domingo, 28 de diciembre de 2025

LOS SANTOS INOCENTES

Dir.: Mario Camus
1984
103 min.

Desoladora. El sonido sucio de su banda sonora y la niebla que cubre el encinar casi nos hace pensar en la misma vida miserable que se refleja en “El caballo de Turín (2011)”. Las condiciones pésimas en las que viven podrían ser suficiente castigo. Pero lo que nos lleva los demonios, y desde luego es lo que mantiene nuestra conexión con la película, es el trato altivo y déspota de sus señoritos.

Son indelebles las escenas más humillantes. En particular aquella en la que Alfredo Landa se comporta como un perro arrastrándose por la tierra para satisfacer a su amo. Para recibir la aprobación de ese hombre que le somete. El desdén se magnifica al darnos cuenta de que la explotación de ese hombre, lo que le provoca una lesión en la pierna de por vida, no está enfocado a su explotación para el enriquecimiento de sus amos. Es todo tan frívolo que la obsesión del señorito Iván es la caza. No son sus negocios, es un simple pavoneo delante de los otros ricos.

Muy afilado es el momento en el que, tras haber visto la España más tradicionalista, con nobleza acompañada de su propio clérigo (gordo, por supuesto), tontear con un ministro que por ahí pasaba (imposible no recordar la película de tono radicalmente distinto “La escopeta nacional (1978)”), aún se atreve de mostrar a un burócrata francés lo muy avanzado que está el país. Para ello llama a tres sirvientes debidamente amaestrados y les hace escribir en un cuaderno sus nombres. Con este espectáculo degradante el señorito cree mostrar un imagen limpia de la servidumbre en el campo español.

La película busca ser hiriente con sus villanos y lo será continuamente. Pero nunca será algo soez. Quizás a quien peor trate la película será la señora marquesa. Ella que tiene esa altanería al saludar en el balcón, que al dirigirse a Régula (su queridísima sirvienta) pregunta con más interés por sus cerdos que por su familia. Me gusta mucho el contraste entre la alegría del servicio comiendo y cantando juntos celebrando la primera comunión del menor de la familia noble al contraponerla con el letargo que se vive dentro de la casa.

La cámara tiene muchos momentos de grandísima habilidad. Por ejemplo en la escena que acabo de mencionar, la silenciosa comida de los ricos, tiene una forma muy elegante de recorrer sus torsos. Su mayor esplendor es el famoso vuelo del cuervo desde el campanario hasta el hombro de Francisco Rabal. Hay que reconocer que ese plano es mágico. Su hubiéramos leído ese fenómeno sobre el papel difícilmente se habría conseguido el efecto que produce ver en un único plano al animal obedecer de esa manera tan elegante a su amo. Entiendo que lo que ocurre ante la cámara no es milagroso, que simplemente se necesita un pájaro, un hombro y paciencia; pero el resultado es poderosísimo.

Me gusta que aunque se dibuje a un personaje tierno, no se haga la clase de construcción mágica al estilo de Víctor Erice. A Azarías le gusta cuidar de quien es más desfavorecido que él. Pero nunca se dota a la niña chica de conexiones trascendentes. Más que una conexión con los elementos más puros del alma se acerca más a una endemoniada con esos atronadores gritos con los que rompe la noche. Recordemos esa primera escena en la que ella se desgañita impidiendo cualquier tipo de intimidad a sus padres.

El rostro pesado de Terele Pávez interpretando a Régula es expresivo a más no poder. Trasmite una desidia total por la vida que les ha tocado vivir. Con sueños de una vida mejor para sus hijos. Qué terrible es ese momento en el que escucha todo lo que su señorito le manda y responde: para eso estamos. Esa es su repuesta para todo lo que le manden a ella, pero cuando se entera de que su hija no podrá ir a la escuela, adivina que no podrá salir de la miseria que ellos han vivido… Eso es terrible.

La inmoralidad de la alta clase quizás no provoca el escándalo que podría. Entiendo el contraste que se pretende señalar entre su compromiso con la imagen pública y a su vez tener toda clase de traiciones y de indecencias. Este lío de faldas ayuda a construir un personaje resentido que se dirige al servicio siempre con la fusta en mano. Por otro lado nos permite odiar con más fuerza al niño consentido, al señorito Iván. Pero tras haber visto “El desencanto (1976)” el pedestal de la nobleza ya está demasiado minado como para que lo de aquí tenga efecto.

Por reconocer el cortijo como una administración de la tierra tan netamente española uno se siente muy apelado por las imágenes que aquí vemos. Me resulta doloroso ver el país que éramos. Igualmente uno se pregunta por qué esta imaginería la tenemos tan asociada a lo rural de otra época. El mismo tipo de miseria absolutamente atrasada que veíamos en “Las Hurdes (Tierra sin pan) (1933)”. Es inevitable pensar qué clase de explotaciones no se darán hoy con los temporeros que tienen que convivir unos pocos meses con sus patrones.


viernes, 26 de diciembre de 2025

ÉXTASIS

Dir.: Gustav Machatý
1933
90 min.

El argumento no vale nada. Creo que la película más o menos es consciente de ello. Creo que se asume a sí misma como una película erótica. Salvo excepciones sus momentos más tórridos no tienen gran efecto desde la óptica actual. Pero sí que hay decisiones estilísticas bastante interesantes.

La famosa escena del orgasmo femenino de ella supongo que funciona particularmente por la forma en la que se elude mostrar nada. Ni siquiera está claro qué tipo de acto se realiza. Ella se mantiene vestido y él parece quedarse recostado a su lado. Entendemos que es una masturbación, pero no queda claro. El acto tiene un montaje algo acelerado. Este ritmo de cortes lo hemos visto unos momentos antes. Cuando ella está sofocada, deseosa. Se nos muestran los planos de las esculturas pequeñas que decoran la estancia en la que ella se va calentando. Caballos, un hombre soplando un cuerno y una mano que acaricia con la punta de los dedos su propio pecho. Los planos que anteceden al encuentro también me gustan. Ella camina sola por el campo de noche. Vestida de blanco. Me recuerda a los planos finales de “Los ojos sin rostro” o a ese plano terrorífico de Laura Dern acercándose a cámara en “Inland Empire”.

Cuando por fin los dos amantes se unen en un beso aparece un momento muy sorprendente. No porque el recurso no se haya visto antes, sino porque la película escasea de esta clase de recursos. Ella se acerca a su cara. Es un primer plano. Con la misma inercia con que ella se ha acercado a él, el perfil de su cara sigue avanzando hasta atravesar la cabeza de él. Creo que es una de las mejores representaciones del deseo en esta película. El otro gran momento es cuando ella llega ardiente de deseo a su noche de bodas. Cuando ha asumido el rechazo de su marido ella se recuesta con un camisón que dibuja perfectamente el perfil de sus dos piernas y ella juega con el anillo de desposada.

El hecho de que la película se llame “Éxtasis” revela que es consciente de la importancia de esta escena. Aunque el erotismo no cesa, es la única escena que recoge el significado del título. Por lo demás habrá una escena lúdica que cierra con el encuentro entre los dos amantes. Ella se baña desnuda en un río y ha dejado su ropa encima de la yegua que la ha llevado hasta esa orilla. La yegua excitada al oír el relincho de un caballo sale corriendo. Tenemos entonces a un grupo de obreros que la ven pasar desnuda persiguiendo a su montura. Yo creo que esta escena deja muy claras las intenciones y el tono de la película.

Cuando se presente el enredo amoroso también se hará de una forma muy superficial. Aunque nos permite ver una escena de conducción temeraria muy intensa. La acción que surge genuinamente del montaje es muy limitada. La velocidad de consigue por el viento en los sombreros de los dos hombres que viajan y por los árboles que pasan velozmente por la pantalla. El cierre de esta escena vuelve a revelar una idea muy efectiva. Para mostrar la respiración agitada del recién divorciado se compara su respiración con los vapores del tren que ha estado cerca de atropellarles. Hay que decir que la amenaza de este atropello nunca se percibe.

Me ha divertido mucho el momento en el que ella entra a la habitación nupcial en brazos de él. Señalemos que hay algún mueble que parece sacado de Le Corbusier. Muy sorprendente encontrar este diseño en una película de los años 30. Cuando él se descalza solo usando sus pies ella sigue en sus brazos. La cámara hace un primer plano de sus pies. Obviamente la persona a la que pertenecen esos zapatos no está sujetando a nadie en volandas. Tenemos entonces la sensación casi de estar viendo unos títeres. Me ha gustado mucho.

