viernes, 18 de abril de 2025

FURTIVOS

Dir.: José Luis Borau
1975
99 min.

Áspera. Una España profunda, oscura. Violenta, sórdida, jerárquica. Al infantil gobernador se le trata con respeto por su cargo, sobre todo su madre, más que su séquito, que se resiste a cederle el capricho de matar al ciervo de gran cornamenta. Ella muestra cariño hacia ese hijo que desprecia. Al cazador furtivo le mostrará su desprecio sin complejos.

El personaje de Lola Gaos es de gran fiereza. La voz tomada. Seca. Ojos fríos. Se mueve por la ladera del valle con una agilidad sorprendente para su edad. Ella no es el motor de la trama, pero claramente es el personaje favorito de la película. Ella es la responsable de una de las imágenes más impactantes: todo el trato a la loba que cae en uno de los zeps de su hijo. Primero veremos gemir al animal mientras lo arrastran tirando de la cadena. Tras tenerlo varias horas debajo de la casa encadenado le dará muerte salvajemente con una azada. La escena es crudísima. El montaje es violento en oposición al gusto actual por el sadismo de las cámaras que miran la violencia impertérritas.

Tendremos más sufrimiento animal con las muertes de los ciervos. Ver caer a tan majestuoso animal delante de la cámara ya es impactante, pero verle cómo se le apaga la mirada mientras respira con dificultad sobre la tierra es duro. Toda la agonía sucia en la que Albert Serra descubría cómo se le va la vida al toro en “Tardes de soledad” es infinitamente menos poética que la mirada de este ciervo.

Esta violencia extrema nos hace pensar en “La familia de Pascual Duarte”. La arbitrariedad de la que se ejerce. La falta total de valores. Cómo Ángel deja escapar a quien le deshonra sin garantías de nada. Parece que busque acumular resentimiento para que pueda tener lugar el maltrato rencoroso a su madre. Primero nos escandaliza que quiera acostarse con su novia en el salón mientras su madre duerme en la habitación de al lado. Aquí al él le vemos como un animalillo. A ella, inesperadamente, le oímos decir la frase me estás poniendo cachonda. La escena culmina con el gravísimo momento en el que echa a su propia madre a rastras de su cama. Es una escena terrible, que la usurpadora mira desde el quicio de la puerta esperando pacientemente a que le liberan su hueco en esa cama. Para colmo la escena termina con la pareja poniéndose a lo que iban. Tal es la ceguera que la libido de él le causa.

El otro momento en el que le vemos darse a sus impulsos más bajos es cuando ella se saca los pechos divertida en mitad del bosque. La manera en la que él se arroja a ella es como si fuera un perro.

Hay muchos momentos que parecen imposibles bajo la censura. Por supuesto toda la falta de respeto a su madre. Pero también la parte erótica. Hay una alusión al vello púbico que se repetirá varias veces con los precintos de los paquetes de tabaco que ella colecciona en una lata metálica. La más grave la que introduce el componente del incesto. La madre está feliz por que se haya marchado la chica que su hijo ha traído a casa y ya puede tratar a su hijo como una madre que se asegura que la relación sea de dependencia. Hay una imagen indeleble en la que la cámara mira a través del hueco de la escalera hacia el piso de arriba donde la madre grita al hijo que sale de casa que esa chica no le quiere. Aquí ella está totalmente endiablada. Es espectacular.

Musicalmente tenemos a las Vainica Doble. Es cierto que en general no tenemos un recuerdo de la atmósfera de la película que podamos achacar particularmente a su banda sonora. Pero sí recuerdo haber percibido bastante modernidad en algunos momentos musicales. Esto viste algo las escenas. Porque el sonido es más bien frío. Pero no se da nunca el efecto de desnudez total que ocurría en algunas escenas de “Mi querida señorita (1972)”.

No llega nunca a nada particularmente grave, pero incomoda un poco vista hoy la manera en la que parece buscar excusas para colar imágenes de cuerpos desnudos femeninos perturbadoramente inmaduros. Sí, la chica en teoría es jovencísima, pero la actriz tiene 25 años en este momento. Lo podemos ver sin mayores problemas. Pero parece que no puede evitar meter la cámara brevemente en un vestuario femenino. Casi parece que la intención es dejar deslumbrada a la censura. No se recrea en ello, busca el hito de meter esos pechos pequeños en el metraje. El tropo del erotismo de chicas tan jóvenes diría que es común en el cine de la temprana transición. Permite pensar en “La prima Angélica (1974)”.


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