viernes, 12 de septiembre de 2025

THE BRUTALIST

Dir.: Brady Corbet
2024
215 min.

Hay bastante rato en el que la película me interesa poco. Me refiero a todo el tiempo en el que se trata de la vida de un hombre que tiene que rehacer su vida en Estados Unidos. No me interesa mucho la relación con su primo y tampoco me interesará mucho lo que le ocurra a su mujer cuando consiga salir de Europa. Es cierto que se percibe una preocupación de la película por incluir al personaje femenino; por esquivar la crítica típica de que solo se muestra al genio y se deja de lado a las mujer que le rodean en su vida.

Creo que los puntos en los que la película más brilla son todos ellos estéticos, sensoriales. Por ejemplo adoro todo el rato el fortísimo acento de Adrien Brody. Me encantan esas consonantes arrastradas. ¡Qué rabia dará cuando su mecenas diga que habla como un limpiabotas! Una secuencia que la película sabe lucirse muy bien es la del viaje a Carrara. Es una maravilla la música central de la película, con esas trompas apabullantes, resonando contra esos bloques lisos de mármol. Me encantan esos planos de colores desaturados (muy propios de A24, todo hay que decirlo) mostrando la trabajada ladera de la montaña blanca. El hombre desarrapado italiano camina por esas piedras como en una escena onírica. Me gusta cómo el eco permite disociar el sonido de las palabras de este hombre y la imagen. Me ha recordado a la escena de las catacumbas en “Te querré siempre”. Me encanta cuando las tres figuras se adentran en la cantera, como siluetas diminutas negras frente a ese fondo blanco veteado.

Hay una cosa que da un poco de lástima y es que percibamos que las creaciones del protagonista nunca se vean en su esplendor. Se dará más espacio a las máquinas de construcción pesada en las que deberá trabajar cuando sea expulsado por su primero. Por ejemplo la biblioteca con la que arranca todo, lo máximo que vemos de ella será cuando ambos primos cierren las puertas de la librería. Unas puertas que transforman de golpe la estancia completa ya que cubren todas las paredes. Ocurre parecido con el edificio que ocupará toda la película. Se nos llega a mostrar que hay bloques gigantes de hormigón que giran con gran ligereza. Pero parece que nunca se consigue que la imagen transmita esa potencia que la música busca. Me gustan algunos planos que me resultan abstractos. Casi me gusta más esa escena en la que se pelea con el otro aquitecto en los cimientos de la obra. Ahí sí se da una sensación de que hay recovecos. Por supuesto me gusta la sala que almacena agua, con esas columnas sorprendentemente livianas. Con respecto al punto central de la obra, la cruz que se ilumina en el altar creo que es mucho menos impactante de lo que se busca. Se nos ha anunciado que el arquitecto busca que haya un corazón de belleza en sus edificios. Es cierto que nunca lo habíamos visto hasta el cierre de esa escena. Pero lo cierto es que nos lo habíamos más o menos configurado en la cabeza. No tengo la percepción de ver por fin lo que tanto se nos había prometido. Sí está bien que lo siguiente que vemos sea la cruz cristiana invertida en el techo.

Por supuesto me gusta que lo primero que vemos de Estados Unidos sea la imagen de la Estatua de la Libertad dada la vuelta. Una imagen quizás facilona, pero no por ello menos gustosa. A estos extranjeros se les promete la libertad, pero tendrán que enfrentarse a muchísima xenofobia. En este punto la música de la película truena. En general música con todo lo apabullante que es nunca sonará del todo limpia. Nunca se la permite brillar del todo. Esto me gusta. Siempre tendrá algún ruido por ahí al fondo.

Cuando el mecenas saque a sus invitados al frío para mostrarles el descampado donde construirá su edificio me recuerda, mucho menos onírico, a ese paseo noctámbulo en “La dolce vita”. Me resulta inevitable cuando veo andamios a las órdenes de un megalómano no acordarme de las escenas finales de “Ocho y medio”.