Y señalaré también la coda obrerista. Extrañísima. Vemos cómo él llega a su puesto de trabajo. Los hombres pican piedra. El montaje es rápido. Nada que no hayamos visto en “El hombre de la cámara (1929)”. Pero se consiguen algunas imágenes muy sorprendentes. La cámara subirá y bajará atada al pico que trabaja la tierra. Se rueda el agua que cae un grifo desde el fondo del barril que la recoge… Los cuerpos de esos obreros se presentan bien musculados. Entiendo que aquí hay un trabajo de iluminación importante para que las sombras realcen brazos y espaldas.

El aspecto que él tiene en este momento, su admiración por la tierra y su riqueza, su peinado bien nos podría recordar a los ideales del hombre alemán.


domingo, 21 de diciembre de 2025

ANTES DEL ANOCHECER

Dir.: Richard Linklater
2013
104 min.

Al pensar en la trilogía el adjetivo que más fácilmente se nos viene a la boca es realidad. En esta tercera entrega vemos cómo el enamoramiento, que en las dos anteriores películas nos había emocionado tantísimo, no puede durar siempre. No se renuncia al amor, pero se nos muestra una situación muy amarga.

Como siempre en esta saga, lo principal que tenemos son conversaciones. La que pervive en nuestra memoria es la que mantienen en la habitación del hotel. Una conversación larguísima en la que las emociones fluctúan. Podemos percibir mucho esfuerzo por que la situación llegue a buen puerto. Hay una brechas de género absolutamente insalvables. Esa racionalidad siempre reivindicada por los hombres cuando una cierta misoginia no permite escuchar lo que la mujer quiere decir. Vista esta escena con mis ojos es fácil percibirla a ella como una desquiciada. Pero, a falta de una perspectiva femenina que lo corrobore, sospecho que esta escena está escrita poniendo mucho cuidado en no hacer esa valoración.

Muy bien retratado ese desprecio masculino hacia los sentimientos de ella cuando prácticamente la obliga a firmar los ejemplares de las novelas que narran su historia de amor. Del segundo libro no habíamos tenido noticias antes, pero en “Antes del atardecer” parecía que a ella le gustó que se narrara el romance de “Antes del amanecer”. Claro, entiendo que en aquel momento nadie la identificaba con esa historia.

La primera conversación entre ambos, en el coche tras volver de dejar en el aeropuerto al hijo de Jesee no pinta un panorama mucho menos emocionante que lo que esta trilogía había acostumbrado a ofrecer. Hay algún trozo hasta aburrido en esta conversación. Pero casi prefiero esa charla rutinaria que no la reacción que ella tiene, que será el conflicto principal entre los dos. Quizás puedo proyectar demasiado de mis discusiones de pareja al escuchar cómo ella toma un comentario en un acto comunicativo que él hace, planteando una idea, como si él quisiera sabotear su carrera profesional.

Puedo entender que el momento en el que él comenta la idea de mudarse a EEUU la dice en un momento que le impide a ella disfrutar de la recién recibida noticia del puesto de trabajo de sus sueños. Pero no dejo de empatizar con él cuando le expone los sacrificios que hace. Cómo su vida orbita entorno a esa familia. Por otro lado se expone también la problemática de las profesiones vocacionales, asociadas con la genialidad. En virtud de la cual el debe poder permitirse trabajar horas y horas en sus libros mientras ella tiene que cargar con un trabajo de oficia a tiempo completo y además invertir esfuerzo en ordenar la casa.

Me resulta absolutamente devastadora la idea de que el único periodo en el que realmente uno es libre es el que pasa entre que se independiza de sus padres y tiene hijos. Me resultan poco interesantes, porque no entiendo el rumbo que llevan, las charlas que tienen con las otras personas en la casa del escritor mayor. Ahí se ponen en diálogo la visión que tienen de la pareja personas en distintos momentos vitales. Pero es gente cuya historia no me interesa demasiado. Además a nuestros protagonistas ya se les ha prendido un incendio que se irá de madre en la habitación del hotel; tengo todo el rato la urgencia de abandonar esa mesa…

Aunque el final de la película nos permite abandonar la sala con una media sonrisa, lo cierto es que se han dicho cosas muy graves unos minutos antes. También hay una mirada que reconozco como masculina en tratar de quitar hierro al asunto con un juego divertido. Entiendo perfectamente que él quiera pasar una noche agradable con la mujer que ama. Pero tengo la sensación de que no deja de ser el retrato de un hombre que consigue apaciguar a una mujer desquiciada.

Como la naturalidad es algo que siempre elogiamos de esta trilogía no quiero dejar de señalar cómo se trata la desnudez del pecho de ella. Los encuadres se mantienen impertérritos ante sus senos. Algo que, cuando en otras películas no ocurre, llama poderosamente la atención. Pero es que además la película se desprende de las manidas actitudes de los desnudos de Hollywood. Acciones como taparse con una sábana o extraños pudores para estar en compañía de gente con la que se supone que hay confianza. Aquí se permite discutir con el pecho al aire, hablar por teléfono con naturalidad. Hacerlo además en momentos del todo descargados de erotismo.


sábado, 20 de diciembre de 2025

ANTES DEL ATARDECER

Dir.: Richard Linklater
2004
77 min.

Vuelve a ser una maravilla. En esta segunda ocasión se da más peso a los sueños románticos que en la primera película cumplían un papel meramente lúdico. Aquí el desencanto de los años hace que ambos tengan dentro una esperanza de que aquel encuentro que tuvieron en Viena pudiera convertirse en el inicio de su gran amor vital.

Hay algunos momentos en los que eso me genera un poco de disgusto. Aquí sobre todo el que es más ingenuo es él. Él es quien parece llevar una década obsesionado con ella. Por su parte Celine, por lo que se nos cuenta, está con este cóctel emocional porque acaba de leer el libro.

Pero olvidemos todo esto. Admiremos cómo la cámara sigue sus largos paseos por las calles de París. Cómo tenemos la sensación de haber visto un largo plano secuencia. A veces sí que se sostiene el plano una cantidad asombrosa de tiempo. Con la cámara a pocos centímetros por delante de ellos. Qué buenos actores son los dos. Qué naturalidad en las frases. Cómo me encanta ver la decepción en la cara de Jesse cuando ella dice no recordar la relación sexual que tuvieron sobre el césped de Viena. Es una gozada. Permitiendo que la comicidad tenga lugar, pero sin buscarla. Qué bonito cómo él tontea acerca de que podrían acostarse en ese mismo momento… Ya no tiene el juego que tenían los diálogos de la primera. Esa especie de hablar para divertirse que les hace disfrutar tanto.

He de decir que los diálogos que tienen en los que se explican mutuamente su vida me interesan bastante poco. Creo que los puedo excusar porque gracias a contarse las generalidades de su vida llegamos a saber que ambos convivieron en la misma ciudad, Nueva York, sin saberlo. Esto deja un momento que me parece desolador en el que Jesse nos narra que yendo en el coche de camino a su boda cree haber visto a Celine. Adoro que se permita este instante de magia.

La conversación en el coche quizás es la que tiene más carga. Ella por supuesto dice cosas que son un poco pueriles acerca de no creer en el amor. Que la lleva a plantearse si aquel romance de juventud estaba destinado a ser algo más. Esta idea a priori me genera rechazo. La puedo excusar por lo que mencionaba, que ella acaba de leer ese libro y le remueve viejas sensaciones. Pero la verdad es que es un texto que se dice con tan poco melodrama. ¡Qué suerte tenemos de que la película busque ser europea en vez de estadounidense!

Él aquí dirá que lo único que le hace feliz de su vida es su hijo. Percibo aquí un diseño de personaje pensado para generar candor en el corazón del público femenino. De igual modo que la cara, fenomenalmente interpretada, no digo que no, que nos ofrece cuando descubrimos que él sí asistió a la cita en el andén de Viena. Es una caída de ojos como la que acostumbra a hacer Ryan Gosling. Mientras él está penando en el coche tenemos un momento magnífico. Mientras él mira por su ventanilla, ella hace un amago de tocarle como el que él hace en la parte de atrás del tranvía en “Antes del amanecer”.

El final tan poco conclusivo… Esa sensación de que no hay nada predestinado, que la vida es larga y fluye. Ese plano en contrapicado en el que Celine nos encandila mientras imita a Nina Simone. Esos movimeintos, esa chulería, esa diversión. La cara que él le pone seguro de que va a perder su vuelo, pero convencido de que quiere quedarse en ese apartamento parisino… En ese cuarto se genera por fin una intimidad como la que habíamos visto en la primera película.

