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viernes, 24 de octubre de 2025

VIDEODROME

Dir.: David Cronenberg
1983
88 min.

Me ha sorprendido encontrarme el término nueva carne utilizado dentro de la película. Creía que era una expresión propia de Cronenberg. Algo así como esculpir en el tiempo para Tarkovsky. No sabía que estuviera incluida en su obra. Al verla aquí es llamativo cómo se plantea como algo abstracto, casi trascendente. Uno pensaría que nueva carne hace referencia a ese gusto por las deformidades, esa forma de erotizar cualquier grieta en la piel, que nos acerque a la carne humana. Vimos en “Crash (1996)” cómo una raja vertical en un muslo podía servir para penetrarla como una vagina. En “Videodrome” vemos algo no tan explícito: a nuestro protagonista le aparece una raja parecida, más honda en este caso, en el estómago. Lo que hará el antagonista será introducirle cintas de vídeo con las que programarle. Esto es interesante porque evidentemente se nos está mostrando una penetración, pero en ningún caso se trata de una penetración fálica.

Generaría mucha repulsión si una película naíf nos advirtiera de los riesgos de exponerse a material audiovisual agresivo, violento. Pero claro, aquí se plantea esa idea cuando la película presume de su explicitud gráfica. Sí me resulta interesante esta confrontación entre el videódromo y las imágenes que Carpenter propone. De alguna manera se abraza la violencia, se vanagloria de pertenecer a un mundo que considera las deformidades y las imágenes aberrantes como algo interesante, algo creativo. Pero a la vez se desmarca de la violencia en sí. Es decir, pareciera que la película quisiera decir que exponerse a esas imágenes no es inocuo y que precisamente por eso, son interesantes en la medida que el creador sea capaz de tomar esa temática y generar materiales creativos.

Hay imágenes que son muy imaginativas y que además están creadas con tal fisicidad que atraviesan la pantalla. Me refiero en particular el momento en el que la televisión se convierte en un sujeto erótico. La boca de Nicki se convierte en un primerísimo plano en la pantalla. De esta manera esa boca se convierte en la boca de la televisión. Después el plástico del aparato adquiere venas y latidos que la van dando carnalidad poco a poco. La convierten en algo blando, que puede percibir dolor de un látigo y excitarse con eso. Me gusta mucho cómo se juega a entrar y salir del sueño, de las alucinaciones. La trama de la película es tan loca que no nos importa en absoluto cuánto haya de realidad o no en las imágenes que vemos. Por ejemplo hay un momento dado en el que un personaje, que sabemos que trabaja para los malos, le dice al protagonista que en una caja de cartón guarda su cabeza. Esta frase podría ser cierta en un sentido metafórico, podría ser mentira o podría incluso haber sido verdad. La película no lo resuelve porque de esa escena nos vamos cuando explota la pared de la estancia.

Es verdad que la parte que tiene una trama en sí misma me da un poco de pereza. No es que me moleste la trama en sí. Pero sí que tiene una exposición un poco típica que no me gusta. No me gusta la idea de tener que acudir a O’Blivion como supuesto experto en la materia. No me gusta tampoco la parte técnica de que el infiltrado nunca haya visto realmente Videodrome… Todas estas cosas me parece que suponen darle un peso a la trama. Una trama que queda claramente eclipsada por las imágenes enfermizas que la película tiene.

Sí, me gusta la imagen de Convex, pero resulta menos espectral que el Hombre Misterioso de “Carretera perdida (1997)”. Aunque estéticamente me produce cierto rechazo, puedo encontrar ocurrente el centro de O’Blivion, que proporciona dosis catódicas a personas que la necesitan. Me hace pensar en la distopía de “12 monos (1995)”. Algunas ideas que se sugieren como casi denuncias a un mundo obsesionado con la televisión hoy resultan más que visionarias, triviales. Me refiero por ejemplo a este hombre que dice que solo sale por la tele a través de la tele, que dice que tiene un nombre expresamente para salir en la tele…


miércoles, 3 de mayo de 2023

BEAU TIENE MIEDO

Dir.: Ari Aster
2023
179 min.

Realidad, ficción, fantasía y obsesión se funden. La película se vuelve muy libre porque nada tiene más consecuencias de las necesarias. Precisamente por esto cuando la película empieza a dar rienda suelta a una imaginación descarrilada muy bien lo tiene que hacer para que nosotros le acompañemos, porque en el plano siguiente, nada de lo que ha ocurrido tiene por qué ser real. Eso la película lo suele sentenciar con alguna sensación de ridículo. Pero es muy difícil que se gane nuestra complicidad dada la solemnidad con la que cuenta todo.

