viernes, 12 de mayo de 2023

EL SOPLO AL CORAZÓN

Dir.: Louis Malle
1971
115 min.

Sería demasiado generoso decir que es una película sobre la iniciación a la vida adulta. Su tema principal es la iniciación a la sexualidad masculina. El desvirgarse del protagonista acarrea una moral que ejercer en su madurez. Así por ejemplo el cura de su colegio le impone una penitencia altísima por haberse masturbado y segundos antes le ha estado manoseando el muslo.

Laurent descubre las infidelidades de su madre. Por la época en la que está hecha la película esto apela de inmediato a la moral burguesa de una sociedad biempensante. Se avergüenza de lo que hace su madre. Pero parece que esto le da igual siempre que ella le preste el suficiente cariño a él. Cuando más llamativa es esta contradicción entre la imagen que debe dar una familia de bien y sus acciones reales es precisamente al final de la película. Cuando el padre descubre que su hijo menos se escabulle por las noches de su habitación para dormir con otras chicas. Ahí toda la familia ríe y prácticamente le falta al padre decirle a su hijo muy bien chaval y colocarle un puro en la boca.

Me gusta de la película lo incomodísimo que puede resultar para alguien de la edad de su protagonista. Él por su edad se cree el rey del mundo. Cuando una chica lo rechaza, él prefiere pensar que ella es lesbiana. Por supuesto la película no pierde la oportunidad de hacer que la madre de ella, burguesa, lo oiga para poder escandalizarla. Tiene esta pedantería que veíamos en “Academia Rushmore”. A él le sirve para darse un aire de madurez y para que las chicas le escuchen encandilado. Una intelectualidad que casi podemos reconocer en Woody Allen, pero con una cierta elegancia francesa que no tienen en Estados Unidos. Como digo me parece que quien se pueda ver identificado con esta temprana adultez, tendrá que salir despavorido al ver que ese homúnculo termina acostándose con su madre por querer ser amo y señor de cuantas mujeres tiene a su alrededor.

Entiendo que la ligereza de la madre que tanto ofende al hijo está relacionada con que ella sea italiana. Esa jovialidad que la hace bailar con varios hombres, tener amantes y decir que, simplemente, tiene una forma especial de querer. Ella de hecho deja a un amante porque le exige que deje a su marido. Esta conversación la escucha Laurent. Él se queda en el balneario donde se trata su enfermedad cardiaca verdaderamente abandonado. Lo que hace a continuación es une escena intrigantísima. Coloca la ropa interior de su madre en la cama para dibujar su silueta. Él se pone sus joyas y delante del espejo repite la conversación que los dos adúlteros han tenido unas horas antes. Entre estos dos personajes hay una escena que me resulta divertida. Mientras ambos yacen Laurent escucha en la radio el Tour de Francia (¿hay algo que te convierta en adulto más drásticamente?). La película utiliza la llegada a meta de una etapa de montaña como alegoría del éxtasis sexual que se vive tras el tabique.

La primera escena incómoda que vemos es el momento en el que los hermanos de Laurent se presentan en su habitación, uno de ellos travestido para hacerle rabiar. No recuerdo cómo se las apaña la escena para terminar así, pero la situación desemboca en los dos hermanos mayores midiéndose los penes. Esto ocurre bastante al principio de la película. Me parece una forma de dibujar la sexualidad masculina de esa edad muy representativa.

Para hacerla aún más incómoda si cabe, en la escena en la que madre e hijo consuman ella está borracha. No sé si es un recurso de la película para que ella esté en una mejor posición moral. Desde luego hoy en día sí que posiciona al hijo bastante peor. Es cierto que lo máximo que vemos aquí es a Laurent besando apasionadamente el escote de su madre, el resto va en elipsis. Pero sí hemos visto algo mucho más explícito cuando sus hermanos le llevan a un prostíbulo para que se desvirgue. Es un momento bastante incómodo. No tanto por la corta edad de él, sino por el infantil cuerpo que ello implica.