Antes de que la cámara entre a este último escenario hemos tenido un momento para dejar claro el ambiente que ahí se respira. Para ello hemos seguido a la pareja subir las escaleras de ese edificio. Entre ambos no hay cruce de palabras. Parece que cada cual está asumiendo la infidelidad que está ya muy cerca. Se consigue generar una tensión con una escena desnudísima y que nunca trata de ser incómoda. Casi podemos escuchar los pensamientos de ambos rumiando. Sin culpabilidades.


viernes, 19 de diciembre de 2025

ANTES DE AMANECER

Dir.: Richard Linklater
1995
101 min.

¡Qué cosa más bonita! ¡Qué oda al enamoramiento! Qué forma de no convertir esos sentimientos exaltados en promesas de nada romántico. No se nos quiere convencer de que esa pareja vaya a tener un feliz porvenir. De hecho constantemente se remarca que lo más probable es que eso no ocurra. Aun así se presenta ese torrente de sensaciones, esa aventura con toda su intrascendencia, y se permite disfrutar con todo lo que esos dos bellísimos personajes sienten. La fragilidad de ese momento les hace disfrutar de todo rabiosamente.

Qué cosa tan bonita ese primer beso en la noria. Qué actuación soberbia la de ella. Cómo le vemos a él paralizado ante esa chica. Casi se nos olvida toda la energía estadounidense con la que ha ido conduciendo la trama. De repente le vemos totalmente entregado a ese momento romántico… Es una absoluta gozada. La fotografía de la película no es particularmente bella. No presenta Viena más bonita de lo que es. No utiliza el entorno como en las últimas películas de Woody Allen. Sí, nuestros protagonistas pasarán por algunos edificios monumentales. Pero nunca permite que sea la arquitectura la que engrandezca la escena. Cuando por fin llega el alba y la cámara recorre los lugares que les han visto amuñuñarse estos son unas escaleras, un césped, unos palets… ¡Qué delicia!

También me gusta que entre los dos no crece nada que no nos creamos. Por supuesto la película se permite que todo les salga bien. Y me alegro que así sea. Pero digamos que hasta ahí llega la pérdida de verosimilitud. No se produce un cambio en ellos. Él no se vuelve un romántico. No se cae nunca en esa cosa vergonzante que veíamos en “Cuando Harry encontró a Sally (1989)”. Sabiendo que esta película pertenece a una trilogía es fácil pensar en la película de Rob Reiner aunque solo sea por una relación intermitente de dos personas.

No hay ninguna duda de que el alma de esta película son sus diálogos. El texto siempre es maravilloso, pero además la naturalidad de sus interpretaciones es otra maravilla. Es una naturalidad que nunca es naturalista. De alguna manera hace que veamos una ficción que nos la creemos mucho. No hay una sensación de estar asistiendo a un fragmento de realidad. Hay un diálogo que es una maravilla en un tranvía, ya en Viena. Están sentados los dos en los últimos asientos mientras juegan a hacerse preguntas. Es lo primero que se cuentan de sí mismos. Esto es un plano secuencia. Es muy largo y sostienen esa conversación con una solidez pasmosa. Vemos cómo él se sonríe de lo que ella dice, cómo aguanta la risa. Esta conversación es deliciosa.

Otra conversación que es sorprendentemente efectiva es la de dos austriacos que les invitan a ver una obra de teatro. De nuevo el texto está hecho con una precisión difícil de describir. Es lúdico, a la vez que tampoco trata de ser ingenioso. Los actores secundarios son divertidos…

El ritmo que lleva la película también me encanta. No se trata de una noche en la que se vayan cruzando a personajes, como ocurre en muchas películas noctámbulas. Ellos son los protagonistas y timoneles de su noche. Me gusta cómo crece su relación. Cómo crecen sus sentimientos. Cómo se permite dedicar diálogos en los que hablan de su breve relación. No de promesas futuras, se permiten hablar de lo que les ha disgustado el uno del otro. Se confiesan lo que sintieron en los primeros momentos. ¡Por favor esta escena en la que juegan a hablar por teléfono fingiendo ser el conocido al que primero cuenten esa aventura!

Qué bien esa despedida en el andén. Cómo me gusta que no se nos haya dirigido inexorablemente a ese lugar. Qué bien expresadas están los deseos que se tienen. Quieren verse, no quieren casarse, no se prometen nada. Cuando él menciona el matrimonio la película se asegura que no se dé lugar a que nosotros pensemos que es una posibilidad real…


viernes, 12 de diciembre de 2025

LOS DOMINGOS

Dir.: Alauda Ruiz de Azúa
2025
110 min.

No me gusta percibir la fotografía de colores apagados y luces blandas que asocio a las producciones de Movistar. Tampoco me gustan los encuadres reducidos de los que gusta el cine español cuando de hablar de dramas familiares se trata. Me parece que el fotograma se llena de paredes y me resulta incómodo seguir la acción a través de los huecos verticales que dejan los marcos de las puertas.

El planteamiento del conflicto es interesante. Es decir: están diseñadas las posturas de los personajes para ser complejas. Es verdad que en el diálogo sentimos que hay una cierta simpleza. Parece que todos los personajes tienen muy claro cuál es el papel que tienen que representar en el conflicto. En particular pienso que no tiene la habilidad de “Creatura”. Cuando vemos al padre tremendamente enfadado por enterarse de que su hija había yacido con un chico en su casa el discurso no diré estereotipado, pero no tiene una redacción particularmente habilidosa.

Quizás lo que está escrito con más precisión de la película, y aún así el texto creo que palidece ante la interpretación de la actriz protagonista, es la conversación en la que Ainara le explica a su tía lo que siente por Dios. Me gusta que desde el primer momento se adopte este lenguaje que se reconoce tan fuertemente de la experiencia religiosa católica. Que se apele a la felicidad, a la plenitud… Esta clase de valores que la sociedad seglar no sólo es que no adopte, sino que tiende a rechazar. Me parece también muy ajustado cómo la tía llama a lo que Aitana siente enamoramiento. Por cómo la película trata a este personaje, entiendo que es la primera de tantas muestra de incompresión. Pero me parece un término bastante quirúrgico como para usarlo tan pronto como se escucha estas dudas por primera vez.

Hay un movimiento muy sibilino para el público católico. No creo que la película esté hecha para atraer particularmente a este sector de la población, pero comercialmente es el público que va a apelar con fuerza por su continua demanda de la falta de estas temáticas en el cine en general y en el cine español en particular. Me refiero al hecho de que la persona que se opone a que entre a la orden sea su tía. Es decir, su padre nunca se opondrá a ello. No se pone a un padre ejemplar, esto es claro. Pero la hija nunca tendrá que enfrentar a su padre, lo que creo que habría sido problemático.

La figura del padre la verdad es perversa. No se opone a que ella entre al convento, pero tampoco la apoya particularmente. No se duda de su amor, lo que haría saltar las alarmas del público católico. De hecho ese último abrazo que le da a su hija, ya con el hábito puesto es el que desde la butaca nos exprime las fibras sensibles para que rompamos en llanto. Pero él es, en general egoísta. Si acepta que su hija se meta en el convento es porque le quita problemas a los que no se quiere enfrentar, como una hija de 17 años que tiene relaciones sexuales con otros chicos, o, el problema de fondo, tener que mantenerla.

Enfrentada frontalmente tenemos un personaje que, desde un espectador escéptico con el catolicismo, resulta muy incómodo. Es la única que defiende que es mejor que Ainara no vaya al convento. Y también lo defenderá por motivos ciertamente egoístas. Los argumentos que expone son los razonables y estamos en general de acuerdo con lo que oímos. Pero percibimos que es un personaje tan perverso, tan desengañado, tan desconfiado… Da rabia que el personaje con el que uno, en principio, debería identificarse sea tan oscuro. Nos genera además rechazo extra por cómo trata su pobre marido. Ese argentino de mente abierta, simpático, cumplidor… Escucha a Ainara. No es particularmente abnegado, cae muy bien. Y tiene que aguantar a alguien siempre tan al borde del desquicie…

Me parece interesante la postura de la tía porque es muy fácil sentir la identificación con el discurso de quienes dicen aceptar identidades sexuales diversas. Desde el primer momento que ella dice Yo respeto entendemos que su relación con lo eclesial es irreconciliable. Asume la pederastia como inherente a los curas…

Y hablemos ahora del enfrentamiento más tenso de la película. Aquel que mantiene la tía con la madre superiora. Este personaje la verdad es que es alucinante. Parece increíble que no sea una monja de verdad. Esa sonrisa perversa de los religiosos contemplativos. Esa alegría tan poco identificable como humana. Esos perdones tan dados desde zonas que parecen obviar cualquier traza de psicología. Esa frase tan desagradable de oír cuando Ainara dice que quiere contarle que se ha besado con un chico, entonces ella dice: me alegra mucho. Con un tono de voz que nadie identificaría como alegría humana.

