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viernes, 18 de septiembre de 2026

LAS MARGARITAS

Dir.: Vera Chytilová
1966
76 min.

Como idea se entiende y se podría decir que es exitosa. El mundo está sumido en la guerra y la destrucción, qué otra cosa se puede hacer que el divertimento. De hecho la película cierra con un letrero en pantalla que demuestra que el escándalo aún tiene un hueco. Espera que el público reaccione con indignación ante la película y entonces le reprocha que una obra cultural le mueva más que las injusticias en el mundo. Creo que está bien, un abrazo a la filosofía dadaísta.

En cuanto a ellas como pareja puedo entender que generen mucha simpatía en cierta visión femenina que reivindica una falta de compromiso por todo. Algo parecido al discurso de las creadoras de “Autodefensa (2022)”. De hecho estas dos protagonistas tienen un gran componente de egoísmo. No percibimos que entre ellas haya un juego libre, una especie de entregarse a su propia locura como por ejemplo veíamos en “L’amour fou (1969)”. En el cabaret, por ejemplo, claramente hay un gusto por molestar a la sociedad biempensante. En el episodio de la sucesión de novios de una sola tarde también se busca extraer todo lo que esta moral masculina complaciente sea capaz de dar.

En algunas escenas de locura hemos tenido algún momento estimulante en el que a través de unas sábanas blancas se llega a unas telas floreadas. Por ejemplo una le arroja a otra un tejido muy liviano que al caer se transforma en manzanas. Este último ejercicio tiene un ligero aire surrealista difícil de concretar. Pero toda su expresividad corporal por ejemplo no me interesa nada. Toda la destrucción de la lujosa mesa me da bastante igual.

Hay algunos recursos formales que me resultan interesantes. El cambio de tintado en los fotogramas es divertido. Se realiza con bastante arbitrariedad. Hay un momento en el tintado en el que las sombras se convierten en azules y las luces en amarillo. El resultado se parece a los dibujos con los que se presentan los ganadores de los Premios Nobel. Sin duda lo que me resulta más novedoso estéticamente es esa grabación desde la parte posterior del tren. Entiendo que son fotogramas con mucha exposición. Lo que se consigue es que los raíles del tren dejen un rastro en el plano, una forma de visualizar el movimiento, es curioso.

En ocasiones la película introduce ruido jugando fotograma a fotograma. Por ejemplo, una sucesión de virutas metálicas preludian la escena en la que ellas se visten con unos hierros oxidados. Este ruido visual me recordaba mucho a los cortos de animación de Jan Švankmajer. También hay este juego en el final de la escena de las tijeras. Las tijeras nos pueden hacer pensar en “Pierrot el loco (1965)”. En principio simplemente porque este elemento se repite en ambas obras. Lo curioso de esta escena es cuando se introducen trucos de postproducción bastante pobres y vemos partes de su cuerpo flotando por la estancia. En este caso el recuerdo es para “Hausu (1977)”.

La fotografía de la película con esos colores brillantes y algo apastelados me recordaba a “Valerie y su Semana de las Maravillas (1970)”.


viernes, 26 de diciembre de 2025

ÉXTASIS

Dir.: Gustav Machatý
1933
90 min.

El argumento no vale nada. Creo que la película más o menos es consciente de ello. Creo que se asume a sí misma como una película erótica. Salvo excepciones sus momentos más tórridos no tienen gran efecto desde la óptica actual. Pero sí que hay decisiones estilísticas bastante interesantes.

La famosa escena del orgasmo femenino de ella supongo que funciona particularmente por la forma en la que se elude mostrar nada. Ni siquiera está claro qué tipo de acto se realiza. Ella se mantiene vestido y él parece quedarse recostado a su lado. Entendemos que es una masturbación, pero no queda claro. El acto tiene un montaje algo acelerado. Este ritmo de cortes lo hemos visto unos momentos antes. Cuando ella está sofocada, deseosa. Se nos muestran los planos de las esculturas pequeñas que decoran la estancia en la que ella se va calentando. Caballos, un hombre soplando un cuerno y una mano que acaricia con la punta de los dedos su propio pecho. Los planos que anteceden al encuentro también me gustan. Ella camina sola por el campo de noche. Vestida de blanco. Me recuerda a los planos finales de “Los ojos sin rostro” o a ese plano terrorífico de Laura Dern acercándose a cámara en “Inland Empire”.

