viernes, 25 de abril de 2025

MEMORIAS DE UN CARACOL

Dir.: Adam Elliot
2024
94 min.

Tristísima. Si se me describiera el argumento probablemente cogería manía a la chica protagonista y narradora. Una persona apocada, que se recluye en una colección de toda clase de objetos con forma de caracol para recluirse en un mundo que le da miedo. Sin embargo no la vemos sufrir por su impotencia. Por muy vacía que nos parezca la vida que ella pretende vivir en su constante lectura y dedicada a la animación stop-motion, es lo que ella quiere. No percibimos esos deseos de ser alguien completamente distinto que normalmente caracterizan a personajes frustrantes. Tampoco nuestros protagonistas están envueltos en tragedias absurdas contra las que no pueden luchar. La decisión burocrática de separar ambos gemelos, cada uno en una punta del país podría tener este carácter incómodo, pero se despacha esta situación con un efectismo que nos impide reflexionar sobre ella y la lágrima aflora por primera vez.

Aunque se juega con tragedias muy radicales creo que tiene la habilidad de no hartarnos. Cuando vemos la recurrencia del alcoholismo del padre de los protagonistas nos tememos que este tema aparezca recurrentemente a lo largo de la trama. Al fin y al cabo era un drama que ya se había explorado en “Mary and Max (2009)”. A este hombre además se le planta una ludopatía y una tetraplegia. Pero por suerte se le mantiene como un personaje entrañable y que tampoco dura mucho como para que nos cansemos de sus miserias. Al gemelo menos apocado es al que se le da una vida más dura. Por supuesto ella no es que tenga una vida feliz, pero quien debe lidiar con un maltrato psicológico muy severo es un chico que se nos ha mostrado capaz de tener respuestas violentas ante la injusticia.

Esto con respecto a lo trágico, pero lo violento creo que hay un momento que sí que llega a sitios un poco sádicos. Me refiero al momento de la terapia de conversión para curar al chico su homosexualidad. Entiendo que el motivo para reflejarlo así sea para proporcionar una escena catártica, una venganza contra los extremismos religiosos. Aun así, como se nos ha prometido la muerte de ese chico resulta un poco obsceno ver tan en detalle esa electrocución.

Los personajes positivos son muy reconfortantes de ver en pantalla. Tras escribir esta frase me doy cuenta que sólo puedo hablar de Pinky, la ancianísima de vida trepidante y única amiga de Grace. Me gusta muchísimo la bondad de este personaje. Me gusta que le deje una enseñanza póstuma a nuestra protagonista. A pesar de ver con claridad que ella está tomando decisiones lamentables en su vida, como es su amiga la deja que actúe a su criterio.

El final de esta película es también muy bonito. No termina en un gran triunfo. Ninguno de los dos tenía sueños particularmente grandiosos y ninguno de los dos consigue un éxito abrumador. Consiguen un reencuentro que, por lo que se nos ha prometido en la narración, es milagroso. Pero ella llega a realizar su primer proyecto como cineasta de animación. Un proyecto que es paupérrimo, pero que es lo que ella quería hacer al fin y al cabo. Nos acordamos de esa humildad y entusiasmo con el que se enfrenta delante de su padre a esa tediosa tarea de mover un muñeco por encima de una mesa para ir tomando cada fotograma.

Con respecto al humor negro que ya veíamos en la anterior película aquí funciona muy bien. Me gusta la explicitud con la que se habla de sexo. Quizás en la anterior siempre que se entraba en estos temas por la edad de una y por la discapacidad del otro siempre parecía un poco incómodo que se hicieran según qué referencias. Aquí por ejemplo me ha hecho mucha gracia el momento en el que juntan a los dos caracoles en un tarro y todo el cristal se mancha de un fluido blanco.

La película en general es oscura, pero con una iluminación que suele marcar la fuente de luz permitiendo que todo tenga mucha textura, que percibamos mucho las sombras sobre el material de los muñecos. Las extremidades tienen mucha más plasticidad, pero en general percibimos las pieles muy duras. Por ejemplo la anciana a la que vemos morir en la primera escena tiene una piel que casi parece de madera. El juez que le regala a la chica una suerte de justicia vital parece más bien de cemento.


viernes, 18 de abril de 2025

FURTIVOS

Dir.: José Luis Borau
1975
99 min.