Qué bien el detalle de que cuando Ainara por fin encuentra a esta persona que la entiende plenamente, su guía espiritual, un personaje con quien podría empatizar el espectador, al que casi podría admirar, que antes de dejarnos embelesar ella no desaproveche la oportunidad de recordar el autoexamen de pureza casta que deben llevar los religiosos. Que si se quiere asumir eso como positivo, que esté en manos del espectador, pero que no se olvide que aquí el catolicismo viene con una carga muy importante de cosas nada fáciles de asumir.

Tampoco se esconderá la fealdad de las celdas del convento. ¡Qué terrible esa imagen de cristo al final del pasillo! ¡Qué desolación el voto de pobreza hasta el punto de pasarse semanas sin pasta de dientes! A la vez qué sensación de vacío con esa frase de rogar a Dios por los inspectores de hacienda. Casi como si desde dentro del convento los acontecimientos del mundo a los que se ven expuestas sean tan limitados que solo puedan acordarse casi de un inventario de las cosas que hay fuera de los muros.


viernes, 5 de diciembre de 2025

BUGONIA

Dir.: Yorgos Lanthimos
2025
118 min.

Sádica como Lanthimos. Parece mostrar con soberbia cómo es capaz de hacer que una actriz de la altura de Emma Stone se rape el pelo y aparezca cubierta de ungüento por razones arbitrarias. Por otro lado, se ríe de una forma cruel de una pareja de white trash, una versión actualizada de la caterva que veíamos en “Gummo (1997)”. Estos dos hermanos son lo peor. El trato que reciben de la película me parece despreciable. Siento todo el rato que se están riendo de personas con serios problemas. Pero en el otro lado tenemos una multimillonaria que trabaja en la industria farmacéutica. No hay con quién empatizar. Todo el mundo es miserable. Lo único a lo que nos podemos agarrar es al policía pederasta.

Por supuesto que repele ver al hombre rubio trastornado. Pero su primo inseguro, acomplejado, timorato. Cada vez que la película le lleva al ridículo me invade la depresión. Me resulta también un poco arbitrario que alguien con tan pocas convicciones sea quien realmente se suicida por una causa en la que ni siquiera cree. Cuando veo ese disparo no puedo evitar pensar que es simplemente la excusa argumentativa para cubrir a Emma Stone de sangre.

Para poder incomodar al público Lanthimos utiliza sus recursos habituales: ángulos de cámara forzados, espacios muy vacíos con esa música tremendista, lentes deformantes, sonidos amplificados, cámara fría ante los hechos traumáticos que viven los personajes o la bajísima profundidad de campo.

No durante mucho tiempo, pero la película termina con varios giros bastante arbitrarios. El más evidente es el último, el que revela que ella es realmente una alienígena. Realmente esto me parece que tiene poca importancia narrativa. Es una simple coda que no cambia nada. Por la irreverencia con la que se dibuja esa nave nodriza me hace pensar en las arañas terriblemente renderizadas de “Mamántula (2023)”. Más relevante que esta escena me parece el descubrimiento de la sala del horror donde guarda todas sus paranoias.

Hay algunas imágenes poderosas. Esa primera conversación de Emma Stone con su secuestrador ella pringada de blanco, con su abrigo de marcadas hombreras, su soberbia y sus labios rojos me hacen recordar al Joker de “El caballero oscuro (2008)”. Cuando se descubra la nave nodriza, la alienígena emerge de un fluido que, aunque endometrial, me hace pensar en el magma negro de “Under the skin (2013)”. Cuando vemos a la madre alzarse en los planos de analepsis, llena de agujas de la empresa farmacéutica, pensamos en otras ascensiones similares: “El exorcista (1973)” o “El espejo (1975)”. Por último esos planos de la protagonista caminando cojeando con ese abrigo rojo me remiten a la misma cojera y al abrigo amarillo de “La sustancia (2024)”.

Cuando por fin muere toda la humanidad hay una secuencia de planos. Seleccionaré el que me interesa: podemos ver una planta de distribución de paquetes. No hay nadie, no hay operarios. Las cintas transportadoras siguen realizando el trabajo con las cajas de cartón. Me parece todo un reflejo de la desgarradora frase de Žižek: “Es más fácil imaginar el fin de la humanidad que del capitalismo”.


viernes, 28 de noviembre de 2025

ANGEL’S EGG

Dir.: Mamoru Oshii
1985
71 min.

Siempre resulta muy abstracta; con una cosmogonía que se resiste a ser explicada. Lo máximo que tenemos es un relato de un origen del mundo mítico en el que la paloma que suelta Noé en el arca no vuelve. Dios ha condenado a la humanidad sin posibilidad de esperanza. Todo lo que se nos muestra parecido a nuestro mundo aparece como una sombra de éste. Las aves que conocemos solo se ven en huevos, dormidos. No llegaremos a ver cómo la paloma avisa que ha terminado el diluvio. Las primeras veces que vemos a estos seres en posición fetal no podemos evitar pensar en el primer plano del bebé de “2001: Una odisea del espacio (1968)”.

Hay un ojo gigante, lleno de detalles como con frecuencia vemos en la animación japonesa. Cuando se nos muestra un plano de lejos vemos unos trazos circulares, como si fueran antenas o algún tipo de alambres de trazos muy limpios y livianos. Nada que ver con las figuras pétreas que componen esa esfera. Las rocas en general aparecen con frecuencia en este mundo. No creo que la película tenga un diseño particularmente surrealista. Pero se repite muchas veces un icono fácilmente reconocible como propio de este movimiento: grandes rocas flotando en un equilibrio imposible sobre menhires clavados en el suelo.

En consecuencia el argumento tiene un papel muy poco central en la película. Desde el principio ya percibimos que la animación tiene un gusto por las imágenes abstractas que forman las algas dentro del mar. Se recrea en el uso de la pintura para crear los cielos brumosos que avanzan implacables y lentos. Me gustan mucho los planos acuáticos iniciales, en los que se dedican varios minutos al flujo de agua prescindiendo por completo de los personajes. Vemos en general poco diálogo. Lo que no la convierte en absoluto en una película silenciosa. Silenciosa y hasta desafiante para el espectador es aquel plano en el que el compañero del ángel decide esperar a los pies de su cama a que se duerma. No nos da nada este plano. No hay sonido, no hay acción. Lo único que nos confirma que no se ha detenido la proyección es una hoguera cuya llama bailará hasta consumirse completamente. Sucumbo al sueño durante este plano. La diégesis obviamente lo es, pero tendremos siempre una banda sonora muy interesante.

La música atraviesa estilos bastante diferentes. Casi nunca melódica. El estilo que más adopta es del canto coral operísitico, nunca con letra. Una sonoridad casi europea, como europea resulta la ciudad en que se desarrolla. Muy abrumadora. También tiene otras sonoridades más abstractas, etéreas y otra tercer tipo de música, que sonará en los momentos en los que vemos la escalera de caracol con una larga fila de botellas que la niña ha ido recopilando. Es una música de cuerdas, atonal.

Los cabellos del ángel, trazados individualmente con líneas blancas son quizás el plano cuya animación más nos llama la atención. Se busca un pelo enmarañado, se consigue y se renuncia sin complejos a la fluidez del movimiento. Son muy poderosos los planos en los que aparece la larga fila de tanques y en los que se nos presenta al personaje masculino. Me gusta mucho ver ese rostro tan serio, con el arma al hombro, mientras tras de sí se mueve esa poderosísima y atronadora comitiva de motores.

La escena que me fascinó y que recuerdo de forma más vívida es la pesca de la sombra de un pez. Como han muerto todas las especies, no veremos animales. La ciudad se llena de hombres pétreos, grises, que salen a pescar. Como un ejército que se enfrenta a un enemigo abstracto, a una sombra que se desliza por las paredes, por el suelo empedrado. Me gusta cómo se mueve esta gente, que parecen caminar sobre las cornisas de las ventanas de forma imposible. Flotando. Cuando veamos esta ciudad europea inundarse estos seres se irán cubriendo de agua impertérritos, agarrados su caña de pescar mientras levitan. Es una escena absolutamente fascinante. Me encanta.


viernes, 21 de noviembre de 2025

FUNERAL PARADE OF ROSES

Dir.: Toshio Matsumoto
1969
107 min.

