viernes, 28 de marzo de 2025

EL AMOR EN SU LUGAR

Dir.: Rodrigo Cortés
2021
103 min.

Una visión académica de “Birdman”. A aquella se le alabó el uso del plano secuencia para representar el caos de las tramoyas de un teatro, pero se le criticaba que se utilizara durante toda la película. Aquí tenemos planos secuencias cuando se recorren los pasillos del teatro y desaparece cuando nos metemos en escena. Sin embargo la película explicita el plano secuencia en su inicio. Empieza con la cámara fuera del gueto. Atraviesa de forma imposible los cables del tranvía y salta el muro. Seguiremos a la protagonista hasta que logra entrar al teatro. Ya dentro del teatro cuando por fin han terminado los títulos de crédito desaparece el plano secuencia.

A pesar de ello, los movimientos de cámara se vuelven más artificiales en esta película. Especialmente al final, según aumenta la tensión (que no es tanta como el montaje pretende) la cámara empieza a hacer acrobacias que parecen sacadas de Gaspar Noé. En general hay muchos trozos de película donde el montaje es demasiado rápido para llegar a ver a los actores.

Y digo ver por compasión. Porque entre los pasillos del teatro no se ve nada. Es algo intencionado porque la idea es dejar dos únicos lugares con luz en el helador gueto: el camerino donde hay una niña cuyo trabajo es añadir melodrama a la trama y el escenario. La luz del escenario busca que nos creamos los rótulos iniciales de la película, que nos aseguran que esos actores podían hacer olvidar al público que estaban en el gueto. Malamente nos podemos creer esto cuando el teatro es asaltado por soldados alemanes.

El caso es que por si esta idea no había quedado clara a lo largo de la película, la mujer más veterana del grupo teatral echa un discurso al público. Grita de forma desmedida que la actuación es lo que ellos son. Es una actitud que no cuadra con el descreimiento de este personaje que habíamos visto hasta entonces. Si no fuera por el drama de la huida del gueto del novio de la protagonista y su hermana pequeña, esta escena sería directamente ridícula.

Con respecto al triángulo amoroso que está montado en la compañía está el hecho de que se refleje en la propia obra, no muy interesante. Con respecto a este cruce de realidad y ficción es mucho más estimulante que en los créditos aparezca como autor de las letras quien, en la película, es el escritor de la obra de teatro que interpretan. El mismo dilema de si dejar ir a la persona a quien amas a cambio de salvar su vida me parece muy poco interesante, por lo menos en la manera frenética en la que está presentado.


viernes, 14 de marzo de 2025

BLOW-UP (DESEO DE UNA MAÑANA DE VERANO)

Dir.: Michelangelo Antonioni
1966
108 min.

La parte obsesiva me ha gustado mucho. Tampoco es la que consume la mayor parte del metraje. No seré original aquí: recuerda a “La conversación (1974)” y a “Tren de sombras (1997)”. Me gusta mucho cómo descubre cosas de la absoluta nada. La fotografía que él mira obsesivamente está inequívocamente vacía. No es tras muchísimo tiempo que logra adivinar las figuras que él necesita para construir una historia en su cabeza. Se hace explícito el paralelismo con la pintura abstracta. Aunque no tenga ningún referente, tras mucho mirar la cabeza humana completa para darle un sentido.

El momento en el que descubre el cadáver es muy onírico. No sabría especificar en qué sentido, pero me ha recordado a “Terciopelo azul (1986)”. La escena es oscurísima. La noche es cerrada. Pero el césped tiene un verde brillante que llama mucho la atención. En cierta manera me ha recordado al jardín de “Men (2022)”.

La escena extrañísima del concierto de rock me recuerda en cierto sentido a “¡Jo, qué noche!”. Llega a un lugar que resulta muy ajeno. En el escenario la música es salvaje, pero tampoco tienen una actitud destructiva… hasta que uno de los bafles deja de sonar como debe y un guitarrista arremete a golpes. El público hasta entonces estaba impasible. Nadie baila. Miran inmóviles, como esperando algo que les resulte estimulante. Entonces se abalanzan hacia el escenario para conseguir trozos de la guitarra que se acaba de romper. Es como si la acción dentro del concierto siguiera sus propias reglas y el protagonista aparece ahí, como un extraño en ese mundo.