Áspera. Una España profunda, oscura. Violenta, sórdida, jerárquica. Al infantil gobernador se le trata con respeto por su cargo, sobre todo su madre, más que su séquito, que se resiste a cederle el capricho de matar al ciervo de gran cornamenta. Ella muestra cariño hacia ese hijo que desprecia. Al cazador furtivo le mostrará su desprecio sin complejos.

El personaje de Lola Gaos es de gran fiereza. La voz tomada. Seca. Ojos fríos. Se mueve por la ladera del valle con una agilidad sorprendente para su edad. Ella no es el motor de la trama, pero claramente es el personaje favorito de la película. Ella es la responsable de una de las imágenes más impactantes: todo el trato a la loba que cae en uno de los zeps de su hijo. Primero veremos gemir al animal mientras lo arrastran tirando de la cadena. Tras tenerlo varias horas debajo de la casa encadenado le dará muerte salvajemente con una azada. La escena es crudísima. El montaje es violento en oposición al gusto actual por el sadismo de las cámaras que miran la violencia impertérritas.

Tendremos más sufrimiento animal con las muertes de los ciervos. Ver caer a tan majestuoso animal delante de la cámara ya es impactante, pero verle cómo se le apaga la mirada mientras respira con dificultad sobre la tierra es duro. Toda la agonía sucia en la que Albert Serra descubría cómo se le va la vida al toro en “Tardes de soledad” es infinitamente menos poética que la mirada de este ciervo.

Esta violencia extrema nos hace pensar en “La familia de Pascual Duarte”. La arbitrariedad de la que se ejerce. La falta total de valores. Cómo Ángel deja escapar a quien le deshonra sin garantías de nada. Parece que busque acumular resentimiento para que pueda tener lugar el maltrato rencoroso a su madre. Primero nos escandaliza que quiera acostarse con su novia en el salón mientras su madre duerme en la habitación de al lado. Aquí al él le vemos como un animalillo. A ella, inesperadamente, le oímos decir la frase me estás poniendo cachonda. La escena culmina con el gravísimo momento en el que echa a su propia madre a rastras de su cama. Es una escena terrible, que la usurpadora mira desde el quicio de la puerta esperando pacientemente a que le liberan su hueco en esa cama. Para colmo la escena termina con la pareja poniéndose a lo que iban. Tal es la ceguera que la libido de él le causa.

El otro momento en el que le vemos darse a sus impulsos más bajos es cuando ella se saca los pechos divertida en mitad del bosque. La manera en la que él se arroja a ella es como si fuera un perro.

Hay muchos momentos que parecen imposibles bajo la censura. Por supuesto toda la falta de respeto a su madre. Pero también la parte erótica. Hay una alusión al vello púbico que se repetirá varias veces con los precintos de los paquetes de tabaco que ella colecciona en una lata metálica. La más grave la que introduce el componente del incesto. La madre está feliz por que se haya marchado la chica que su hijo ha traído a casa y ya puede tratar a su hijo como una madre que se asegura que la relación sea de dependencia. Hay una imagen indeleble en la que la cámara mira a través del hueco de la escalera hacia el piso de arriba donde la madre grita al hijo que sale de casa que esa chica no le quiere. Aquí ella está totalmente endiablada. Es espectacular.

Musicalmente tenemos a las Vainica Doble. Es cierto que en general no tenemos un recuerdo de la atmósfera de la película que podamos achacar particularmente a su banda sonora. Pero sí recuerdo haber percibido bastante modernidad en algunos momentos musicales. Esto viste algo las escenas. Porque el sonido es más bien frío. Pero no se da nunca el efecto de desnudez total que ocurría en algunas escenas de “Mi querida señorita (1972)”.

