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viernes, 12 de junio de 2026

¿QUÉ FUE DE BABY JANE?

Dir.: Robert Aldrich
1962
133 min.

Está loca de remate. Es increíble la interpretación, el maquillaje, la absoluta falta de límites al desplegar su delirio, ese infantilismo perenne con el que enfrenta sus acciones más graves posibles. Gracias a que se mostrado como una persona peligrosa y terrorífica, podemos ver su interpretación totalmente ridícula ante el espejo sin ningún trazo de comedia. Siempre es desagradable de ver, pero el personaje de Batte Davis es muy sorprendente en una película americana de esta época.

En realidad la película tiene otros destellos de modernidad muy elogiables. Algunos de ellos podrían pasar muy inadvertidos. Estoy pensando por ejemplo en el pianista fracasado disruptivo en la cotidianidad de esa casa. Para empezar, no es un personaje particularmente negativo y , sin embargo, se menciona explícitamente que fue concebido en una relación extramarital. Ello sin que se problematice nunca. Pero lo que me llama poderosamente la atención es el momento en el que entra su madre a casa: él está en el piano, frente a la cámara. Cuando entra la madre la cámara la sigue en un traveling rotatorio de una agilidad muy llamativa.

La cámara tiene muchos momentos de ruptura del punto de vista habitual. Ello es sobre todo llamativo porque estamos en unos escenarios bastante constreñidos. Así por ejemplo vemos la cámara en el suelo a los pies de la escalera que apresa a Joan Crawford. O la cámara se posiciona en el techo para ofrecernos un plano picado de su silla de ruedas girando obsesivamente al ver que su sádica hermana le ha servido de cena su canario muerto.

La hermana impedida tiene una actitud que me produce cierta rabia. A pesar de que, según se nos dice, Jane ha avinagrado su carácter a raíz de que las películas de la exitosa actriz se repongan en televisión con gran acogida, no puede ser que el cambio haya sido radical. Me resulta raro pensar que la relación entre ambas ha sido, ni siquiera cordial, todo ese tiempo. Por ello la candidez con la que Blanche atiende a su hermana cuando entra a la habitación me parece ridícula. Obviamente no es una tía tonta, y sin embargo pone esos ojos que esperan un trato cariñoso de su hermana.

Hay una revelación final acerca de que fue Blanche la que intentó matar a Jane. Es cierto que desde los títulos de crédito iniciales en adelante se nos ha contado lo contrario. Pero antes de los títulos de crédito todo parecía apuntar en esa dirección. De hecho cuando veo por primera vez a esa mujer en silla de ruedas encandilada con la película en televisión tengo que hacerme una recomposición de lugar. A pesar de que en la escena del accidente no se vieran las caras, hasta donde sabíamos, era Jane el estorbo para Blanche y no al revés. Además se nos había mostrado muy explícitamente que ese coche era propiedad de Blanche. Por lo que a mí respecta, la escena del atropello adelanta con claridad el final.

El resto de la escena en la playa es muy agónica. El maquillaje que muestra la agonía de Blanche es terrible. Toda la película tiene una iluminación muy dura, que remarca perfectamente todas las imperfecciones en la cara de ambas actrices. De hecho ocurre en ocasiones que según cómo esté iluminada la estancia las mujeres parecen rejuvenecer algunos lustros. Aquí en la playa, sin esa facilidad para crear sombras, todas las grietas en los labios y las sombras de los pómulos entiendo que se crean en base al maquillaje. Esta mujer está al lado de su hermana con su terrible maquillaje blanquísimo en la piel, finísimas y fuertes cejas… ¡Cómo de bueno será el maquillaje de Joan Crawford como para que no le haga sombra el icónico de Bette Davis!

La escena de la playa tiene algo de una tensión absurda. Imaginamos que la película está en su ocaso y sin embargo la ineptitud de los dos agentes de policía nos hace temer por la vida de la mujer que agoniza a pocos metros de ellos. El plano final, con la gente rodeando a la loca que da vueltas por la playa con dos helados, es muy potente.


viernes, 28 de junio de 2024

EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE

Dir.: John Ford
1962
119 min.