La parte que menos me interesa de la película es aquella de los primeros días en el balneario. En la que madre e hijo viven casi como enamorados, aún sin llegar al plano sexual. Es un tramo en el que el hijo se dedica básicamente a granjearse un enemigo masculino con el que disputarse los favores de su madre. Al contrario que otras masculinadas que Laurent hace de forma torpe, ésta es tan ruin que no dista mucho de cómo se comportarían realmente dos machos peleando por su hembra.

El componente izquierdista de la película está apuntado de una manera divertida. Mientras que los tres hijos tienen ideas anticoloniales, pidiendo la retirada de las tropas de Indochina, tienen un servicio al que tratan con el menor de los respetos. Los tres hijos se comportan como déspotas en su casa cuando no está su padre. Venden un cuadro cambiándolo por una falsificación. Se acaban el vino de su bodega. Persiguen a la asistenta… Es esa forma de estar en el mundo tan patriarcal en la que sólo se muestran respeto entre hombres; hombres que se hayan ganado este estatus.


viernes, 5 de mayo de 2023

20.000 ESPECIES DE ABEJAS

Dir.: Estibaliz Urresola Solaguren
2023
129 min.

Es una maravilla. El tema de la transexualidad está tratado con complejidad. Los personajes tienen todos posiciones muy razonables. Poco estereotipados. Las situaciones difíciles a las que se enfrenta no están diseñadas para hacerle la vida más dramática, sino que son el reflejo de problemas reales a los que una persona con disforia de género puede enfrentarse.

Todo ello con unas interpretaciones de un realismo inaudito. La interpretación de Sofía Otero es profunda a unos niveles inesperados. La naturalidad con la que salen las palabras es enorme. Su capacidad para los cambios de emociones es asombrosa. No estoy diciendo que sea una genial interpretación infantil, la estoy valorando en términos absolutos. Sus líneas encuentran las réplicas de Patricia López Arnaiz con un diseño del personaje de un realismo radical. Un personaje que no oculta su edad, su cansancio. Que sonríe a sus hijos y bajo cuyos ojos podemos percibir su preocupación por no ser una buena madre. Es tal el grado de perfección interpretativo que al ver, por ejemplo a Eneko, un papel correcto, pero sin esa realidad tan infrecuente, parece por contraste una mala interpretación. Algo parecido ocurre con Gorka, el padre. Este hombre ha estado ausente casi toda la película. Cuando le vemos aparecer, con ideas distintas a las planteadas, ajeno a lo que ha ocurrido durante toda la trama y con un menos radical estilo interpretativo, parece un personaje que no termina de empastar con la película.

Tales interpretaciones, tanto sufrimiento, tanto amor y tanta complejidad en las situaciones nos dan muchas escenas en las que la lágrima está al acecho. Hemos empatizado tanto con los personajes que tan sólo ver la inmensa felicidad de Lucía al verse en el espejo, vestida con vestido blanco, con falda y un lazo rosa nos desarma por completo. Esa niña es feliz con un acto rabiosamente sencillo. Es un momento que comparten madre e hija con una alegría íntima total. Todas las cosas que no entiende. Esa frase desesperada en la que dice: ¿Por qué tú sí puedes saber lo que eres? Cuando se enfada con su madre por haberla llamado Aitor. Cuando estando con su esotérica tía-abuela habla de sí misma por primera vez en femenino. La madre tratando de hacer comprender al padre la situación y diciendo con voz quebrada que ha traído por primera vez a una amiga a casa, ahora que su amiga la reconoce como femenina. La felicidad y naturalidad con la que en un panal se identifica con la reina

Tal es el grado de implicación, que incluso me trago la última escena, a pesar de ser la menos orgánica, la que está más preparada, la más teleológica. Todos los invitados al bautizo gritan por los montes Aitor. Primero su hermano Eneko y después su madre empezarán a gritar Lucía. Desde que empieza la escena podemos prever este momento. A pesar de verle las costuras, conserva toda su carga emotiva. Lo que quizás ya resulta demasiado místico es cuando tiene su bautizo simbólico ante las colmenas de abejas. Se nos ha contado antes que cada vez que alguien nacía o moría, sus antepasados iban a las colmenas a informar a las abejas. De esta manera se pone el punto y aparte en la vida de nuestro protagonista. Lo que sí me parece interesante es que se pone distancia con la idea de la muerte en el proceso de transición. A las abejas les explica que nace Lucía, no que muera Aitor.

