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viernes, 28 de noviembre de 2025

ANGEL’S EGG

Dir.: Mamoru Oshii
1985
71 min.

Siempre resulta muy abstracta; con una cosmogonía que se resiste a ser explicada. Lo máximo que tenemos es un relato de un origen del mundo mítico en el que la paloma que suelta Noé en el arca no vuelve. Dios ha condenado a la humanidad sin posibilidad de esperanza. Todo lo que se nos muestra parecido a nuestro mundo aparece como una sombra de éste. Las aves que conocemos solo se ven en huevos, dormidos. No llegaremos a ver cómo la paloma avisa que ha terminado el diluvio. Las primeras veces que vemos a estos seres en posición fetal no podemos evitar pensar en el primer plano del bebé de “2001: Una odisea del espacio (1968)”.

Hay un ojo gigante, lleno de detalles como con frecuencia vemos en la animación japonesa. Cuando se nos muestra un plano de lejos vemos unos trazos circulares, como si fueran antenas o algún tipo de alambres de trazos muy limpios y livianos. Nada que ver con las figuras pétreas que componen esa esfera. Las rocas en general aparecen con frecuencia en este mundo. No creo que la película tenga un diseño particularmente surrealista. Pero se repite muchas veces un icono fácilmente reconocible como propio de este movimiento: grandes rocas flotando en un equilibrio imposible sobre menhires clavados en el suelo.

En consecuencia el argumento tiene un papel muy poco central en la película. Desde el principio ya percibimos que la animación tiene un gusto por las imágenes abstractas que forman las algas dentro del mar. Se recrea en el uso de la pintura para crear los cielos brumosos que avanzan implacables y lentos. Me gustan mucho los planos acuáticos iniciales, en los que se dedican varios minutos al flujo de agua prescindiendo por completo de los personajes. Vemos en general poco diálogo. Lo que no la convierte en absoluto en una película silenciosa. Silenciosa y hasta desafiante para el espectador es aquel plano en el que el compañero del ángel decide esperar a los pies de su cama a que se duerma. No nos da nada este plano. No hay sonido, no hay acción. Lo único que nos confirma que no se ha detenido la proyección es una hoguera cuya llama bailará hasta consumirse completamente. Sucumbo al sueño durante este plano. La diégesis obviamente lo es, pero tendremos siempre una banda sonora muy interesante.

La música atraviesa estilos bastante diferentes. Casi nunca melódica. El estilo que más adopta es del canto coral operísitico, nunca con letra. Una sonoridad casi europea, como europea resulta la ciudad en que se desarrolla. Muy abrumadora. También tiene otras sonoridades más abstractas, etéreas y otra tercer tipo de música, que sonará en los momentos en los que vemos la escalera de caracol con una larga fila de botellas que la niña ha ido recopilando. Es una música de cuerdas, atonal.

Los cabellos del ángel, trazados individualmente con líneas blancas son quizás el plano cuya animación más nos llama la atención. Se busca un pelo enmarañado, se consigue y se renuncia sin complejos a la fluidez del movimiento. Son muy poderosos los planos en los que aparece la larga fila de tanques y en los que se nos presenta al personaje masculino. Me gusta mucho ver ese rostro tan serio, con el arma al hombro, mientras tras de sí se mueve esa poderosísima y atronadora comitiva de motores.

La escena que me fascinó y que recuerdo de forma más vívida es la pesca de la sombra de un pez. Como han muerto todas las especies, no veremos animales. La ciudad se llena de hombres pétreos, grises, que salen a pescar. Como un ejército que se enfrenta a un enemigo abstracto, a una sombra que se desliza por las paredes, por el suelo empedrado. Me gusta cómo se mueve esta gente, que parecen caminar sobre las cornisas de las ventanas de forma imposible. Flotando. Cuando veamos esta ciudad europea inundarse estos seres se irán cubriendo de agua impertérritos, agarrados su caña de pescar mientras levitan. Es una escena absolutamente fascinante. Me encanta.


viernes, 14 de junio de 2024

MASACRE. VEN Y MIRA

Dir.: Elem Klimov
1985
136 min.

Acompañamos a un joven entusiasta que es reclutado por el ejército rojo. Su visión heroica de la guerra irá ennegreciéndose según presencie los horrores de la guerra. Más concretamente mientras presencie las matanzas del ejército nazi en las aldeas de la URSS. Nunca vemos ofensivas del ejército rojo por lo que nunca tiene la oportunidad de ver a los suyos perpetrar salvajadas. Sólo ve a campesinos morir despiadadamente bajo los caprichos de los nazis.