Es una película de vaqueros en la que nos llama mucho la atención cómo se introducen tópicos sin ser conscientes. Es una sensación muy parecida a lo que ocurría al ver “Halloween”. La diferencia es que el slasher tiene muchos menos años que el western. Por ejemplo vemos a borrachos salir volando del bar mientras unas señoras indiscretas se ríen de ellos, el sheriff inútil y borracho, los filetes en el restaurante tienen un tamaño medible en hectáreas, se rompen muchos más cristales de los necesarios para dibujar un oeste más violento… También se escucha una frase que podría estar tomada literalmente de una parodia: Papá, ponte los pantalones.

La actitud de la película hacia el pueblo es un poco extraña. Evidentemente la película utiliza este entorno rural a su servicio para desarrollar su historia. Además de eso trata a todos sus personajes con una falta de respeto algo escandalosa. James Stewart los trata con sumo aprecio que por eso es el héroe de la peli. Pero en general se los muestra como unos seres exóticos y salvajes que viven en un mundo extremadamente violento.

La película es fundamentalmente política. Se alaba el sistema republicano de Estados Unidos por haber librado de la violencia al país. Esta es la dualidad que hay entre los dos protagonistas. John Wayne representa la violencia y Stewart, la fuerza legal. La idea es que la política debería ganar. Al menos cuando nos enteramos de que el futuro senador está aprendiendo a usar un arma para vencer a Balance, se nos muestra como una derrota personal. Esto es un mensaje un poco edulcorado de la política. Pero el final asume las teorías de Weber y se admite que el Estado necesita de la violencia.

El mensaje político es poco revolucionario porque se dedica a alabar el régimen establecido. Eso resulta aburrido. Pero por lo menos vemos un compromiso en la película y es superior su dimensión política que su dimensión narrativa. En el ámbito político tenemos la gran escena de la clase. En ella, cuando está repasando la lección de la Declaración de Independencia pregunta al negro sirviente semiesclavo por su inicio. Sostenemos como evidentes estas verdades… Aquí no recuerda cómo seguir y el profesor le recuerda que todos los hombres son creados iguales. A lo que él contesta que siempre olvida esa parte. No podría ser ningún otro personaje sino el negro quien dijera esta frase.

En los títulos de crédito sale el nombre de John Carradine. Esto me pone muy contento, pero también me impacienta mucho lo que tarda en salir. Sin embargo me pongo muy contento otra vez al ver la maravillosa interpretación de un político contario al Estado, liberal, pretencioso en su hablar y antagónico.

Respecto a la trama hay cosas que me enfadan muchísimo. Si el oeste es realmente un lugar sin ley, no hay motivo para que todo el pueblo no se haya puesto de acuerdo para matar a Liberty Valance. El pueblo no es muy grande y nadie quiere que vuelvan a pisar ese lugar. Si obviamos este detalle de lógica interna, podemos disfrutar muchísimo del secuaz sádico y cocainómano.

Supongo que para quien sea americano esta película le resultará muy cercana por reivindicar su amado sistema democrático. A mí me resulta un poco lejana. Probablemente la condición casi de héroe nacional de John Wayne le dote de un cariño instantáneo del público. A mí su personaje me da asco y su gran tamaño físico no llena la pantalla ni la mitad de bien que James Stewart.


viernes, 30 de octubre de 2020

EL PROCESO

Dir.: Orson Welles
1962
118 min.

La novela de Kafka genera un ambiente onírico, acumulativo y confuso muy único. Me alegra que la adaptación no haya normalizado ni un ápice cuanto transmite la novela. No se privan de nada. Anthony Perkins es una suerte de Kafka con mucho más atractivo. Los extrañísimos elementos de la narración se presentan como enviados por algún ser divino contra el cual no se puede uno revelar.

El señor K es tremendo en su habitación. El techo es bajo y él es alto. Las posiciones de la cámara de Welles son la última pata para el trípode que consigue mostrarle tremendo. Esto contrasta con lo pequeño que resulta ante las enormes entradas del órgano jurídico. Lo primero que vemos en su habitación es una puerta en una perspectiva imposible que la sitúa en el centro del plano. En un plano secuencia se empieza a llenar la habitación de inspectores. Es hipnótico el detective de mirada intensa a la nada y con preguntas tremendamente molestas. Hay que decir que en el libro queda claro que el señor K es inocente. Aquí hay un aire de misterio a su alrededor que no nos permite descartar que esté envuelto en algún tipo de conspiración.