La película tiene también un aura propia de su tiempo. Me refiero a ese amor por lo rural. Esa idea de volver a las raíces. Mucha relación intrafamiliar… Mucho niño corriendo por el bosque. Hijas que echan en cara a sus madres la relación que tuvieran hace décadas… Tienen una conversación enfrentando dos visiones, una conservadora y otra más progresista; en la que además la parte conservadora está colocada en un lugar e carga negativa por no apoyar la carrera artística de su hija… No liga bien con el resto de la película.

Me gusta una idea que se menciona, pero no se desarrolla. Se hace una crítica al hombre artista. Y, sobre todo, se reivindica a la mujer del artista, que pone la infraestructura necesaria para que el autor de la obra pueda tener reconocimiento. Así, la mujer es quien lleva una innumerable lista de tareas posible para que marche la empresa del escultor. Además se juzga duramente al hombre que, en ese ambiente conservador, poseía entre sus documentos fotos de sus modelos desnudas, lo que generaba habladurías en el pueblo manchando la imagen de su mujer.


miércoles, 3 de mayo de 2023

BEAU TIENE MIEDO

Dir.: Ari Aster
2023
179 min.

Realidad, ficción, fantasía y obsesión se funden. La película se vuelve muy libre porque nada tiene más consecuencias de las necesarias. Precisamente por esto cuando la película empieza a dar rienda suelta a una imaginación descarrilada muy bien lo tiene que hacer para que nosotros le acompañemos, porque en el plano siguiente, nada de lo que ha ocurrido tiene por qué ser real. Eso la película lo suele sentenciar con alguna sensación de ridículo. Pero es muy difícil que se gane nuestra complicidad dada la solemnidad con la que cuenta todo.

De lo peor que tiene la película es el padecer de Beau. Es un personaje al que, durante mucho tiempo, sólo le pasan cosas. Nunca tiene un poder de decisión y eso me exaspera. Y encima no me puedo enfadar con la película porque está justificado por su característica pregunta ¿Qué debo hacer? La madre sobreprotectora de su infancia le ha impedido actuar según su conciencia y todas sus decisiones estaban subordinadas a evitar que su madre se enfade. Pero me exaspera tantísimo ver a Beau en la casa de la familia americanísima como un pasmarote mientras le pasan toda clase de cosas…

La resurrección de la madre y los delirios que vienen después casi son el momento en el que mejor me lo paso. Porque ahí la película asume el dislate absoluto. Es también el único momento en el que yo tengo miedo. Aparece el excombatiente de Venezuela con estrés postraumático, quien le lanza un puñal a modo de arte marcial. El puñal, en vez de clavarse, le golpea con el mango. Algo que debería ocurrir mucho más a menudo en estos lanzamientos. La figura que representa a su padre es un pene gigante. Su madre desde niño le ha inculcado un terror al sexo con el relato de la muerte de su padre. Un relato que en este punto poco importa que sea cierto o no. Porque todos los momentos en los que ello tiene relevancia no tienen ningún tipo de verosimilitud. ¿Cómo su amada de la infancia decide hacer el amor con él? ¿Por qué se muere? La consecuencia más directa de este trauma es que Beau no ha eyaculado en su vida. El chiste se materializa en unos testículos anormalmente grandes que intuimos cuando se da un baño y vemos en su esplendor haciendo el amor con Elaine. Después de “Todo a la vez en todas partes” no nos sorprende la zafiedad de A24 al hacer chistes.

Ari Aster hace este acto de soberbia de mostrar los momentos de mayor depravación moral como si no fuera nada todo aquello. Por supuesto la muerte de la niña por intoxicación de pintura, la mujer hispanoamericana que se deja decapitar a cambio de muchísimo dinero… El elemento de la decapitación se repite de “Hereditary (2018)”. También de esa película tenemos las escenas que renuncian al fotograma cuadrado y rellenan todo lo que está fuera del decorado de negro. Ocurría en la caseta de “Hereditary” y ocurre con la escalera que da al desván de esta película.