Cuando por fin los dos amantes se unen en un beso aparece un momento muy sorprendente. No porque el recurso no se haya visto antes, sino porque la película escasea de esta clase de recursos. Ella se acerca a su cara. Es un primer plano. Con la misma inercia con que ella se ha acercado a él, el perfil de su cara sigue avanzando hasta atravesar la cabeza de él. Creo que es una de las mejores representaciones del deseo en esta película. El otro gran momento es cuando ella llega ardiente de deseo a su noche de bodas. Cuando ha asumido el rechazo de su marido ella se recuesta con un camisón que dibuja perfectamente el perfil de sus dos piernas y ella juega con el anillo de desposada.

El hecho de que la película se llame “Éxtasis” revela que es consciente de la importancia de esta escena. Aunque el erotismo no cesa, es la única escena que recoge el significado del título. Por lo demás habrá una escena lúdica que cierra con el encuentro entre los dos amantes. Ella se baña desnuda en un río y ha dejado su ropa encima de la yegua que la ha llevado hasta esa orilla. La yegua excitada al oír el relincho de un caballo sale corriendo. Tenemos entonces a un grupo de obreros que la ven pasar desnuda persiguiendo a su montura. Yo creo que esta escena deja muy claras las intenciones y el tono de la película.

Cuando se presente el enredo amoroso también se hará de una forma muy superficial. Aunque nos permite ver una escena de conducción temeraria muy intensa. La acción que surge genuinamente del montaje es muy limitada. La velocidad de consigue por el viento en los sombreros de los dos hombres que viajan y por los árboles que pasan velozmente por la pantalla. El cierre de esta escena vuelve a revelar una idea muy efectiva. Para mostrar la respiración agitada del recién divorciado se compara su respiración con los vapores del tren que ha estado cerca de atropellarles. Hay que decir que la amenaza de este atropello nunca se percibe.

Me ha divertido mucho el momento en el que ella entra a la habitación nupcial en brazos de él. Señalemos que hay algún mueble que parece sacado de Le Corbusier. Muy sorprendente encontrar este diseño en una película de los años 30. Cuando él se descalza solo usando sus pies ella sigue en sus brazos. La cámara hace un primer plano de sus pies. Obviamente la persona a la que pertenecen esos zapatos no está sujetando a nadie en volandas. Tenemos entonces la sensación casi de estar viendo unos títeres. Me ha gustado mucho.

Y señalaré también la coda obrerista. Extrañísima. Vemos cómo él llega a su puesto de trabajo. Los hombres pican piedra. El montaje es rápido. Nada que no hayamos visto en “El hombre de la cámara (1929)”. Pero se consiguen algunas imágenes muy sorprendentes. La cámara subirá y bajará atada al pico que trabaja la tierra. Se rueda el agua que cae un grifo desde el fondo del barril que la recoge… Los cuerpos de esos obreros se presentan bien musculados. Entiendo que aquí hay un trabajo de iluminación importante para que las sombras realcen brazos y espaldas.

El aspecto que él tiene en este momento, su admiración por la tierra y su riqueza, su peinado bien nos podría recordar a los ideales del hombre alemán.


viernes, 10 de octubre de 2025

FINAL FELIZ

Dir.: Oldrich Lipský
1967
69 min.

La premisa de la trama es curiosa. Vemos una historia de amor bastante clásica en la que todo transcurre hacia atrás. Lo único que se permite que vaya hacia delante son las frases de los personajes. Esto le permite crear diálogos en los que una frase parece responder a su propia réplica. A veces funciona mejor que otras. Pero como tampoco se puede sostener durante muchas frases no llega a ser cargante nunca.

El narrador tiene una posición muy interesante. Conoce menos que el público. Es decir, nos cuenta esa historia como si en esa dirección fuera el devenir natural de los hechos. Sin embargo la fisicidad del mundo sí le sorprende. Así, por ejemplo cuando asesina al amante de su mujer tirándolo por la ventana, lo que veremos en pantalla será cómo un cuerpo inerte sobre el empedrado se eleva hasta entrar por una ventana cuyo cristal se recompone. El narrador entonces se maravilla de que alguien pueda dar tan tremendo salto.