SIRAT. TRANCE EN EL DESIERTO

Dir.: Oliver Laxe
2025
114 min.

No creo ser original si señalo la fusión entre “Climax (2018)” y “Mad Max: Furia en la carretera (2015)”. El segundo paralelismo es inmediato porque la cabeza rapada de Jade Oukid a bordo de esas máquinas motorizadas nos recuerda forzosamente a Charlize Theron.

Visualmente es una gozada. Los cielos que logra son una delicia. A veces consigue que cielos azules resplandecientes tengan tonos casi amarillentos. Un color del cielo que recuerda al de “Asteroid City (2023)”. Aquí con unas arenas de tonos mucho más desaturados. Podemos señalar algún plano aéreo en el que se ve el escarpado camino que han de recorrer los vehículos en la ladera de una montaña. El cielo tiene colores magentas, grises azules… Todo con una luz suave, la ladera oscura. Las luces de los coches algo fuera de foco pero sin efecto astigmático. Esas luces que avanzan en la noche recibiendo de cara el viento polvoriento del desierto pueden recordar a los planos más abstractos de “Mandy (2018)”.

La cámara consigue encontrar patrones rítmicos en los estratos de las montañas o en las vías pulidas de un tren. El zumbido de la música es una maravilla. Su diseño sonoro exige rabiosamente que la película se vea en cine. Un sistema de sonido que permita a nuestras caja torácicas reverberar como reverbera ese desierto.

Aunque vemos que la película tontea con lo abstracto en varias ocasiones, por algún motivo difícil de definir la seguimos percibiendo como lastradamente narrativa. Por ello nos sorprende que muera su hijo. Ni siquiera la transición a la siguiente escena me permite liberarme del miedo a que todo se revierta por algún motivo. Casi más sorprendente que la muerte del hijo es que muera un perro que le acompaña. Animal con el que se nos ha forzado a empatizar llevándole a un estado crítico por haber consumido LSD.

Este miedo de la dependencia de la diégesis me impide disfrutar plenamente del final. Por un lado me parece evidente que se sostiene demasiado un estado en el espectador que trata de mantenerse solo por la música obsesiva. Lo cierto es que las imágenes rompen con esta intensidad creciente. Evidentemente los personajes que están en escena han mirado a la muerte muy de cerca. Este es el estado de trance poderoso. Después se nos lleva a un tren que no se sabe a dónde va. Puedo entender el aspecto nihilista de esto e incluso es elogiable que se apele una vez más a las vías brillantes y rítmicas. Pero desde luego no ayuda a mantener la carga de la escena que acabamos de abandonar. Me parece mucho más autocontenido y poderoso el plano que acerca más y más a los altavoces que quedan sonando solos en el desierto. Sin fuente de energía conocida. Casi como monolitos de “2001: Una odisea en el espacio (1968)”.

La escena que culmina con la explosión de Jade funciona increíblemente bien. Ver a todos ellos bailar es una maravilla. Se le da una muerte muy cruel. Sin atisbo de épica. El plano en el que la camioneta cae al vacío tiene este punto casi ridículo. Arbitrario. Hay un punto de indiferencia hacia la víctima como ocurriría con Lars von Trier y compañía. Me encanta que la víctima de la primera explosión sea el personaje con más carisma de ese grupo. Hay que decir que ninguno de ellos actúa particularmente bien, pero siempre quedan muy bien en cámara. Los planos más crueles para sus artes interpretativas son los que tienen que llorar una pérdida. Son bastante poco favorecedores.

Por supuesto nunca se llega a un punto con esa densidad. Pero el hecho de que lleguen noticias aisladas, confusas, el viento, el sonido difícil… Me ha recordado al nihilismo que se mostraba en “El caballo de Turín (2011)”. Más por la forma que por el fondo, ya que aquí sí se confía mucho en la generosidad. Hay claramente una enseñanza en el protagonista: ¿qué sentido tiene ser conservador o precavido cuando ya se ha perdido todo? Adoro, por supuesto, que llegado un momento la premisa de la película deje de mencionarse de forma tan descarada y desafiante.


viernes, 11 de julio de 2025

LA CONVERSACIÓN

Dir.: Francis Ford Coppola
1974
113 min.