El psiquiatra que trata a Beau me ha evocado dos elementos de David Lynch: dos personajes de “Twin Peaks”. Por la manera en la que ríe, por pura maldad, cuando la madre está destrozando a Beau me recuerda al enano de “Twin Peaks” pero también me hace pensar en el hombrecillo extraño que acompaña a Audrey Horne en la tercera temporada.

Todo el juicio final, el cual no me interesa en absoluto me hace pensar en el muchísimo más imaginativo juicio con el que acaba “Pink Floyd: El muro”. Las acusaciones que le presentan son o bien recuerdos de su infancia con los que no podemos empatizar ya; o bien cosas que más o menos nos imaginábamos que le torturaban.

La primera parte de la película supongo que es un intento de Ari Aster de enfrentar a quienes compararon “Joker (2019)” con “Taxi Driver (1976)”. ¿Querían una sociedad decadente? ¡Aquí la tienen! A pesar de toda la drogadicción y violencia que se nos muestra, diría que lo más escandaloso es aquel chico que graba a un desquiciado en la azotea de un edificio y explica: estamos intentando que se tire. También hace hervir la sangre cómo Beau huye desnudo de un hombre con un puñal y tiene la mala fortuna de cruzarse con un policía que proyecta todo su miedo contra Beau y le amenaza con dispararle.

Repito una vez más que no importa qué es verdad y que no. Pero yo diría que Beau nunca llega realmente a casa de su madre. Me parece muy extraño que la escultura gigante, de una madre panóptica, idéntica a la figurita de porcelana que compra en un puesto de la calle sea otra cosa que una trasfiguración de esa figurita.

La película tiene otros dos episodios. Y me parece justo llamarlos así porque de verdad se preocupa de que la relación entre ellos sea nimia. Me refiero al relato de animación y a las escenas en las que Beau es un niño. Realmente es un niño con la cara difícil de mirar, como la protagonista de “Hereditary” o el niño de “Men (2022)”. La escena de animación sí me interesa algo más por entretenida. Diría que parece reírse de quien espera cosas complejas de esta película. Se cuenta una historia que nada tiene que ver con Beau pero que la narración pretende identificar con él creando una especie de bucle temporal del todo insostenible. Para el espectador que esté tratando de descifrar la hermenéutica que está viendo con apenas una frase se le desmonta todo el chiringuito.


viernes, 28 de abril de 2023

VIVIR

Dir.: Akira Kurosawa
1952
143 min.

Su segunda mitad dialoga fuertemente con “¡Qué bello es vivir!”. Es su segunda mitad la que tiene un mensaje más definido por lo que resulta fácil que la atención se desvíe a este segmento. Sin embargo creo que la primera mitad tiene mucha más carga emocional y más poder visual.

En el optimismo de su segunda parte parece que las buenas acciones se consiguen con buenas intenciones. Que se puede sobrepasar la burocracia y la corrupción política sólo poniendo buena cara e insistiendo hasta que la humanidad de tus superiores les haga ceder a tus peticiones. El protagonista no traza un gran plan. No moviliza a masas de personas que creen un escándalo político para que la alcaldía oiga sus ruegos. Lo único que hace es conocer la estructura funcionarial. Y digo la estructura, porque no es que se aproveche de recovecos burocráticos. Él solo sabe a quién tiene que acudir y acude una y otra vez hasta que le aprueban el modesto proyecto que mejorará la vida de la gente.

Lo que sí hay que concederle a la película es que nos muestra la escasez de la voluntad de hacer las cosas bien. Es muy potente el contraste entre sus compañeros de trabajo llorando borrachos en el velatorio, jurando que van a convertirse en mejores personas y en la siguiente escena la oficina del ayuntamiento delega todo a otras oficinas para nunca conseguir nada.

