sábado, 27 de septiembre de 2025

SEIS DÍAS CORRIENTES

Dir.: Neus Ballús
2021
85 min.

El título de la película y la estructura episódica que plantea limitan fuertemente la duración de la narración. No se nos va a contar nada que vaya más allá de una semana. Por eso resto importancia a todo lo que aparezca en la película y que prometa ser duradero. La relación entre Valero y Mohamed sólo puede tener un resultado que yo considere definitivo: con uno de los dos fuera de la empresa. Cualquier otra información será totalmente anecdótica.

Por ejemplo cuando Valero decide ponerse a dieta. Si va a ser suficientemente tenaz, si va a ser efectiva… Es imposible que esto me importe. Por lo tanto entiendo que este elemento está ahí para sumar al patetismo que caracteriza a este hombre. Débil de espíritu y acomplejado ante cualquier superioridad. No me resulta muy cómico. Es ver a un ser infantil, cerril.

Creo que la naturalidad que busca la película no siempre se consigue. En alguna ocasión, como la conversación entre ambos compañeros en la terraza, más que realismo, pareciera que ambos actores están ahí, soltados, perdidos. Podría tener un pase si el tono de la película fuera otro. En el caso del cine de Albert Serra los actores no están más perdidos que nosotros. Aquí les vemos envueltos en una historia narrativa, que de repente les abandona.

La actuación que me parece más interesante es la de Pep. No hay que despreciar el factor de que él no habla en mi lengua natal. Esto me impide hacer un juicio tan duro como el de los otros dos personajes. Me gusta mucho la escena en la que entra en cólera porque unos azulejos están mal colocados.

Hay algún momento de la película de cierta vergüenza. Me refiero a aquel trabajo que tienen que hacer en casa de un psicoanalista argentino. La casa tiene automatizadas las persianas, el riego, la aspiradora… Nos muestran aquello como si fuera un futurismo al nivel de “Mi tío (1958)”. Pero son cosas que ya hemos visto todos en 2021, más aún si los protagonistas se dedican a este oficio. Si no fuera por esta visión arcaica de la película, me podría haber hecho gracia el final de esta escena en la que la aspiradora robotizada se escapa de la casa.

Aunque no tiene mayor repercusión, me da mucha rabia que el protagonista en la situación más precaria se vea envuelto en acontecimientos que manchan su imagen. Primero un anciano le cuenta cómo mantenerse joven y después una fotógrafa le saca unas fotos a torso desnudo. Son excusas perfectas para que su compañero prejuicioso aumente sus recelos y son acontecimientos que, inexplicablemente no le provocan un despido.

Formalmente hace los típicos juegos de enmarcar a los personajes en la arquitectura de los interiores. Lo he visto mucho, no lo explota de manera original. No me interesa.

Es elogiable y valiente que se incluyan diálogos en árabe.


lunes, 22 de septiembre de 2025

PLAYTIME

Dir.: Jacques Tati
1967
123 min.

Segunda película que veo Jacques Tati. La anterior había sido “Mon Oncle”. Con respecto a esa, la mayor diferencia evidente es que no hay ese culto al personaje de Mr. Hullot. En esta ocasión todo es más un desarrollo de su estética y arte visual. La coreografía parece muy medida en toda la película.

Pero lo más evidente es la crítica a la sociedad moderna. Hay un detalle realmente triste y es que los únicos edificios que se ven en la película aparecen reflejados en vidrios. Nunca se les enfoca directamente. En esta ocasión no se hace tan cómico como en “Mon Oncle”. Solo hay que recordar el plano de la oficina, los cubículos son vistos con terror más que comedia. Aun así, siempre se puede hacer el chiste y se introduce al ejecutivo con sus zapatos de claqué.

La primera parte es la más relacionada con la modernidad. Y donde Mr. Hullot tiene más protagonismo. Pero aun así el personaje no está tan caracterizado. Pero se preserva su mirada inocente a un mundo que no comprende.