Hay muchas cosas aquí que dejan una gran impronta. Quizás sus elementos lúdicos sean lo más apabullante. Esas escenas que nos pueden recordar al cine checo. Las peleas a cámara rápida nos recuerdan a “Las margaritas (1966)”. El lecho de muerte de la madame puede evocarnos “Ordet (1955)”. Algunas escenas casi oníricas nos hacen pensar en el celebérrimo cortejo fúnebre de “Fresas salvajes (1957)”. Además de esos rostros iluminados desde abajo, con una luz blanca, recuerdan a “La hora del lobo (1968)”. En particular hay una escena en la que un rostro que atosiga a una de las protagonistas se acerca lentamente a la cámara. El efecto es muy parecido a esos rostros inquietantes de David Lynch. En esta película no se explota con toda la fortaleza que consigue Lynch porque el rostro amenazante mira al personaje en vez de mirar a cámara. No podemos evitar acordarnos de Godard al introducir algún intertítulo que apele directamente al público. Y termino las referencias con la más obvia: “Psicosis (1960)” cuando el hombre muere descolgando la cortina de la bañera. Escena en mitad de la cual el director nos habla como si del propio Hitchcock se tratara.

Me gusta mucho la parte setentera en el sentido de la psicodelia. Esa fiesta de música envolvente, ruidosa. Esos bailes de dejarse ir. Ese gusto por los museos. Los planos veloces de los diferentes cuadros. Cómo graban la televisión buscando distorsiones en la imagen. Algo como la televisión que veíamos en “Las joyas de la Castafiore”. Me gusta cómo recitan textos de poetas, las protestas en la calle, me encanta que haya un tipo izquierdista que se hace llamar Guevara y que se pega en la barba postiza para asemejarse a un guerrillero.

En un plano brevísimo veremos una toma falsa en la que el actor estornuda y la barba se le despega. Me gusta siempre que la película es autoconsciente. Me gusta las entrevistas a las actrices de la película. Me resulta fascinante porque al igual que la película claramente busca visibilizar esta homosexualidad suigéneris, las preguntas del entrevistador suenan hostigantes. Apenas dejan tiempo para las respuestas. A pesar de ello las actrices se muestran sonrientes y realizadas.

En el aspecto erótico la verdad es que la película es una gozada. De qué manera la cámara goza con la misma textura de la carne, los dedos acariciando la piel. Cómo las piernas, los brazos, la nuca, la espalda se transformas en masas de color que dialogan entre sí. Por supuesto nunca se muestra una penetración. Ni siquiera un plano general del acto. Esto permite que la escena respire mucho, no hace falta hacer ejercicios de telas que censuren genitales. Me encanta la manera en la que erotiza el cuerpo de esas prostitutas. Creo que se construye un gran equilibrio: teniendo cierto pudor al mostrar el pecho plano y huesudo, de esa manera la película no lo considera un elemento anatómico baladí. Pero a la vez entiendo que los organismos de censura no lo consideran algo problemático, así que en las escenas de sexo puede permitirse enseñarlo lo que sea necesario. Alcanza así altas cotas de erotismo. Para mostrar hasta qué punto la censura del cuerpo es arbitraria, recordemos esa mujer de pechos no pequeños que baila en la fiesta hippie. La actriz busca tapar sus pechos con su largo pelo liso y oscuro. El baile hace imposible que se mantenga siempre tapado. Las fugaces visiones de su pecho son mucho más furtivas que las de los pechos sin desarrollar, pero aún así su capacidad erótica es nula.

Me gusta mucho que el cuerpo menudo y huesudo de los japoneses quede tan bien con el travestismo. A priori esas pestañas pintadas de nuestra protagonista podrían generar un elemento demasiado folclórico como para creerme su feminidad. Pero nada más lejos de la realidad. Esas barbillas perfiladas, los ojos rasgados… Las voces aflautadas.

Adoro también la manera en la que la película adelanta su final. El conflicto principal de nuestra protagonista tiene que ver con la relación de un padre al que nunca conoció. Lo único que conserva de él es una fotografía sin rostro, porque su madre la agujereó con un cigarrillo. Una imagen anélida. El desenlace será edípico. Mata a su madre y se acuesta con su padre. Queda mucho hasta que lleguemos a saber esto. Sin embargo en la entrevista que le corresponde a la actriz protagonista se nos adelantará esta información. Será más grave que eso: se menciona el tema del incesto sin que nosotros lo hayamos visto venir y sin que se materialice en nada. Ese recurso lo hemos visto en documentales. Que el documental no expone la información pero permite que casualmente se deslice este dato en la conversación de uno de los testificantes. Pienso, por ejemplo en la prematura muerte de la chica rubia en “Paris is burning (1990)”.

Me ha encantado el juguete de dos simpáticos personajes que caminan por la mesa que aparece en la analepsis de juventud.


viernes, 14 de noviembre de 2025

LA ARMÓNICA DE CRISTAL

Dir.: Andrei Khrzhanovsky
1968
20 min.

Todo el rato tiene una estética muy estimulante. Me gusta ese arte tan evocador de las vanguardias. Esa especie de arte deshumanizado en este caso utilizado para un mensaje tan espiritualista y humano. Esa ruta que lleva a los cielos desde donde desciende el divino instrumento recuerda a cómo se retorcía la perspectiva en “El gabinete del Doctor Caligari (1920)”. Me gusta todo. Me encanta el hombre burócrata que gracias al dinero hace y deshace a su antojo. Me encanta incluso que una cinta de discurso tan anticapitalista, en el sentido de aversión al dinero, fuera prohibida en la URSS.

Tampoco es de extrañar, ya que principalmente la película se dirige contra la censura. El censor es, sin duda, la figura más potente. Es el elemento con la animación más escueta, de estar más hierático y que acumula una expresividad mayúscula. Me encanta cómo se muestra el soborno generalizado con esas simetrías radiales de las monedas surgiendo de su mano. La animación nunca adquirirá total fluidez, pero cuando se trata de mostrar a este hombre se muestra particularmente entrecortada. Esto, por supuesto, lo asemeja a esa idea de hombre máquina.

Me gusta que nunca hable: emite sonidos breves, abstractos y mecánicos. Hay una imagen que se repite dos veces de este hombre: aquella en la que censura el arte rompiendo la armónica de cristal bajo sus pies. Tras ver los añicos en el suelo la cámara sube en un paneo vertical. Donde termina el torso del hombre vemos dos círculos concéntricos, no tiene cara. Esta imagen se resolverá cuando la animación avance al siguiente fotograma: estamos mirando el bombín desde arriba y él está con la cabeza agachada.

El momento en el que el mundo se deja sumir en la avaricia tras haberse eliminando todo lo bello vemos un desfile de monstruitos que casi nos recuerda al infierno de El Bosco. Esta parte además está montada muy sinfónicamente. La música acompaña de maravilla; se vuelve marcial cuando vemos esas patas del monstruo peludo amarillo que hace temblar el suelo. No deja de ser curioso que el símbolo de la unión de la sociedad sea la maquinaria compleja de un reloj. Lo digo porque las vanguardias que tradicionalmente han venerado las máquinas y las ruedas dentadas han sido de tendencia deshumanizante.

Durante este pasaje de la codicia la mujer propia se utiliza para sujetar todas las cosas que un hombre ha ido acumulando en su casa. Vemos a este hombre violentar la intimidad de su vecino para observar todo el dinero que posee. Un hombre diminuto de nariz sospechosamente judaizante. Aquí tenemos otra de las imágenes para el recuerdo de la película: cómo se le ponen los ojos ávidos y sucesivamente van apareciendo más copias de sus ojos a la vez que su figura se acerca al centro del cuadro.

Resulta curioso cómo la llegada del arte y de la belleza convierte todas las vestimentas de las figuras humanas en típicas de una nobleza que casi nos recuerda a esa primera animación de “¡Pobre Pierrot! (1894)”. Esas piernas enfundadas en mallas y en posiciones de balet. Cuando todas las personas se eleven en esa especie de torbellino veremos cómo ondean las capas de una nobleza casi elitista que nos extraña en una obra con un mensaje tan humanista.


viernes, 7 de noviembre de 2025

WEEKEND

Dir.: Jean-Luc Godard
1967
105 min.