Maravillosa. El clima constate gracias al jazz. Los tiempos muertos. Acompañar a una persona con una vida muy poco interesante y que se dedica a escuchar la vida de otras personas. Un personaje protagonista magnífico. Ese vestuario constante, idéntico siempre, con aires de decadencia. ¡Qué aspecto lastimero da ese chubasquero! Ni siquiera tiene el buen gusto de quitárselo antes de ponerse a mirar la habitación de hotel en la que se aloja. Todo en una ciudad grande que siempre ayuda a construir un personaje solitario.

Me encanta lo cinematográfico que se vuelve el espacio diáfano que precede a la jaula de su estudio. Es un lugar con columnas finas. Entre las que puede correr una moto. Entre el jazz que se oye y la pareja bailando es una atmósfera onírica. Me vuelve loco el plano en el que está a punto de ligar con una mujer. A su cristianismo no parece importarle ni siquiera que ella no esté divorciada. Él está apoyado solo contra una de esas columnas. Es un personaje que ni siquiera su aura misteriosa le puede convertir en atractivo. Pero el plano revela gran soledad. Con un neón azul tras de sí… Me encanta.

La escena en la que mezcla las grabaciones es maravillosa. No tiene miedo a insistir en una frase, repetir todo lo que sea necesario. Quiere que conozcamos la conversación tan bien como el protagonista. Exprimir hasta obtener la última frase. Incluso la escena de la grabación, ese gran plano (en cuanto a duración y amplitud de la imagen) que se va acercando a los individuos que nos interesan.

Aunque el trato con sus clientes es también muy interesante, lo que más me ha gustado es su obsesión. Sus dilemas. Y su locura al escuchar lo que ocurre en la habitación de al lado del hotel. Me encanta cómo culmina esta escena. Esta forma de mostrarnos hechos desde la perspectiva de alguien que obviamente no se aleja de la paranoia. Se nos cuenta el asesinato que ocurre en la habitación de al lado con una indefinición que no descarta que todo sea una construcción de su mente. Me gusta mucho el diseño sonoro del momento en el que finalmente ve la sangre en la mampara de cristal que separa ambos balcones. Un sonido estridente, punzante. Una materialización sonora sorprendentemente precisa de lo que es la ansiedad sobrevenida.

Por supuesto, la máxima expresión de su personalidad: la última escena. Resulta casi desgarrador ver cómo alguien transgrede todo lo que le conforma por su obsesión. Hemos tenido varios planos muy caóticos, de destrucción absoluta de su apartamento. Cuando por fin lo único que le queda por romper es la figura de una virgen el plano se sostiene y tenemos unos segundos de silencio antes de golpear la figura con violencia.

Tremendo el momento que una mujer está dispuesta a pasar la noche con él. Pero él se enfrasca en su trabajo, negando al resto del mundo. Despreciando a esa mujer que se le acerca casi doliente por verle así.


viernes, 4 de julio de 2025

GUMMO

Dir.: Harmony Korine
1997
89 min.

Resulta incómoda. Quizás las imágenes más crudas sean las de maltrato animal. Pero realmente esa tortura no se nos presenta ante la cámara. Podemos distanciarnos de lo que vemos. El cadáver de un gato colgado de una pata y con los ojos sacados de sus cuencas se percibe fácilmente como un intento de escándalo. De buscar lo tétrico. Pero no se nos ha puesto ante nosotros la crueldad. Sí me resulta tremendamente incómodo ver cómo esos niños se drogan con pegamento. Conocemos los antecedentes de Harmony Korine y su falta de escrúpulos. A mí no me cabía duda de que esos niños estaban drogados.