En la segunda parte tenemos una fiesta. He de decir que es una de las secuencias menos prudentes que he visto. Normalmente el cine suele ser comedido y la cámara te indica dónde está la acción. Aquí de repente tenemos muchos asuntos, con muchos personajes y muchas acciones a medias. Todo en un escenario reducido y con mucha gente en escena. Lo cierto es que normalmente el cine me suele parecer demasiado escaso en cuanto a descontrol, pero esta escena ha cumplido de sobra las expectativas. Los gags parecen completamente improvisados. Como meter a un borracho en una silla como si fuera una papelera, no creo que un guionista haya escrito eso, parece la genialidad de alguien que ya está en el set de rodaje.

Hay dos ausencias muy notables en esta película: los planos de puro recreo de “Mon Oncle” (como la mítica escena de las escaleras) y una música que acompañe al personaje. Igualmente, muy buena película.


viernes, 19 de septiembre de 2025

MAMMA MIA! LA PELÍCULA

Dir.: Phyllida Lloyd
2008
108 min.

Se le nota todo el rato lo teatral. Hay momentos en los que las coristas hacen unas réplicas que nos podemos imaginar completamente en un escenario de un musical. Del mismo modo ocurre con algunas transiciones. Pienso en particular en la despedida de soltera, cuando las tres amigas maduras empiezan su actuación. Es fácil imaginar el diseño del escenario para que aparezcan de entre bambalinas. Esta huida de la naturalidad permite que acompañemos una historia cogida por los pelos y donde las acciones de los personajes tantas veces son muy arbitrarias.

La película la dirige una mujer y lo cierto es que la película supura feminidad. Los tres hombres que se aparecen como posibles padres también tienen personalidades diseñadas para que no quiebren el idilio femenino de esa isla griega. Las amigas tienen un disfrute arrollador. Ese “Dancing queen” en el que las amigas siempre se apoyan entre sí. Esa forma de asumir la promiscuidad sin dejar el menor resquicio a que pueda ser moralmente censurable. Consigue emocionarme “Slipping through my fingers”.

Los bailes en general son coreografías bastante sencillas. No se percibe un cuerpo de baile profesional. Por ejemplo “Voulez-Vous” sí podemos percibir que hay un gran número montado en el escenario, pero no se permite que la coreografía sea la protagonista de la escena. De hecho creo que la cámara tiende a ser torpe al grabar estas cosas. No vemos un objetivo bailando con el resto de personajes.

Mi escena favorita desde hace muchos años es la increíble “The winner takes it all”. Me encanta la terrible iluminación, ese sol tan molesto en el Mediterráneo. Me encanta Pierce Brosnan tan perdido. Esos gestos torpes mientras le cae un chaparrón. Me gusta ese viento que le da dramatismo a todo. Esa forma de jugar como una desquiciada con el pañuelo rojo. Me gusta cómo la letra pega por los pelos. En general esto es algo que elogiar muy sinceramente al guionista. Cómo se consiguen forzar tanto las cosas para que cuadren tantas y tantas letras de canciones que no tienen nada que ver entre sí. Me gusta que a pesar de lo desastrosa de esta escena la localización es idílica. Es decir, es ineludible pensar que ese desastre ha contado con un estudio enorme y un pastizal.

Me alucina el recurso de la cámara lenta. Las canciones del musical son todas buenísimas. Da la sensación de que la película en su aspecto visual corre desesperadamente por seguirle el ritmo a su propia banda sonora.


viernes, 12 de septiembre de 2025

THE BRUTALIST

Dir.: Brady Corbet
2024
215 min.

Hay bastante rato en el que la película me interesa poco. Me refiero a todo el tiempo en el que se trata de la vida de un hombre que tiene que rehacer su vida en Estados Unidos. No me interesa mucho la relación con su primo y tampoco me interesará mucho lo que le ocurra a su mujer cuando consiga salir de Europa. Es cierto que se percibe una preocupación de la película por incluir al personaje femenino; por esquivar la crítica típica de que solo se muestra al genio y se deja de lado a las mujer que le rodean en su vida.