El retrato que se hace de los nazis es de total arbitrariedad. Están en esa tierra para matar y divertirse. No sé hasta qué punto esto es un retrato fiel de lo que fue la invasión. Nunca están en combate. Los vemos masacrar (como el nombre de la película indica) una aldea con todos los campesinos encerrados en un establo. Los soldados se divertirán quemando el edificio y oyendo cómo gritan desde ahí dentro.

La evolución del protagonista la verdad es que es casi más cruda que el salvajismo nazi. Vemos cómo arruga cada vez más su frente. Le irán poniendo prótesis en la cara para simular quemaduras y desgaste en general. Esta imagen del horror es peor que los propios horrores que contempla. Como este rostro es el protagonista absoluto de la cinta, hay varios planos en los que su mirada está en foco a la vez que aquello que mira. Esto no está hecho con una sola lente. El cuadro está claramente dividido en una superposición de imágenes donde diferentes elementos se tienen en foco.

El caso más desgarrador es el de la chica que le acompaña al principio. Nos ha dado una primera escena que se sostiene por la intensidad propia del cine ruso. En realidad aporta bastante poco. Pero tiene esa valentía al sostener el plano que les caracteriza. Hay una especie de iniciación en el mundo de los adultos. Ella es mucho más madura que él y le quita esta ilusión con la que entró al ejército. La última vez que la vemos está destrozada, con los ojos ensangrentados, su vagina sangrando y con un silbato en los labios.

Un elemento que se repite varias veces es el avión alemán que sobrevuela al protagonista. Antes de verlo siempre oímos un rugido, en realidad no suena para nada a motor. Es un ruido mucho más abstracto. De esa manera la presencia nazi es ineludible, nunca sabemos dónde la vamos a encontrar. El otro momento donde tenemos esta sensación es en los momentos inmediatamente anteriores a la masacre central de la película. El chico está andando por unos campos de cultivo. Todo está cubierto de niebla. Oímos motores, andan de un sitio a otro. Todo es enormemente confuso.

La película culmina y llega a su punto de más épica con el niño con la cara desfigurada disparando a un retrato de Hitler. Mientras lo hace vemos imágenes de los desastres del nazismo hacia atrás. Desea que nada de ello hubiera ocurrido matando a Hitler. Este trozo, para mi gusto muy propagandístico y efectista, termina con un fogonazo de la imagen de Hitler de niño. Ahí, cuando aparece esa visión, el chico deja de disparar.


viernes, 29 de diciembre de 2023

EL CLUB DE LOS CINCO

Dir.: John Hughes
1985
100 min.

Es muy difícil pillarle el tono. Empieza con unos créditos con personalidad en su música y su estética. Pasa a una serie de planos a la entrada del instituto con una factura de telefilm. Propone una premisa muy interesante: pocos personajes en un espacio y tiempo reducidos. La mayor parte de la estancia se desarrolla con diálogos y puesta en escena que parecen imitar al teatro. Se justifica que los personajes entren y salgan de las conversaciones con las mismas convenciones que en el teatro. Si un personaje abandona la conversación simplemente pasa al fondo de la escena, o se hace a un lado. Incluso la manera en la que se posicionan los personajes parece diseñada para que un abstracto público que ocuparía la pared hacia la que miran todas las mesas de la biblioteca pueda ver todo lo que ocurre.

Además es muy estadounidense por la clase de conflictos que plantea. Ese consenso en virtud del cual los alumnos de instituto son una sociedad fuertemente encasillada en un sistema de castas en seguida genera distanciamiento desde mi experiencia de europeo sin pasillos de instituto con taquillas. No sólo esto: también juegan un importantísimo papel las figuras parentales hiperexigentes. De hecho son las causantes de todas las actitudes de los personajes. Es casi un determinismo al estilo de Stendhal en el que así te moldean tus padres, así resultas tú. Todos los personajes parecen odiar lo que son. Algo que resulta del todo risible en el caso de la niña pija. Mientras un chico de clase social baja, de camino a convertirse en presidiario, que sufre lesiones por un padre violento expresa su situación, una niña cuyos padres viajan por Europa dice que tampoco le gusta lo que le ha tocado vivir. Lógicamente sus compañeros, se ríen de ella.

Es extrañísimo el final de la película. En el que los personajes buscan una extraña redención. Por si el público biempensante no fuera capaz de que no se llegue a juzgar y condenar una indumentaria totalmente negra en una chica joven que no es un personaje negativo, se decide sonrosar sus mofletes, abrillantar sus ropas y quitarle el pelo de la cara. Dando como resultado algo grotesco dados los ademanes del personaje. Como, supongo, no hay espectador que pueda considerar que esto es una evolución hacia mejor de este personaje, se decide de forma tan arbitraria que casi disfrutamos con el pastiche, que el chico deportista (y por tanto en una casta superior del instituto) se enamore de ella.