Me ha fascinado. Tiene una última media hora en la que creo que la película se agota. Se acerca a imágenes que busquen el escándalo y creo que se convierte en algo poco interesante. Claramente hay un punto en el que empieza el declive: cuando un argelino y un congoleño recitan sendos discursos acerca de cómo la comunidad internacional trata los problemas de esos territorios derivados de los últimos estertores del colonialismo. Entiendo que estos asuntos en su día eran de gran actualidad. Puedo entender que colar mensajes de este estilo en una obra que se exhiba ante un gran público tiene un efecto subversivo. Creo que a día de hoy no funciona particularmente mal. Creo que las caras de aburridos de los personajes que encarnan la burguesía apelan inevitablemente al espectador tan despolitizado de la actualidad. Esta película tiene varias referencias al Estado de Israel y a su conflicto con Egipto que entiendo que durante años quizás pasaban inadvertidas en el espectador. Su efecto se ha visto revitalizado en 2025.

Creo, sin embargo que la película pierde el norte tras el asesinato a la mujer mayor. Haciéndose así depositarios de una pingüe herencia. Esta escena termina con un conejo despellejado que se cubrirá de la sangre de la anciana. La pareja, para hacer que la muerte parezca el resultado de un accidente simulan un accidente de tráfico. ¡Otro más! Lo llamativo de éste, que servirá de colofón para el tema de los accidentes de tráfico, el choque se produce contra una avioneta.

Aún habrá aquí cosas interesantes como el ruido incesante de la batería. Reconozcamos el mérito de la estética de estos individuos que hacen su guerrilla por el monte. Me gusta mucho y me reconcilio con Godard cuando una mujer canta una cancioncilla tras que una bala la ha herido de muerte. Cuando termina de cantar, los rótulos que reconocemos como propios de Godard nos avisan de que en el siguiente plano acontecerá un fallo de racord. En conclusión, no es que nada tenga sentido en esta parte. Es que vemos que no vamos a ningún lado y que todo se ha agotado. Viendo la película en una sala de cine es imposible ignorar el hecho de que a la intelectualidad urbana le sigue incomodando ver la matanza tradicional de animales de granja. En principio me generaría desdén tener que asistir a la cruel forma de desangrar un cerdo o al incómodo degüello de un pato, pero oyendo lo que ha oído en la sala, no puedo considerarlo un recurso (aunque fácil) trivial.

Pero cómo me gusta la atentísima mirada de la cámara a esa mujer que describe un relato erótico, no sabemos si soñado, si real, pero seguro febril. No queda claro el tipo de consentimiento que ella da a los hechos que narra. Quizás hoy en día el espectador no percibe sus palabras tan tórridas como sonaban en la década de su estreno. Pero la verdad es que el texto me gusta mucho. Es cuidado pero sin caer en la poesía. Es desvergonzado como tiende a ser el erotismo francés, pero sin ser descarado.

La parte central de la película es una especie de apocalipsis en el que toda la burguesía ha muerto en accidentes de tráfico. La verdad es que ver los campos franceses sembrados de coches destrozados, cuerpos con sangre falsa… Sobre todo me gusta por la solidez de la propuesta. Se llega a asumir de tal manera, que los personajes protagonistas pasan a ignorar este espectáculo. Sí, los pintan así como los cínicos que son; pero la cámara no se recrea en esa violencia. Veremos un piano en mitad de una granja que toca una sonata de Mozart mientras la cámara pone a prueba nuestra paciencia.

Y la escena que más me fascina es el larguísimo tráveling. Un falso plano secuencia, ya que se interrumpe para que la cámara pueda retroceder algunos kilómetros y poder rodar otro rollo más. El coche de los burgueses adelanta a una larga fila de coches atascados en una carretera general. El ruido de los cláxones es incesante, aturde. Aquí obviamente se trata de mostrar a este matrimonio de burgueses (y en particular al esposo) como alguien arrogante, que se cree con derecho a pasar por delante de todo el mundo. Me gusta también que se mezcle la monotonía de la mayoría de vehículos, casi todos los coches no tendrán nada reseñable, con algunos hallazgos sorprendentes. Así entre dos coches perfectamente esperables en cualquier película francesa encontramos un velero y unos tripulantes desplegando sus velas o dos individuos jugando al ajedrez en el asfalto.

Por supuesto es alucinante encontrarse a Jean-Pierre Léaud vestido como un militar francés y recitando no recuerdo qué texto político. El matrimonio de burgueses mientras le mandarán callar. No mucho más normal será su siguiente escena, cantando una canción francesa, “Allô, tu m’entends?”, en una cabina telefónica. Esto concluirá con una genial y graciosísima pelea por quién puede montar en su coche.

Tras la escena del atasco, en el primer accidente que presenciamos, un agricultor chocha con su tractor contra un coche cuyo conductor muere. Entonces la pareja del difunto, burguesa, empieza a abroncar al agricultor con un discurso que no por obviamente irónico deja de ser divertido. Aquí mientras se dicen soflamas bastante trilladas acerca de la lucha de clases vemos primeros planos de rostros obreros que posan ante la cámara.

Burgueses franceses andando por el campo tienen un referente inmediato: “El discreto encanto de la burguesía (1972)”. Como es posterior, no la podemos considerar una referencia. Sin embargo hay una apelación a Buñuel cuando un letrero dice, sin que llegue a relacionarse con nada: “El ángel exterminador”.


viernes, 31 de octubre de 2025

MACARIO

Dir.: Roberto Gavaldón
1960
91 min.

Es un cuento en el que al miserable, al hombre justo se le concede la abundancia. Desde que le vemos exitoso tememos por su seguro destino fatal. En realidad mi mayor temor era que el desencadenante del tercer acto fuera motivado por tratar de desobedecer las clarísimas normas que ese ser sobrenatural le había impuesto. Por lo tanto, aunque sea frustrante ver cómo Macario acaba mal, quizás es el mejor de los finales posibles.

La primera vez que Macario se topa con los tres personajes sobrenaturales es un vuelco radical a la película. Hasta entonces esperaba ver algo estilo “Ladrón de bicicletas (1948)”: una familia recta que se corrompe intentando salir de su pobreza. Pero vemos la aparición de un demonio (que me ha hecho pensar en “Simón del desierto (1965)”), de alguien blanco que podemos identificar con Dios y alguien esquelético que sería la muerte. Este último personaje tiene mucha importancia en la película. Me gusta su facha ensombrecida. Aunque sólo sea por el sombrero me recuerda a la fantasmal figura de “La muerte cansada (1921)”. Se vuelve a apelar a esta película cuando se lo lleva a su cueva y vemos un gran bosque de velas encendidas.

No deja de ser curioso que cuando Macario muestra integridad delante del demonio lo haga protegiendo el guajolote que su esposa ha robado para que él pueda degustar egoístamente sin su mujer y sus hijos. De alguna manera se legitima el pillaje si es para saciar un hambre legítima.

Me ha gustado mucho el interludio musical del corrido con el que se explica la cotidianeidad del éxito de Macario. De alguna manera nosotros nos damos por pagados. Se transmite la sensación de que puede permitirse disfrutar de la opulencia. Y además, no se deja de elogiarle. Se subraya que le para los pies al rico empresario con el que trabaja: pese a que pretende cobrar la visita a todos los clientes, Macario se niega a cobrar cuando no es capaz de sanarlos y a la gente pobre que acude les cobra sólo lo que pueden pagar.

Hay dos escenarios interiores muy impresionantes. Uno en el palacio del virrey; por primera vez en la película se muestra la escena en contrapicado permitiendo que se vean en toda su extensión las columnas de mármol y las grandes puertas. La otra escena, aún más inmensa, es la del juicio ante la Santa Inquisición. Este juicio se celebra en una iglesia vacía. La fachada que hemos visto antes de los créditos ya adelanta un barroquismo que se corresponde con las decoraciones interiores. Además de la propia arquitectura del templo es más impresionante el verlo vacío, con Macario en el centro. Flanqueado por encapuchados a un lado y encapirotados al otro.

Me gusta que todas las autoridades tengan acento peninsular. Me parece divertido que cuando entran las fuerzas del Santo Oficio a casa de Macario buscando sus pócimas de brujería entran arrollando con todo. Hasta tal punto que el jefe ordena romper la cerradura de un arcón, la esposa de Macario le dice:

¿Por qué romperla, si aquí tengo la llave?

El Santo Oficio no necesita llaves.


lunes, 27 de octubre de 2025

FRANKENSTEIN

Dir.: Guillermo del Toro
2025
149 min.

Telefilme durillo. Diseñada para verse mientras se mira el móvil en el sofá de casa. Los personajes narran verbalmente todo lo que acontece. Sin ideas visuales interesantes. Con una ambientación que parece sacada del Tim Burton de hace 20 años. La música, de Alexandre Desplat, tiene incluso un aire de Dany Elfman.