No llega nunca a nada particularmente grave, pero incomoda un poco vista hoy la manera en la que parece buscar excusas para colar imágenes de cuerpos desnudos femeninos perturbadoramente inmaduros. Sí, la chica en teoría es jovencísima, pero la actriz tiene 25 años en este momento. Lo podemos ver sin mayores problemas. Pero parece que no puede evitar meter la cámara brevemente en un vestuario femenino. Casi parece que la intención es dejar deslumbrada a la censura. No se recrea en ello, busca el hito de meter esos pechos pequeños en el metraje. El tropo del erotismo de chicas tan jóvenes diría que es común en el cine de la temprana transición. Permite pensar en “La prima Angélica (1974)”.


viernes, 11 de abril de 2025

LA HORA DEL LOBO

Dir.: Ingmar Bergman
1968
88 min.

Relato de un esquizofrénico. Está narrado por su esposa lo que la posiciona a ella en un lugar mucho más protagonista que el que suelen tener los acompañantes de las personas dementes en la ficción. Todas las obsesiones de él las conocemos a través de ella. Así si él pasa las noches en vela, ella permanece a su lado.

Este insomnio es el punto más fuerte de patología de este hombre. Ello a pesar del despliegue de alucinaciones que tendremos cerca del final. Por la noche, viendo cómo se consumen las cerillas, cómo enseña a su mujer los cuadros de los seres que él imagina; es aquí donde vemos que su enfermedad es grave para quienes le rodean. En este caso, por la soledad de la isla, sólo ella. La mayor preocupación de ella es este dicho de que las personas que viven juntas tienden a parecerse. Ello significaría que ella terminaría viendo las personas que él le describe. Le menciona este tema, pero él no entiende a qué se refiere.

Su ritmo pausado, particularmente en la primera mitad me aburre. Los personajes de la isla podemos deducir que son alucinaciones, pero aún no es evidente. Tiene conversaciones con ellos que no me suscitan mucho interés. Hay un momento en el que se reúne toda la aristocracia de la isla en el castillo para tener una fiesta. Parece una escena casi de Buñuel. Este momento termina con una representación de guiñoles. Esto es lo que se nos dice, pero en realidad vemos a un hombre cantar “La flauta mágica”. En primer término unas velas cuya llama en el cuadro son del mismo tamaño que el tenor. Sobre el supuesto escenario, uno de los actores de mayor presencia. Mayor, delgadísimo, con peinado draculesco y, en general, parecido a Antonio Gala. Aquí creo que podemos reconocer el teatro de “Cabeza borradora”. Hay muchos elementos que podríamos buscar reinterpretados en la filmografía de Lynch, pero creo que es “Cabeza borradora” la heredera más evidente.

La escena del asesinato de un niño es muy intrigante. Hay un terror difícil de concretar. Hay algo extraño en el niño, el hombre parece que tiene clarísimo sus intenciones diabólicas. Por lo menos la música de la escena así nos lo transmite. En esta escena todo está quemadísimo por el sol. Esto contrasta con el resto de las escenas de luz mucho más blanda. Hay un plano en concreto en el que tenemos en primer término al hombre y a su espalda, más cerca de la cámara, al niño. Por el ángulo de la cámara todo el fondo del cuadro es el agua del mar. Un agua que refleja el sol haciendo un patrón casi hipnótico. Los personajes parecen totalmente separados del fondo y éste parece indicarnos la cabeza embotada del hombre.

Con respecto a los otros elementos oníricos, creo que lo más potente es el hombre que con muy alterado, pero muy despacio se sube por las paredes hasta llegar a colocarse de pie en el techo porque tiene celos de la exmujer del hombre. Este tipo cumple el papel de los personajes de Lynch que suelen acompañar a sus protagonistas al mundo onírico.


viernes, 4 de abril de 2025

TARDE DE PERROS

Dir.: Sidney Lumet
1975
120 min.

La película funciona mucho como sucesión de escenas. Algo que contrasta con que todos los personajes estén obligados a mantenerse recluidos en un escenario. Pero claramente la película abre y cierra capítulos. Digamos que pocas veces hay más de un asunto gestándose a la vez. Por ejemplo el guardia jurado que es asmático y del que se deshacen tan pronto como pueden. El capítulo de atender a la prensa y disfrutar de ser el centro de atención. El tema de su esposa transexual… Lo que quiero decir con esto es que no nos termina de llegar esa impresión de que Al Pacino está orquestando todo aquello. Algo que él repite más de una vez: que él está al mando y que se tiene que ocupar de todo.