Creo que los puntos en los que la película más brilla son todos ellos estéticos, sensoriales. Por ejemplo adoro todo el rato el fortísimo acento de Adrien Brody. Me encantan esas consonantes arrastradas. ¡Qué rabia dará cuando su mecenas diga que habla como un limpiabotas! Una secuencia que la película sabe lucirse muy bien es la del viaje a Carrara. Es una maravilla la música central de la película, con esas trompas apabullantes, resonando contra esos bloques lisos de mármol. Me encantan esos planos de colores desaturados (muy propios de A24, todo hay que decirlo) mostrando la trabajada ladera de la montaña blanca. El hombre desarrapado italiano camina por esas piedras como en una escena onírica. Me gusta cómo el eco permite disociar el sonido de las palabras de este hombre y la imagen. Me ha recordado a la escena de las catacumbas en “Te querré siempre”. Me encanta cuando las tres figuras se adentran en la cantera, como siluetas diminutas negras frente a ese fondo blanco veteado.

Hay una cosa que da un poco de lástima y es que percibamos que las creaciones del protagonista nunca se vean en su esplendor. Se dará más espacio a las máquinas de construcción pesada en las que deberá trabajar cuando sea expulsado por su primero. Por ejemplo la biblioteca con la que arranca todo, lo máximo que vemos de ella será cuando ambos primos cierren las puertas de la librería. Unas puertas que transforman de golpe la estancia completa ya que cubren todas las paredes. Ocurre parecido con el edificio que ocupará toda la película. Se nos llega a mostrar que hay bloques gigantes de hormigón que giran con gran ligereza. Pero parece que nunca se consigue que la imagen transmita esa potencia que la música busca. Me gustan algunos planos que me resultan abstractos. Casi me gusta más esa escena en la que se pelea con el otro aquitecto en los cimientos de la obra. Ahí sí se da una sensación de que hay recovecos. Por supuesto me gusta la sala que almacena agua, con esas columnas sorprendentemente livianas. Con respecto al punto central de la obra, la cruz que se ilumina en el altar creo que es mucho menos impactante de lo que se busca. Se nos ha anunciado que el arquitecto busca que haya un corazón de belleza en sus edificios. Es cierto que nunca lo habíamos visto hasta el cierre de esa escena. Pero lo cierto es que nos lo habíamos más o menos configurado en la cabeza. No tengo la percepción de ver por fin lo que tanto se nos había prometido. Sí está bien que lo siguiente que vemos sea la cruz cristiana invertida en el techo.

Por supuesto me gusta que lo primero que vemos de Estados Unidos sea la imagen de la Estatua de la Libertad dada la vuelta. Una imagen quizás facilona, pero no por ello menos gustosa. A estos extranjeros se les promete la libertad, pero tendrán que enfrentarse a muchísima xenofobia. En este punto la música de la película truena. En general música con todo lo apabullante que es nunca sonará del todo limpia. Nunca se la permite brillar del todo. Esto me gusta. Siempre tendrá algún ruido por ahí al fondo.

Cuando el mecenas saque a sus invitados al frío para mostrarles el descampado donde construirá su edificio me recuerda, mucho menos onírico, a ese paseo noctámbulo en “La dolce vita”. Me resulta inevitable cuando veo andamios a las órdenes de un megalómano no acordarme de las escenas finales de “Ocho y medio”.


SIRAT. TRANCE EN EL DESIERTO

Dir.: Oliver Laxe
2025
114 min.

No creo ser original si señalo la fusión entre “Climax (2018)” y “Mad Max: Furia en la carretera (2015)”. El segundo paralelismo es inmediato porque la cabeza rapada de Jade Oukid a bordo de esas máquinas motorizadas nos recuerda forzosamente a Charlize Theron.

Visualmente es una gozada. Los cielos que logra son una delicia. A veces consigue que cielos azules resplandecientes tengan tonos casi amarillentos. Un color del cielo que recuerda al de “Asteroid City (2023)”. Aquí con unas arenas de tonos mucho más desaturados. Podemos señalar algún plano aéreo en el que se ve el escarpado camino que han de recorrer los vehículos en la ladera de una montaña. El cielo tiene colores magentas, grises azules… Todo con una luz suave, la ladera oscura. Las luces de los coches algo fuera de foco pero sin efecto astigmático. Esas luces que avanzan en la noche recibiendo de cara el viento polvoriento del desierto pueden recordar a los planos más abstractos de “Mandy (2018)”.

