel. A cambio ella debe esclavizarse a él. Por supuesto todo ello pasado por un filtro de romanticismo. Lo cual necesita que el hombre malvado en realidad sea un producto de la sociedad, que lo desprecia.

Hacia el tercer tercio de la película las trampillas, poleas y pasadizos se hacen insostenibles. El villano se pasa de vueltas por completo. Resulta que la cámara de los espejos fue una sala de torturas y es capaz de calentarse como un horno. También hay una especie de alarma que avisa cuando alguien penetra en sus dominios… La película se va de madre.

Antes de que eso ocurra ha habido varios momentos muy interesantes. Por ejemplo la mítica caída de la lámpara de araña sobre el público mientras canta la rival de la protagonista. El plano de la caída es rapidísimo y apenas se distingue nada, pero es suficiente para transmitir el caos del momento. Antes de que caiga las lucen del teatro parpadean de forma muy efectiva. El uso general de las sombras es bastante sugerente. Es cierto que parecen copiar muchas veces a “Nosferatu”, tres años anterior. En esta película se llega a mostrar una cartela sobre la sombra en movimiento del fantasma.

La imagen del fantasma es mucho menos seductora y elegante de lo que resulta en la novela. La máscara que usa es bastante inquietante. Tiene unas cejas pintadas. Más que ocultar todo el rostro y convertir al fantasma en un ser intrigante lo convierte en un rostro muerto, casi como las máscaras del videoclip de “Du hast” de Rammstein. Por debajo de la máscara asoma una especie de papel cebolla. Con respecto a la boca del fantasma, sobre todo en las secuencias finales cuando huye por las calles de París embozado en su capa, recuerda a “El hombre que ríe”, posterior a esta.

Hay un uso del color bastante interesante. El trabajo que tiene el baile de máscaras es asombroso. Es una escena repleta de figuras y el coloreado las persigue. Aquí se ve al fantasma con una masca calavérica y vestido entero de rojo. Esta escena culmina con los dos enamorados en el tejado del teatro mientras el fantasma los escucha desde una gárgola. Por sus movimientos melodramáticos uno podría encontrar una referencia a “Fausto”. Pero es posterior. Hay otro momento de uso del color bastante gratuito pero que es muy intrigante. Mientras los dos hombres están buscando la guarida del malo se deja la mitad del cuadro en negro, un pasillo. De él emerge una cara iluminada por una vela. La cara está coloreada. No aporta nada argumentalmente, pero es muy llamativa.

Alabaré cómo consigue que los escenarios parezcan enormes. Particularmente cuando se muestra el teatro y la escalinata en la escena del baile.


viernes, 9 de abril de 2021

EL GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI

Dir.: Robert Wiene
1920
77 min.

La película es perfecta. Toma el cine y lo explota hasta el límite de sus posibilidades. Todos los recursos que utiliza están usados con maestría. La historia funciona. La trama es sólida. Los personajes son los justos. Hay saltos de tiempo. Hay cambios de narradores. No puedo sino aplaudir los cambios del color de la fotografía para indicar los cambios de luz. Cuando se está inspeccionando el despacho del doctor pasan de tantear a oscuras a encender una luz. De un fotograma a otro pasamos de unos colores azules a colores amarillos. El recurso es perfecto.

El decorado es una determinación férrea. Dialoga con los personajes, con las acciones. La cámara acepta con naturalidad la ruptura de cualquier línea coherente. Los maquillajes exagerados de los protagonistas están en perfecta sintonía con su fondo. Son una maravilla los barrotes de las ventanas. Sin ningún sentido ninguno. Es una maravilla el propio pueblo: esa montaña con casas apretadísimas, con tejados que se alzan como llamas. Las sombras: muy al principio un hombre enciende una farola. El suelo tiene pintada una especie de estrella que representa los destellos de la farola. Un recurso muy hábil. Más aún cuando vemos que esa estrella estaba ahí antes de que se encendiera la luz.

Los decorados se repiten con absoluta desvergüenza. Me maravillan las telas que giran a a un ritmo vertiginoso para hacer las veces de tiovivo. La escena de la feria reúne a una cantidad de personajes curiosos. Los sombreros en la película adoptan geometrías como los tejados de las casas. Chisteras como las de Caligari y sombreros de pico como los de Chico Marx. En la feria aparece un enano con un sombrero dando una limosna al tipo que toca el organillo con su mono.