El personaje protagonista en su presentación es insoportable y, además, tampoco ocurre nada que me interese demasiado en estos momentos. Más adelante tendrá otra escena en la que se olvide de su investigación y deje de ser introspectivo y revele de nuevo esa personalidad prepotente, despótica y dominante. Me refiero a la extraña escena con las dos chicas frívolas que quieren que él las fotografíe. En esta escena vemos poco menos una agresión sexual. Las dos chicas retozan sobre el papel que utiliza como fondo de fotografía. Juegan a quitarse la ropa… Antes de esto ya habíamos visto a la mujer protagonista de las fotos en cuestión desnudarse porque asume que es el precio para conseguir algo de un hombre poderoso.

La escena de las dos chicas termina de una forma bastante ridícula y creo que la película busca mostrar esta escena con intensidad. Tras presumiblemente haberse acostado con ellas le llega la claridad tras la eyaculación y su mente se pone a fabular asesinatos donde sólo hay una relación extramatrimonial. Pero esta manera tan masculina de abandonar el lecho para sumirse en sus propios delirios es irrisoria.

Con respecto a la imagen icónica en la primera sesión de fotografía… Personalmente soy incapaz de prestarle atención a la delgadez extrema de la modelo. Por lo tanto, todo ese erotismo que pretende crear, no me apela demasiado. Aquí de nuevo tenemos otra conducta agresiva por parte del fotógrafo que se permite tocarla, besarla… La composición celebérrima de ambas personas en el suelo entiendo que muestra esa dominancia de él hacia su modelo a la vez que él mira a través de la cámara con avidez.

Me gusta también la última propuesta, la última escena en la que un grupo de mimos fingen un partido de tenis y él se queda fascinado. Es un momento muy poderoso precisamente porque a la cámara no le tiembla el pulso. Se mantiene mirando lo que ocurre y ellos no parecen tener mucha prisa. A la vez es una forma bastante pretenciosa de terminar la película.


viernes, 7 de marzo de 2025

NOCHE Y NIEBLA

Dir.: Alain Resnais
1956
32 min.

Es impactante. Una narración muy cruda. De poca poesía, como acostumbran las voces en off de la Nouvelle Vague. El texto no se recrea en el terror. Quizás hacia el final, cuando se trata de cómo se aprovechan los restos humanos como materia prima el texto se vuelve más terrorífico. Pero la tónica general no subraya lo que vemos en la pantalla. Esas imágenes ya son suficientemente terribles.

Quizás lo que resulta más indeleble sean las montañas de cadáveres. Tanto esos sacos de huesos que caen a las fosas comunes empujadas por un bulldozer como los planos detalle en los que vemos los rostros de los cadáveres. Rostros de piel tensa, huesudos, algunos incluso a los que les podemos ver las cuencas vacías. Estas imágenes se acompañan con una música clásica y pacífica. Así descrito uno podría pensar en la clase de crueldad típica de Lars von Trier, pero el efecto dista mucho de ese cine.

Creo que lo que resulta más insólito en el metraje de esta película es la claridad de las imágenes. Nunca se entrevén las cosas. O se ven con claridad en imágenes, fijas o no, de la época o bien se sugieran con imágenes en color de los campos abandonados. Por ejemplo las famosas duchas aparecen solo en color en la actualidad. Los prisioneros a punto de morir no aparecen, pero las imágenes que se intercalan tienen tanta fuerza que hay que hacer una reflexión consciente acerca de qué hemos visto y qué se nos ha sugerido.

Hay datos que conocemos del holocausto y que estamos hartos de oír. Pero aún así aquí se describe la vida en el campo de una manera tan desoladora que nos hunde. Ello a pesar de que no oímos nada particularmente novedoso. La psicopatía de los nazis es lo de menos. Ellos no son el gran terror del campo. Lo terrible son las penosas condiciones en las que nadie querría sobrevivir.

Entiendo que por la cercanía de los hechos puede ser muy poderoso que se señale que en los Juicios nadie se considerara responsable. Hoy en día nos resulta el comentario típico que se hace de todo aquello.


viernes, 28 de febrero de 2025

CONTRATIEMPO

Dir.: Nicolas Roeg
1980
117 min.

