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viernes, 11 de septiembre de 2026

LAS VÍRGENES SUICIDAS

Dir.: Sofia Coppola
1999
97 min.

Es una gozada de película. Es una maravilla su fotografía. Es una delicia ver esa estética tan fuerte en los decorados, en los coches y en las ropas de los personajes. Asumida con tanta fuerza como si fuera una película de Wes Anderson. Pero sin su afán estetizante. No se queda contemplando sus dioramas. No utiliza una paleta de colores tan marcada; hace suya la fotografía casi sepia, la luz blandísima. Habiendo visto hace poco “Picnic en Hanging Rock (1975)” es imposible no recordar ese aura etéreo y virginal.

Me ha sorprendido encontrarme la celebérrima frase “Doctor, obviamente usted nunca ha sido una chica de 13 años”. Me ha puesto en tensión un momento porque me hacía temer una película muy ombliguista. Pero nada más lejos de la realidad. La narración la guían los chicos que están perdidamente stendhalados por las 4 hermanas. Hay un momento maravilloso en el que están leyendo el diario de la primera de las hermanas en suicidarse. Buscan en sus páginas alguna pista de por qué se suicidó. Desesperados dicen no encontrar nada, mientras se quejan de la cantidad de páginas que ella dedicó a los olmos que mueren en su vecindario.

Otro momento que me encanta de crítica a la incomunicación masculina es esa casa silenciosa e incómoda a la que llega el párroco. Trata de hablar con el padre el cual para evitar tratar el tema no deja de hacer comentarios insustanciales de un partido de baseball. En un momento dado apela al cura, pero no es capaz de decir absolutamente nada que tenga sentido.

El romance con el guaperas del instituto me ha encantado. Qué divertido es notar la visión femenina revanchista mostrando cómo ha envejecido el chico que tanto le gustó de adolescente. Me encanta el pelo terrible que él luce, tan terrible como el de Javier Bardem en “No es país para viejos (2007)”. Me encanta el juego de seducción de Lux. Ese pie en la mesa, él totalmente desarmado, la madre escandalizada, el padre con una situación que ni entiende y que le desborda. Me encanta cuando ella sale corriendo al coche para besarlo ante su inacción. ¡Qué delicia es ver a las hijas encantadas por salir de casa! ¡Qué alegría ellas! ¡Qué bonito el patetismo de los chicos embrujados cuando sus parejas salen por fin del coche! ¡Cómo asimilan esa noche que nunca olvidarán! Es una gozada. Los chicos mirándolas bajar las escaleras. La madre trata de arrebatarles toda su belleza juvenil descosiendo sus vestidos, pero eso no impide que los cuatro chicos se queden ojipláticos viéndolas.

Toda la secuencia que culmina con el primer suicido tiene una fuerza rabiosa. Qué forma de abrazar la incomodidad. Pero siempre con elegancia, sin ponernos como espectadores ante personajes patéticos. Ese chico repulsivo que intenta ligar tan torpemente haciendo crecer cualquier resquicio de misandria que pueda albergar el espectador. Me encanta ese comentario tan fuera de lugar por su tono en el que ese cabello repeinado sobre esa cara de superiodidad le dice a la madre: Me encanta la piña. De alguna manera casi podemos justificar el puritanismo de la madre que tanto tortura a las protagonistas.

La secuencia tiene elementos que impiden que sea un suicidio romántico. Es trágico y es patético. Tenemos al chico con clara discapacidad mental, los chicos con nulas habilidades sociales para interactuar con ellas, anulando cualquier ilusión que las hijas pudieran tener en esa fiesta. Qué delicia ese plano con las hijas y la madre observando desde el porche, el padre sujetando el cuerpo inerte de su hija y de repente un aspersor que se activa.

La tristeza absoluta de Lux despertándose sola en el campo de fútbol. Ella con su corona de princesa, su cara de desolación y aún tiene que aguantar la reprimenda de su madre cuando llega sola a casa. Qué preciosidad esa luz que le da un color casi cadavérico. Recordando el cuerpo desnudo de “Melancolía (2011)”.

Los encuadres de 1.66:1 le quedan genial a esos interiores. No podemos dejar pasar la similitud de esas escaleras siempre diagonales en el plano. Y la referencia obvia es la escalera terrorífica de “Twin Peaks”.


viernes, 28 de febrero de 2020

LOST IN TRANSLATION

Dir.: Sofia Coppola
2003
105 min.

Ha terminado la peli sin saber qué historia me han contado. Bill Murray hace que ningún drama termine de funcionar. Cualquier situación en la que haya que sentir lástima por él se arruina. Todas sus desgracias resultan cómicas al ver su cara de desesperación. Con esto quiero decir que, sobre todo la primera parte de la peli es bastante divertida. La sección de pura amistad entre los dos protagonistas.

Es interesante la relación de los dos personajes de amistad. Ambos están solos y solo se tienen el uno al otro. Por otra parte, Bill Murray tratando a Scarlet como una especie de mentor… Bill Murray consigue que el papel típico de un chico que es gracioso con una chica sea más tragable e incluso divertido para el espectador. Lo que no hay Dios que soporte es la búsqueda desesperada por la chica. ¿Qué relación me están vendiendo ahí? ¿Una suerte de enamoramiento amistoso? ¿Cuántas veces necesitan despedirse?

Otra cosa que a veces está tratada bien y otras no tanto es la visión de Japón como un lugar muy distinto y que eso cause gracia. ¡Qué raros son ja, ja, qué gracioso! Otras veces sí que muestra un ambiente completamente urbano, sin sitio apenas para las personas. También se trata bien el asunto cuando se muestra a Bill acosado por la compañía japonesa y con ganas de escapar del lugar. Ahí está mostrado un Japón casi atractivo para el espectador.

El resumen, una bastante buena primera parte y en su segunda parte, sin perder en forma, el argumento se me escapa un poco.