El caso es que todo está traído a la pantalla de forma magnífica. La oficina llena de gente en escritorios. Trabajando sin levantar la mirada, con el estruendo de las máquinas de escribir tecleando. Los espacios abiertos gigantes que se recorren como si fuera perdido. Ese cuarto donde se castiga a los inspectores encargados de su caso. Esa azotina ocurre exactamente igual que en el libro. Entiendo que un visionado de alguien que no conozca el libro puede sentir que se ha perdido algo. Es maravilloso cómo salen unos alaridos de ese cuarto y cuando el señor K se asoma a ver qué está ocurriendo los torturados le muestran con orgullo el esparadrapo en el que se van a tapar la boca.

La casa del abogado interpretado por Orson Welles es otra maravilla. Como muchos otros escenarios está lleno de metal remachado, cristal… Todo es un ambiente muy industrial, recuerda en este sentido a la Filadelfia de “Cabeza Borradora”. El plano más parecido a esta película es este donde vamos a una mujer con una pierna mecánica arrastrar un pesadísimo baúl. Oímos de forma maquinal su pierna chirriar. También nos viene en mente el plano culmen de “El verdugo” por los enormes muros desnudos. Los planos de las escaleras de esta casa pueden evocar también las escaleras de Escher. La casa iluminada con velas que se derriten goteando por las paredes, los destellos de los rayos del exterior, unos rayos indisimuladamente artificiales.

El juego de seducción con la enfermera es muy loco por lo enfermizo. Seduciendo a los clientes para que se mantengan en el juego jurídico. El abogado gritando a sus clientes a pesar de que son conscientes que están en el fondo de la pirámide jurídica. Cuando el señor K busca a la mujer por toda la casa es precioso cómo aparece entre unos espejos. Con sólo sus ojos ya ha ganado a la cámara y al espectador. El elemento de las membranas interdigitales y ese retozar entre papeles del abogado.

Igualmente es muy loco el momento del pintor de juristas. Cómo su ventana da al órgano jurídico y cómo las niñas miran a través de los tablones de madera de su ridícula casa. Las paredes serán de madera, pero las escaleras que llevan hasta ahí son del metal modernista del resto de la película. Incluso se ve una iglesia, con su cura desde un púlpito, con columnas remachadas.

No recordaba la historia que se cuenta al principio de la película. Esto casi rima más con la novela de Kafka “El castillo” donde un hombre pretende entrar a una organización. Estas ilustraciones son impresionantes por lo mucho que se apoyan en las luces para perfilar a los dos personajes. La historia por supuesto gana fuerza con la poderosísima voz de Welles. Cuando después se menciona explícitamente en la trama se genera una especie de ruptura de la cuarta pared rarísima. El señor K delante de una pantalla blanca sentenciando que conoce esa historia y que sólo quiere deshacerse del proceso. Tremendo momento.


viernes, 31 de julio de 2020

ATRACO A LAS TRES

Dir.: José María Forqué
1962
92 min.

Siempre que escribo sobre estas películas me da la sensación de que sólo hablo de las interpretaciones. Pero es que el reparto es maravilloso. Hay que hacer la excepción del villano. Sin embargo aparece sólo una escena y su peso en la trama es poco. Los protagonistas están todos espectaculares. Incluso Agustín González, el calvo, que tiene un papel más discreto, está impecable.

No se puede decir nada que no sea conocido. Los nombres son lo más famoso del cine español. José Luis López Vázquez, Landa, Cassen y mi idolatrado Manuel Alexandre. Qué manera de cortar los diálogos en seco cuando hay un chiste… A nuestro oído hay que darle un tiempo de adaptación para la voz de Gracita Morales, pero merece la pena. El personaje del anterior jefe de la sucursal Don Felipe tiene un diseño estupendo. Esa forma de enamorarnos de un personaje que, en principio está opuesto a los trabajadores de alguna manera es preciosa.