Empieza con un chiste que a nosotros nos resuena el monólogo de Gila: mis padres no estaban cuando yo nací. Esto lo dice porque el destino final del protagonista será morir en la guillotina. Entonces por lo que a él respecta, nace en ese momento. De igual forma no dice que mata a su esposa: la monta como si fuera el maniquí de Serrat. Se maravilla de que su hijo sea capaz de producir tantos litros de leche por la boca al día. Se lamenta del día que gana una gran apuesta deportiva. En ningún momento la película se vuelve particularmente graciosa, pero nunca está mal traída la confusión entre imagen y narración. Uno por supuesto no puede evitar comparar con Nolan y “Memento (2000)”. En la película checa la narración se rompe igual que lo hace en la de Nolan y sin poder escapar nunca del juego de la marcha atrás.

Visualmente quizás hay algunos momentos interesantes. Pero como hoy tenemos tantísima facilidad de ver grabaciones en reverso pocos son sorprendentes. Claro, muchas veces habla el narrador sin que el diálogo de la escena diga nada. De esa forma el espectador que no necesite subtítulos puede deleitarse con el juego visual. Creo que las imágenes más fascinantes son aquellas en las que los personajes comen. Supongo que los actores estarán instruídos para que la imagen quede lo más limpia posible. Es muy curioso cómo se recompone la comida en bocados tan grandes y fluídos.

Una problemática que no es evidente a priori es que el inicio de una trama de este estilo tiende a ser lo más anodino de estas historias. Sin embargo aquí el narrador consigue un efecto muy interesante. Es decir, los típicos encuentros más o menos fugaces que deberían hacer crecer nuestro interés por el porvenir de esa pareja en este caso sirven para que el narrador nos explique cómo poco a poco intenta verse cada vez menos con ella. También consigue con mucha naturalidad dar por muerto a un personaje solo porque es la primera vez (la última en este caso) que aparece en la película. Es decir, es como si el narrador no tuviera más información que la que vemos nosotros.


viernes, 8 de marzo de 2024

ALICE

Dir.: Jan Švankmajer
1988
86 min.

El stop motion por supuesto es el protagonista indiscutible. Pero otro aspecto que está tratado con mucho cariño son las texturas. Los metales de los cacharros de cocina. Las telas. Las maderas en suelos y muebles. Las paredes desconchadas. El serrín que está dentro de todos los muñecos y de forma particular en el conejo blanco.

Busca el horror continuamente. Dada su presencia a lo largo de toda la película puede explotarlo mucho con el conejo blanco. Los ojos terriblemente saltones. El serrín que le sale de la barriga cada vez que saca su reloj… Los ruidos terroríficos que hace al mover las mandíbulas… De hecho es él quien recrea el plano de “La carreta fantasma” de la puerta y el hacha.

Todos los episodios están enmarcados en una habitación. Cada encuentro es un cuarto distinto. Esta forma de moverse por una casa en la que no sabemos qué nos vamos a encontrar da un aspecto de película de miedo clásica. Es muy inquietante por ejemplo cuando aprende a utilizar el hongo para crecer y encoger. Vemos una habitación que solo tiene unos árboles falsos y una lámpara que cuelga del techo. Que la cámara contemple algo tan simple con tanto asombro, da miedo.

Los otros personajes terroríficos son los animales que tratan de echar a Alice de la casa del conejo blanco. Estando ella atrapada porque es demasiado grande empiezan a perseguirle varios animales. Todos ellos tienen cráneos en lugar de cabezas. Es bastante inquietante que muchos sean pájaros. Gorriones quizás. No tienen cabeza pero tienen un vuelo bastante realista. Esta escena se me hace larga, pero por lo menos me regala la siempre divertida imagen de un pájaro con brazos.

Donde se permite ser más desquiciada es en la escena del sombrerero loco. Cada vez que un personaje interviene una voz de niña sale de unos labios que solo vemos en primer plano. Todos los personajes, por tanto, tienen la misma voz y casi siempre la voz narradora acota diciendo quién ha dicho la frase. Esta explicación siempre es innecesaria porque siempre vemos moverse al ser que está hablando. Por lo tanto cuando el sombrerero exige una y otra vez cambiarse de asiento para usar una taza limpia siempre escuchamos un dijo el sombrerero loco que hace todo el asunto mucho más frenético, obsesivo y enfermizo. Los engranajes de relojes se llenan de mantequilla, las botas del sombrerero avanzan a la silla sucesiva, el té se derrama por toda la marioneta, la cuerda de la liebre chirría, se le descuelga el ojo a la liebre… Es la escena donde la película más disfruta.

