Mostrando entradas con la etiqueta 2000. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2000. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de noviembre de 2021

NUEVE REINAS

Dir.: Fabián Bielinsky
2000
114 min.

Es una película muy en la línea de la trilogía de Guy Ritchie. Su estilo de la nueva década es más destacado que la de ese autor. La narrativa es más clásica. Esto juega a su favor porque la da un ritmo propio.

La ejecución es muy buena. No hay muchos elementos novedosos. Tenemos el drama familiar, que hace más vil al estafador principal. Así la película marca como cambio crucial en el personaje que acceda a prostituir a su hermana a cambio del dinero.

El asunto de la desconfianza está todo el rato colando la trama. Tanto que, aunque la película se esfuerce en convencernos de lo contrario, tenemos muy presente la posibilidad de que Juan estafe a Marcos. Alabemos que la estafa principal siga la premisa que marca la película maestra de estafadores: “El golpe”. Ahí aprendemos que después de la estafa el estafado no debe ser capaz de reconocer que ha sido víctima. Así Marcos cree que se ha quedado sin su dinero por una quiebra bancaria.

A pesar de lo inverosímil de la trama lo que realmente nos escandaliza es el robo de la cartera. Estamos hartos de ver algo así. Además es un accidente absolutamente externo que se introduce en ese plan trazado con tanta inteligencia. Es una tragedia en el sentido clásico y como tal, no es lo que nos apetecía ver.

Todas las interpretaciones están muy bien pero la pareja protagonista es una delicia. Ricardo Marín es el más grande, pero Gastón Pauls está lleno de carisma. Marcos confiesa su atractivo y la película lo recuerda todo el rato.

Hay un tratamiento de la mujer como trofeo, pero a pesar de ello es un personaje muy fuerte. ¿Toda su fuerza está basada en su movimiento de caderas? También puede ser.

Hay una escena que, sin tener nada incorrecto, resulta un poco deudora de su década. Me refiero al momento en el que Marcos se está revelando como mentor de Juan. Le empieza a enseñar todos sus trucos de estafador. No sabría detectar exactamente qué es, pero todo luce muy antiguo. Casi como “Concursante”.


viernes, 5 de marzo de 2021

DESEANDO AMAR

Dir.: Wong Kar-Wai
2000
95 min.

La historia es una maravilla, el cariño a sus personajes es magnífico y derrocha conocimiento del lenguaje. Casi lo considero un precedente que es imposible ignorar para hacer cine después, pero por lo menos occidente ha conseguido seguir rodando como si no existiera.

La información se dosifica con maestría. Se deja a todos los elementos hablar. Todo es narrativo. Las coincidencias ocurren para que la trama avance, nunca para generar conflictos que nos hagan salir de la historia. Dos matrimonios se mudan a la vez a dos habitaciones que alquilan. El señor Chow se enamora desde el primer momento de la señora Chan. La maravilla es cómo se nos plantea esto. Se hace disimuladamente. Unas pocas miradas y ya está narrado. Pareciera que, dado que esta es la trama, no se puede hacer muy espectacular desde el primer momento para tener más adelante cosas que contar. Pero después descubrimos que la trama tiene mucho más que esto.

Se nos explica con una habilidad asombrosa que la señora Chow tiene al señor Chan como amante. Pero descubrimos esta información y justo en ese momento está presente la señora Chan, que no lo descubre. De esta forma nos llega a la vez la información y la lástima por la mujer que está siendo engañada. La señora Chan llama a la puerta de su vecino para hablar porque se aburre. Al ver que él no está en casa se marcha a la suya y escuchamos que de dentro de la casa del señor Chow suena —¿Quién era? —Tu mujer. A ninguno de estos dos personajes se los llega a ver.

Los planos breves en negro para terminar las escenas dan un ritmo muy concreto a la película. Uno tarda un poco en acostumbrarse a ellos. La película en general es lenta, pero tiene los planos rápidos propios de su década. Las escenas aparecen como capítulos en general sin transiciones. Se dan las unidades de información justas. De hecho la recurrencia de elementos es lo que debemos usar para seguir la cronología.

Una de las escenas magnas de la película es una cena en un restaurante; luz fría, paredes verdes. Los protagonistas tienen una conversación donde se hace explícita la infidelidad. Esta da un giro a la película. A partir de aquí su relación se vuelve algo muy concreto: deben ayudarse mutuamente a superar las infidelidades. La escena aunque sólo sea por el ritmo de la cámara es muy especial. Se vuelve inquieta, nerviosa. Hay más paneos de los que habíamos visto hasta ese momento. Con esta información, sus acciones están muy vigiladas por el buen comportamiento. Su relación de amistad casi infiel debe mantenerse en superioridad ética estricta con respecto a la otra. No podemos ser como ellos.

La música juega un papel brillante. Ese tres por cuatro en pizzicato que nos avisa de que van a ocurrir cosas, aunque sólo sea jugar con la tentación. Se hace así que un termo para guardar tallarines sea símbolo de la infidelidad. La primera vez que se resalta este elemento es bajando las escaleras al bar, a cámara lenta. La cámara lenta también es reseñable porque pierde ligerísimamente la continuidad del movimiento. Esto genera una sensación de difícil descripción. En particular es llamativo el efecto que produce en ella ya que ese cuerpo tan alargado y finísimo adquiere una cinemática curiosa.