Antes de que nos ubiquemos en la película la no linealidad narrativa, la novia loca, el novio anodino, el salto de tono entre secuencias consecutivas me hacen acordarme de “¡Olvídate de mí!”. Cuando ya entran en harina las dos líneas narrativas reconocemos que la estructura de la película es bastante corriente. Hasta que la cosa no se complica me aburro un poco. Aún ella no es lo suficientemente desquiciada y él me resulta demasiado poco atractivo como para que la historia de amor me la crea.

Cuando empiezan a hacer preguntas al tipo acerca del intento de suicidio, tardo en creerme que ahí haya una trama de verdad. Uno le ve tan poquita cosa que no se espera que haya sido capaz de hacer nada. Entiendo que es la sorpresa con la que juega la película. El único elemento que nos permite observar que hay algo raro en las declaraciones de este hombre son las evasivas al situar temporalmente los sucesos. Quizás esto sea el significado del título, sobre todo del título original: “Bad Timing”.

De hecho es tan panoli que a veces nos cuesta creer. En lo que dura la película nosotros asumimos la promiscuidad de ella. La escena en la que utiliza su cuerpo para obtener un favor de unos desconocidos en Marruecos nos deja un tipo que sospecha que ella pueda hacer algo indecoroso con ellos. Este momento es de vergüenza ajena. Todos sabemos lo que ahí está ocurriendo y a él parece que le pilla todo de nuevas.

También es cierto que ella tiene tela. También en Marruecos él le pide matrimonio y ella ignora la pregunta. Cuando él le reclama que le haga caso contesta que no porque hay que disfrutar del momento presente.

El momento más desquiciado de la relación la verdad es que me gusta mucho. Ella gritando por la escalera del edificio ¡Quiéreme!. Ese polvo en mitad de la escalera con la eyaculación precoz de él… La breve discusión en el apartamento mostrando que hay algo súper enfermizo en esa relación… Cuando ella estalla me hace pensar en la pérdida de control en “La posesión (1981)”. El delirio de ella tiene como base un tema de fondo: que él es psiquiatra. De alguna manera él la está investigando más que teniendo una relación con ella. Esto me interesa bastante poco y de hecho sería un recurso demasiado fácil como para que captara mi interés. Pero creo que nunca tiene el suficiente peso como para que lastre la película.

La fotografía a veces cambia a contraplano. Otras veces la música es la que cambia bruscamente. Mismamente el foco… Todo ello busca que no nos comprometamos mucho con las narraciones. El montaje se permite saltar de escena a la que sea menester rápidamente.

Mientras que la actuación de ella en general es memorable, la de Garfunkel es algo difícil de valorar. Nunca consigue el atractivo con el que ella y la cámara le miran. Pero quizás sea parte de la gracia. Por su rostro atemorizado cuando estamos en la línea temporal de la investigación policial, me recuerda a José Luis Gómez Manzano.


viernes, 21 de febrero de 2025

LA ALDEA MALDITA

Dir.: Florián Rey
1930
58 min.

La ejecución es notable. Cuando rápidamente entra el honor como motor del argumento, me invade la pereza. Hay cosas que me gustan al respecto, como que el mayor defensor de este valor sea un hombre tan anciano y ciego. Me gusta en general la estética de este hombre. Tan oscuro; con capa y sombrero. Me resulta gracioso que los intertítulos justifiquen esta fijación por el honor con su espíritu castellano. De hecho el apellido que tanto busca conservar es: de Castilla.

El tratamiento del honor es patriarcal sin matices. Carmen Viance es la responsable de todo el honor familiar. De hecho cuando el abuelo desconfía de la clase de vida que su nuera pueda llevar en la gran ciudad (es divertido que esta metrópoli sea Segovia) lejos de su encarcelado esposo, rapta a su nieto para preservar su nombre. La película no explica cómo este hombre es capaz de cuidar al niño.

Resulta muy interesante el concepto de honra tan familiar. Cuando Pedro Larrañaga mete en su casa a la madre de su hijo, lo hace para que su padre piense que su honor ha sido conservado. A ella le prohíbe interactuar con su hijo. Ella carga con una pésima reputación en la ciudad. Su presencia en la casa se convierte en la comidilla. El único beneficiado de que ella esté ahí es su padre, que muere a gusto creyendo que el nombre de la familia está salvado.