Hay un gusto por las cosas. Así antes de introducirnos a la pesadilla la cámara ha recorrido toda la habitación. Llena de cosas. Cosas que después representarán los distintos seres con los que se encuentre Alice. Cuando está cayendo por la madriguera del conejo (situada en el interior de un cajón) vemos baldas llenas de objetos. Es señalable que, aunque vemos a la niña al lado de un río, esto ya es parte de la fantasía o quizás preludia otro sueño del que la película nunca despierta. Pero el caso es que se nos dice que ese río no es real. Es lo que la niña imagina y que en su lugar sólo hay una taza de té. Entre ambos planos de realidad la narradora nos dice que estamos a punto de ver una película hecha para niños… quizás.

Es recurrente el hecho de que al abrir un cajón se desencaje el tirador y Alice deba abrirlo con un dedo o haciendo palanca. A mi parecer, demasiado como para que la niña no se haya dado cuenta ella sola.

Aunque la escena me parece muy corta, me ha gustado mucho la representación de la oruga sobre el hongo. Es un calcetín. Toda la habitación en la que vive la oruga está plagada de calcetines que devoran el suelo llenándolo de agujeros. La intervención de la oruga es mucho menos inquisitiva que la que veíamos en “Alicia en el País de las Maravillas” de Disney.


viernes, 26 de mayo de 2023

EL INCINERADOR DE CADÁVERES

Dir.: Juraj Herz
1969
95 min.

Un tipo aburrido, encantado de su trabajo como incinerador termina apoyando la invasión nazi a Checoslovaquia. La forma en la que se hace este retrato es magnífica. Repite un corto repertorio de frases. Que las cenizas acaban en urnas y el alma en el éter. Que Checoslovaquia es un país avanzado porque incinera sus cadáveres. Que tiene una agradable familia. Cómo conoció a su mujer enfrente de la jaula de los leopardos. Admira los cuerpos en los ataúdes, saca el peine de su bolsillo, peina los cadáveres y se repasa su engominado pelo antes de guardar de nuevo el peine.

Hay una escena en la que se asume lo inquietante propio del cine checoslovaco. Al protagonista no se le ocurre un mejor plan familiar que ir a un macabro museo de cera. Ese descaro con el que el feriante anuncia que tienen un duende de cera que resulta ser un enano al que hacen quedarse quieto. Todo el encanto del museo es que recrea situaciones macabras. Es remarcable el apuñalamiento en el que un autómata tiene la precisión de bajar el cuchillo hasta la hendidura que el otro muñeco tiene en la espalda. Tras eso, el feriante lleva a nuestro protagonista a una sala aparte en la que se supone que guarda cuerpos enfermos en formol. El contraste es muy cómico ya que él, que había contemplado los horrores con cara más aburrida que interesada, va a ver a su médico personal a hacerse un análisis de sangra para buscarse enfermedades venéreas.

En la consulta explica motivos para hacerse los análisis a pesar de prometerse fiel a su esposa. Nosotros sabemos que esto es mentira y que acude a un prostíbulo casi como si fuera parte de sus responsabilidades laborales. Conversa con la prostituta antes de meterse en la cama. El ritual de higiene: ella se sienta en el bidet. Cuando ha terminado de asearse él se acerca a ella para que le limpie los genitales. Pero todo ello de manera mecánica, burocrática. Hay unas transiciones maravillosas en las que a contraplano se cambia el escenario. Del prostíbulo a su apacible y modélico hogar. Con cuadros horrendos en todas sus paredes. Especial cuidado en los cuadros que cuelga en el baño.

Lo maravilloso del asunto es que el hecho determinante que le hace alistarse en el partido nazi es que se celebra una fiesta en la que le prometen que habrá mujeres dispuestas a todo. Y así ocurre. Mientras él está ahí más mirando que aprovechándose de los cuerpos que se le ofrecen le explican todas las maravillas de la invasión alemana. Su amigo, gran convencido del nazismo le hace investigar si tiene sangre alemana. Para lo cual vuelve a visitar a su médico de confianza, judío. Aquí él, como quien no quiere la cosa pregunta acerca de cuánta sangre alemana tiene. En una respuesta quizás vista desde hoy un poco manida, dice que eso no se puede ver en la sangre, que todas son iguales. Del mismo modo que todas las cenizas son iguales.

Cuando por fin es un convencido del nazismo mata a su mujer, a quien la descubren origen judío por su forma de cocinar el cerdo, e hijos. Unas escenas descarnadas. Para deshacerse de los cuerpos de sus hijos los mete en ataúdes cuyos familiares han expresado que no quieren que se exponga el cuerpo. Es una escena que ocurre dos veces y en ambas ocasiones se usa de exordio un terrible sonido de madera chirriando cuando saca los clavos de la caja con unas tenazas.