La cámara consigue encontrar patrones rítmicos en los estratos de las montañas o en las vías pulidas de un tren. El zumbido de la música es una maravilla. Su diseño sonoro exige rabiosamente que la película se vea en cine. Un sistema de sonido que permita a nuestras caja torácicas reverberar como reverbera ese desierto.

Aunque vemos que la película tontea con lo abstracto en varias ocasiones, por algún motivo difícil de definir la seguimos percibiendo como lastradamente narrativa. Por ello nos sorprende que muera su hijo. Ni siquiera la transición a la siguiente escena me permite liberarme del miedo a que todo se revierta por algún motivo. Casi más sorprendente que la muerte del hijo es que muera un perro que le acompaña. Animal con el que se nos ha forzado a empatizar llevándole a un estado crítico por haber consumido LSD.

Este miedo de la dependencia de la diégesis me impide disfrutar plenamente del final. Por un lado me parece evidente que se sostiene demasiado un estado en el espectador que trata de mantenerse solo por la música obsesiva. Lo cierto es que las imágenes rompen con esta intensidad creciente. Evidentemente los personajes que están en escena han mirado a la muerte muy de cerca. Este es el estado de trance poderoso. Después se nos lleva a un tren que no se sabe a dónde va. Puedo entender el aspecto nihilista de esto e incluso es elogiable que se apele una vez más a las vías brillantes y rítmicas. Pero desde luego no ayuda a mantener la carga de la escena que acabamos de abandonar. Me parece mucho más autocontenido y poderoso el plano que acerca más y más a los altavoces que quedan sonando solos en el desierto. Sin fuente de energía conocida. Casi como monolitos de “2001: Una odisea en el espacio (1968)”.

La escena que culmina con la explosión de Jade funciona increíblemente bien. Ver a todos ellos bailar es una maravilla. Se le da una muerte muy cruel. Sin atisbo de épica. El plano en el que la camioneta cae al vacío tiene este punto casi ridículo. Arbitrario. Hay un punto de indiferencia hacia la víctima como ocurriría con Lars von Trier y compañía. Me encanta que la víctima de la primera explosión sea el personaje con más carisma de ese grupo. Hay que decir que ninguno de ellos actúa particularmente bien, pero siempre quedan muy bien en cámara. Los planos más crueles para sus artes interpretativas son los que tienen que llorar una pérdida. Son bastante poco favorecedores.

Por supuesto nunca se llega a un punto con esa densidad. Pero el hecho de que lleguen noticias aisladas, confusas, el viento, el sonido difícil… Me ha recordado al nihilismo que se mostraba en “El caballo de Turín (2011)”. Más por la forma que por el fondo, ya que aquí sí se confía mucho en la generosidad. Hay claramente una enseñanza en el protagonista: ¿qué sentido tiene ser conservador o precavido cuando ya se ha perdido todo? Adoro, por supuesto, que llegado un momento la premisa de la película deje de mencionarse de forma tan descarada y desafiante.


viernes, 11 de julio de 2025

LA CONVERSACIÓN

Dir.: Francis Ford Coppola
1974
113 min.

Maravillosa. El clima constate gracias al jazz. Los tiempos muertos. Acompañar a una persona con una vida muy poco interesante y que se dedica a escuchar la vida de otras personas. Un personaje protagonista magnífico. Ese vestuario constante, idéntico siempre, con aires de decadencia. ¡Qué aspecto lastimero da ese chubasquero! Ni siquiera tiene el buen gusto de quitárselo antes de ponerse a mirar la habitación de hotel en la que se aloja. Todo en una ciudad grande que siempre ayuda a construir un personaje solitario.

Me encanta lo cinematográfico que se vuelve el espacio diáfano que precede a la jaula de su estudio. Es un lugar con columnas finas. Entre las que puede correr una moto. Entre el jazz que se oye y la pareja bailando es una atmósfera onírica. Me vuelve loco el plano en el que está a punto de ligar con una mujer. A su cristianismo no parece importarle ni siquiera que ella no esté divorciada. Él está apoyado solo contra una de esas columnas. Es un personaje que ni siquiera su aura misteriosa le puede convertir en atractivo. Pero el plano revela gran soledad. Con un neón azul tras de sí… Me encanta.