El retrato del héroe que construía Capra tenía una especie de dignidad del hombre americano que no deja cabida a la sumisión y la actitud reverencial de mártir que tiene este personaje. Entiendo que traten de conmovernos, pero, sinceramente, la cara de pánfilo con la que mira al alcalde mientras éste le da la espalda para reunirse con sus colegas que hablan de geishas es ridícula. La imagen quijotesca en la que un simple hombre se enfrenta a los grandes poderes (como en “Caballero sin espada”) ya estaba más que construida por su avanzada edad y por su pronta defunción. Hay que señalar cómo estos elementos lacrimógenos que en una película estadounidense habrían sido mucho más burdos aquí se utilizan bastante mejor.

El montaje en el que se nos muestra cómo Watanabe se ha desvivido por su hijo y ahora recibe su desprecio me gusta mucho. Es cierto que no me gusta nada el trato que recibe del hijo al respecto de la joven amante que se echa. Si el conservadurismo inculcado por los mayores ya me cuesta de asumir, al revés es insoportable. En este conflicto familiar me gusta la idea que plantea la amante de Watanabe: no puede culpar a su hijo de no agradecerle un trato que él no ha pedido.

La secuencia que más impacta a todos los niveles es en la que sale de fiesta con un hombre que conoce en un bar. Está en un momento vital en el que quiere fundirse todo su dinero para disfrutar de la vida con un hedonismo que hasta ahora no había conocido. El diálogo que tienen ambos hombres en la taberna es una maravilla. Me encanta cómo rara vez se están mirando el uno al otro. Cómo tienen esa conversación de un existencialismo pesado casi hasta el ridículo. Los rostros de ambos personajes adquieren en el cuadro todas las posiciones imaginables.

Me encanta cómo se mueven por la noche llena de gente. Hasta acabar en una sala de baile. No cabe nadie. El único trozo de suelo que vemos es el escenario ajedrezado alrededor del pianista. Espacio que se cubrirá también por la banda de vientos metales. El personaje que acompaña al protagonista lo interpreta Yūnosuke Itō. Es una maravilla ese rostro fantasmal (con razón se atribuye el papel de Mefisto). Ambos rostros, con todo su patetismo, crean una gran estampa cuando Watanabe empieza a cantar con voz grave y temblorosa “La vida es corta”. Creo que en este punto de la película viene mucho más a cuento esta letra de tempus fugit que cuando se repite más buscando la lágrima en el famoso columpio bajo la nieve. En su primera aparición el tipo realmente está descubriendo los placeres de la vida que se había perdido. Por eso exhorta a una doncella a que se enamore.


viernes, 21 de abril de 2023

12 MONOS

Dir.: Terry Gilliam
1995
130 min.

Las películas de viajes en el tiempo como estas siempre me producen una ligera desidia. Muy pronto descubrimos que la misión del protagonista ya ha sido cumplida. Esto nos pone en un punto en el que ninguno de los actos de los protagonistas tiene gran importancia. Nada va a cambiar su destino. Por tanto, debe haber algo mucho más fuerte que el argumento para agarrarnos a la película. Para mi gusto, esta no lo consigue.

La película destila un estilo muy propio de su tiempo. Hay un dinamismo expresado con la cámara torcida, primerísimos planos, escena sucia… Por ejemplo la estética de los científicos en el futuro… a mí se me hace un poco dura de ver. El lugar está abigarrado. Hay cosas por todas partes. En este sentido la bola con la que hablan con el protagonista está muy integrada con el resto del escenario. Es una bola llena de pantallas, con lupas y cámaras. Fea, pero interesante. Cuando estamos en este escenario en segundo término siempre hay cosas. Hay maquinarias de relojes, un enano cruzando la escena… Igualmente en este escenario ocurre uno de los elementos más disruptivos de la película: cuando los científicos tratan de convencerle de que no son un producto de su imaginación le atan a la cama y le arropan con sábanas infantiles. Un color azul que contrasta con la paleta de colores de la película en general y de la escena en particular.

El 1995 que pinta es bastante deprimente. Tenemos una ciudad estadounidense con el típico vapor que sale de las alcantarillas, las cantidades ingentes de mendigos, caos, edificios abandonados, carteles que se repiten de forma obsesiva… El clima es desagradable como él solo. Cosa estupenda para que gane fuerza el discurso del protagonista, que, a pesar de todo, quiere quedarse en esa época porque hay árboles, estrellas y aire no tóxico.