Pero además tenemos los boleros: “Aquellos ojos verdes”, “Quizás, quizás, quizás” y “Te Quiero Dijiste”. Dan una calidez a la escena como sólo la música hispanoamericana sabe. Así se produce el maravilloso dueto del hotel que él paga para poder regocijarse en su tentación y los boleros. Las paredes, suelo y cortinas de un rojo absurdamente intenso. Un pasillo que recorrer hasta llegar a la habitación. Las dudas de si quedarse o no. Antes de esta pareja se asiente ahí, la otra pareja infiel ha estado en una de esas habitaciones.

Es una maravilla el episodio en el que comiendo fideos ella debe quedarse toda la noche y el día siguiente entero porque afuera en el salón están jugando al mahjong y no pueden descubrir la infidelidad que no es tal.

El epílogo puede parecer lento pero es una aceptación de un noviazgo que no pudo ser. En ese sentido recuerda a historias de amor fracasadas como “Retrato de una mujer en llamas” y “Call me by your name”. A diferencia de estas dos, “Deseando amar” no hace más drama que sus protagonistas. Él entra en cólera al haber perdido las zapatillas que guardaba de ella; como todo, la película lo muestra como anécdota. Es una maravilla de nuevo la repetición de elementos. Ambos, con vidas más avanzadas vuelven a aquel edificio a mirar por la ventana donde solía vivir el otro.


domingo, 26 de enero de 2020

GRANUJAS DE MEDIO PELO

Dir.: Woody Allen
2000
95 min.

Hay una cosa enormemente inteligente de esta película: su autopromoción. No me refiero a la campaña publicitaria que le hiciera la productora. Me refiero a la unión de su título y cartel publicitario. Nada hace pensar que la película va a estar diferenciada en dos partes tan claras. Su poster maravilloso nos convence de que el planteamiento de la película será todo su argumento. Sin embargo, a mitad del metraje la película cambia totalmente de tempo, de temática y de trama. Maravilloso.

Es cierto que la segunda parte en general nos interesa menos. Pero son los temas que suele tratar Woody Allen. Además en esta ocasión están tratados con la ligereza que permite no establecer paralelismos con el aburrimiento supremo que es “Delitos y faltas”. Es verdad que probablemente en esta ocasión tengamos más presente que de costumbre el lado misógino de Woody Allen. Sin embargo puede que no sea tal. Woody Allen es muy misántropo en general y al hablar de las relaciones de pareja este odio se proyecta hacia una mujer. Lo cierto es que los dos personajes femeninos de la trama son tratados con un cierto desprecio. Como si la mujer fuera un mal del mundo con el que hay que aprender a convivir.

Volviendo a la primera mitad de la película. Es divertidísima. Ingeniosa, con buenos diálogos y un ritmo muy alto. Perfecto para que la comedia se desarrolle con gusto. La primera conversación en el pequeño apartamento es absolutamente mordaz. Todos los comentarios están a tiempo. Las frases se disparan como metralletas… Woody Allen amenazando físicamente a su mujer es tremendamente divertido por su aspecto débil. Es un humor con el que lleva jugando toda su filmografía pero aquí, por su edad supongo, es aún más eficaz.

—Me voy al tejado.

—Ray, no te tires, eres un lavaplatos excelente.

La escena del tejado pone de manifiesto algo que se agradece muchísimo al ver esta peli: el Siglo XXI ya ha llegado. Aquí la fotografía es moderna. La cámara está ligeramente cegada por el sol. Los colores son vivos. Esto se mantiene en toda la peli, estamos alejados de las paredes de caoba feísimas de las películas de la década de los 80 de Woody Allen. Es cierto que aún tenemos que soportar los contrastes de negros y dorados del piso horrible, pero supongo que esa es justo la intención.

Dime qué hora es, no pienso volver a mirar esa pared.

La trama de las galletas se propone con muchísima naturalidad. No hay cosas enrevesadas para justificar los acontecimientos. Toda la primera parte juega en favor de la comedia. El momento de la rotura de la cañería con todo el sótano lleno de agua es algo que no te esperarías de una comedia tan tardía de Woody Allen. Es algo casi propio de “El dormilón”. Incluso la transición entre las dos mitades es divertida. Está hecha con ritmo televisivo y este ritmo se mantiene sin verse alterado por los chistes. Tal es así que, si uno no está atento a los diálogos, puede llegar a perderse algún gag.

El asunto del divorcio y de la relación con Hugh Grant por interés es graciosa hasta cierto punto. De este momento es bonito ver a los nuevos ricos sin saber desenvolverse en este ambiente. Es delirante la mujer que quiere aumentar su vocabulario y, para ello, decide memorizar el diccionario. Nosotros sólo vemos cómo ha aprendido la letra A. Es genial. La trama realmente es poco graciosa. La escena final es efectiva como cierre pero poco más.

¿Has visto a Ray? Es bajito, lleva una camisa amarilla y una corbata increíble.