El humor de la película es estupendo. Todo basado en el tempo. El momento en el garaje preparando el atraco es una delicia. El diálogo es velocísimo. Funciona todo por saturación. No paran de ocurrir cosas. Mientras hay un chiste en primer plano, al fondo alguien levanta un mostrador invisible. No paran en ningún momento. Además el personaje de López Vázquez se desespera, pero no adquiere un mal humor que empañe la escena. Todo es festivo en ese momento. Es brillante. No se desanime, jefe, que está saliendo todo perfecto.

Por otro lado, como ocurrirá en la escena climática. La pantalla está saturada siempre de gags. No todos funcionan igual de bien. El slapstick en ocasiones es demasiado básico para que funcione. Sin embargo la escena como un todo es brillante, precisamente por la acumulación. No sólo a nivel cómico. Narra un atraco con claridad diáfana. A pesar de los rapidísimos planos, se entiende todo lo que intenta narrar. Es precioso cómo entran los atracadores exactamente una hora más tarde de lo que debían.

La trama de la vedette no nos interesa mucho. Supongo que debía ser una especie de exigencia de la época para conseguir que se produzca la película. También se incluye un número musical que resulta cómico por los bailarines masculinos que la acompañan. Por supuesto la intención no era esta ni mucho menos. Al menos esta trama nos deja la celebérrima frase Fernando Galindo un admirador un esclavo un amigo un siervo. También hay un bonito momento en el que la chica seduce al tipo hasta tal punto que está ciego y no ve que ella le quiere robar y en ese momento se le rompen las gafas.

La estética de los atracadores es fundamentalmente cómica. Pero además de eso se genera una imagen preciosa. En ese Citroën con el capó abierto en mitad de la nada, al lado de un transformador de electricidad. Esos trajes de atracadores con sombreros de cinta blanca a rayas. Por otro lado ese momento en el que la hora de referencia es un vagabundo… Es todo comedia.

Resulta muy curioso que la película pasara la censura. El mensaje es muy anti-explotación laboral. Y es muy pesimista. No hay un futuro próspero para ellos. Ni lo habrá. Sólo hay abnegación y conseguir retrasar el pago de deudas lo máximo posible. Supongo que la interpretación que hizo el régimen es que quedarse como estaban es su castigo por haber intentado robar el banco. De cualquier modo es muy bonita la sensación que deja la película. Para ello se apoya en el famosísimo tema entre alegre y melancólico de trompeta.


viernes, 7 de febrero de 2020

VIVIR SU VIDA

Dir.: Jean-Luc Godard
1962
83 min.

Hoy en día la expresión está en desuso, pero supongo que Godard es lo que durante mucho tiempo se llamó cineasta de “arte y ensayo”. Claramente, esta película era un ensayo.

La película es pura forma. Trata los asuntos que tanto le interesan a Godard acerca de la comunicación. En esta película se habla un montón y, muchas veces de cosas que nos dan completamente igual. Hay una conversación muy larga con un filósofo cuya tesis principal es que hablar es pensar. Un mensaje que no significa nada y que para explicarlo se dicen un montón de palabras. Es fácil imaginarse a Godard escribiendo esta escena después haber pasado toda la tarde leyendo a Herman Hesse.

La trama de la película es la de una chica de típica belleza francesa que quiere ser actriz y que descubre que puede ganar mucho más dinero siendo prostituta. En ningún momento parece una mujer que se vea forzada a estar en esa situación. Elige el oficio con libertad y es informada en una maravillosa escena de todo lo que conlleva el trabajo. Las escenas donde la vemos tratar con los clientes es lo más interesante de la película. En cualquier caso, tenemos la sensación continua de que es una chica acomodada que juega a tener oficios que, por su posición, no la corresponden. Va siempre perfectamente vestida, maquillada y peinada.

Por lo demás hay poco más reseñable. En cierto momento entra al cine a ver la película danesa “La pasión de Juana de Arco”. Antes de la escena final la película se vuelve muda. Entendemos que va a haber alguna clase de sacrificio. Lo que ocurre es que su proxeneta la vende a otro hombre. Esto en principio no es esperable en absoluto. Nunca hemos visto que la relación entre la protagonista y su proxeneta sea de posesión. Ella nunca se ha visto descontenta. En apenas un minuto el intercambio se vuelve enormemente mafioso y termina en un tiroteo donde ella muere. Dada la poca intensidad de toda la película, este giro de los acontecimientos llama la atención. Pero este plano no es suficiente para soportar todo el peso de la película.


sábado, 14 de septiembre de 2019

007 CONTRA EL DR. NO

Dir.: Terence Young
1962
111 min.