No está nada clara la postura ecológica de la película. Los ecologistas aparecen como absolutos dementes. Liderados por un Brad Pitt que sostiene un discurso parecido al que después se ridiculizaría de una forma mucho más hábil en “El club de la lucha”. Las personas que vaticinan el fin del mundo aparecen siempre como lunáticos, pero algunos tienen razón. Supongo que el mensaje final es de absoluto pesimismo. Una visión muy posmoderna en la que la verdad no existe. Es imposible saber qué ocurrirá.

Brad Pitt recuerda en ocasiones a Johnny Depp. Se adueña de la escena, tira cosas al suelo… El problema es que la película no parece acompañarlo. Actúa disfrutando de su locura, pero la cámara no parece acompañarlo. Tiene una especie de secuaces que no le entienden, no le apoyan. No tiene ningún sentido que su plan de abrir las jaulas del zoo se lleve a cabo. Sí hay que reconocer el detalle de la bizquera. No es una idea genial, pero está ejecutada de forma excelente.

La película en general es muy contenida. Frisa siempre terrenos escabrosos pero se queda en un terreno de lo seguro. Sobre todo con una narrativa muy convencional. Por ejemplo cuando Brad Pitt enseña el centro al protagonista lo hace con una fórmula súper manida. Me gusta mucho, por el contrario, cuando aparece el proxeneta a pegar a los dos protagonistas. La película por un momento muy breve pierde cualquier control. Entra un tipo al que no se le espere y sin ningún peso en la trama y llama zorra a la protagonista y la tira al suelo de un bofetón; esta es la tarjeta de presentación de un personaje que no dura más de un par de minutos en la película. El protagonista se arranca los dientes. Unos segundos antes hemos visto a un tipo vestido de Papá Noel perdiendo el autobús. Si no fuera por el cromatismo marrón de la película, podría pasar desapercibido. Pero ese traje rojo es muy fuerte con respecto a todo lo demás.

Argumentalmente me interesa muy poco. No me creo que haya una psiquiatra que se dedique a estudiar a los enfermos que se creen profetas. No me creo que, si tan buena es en su campo y tanto ha estudiado para escribir su libro, no reconozca Bruce Willis de la fotografía de la Primera Guerra Mundial. Tampoco me creo el enamoramiento de los dos protagonistas. Hay que admitir que, por lo menos, ella parece estar como una cabra cuando se enamora de él. No me creo que en el futuro envíen a cualquier pobre diablo a estudiar el pasado en vez de ir los propios científicos. El final es muy poco estimulante. Sabemos que estamos en la misma línea temporal. ¿Qué más nos da el encuentro en el avión? No hay nada que se pueda hacer desde el futuro para parar al tipo que iniciará la pandemia mundial…


viernes, 14 de abril de 2023

FELLINI, OCHO Y MEDIO

Dir.: Federico Fellini
1963
140 min.

Todo el mundo de la cultura no tiene sino buenas palabras para esta película. La verdad es que tiene sentido que cualquier creador se sienta reflejado en ella y más aún cualquier director de cine. Pero he de decir que sus temas principales me resultan bastante lejanos.

Como premisa hay un Marcelo Mastroianni haciendo las veces de un Fellini con un grave bloqueo creativo. Se considera “Dolor y gloria” la versión española de esta película y con bastante razón. Sus fantasmas vitales se ven mezclados con su trabajo de director. Obtenemos por tanto un collage de realidad y ficción. Sus problemas como creador se exponen en paralelo a sus problemas como marido. Algunos de ellos nos interesan más que otros.

Su mujer se muere de celos a su lado. Cuando ve en pantalla que pide a sus actrices ser un trasunto de su mujer para remedar sus problemas matrimoniales hierve de rabia. En general él actúa de forma muy patosa. Pero conocemos realmente poco de su historia. Nos cuesta mucho decantarnos por alguno de los dos miembros de la pareja. Hay un muy buen momento en una habitación de hotel. Ambos se van a la cama y discuten. La escena termina abriendo el plano y vemos que están durmiendo en camas separadas: están mucho más separado de lo que podríamos esperar.

