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viernes, 1 de diciembre de 2023

MULHOLLAND DRIVE

Dir.: David Lynch
2001
147 min.

Mi película favorita de Lynch. Al revisitarla puede ser que se haya quedado por debajo de “Corazón Salvaje”, pero sigue gustándome mucho.

No quiero obviar la calidad del pase de la película en el cine Doré. La proyección era en 35mm algo que me pone muy contento pero a ratos el celuloide estaba muy machacado y el cambio de los rollos no debía ser tan dinámico como debería. Ha empezado con el sonido muy flojo. Los bordes de la imagen tenían muy mala definición y, si querías leer los subtítulos no se veía la parte superior del cuadro de la peli. En cada rollo nuevo había que reajustar la altura de la proyección. Se ha repetido un trozo de unos 15 minutos tras saltarse uno de 10. Justo antes de la escena del club Silencio ha habido un parón de 30 segundos. Eso es ominoso porque el cambio entre la escena de cama y el club silencio es mágico. Con un parón de ese estilo, la escena está prácticamente muerta. Por suerte se ha repetido y se ha proyectado fluidamente.

Vayamos a la película. Había muchos trozos, especialmente al principio que no recordaba. Hay como una obsesión por dejas claro que hay un interés muy fuerte en que la chica rubia no obtenga el papel en la peli. Pero se dedica mucho rato a la historia del enano mafioso. Y, para quien sabe que eso será poco importante en el resto de la peli, causa mucha impaciencia.

Por otro lado, los minutos desde que termina el sueño hasta el final de la peli, en un segundo visionado se hacen un poco pesados. David Lynch tiene muchas cosas que explicar y, quien ya lo ha entendido se aburre un poco. En una película de Nolan esto no ocurriría nunca. Nolan pondría a un personaje que verbalizaría toda la trama y ya está.

Por mucho que se intente es casi imposible entender toda la película. Aún en esta ocasión los padres en miniatura y que después se convierten en algo aterrador (me he asustado mucho) me han pillado muy fuera de juego. La caja azul… la oscuridad… el monstruo extraño… Pero muy bien de nuevo.


viernes, 14 de agosto de 2020

ALIENÍGENAS MUTANTES

Dir.: Bill Plympton
2001
81 min.

Película con un estilo de animación especialísimo. Es cierto que ocurren ciertas cosas en el guión que sorprende ver en una película de animación. Me refiero a elementos grotescos. Sin embargo el estilo de animación es tremendamente sucio. Los trazos de los contornos son poco definidos. Los colores en general son apagados. Esto ayuda a generar una distancia importante. Siempre hay un temblor en la imagen. A pesar de todo lo que ocurre nunca parece estridente.

El componente sexual es omnipresente en toda la película. Entre el estilo de animación y el mucho sexo uno pensaría que la película es contemporánea a Russ Meyer o quizás a los de National Lampoon. Vemos que es de 2001 y, en este sentido, nos parece un poco anacrónica. Sin embargo la estética general de la película borra cualquier rastro de la década de los 2000. En este punto merece la pena hablar de la primera vez que vemos a la hija adulta del protagonista. Con esa monja y esa diabla discutiendo con un rico diálogo acerca de si debe acostarse con su novio o seguir trabajando en el observatorio. En este momento el novio se baja los pantalones y observa con ojos golosos su propia erección. Lo que vemos son caballos, trenes, motores, cañones, balas, pistolas… Resulta increíble lo imaginativo que es este momento. Es sorprendentemente largo.

El capitalismo chorreante de testosterona, ultrasexualizado está bien, pero resulta poco interesante. Agradecemos que se muestre de manera clara. En ningún momento es un mensaje que quiera ser oculto. El tipo publicista es todo él sexual y no pretenden nunca mostrarle como una persona limpia. Es todo excesivo y por ello nos tragamos lo que nos muestran a pesar de su no mucha originalidad.

Lo más interesante de la película es el diseño de personajes. Por supuesto los que acaparan todo el protagonismo son los mutantes. De ellos hablaré del gusano cuyo superpoder es lanzar burbujas y de la rana con ancas por encima de su cabeza. De esta rana hay que señalar su imagen en el póster de la peli donde aparece en gabardina con unos hombros agudísimos. No pasaré por alto la casi traumática relación zoofílica que tiene el astronauta con los animales de laboratorio y los partos tremendamente explosivos.

El mundo más interesante me parece el primer planeta, con forma de cacahuete. Un lugar donde viven narices, dedos, ojos, manos… Es algo maravilloso. Es una secuencia muy larga. Donde los ojos vuelan en manos. Miden la nariz de todo el que llega a ese planeta. Seduce a la reina nariz. Es secuestrado por la lengua. Se celebra un combate al estilo de los romanos en un circo mientras suena una guitarra eléctrica atronadora… Es un ejercicio de narrativa y de épica impecable toda esta secuencia es muda. De forma anecdótica se hace referencia a Laika.

Estilísticamente se agradece mucho la creatividad en los encuadres. Muchos de ellos con aberraciones propias del cómic. Es impresionante ver la larguísima limusina deformada con ojo de pez. O el dedo del villano apretando el botón.


domingo, 14 de julio de 2019

AGUA TIBIA BAJO UN PUENTE ROJO

Dir.: Shôhei Imamura
2001
119 min.

La premisa de una mujer de la que brota agua cada vez que tiene un orgasmo podría ser un chiste o una poesía. Conociendo la forma de proceder japonesa nos inclinamos por la poesía. Además atrae a los peces y nos remite a la figura de la mujer como creadoras de vida. Lo cierto es que cuando se ejecutan estas escenas no hay lirismo por ninguna parte. La música es cómica y el agua brota como lo hace la sangre en una película de Tarantino. La comedia se ve acentuada al poner el poco original gag de que el sexo hace a un hombre común correr más que a un africano para el que ganar una carrera supone una nueva vida en su país natal.

La película es muy lenta. No puede ser de otra forma ya que la trama es muy corta. Realmente es un romance con el punto del sexo. En vez de me quieres solo por mi cuerpo la película toma me quieres solo por mi rareza. Pero no hay un gran desarrollo. Realmente me resulta más interesante la trama de la abuela que espera a su novio desde hace años y al descubrir que está muerto vuelve a su casa que el romance entre los dos protagonistas.

La fotografía no es muy llamativa. Colores apagados por culpa del analógico y un ruido en la imagen muy poco sugerente.

Sin embargo hay tres momentos muy divertidos. Por desgracia también son cortos. Hablo del momento psicodélico, cuando el protagonista se ve en una especie de vuelta al útero. El momento de la visita al centro de neutrinos donde se exponen las virtudes del agua pura para el conocimiento del universo y los neutrinos, pero sin embargo asquerosa para el consumo humano. Y el momento onírico, donde se hace una apología de la vida sexual como elemento que dota de sentido la existencia.

Es extraño que un hombre tan pensador como el que aparece muerto desde el primer plano de la película haya llegado a la conclusión de que el sexo es lo más valioso de la vida. Esto se explica cuando conocemos que se ha acostumbrado a un sexo repleto de agua, fuente de vida…

Un poco aburridos todos estos mensajes y, en consecuencia, la película en general.