Está claro que lo que se busca es mostrar la parte más sucia de la sociedad estadounidense. Como todo está mostrado con cotidianidad uno podría tener la tentación de obviar intencionalidad en la mirada de la cámara. Pero desde las primeras imágenes hay una búsqueda por lo incómodo. No le basta con que un chico, helado de frío y con orejas de conejo rosas fume a una edad muy temprana. La cámara se asegura de mostrar el cigarrillo y el pecho pelón del chico.

Por lo sucio de la imágenes, por lo soez de muchos de sus personajes es fácil acordarse de “Pink Flamingos (1972)”. Me resulta desgarrador ver los niños que viven en casas atestadas de basura, de desorden, ropa por todas partes y, en el peor de los casos, bichos que salen de detrás de los cuadros. La propia arquitectura estadounidense, la pobreza en sus construcciones facilita percibir todo aquello como algo precario. Cuando un niño con las piernas llenas de picaduras juega a mover los cuadros, de detrás del retrato familiar salen muchos bichos asquerosos. Esto desemboca en la terrible imagen del niño tratando de matar a los bichos con el retrato de su familia.

Hay una escena terrible en la que unos adultos beben y terminan jugando a romper las sillas. Ellos son desagradables está claro, pero lo que me resulta desolador es cómo está toda la habitación sucia, con manchas de tomate por las paredes. Es repugnante. También es asquerosa la escena en la que el niño protagonista (siempre tan desagradable de mirar) se baña en un agua marrón. Realmente la madre de este niño es de las personas más tiernas de ese vecindario. Come unos espaguetis con un aspecto repugnante mientras su madre le lava el pelo y deja caer la espuma sobre la comida. Él engulle una chocolatina que se le había caído a semejante ciénaga y cuando aún no ha terminado de tragar vuelve a meterse los espaguetis en la boca.


viernes, 20 de junio de 2025

LOS LUNES AL SOL

Dir.: Fernando León de Aranoa
2002
113 min.

Todo el rato es magnífica. Todas las historias nos interesan. Las interpretaciones son estupendas. Incluso la del ruso, la más discreta. Nos fascina la situación de el hombre en un hogar al que no puede seguir llevando ingresos. De todos los personajes quien más representa este trauma es Luis Tosar. Ve a su mujer, la persona gracias a la cual vive como alguien a quien enfrentar. El caso paradigmático es la escena del banco. Él la acompaña por si tiene que firmar algo. Va por cumplir con la función tradicional del hombre. Cuando llega ahí se ve totalmente desbancado porque no recibe ingresos. Él no pinta nada en esa gestión de su mujer.

Por otro lado Javier Bardem representa el fracaso del sindicalismo. Enfrentado a su compañero el bizco, que ha conseguido trabajo porque le han recomendado en su empresa. Ahora se dedica a explicar a sus excompañeros que con esfuerzo se consigue un puesto de trabajo. Así llama a Javier Bardem cigarra y le dice que tome de ejemplo a Lino, que sí se esfuerza por conseguir un puesto de trabajo. El detalle que el propio bizco obvia es que el esfuerzo que él invierte de poco le sirve.

El concepto de la película está traído perfectamente. Es preciosa la conjunción del título, el cartel y las dos escenas donde Bardem hace esa pregunta de ¿Qué día es?. A todo ello le viene de perlas la música efectista y efectiva.

El dramatismo del alcoholismo de Amador culmina con la escena de su muerte. Pero creo que la escena de su casa es más poderosa. Todos ya sabíamos, como sabían en el bar, que su mujer le ha abandonado. Percibíamos claramente su alcoholismo. Pero la imagen de su casa es totalmente desoladora. Y la interpretación de Bardem, nuestro guía, es bastante comedida. El desencadenante de esa escena es el lavabo decadente. Se puede tener una casa deteriorada y sucia, toda la ciudad lo es, pero lo que es desolador y desgarrador es descubrir que Amador vive en una casa sin agua.

El papel que es más pequeño pero totalmente memorable es el del vigilante del astillero. Ya vacío. Hablo del tartamudo y con déficit mental que interpreta Fernando Tejero. Está escrito de maravilla. Está acostumbrado a la socarronería de Bardem. Por eso está todo lo despierto que puede cuando habla con él. Toda la escritura de todos los diálogos es una maravilla.


viernes, 13 de junio de 2025

CUANDO ACECHA LA MALDAD

Dir.: Demián Rugna
2023
99 min.