Cuando se produce el rapto de la chica hay dos hombres que se despiertan en la habitación contigua. De esta habitación sólo vemos unas paredes negrísimas y unas camas blanquísimas. Llenando el plano, en un ángulo imposible. Juntas en el cabecero y separadas en el piecero.

El decorado juega con los efectos especiales. Cuando Cesare entra a casa de la chica a raptarla rompe una ventana. ¿Cómo consiguen eso? A corte de cámara. No hay ni que cambiar de plano, la imagen salta y los barrotes oblicuos están en manos del monstruo. Es una maravilla cómo se despierta el monstruo. La película se toma su tiempo. Un plano de cerca, cerquísima con esos ojos pintados que se abren poco a poco. Ojos negrísimos para una piel clarísima. Hay que tener en cuenta que toda esta tensión la película la sostiene ella sola. No puede confiar en la música que vaya a venir. Ella se sabe lo suficientemente potente como para poder sostener esta imagen.

Todo Cesare es una maravilla. Por supuesto sus apariciones como sonámbulo, despertándose de su ataúd. Pero no sólo. Es una maravilla cómo se arrastra con pasos felinos. Rozando con su mano larguísima el muro de la casa de la chica. Se deja siluetear por el escenario. El sumun de todo esto es la famosísima imagen de él subiendo por unos tejados imposibles. Tejados que suben y bajan, chimeneas evidentemente bidimensionales. Es una escena genuinamente frenética que culmina con maestría. Emociona asistir a algo con tanta fuerza. Tan irreal y tan poderoso.

No puedo dejar de hablar de ningún protagonista. La chica tiene una mirada casi siempre perdida, pero un rostro muy potente. Ella protagoniza un plano donde la cámara se mueve. Hace un ascenso siguiéndola a ella. Estamos hablando de los años 20. Algo único. Es otra maravilla la parranda que se pegan los tres jóvenes antes del primer asesinato. La complicidad de los dos chicos, cómo le gusta saberse querida a ella. Su último momento estelar es cuando está en el patio el manicomio. Se cree una reina y tiene unos labios pintados finísimos.

El primer asesinado tiene una actuación magnífica cuando se enfrenta a Cesare vaticinando su muerte. A pesar de que las separan muy pocos minutos, vuelve a ser icónica su cara de terror cuan Cesare llega a matarle a su casa. La cara de angustia de su compañero de nuevo es brutal. Cuando descubren el cuerpo muerto él y la casera del finado es una maravilla de plano. La ventana de su habitación está rota. Pero de nuevo la cámara lo obvia por completo. El decorado es tan potente que no necesita que nada ni nadie lo señale. En este momento de angustia, que el amigo es el centro absoluto del plano, la casera de él está en una esquina. Oscurísima, llorando.

En cuanto a Caligari sus sombras en la cara son una maravilla. Es otra maravilla la mutación que hace su personaje el relato del narrador a su forma final, mejor peinado, sin marcas oscurísimas en la cara. Muy buena también la forma en la que su figura es oronda. Cuando le vemos trabajando en el manicomio descubrimos que es más estilizado de lo que lleva aparentando toda la película. Tiene el honor de compartir plano con una de las imágenes más radicalmente expresionistas de la película. Hablo de la conversación con el funcionario, quien debe autorizarle el puesto en la feria. Cuando esta escena acaba, Caligari se dirige hacia un pasillo que se nos quiere hacer creer interminable pero que apenas serán dos metros antes de encontrarse con el telón de fondo. Con este taburete altísimo del funcionario riman las mesas de los policías. Unos policías que rotan y que nos dan un desfile de distintos bigotes. Esos policías trabajan en sillas altas siempre con la espalda en posiciones antiergonómicas.


viernes, 7 de agosto de 2020

FAUSTO

Dir.: F.W. Murnau
1926
100 min.

El protagonista vende su alma al diablo por la eterna juventud. Este es el argumento. Es poco interesante. De la trama no podemos esperar demasiado. Todo el peso debe estar en las formas del expresionismo alemán. Hay que decir que la temática le viene bien, pero no está tan bien explotada como podría.