Hay unos efectos digitales en la escena del incendio que son terribles. Son las llamas más de mentira que te puedas echar a la cara. Diría que incluso en el bosque hay árboles de mentira. Los cuervos son lamentables. El ángel que atormenta al doctor es feísimo. Parece que todo el presupuesto en ambientar la película se hubiera gastado en las secuencias que nos relatan la infancia de Víctor. Ahí sí vemos unas salas de palacio que derrochan dinero. Incluso el diseño de los dos padres de este niño puede ser visualmente interesante. Es memorable el féretro de ambos difuntos. Qué rojo el velo al viento de su madre. Una tela ascendente como el célebre plano de “Cantando bajo la lluvia”.

Cuando uno compara “El doctor Frankenstein (1931)” con la novela de Mary Shelley puede echar de menos esos monólogos torturados de la criatura. Sí, aquí están esos monólogos. Pero es que ni tienen la prosa de la novela ni resulta interesante escucharlos recitar. Estamos hartos de oír hablar a gente. Todo el rato que alguien quiera algo, lo dirá expresamente.

Me parece tan cliché en tantas ocasiones… Si se atreve a contar una historia archiconocida, entiendo que en la trama no estará el atractivo de la película. En su escritura obviamente tampoco estará porque no creo que Guillermo del Toro tenga la soberbia de querer superar la novela. Lo único que puede aportar quizás es que remarca los aspectos más trascendentes de la novela. El hecho de haber creado un ser que lo único que puede hacer es sufrir pero no tiene acceso a la muerte. Pero todo es tan explícito y superficial…

En cuanto al diseño del monstruo… Parece que nos movemos en la liga de “Nosferatu (2024)” de Robert Eggers. No se arriesga nada. Desde el inicio el rostro del ser es relativamente proporcionado, no diré atractivo, pero desde luego no tiene nada de monstruoso.


viernes, 24 de octubre de 2025

VIDEODROME

Dir.: David Cronenberg
1983
88 min.

Me ha sorprendido encontrarme el término nueva carne utilizado dentro de la película. Creía que era una expresión propia de Cronenberg. Algo así como esculpir en el tiempo para Tarkovsky. No sabía que estuviera incluida en su obra. Al verla aquí es llamativo cómo se plantea como algo abstracto, casi trascendente. Uno pensaría que nueva carne hace referencia a ese gusto por las deformidades, esa forma de erotizar cualquier grieta en la piel, que nos acerque a la carne humana. Vimos en “Crash (1996)” cómo una raja vertical en un muslo podía servir para penetrarla como una vagina. En “Videodrome” vemos algo no tan explícito: a nuestro protagonista le aparece una raja parecida, más honda en este caso, en el estómago. Lo que hará el antagonista será introducirle cintas de vídeo con las que programarle. Esto es interesante porque evidentemente se nos está mostrando una penetración, pero en ningún caso se trata de una penetración fálica.

Generaría mucha repulsión si una película naíf nos advirtiera de los riesgos de exponerse a material audiovisual agresivo, violento. Pero claro, aquí se plantea esa idea cuando la película presume de su explicitud gráfica. Sí me resulta interesante esta confrontación entre el videódromo y las imágenes que Carpenter propone. De alguna manera se abraza la violencia, se vanagloria de pertenecer a un mundo que considera las deformidades y las imágenes aberrantes como algo interesante, algo creativo. Pero a la vez se desmarca de la violencia en sí. Es decir, pareciera que la película quisiera decir que exponerse a esas imágenes no es inocuo y que precisamente por eso, son interesantes en la medida que el creador sea capaz de tomar esa temática y generar materiales creativos.

Hay imágenes que son muy imaginativas y que además están creadas con tal fisicidad que atraviesan la pantalla. Me refiero en particular el momento en el que la televisión se convierte en un sujeto erótico. La boca de Nicki se convierte en un primerísimo plano en la pantalla. De esta manera esa boca se convierte en la boca de la televisión. Después el plástico del aparato adquiere venas y latidos que la van dando carnalidad poco a poco. La convierten en algo blando, que puede percibir dolor de un látigo y excitarse con eso. Me gusta mucho cómo se juega a entrar y salir del sueño, de las alucinaciones. La trama de la película es tan loca que no nos importa en absoluto cuánto haya de realidad o no en las imágenes que vemos. Por ejemplo hay un momento dado en el que un personaje, que sabemos que trabaja para los malos, le dice al protagonista que en una caja de cartón guarda su cabeza. Esta frase podría ser cierta en un sentido metafórico, podría ser mentira o podría incluso haber sido verdad. La película no lo resuelve porque de esa escena nos vamos cuando explota la pared de la estancia.

Es verdad que la parte que tiene una trama en sí misma me da un poco de pereza. No es que me moleste la trama en sí. Pero sí que tiene una exposición un poco típica que no me gusta. No me gusta la idea de tener que acudir a O’Blivion como supuesto experto en la materia. No me gusta tampoco la parte técnica de que el infiltrado nunca haya visto realmente Videodrome… Todas estas cosas me parece que suponen darle un peso a la trama. Una trama que queda claramente eclipsada por las imágenes enfermizas que la película tiene.

Sí, me gusta la imagen de Convex, pero resulta menos espectral que el Hombre Misterioso de “Carretera perdida (1997)”. Aunque estéticamente me produce cierto rechazo, puedo encontrar ocurrente el centro de O’Blivion, que proporciona dosis catódicas a personas que la necesitan. Me hace pensar en la distopía de “12 monos (1995)”. Algunas ideas que se sugieren como casi denuncias a un mundo obsesionado con la televisión hoy resultan más que visionarias, triviales. Me refiero por ejemplo a este hombre que dice que solo sale por la tele a través de la tele, que dice que tiene un nombre expresamente para salir en la tele…


viernes, 17 de octubre de 2025

LA ZARPA

Dir.: Narciso Ibáñez Serrador
1967
45 min.

La puesta en escena es muy teatral, pero tiene algunas secuencias con recursos propiamente cinematográficos. La más llamativa es, claramente, aquella en la que se descubre un hombre ahorcado en una habitación. La cámara adopta un picado muy distinto al resto de los valores de plano que habíamos visto antes. En el cambio de plano se revelan los pies del cuerpo colgando y descubrimos que la cámara estaba posicionada en los ojos del muerto.

De alguna manera da la sensación de que todo lo de esta película lo hemos visto ya en otra parte, pero no resulta sencillo pensar en los ejemplos concretos. El recurso añejo tantas veces elogiado de sugerir en vez de mostrar en este caso tiene una justificación por los medios. Es decir: la imagen horripilante que se nos obliga a imaginar es la de un cuerpo con autonomía motora y cuya mitad superior ha quedado destrozada por aplastamiento. Por la limitación de producción es evidente que no vamos a ver nunca tan grotesca imagen. Así que como espectador, me coloca en una posición muy cómoda, sin ponerme en tensión por lo que pueda aparecer en pantalla.

En cuanto a las interpretaciones en general están muy bien. Quizás sea por lo poco naturalista de toda la película. La mayoría de los personajes tienen un tono más profundo de la vitalidad de Manuel Galiana, que interpreta a Ricardo, el hijo del anciano matrimonio. Es una voz juvenil, supongo que haciendo más terrible su muerte. Parece una voz casi propia de un actor de doblaje.

De alguna manera el interior de la casa, que tan obviamente se identifica como un plató, me permite aceptar que estén en Inglaterra. A la vez consigue gran fuerza para los planos del exterior de la casa. En particular me refiero al barro que atraviesa el muerto viviente y sobre el que yace al final la zarpa de mono.


viernes, 10 de octubre de 2025

FINAL FELIZ

Dir.: Oldrich Lipský
1967
69 min.

La premisa de la trama es curiosa. Vemos una historia de amor bastante clásica en la que todo transcurre hacia atrás. Lo único que se permite que vaya hacia delante son las frases de los personajes. Esto le permite crear diálogos en los que una frase parece responder a su propia réplica. A veces funciona mejor que otras. Pero como tampoco se puede sostener durante muchas frases no llega a ser cargante nunca.

El narrador tiene una posición muy interesante. Conoce menos que el público. Es decir, nos cuenta esa historia como si en esa dirección fuera el devenir natural de los hechos. Sin embargo la fisicidad del mundo sí le sorprende. Así, por ejemplo cuando asesina al amante de su mujer tirándolo por la ventana, lo que veremos en pantalla será cómo un cuerpo inerte sobre el empedrado se eleva hasta entrar por una ventana cuyo cristal se recompone. El narrador entonces se maravilla de que alguien pueda dar tan tremendo salto.