Siempre me parece interesante ver en el cine los pueblos de esta época. En particular en la escena del éxodo por culpa de las tormentas que arruinan las cosechas hay mujeres rurales que parecen tener muchos más años de lo que la esperanza de vida nos haría esperar.

Aunque no hay nada particularmente nuevo creo que todo está grabado de manera muy correcta. Supongo que prescindiendo de la voz las actuaciones no nos parecen impostadas, o no más impostadas que lo que los códigos del cine mudo harían anticipar. Me ha gustado ver el plano de la sombra de la mano del marido oscureciendo la cara de su esposa. Casi tópico para estos años, pero nunca lo había visto en España.

El final es más amable de lo que la narrativa española acostumbra. Aunque no es emotivo. Ella, demente, canta nanas a una cuna vacía. Lo bonito del momento es que el padre tolera que su hijo vaya a abrazar a su madre. Pero este abrazo nunca se consuma.


viernes, 14 de febrero de 2025

CARMEN

Dir.: Carlos Saura
1983
102 min.

El guión a veces cae en algunos tópicos ejecutados sin ninguna inventiva y sin que construyan una trama demasiado emocionante. La idea de que en la academia de baile se repitan las dinámicas de la obra que van a representar no es muy original, pero tampoco se presenta como tal. Además, algunas enemistades se exageran desproporcionadamente. La primera vez que vemos dos personajes repetir su papel en la realidad y en la ficción es en la escena de la tabacalera. Ahí la profesora se enfrenta a Carmen (obviemos la pueril coincidencia en el nombre del personaje y de la bailarina). Lo único que atisbamos de tensión entre ambas es que la profesora le azuza en los ensayos y que la mira con resquemor porque ella quería protagonizar la obra.

Pero las escenas de baile tienen suficiente fuerza como para salvar estos defectos. El duelo entre ambas mujeres, con ambos bandos enfrentándose, arma tanto jaleo de tacones y palmas, que la puñalada, que a posteriori es evidente que sólo podía ser actuada, y el silencio repentino que al subraya cargan la escena de tal energía que yo me dejo llevar por la narración y por momentos compro esta muerte. Lo que ya no me gusta tanto, y me hace repudiar ligeramente lo que antes me había encandilado es la explicitud con la muestra cómo se levanta la actriz apuñalada, como queriendo aclarar una incertidumbre que ningún espectador tenía. Ya se había hecho evidente al ver que el ensayo acababa; pero es que aún antes, al ver que el resto de integrantes de la obra seguían actuando, esa información ya había sido transmitida.

En cualquier caso. ¡Qué escena! Aparte de la algarabía de mujeres que mencionaba antes, la manera en la que irrumpen los hombres en escena es apabullante. En una formación simétrica. Con paso equino avanzando frente a la cámara, una composición espacial imposible en un escenario real. Con todo el silencio que reina en ese momento tiene enorme fuerza que el ritmo de sus pasos suene cuando levantan la rodilla y no cuando pisan el suelo. Precioso.

Me gusta cuando Antonio Gades está enseñando a su Carmen a andar con fuerza hacia el espejo. La cámara está frente al escenario. Detrás del guitarrista. Está sobre un traveling. De esta manera puede seguir la caída de Carmen al mismo ritmo que su cuerpo va contando los innumerables tiempos. Esos gritos en el estudio… Claro, no me gusta tanto cuando parecen olvidar la técnica para preguntarse qué le pasa… que por qué no se cree el personaje… Esos diálogos ya los he visto y en películas más melodramáticas donde tienen mejor acogida.

El duelo a garrotazos es otro gran momento. En él un trasunto del esposo expresidiario de Carmen muere a manos de Antonio. Esto está rodado de forma maravillosa porque la cámara permanece en el suelo mucho tiempo. Ambos bailarines se acercan y se alejan de la cámara cambiando totalmente su tamaño en el cuadro. Esto se acentúa por las sombras que proyectan en la pared, que replican el juego óptico. Otro momento en el que la silueta de Antonio tiene gran importancia es aquel en el que Carmen va al estudio por la noche. Él está bailando solo. La noche ha caído y la luz del estudio está encendida. Los pasos de Antonio se proyectan sobre las cortinas. Tendrán ambos una escena que me interesa regular, pero cuando acaba él se queda bailando solo. Como lo hace frente a un gran espejo, la cámara en una grúa consigue que la estancia parezca enorme. Casi como la célebre estancia blanca de “El verdugo”.


viernes, 7 de febrero de 2025

HOMBRES DE ARÁN

Dir.: Robert J. Flaherty
1934
75 min.