La película tiene un buen arranque. Es bastante imponente. En la versión que yo he visto la música era sólo de piano. Para mi gusto la cultura alemana es capaz de hacer algo mucho más sinfónico y espectacular que un piano. Tenemos un ángel y un demonio con alas enormes. El diablo negro negrísimo y el ángel blanquísimo. Los movimientos del ángel son algo desagradables porque es completamente ortopédico. Se mueve lento y con trayectorias rectísimas. La silueta del diablo es una clara influencia para el monstruo en “Fantasía” de Disney. Fausto viejo también recuerda al brujo de “El aprendiz de brujo”.

Fausto es un hombre que tras haber dedicado toda su vida al conocimiento ve que no ha servido de nada cuando el diablo manda una plaga de peste que no puede remediar. Fausto pacta con el diablo para tener poderes y sanar a la gente. El mensaje es muy perverso. Curar la peste es algo que va contra los designios del señor y, por tanto, es satánico. Espíritu alemán puro. El pacto que hace con el diablo, por tanto, tiene un fin muy positivo. Sin embargo Fausto considera que ha perdido su vida y que debe recuperar su juventud y revivirla con vicio.

Como si se tratara del genio de “Aladín” el diablo le permite fingir ser un gran príncipe y hace la corte a una princesa el día de su boda. A esa escena llega en dos elefantes. Nunca se llega a ver a los animales de cuerpo entero. Están hechos de papel y la verdad es que funcionan increíblemente bien.

A partir de aquí la trama se vuelve muy rutinaria y muy poco interesante. Hay un juego de honras donde se ataca al patriarcado, hay un duelo y toda la culpa la paga la chica a la que ha seducido Fausto. De nuevo la película resulta perversa al juzgar muy blandamente a aquellas personas que niegan el auxilio a la chica en mitad de una noche de invierno. Sí es algo más interesante el descenso a la locura de ella en su celda. Pierde sus larguísimas trenzas y pasa a estar delgadísima y despeinada. Arde junto a Fausto en la hoguera y el amor es más poderoso que el diablo. La cuestión es que ambos mueren. Hay que ser muy pío para que este final resulte satisfactorio.

La imagen expresionista alemana está presente pero no muy explotada. Tenemos las calles de pueblos con líneas que se curvan, tejados altísimos… Pero no son muy abundantes. Hay una escalera con los ángulos muy forzados en la casa de ella que sí nos gustan… pero poco más.

Sí resulta más interesante el diseño del diablo. Un gorro, sin cuernos y con una larguísima y finísima pluma, que recuerda al de Maléfica en “La bella durmiente” de Disney. Cejas puntadas rectísimas y enfadadísimas. Una espada que levanta su capa siempre a modo de rabo. Un cuello altísimo en el que hunde toda su cara. La imaginería diabólica general suele presentarle más estilizado que a este ser.


sábado, 28 de diciembre de 2019

EL HOMBRE DE LA CÁMARA

Dir.: Dziga Vertov
1929
67 min.

El título de la película y su año, 1929, nos puede hacer pensar que es una obra dedicada al cine en general y al creador en particular. La película no se esfuerza en desmentir este hecho ya que constantemente nos está mostrando a un cámara. La misma cámara se convierte en protagonista cuando la vemos enfocar la ciudad desde una azotea. El trípode anda. Se ve antes la cámara que al cámara. Vemos el objetivo, vemos el ojo del cámara a través del objetivo. Incluso hay algo muy bonito en ver cómo se tapa con láminas metálicas la lente. El protagonismo, sin embargo, se lo lleva la ciudad y la sociedad postrevolucionaria.

Lo primero que vemos es una sala de cine invitando a la sociedad a entrar. En un plano precioso por la sincronía y, además, por la consciencia de lo rudimentario del truco, vemos cómo toda una fila de butacas (aunque el nombre les venga grande) se abren para recibir al pueblo soviético. Es cierto que este momento es puramente una declaración de amor al cine no tanto como modo de expresión sino como evento social. Después de esto, nos vamos al cine como elemento político.