A su hijo varón, además de tener sangre judía, se le condena por afeminado. Lo cierto es que compone un personaje curioso. Palidísimo. Apocado. Delgado. Gafas redondas al estilo de Gödel. Cuando está rememorando por primera vez la cita con su mujer ante la jaula de los leopardos sin que llegue a explicarse del todo apela a una imagen en la que los dos hijos están dentro de la jaula.

El caso es que esta violencia intrafamiliar está expresada con la misma crudeza y casi comedia con la que los cineastas subversivos europeos contemporáneos muestran los asesinatos entre padres e hijos. El arma filicida es una barra de hierro. Una barra que ya habíamos escuchado anteriormente caer sobre el mismo frío azulejo blanco sobre el que yacen los ataúdes. Por supuesto aquí no hay el subrayado del cine actual y no hay un regocijarse en la sangre de las víctimas.

Lo quizás evidente pero no por ello menos poderoso del final es que el reich le reclama para diseñar un plan crematorio. Como el tipo no tiene grandes pasiones, es aquí cuando le vemos más exacerbado. Quizás ha llegado a creerse los discursos supremacistas nazis, pero hasta este momento no le vemos brillo en los ojos en referencia a la invasión.


viernes, 5 de agosto de 2022

LA TIENDA EN LA CALLE MAYOR

Dir.: Ján Kadár
1965
121 min.

Toda la parte de en medio, la más estrictamente cómica es la que menos me interesa. No llega a ser divertida y el personaje protagonista representa un arquetipo que hemos visto muchas veces y que no muestra nada más de lo que esperaríamos de él. Lo hemos visto en todo tipo de películas además. Produce poco más que una sonrisa el hecho de que el arianizador que debía quitarle la tienda a la anciana señora Lautmann se vea forzado a trabajar como su empleado porque no es capaz de llevar la tienda.

La propuesta fuerte de la película sí me resulta muy interesante. Muestra el comportamiento que podemos esperar de un ario que está en contra de la ocupación nazi. Me gusta mucho más este relato que la visión heroica de “La lista de Schindler”. La escena que resume su relación con el régimen es cuando le visita en su casa su cuñado. El cuñado es nazi y, como tal, tiene acceso a ciertos lujos. El hombre, vago como corresponde a su estereotipo, hace lo que puede para poder mantenerse y si eso significa que acepte los regalos nazis, él lo hará.

La gran escena de la película es la final. Cuando el protagonista y la señora Lautmann están encerrados en la tienda un sábado que las tropas nazis están llevándose a los judíos. Aquí es donde la película explota y donde se muestran las reacciones más interesantes. Cómo el tipo, que tiene un trato amigable con los vecinos y de enfrentamiento con los nazis actuará como le dicten sus tripas. Cuando tenga miedo querrá entregar a la mujer a los militares. Cuando lo vea posible, la protege. Es una visión donde todos los que no se enfrentaron a la ocupación cargan con la culpa del holocausto.

Para mi gusto se abusa del alcohol. No me gusta que cada vez que el hombre deba hacer frente al nazismo esté borracho. Hace que todas las escenas de tensión, en las que la situación se va de quicio, en las que triunfa el irracionalismo nazi, se vuelvan algo melodramáticas. Puedo entender el mensaje de que no hay quien comprenda las ideas nazis, pero estéticamente es muy feo. En este sentido es mucho más poderosa la actitud de la anciana, que cuando ve cómo tratan los nazis a los judíos dice que no entiende nada. El paralelismo con algunos ancianos y su actitud ante la pandemia actual es salvaje.

Una gran intervención es la de un barbero que asegura no estar asombrado de que les echen de sus ciudades. El protagonista se asombra porque es la primera vez que tan salvajemente se ve hasta dónde puede llegar el nazismo. Sin embargo en la comunidad judía llevaban mucho tiempo viendo los pasos que iba tomando.


viernes, 22 de enero de 2021

TRENES RIGUROSAMENTE VIGILADOS

Dir.: Jiří Menzel
1966
93 min.

El estilo de esta película es increíble. Tiene todos los elementos que suelen acompañar a un montaje que genera un ritmo incómodo y que no funciona. Pero aquí tenemos un montaje por el que nos sentimos dichosos. Lejos de los planos ligeramente dilatados del cine francés y de las narraciones demasiado pausadas del cine checo.