Los fantasmas que le rodean mientras él plantea su película son varios. Se oyen voces acerca de las ideologías políticas. Palabras muy propias de los años 60. Esta clase de temas se habían tratado en “La dolce vita”. De igual forma ocurre con la religión. Se pone en constante contacto con clérigos para que le den el visto bueno a sus guiones cuando su intención es criticar a la Iglesia. Es muy onírica esa reunión con un alto cargo en un balneario. Esa pequeña ventana que se abre como una puerta infranqueable y lo único que le dice es que fuera de la Iglesia no hay salvación posible y que no venimos a la tierra a ser felices.

Por otro lado están las mujeres. Un gran punto en toda la obra de Fellini. Se muestran sus primeros amores con una prostituta que admira en una playa junto a sus amigos. Él está vestido con uniforme y capa. Todo el clero responsable de su educación le reprocha enormemente que pierda el tiempo con esto. Pero las mujeres le acompañan toda su vida. Otro de sus amores son las mujeres que le cuidaban de niño mientras se baña en un enorme barril de vino.

Este escenario le servirá para ensoñarse como un director tiránico que debe mantener a raya a todo su equipo y en este caso particular a todo su harem. Hay algo que se muestra con mucho remordimiento y es su forma de relegar a sus amantes cuando llegan a cierta edad. Ocurre que no se necesita que la mujer real llegue a la edad, sino la imagen que tiene de ella.

Hay planos muy muy llamativos como este primero en el que un tipo sale volando de su coche flotando en un atasco. Después cae al agua a plomo. Esta idea es censurada por el crítico por pretenciosa y poco clara. Como director le vemos tomar muy pocas decisiones. Para su película decide conseguir a un marinero que baile claqué al que desprecia enormemente. Manda construir un decorado de varios pisos de altura para un guión que no existe. Contrata a actrices que le seducen sin tener ni una sola línea de su papel. Desea meterse debajo de la mesa cuando los periodistas le acosan a preguntas…

Está muy bien la sensación de ser alguien a quien todo el mundo le exige respuestas. Cómo va de persona en persona en el hall del hotel. Sin embargo nunca le vemos hacer nada competente. Da cierta rabia el victimismo de la película justamente por eso, efectivamente parece que le esté tomando el pelo a sus productores.

La película termina con un maestro de ceremonias muy en la línea circense que le gusta a Fellini, unos payasos tocando una charanga y Marcelo Mastroianni organizando en un corro a todo su entorno incluyendo a su mujer. La película nunca se hace y el crítico sentencia Los productores están para perder dinero.


viernes, 7 de abril de 2023

IT’S SUCH A BEAUTIFUL DAY

Dir.: Don Hertzfeldt
2012
62 min.

El primer temor que me entra al ver la película nace cuando leo que son capítulos. Las películas por episodios funcionan tirando a mal y la película ya había generado en mí una simpatía que no quería ver traicionada por su estructura. Pero no hay motivo para alarmarse: son episodios pero la historia es única.

Es soberbia. Utiliza los recursos del cuadro con una libertad absoluta. La imagen es totalmente expresiva. El dibujo, los flashazos de luz, los sonidos abstractos. El negro puro que rodea las viñetas. El collage de los planos. La repetición de segmentos breves de imagen y de audio. Imágenes nuevas, repetidas y otras imposibles de reconocer consiguen que se difumine el presente y pasado. Esa manera en la que se adelanta la muerte del personaje varios minutos antes de que acabe la película y aún así todavía le vemos en su rutina en varias escenas.

Un dibujo naíf que al principio uno pensaría que se usa para que la película se pueda posicionar en un nivel un poco arrogante, como insensible con lo que narra, termina revelándose una descripción de una manera de ver el mundo. Un mundo distorsionado por una enfermedad mental que le impide fijarse en los detalles de la realidad. Como digo, nunca pensaríamos que el propio medio fuera a ser parte de la narrativa. Cuando por fin el personaje asume que va a morir y entonces siente una fuerza, un amor por el mundo que le hace prestar atención a cada detalle pasamos a tener imagen real. Contemplamos el mundo con la infinita información que cada cosa contiene sin reducirla a trazos.