Los tranvías como elemento de vida de las ciudades son una constante. Una constante tan constante que terminamos cansados. Aparecen todo el rato. Esto obedece al espíritu mecanicista y futurista de la peli. Pero hay muchas más máquinas que, por sus movimientos cíclicos y rápidos sí dan el dinamismo que demanda la película, pero un tranvía no es tan potente como se pretende. En su defensa diré que sorprende la sincronía de la red de tranvías cruzándose sin semáforos.

Para retratar el futurismo se muestran trenes, maquinaria de talleres de costura, cajas registradoras, máquinas de escribir… Y como apoyo el montaje: otro de los grandes protagonistas de la peli. Se muestran imágenes sobrepuestas de la hilandera feliz porque no tiene que hacer su trabajo mientras la máquina se mueve a velocidades increíbles. Pero es que aún se hará más rápido el montaje. Se llega a montar de forma que cada fotograma pertenece a una escena. Los fotogramas comunes pertenecen al cámara quien es el centro de toda esta representación.

En un acto político se muestra un retrato de Lenin, un busto de Marx y suena la Internacional. Vemos a gente jugando en unas barracas de feria a disparar a nazis y vemos a personas jugando a las damas y al ajedrez. Las piezas en los tableros se colocan solas. Es fácil hacer una analogía con el movimiento obrero y la organización de los peones.

Hay un plano maravilloso de los obreros (quizás mineros) llevando carretillas con su producción. Este plano está tomado desde el suelo. Se ven entonces unos zapatos que dan un aspecto de pobreza absoluto. Una especie de telas o pieles que convierten sus pies casi en muñones. Justo después de mostrar este plano se ve cómo está el cámara tirado en el suelo mientras los obreros hacen malabares para evitar pisarlo. Hay un esfuerzo por hacer consciente al público de lo que es el cine. Muchos años antes de que se taladrara el suelo de un estudio de Hollywood para que se pudieran mostrar los techos de “Ciudadano Kane” en esta película vemos a un tren desde las vías. El siguiente plano es ver el agujero que se ha hecho debajo de los raíles para poder tomarlo.

Hay muchas imágenes interesantes como edificios plegándose sobre sí mismos como después ocurriría en “Origen”. Hay un funeral en la calle en la que se ve el rostro del cadáver salir de entre las flores. Hay dos personas casándose delante de un funcionario mientras la señora se tapa la cara con su bolso para evitar salir en cámara. Hay deportes. Muchos más deportes de los que hoy en día nos hacen falta. Muchos de estos atletas a parecen en cámara lenta. Nada emocionante hoy.

El último elemento protagonista es el montaje. Tengo entendido que la montadora de la película es la mujer del director. La vemos estudiar metros y metros de cinta. Cortar. Arañar el celuloide para hacerlo trasparente y sobreponer imágenes. Hay un plano con sus ojos muy iluminados y todo lo demás muy oscuro en el que mira los trozos de cintas. Cuando ve un trozo grabado en la ciudad tiene ante ella un instante de la ciudad. Es muy bonito.

Con todo. La película es aburrida. Es conceptualmente muy interesante, pero el visionado te pone en un punto muy alejado de todo lo que ves. Quizás para quienes estuvieran enamorados del sueño futurista, la película tenga implicación emocional. Quizás baste con conocer San Petersburgo. A lo mejor en unos años ocurre lo mismo con “Manhattan”, pero todo cuanto veía me resultaba terriblemente ajeno.


domingo, 1 de diciembre de 2019

EL HOMBRE QUE RÍE

Dir.: Paul Leni
1928
110 min.

Esta película tiene todo lo que yo podría esperar del cine expresionista. De hecho es que el expresionismo está encarnado en su protagonista. Todo cuanto tiene es enormemente llamativo. La cara es una única entidad blanca. Ese pelo inmóvil que coloreamos de verde de forma inconsciente. Esos labios oscuros. Esas arrugas de su frente. Todo cuanto hay en esa cara produce una tensión muy propia de este cine. Para rematar al personaje tenemos las manos como garras que se tapan la boca de forma obsesiva. Casi es peor ver el miedo con el que descubre su boca que después ver la sonrisa.

La trama es realmente intrincada. En cierto modo parece un poco Shakesperiana, con esos líos de palacios, reyes que quieren deshacerse de herederos… Es un avance de la trama lo que nos da una de las escenas más interesantes del protagonista. La escena en la cama de la promiscua condesa que quiere acostarse con Gwynplaine ella riendo por un mensaje que le dice que debe casarse con él. El payaso solo puede llorar de rabia pero no puede quitar la sonrisa. Es un momento bastante particular.