Nunca había visto una película entera de 007. Conocía escenas sueltas como él evitando que se estrelle un avión de pasajeros a una distancia ridícula del suelo. También conocía el habitual traje y su afición por las mujeres, todos elementos muy ricos para la parodia. Al comenzar la película vemos el típico plano de James Bond disparando a alguien que le está apuntando. Después unos títulos de crédito llenos de puntitos y colorines. Los años 60 nos gritan en la cara. Esto me pone contento porque me parece una premonición de una película sin ningún tipo de complejos por su género ni su época. Esta ilusión dura poco.

El primer asesinato de la peli es genial. Tres ciegos cuya silueta hemos conocido en los títulos de crédito con muchos colorines resultan ser asesinos profesionales y matan a un hombre cuyo cadáver meten de inmediato en un coche fúnebre.

La primera aparición de James Bond es jugando a las cartas mientras seduce a la mujer que va a ganar. Esto era la clase de cosa que me esperaba del personaje, pero realmente es lo único que nos da la peli. No hay grandes escenas para él. Solo es un espía que es bueno en su trabajo. Pero todas sus habilidades parece haberlas obtenido de llevar mucho tiempo en el negocio. No hay nada que le haga parecer superior a otros espías.

Por ejemplo cuando está intentando obtener información de un falso chofer, él pide permiso a James Bond para fumar. El cigarrillo resulta que era una bala de cianuro y se suicida para no dar información. Es algo que en cierta medida resulta hasta previsible. James Bond da señales de saber mucho más que eso. No parece muy coherente que se le engañe con un truco tan tonto.

Sí consigue la película la sensación de que no se puede fiar de nadie. Pero hay antagonistas que solo aparecen de pasada. Sí hay mucha gente que intenta hacerle daño, pero es muy raro que tengamos la sensación de que está en peligro realmente. Supongo que esta impunidad nos llega por culpa de su actitud constante de que no está ocurriendo nada.

El machismo de la película era esperado y aún así resulta en ocasiones escandaloso. La chica solo aparece cuando Bond no tiene trabajo que hacer. Aunque le encanten las mujeres debe atender antes el trabajo. Ella aparece siempre como una distracción. Nunca hace nada a favor de la trama ni se espera que lo haga.

De la guarida del malo hay cosas que nos gustan pero la verdad es que es muy poco impresionante. Por ejemplo nos gusta que esté bajo tierra y que aún así las habitaciones parezcan de un hotel de lujo. Nos gusta que tenga un cristal convexo para ver a las pirañas del mar como peces gigantes. Nos gusta que, por el pasado Chino del Dr. No, James bond lleve una mezcla de camisa Mao y traje americano. Nos gustan por supuesto los trajes anti-radiación que perecen un recipiente para el microondas. Pero estos son detalles que permiten disfrutar la peli, no la hacen grande. La explosión del final que iba a destruir la isla es tremendamente decepcionante. Es todo fuego y nunca se ve nada roto, no se ve nada explotar.

Me ha sorprendido también que Bond no usara aparatos de última tecnología. Pensé que era una característica de todas las películas.

Dado que James Bond no da lugar a grandes interpretaciones por su cara de impasibilidad, necesita que los actores que los encarnan sean gigantes. Que tengan una presencia imponente. La primera vez que vemos a Sean Connery nos llama más la atención su traje que él. Esto es especialmente grave porque la película ha esperado mucho antes de mostrárnoslo. Han pasado varias escenas antes de que él participe en alguna e, incluso dentro de su escena, se mantiene la acción un rato antes de mostrárnoslo. La película prepara una entrada triunfal para él, pero Connery no llena el plano.

Estilísticamente llama la atención la torpeza con la que se dosifica la información. En especial hay una conversación con las últimas personas que vieron a una persona asesinada en la que apenas se comparten diez frases. De esas diez solo se necesita una frase para que James Bond pueda hacer referencia a ella más adelante para indicar que ha averiguado quién es el malo. Es un diálogo en el que la trama no avanza y, como tal, parece estar introducido en algún momento aleatorio del metraje.