Resulta crudísima la segunda parte. En ella se nos cuenta toda una estirpe de familiares con problemas mentales tremendos. Me da un poco de rabia que siempre que se habla de la animación adulta se apele tarde o temprano a “Mary and Max”. Pero lo cierto es que el desfile de gente desquiciada que vemos en este árbol familiar recuerda a ciertos secundarios de aquella película. Si bien en aquella parecía que se culpaba a la soledad que generan las sociedades contemporáneas, aquí la crítica parece bastante dirigido a un tradicionalismo religioso. Así por ejemplo la abuela del protagonista cuando llega a la ciudad se dedica a perseguir a judíos.

Hay un chiste recurrente en esta secuencia. A pesar de la fragilísima salud de todos los personajes que muestran de todas las formas posibles su desequilibrio muchos mueren por el atropello de un tren. Es cierto que esta es la parte más cómica de la película, pero igualmente es muy extraño que de forma tan clara se haga una apuesta por un chiste en vez de plantarnos la mitad sonrisa mitad tristeza que tienen el resto de las situaciones.

La parte de las alucinaciones es muy imaginativa. Con una línea narrativa muy firme, que no se va de madre. No se deja llevar nunca por la posibilidad de introducir toda clase de locuras. Esta imaginación brillante parece que es lo que le faltó ver a al artífice de lo grotesco que resulta todo en “Todo a la vez en todas partes”. Como el dibujo es tan agradable de ver, nos quedamos fascinados por el pez que vive en su cabeza, el hombre mosca que espera el autobús con él. Estas imágenes son bastante surrealistas, pero también hay otras imágenes, que se evocan casi siempre en la línea narrada, de corte psicodélico. Haciendo uso de la sinestesia con frases no muy originales, del tipo puedo oír el cielo.

Se nos rompe el corazón cuando se muestra la vida absolutamente derruida que lleva esta persona comparada con las ilusiones que tenía de pequeño. Aún con la enfermedad escondida, sin manifestarse se maravilla por las cosas de su alrededor, por el agua del mar, por la luz. Y tiene grandes ilusiones de lo que hará con su vida. Se concibe la vida como un don, como una oportunidad de hacer cosas maravillosas. Al contraponer esta imagen con, por ejemplo, la pirámide de grapadoras que hace en su oficina, vemos la crudeza de la rutina y lo anodino de la mayor parte de vidas.

Me gusta mucho que se explore lo que sería para alguien sin memoria redescubrir cosas. Quedarse absorto con cotidianidades como la luz que entra por la ventana y las motas de polvo que vuelan en ella. Imposible no acordarse de la bolsa de plástico que vuela en “American Beauty”. En esta película sí hay una clara justificación de por qué alguien se admiraría por algo así. Y creo que, como se ha mostrado lo terrible de su enfermedad mental, no hay riesgo de que la película romantice este hecho. Aprovecho para señalar una vez más la habilidad con la que se juega con el cuadro. Mientras que la escena es blanquísima, el haz de luz es completamente amarilla. Se superpone al resto del plano. Es maravilloso.

En toda la película subyace la idea de que a pesar de toda la crudeza de la realidad, el mundo es un lugar bello. Una belleza que solo se aparece en brevísimos destellos. Frágil. Extremadamente difícil de asir. Cada vez que se la roza un pensamiento cruza nuestra mente. O nuestra percepción está demasiado aletargada como para llegar a fascinarnos con ella. ¡Qué roto me deja ese relato de la madre! Siendo niño iba al colegio a diario con una nota que decía I’m so proud of you. Años más tarde, años después de la muerte de su madre encuentra un cuaderno en el que ella ha escrito miles de veces la misma frase. Para practicar caligrafía para que la nota que encuentra todos los días en su mochila tenga la escritura más bonita posible.