El momento de la muerte del hombre que ríe es tremendo. Deben hacer creer a Dea que no ha muerto. Para ello toda la compañía grita imitando a un público. Está muy apoyado esto por la sonorización de la versión que he visto. Además de la música ensordecedora se añaden unos gritos difusos y lastimeros. Se superponen montones de payasos en pantalla para conseguir engañar a la pobre ciega. Da mucho apuro verlos correr entre los bancos del público para parecer omnipresentes.

En general visualmente todo está muy bien. La interpretación del filósofo con ese rostro algo oscuro y esos ojos abiertos y siempre moviéndose es maravillosa. La imagen del antiguo bufón de la corte que ahora es un noble es genial. Él con toda la dignidad del mundo que le concede su estatus con el mismo aspecto de payaso que Gwynplaine. Además el pueblo inglés con casa de tejados apuntados, fachadas inclinadas y llenas de vigas de madera. Con esa carreta traqueteante donde nada es paralelo moviéndose por las calles llenas de gente.

Incluso el momento de la persecución funciona bien. Ver al payaso en una torre asomándose a la multitud con la cara desencajada, puro nervio y con traje de noble es maravillosa. Ahí viene el joker a nuestra mente de forma evidente. Hay un momento en el que parece que va a caer desde lo alto y la cámara se acerca sorprendentemente rápido al suelo. Además se repite mucho un plano tomado desde una esquina del pueblo en el que se ve diferentes muchedumbres que le persiguen y cada vez que se vuelve a él el plano está más tembloroso y más sucio. Maravilloso.


sábado, 28 de septiembre de 2019

LAS AVENTURAS DEL PRÍNCIPE ACHMED

Dir.: Lotte Reiniger
1926
65 min.

La idea de una película con siluetas suena muy bien. A la vez invoca muchos temores de cosas que puedan salir mal: figuras poco creíbles, movimientos ortopédicos, falta de claridad en las figuras por sobrecargar la imagen, descuido de la trama en virtud de la rareza de la película… Puedo decir con rotundidad que nada de esto ocurre. Los movimientos que son capaces de crear los vemos al principio cuando se nos presenta al hechicero de africano. Sus movimientos son preciosos, su esqueleto visible, y su diseño enormemente eficaz. Tiene una escena en exclusiva para exhibir el diseño del personaje y es de lo mejor que tiene la película. Por supuesto es algo posible gracias a la animación. Lo he vivido hoy con la misma fascinación con la que de niño veía a los hechiceros de “El príncipe de Egipto”.

La primera vez que vemos al protagonista vemos una silueta humana perfecta. Con la precisión en las formas de una sombra real pero con el perfilado de un recortable. Es una figura preciosa. Sin embargo el sumun de la representación de la anatomía la tenemos en la princesa Peri Banu. Da igual cuántas telas finas se ponga siempre se puede apreciar su finísima silueta. El padre del príncipe Achmed también tiene un diseño muy realista. En este caso llama bastante la atención porque no es uno de los personajes que más peso tiene en la historia.

Con respecto a la historia se desarrolla según lo esperado. No hay grandes sorpresas. Es un cuento en todos los sentidos. La mayor demostración de esto es el momento en el que los intertítulos dicen. La puerta sólo se abrirá con la lámpara de Aladino. Lo siguiente que vemos es al príncipe salvando a un muchacho de una suerte de elefante con plumas. Por supuesto, este muchacho era Aladino.

El final está estupendamente resuelto. El castillo flotante aparece casi como un cameo. Durante toda la película hemos visto referencias constantes a “Las mil y una noches”. El castillo acude al rescate de los protagonistas como el elemento que faltaba. Por otro lado uno de los capítulos más icónicos de la tradición narrativa oriental.

Viendo cine mudo muchas veces tengo la intriga de cuál sería realmente el tono que la obra pretende transmitir. La escena de harem en mi pase ha resultado una comedia. Pero pudiera ser que, sobre todo hace años, aquello fuera una escena trepidante. De igual modo, el hechicero podría haber sido un personaje mucho más terrorífico que en mi visionado.