Me ha dado mucho miedo. Esto en su último tramo. En la primera parte de la película teníamos un despliegue de falta de humanidad, de ultraviolencia, vísceras. Los niños son plenamente partícipes de hechos desagradables. La violencia familiar aparece para reforzar lo terrible de lo que vemos. El típico recurso de Von Trier o Lanthimos. Era una violencia tan explícita y salvaje que en cierto sentido era previsible.

Hay muertes que parecen sacadas de lo peor de una spoof movie como la salpicadura de sangre tras la muerte de la madre atropellada. La muerte más memorable, y así se ha ganado su puesto en el cartel, es aquella en la que una mujer (por supuesto embarazada para aumentar la tragedia) se golpea la cara repetidamente con un hacha.

Esta fuerte carta de presentación hacía que los momentos en los que se vaticina la catástrofe pero en los que aún no se ha consumado, me resultaran muy tediosos. Si una película me demuestra que aquello de lo que es capaz es estimulante, entonces tiene toda mi expectación. Pero aquí, aunque el festival de sangre no se vuelve a repetir como en estas primeras escenas, es esta visceralidad lo que a mí me cabe esperar.

Normalmente habría agradecido el descuido a la hora de explicar la dinámica de los hechos sobrenaturales. Pero como la parte más lúdica era tan poco disfrutable, buscaba en las explicaciones debilísimas el interés que no tienen. Se muestran elementos como de navegación que no van a ningún lado. Se plantean normas para tratar a los demonios que tampoco tienen grandes implicaciones más allá de la prohibición de usar luz eléctrica. Se menciona que el demonio se aprovecha de los miedos de cada persona como ocurriera en “Babadook”.

Por algún motivo el personaje de Jaime, interpretado por Demián Salomón, me ha resultado muy entrañable. Su mirada seria, su bondad, su falta de protagonismo. El personaje de la exmujer me ha resultado odioso. Una mujer desquiciada. Ambos protagonizan uno de los momentos más terroríficos en el que ella camina por el arcén de la carretera, ensangrentada, mientras devora el cuerpo de su hijo. La cámara se mueve lentísima al pasar por su lado.

La coda tampoco me ha gustado. Podría haber acabado minutos antes o minutos después. Para cuando aparecen los créditos llevábamos varias escenas en las que se dan vueltas a los mismos elementos. El último acto de canibalismo me habría dado igual si no se permitiera, además, un movimiento de ojos juguetón en la perpetua mirada perdida de su hijo autista. Una actitud parecida al último plano de “Funny Games (1997)”.


viernes, 6 de junio de 2025

LA MIRADA DEL SILENCIO

Dir.: Joshua Oppenheimer
2014
103 min.

La estética llega a sitios sorprendentes. La fotografía está muy cuidada. Podemos reconocer brillos incomodísimos en la tez de muchas de las personas que se ponen ante la cámara. La iluminación obviamente no es la idónea y aun así, consigue que las escenas sean agradables de ver. Igualmente tiene una gran habilidad para encontrar planos estáticos sorprendentes muy estilizados. Podemos distinguir el trabajo cromático al que se someten algunos de sus cielos. El plano que sirve de exordio para la conversación más tensa es muy potente visualmente. Primero hemos visto un cielo morado con pájaros de silueta muy definida cruzando el cuadro. El siguiente y último plano de situación tiene una división horizontal: en la parte superior se mantiene este cielo y se mantienen estas figuras voladoras. En la parte inferior una negrura permite que se adivine una casa con la luz que sale por las rendijas de sus tablones, haces de luz de visible aura.