De lo peor que tiene la película es el padecer de Beau. Es un personaje al que, durante mucho tiempo, sólo le pasan cosas. Nunca tiene un poder de decisión y eso me exaspera. Y encima no me puedo enfadar con la película porque está justificado por su característica pregunta ¿Qué debo hacer? La madre sobreprotectora de su infancia le ha impedido actuar según su conciencia y todas sus decisiones estaban subordinadas a evitar que su madre se enfade. Pero me exaspera tantísimo ver a Beau en la casa de la familia americanísima como un pasmarote mientras le pasan toda clase de cosas…

La resurrección de la madre y los delirios que vienen después casi son el momento en el que mejor me lo paso. Porque ahí la película asume el dislate absoluto. Es también el único momento en el que yo tengo miedo. Aparece el excombatiente de Venezuela con estrés postraumático, quien le lanza un puñal a modo de arte marcial. El puñal, en vez de clavarse, le golpea con el mango. Algo que debería ocurrir mucho más a menudo en estos lanzamientos. La figura que representa a su padre es un pene gigante. Su madre desde niño le ha inculcado un terror al sexo con el relato de la muerte de su padre. Un relato que en este punto poco importa que sea cierto o no. Porque todos los momentos en los que ello tiene relevancia no tienen ningún tipo de verosimilitud. ¿Cómo su amada de la infancia decide hacer el amor con él? ¿Por qué se muere? La consecuencia más directa de este trauma es que Beau no ha eyaculado en su vida. El chiste se materializa en unos testículos anormalmente grandes que intuimos cuando se da un baño y vemos en su esplendor haciendo el amor con Elaine. Después de “Todo a la vez en todas partes” no nos sorprende la zafiedad de A24 al hacer chistes.

Ari Aster hace este acto de soberbia de mostrar los momentos de mayor depravación moral como si no fuera nada todo aquello. Por supuesto la muerte de la niña por intoxicación de pintura, la mujer hispanoamericana que se deja decapitar a cambio de muchísimo dinero… El elemento de la decapitación se repite de “Hereditary (2018)”. También de esa película tenemos las escenas que renuncian al fotograma cuadrado y rellenan todo lo que está fuera del decorado de negro. Ocurría en la caseta de “Hereditary” y ocurre con la escalera que da al desván de esta película.

El psiquiatra que trata a Beau me ha evocado dos elementos de David Lynch: dos personajes de “Twin Peaks”. Por la manera en la que ríe, por pura maldad, cuando la madre está destrozando a Beau me recuerda al enano de “Twin Peaks” pero también me hace pensar en el hombrecillo extraño que acompaña a Audrey Horne en la tercera temporada.

Todo el juicio final, el cual no me interesa en absoluto me hace pensar en el muchísimo más imaginativo juicio con el que acaba “Pink Floyd: El muro”. Las acusaciones que le presentan son o bien recuerdos de su infancia con los que no podemos empatizar ya; o bien cosas que más o menos nos imaginábamos que le torturaban.

La primera parte de la película supongo que es un intento de Ari Aster de enfrentar a quienes compararon “Joker (2019)” con “Taxi Driver (1976)”. ¿Querían una sociedad decadente? ¡Aquí la tienen! A pesar de toda la drogadicción y violencia que se nos muestra, diría que lo más escandaloso es aquel chico que graba a un desquiciado en la azotea de un edificio y explica: estamos intentando que se tire. También hace hervir la sangre cómo Beau huye desnudo de un hombre con un puñal y tiene la mala fortuna de cruzarse con un policía que proyecta todo su miedo contra Beau y le amenaza con dispararle.

Repito una vez más que no importa qué es verdad y que no. Pero yo diría que Beau nunca llega realmente a casa de su madre. Me parece muy extraño que la escultura gigante, de una madre panóptica, idéntica a la figurita de porcelana que compra en un puesto de la calle sea otra cosa que una trasfiguración de esa figurita.

La película tiene otros dos episodios. Y me parece justo llamarlos así porque de verdad se preocupa de que la relación entre ellos sea nimia. Me refiero al relato de animación y a las escenas en las que Beau es un niño. Realmente es un niño con la cara difícil de mirar, como la protagonista de “Hereditary” o el niño de “Men (2022)”. La escena de animación sí me interesa algo más por entretenida. Diría que parece reírse de quien espera cosas complejas de esta película. Se cuenta una historia que nada tiene que ver con Beau pero que la narración pretende identificar con él creando una especie de bucle temporal del todo insostenible. Para el espectador que esté tratando de descifrar la hermenéutica que está viendo con apenas una frase se le desmonta todo el chiringuito.


domingo, 31 de octubre de 2021

AL FINAL DE LA ESCALERA

Dir.: Peter Medak
1980
109 min.

Creo que comete uno de los perores errores de las películas del género. Monta una historia para justificar las escenas de miedo. Aunque sería una trama interesante, no se le dedica la atención para que luzca. Y es lógico, porque la película tiene otra naturaleza. Pero consigue desinflarse en ambos aspectos.