La escena en la que mezcla las grabaciones es maravillosa. No tiene miedo a insistir en una frase, repetir todo lo que sea necesario. Quiere que conozcamos la conversación tan bien como el protagonista. Exprimir hasta obtener la última frase. Incluso la escena de la grabación, ese gran plano (en cuanto a duración y amplitud de la imagen) que se va acercando a los individuos que nos interesan.

Aunque el trato con sus clientes es también muy interesante, lo que más me ha gustado es su obsesión. Sus dilemas. Y su locura al escuchar lo que ocurre en la habitación de al lado del hotel. Me encanta cómo culmina esta escena. Esta forma de mostrarnos hechos desde la perspectiva de alguien que obviamente no se aleja de la paranoia. Se nos cuenta el asesinato que ocurre en la habitación de al lado con una indefinición que no descarta que todo sea una construcción de su mente. Me gusta mucho el diseño sonoro del momento en el que finalmente ve la sangre en la mampara de cristal que separa ambos balcones. Un sonido estridente, punzante. Una materialización sonora sorprendentemente precisa de lo que es la ansiedad sobrevenida.

Por supuesto, la máxima expresión de su personalidad: la última escena. Resulta casi desgarrador ver cómo alguien transgrede todo lo que le conforma por su obsesión. Hemos tenido varios planos muy caóticos, de destrucción absoluta de su apartamento. Cuando por fin lo único que le queda por romper es la figura de una virgen el plano se sostiene y tenemos unos segundos de silencio antes de golpear la figura con violencia.

Tremendo el momento que una mujer está dispuesta a pasar la noche con él. Pero él se enfrasca en su trabajo, negando al resto del mundo. Despreciando a esa mujer que se le acerca casi doliente por verle así.


viernes, 4 de julio de 2025

GUMMO

Dir.: Harmony Korine
1997
89 min.

Resulta incómoda. Quizás las imágenes más crudas sean las de maltrato animal. Pero realmente esa tortura no se nos presenta ante la cámara. Podemos distanciarnos de lo que vemos. El cadáver de un gato colgado de una pata y con los ojos sacados de sus cuencas se percibe fácilmente como un intento de escándalo. De buscar lo tétrico. Pero no se nos ha puesto ante nosotros la crueldad. Sí me resulta tremendamente incómodo ver cómo esos niños se drogan con pegamento. Conocemos los antecedentes de Harmony Korine y su falta de escrúpulos. A mí no me cabía duda de que esos niños estaban drogados.

Está claro que lo que se busca es mostrar la parte más sucia de la sociedad estadounidense. Como todo está mostrado con cotidianidad uno podría tener la tentación de obviar intencionalidad en la mirada de la cámara. Pero desde las primeras imágenes hay una búsqueda por lo incómodo. No le basta con que un chico, helado de frío y con orejas de conejo rosas fume a una edad muy temprana. La cámara se asegura de mostrar el cigarrillo y el pecho pelón del chico.

Por lo sucio de la imágenes, por lo soez de muchos de sus personajes es fácil acordarse de “Pink Flamingos (1972)”. Me resulta desgarrador ver los niños que viven en casas atestadas de basura, de desorden, ropa por todas partes y, en el peor de los casos, bichos que salen de detrás de los cuadros. La propia arquitectura estadounidense, la pobreza en sus construcciones facilita percibir todo aquello como algo precario. Cuando un niño con las piernas llenas de picaduras juega a mover los cuadros, de detrás del retrato familiar salen muchos bichos asquerosos. Esto desemboca en la terrible imagen del niño tratando de matar a los bichos con el retrato de su familia.

Hay una escena terrible en la que unos adultos beben y terminan jugando a romper las sillas. Ellos son desagradables está claro, pero lo que me resulta desolador es cómo está toda la habitación sucia, con manchas de tomate por las paredes. Es repugnante. También es asquerosa la escena en la que el niño protagonista (siempre tan desagradable de mirar) se baña en un agua marrón. Realmente la madre de este niño es de las personas más tiernas de ese vecindario. Come unos espaguetis con un aspecto repugnante mientras su madre le lava el pelo y deja caer la espuma sobre la comida. Él engulle una chocolatina que se le había caído a semejante ciénaga y cuando aún no ha terminado de tragar vuelve a meterse los espaguetis en la boca.