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viernes, 14 de noviembre de 2025

LA ARMÓNICA DE CRISTAL

Dir.: Andrei Khrzhanovsky
1968
20 min.

Todo el rato tiene una estética muy estimulante. Me gusta ese arte tan evocador de las vanguardias. Esa especie de arte deshumanizado en este caso utilizado para un mensaje tan espiritualista y humano. Esa ruta que lleva a los cielos desde donde desciende el divino instrumento recuerda a cómo se retorcía la perspectiva en “El gabinete del Doctor Caligari (1920)”. Me gusta todo. Me encanta el hombre burócrata que gracias al dinero hace y deshace a su antojo. Me encanta incluso que una cinta de discurso tan anticapitalista, en el sentido de aversión al dinero, fuera prohibida en la URSS.

Tampoco es de extrañar, ya que principalmente la película se dirige contra la censura. El censor es, sin duda, la figura más potente. Es el elemento con la animación más escueta, de estar más hierático y que acumula una expresividad mayúscula. Me encanta cómo se muestra el soborno generalizado con esas simetrías radiales de las monedas surgiendo de su mano. La animación nunca adquirirá total fluidez, pero cuando se trata de mostrar a este hombre se muestra particularmente entrecortada. Esto, por supuesto, lo asemeja a esa idea de hombre máquina.

Me gusta que nunca hable: emite sonidos breves, abstractos y mecánicos. Hay una imagen que se repite dos veces de este hombre: aquella en la que censura el arte rompiendo la armónica de cristal bajo sus pies. Tras ver los añicos en el suelo la cámara sube en un paneo vertical. Donde termina el torso del hombre vemos dos círculos concéntricos, no tiene cara. Esta imagen se resolverá cuando la animación avance al siguiente fotograma: estamos mirando el bombín desde arriba y él está con la cabeza agachada.

El momento en el que el mundo se deja sumir en la avaricia tras haberse eliminando todo lo bello vemos un desfile de monstruitos que casi nos recuerda al infierno de El Bosco. Esta parte además está montada muy sinfónicamente. La música acompaña de maravilla; se vuelve marcial cuando vemos esas patas del monstruo peludo amarillo que hace temblar el suelo. No deja de ser curioso que el símbolo de la unión de la sociedad sea la maquinaria compleja de un reloj. Lo digo porque las vanguardias que tradicionalmente han venerado las máquinas y las ruedas dentadas han sido de tendencia deshumanizante.

Durante este pasaje de la codicia la mujer propia se utiliza para sujetar todas las cosas que un hombre ha ido acumulando en su casa. Vemos a este hombre violentar la intimidad de su vecino para observar todo el dinero que posee. Un hombre diminuto de nariz sospechosamente judaizante. Aquí tenemos otra de las imágenes para el recuerdo de la película: cómo se le ponen los ojos ávidos y sucesivamente van apareciendo más copias de sus ojos a la vez que su figura se acerca al centro del cuadro.

Resulta curioso cómo la llegada del arte y de la belleza convierte todas las vestimentas de las figuras humanas en típicas de una nobleza que casi nos recuerda a esa primera animación de “¡Pobre Pierrot! (1894)”. Esas piernas enfundadas en mallas y en posiciones de balet. Cuando todas las personas se eleven en esa especie de torbellino veremos cómo ondean las capas de una nobleza casi elitista que nos extraña en una obra con un mensaje tan humanista.


viernes, 14 de junio de 2024

MASACRE. VEN Y MIRA

Dir.: Elem Klimov
1985
136 min.

Acompañamos a un joven entusiasta que es reclutado por el ejército rojo. Su visión heroica de la guerra irá ennegreciéndose según presencie los horrores de la guerra. Más concretamente mientras presencie las matanzas del ejército nazi en las aldeas de la URSS. Nunca vemos ofensivas del ejército rojo por lo que nunca tiene la oportunidad de ver a los suyos perpetrar salvajadas. Sólo ve a campesinos morir despiadadamente bajo los caprichos de los nazis.

El retrato que se hace de los nazis es de total arbitrariedad. Están en esa tierra para matar y divertirse. No sé hasta qué punto esto es un retrato fiel de lo que fue la invasión. Nunca están en combate. Los vemos masacrar (como el nombre de la película indica) una aldea con todos los campesinos encerrados en un establo. Los soldados se divertirán quemando el edificio y oyendo cómo gritan desde ahí dentro.

La evolución del protagonista la verdad es que es casi más cruda que el salvajismo nazi. Vemos cómo arruga cada vez más su frente. Le irán poniendo prótesis en la cara para simular quemaduras y desgaste en general. Esta imagen del horror es peor que los propios horrores que contempla. Como este rostro es el protagonista absoluto de la cinta, hay varios planos en los que su mirada está en foco a la vez que aquello que mira. Esto no está hecho con una sola lente. El cuadro está claramente dividido en una superposición de imágenes donde diferentes elementos se tienen en foco.

El caso más desgarrador es el de la chica que le acompaña al principio. Nos ha dado una primera escena que se sostiene por la intensidad propia del cine ruso. En realidad aporta bastante poco. Pero tiene esa valentía al sostener el plano que les caracteriza. Hay una especie de iniciación en el mundo de los adultos. Ella es mucho más madura que él y le quita esta ilusión con la que entró al ejército. La última vez que la vemos está destrozada, con los ojos ensangrentados, su vagina sangrando y con un silbato en los labios.

Un elemento que se repite varias veces es el avión alemán que sobrevuela al protagonista. Antes de verlo siempre oímos un rugido, en realidad no suena para nada a motor. Es un ruido mucho más abstracto. De esa manera la presencia nazi es ineludible, nunca sabemos dónde la vamos a encontrar. El otro momento donde tenemos esta sensación es en los momentos inmediatamente anteriores a la masacre central de la película. El chico está andando por unos campos de cultivo. Todo está cubierto de niebla. Oímos motores, andan de un sitio a otro. Todo es enormemente confuso.

La película culmina y llega a su punto de más épica con el niño con la cara desfigurada disparando a un retrato de Hitler. Mientras lo hace vemos imágenes de los desastres del nazismo hacia atrás. Desea que nada de ello hubiera ocurrido matando a Hitler. Este trozo, para mi gusto muy propagandístico y efectista, termina con un fogonazo de la imagen de Hitler de niño. Ahí, cuando aparece esa visión, el chico deja de disparar.