Distinto a lo que concebimos como documental. No es cine mudo, pero renuncia a sincronizar la voz con la imagen. La mayoría de frases que se oyen son muy difíciles de entender. Las intervenciones se oyen casi de fondo. Me ha recordado a las partes habladas de “Yellow submarine”. Lo cierto es que nunca es necesario el texto para la película. Las voces no son sonido directo. Vemos cómo las personas hablan entre sí sin que oigamos nada. El sonido de la barca con la que salen a faenar estallando contra las rocas está añadido en la sala de montaje. Aunque la puesta en escena sea muy reconocible del cine mudo la música que escuchamos es mucho más comprometida con la acción de las imágenes que las tibias melodías que escuchamos con frecuencia acompañando al cine silente.

Muchas de las imágenes del mar son impresionantes. Están grabadas tan dentro de las olas que la película nos convence de que domina ese terreno. No muestra el agua de manera típica. Una de las primeras veces en las que el mar inunda el cuadro lo hace totalmente blanco. La espuma de las olas al romper cubre por completo las oscuras rocas de la costa. La familia avanza entre esos flujos de agua. De forma despreocupada pero con el debido respeto al mar.

Cuando salen los marineros a cazar el gran tiburón la mar está en calma. Es una gozada ver la tranquilidad que transmite la superficie de este agua a pesar de que evidentemente sigue siendo agua marina. Cuando la mar se revuelve no son olas a punto de volcar la barca lo que vemos. Esa es la imagen típica que tenemos de la mar revuelta. Aquí el cuadro se llena por completo de olas que vienen de todos los ángulos posibles. El montaje es rápido. La imagen en la que el mar está más soberbio es aquella en la que las olas golpean contra los acantilados. El aire hace subir el agua en suspensión. Realmente pareciera que el agua quisiera salirse del mar, ello sin que las olas sean exageradamente monstruosas. Transmite la idea de que para la gente que vive en esa tierra, el mar es ineludible.

La película no se recrea en lo lastimero de la situación, pero lo cierto es que la imposibilidad de cultivar en ese pedregal es una tragedia. Vemos a ese hombre que cuando no está en el mar está picando piedra a ver si encuentra tierra que le sirva para cultivar patatas. Esta problemática de no tener tierra fértil nos deja una de las imágenes más pintorescas de la película: la madre de familia llevando el capazo de mimbre absolutamente lleno de algas. Algas que caen y que la confieren una silueta muy folclórica. Es de señalar la importancia que esta mujer tiene en la película. Con lo acostumbrados que estamos hoy en día a que las películas que tratan escenarios mayoritariamente masculinos se permitan la desfachatez de ignorar a las mujeres por completo… Este mujer no sólo hace un trabajo vital para la familia, es que tememos por su vida tanto como por la del padre de familia.

La cámara es algo inquieta. A veces realizando movimientos algo extraños. Me hace sospechar que fuera una exhibición de la ligereza con la que está rodada la película. Cuando el cuadro es fijo consigue unos encuadres maravillosos. Me encanta cómo hace que las figuras humanas sean diminutas ante esa naturaleza hostil e indomable. Hay unos planos al inicio de la película en los que se ve el pueblo, las escasas edificaciones y la mujer es apenas una mancha pequeñísima. Se permite mostrar unos cielos inmensos. Este recurso funcionaba también estupendamente en “Orgullo (1955)”. Es sorprendente que el paisaje consiga tanta presencia en un formato cuadrado.

Hay algunos planos en los que algún rostro no entra por completo en el cuadro. Cuando la mujer mira el mar desde los acantilados no es extraño que su frente quede fuera de la imagen.

La escena en la que cazan al tiburón se me hace algo larga. Según las cartelas esta cacería dura días así que supongo que efecto conseguido. Hay que decir que es fascinante ver la cola del animal golpear la barca. No hay forma de imaginar que eso no esté sucediendo realmente ante nosotros. El animal es grandioso.