Nuestro protagonista es un adolescente de una familia de vagos. Padre maquinista unos años y cobrando una pensión desde hace 20. Un abuelo mentalista cuyo único poder que se le reconoce es el de vivir sin trabajar. Se cuenta una historia con humor de la entrada de los nazis a Checoslovaquia. El hipnotizador se plantó delante de los tanques. Se pararon un momento y después continuaron su avance hasta Praga sin encontrar más obstáculos.

La imagen del protagonista es una maravilla. Es poquísima cosa. Cara de pasmado y fascinación siempre. Un poco la misma imagen de debilidad que tenemos de Kafka. La misma impresión que trasmite su retrato en el cartel de la película la trasmite durante los 80 primeros minutos. Él está feliz por haber obtenido un trabajo que todo el resto del pueblo considera de vagos. Tiene un uniforme bonito y poco más que hacer. Esto se muestra descaradamente cuando los tres trabajadores de la estación están haciendo nada en sus escritorios y toda la estación está inundada por ruido de teléfonos que nadie descuelga.

Uno de los vagos trabajadores de la estación pasa todo el tiempo que puede con mujeres. En concreto hay una escena erótica con su telegrafista que es maravillosa. Están desvistiéndose y él empieza a estamparle sellos en su pierna, cada uno más arriba. Ella termina quitándose las bragas y el último sello termina en una nalga suya. La serenidad con la que se desarrolla la escena es muy arriesgada. Es paciente. Está estupendamente iluminada para conseguir representar su carne tersísima. A la mañana siguiente la madre de ella descubre los sellos. Va por toda la población mostrando el trasero de su hija buscando un tribunal que condene eso. Las miradas de todos los hombres que deben mantener una posición pese al erotismo que se les presenta son mordaces. Por fin, siendo juzgado el caso delante de una autoridad nazi, ella relata que todo cuanto ocurrió en la estación fue por voluntad propia. Este testimonio es potentísimo. Ella habla con gran sinceridad. Sin artificios. No necesita hacer discursos, no es propagandístico. Es el choque violento entre una madre biempensante y una hija que declara su libertad con una sonrisa radiante.

La inexperiencia de Mikos, el protagonista abarca todo. En particular tiene pánico al sexo. Esto es así en una sociedad donde se vive el sexo con alegría suficientemente escondido de los nazis. Al eyacular precozmente en su primera vez intenta suicidarse. La escena del suicidio es una maravilla. Él se mete en una bañera de una habitación alquilada por horas. Pone una navaja en la grieta de una madera y deja caer sus muñecas sobre el filo.

Tras recuperarse de los cortes va pidiendo a sus compañeros de trabajo ayuda para encontrar a una mujer que le pueda entrenar para poder tener un encuentro con su novia satisfactorio. El único que se postula para ayudarle es un cura. Se acerca una mujer que está cebando a una oca. El cuello de la oca como símbolo fálico nunca lo había visto. Cuando es secuestrado por los nazis en un tren le liberan al ver sus muñecas con cicatrices. Supongo que los nazis se ven identificados por su carácter suicida.

Al nazismo se le da de palos constantemente. El checo colaboracionista es un personaje ridículo. Cuando un nazi habla por primera vez dice que su situación bélica es excelente. Acto seguido relata lo exitoso de las distintas retiradas a las que se ha visto forzado el ejército nazi. Los nazis reprochan al protagonista que desperdicie sus esfuerzos mientras tantos habitantes del Reich mueren en las filas. Este discurso suena a parafraseo del comunismo. Un Estado exige a su gente trabajo y el otro, morir. En los créditos iniciales hay un maravilloso montaje de alemanes descansando y alemanes invadiendo con una marcha militar de un brío que no se corresponde con lo que vemos.

Los trenes dan lugar a imágenes muy interesantes. Por supuesto la explosión final. Pero también hay un tren que sirve para exponer cuadros de un maquinista aficionado a la pintura. Hay planos de trenes nocturnos. Lo único que se ve es el humo que asciende y las chustas que bajan. También es muy interesante el coche con ruedas de hierro en el que se desplaza el nazi por las vías.

A pesar de que la película está en formato cuadrado se consigue romper los límites. Se consigue que parezca enorme. Esto se hace colocando los elementos en los extremos del cuadro. Por ejemplo cuando vemos la casa de la telegrafista apenas hay elementos. La cama está al extremo izquierdo y la cocina con la madre en el extremo derecho. Se trata el formato casi como si fuera apaisado. El efecto es increíble.