Los primeros momentos de la película me hacen temer que se vaya a tratar de una sucesión de gags algo tópicos. Basados en el contraste entre la violencia del atraco y la aleatoriedad de la vida cotidiana. Algo como que una empleada se pase largos minutos en el cuarto de baño, que los muebles sean pesados de mover, que no haya el dinero esperado en la caja, que el compañerismo de las cajeras sea superior al miedo que provoca la situación… Por suerte la formidable interpretación de Al Pacino y el paso de las horas son suficientemente atractivas para mantener la fuerza de la escena.

Me gusta que podemos encariñarnos de Al Pacino por su torpeza y por su bonhomía. Pero a la vez, todos los rasgos biográficos que vamos conociendo de él nos lo pintan como una persona violenta y hacia la que sentir rechazo. En algún momento me ha recordado a un personaje miserable como los que podríamos esperar de Woody Allen.

Con respecto a Sal, interpretado por John Cazale, me gusta que se le trate casi como una bestia impredecible. Para empezar es muy bonito ver que repitan pareja estos dos actores después de las dos películas de “El padrino (1972)” y “El padrino. Parte II (1974)”. En su mirada podemos apreciar que es alguien con muchos miedos y desequilibrado. Un católico simple, del cual se hace burla por no fumar para evitar contraer cáncer. Alguien que asusta a Al Pacino. Al principio es alguien más con quien debe lidiar. Casi parece que necesita ir obteniendo cosas del policía para poder mantener a su psicópata tranquilo. Me gusta mucho una frase que se dice sólo una vez, que no se vuelve a mencionar pero que carga la escena de una tensión especial: Sal no puede volver a la cárcel y la alternativa a la libertad es el suicidio.

La interpretación de Al Pacino es espectacular. Sí, puede ser exagerada cuando se pone en plan populista, recordando a las masas episodios de abusos policiales que sabe que le proveen de una cierta protección. El texto en la llamada con su esposa quizás no es brillante. Pero su manera de recitarlo es una gozada. Me gustan su inglés estropeado, me gusta su naturalidad…

La policía me gusta porque tampoco te puedes encariñar mucho de ella. Por supuesto los agentes ordinarios son personas atemorizadas y con gusto por apuntar con el arma. Me gusta que el agente gordo encargado de la negociación al principio no caiga en estereotipos. Es algo torpe, pero no es tonto. Engaña en cuanto puede al atracador y sin embargo trata de mostrarse siempre con mucha sencillez. En las antípodas está el curioso rostro del hombre del FBI, James Broderik. No sé se podrá responsabilizar enteramente a su cara o la forma en la que la cámara le mira tendrá también algo que ver. Pero mantiene siempre una actitud casi de distanciamiento con la situación. Una media sonrisa al ver todo lo que hace su compañero, que él trata como rival…

El asunto de la homosexualidad del protagonista tiene algunas cosas interesantes. Para empezar nunca se usa como excusa para ennoblecerle. De hecho sería muy tentador haberle dibujado maltratador con su esposa heterosexual y como un hombre cariñoso en su matrimonio gay. Sin embargo es violento con las dos parejas. No deja de ser llamativo que pase de ser vitoreado cuando se enfrenta a la policía a ser abucheado en el momento que su homosexualidad se publica. También se le usará como icono de la lucha por los derechos gays. Hay en ello algo que me recuerda a “La cabina (1972)”. Como si fuera un espectáculo, alejado de la sociedad y que la gente decida apropiarse de si situación para sus propios intereses.

Muy interesante y ácida la conversación que tiene por teléfono con el presentador de telediarios. Ahí él le pregunta que por qué atraca bancos. La reacción de Sonny en este momento es genial. La pregunta le parece absurda: aquí es donde está el dinero. Entonces desde el noticiero tratan de convertirlo en una víctima del sistema o bien en un parásito social. El atracador muerde donde duele al deslegitimar a este hombre encorbatado de vender la miseria social como un espectáculo cobrando lo que cobra.


viernes, 28 de marzo de 2025

EL AMOR EN SU LUGAR

Dir.: Rodrigo Cortés
2021
103 min.