Empieza con un chiste que a nosotros nos resuena el monólogo de Gila: mis padres no estaban cuando yo nací. Esto lo dice porque el destino final del protagonista será morir en la guillotina. Entonces por lo que a él respecta, nace en ese momento. De igual forma no dice que mata a su esposa: la monta como si fuera el maniquí de Serrat. Se maravilla de que su hijo sea capaz de producir tantos litros de leche por la boca al día. Se lamenta del día que gana una gran apuesta deportiva. En ningún momento la película se vuelve particularmente graciosa, pero nunca está mal traída la confusión entre imagen y narración. Uno por supuesto no puede evitar comparar con Nolan y “Memento (2000)”. En la película checa la narración se rompe igual que lo hace en la de Nolan y sin poder escapar nunca del juego de la marcha atrás.

Visualmente quizás hay algunos momentos interesantes. Pero como hoy tenemos tantísima facilidad de ver grabaciones en reverso pocos son sorprendentes. Claro, muchas veces habla el narrador sin que el diálogo de la escena diga nada. De esa forma el espectador que no necesite subtítulos puede deleitarse con el juego visual. Creo que las imágenes más fascinantes son aquellas en las que los personajes comen. Supongo que los actores estarán instruídos para que la imagen quede lo más limpia posible. Es muy curioso cómo se recompone la comida en bocados tan grandes y fluídos.

Una problemática que no es evidente a priori es que el inicio de una trama de este estilo tiende a ser lo más anodino de estas historias. Sin embargo aquí el narrador consigue un efecto muy interesante. Es decir, los típicos encuentros más o menos fugaces que deberían hacer crecer nuestro interés por el porvenir de esa pareja en este caso sirven para que el narrador nos explique cómo poco a poco intenta verse cada vez menos con ella. También consigue con mucha naturalidad dar por muerto a un personaje solo porque es la primera vez (la última en este caso) que aparece en la película. Es decir, es como si el narrador no tuviera más información que la que vemos nosotros.


viernes, 3 de octubre de 2025

LE LLAMABAN TRINIDAD

Dir.: Enzo Barboni
1970
109 min.

Comete el error que hace fracasar a las películas de explotación: no abraza con fuerza el elemento de reclamo. A esta película hemos venido a ver los golpes. Queremos la violencia inverosímil. Me produce una pereza horrible cada vez que arranca a hablar el barbudo representante de los mormones. Puedo entender la intención del retrato de esta gente humilde, de gente que rechaza la violencia, para tener esa escena final en la que han de usar los puños. No me parece un chiste que merezca la pena de habernos tragado tantos minutos de las miserias de esta gente.

Igual pasa con los agravios que sufren. Estas gentes podrán tener nuestra simpatía, pero son retrógrados y fanáticos, no llegaremos nunca a empatizar con ellos. No queremos verles una y otra vez quedarse como pasmarotes ante los abusos de los vándalos mexicanos. Tampoco nos gusta el rico gobernador que quiere echarlos del valle. Entiendo que todo esto son elementos para mayor gloria de los hermanos Trinidad. Al fin y al cabo son los héroes. Pero en general son soberbios y es difícil que les lleguemos a admirar. Se han mostrado tan omnisapienciales, sabemos que la película va tan a favor de ellos, que les percibimos casi como tramposos. Todas las escenas están montadas para que ellos sean los más listos. Ven lo que el espectador puede ver pero ellos no están mirando. Y, si hace falta, seducen a una chica que les mira por primera vez.

Esas dos ninfas que se bañan en el agua y que convenientemente rechazan la monogamia, sí son lo suficientemente gratuitas y desvergonzadas como para que me resulten divertidas. Le dan una antigüedad a la película que me permite mirarla con benevolencia.

La imagen de Terrence Hill es muy llamativa. Su piel tiznada, oscura contrasta con unos ojos y dientes claros. Un contraste muy conveniente para que resalte su sonrisa burlona. Hay que decir que no siempre se conseguirá el alivio cómico que se pretende. En una pelea en un bar él salta detrás de la barra y despacha puñetazos a sus adversarios como si él fuera un camarero. Todo ello ocurre con una falta de ritmo que nos hace mirar esa actitud de Bugs Bunny con cierta lástima.

Me ha gustado ese medio de transporte chulesco. Tumbado sobre una lona detrás de un caballo. Una idea que sobre el papel puede resultar icónica. Abandonamos la película con esta imagen en la memoria pero la olvidamos durante la mayor parte del metraje. En cierto sentido es como el ataúd de “Django (1966)”. Pero ahí sí tenía sentido para la sorpresa final del guión. Casi igual de grabada se nos queda una imagen totalmente accidental. En la primera escena entrará a una taberna sobre cuyo tejado parece estar una vaca.

Igual de gratuito es el título. Verdaderamente él se presenta como Trinidad. Se dice al inicio y, yo diría, nadie se llega a referir a él por ese nombre. Por supuesto que existen muchas películas cuyo título es el nombre de su protagonista, pero aquí se complejiza el título para darle un misterio, un aire de leyenda que nunca se recoge.

Los golpes ni son tan exagerados como típicamente se piensa de estas películas ni son tantos ni demasiado imaginativos. La primera vez que Bud Spencer hace gala de su fuerza es llevando en volandas a un pobre diablillo chiquitujo que está apresado. Le coloca sobre una cama como si fuera un pelele. Pero lo vemos más como quien reconoce el rasgo característico de esta pareja de actores que como quien se maravilla por una imagen imposible.

Quizás la primera vez que funciona su fuerza sobrehumana es en la escena en la que el capataz de los mexicanos pone a los mormones en fila para ir tumbándolos de una bofetada uno por uno. Le llega el turno a Bud Spencer. Aventuramos el chiste. Por eso es de vergüenza ajena el exordio del mexicano con su a ti no recuerdo haberte pegado antes.


sábado, 27 de septiembre de 2025

SEIS DÍAS CORRIENTES

Dir.: Neus Ballús
2021
85 min.

El título de la película y la estructura episódica que plantea limitan fuertemente la duración de la narración. No se nos va a contar nada que vaya más allá de una semana. Por eso resto importancia a todo lo que aparezca en la película y que prometa ser duradero. La relación entre Valero y Mohamed sólo puede tener un resultado que yo considere definitivo: con uno de los dos fuera de la empresa. Cualquier otra información será totalmente anecdótica.

Por ejemplo cuando Valero decide ponerse a dieta. Si va a ser suficientemente tenaz, si va a ser efectiva… Es imposible que esto me importe. Por lo tanto entiendo que este elemento está ahí para sumar al patetismo que caracteriza a este hombre. Débil de espíritu y acomplejado ante cualquier superioridad. No me resulta muy cómico. Es ver a un ser infantil, cerril.

Creo que la naturalidad que busca la película no siempre se consigue. En alguna ocasión, como la conversación entre ambos compañeros en la terraza, más que realismo, pareciera que ambos actores están ahí, soltados, perdidos. Podría tener un pase si el tono de la película fuera otro. En el caso del cine de Albert Serra los actores no están más perdidos que nosotros. Aquí les vemos envueltos en una historia narrativa, que de repente les abandona.

La actuación que me parece más interesante es la de Pep. No hay que despreciar el factor de que él no habla en mi lengua natal. Esto me impide hacer un juicio tan duro como el de los otros dos personajes. Me gusta mucho la escena en la que entra en cólera porque unos azulejos están mal colocados.

Hay algún momento de la película de cierta vergüenza. Me refiero a aquel trabajo que tienen que hacer en casa de un psicoanalista argentino. La casa tiene automatizadas las persianas, el riego, la aspiradora… Nos muestran aquello como si fuera un futurismo al nivel de “Mi tío (1958)”. Pero son cosas que ya hemos visto todos en 2021, más aún si los protagonistas se dedican a este oficio. Si no fuera por esta visión arcaica de la película, me podría haber hecho gracia el final de esta escena en la que la aspiradora robotizada se escapa de la casa.

Aunque no tiene mayor repercusión, me da mucha rabia que el protagonista en la situación más precaria se vea envuelto en acontecimientos que manchan su imagen. Primero un anciano le cuenta cómo mantenerse joven y después una fotógrafa le saca unas fotos a torso desnudo. Son excusas perfectas para que su compañero prejuicioso aumente sus recelos y son acontecimientos que, inexplicablemente no le provocan un despido.

Formalmente hace los típicos juegos de enmarcar a los personajes en la arquitectura de los interiores. Lo he visto mucho, no lo explota de manera original. No me interesa.

Es elogiable y valiente que se incluyan diálogos en árabe.