Se forma otra pareja, que podemos asumir sin grandes concesiones porque ya se ha ido tanteando a lo largo de la película. Podemos criticar que ella acepte al chico a pesar de que haya metido la cara entre sus piernas sin consentimiento, pero son los 80. Esta relación no me molesta. Pero lo que es un poco desquiciado es el acto de onanismo del personaje que nos queda. Mientras las inexplicables pero convenientes parejas se besan, el niño que cumple el estereotipo de empollón besa la carta que le ha escrito a su carcelero y que sirve de coda del todo deshinchada.

El discurso lo pasamos porque al fin y al cabo son adolescentes (a pesar de la barba afeitada del chico de clase baja). Uno vive en ese ultra individualismo en el que si cree que la sociedad le exige cosas diferentes de las que él espera, el problema es que uno es demasiado especial en vez de un inadaptado. Me hace gracia cómo ellos reivindican esa libertad y podemos ver colgado del pasillo del instituto un cartel que reza Freedom for all mientras debajo vuelan las rapaces con el escudo del imperio estadounidense. Cuando hacen lo que les da la gana fuman porros o se suben por las escaleras como auténticos gorilas. Esto último que he descrito ocurre de una manera en la que la película por unos instantes parece olvidarse de la línea narrativa. Rompe por completo el tono y se va de madre de una manera que me encanta. Esto ocurre parecido cuando se escabulle por el falso techo del instituto y suena una música como de cine de espías.

No me gusta nada el personaje adulto. Entiendo el público de la película y entiendo quienes son los protagonistas, pero me resulta muy aburrido el tópico de un adulto déspota que intentando causar miedo, termina siendo ridículo.


viernes, 24 de noviembre de 2023

¡VAMPIROS EN LA HABANA!

Dir.: Juan Padrón
1985
69 min.

Es alocada. Me gustan los personajes. Me gusta su diseño. Me gustan los recursos de animación. Me gusta la técnica de animación. Sin exigir fluidez consigue un movimiento muy agradable al ojo. El juego de acentos me parece divertido.

Hay varias narrativas abiertas y consigue que me interesen todas. Hay un conflicto amoroso, una revolución política contra Machado en Cuba y todo el tema de la pócima para permitir a un vampiro exponerse al sol.

Me encanta también el papel que tiene la música. Cómo Pepito seduce a las mujeres usando su trompeta. Mientras toca en la noche bajo la ventana de su amada un vecino le grita que deje ya la cornetita. Me resulta muy divertido que las mujeres cuando se excitan seducidas por Pepito se agarran las tetas porque les vibran. Hay un momento en el que la música brilla: cuando Pepito y Lola imaginan su futuro. Es una escena de ensoñación a la altura del final de “La la Land”. También me parece divertido que al enterarse él que es un vampiro, se repite esta misma escena imaginándose estos niños con aspecto cadavérico.

Es divertida la escena en la que vemos el club exclusivo en el que los vampiros beben todo tipo de sangres. Hay tubos enganchados a brazos de hombres borrachos y cada vampiro pide la sangre con el alcohol que quiere. Un experto en sangres prueba sólo el dedo de un hombre y, tras dar su aprobación cuelgan al hombre como si fuera un gotero.

Hay un personaje gallego, el dueño de la empresa de transportes que debe traer los ataúdes de los vampiros europeos a Cuba. Este hombre tiene empleados a unos cubanos que no trabajan y que en su lugar juegan todo el rato a los dados. En un momento dado discute con un cubano por la manera de conducir. Él, como español, le grita: ¡Que si no fuera por nosotros aún iríais en taparrabos! Por otro lado los vampiros estadounidenses están deseosos de abandonar Cuba porque hay muchos negros.

El final de la película, cuando todas las tramas avanzan a gran velocidad el ritmo es demencial. No se deja una pausa en ningún momento. La película va como un tiro, no deja reposar las acciones. Lo cierto es que funciona de maravilla pero uno termina algo exhausto. Precisamente como decide no construir momentos para la emotividad puede llevar a los personajes de un sitio a otro y matar a quien haga falta para finiquitar las tramas.