Durante las conversaciones se aprecia una habilidad para el ritmo. El montaje y los silencios cargan de dignidad a Adi Rukun, quien conduce el diálogo. Realmente la película parece un regalo para él. Tiene interés cómo reacciona una persona que unos pocos años antes ha contado un relato con orgullo y sangre fría los actos más sádicos posibles. Tiene un componente morboso que se le permita hablar al verdugo, que se le deje el tiempo para que hinche su pecho y que después su entrevistador le arrincone para que no pueda evitar los juicios morales de lo que está contando. Eso es algo muy fuerte de ver, pero no deja de haber un tono revanchista.

Es admirable cómo mantiene la calma, pero podemos ver en sus palabras que las preguntas se formulan con rencor. Cómo no. Pero ello provoca que el asesino se ponga a la defensiva y el resultado es que escuchamos las mismas respuestas más o menos en todos ellos. Todos justifican sus acciones, lógicamente cuando se les dice que están ante el hermano de una de las víctimas ya no hay ese regocijo, pero o bien se evita la responsabilidad o bien se cambia el nivel de la conversación: se eleva a una visión política en vez de moral.

Los puntos de vista de las dos partes son irreconciliables en una conversación rápida y a traición. Los asesinos no han sido cuestionados nunca. Tienen su visión tan arraigada que sería un acto de humildad inesperado que le dieran la razón a quien viene a su casa a violentarlos. Sí, lógicamente da gusto ver a seres tan atroces sentirse incómodos, pero no tengo tan claro que eso sea constructivo para nada.

No recuerdo si en “The act of killing (2012)” se relataba el hecho de beber sangre. Muchas veces en esta película no sentimos todo el impacto que los recuerdos deberían producirnos porque son historias demasiado parecidas a las que oímos en el primer documental. Pero que alguien que obviamente tiene la cabeza ida por los brutales actos que realizó se jacte de no haber perdido la cabeza por haber bebido la sangre del cuello de sus víctimas es algo insólito.

Es también llamativo cómo evidentemente Joshua Oppenheimer labró una relación con los asesinos durante el primer rodaje. Ellos ven en él un rostro amigo. Así cuando empiezan a sentirse incómodos podemos ver cómo sus ojos buscan a Joshua, cómo le piden explicaciones. Cómo buscan un diálogo amable como fue el de su primera visita.

La imagen que se erige en su póster de las gafas de óptico tiene un momento muy concreto en el que se gana ser el icono de la película. Un verdugo de rostro chupado y orejas grandes las lleva durante mucho rato de su conversación. Se convierten en ese momento casi en el uniforme de los asesinos. De alguna manera nos aliena de ese rostro. Es imposible no sentir que la película pierde el respeto a estas personas. Por eso digo que toda la película parece un regalo para quien busca que alguien le pida perdón. No sólo el rodaje es una ocasión única para él; el producto final es irreverente con esas personas cuando nadie más en su entorno lo es.

Una frase que se repite varias veces es que todo aquello ya está cerrado. Que esto solo viene a reabrir heridas. Esta frase en España la tenemos muy oída. Se nos incendia un poco la sangre al oír cómo se exige que no se hable de lo que ocurrió por ser pasado y acto seguido, con toda la arrogancia de quien se sabe impune, se amenaza a Adi Rukun. El militar está deseoso de conocer cualquier mínimo dato de su identidad que le permita exterminar con el mismo salvajismo cualquier remanente que quede de comunismo. Es como si la limpieza no fuera política, sino de pureza de sangre.

Algo que se decía en el anterior documental y que aquí los asesinos repiten es que los comunistas no tenían religión. No es descabellado pensar que esto es cierto. Aquí Adi decide catalogar esta frase de propaganda. No me parece muy inteligente argumentativamente porque frente tal aseveración quien estuvo presente en los años 60 tiene las papeletas de ganar. Pero el tema de la propaganda nos deja una rase maravillosa. Uno de los mayores asesinos habla a cámara y dice que el exterminio comunista fue una cuestión internacional: deberían llevarnos a Estados Unidos. No digo en avión, pero nos conformamos con un crucero. Al fin y al cabo fueron ellos los que nos enseñaron a odiar a los comunistas.