Hay demasiados elementos que los reconocemos como manidos y poco originales. Por ejemplo esa habitación oculta… La forma en la que la descubre es un poco lamentable. Para empezar no entendemos que alguien que tiene pensado vivir solo elija ese enorme palacete. No tiene sentido que alguien que visita la casa para irse a vivir ahí no se dé cuenta de que fuera hay más ventanas que dentro. Tenía sentido en “Rojo oscuro”, pero no aquí. La verdad es que cuando por fin vemos la habitación llena de telarañas es algo tan esperpéntico, que rompe la magia de la escena. Por supuesto nos sobra totalmente la escena con la que abre la película: la muerte de su esposa e hijo. Es cierto que esto permite a la película un juego acerca del niño aparecido. Pero es un juego que se rompe muy rápido. Pensamos que quizás se le esté apareciendo su hijo, pero en cuanto la aparición nos dice que se llama Joseph, ya no hay más que rascar.

Me ha gustado la escena de la persecución de la silla de ruedas. Es frenética, desatada y larga. Es muy disfrutable porque el peligro no existe, ¡lo que la persigue es una silla de ruedas! No me gusta tanto esta expresión de los muertos de hacer correr el aire. No me gustó en “Poltergeist” y no me gusta aquí. Sí me gusta la escena final con la casa ardiendo. Pero una vez que la barandilla de la escalera ha empezado a arder, la escena pierde fuelle. Es una idea que tampoco tiene una ejecución muy brillante. Sí me ha gustado el ruido que oye el protagonista cada mañana a las 6. Primero pensamos que es un piano, después descubrimos que son los golpes del niño contra su bañera.

El punto más terrorífico es narrado. Cuando el hombre va a la casa donde está el pozo la mujer que vive ahí relata una pesadilla de su hija. Habla de la aparición como un enano que sale del suelo. Después cuando vemos el cuerpo del niño bajo el agua no es para tanto, sobre todo porque no es la primera vez que aparece.


viernes, 18 de diciembre de 2020

CRUEL & UNUSUAL

Dir.: Merlin Dervisevic
2014
95 min.

No se queda en eso, pero la película es una revisitación de “El Efecto Mariposa”. No hay debate en que aquella es una película mala. Esta tiene la factura propia de su década. Los años 2000 fueron tan estridentes que era muy fácil detectar películas pretenciosamente malas como “El Efecto Mariposa”. La limpieza en el manejo de la cámara y unas escenas más amplias donde la gestualidad de los personajes es más refinada puede marcar una distancia grande con esa película que su guión no.

Muy al principio de la película tenemos estos elementos del cine independiente. Relatos truculentos como el asesinato de dos padres, vemos una entrepierna sangrar al arrancarse unos testículos. Esta película busca más recrearse en el drama del relato que no buscar la comedia negra a su costa como lo haría Lanthimos.

La estética del centro penitenciario post mortem es muy poco interesante. La mujer que manda desde un televisor aparece blanquísima en un fondo oscurísimo. Su imagen recuerda mucho al hombre misterioso de “Carretera Perdida”. No sólo su imagen, también sus órdenes vociferadas.

La estructura de hombre nuevo en una institución que no comprende nos da un poco de pereza. Los primeros momentos de la película nos descolocan más o menos como lo hace “Holy Motors”. Pero en esta película el protagonista debe descubrir la institución a la vez que nosotros. Esto supone que nosotros aceptemos la ficción de la película antes que él su realidad. Ver este proceso en el que comprende que está atrapado en ese lugar no es algo bonito. Mientras conocemos la dinámica nos hablan de castigo, culpa… Unas cosas que dan una trascendencia a la película que no nos dice nada. De hecho durante la ruptura del bucle se pierden todas estas ideas, porque la vocación de la película es mucho menos filosófica de lo que pretende. Toda esta ruptura nos lleva a un final poco explicable y que la película considera feliz. Por el camino nos ha dejado una imagen absolutamente ridícula, un protagonista reconvertido en buena persona le quita la escalera a una mujer suicida para poder suicidarse él.

Un hombre que mata sin querer a su mujer revisita su muerte hasta que entiende los motivos que la llevan a ella a intentar asesinarlo. Por otro lado descubre que lo que él consideró un accidente, realmente es algo deseado. Aquí de momento hay asuntos del subconsciente de Freud, que no interesan demasiado. Él aprende que era un marido controlador. Antes de que él lo supiera nosotros ya teníamos suficiente información. Pero la película se espera a emitir su juicio para matar cualquier duda en el espectador. La muerte se repite desde varias perspectivas. Así él conoce sinceramente su culpa y se sabe merecedor de su castigo. El recurso de que tenga que introducirse en el papel de cada uno de los involucrados para ello es un poco fácil. La repetición de una historia siempre nos transporta a “Rashomon” y la película lo sabe, por eso la mujer protagonista es asiática.

Al final de la película él sigue internado. No sabemos qué muerte debe repetir eternamente. No ha matado a nadie. Ha cambiado su destino por un suicidio, un suicidio que no puede repetir porque lo ha cometido con saltos dimensionales.

El recurso de los tatuajes para dar una explicación fugaz al final de la película da vergüenza ajena.

Creo que en cuanto a la mujer maltratada que asesina a su marido la película evita emitir culpas sobre ella.