Hay un chiste en el que en un local de mala muerte dejan entrar a Pepito y Lola en cualquier habitación que ellos quieran. Cuando aparecen los dos mafiosos estadounidenses poniendo el dinero en el mostrador se les echa a patadas porque es un establecimiento para gente normal, ¡freudianos!


viernes, 10 de febrero de 2023

¡JO, QUÉ NOCHE!

Dir.: Martin Scorsese
1985
94 min.

Traducción terrible del título original “After hours”. Película de Scorsese donde se retoman temas como la hostilidad de la ciudad nocturna de “Taxi driver (1976)”. En este caso en forma de comedia. Sí, te ríes. Pero ante todo es delirante. El guión es maravilloso. Sin nada especialmente loco, se van sucediendo las adversidades hasta conseguir una noche infernal.

Ocurren cosas muy maravillosas, oníricas, como una mujer que duerme con la cama rodeada de trampas para ratones. Por otro lado perfectamente iluminadas. Cada una de ellas tiene su propio foco. Es una imagen pesadillesca, que podría haber salido de “Cabeza borradora (1977)”. Un club nocturno que en apenas una hora pasa de ser un hervidero punk a ser un local prácticamente vacío. El recuerdo de toda esa gente vestida con cadenas y cueros parece en este punto un sueño al que tampoco podemos conceder demasiada credibilidad. El hecho de que haya una mujer viviendo en un sótano cuyo único acceso esté dentro del local…

Quizá el elemento más trepidante que son los vecinos persiguiendo a Paul porque lo consideran un ladrón sea lo menos medido. Se va más de madre. Entiendo que añadir en este punto el camión de los helados busca ser un chiste más. Es de lo poco que me chirría.

Es atractivo el sonido del segundero que apremia al protagonista que quiere volver a su casa para dormir. Un sonido muy sucio, casi parece de muelles más que de una maquinaria perfecta. El diseño sonoro es impresionante. Se abre y se cierra con música de Mozart, pero por el camino asistiremos a sonoridades bastante etéreas.

Puede resultar un poco anticuado que todos los personajes femeninos con los que se cruza el protagonista sea objetos de seducción para él. Sobre todo cuando una cualidad de la película es su imprevisibilidad. Nunca sabes las intenciones de los personajes a no ser que sea femeninos, en cuyo caso o bien Paul quiere seducirlas o viceversa. Del mismo modo, los hombres homosexuales siempre son hostigantes. De hecho serán quienes conformen la turba que le persigue por las calles.

La primera chica con la que entabla conversación es un personaje muy inquietante. Por lo que nos cuenta entendemos que lleva una vida tortuosa. Pero claramente lo que nos desasosiega es ese nervio en la mirada. Esa forma en la que no terminamos de dilucidar sus intenciones. Esa forma en la que le guiña un ojo al irse a la ducha. Cómo le ofrece un porro, abandona la habitación y cuando vuelve le regaña por haberse levantado. Hay algo oscuro en esa persona que no se concreta nunca. Cualquier dato que se nos da de su vida es para enmarañar todo más.

Es muy divertido que el protagonista termine convertido en una estatua de papel maché. La primera estatua que vemos, la que está creando la amiga de Marcy escultora, se convierte en un elemento que simboliza la angustia. Una especie de evocación pesadillesca que atrae la mirada del protagonista cada vez que atraviesa ese espacio diáfano. Él terminará completamente asimilado a esa terrible expresión. Es muy divertido ver la cara del muñeco que se diseña. Esos ojillos divertidos que albergan una mirada ya en este punto totalmente desquiciada.

La parte final sí que claramente es una sucesión de gags. Pero en general muchos de los chistes aparecen en silencios prolongados solo un poco de más. Simplemente para que el espectador se dé cuenta de la frase que acaba de escuchar. Porque todo el mundo realiza su papel como si nada raro ocurriese. Son las reacciones incómodas de Paul las que nos obligan a alucinar con los seres con los que se va cruzando. Otra forma frecuente de presentar los chistes es disimulados en una conversación a veces incluso con carga emocional. Me refiero por ejemplo a ese momento en el que el camarero intenta convencer a Paul que no tiene por qué volver a ver a la desquiciada camarera: ¿Qué va a hacer? ¿Suicidarse? Igualmente riéndose de que esta mujer es bastante tonta él termina de garabatear un número de teléfono que sabe que no va a utilizar nunca y según termina dice: ¡Genial! Faltan números.

No pasa desapercibido que el elemento concreto que más le condena es la falta de dinero. Es increíble lo hostil que se vuelve la ciudad cuando uno no tiene dinero. No hay dónde resguardarse de la lluvia. No hay forma de recorrerla de una punta a otra. No se tienen amistades que te puedan hacer un favor…