Una visión académica de “Birdman”. A aquella se le alabó el uso del plano secuencia para representar el caos de las tramoyas de un teatro, pero se le criticaba que se utilizara durante toda la película. Aquí tenemos planos secuencias cuando se recorren los pasillos del teatro y desaparece cuando nos metemos en escena. Sin embargo la película explicita el plano secuencia en su inicio. Empieza con la cámara fuera del gueto. Atraviesa de forma imposible los cables del tranvía y salta el muro. Seguiremos a la protagonista hasta que logra entrar al teatro. Ya dentro del teatro cuando por fin han terminado los títulos de crédito desaparece el plano secuencia.

A pesar de ello, los movimientos de cámara se vuelven más artificiales en esta película. Especialmente al final, según aumenta la tensión (que no es tanta como el montaje pretende) la cámara empieza a hacer acrobacias que parecen sacadas de Gaspar Noé. En general hay muchos trozos de película donde el montaje es demasiado rápido para llegar a ver a los actores.

Y digo ver por compasión. Porque entre los pasillos del teatro no se ve nada. Es algo intencionado porque la idea es dejar dos únicos lugares con luz en el helador gueto: el camerino donde hay una niña cuyo trabajo es añadir melodrama a la trama y el escenario. La luz del escenario busca que nos creamos los rótulos iniciales de la película, que nos aseguran que esos actores podían hacer olvidar al público que estaban en el gueto. Malamente nos podemos creer esto cuando el teatro es asaltado por soldados alemanes.

El caso es que por si esta idea no había quedado clara a lo largo de la película, la mujer más veterana del grupo teatral echa un discurso al público. Grita de forma desmedida que la actuación es lo que ellos son. Es una actitud que no cuadra con el descreimiento de este personaje que habíamos visto hasta entonces. Si no fuera por el drama de la huida del gueto del novio de la protagonista y su hermana pequeña, esta escena sería directamente ridícula.

Con respecto al triángulo amoroso que está montado en la compañía está el hecho de que se refleje en la propia obra, no muy interesante. Con respecto a este cruce de realidad y ficción es mucho más estimulante que en los créditos aparezca como autor de las letras quien, en la película, es el escritor de la obra de teatro que interpretan. El mismo dilema de si dejar ir a la persona a quien amas a cambio de salvar su vida me parece muy poco interesante, por lo menos en la manera frenética en la que está presentado.


viernes, 14 de marzo de 2025

BLOW-UP (DESEO DE UNA MAÑANA DE VERANO)

Dir.: Michelangelo Antonioni
1966
108 min.

La parte obsesiva me ha gustado mucho. Tampoco es la que consume la mayor parte del metraje. No seré original aquí: recuerda a “La conversación (1974)” y a “Tren de sombras (1997)”. Me gusta mucho cómo descubre cosas de la absoluta nada. La fotografía que él mira obsesivamente está inequívocamente vacía. No es tras muchísimo tiempo que logra adivinar las figuras que él necesita para construir una historia en su cabeza. Se hace explícito el paralelismo con la pintura abstracta. Aunque no tenga ningún referente, tras mucho mirar la cabeza humana completa para darle un sentido.

El momento en el que descubre el cadáver es muy onírico. No sabría especificar en qué sentido, pero me ha recordado a “Terciopelo azul (1986)”. La escena es oscurísima. La noche es cerrada. Pero el césped tiene un verde brillante que llama mucho la atención. En cierta manera me ha recordado al jardín de “Men (2022)”.

La escena extrañísima del concierto de rock me recuerda en cierto sentido a “¡Jo, qué noche!”. Llega a un lugar que resulta muy ajeno. En el escenario la música es salvaje, pero tampoco tienen una actitud destructiva… hasta que uno de los bafles deja de sonar como debe y un guitarrista arremete a golpes. El público hasta entonces estaba impasible. Nadie baila. Miran inmóviles, como esperando algo que les resulte estimulante. Entonces se abalanzan hacia el escenario para conseguir trozos de la guitarra que se acaba de romper. Es como si la acción dentro del concierto siguiera sus propias reglas y el protagonista aparece ahí, como un extraño en ese mundo.

El personaje protagonista en su presentación es insoportable y, además, tampoco ocurre nada que me interese demasiado en estos momentos. Más adelante tendrá otra escena en la que se olvide de su investigación y deje de ser introspectivo y revele de nuevo esa personalidad prepotente, despótica y dominante. Me refiero a la extraña escena con las dos chicas frívolas que quieren que él las fotografíe. En esta escena vemos poco menos una agresión sexual. Las dos chicas retozan sobre el papel que utiliza como fondo de fotografía. Juegan a quitarse la ropa… Antes de esto ya habíamos visto a la mujer protagonista de las fotos en cuestión desnudarse porque asume que es el precio para conseguir algo de un hombre poderoso.

La escena de las dos chicas termina de una forma bastante ridícula y creo que la película busca mostrar esta escena con intensidad. Tras presumiblemente haberse acostado con ellas le llega la claridad tras la eyaculación y su mente se pone a fabular asesinatos donde sólo hay una relación extramatrimonial. Pero esta manera tan masculina de abandonar el lecho para sumirse en sus propios delirios es irrisoria.

Con respecto a la imagen icónica en la primera sesión de fotografía… Personalmente soy incapaz de prestarle atención a la delgadez extrema de la modelo. Por lo tanto, todo ese erotismo que pretende crear, no me apela demasiado. Aquí de nuevo tenemos otra conducta agresiva por parte del fotógrafo que se permite tocarla, besarla… La composición celebérrima de ambas personas en el suelo entiendo que muestra esa dominancia de él hacia su modelo a la vez que él mira a través de la cámara con avidez.

Me gusta también la última propuesta, la última escena en la que un grupo de mimos fingen un partido de tenis y él se queda fascinado. Es un momento muy poderoso precisamente porque a la cámara no le tiembla el pulso. Se mantiene mirando lo que ocurre y ellos no parecen tener mucha prisa. A la vez es una forma bastante pretenciosa de terminar la película.


viernes, 7 de marzo de 2025

NOCHE Y NIEBLA

Dir.: Alain Resnais
1956
32 min.

Es impactante. Una narración muy cruda. De poca poesía, como acostumbran las voces en off de la Nouvelle Vague. El texto no se recrea en el terror. Quizás hacia el final, cuando se trata de cómo se aprovechan los restos humanos como materia prima el texto se vuelve más terrorífico. Pero la tónica general no subraya lo que vemos en la pantalla. Esas imágenes ya son suficientemente terribles.

Quizás lo que resulta más indeleble sean las montañas de cadáveres. Tanto esos sacos de huesos que caen a las fosas comunes empujadas por un bulldozer como los planos detalle en los que vemos los rostros de los cadáveres. Rostros de piel tensa, huesudos, algunos incluso a los que les podemos ver las cuencas vacías. Estas imágenes se acompañan con una música clásica y pacífica. Así descrito uno podría pensar en la clase de crueldad típica de Lars von Trier, pero el efecto dista mucho de ese cine.

Creo que lo que resulta más insólito en el metraje de esta película es la claridad de las imágenes. Nunca se entrevén las cosas. O se ven con claridad en imágenes, fijas o no, de la época o bien se sugieran con imágenes en color de los campos abandonados. Por ejemplo las famosas duchas aparecen solo en color en la actualidad. Los prisioneros a punto de morir no aparecen, pero las imágenes que se intercalan tienen tanta fuerza que hay que hacer una reflexión consciente acerca de qué hemos visto y qué se nos ha sugerido.

Hay datos que conocemos del holocausto y que estamos hartos de oír. Pero aún así aquí se describe la vida en el campo de una manera tan desoladora que nos hunde. Ello a pesar de que no oímos nada particularmente novedoso. La psicopatía de los nazis es lo de menos. Ellos no son el gran terror del campo. Lo terrible son las penosas condiciones en las que nadie querría sobrevivir.

Entiendo que por la cercanía de los hechos puede ser muy poderoso que se señale que en los Juicios nadie se considerara responsable. Hoy en día nos resulta el comentario típico que se hace de todo aquello.